Disclaimer: Los personajes principales no me pertenecen, son de la increíble JRK, pero si no lo sabes, amigo, ¿dónde has tenido metida la cabeza todo este tiempo?. La historia sí es mía, basada en una idea del increíbel club de "Yo también estoy esperando un nuevo capítulo de Muérdago y Mortífagos"

Procederé a contestar sus comentarios, en serio, los AMO.

SamanthaBenitez: JOJOJOJO guiño, guiño. Qué susto, ¿no?

PauliJeanMalfoy: OMG, mi abogado me prohibió hablar sobre eso...Draco es tannnn amable, aunque a veces saca el genio, pero creo que la madurez le sentó muy bien.

FranSanchez: Sí, Draco es tan... *suspiro*, Draco. Lo amo, como todas nosotras. Pues no tenemos la suerte de ser Hermione, pero sí la suerte de leer sobre ellos haciendo cositas jiji. Te mando un beso tronadote.

IsabelleMalfoy: Pues ¡claro!, disfruta el episodio!

Gracias Lor Mortensen, por comenzar a seguir esta historia.


NOTAS DE LA AUTORA:

Agradezco infinitamente su respuesta a esta historia, que como ya he mencionado, salió como una idea alocada y poco a poco fue tomando forma, sin embargo, como les dije desde el inicio, es un "mini fic", es decir, no tendrá tantos capítulos. A decir que ya escribí el final, pero antes de subirlo, quería darles unos días para asimilarlo, ésta historia siempre estuvo planeada con un total de 10 capítulos, éste es el 8vo y bueno... creo que ya saben a qué me refiero. Les agradezco, de verdad sus comentarios, sus follows y favs, los amo muchísimo. Tomémoslo con calma y démosle a estos dos un gran final, digna de la cuarentena. Es un capítulo cortito, pero hecho con mucho, mucho amor.

Disfrútenlo, Draco les envía sus besos con cubrebocas y recuerden...

#QuédateEnCasa y mejor lee fics.


Día 34/ Andamos sensibles, final round... Fight!

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—¿Vómito naranja? —preguntó Perkins mientras los miraba por enésima vez, ambos negaron.

Hermione con más ahínco que Draco, quien no le quitaba los ojos de encima, sobre todo, porque después de aquella ducha, aunque su instinto le decía que callara hasta que ella solita se diera cuenta, él le había señalado que tenían una temperatura corporal normal y sobre todo, habían dejado el color naranja en el olvido.

Inmediatamente, a medio vestir, la chica se había colgado del teléfono hasta que dos horas después, alguien le había contestado del otro lado. Dos puñeteras horas donde su único objetivo era salir del confinamiento, olvidándose de Draco, absolutamente dejando el color naranja y a él en el pasado. Cuando se acercó y le pasó una taza de café, ella lo rechazó sin apenas mirarlo, frunciendo el ceño.

—No me gusta el café —refunfuñó ella separándose de su abrazo, impaciente, le dio la espalda. Draco se retiró al baño y decidió ducharse de nuevo, para aclarar las ideas y las emociones, así como todo lo que pugnaba por salir de su boca y ella no podía escuchar.

Cuando terminó, ella seguía sentada en el suelo con el teléfono en la mano, mirando a un punto fijo mientras se mordisqueaba las uñas, como si la antigua Hermione hubiera despertado así como el humor de perros que poseyó a Draco desde entonces. Le lanzó una mirada furibunda cuando prendió el televisor y se giró, evitando mirarlo, aferrándose el aparatejo. Al cabo de dos horas, le contestaron y prometieron enviar a Perkins al otro día. Aquella noche ninguno pudo dormir, ella porque estaba emocionada por salir del confinamiento, casi podía imaginarse el aire y el sol golpeando su rostro.

Él...sabiendo que la había perdido. Evitaron tocarse o hablar de ello hasta que temprano, Perkins tocó a su puerta.

—Señor Malfoy —llamó Perkins y detectó un ligero tono de burla al hacerlo. Draco levantó la vista, confundido—, ¿vómito? ¿dolor de cabeza? ¿de muelas? ¿hipotermia?

—No, nada de eso —contestó Hermione por él, impaciente—. Creo que eso es todo, ¿no? —preguntó pegando un brinco.

Perkins sonrió, aún con su traje de epidemia y negó con la cabeza.

—Debo hacerles unas pruebas más y mantenerse en casa por quince días, aunque ya no se encuentren naranja, siguen estando en estado de convalecencia.

—¿Y no podemos hacerlos en nuestra propia casa? —tentó Hermione, removiéndose, impaciente.

—No —contestó con suavidad Perkins y sacó su varita, tanto Draco como Hermione, la miraron, embobados, hacía tanto que no miraban una, que los dedos les hormiguearon al sentir la magia correr por la habitación—. Pero ya pueden tomar aire en la ventana —Se encogió de hombros cuando la abrió y la chica pegó un gritito, corriendo a inhalar aire como si hubiera estado bajo el agua por años. Perkins le lanzó una mirada a Draco y éste se encogió de hombros, con su indiferencia tan característica y tan olvidada por aquellos días—. Aún no pueden dejar este departamento, porque tenemos casos graves en el piso, sin embargo, pueden hablar con sus vecinos en el cuadro de ventanas, quienes también se les están retirando los sellos mágicos en este momento —A lo lejos, escuchó grititos de asombro al abrirse las ventanas de los otros departamentos—. Mientras mantengan la distancia con los otros pacientes, ya pueden convivir entre ustedes.

Hermione metió la cabeza mientras sonreía con emoción, miró a Perkins y se habría lanzado a su cuello si él no hubiera dado varios pasos detrás.

—Señorita Granger, no, no, sin abrazos —La castaña lo miró con una sonrisa aún mayor.

—¡Me llamaste por mi apellido! —se maravilló mientras daba vueltas, apoteósica. Draco gruñó por lo bajo, fulminando con la mirada a Perkins.

—Yo... ¿hay cosas que me pueda llevar? —preguntó Perkins, incómodo por la mirada recibida—. Hum... libros, juegos de mesa o papeles que estén causando estorbo...

Hermione asintió y corrió a la habitación.

—Tenemos un montón de libros que ya hemos terminado, supongo que sirven para entregarlos a los nuevos pacientes —Perkins asintió mientras tomaba una pila de libros. Levantó la varita y éstos flotaron a su lado.

—Por favor, síganse hidratando, no se mantengan en la corriente de aire demasiado tiempo y... es todo. La comida seguirá llegando sin falta.

—¿Podemos ingerir alcohol? —preguntó de pronto Draco, quien miraba hacia sus manos sosteniendo una taza de café, con indiferencia calculada, Hermione ni siquiera reparó en ello, ocupada saludando a una familia un piso abajo con medio cuerpo de fuera.

—Sí, mientras no estén tomando pócimas para el mareo... o... o alguien esté en otras condiciones —dijo Perkins lanzándole una mirada interrogante a la chica, había detectado algo distinto, pero él negó con la cabeza, sonriendo con frialdad.

—Ninguna de ambas. Nadie es tan idiota como para traer a un energúmeno en estos momentos, además del trauma social, ¿te imaginas un niño nacido de ésta peste?—contestó él con tono mordaz, quizá más alto de lo que esperaba mientras se levantaba de su asiento—. ¿Cómo le íbamos a poner al bastardo, "Demetrio Medio" o si es niña "Susana Distancia"? —soltó un bufido despectivo mirando a la ventana como si esta la hubiera ofendido—. Consígueme alcohol o lo que sea, Perkins —ordenó antes de dar un portazo. Perkins suspiró y se giró hacia Hermione, quien tenía la boca ligeramente abierta y los ojos brillosos. Incómodo, tomó su maletín y fue rumbo a la puerta.

—Bueno... debo irme —dijo dando un cabezazo agitando su varita y haciendo levitar los libros a su lado. Antes de cerrar la puerta, titubeó un poco y apareció una botella, se la entregó a la castaña.

—No todos llevamos bien el encierro... o el fin de éste.

Hermione suspiró mientras le daba vueltas a la botella en su mano... la dejó sobre la mesa y se asomó por la ventana. Había un grupo de tres niños saludándola desde el piso de abajo, ella le devolvió la sonrisa y los saludó. Entonces alzó la vista y frente a ella, Ron la miraba con aquella miradita estúpida, aferrado a su ventana. La chica lo miró torciendo el morro y con una mezcla de tristeza, suspiró.

—Hola tú —medio gritó el pelirrojo. Ella se encogió de hombros, aferrándose al marco para no perder los estribos—. Yo... lo siento.

—¿Eres feliz? —preguntó y medio gritó Hermione desde el otro lado. Algunas cabezas se asomaron de los demás departamentos, curiosas. El pelirrojo enrojeció por la atención, pero a la chica parecía no importarle.

—Creo que sí —contestó con una mueca, mirándola a tres metros de distancia, aún así, se veía sana y tranquila—. Pero creo que no lo era contigo.

Hermione asintió y dio la vuelta, desapareciendo de su lado, unos segundos después re apareció, con algo en el puño. Lo contempló unos momentos antes de alzar la vista con absoluta calma. Ronald retrocedió por instinto.

—¡POR MUCHO QUE NO FUERAS FELIZ, NO TENÍAS QUE PONERME EL CUERNO, MALDITA ZANAHORIA! —gritó Hermione, tomando pose de bateador. Los vecinos soltaron una exclamación y Ron se puso más rojo si era posible desviando su atención hacia ellos al tiempo que la veía arrojarle algo son suma fuerza, intentó agacharse, pero fue demasiado tarde, lo que arrojó ella, lo había golpeado en la frente. Tocándosela con un gritito poco varonil, Ron se incorporó lloriqueando—. ¡QUÉDATE TU MALDITO ANILLO BARATO! ¡RELIQUIA FAMILIAR MIS OVARIOS! —gritó Hermione y entonces, el ya maltrecho anillo explotó en la mano de Ron, convirtiéndose en fragmentos que lo persiguieron por toda la salita, soltando las carcajadas de los curiosos.

Draco tomó por la cintura a Hermione mientras esta hacía el intento de saltar para seguir agrediendo a su ex prometido.

—¡SUÉLTAME! —forcejeó ella, pero Draco no se inmutó, en cambio, le puso una toronja en la mano.

—Mejor arrójale cosas —sugirió él con una sonrisa—. No, cuchillos no... cosas que viajen con rapidez.

Hermione miró la toronja en su mano y soltando un grito, la lanzó. El público soltó vítores mientras Ron ahora era perseguido por una toronja, dos naranjas y los fragmentos de su anillo "carísimo" de compromiso. Entonces en un deje de inteligencia, el pelirrojo corrió a la ventana y la cerró mientras una zanahoria se estrellaba contra ella.

—Uff —comentó Draco mientras la miraba respirar con agitación y con disimulo, cerró la ventana de su departamento, acallando los ruidos de fuera que esperaban por el espectáculo—. Una zanahoria baby atacando a otra, ¡qué escándalo!

—Justicia divina —gruñó Hermione mientras se dejaba caer sobre el sofá, exhausta.

—¿Te sientes mejor? —preguntó el rubio, dejando atrás su enojo repentino. Ella asintió mientras se acurrucaba en el sofá—. Como la Gryffindor que eres, me sorprende que lo hayas hecho, pero como el Slytherin que soy, me da gusto que te hayas podido desahogar.

—Hiciste más que eso, Malfoy —gruñó la chica sin poder evitar su sonrisa—. Pasándome fruta para arrojársela.

—Le proporciono a mi dama lo que necesite —contestó él con ligereza. Entonces abrió el refrigerador y cortó una rebanada de pastel—. Y mi sentido reptil me indica que necesitas un pastel de chocolate, leche y ver alguna película mientras te abrazo y me usas de mantel.

Hermione le lanzó una mirada aún enfurruñada pero la cambió cuando se acercó con su pastel.

—Acepto el pastel y la leche, pero a ti no, te has estado comportando como un imbécil —sentenció con dignidad, o la dignidad que pudo mientras engullía como si la vida fuera en ello.

Draco cambió su postura y torció el gesto.

—Bueno, yo no soy la que se muere por salir de aquí —siseó él con un deje de enfado—. Ni se la pasó alejándome todo el puto día porque algo le ha picado. ¡Tengo sentimientos!

La chica lo miró con la boca abierta y dejó su plato a un lado.

—Yo no te he estado alejando, sólo quería salir de este hoyo lo más pronto posible —dijo ella con una mueca—. No sabía que estabas tan a gusto con todo lo que te la pasas refunfuñando.

Se lanzaron miradas enojadas, entonces Draco tomó la botella de encima de la mesa y se dispuso a entrar al cuarto.

—¡Oh, no! —gritó Hermione corriendo hacia allá—. Si vas a hacer berrinche como el niño mimado que eres, hazlo a mi lado, sé hombrecito.

—¿Hombrecito? —siseó Draco con peligrosa calma—, ¿me estás diciendo a mí que sea un hombrecito?, sé tú una mujercita— la pinchó con el dedo índice—. Lloriqueándole a tu ex enfrente de mí, alejándome y desechándome como un pañuelo apenas te dejaron abrir la ventana. Así que no, quiero emborracharme lejos de ti y como eso aún no se puede, muy a tu pesar, me voy a encerrar en el puto cuarto cuánto tiempo se me dé la gana.

—¡Basta! —sollozó Hermione ganándole el paso hacia la habitación, Draco se pasó las manos por el rostro y suspiró, resignado. Alcanzó a meter el pie antes que la cerrara y vio a la chica llorosa y temblando.

—¿Qué quieres de mí? —preguntó él, recuperando la calma. Hermione comenzó a llorar de nuevo y lo golpeó con desgana—, ¿has pensado en nosotros después de esto?

Ella asintió y suspiró, parando el llanto.

—Te quiero a ti y ya te lo había dicho, sólo... sólo... necesitaba arrojarle su estúpido anillo.

—Fue divertido —Hizo una mueca para ocultar su sonrisa.

—Pero no significó nada, en realidad soñé mucho tiempo con esto, pero no sentí nada... y luego vienes tú y me gritas, maldito loco.

—Pero antes de eso, te la pasaste ignorándome mucho tiempo, es ridículo Hermione, claramente estoy enfadado contigo, eres de lo peor.

Ambos suspiraron, confundidos. Hermione fue la primera en hablar, sentada a su lado en la cama.

—Estamos un poco sensibles.

—Estarás, yo soy un hombre perfectamente equilibrado.

—¿De verdad pensaste que me muero por salir de aquí, sin ti? —preguntó Hermione y lo miró con ¿ternura? Draco se encogió de hombros, dándole un trago largo a su botella—. Sí eres idiota.

—Tú no te quedas atrás—rezongó Draco pasándole la botella a la castaña—. Regalaste todos nuestros libros y juegos de mesa...Aún pasaremos un gran tiempo aquí... listilla.

La chica miró la botella en sus manos y la dejó con cuidado en el piso, entonces abrazó al rubio, quien se quejó pero le devolvió el abrazo.

—No sé qué haré saliendo de aquí, pero no es mi plan dejarte.

—Ya somos dos.

Draco suspiró audiblemente, rindiéndose ante la mandona aquella y le besó la coronilla del cabello.

—Vamos a emborracharnos, creo que es lo único que nos falta hacer en este lugar.

—No bebo, Draco —susurró Hermione contra su pecho.

—Pues hoy lo harás.


Salieron de la habitación y se dirigieron a la sala, pero el ruido de fuera les llamó la atención. Curiosos, abrieron la ventana y lo que encontraron les produjo sentimientos encontrados.

Encaramados en sus respectivas ventanas, la mayoría de las personas,(excepto el departamento de frente, que ahora tenía tapizada las ventanas), incluida la familia de magos con niños pequeños, tenían cacerolas en las manos y las tocaban sin ritmo, algunos, como la pareja de magos del piso de arriba, cantaban con voz de tenor y otros hacían ritmos de beat, cada quién cantaba la canción que se le venía a la mente, desafinados y a destiempo, pero como una comunidad. Era la primer ocasión donde tantas personas se encontraban reunidas a través de la seguridad de sus departamentos, pero sintiéndolos más cercanos que nunca.

Hermione se giró para tomar el sartén más cercano, pero Draco ya llevaba dos, le tendió uno y una cuchara de madera y con cuidado, se sentó al borde con las piernas hacia fuera, intentando no mirar hacia abajo, ya que la chica le tenía miedo a las alturas, entonces sintió un cuerpo rodear el suyo, cálido y protector, como siempre, Draco se había encaramado, rodeándola con las piernas y sujetándola de la cintura, dejó caer su cabeza sobre su pecho ante los "Diiuh" de los vecinos. No sabía cómo, pero ambos cabían a la perfección. Entonces comenzaron a agitar sus cacerolas, cantando cualquier canción que se le venía a la mente, uniéndose a la fiesta que se formaba, extasiados por la casi cercanía de sus vecinos.

—Te quiero —susurró Draco en su cuello mientras le canturreaba "Un caldero lleno de amor caliente y fuerte". La chica soltó una risa mientras lo sentía acariciarle debajo del borde de la camisa.

—¡ELLOS SON LA PAREJA PORNOGRÁFICA! —gritaron los magos de arriba cuando, olvidando dónde se encontraban, comenzaron a besarse.

—¡ES VERDAD, SON LOS QUE VEMOS MONTÁRSELO A CADA RATO— gritó otro de los departamentos de arriba señalándolos, seguidos por otros, afirmándolo.

—¡QUE VIVA EL AMOR! —gritó otra mujer joven lanzándoles un beso.

—¡QUE VIVA EL AMOR! —gritó Draco, dejando sorda a una muy ruborizada Hermione. Ambos comenzaron a reírse mientras todos, como en una fiesta maravillosa, tocaban sus cacerolas a su propio ritmo.


¡Es todo por hoy! De verdad tengo un vacío para el penúltimo y último capítulo, sin embargo, sabíamos que llegaría este día... así que, con un tono dramático muy Malfoy, les daré uno o dos días para asimirlarlo antes de subir el 9no y 10 capítulos.

Las quiero infinitamente, gracias por seguirme hasta aquí. Me encantaría leer sus reviews hasta el momento y ¡que las apuestas comiencen!

Besos draconianos,

Paola