Disclaimer: Ya saben, los personajes no son míos, pero la historia sí, creada para el club de Muérdago y mortífagos, en mis horas más alocadas de encierro.

Hoy procederé a contestar sus comentarios, no crean que no los leo, al contrario, me encantan sus reacciones.

Montserrat: Muchas gracias por la idea y espero que te ayude a sobrepasar toda esta situación. Un beso.

PauliJeanMalfoy: ¡hola! Estuve pensando y si yo fuera un mago y de pronto viera a una Kardashian, también crearía una insana obsesión con ellas (por no decir que Draco es Draco y ellas son... voluptuosas). Por otra parte, estoy intentando ejemplificar lo que está pasando en todos lados en este momento, como el pánico, el encierro y la sensación de que no le importamos a los de arriba... pero con humor... o algo así, creo. En otro aspecto, Ron nunca me cayó bien jejeje creo que jamás podré verlo con buenos ojos, además tiene una zanahoria baby, jeje .. Lo de Narcisa... lo veremos más adelante. Muchas gracias por todos y cada uno de tus comentarios, ¡los amo!

SamthaBenitez: Muchas gracias, a mi me encanta ver tus comentarios 3

Caro: Pero claro que es Dramione, más y más, como dijo Hermione jeje

NoraG: ¡Muchas gracias! ¡la hago con mucho cariño para ustedes!

Grabielapaccocallo: ¡aquí está! ¡Voilá!

Muchas gracias de verdad a todas, son un farito de luz en esta vida. Draco les envía sus besos con cubrebocas.

Por último y no menos importante #QuédateEnCasa y mejor lee Fics.


Día 293/ Mal día para ser caballero

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Hermione dio vueltas en la cama, no podía dormir. Necesitaba quemar energías y no había manera de hacerlo. La ansiedad la corroía y asfixiaba.

Se levantó y prendió la luz. Miró hacia la cama, donde ahora sólo dormía ella y se tiró al piso, haciendo abdominales y planchas, ejercicios que había visto en la televisión para mantener la cordura en temporada de encierro. Hizo cinco segundos de plancha y se desparramó en el suelo, derrotada.

Así que pasó al yoga, había escuchado que el yoga ayudaba a calmar la ansiedad y los deseos carnales, cerró los ojos y cruzó las piernas. En realidad nunca había realizado yoga, al contrario, solía burlarse de aquellos que lo practicaban, una bola de hippies que creían en el horóscopo y la vibra, que la madre naturaleza les hablaba y cultivaban su sangre menstrual como una ofrenda para reconectarse con sus sentidos.

Medícate, loco, era lo que ella solía decir cuando pasaba por aquellos estudios carísimos de yoga. Porque parecían un culto, creyendo en las vibras, siendo vegetarianos y zero waste, en el karma y otra sarta de tonterías, que el cuerpo sano no admitía enfermedades y Merlín sabe cuánto más, sin embargo, no creían en su gobierno cuando les decían que se metieran a su maldita casa un mes... Que no viajaran a otros países por un mes... Porque la gente así no creía en las enfermedades, tampoco en las vacunas y menos en las armas nucleares patentadas como enfermedades virales mundiales. Parecían gente con conos de aluminio en la cabeza y ahí estaba el resultado, uno, dos, tres o cuatro meses encerrados por culpa de otros irresponsables.

¿Pero qué demonios?, se reprendió Hermione mientras cerraba los ojos de nuevo, eso no iba a funcionar si seguía debrayando. Suspiró e intentó inhalar, recordando las posturas que había visto en la televisión.

Se puso en cuatro y luego estiró el coxis al cielo.

Eleva tu coxis al cielo, abre los dedos de los pies en posición horizontal, sentirás cómo se abre la cadera, postura estrella, mirando al cielo y las manos al pecho, piernas a la altura de los hombros, bajando, mantén la postura. Pasa la pierna por debajo, empuja con tus manos hacia la madre tierra, perro en tres patas... Y perdió el equilibrio, golpeándose con la base de la cama y soltando un grito.

La puerta se abrió y Draco entró asustado, miró a la cama y luego al piso, donde Hermione se encontraba en una pose extraña, como engarrotada.

—Me tronaron todos los huesos —gimió mientras el chico la ayudaba a ponerse de pie.

—¿Qué ocurre? —preguntó mirándola, deteniéndose en la camiseta de tirante y sus bragas de algodón, ella rehuyó su mirada y se encogió de hombros.

—Hacía yoga —dijo con desparpajo.

—Son las dos de la mañana, Hermione —contestó Draco con el ceño fruncido—. Llevo demasiados días aquí contigo como para saber que no haces yoga.

—Es la mejor hora para conectar tus chakras —respondió la chica intentando aparentar altanería, pero el trasero le dolía mucho.

—¿Ah, sí? —preguntó Draco levantando una ceja—, ¿y se puede saber qué postura estabas practicando?

Hermione hizo un mohín y se encogió de hombros.

—¿El savanasa?

Draco echó a reír y se sentó al borde de la cama.

—Eso no existe.

—¿Y tú cómo sabes? —le retó.

—Porque yo sí practico yoga —le sonrió él.

Hermione lo miró como si se hubiera vuelto... naranja no, porque siempre estaba naranja, peludo, quizá. Sí, como si se hubiera vuelto peludo.

—No es cierto —rezongó ella, sintiéndose estúpida.

—Claro que sí, lo aprendí en uno de mis viajes. Ayuda a canalizar la magia también. Pudiste decirme que querías hacerlo y podríamos haberlo hecho juntos ¿Qué te parece si lo hacemos temprano?

Hermione lo miró de reojo y se encogió de hombros, sintiéndose una niña pequeña.

—No es que lo hagamos hoy en día.

Draco levantó una ceja y se puso de pie.

—Ya hablamos de eso, creo que... no es bueno que... no nos hará ningún bien.

La chica suspiró e intentó sonreír.

—Mal momento para intentar ser un caballero...

—Sólo quiero que lo tomemos con calma —Draco se acercó a la puerta y le sonrió—. Buenas noches.


—Postura del perro saludando al sol —dijo Draco y se incorporó, mientras miraba a Hermione perder el equilibrio por quinta vez—. Quítate las calcetas y la playera.

La chica se incorporó y se cruzó de brazos.

—¿Dónde quedó "me lo estoy tomando con calma"? —preguntó bastante incómoda. Draco llevaba el chándal arremangado hasta las rodillas, descalzo y sin camisa. Su torso, desnudo, se veía increíble desde cualquier ángulo. Él le había demostrado que aparte de ser un fanyogui, escalaba y tenía bastante fuerza en los dedos. Cuando se colgó del resquicio de la puerta, ella se había quedado con la boca entreabierta, mientras algo se apretaba en su interior. Tuvo que tragar saliva para regresar a la realidad.

Él rio y negó con la cabeza, acercándose peligrosamente. Tomó el borde de su camisa y tiró de ella, pero Hermione se lo impidió.

—Sólo descalza —dijo sentándose en el piso y quitándose sus calcetas—. No llevo sostén.

Draco no dijo nada y esperó a que volviera su postura, la cual consistía en colocar pies y palmas en el suelo y elevar el trasero al aire, con la espalda bien recta. Haciendo acopio de toda su fuerza, le tomó el vientre y lo presionó, corrigiendo su postura.

—Eleva un poco más, hacia mí —dijo él mientras intentaba pensar en Potter con pijama de conejito—. Inhala con fuerza y eleva —Hermione inhaló ruidosamente y perdió el equilibrio, recargándose en la pelvis del chico. Draco cerró los ojos mientras la sentía removerse contra él.

Llevaba sus condenados shorts y una camisa que se le había subido por la espalda, porque era de él... Hermione se dejó caer sobre el tapete y lo miró, él se había levantado y caminó hacia el refri, sacando huevos y fruta.

—Es todo por hoy, desayunemos.

Ella lo miró desde el suelo y se incorporó, aturdida. Estaba segura que había sentido cierta parte de él saludándola mientras se dejaba caer accidentalmente. Así como las manos de él, al sostenerla, clavándose en sus caderas como cuando habían practicado la misma posición, semanas, días atrás, el tiempo ya pasaba de maneras extrañas.

Pero él se había marchado, dejándola tirada, se veía tan inmutable que se sintió dolida.

El Profeta apareció en su mesa y lo tomó, dispuesta a olvidarse de su ¿roomie?, leyó el titular y soltó una exclamación.

—¿Qué ocurre? —preguntó Draco acercándose.

—Es la última edición del Profeta —leyó Hermione—. Al parecer, el sistema está tan jodidamente colapsado que no hay quién vigile la imprenta... nos hemos quedado sin comunicación del exterior, hay demasiados muertos... los sistemas están colapsados —terminó la chica mientras le faltaba el aire. Draco la abrazó intentando calmarla, pero se sentía igual, como en una espiral que no hacía otra cosa que descender.

—Todo estará bien, tranquila —le dijo él acariciándole el cabello y la sintió rodearle la cintura con los brazos y enterrarse en él—. Estamos juntos en esto.

—Quizá sería un buen momento de racionar la comida —susurró Hermione contra el pecho de Draco, quien aún no se había puesto la camisa y el aliento de ella le caló en partes bastante reveladoras. Draco tragó saliva y asintió.

—Sí, no sabemos hasta cuándo más colapse todo.

—Esperemos que Perkins venga pronto —dijo la chica mirando la única ventana que tenían, tentada a quitar el periódico para ver a los vecinos.

El chico estiró la mano y apagó el fuego sin soltar a Hermione.

—Draco... —susurró Hermione contra su pecho, pasando sus manos por su espalda. Un escalofrío lo recorrió y despertó algo en él—. ¿Por qué estás decidido a ser un caballero en estos momentos?

—Porque —repitió él con fingida paciencia—, si esto —los señaló—, tiene una mínima posibilidad, quiero que funcione en el mundo real y no como síndrome de encierro.

—Lo que dije fue... estaba enojada —replicó Hermione alejándose de él—. No lo siento en realidad.

—Sí lo haces —la contradijo, acariciándole la mejilla—. Pero tienes razón y yo quiero que esto funcione en la vida real, que lleguemos a ser amigos...

O algo más.

Hermione se mordió el labio, como sólo ella sabía hacer, atrayéndolo... Y después lo miró y sonrió.

—Bien, pero estoy cansada de dormir en la cama sola. No, no tenemos que hacer nada —explicó con rapidez al ver a Draco abrir la boca—. Es sólo que se me hace injusto dormir diario en la cama, podemos alternarnos el sofá... —lo miró de reojo—. O poner una almohada en medio para no tocarnos. La cama es bastante grande —terminó con una sonrisa y Draco se la devolvió asintiendo.

—En realidad me parece perfecto —contestó él, sin admitir que apenas podía dormir en aquél espacio tan reducido y su espalda lo estaba matando.

—Bien, esta noche, pondremos una almohada en medio.

—Perfecto —dijo él y la vio alejarse hacia la mesa, para remover la poción del día, con sus shorts pequeños, descalza y su sonrisa tan... irresistible.


Draco dio una vuelta más y se tapó hasta la barbilla, temblando de frío. Hermione despertó en la noche y le tocó la frente con cuidado, abrió los ojos desmesuradamente y se levantó de la cama, prendiendo la luz, Draco ni siquiera notó el cambio, temblaba y tenía los labios azules.

—¡Draco! —llamó Hermione arrodillándose a un lado, apenas llevaba puesta una camiseta porque moría de calor, la fiebre la tenía al límite y sin embargo, Draco estaba azulado, como si sufriera de hipotermia—. No te duermas, Malfoy —ordenó ella mientras él cerraba los ojos.

Corrió a la sala y llevó las mantas ligeras que ahí había, cubrió con ellas al chico, incluida toda la ropa y toallas que había en la casa. Dejó la luz prendida y corrió a la cocina, donde había aparecido un teléfono con un solo botón.

—¡No te duermas, Malfoy!

Lo tocó muchas veces y dio línea, pero sonó, sonó y nadie contestó del otro lado. Desesperada, aporreó el aparato mientras miraba hacia la habitación, no había nadie que la ayudara y estaba segura que esta sí era una emergencia, la fiebre, tos, dolor, vómito era normal, pero no la hipotermia. Las lágrimas corrieron por su rostro mientras seguía esperando en línea, pero nunca nadie le contestó. Estaba sola.

—¡No te duermas, Malfoy!

Corrió hacia la ventana y quitó los periódicos, desesperada por ayuda, pero del otro lado ya no había nadie, las luces estaban apagadas. Pegó su rostro al vidrio intentando ver las demás ventanas, pero no había nadie afuera. La aporreó un par de veces y retumbó el eco, pero nadie se asomó. Con lágrimas en los ojos, corrió a la puerta, pero no logró abrirla. Golpeó la pared blanca, donde antes había una puerta y no escuchó a nadie. Aporreó la puerta y ésta se burló de ella permaneciendo impasible. Entonces regresó al teléfono y volvió a presionar el botón, no había nadie.

Nunca contestaron y en el fondo, sabía que no lo harían.

Se dejó caer un momento, mientras las lágrimas la golpeaban y entonces tomó el caldero, el cual borboteaba con pereza y sacó con mucho cuidado el fuego mágico de debajo. Ésa poción que se preparaba era la última ración de tónico para el vómito, pero no importaba, se dijo Hermione, Draco sabría arreglarlo. Corrió con el fuego y lo colocó en una silla al lado de Draco, estaba pálido y azulado, lo cual era casi imposible debido al tono bermellón que presentaba su piel. Lo acurrucó junto a la silla, tapándolo en el proceso y corrió a la ducha.

—Si el agua fría sirve para contrarrestar la fiebre, el agua caliente me ayuda al frío —razonó la chica abriendo la llave, pero el agua era helada, probó del otro lado y era lo mismo, no tenían agua caliente.

Intentando respirar por la nariz para no entrar en pánico, se acercó al teléfono una vez más y marcó. Se mantuvo ahí bastante tiempo, pero nadie acudió, ni respondió.

Entonces entró al cuarto y cerró la puerta, se deshizo de su ropa y con esfuerzos, le quitó la suya a él y la colocó en los pies del chico, envolviéndolo y lo abrazó por la espalda, apenas con sus bragas de algodón cubriéndola. Lo abrazó y frotó sus brazos, respirando sobre su espalda y llorando al mismo tiempo, enredó su cuerpo que se veía pequeño al de él y lo abrazó con fuerza, friccionando para entrar en calor.

No supo cuánto tiempo pasó ahí, paseando sus manos con ritmo por su cuerpo para calentarlo, no sabía si era de día o de noche, pero no se apartó de su lado, hasta que lo vio menos azul y abriendo los ojos.

—Hermione —susurró él, mirando el fuego—. ¿Estás desnuda?

—Sí —contestó ella mientras las lágrimas caían por sus ojos y mojaban al chico, pero no lo soltó—. Necesito calentarte.

—Esa es sin duda, la mejor manera —afirmó él entrelazando su mano con la suya y después cayó dormido. Esta vez, Hermione lo dejó dormir y ella también lo hizo, aferrándose a su espalda.


Draco despertó, aún temblaba ligeramente de frío y los miembros estaban entumecidos, adoloridos, como aquella vez que Goyle tropezó y lo arrojó al lago negro en pleno diciembre. Sin embargo, en esta ocasión, tenía a Hermione, apenas con sus bragas (ya había tanteado su espalda y caderas como quien no quiere la cosa), recostada boca abajo sobre su pecho, si pierna estaba entrelazada entre las de él y sentía su piel de por sí afiebrada, como un bálsamo para el dolor que le causaba su propia existencia.

—Qué mal momento para ser un caballero —suspiró él mientras la sentía revolverse y tocar ciertas partes sensibles de su cuerpo con las partes prominentes de ella. La abrazó y volvió a cerrar los ojos.


Más tarde, Draco estaba acurrucado en el pequeño rayo de sol que caía por la ventana (a la cual Hermione le había arrancado los periódicos), viendo una película sobre una chica que dejaba a su novio por su trabajo, que consistía en ser maltratada por su jefa editora de una revista de moda, mientras bebía un tazón de sopa que la chica le había preparado con mucho esmero y que realmente sí funcionaba para calentarlo. Aún sentía entorpecidos los dedos, pero no temblaba, o no demasiado.

Entonces, escuchó un grito triunfal en el baño y salió Hermione. Estaba empapada. Por Merlín, la ropa se le pegaba y el cabello también. Draco no pudo evitar mirarla con cara de embobo, la misma que la había visto en la tarde mientras ella se giraba en la cama y tomaba su ropa, apenas vislumbró su espalda desnuda, pero con eso era suficiente. Como si fuera un maldito adolescente.

—¡Lo logré! —gritó ella con una expresión de triunfo y se acercó a Draco—. Hora del baño.

—¿Qué? —preguntó débilmente mientras intentaba no mirar cierta parte de su cuerpo que estaba a la altura de sus ojos.

—Vamos, he conseguido que salga agua caliente, te ayudará —Le quitó el tazón de las manos y lo ayudó a ponerse de pie. Lo acompañó hasta la entrada del baño y sonrió—. Al parecer tiene truco y como siempre nos bañamos con agua fría, no lo sabíamos —Con desparpajo, se inclinó sobre las llaves y las movió en secuencia hasta que la tubería vibró y arrojó agua con vapor.

Pero Draco no estaba mirando la secuencia, miraba a Hermione y sin proponérselo, se acercó a ella y la besó. Ella soltó una exclamación sorprendida y luego le devolvió el beso. Ambos se metieron en la regadera besándose. El agua caliente le cayó como bálsamo al dolor de huesos y los besos de ella fueron una pócima a todos sus males. Ella se aferró a él mientras el agua los empapaba y haciendo un esfuerzo sobre humano, se separó.

—¿No intentabas ser un caballero? —preguntó mientras él se quitaba la camisa y la acariciaba, deteniéndose del azulejo.

—Hermione, estabas desnuda a mi lado, no puedo serlo —contestó y la miró con una pregunta muda, la chica sonrió de lado y lo besó con suavidad.

—Pero quédate del lado del agua, para que te calientes —dijo ella mientras se quitaba la ropa empapada y lo recorría a besos, después, lanzándole una última mirada, se arrodilló y le bajó los pantaloncillos, que fueron a dar junto a la otra ropa.

—Ya estoy demasiado caliente —gimió él mientras la miraba besarle debajo del ombligo y descender, hasta meterse su miembro en la boca.

—Permíteme —sonrió ella mientras paseaba la lengua por la punta y con una mano, lo acariciaba—. Yo hago todo el trabajo.

Draco echó la cabeza hacia atrás, mientras el agua caliente se le resbalaba y Hermione lo llevaba al placer.


Nota: Como verán el título se llama día 293, la cosa es que ya perdieron la cuenta de los días, no se asusten, no llevan tanto tiempo encerrados.

Besos draconianos,

Paola