Disclaimer: Ya saben, los personajes no son míos, son de la increíble JKR. La historia sí es mía, basada en una idea alocada de encierro para el club "Yo también estoy esperando un nuevo capítulo de Muérdago y Mortífagos"

¡Procederé a contestar sus comentarios!

Redeginori: Lo sé, yo también disfruté mucho escribirlo para ustedes, esta pareja estaba un poco loca, a decir verdad. Gracias por haberme leído... Ojalá te encante el final.

Annimo: Muchas gracias por haber comentado jajaja y seguir la historia, ¡por supuesto! Y sí, soy orgullosamente mexicana jajaja así que también estoy al tope con Susana Distancia, Demetrio Medio y Eloy Cciso, te envío un beso y espero que estés muy bien, sobrellevando el encierro larguísimo.

SamanthaBenitez: Así es, era un mini fic, pero hecho con mucho amor e ideas alocadas de media noche y un consumo excesivo y poco sano de noticias jeje. Un beso por seguirme hasta aquí y siempre, siempre, comentar. ¡Eres la mejor!

Malger: La respuesta... en este capítulo. Es que ellos dos son una pareja linda, pero medio mandona, siempre he creído que lo suyo pudo funcionar muy bien en el cannon...

PauliJeanMalfoy:¡oye! muchas felicidades por lo del grado! te cuento que yo estaba a días (15 de abril) de firmar mi título y pues nada, todo se pospuso a causa de la pandemia :( Gracias especialmente a tí, por leerme, fue muy, muy lindo leer tus comentarios y en cierto modo, nos acompañamos por un largo trecho. Felicidades y como siempre, cuídate mucho. Ya estás formado en la fila de Draco jajaja pero dudo que suelte a Hermione... :( no nos queda más que soñar con él... ¡Un abrazo y muchos besos, mi más eterno agradecimiento, Pauli!

Victoria: Gracias por leerla y darle una oportunidad, fue hecha con mucho amor en este encierro de locura.. Ya estoy en AoDNS, en los próximos días actualizaré, es que me di unas mini mini vacaciones para perfeccionar estos dos últimos capítulos y no dejar nada al aire y al mismo tiempo, dejarlos con cierto aire de nostalgia de cuando cierras un ciclo... ¡Gracias por leerlo, de nuevo, un beso grande, Victoria!

Gabrielapaccocallo: Ahora te contesto, Draco y Hermione se encontraban naranjas y después de esa ducha, habían recobrado su color natural, dejando detrás toda la enfermedad, así que Draco sabía que su fin estaba próximo. (Pd, Hermione sangró mientras se duchaban, dato para la trama).

NoraCg:¡gracias Nora por seguir la historia! Están un poco locos, quizá es el encierro o la mala influencia que son juntos jejeje... La canción se llama Una línea de Luz, de Kinky, te recomiendo su versión unplugged, está sensualona...Un beso y muchos abrazos, gracias por leerme.


NOTA DE LA AUTORA

1. Lo primero y más importante, les agradezco por haber leído este mini fic, hecho en horas y horas de encierro, basándome en las notas que circulan por mi país y de otros países con un toque de humor. Gracias por quedarse en casa si no tienen a qué salir y si eres de aquella población que no puede dejar de salir, cuídate mucho.

2. Hay un gran guiño a México, donde apareció un personaje creado por el gobierno que se llama Susana Distancia (bastante obvio), y entonces aparecieron otros dos como mofa:

Demetrio Medio (De metro y medio de distancia)

Eloy Cciso (El hoy occiso, aquellos que no se cuidan al andar como si nada por la calle)

Entre otros personajes, pero estos son los que nos interesan en esta parte de la historia.

3. Vayan a hacer pipí antes, estan un poco largos los últimos dos capítulos, lávense los dientes también, les pueden salir caries al leer...

Sin más que decirles, emocionada, les dejo con el casi desenlace de este par, Draco les envía sus ya respectivos besos con cubrebocas y recuerden...

#QuédateEnCasa y mejor lee fics


Día 9487/ Demetrio Medio, Susana Distancia y El-oycciso

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¿Puedes querer a alguien en tan poco tiempo y tan profundamente? ¿Puedes enfadarte con esa persona rápidamente y de la misma manera, olvidarlo? ¿Puedes hacer que el tiempo no importe, no sea "demasiado pronto" o "demasiado tarde" al verlo reírse?

Al parecer, Draco Malfoy sí podía. Tenía el gran poder de alejar los malos pensamientos cuando le sonreía así, bobaliconamente. Cuando pasaba su mano por su cabello para ayudarla a conciliar el sueño o cuando cada mañana se despertaba para preparar el desayuno, ordenándole cortar todo a la perfección milimétrica para preparar un omelette. Sorprendentemente tenía el poder de mantener la calma mientras ella gritaba histérica por la ropa en el piso o cuando tiraba el jenga antes de tiempo, por el simple placer de hacerla enojar.

El chico grosero y déspota se había quedado en el pasado y ahí estaba este hombre, alto, atlético y paciente, que la escuchaba con atención hablar sobre autoras de feminismo muggle o sus planes de viajar por el mundo ahora que no tenía nadie que la atara, incluso apoyó su decisión repentina de pedir una transferencia a otro país, el MACUSA u otra oficina diplomática, quería regresar a Ankara, recorrer Capadoccia por la mañana y despertar con los primeros rezos en Estambul, quería viajar todo lo que no había podido en esos años y beberse libros y libros pendientes.

Sopesó tomarse un año sabático, lejos del mundo mágico, gracias a la enfermedad, había re encontrado la magia que le provenía de prepararse el desayuno o estirarse para cambiarle al televisor. Quería sentir un auto descapotable mover su melena por las carreteras de Italia y sobre todo, quería que la persona que estuviera a su lado, con quien despertara todas las mañanas, acurrucada sobre su pecho, a punto de tirarlo de la cama, fuera él.

¿Puedes querer a alguien en tan poco tiempo y tan profundamente? Sí, pero seguramente sólo pasaba una vez en la vida, con el indicado. Aquél cosquilleo que sintió por primera vez a los catorce años, cuando él no le quitaba la mirada de encima en el baile de navidad del torneo de los tres magos, era el mismo que sentía por las mañanas cuando él, ya despierto, la besaba aún antes de lavarse los dientes.

Era el mismo cosquilleo que sentía cuando le contaba, con su mirada profunda y seria, los nuevos descubrimientos sobre la aplicación de la sangre de dragón y cómo conseguir sangre de unicornio sin cometer un crimen atroz. Era el mismo cosquilleo cuando él, por las noches, aún después de tantos días, sacaba la Flor de Luna para dejarla reposar al rocío nocturno, con la ventana abierta y una mirada solemne en el recuerdo.

Era el mismo cosquilleo que la embargaba cuando le daba trozos de fresas y frambuesas para después besarla y terminar desnudos en alguna parte de la casa. Era el mismo cosquilleo cuando le preguntaba algo muy personal sobre ella y sus amigos, sobre la guerra, sobre sus padres o su mascota, era el cosquilleo que nunca antes había sentido, el que le recorría desde las puntas de los pies hasta su estómago, calentaba su corazón y se transformaba en dos palabras: "Te quiero".

¿Puedes enfadarte con esa persona rápidamente y de la misma manera, olvidarlo? Por supuesto que sí. Sin lugar a dudas. Dos caracteres tan distintos y una lengua tan mordaz en cada uno los obligaba a pelear hasta que dieran un portazo o ella le arrojara lo que tuviera en la mano, que como el buen Malfoy le había recordado, entre más redondo y pequeño, mejor viajaba hacia su objetivo. Y de esa manera, de ese violento enojo que se esfumaba con una mueca convertida en risita y luego la risita en un violento jadeo mientras alguno claudicaba, restándole importancia al suceso, surgían las mejores historias sobre el sexo desenfrenado, sobre las cicatrices en la espalda del rubio o porqué le volvía loco que se recogiera los rizos en una alta coleta.

Definitivamente, Hermione Jane Granger estaba enamorada, loca y perdidamente, como nunca antes, con la intensidad para explotar los focos al llegar al orgasmo o causar un apagón cuando se enfadaban. Él sabía todo sobre ella, cómo tocarla, hablarle o tratarla, en dónde y para qué... parecía que toda su vida lo había llevado al punto para entender sin perder la razón en el proceso, a Hermione Jane Granger, segunda al mando del ministro, jefa del departamento de regulación de aplicación y leyes de seres mágicos, premio anual de Hogwarts y una de las brujas más prominentes de su generación.

—¿Has pensado en todas las veces que te han visto desnuda los canallas de arriba? —preguntó Draco sacándola de su ensoñación novelesca mientras se servía café. El estómago se le revolvió con el olor, frunció la nariz mientras lo veía beberlo y hacer cara de satisfacción.

—Pues... no, en realidad no —reflexionó la castaña mientras intentaba alejar de la cabeza el olor penetrante—. ¿Puedes abrir la ventana? Me marea el olor.

Draco arqueó una ceja pero no dijo nada y abrió la ventana, recargándose en el alféizar para terminarse su taza. Últimamente, la castaña estaba muy exigente con él, sobre si "apestaba" o si algo le caía mal del estómago... él se dedicaba a suspirar y mirar al techo, esperando que se le pasaran los nervios por su "casi" salida del encierro.

Entonces, para sorpresa de todos, se escucharon ululares en la ventana. El chico se giró, curioso y los vecinos sacaron sus cabezas, mirando hacia el pedazo de cielo que compartían. Al menos una docena de lechuzas bajaron y entraron a cada ventana. Draco soltó su taza, que se desparramó por el suelo y brincó, sorprendido por la lechuza que había planeado hasta casi aterrizar en su cabeza. Hermione arrugó la nariz, detestaba aquél olor tan penetrante y pesado.

—Es del ministerio —leyó Draco y se acercó a Hermione para leerla juntos. Ella retrocedió dos pasos, alejándose.

—Lávate los dientes —ordenó, frunciendo la naricilla. Draco soltó el aire, exasperado.

—¡Esto es más importante!

—No se va a ir a ningún lado porque te tardes dos segundos, Draco! ¡Apestas! —chilló Hermione con todo el poder mandón que poseía. Draco le lanzó una mirada rencorosa y entró al baño. Se estaba cansando de su maldito humor.

Cuando salió, la encontró con un trapo y cloro en las manos, haciéndose de valor para acercarse a la mancha de café del suelo.

—Dame eso —gruñó Draco mientras le quitaba el trapo de las manos, ella lo miró agradecida, pero él la ignoró—. Me estoy cansando de esta cosa que tienes contra el café o contra mí.

Hermione se mordió el labio y lo miró mientras se acercaba a él, indecisa.

—Lo siento —susurró mientras lo abrazaba por la espalda—. Te quiero.

Draco suspiró y sacudió la cabeza, olvidando todo por un momento al perderse en la calidez de sus manos y lo que le aportaba física y mentalmente aquella loca mandona.

—Vamos a leer eso, la lechuza no se ha ido, supongo que espera una respuesta —suspiró, mientras miraba al gran ejemplar negro que estiraba su pata, esperando la respuesta.

Draco se recargó en la mesa y envolvió a Hermione en medio de él, rodeándole la cintura con un brazo. Se sentía tan natural hacer aquello, como si ella cupiera a la perfección en cada hueco de él, sin quedarse demasiado pequeña o demasiado alta, sin romperla o lastimarla, sin esfuerzo, sus cuerpos encajaban, como una pieza de rompecabezas que ignoraba, le hacía falta.

Señor y Señora Malfoy, (Hermione rodó los ojos, Draco soltó una risita)

Les envío un cordial y afectuoso saludo, de antemano agradeciendo que hayan seguido los protocolos y medidas de seguridad requeridas por el ministerio británico, así como otras entidades mágicas a nivel mundial. Es un placer informarle, que debido a la rápida y oportuna acción del ministerio, así como que una escasa parte del personal, incluyéndome se quedó en la línea de fuego durante estos meses para mantener a flote el mundo, nos encontramos por concluir con la fase 3 de la epidemia, es decir, próximamente, a escasa semana, usted y su esposa (¿¡en serio es tan difícil ver que no lo soy!?) podrán desalojar dicho departamento que el ministerio puso a su disposición junto con el Hospital San Mungo (Al canciller le encanta lamer sus propias botas) , para la pronta recuperación de la comunidad mágica, es por ello que exhortamos a que durante los próximos días, cooperen con los medimagos que estarán realizando los últimos exámenes para asegurarse que se encuentran fuera de la curva de portación o convalecencia.

Es una excelsa noticia, conocer que gracias a las acciones del ministerio de magia y la comunidad mágica, hemos podido salir de esta etapa en menos de tres meses, aun superan en números de recuperación a Francia y Estados Unidos, gracias, como ya mencioné a la rápida y oportuna intervención de mis compañeros y mía, pese a también haber adquirido dicho mal, velamos por su seguridad, anteponiéndose a la nuestra, como todo el ministerio ha realizado. (No sabía que era una competencia, maldito lamebotas)

Como comunidad y persona, agradezco su cooperación durante este largo y tedioso proceso que nos ha mantenido al borde del colapso y sin embargo, hemos podido sobrellevar, con la unión familiar y la amistad.

Por otra parte, me permito recalcar mi interés en su pronta recuperación y me gustaría saber, ¿cómo han sido tratados por los medimagos de contingencia?, ¿qué otras medidas cree que podríamos tomar para perfeccionar esta técnica? (Todo para una encuesta de cliente)

Les envío mis más sinceros agradecimientos, esperando verlos en las filas del ministerio en las próximas semanas.

Una comunidad abierta y unida es una comunidad fuerte frente a la adversidad.

Canciller de relaciones internacionales unidas,

Ernie McMillan

Draco y Hermione se miraron, incrédulos.

—Vaya, tanta tinta gastada para una encuesta de calidad donde se lame el culo el muy socarrón —bufó Hermione tomando una pluma y dándole la vuelta la carta para escribir su respuesta.

—Siempre pensé que McMillan era un pedante pomposo, pero nunca a ese extremo para "calificar la experiencia de haberme quedado en el ministerio ayudando"...

—Oh...sólo está quedando bien, él quiere ser ministro de magia —gruñó Hermione malhumorada—. Ha andado detrás de mi puesto desde hace meses, cree que él es mejor que yo.

—Serás una gran Primer Ministra, Granger, ni siquiera está en duda quién será el reemplazo de Shacklebolt —dijo con absoluta confianza Draco, algo que le bulló en el estómago.

Harry solía sonreírle y decir que naturalmente, su amiga sería primer ministro, pero Ron... Ron se reía y le decía que ya estaba muy bien en ese puesto, tranquila y dominado, ¿para qué quería hacer algo más? ¿Para qué viajar? ¿Para qué buscar un nuevo puesto si ganaba y le iba muy bien con el suyo?, ¿por qué no se podía conformar con algo estable?...

Y la respuesta siempre estuvo ahí, porque la única vez que se conformó con su mejor amigo, éste le puso los cuernos. En cambio, y aunque estaba muy mal comparar a dos personas, Draco era todo lo opuesto, no se quería quedar quieto, quería perfeccionar la pócima matalobos para recuperar la humanidad de aquellos que le habían sido arrebatados, quería seguir viajando y descubriendo el mundo, seguir leyendo y explorando nuevos dialectos, nuevas plantas, un nuevo todo y se le contagiaba, definitivamente se le contagiaba la sed de ser más y de saber que lo podía conseguir, porque era ella, Hermione Granger y él siempre la hacía sentir imparable.

—Aún no —contestó conteniendo una sonrisa—. Soy muy joven, primero quiero hacer otras cosas y adquirir la experiencia necesaria —El rubor no pasó desapercibido por el chico, pero no dijo nada, sonriendo cómo no, bobaliconamente.

—¿Cuál fue tu respuesta? —preguntó Draco intentando ver encima de su hombro—. Oh, vaya, "Eres un ridículo, púdrete lamebotas" es muy elegante, me gusta ¿La amarro a la pata de la lechuza?

Hermione bufó cuando la lechuza salió, sintiéndose indignada de que aquél estúpido fuera su primer carta con el mundo después de treinta o veinte días confinada...

Entonces, para pasar el mal sabor de boca, se sentó frente al televisor y buscó algo que ver, bastante enfurruñada.

Cuando para su sorpresa, un pedazo de pastel se puso frente a sus ojos, ella lo tomó con agradecimiento y lo atacó, mientras veía a Draco recostarse sin camisa en el pequeño rayo de sol que entraba por el departamento. Ahora que lo veía sin su color naranja, se dio cuenta que ya no portaba el pálido enfermizo con el que lo conoció, era rubio y platinado, pero al menos su piel tenía una tonalidad un poco más bronceada, como si hubiera pasado mucho tiempo en la playa, eso lo hacía ver dorado y, ¿acaso ella no era la chica del trío dorado? se preguntó con un retintín mientras dejaba su plato y se acercaba a él con una sonrisa perversa en sus labios. El chico tenía los ojos cerrados, disfrutando el sol, así que lo tomó un poco por sorpresa cuando lo besó, sentándose a horcajadas encima de él.

—¿Qué...? —intentó preguntar, pero Hermione ya había tirado de su pantalón hasta las rodillas y arrojado su propia ropa interior lejos. Le lanzó una mirada antes de lamerse los labios y besarlo con fuerza.

Draco le respondió con bastante emoción mientras clavaba sus manos en las caderas, atrayéndola hacia su centro, pero ella tenía esa sonrisita que le reseteaba el cerebro, mordiéndose los labios y poniendo sus manos encima de su cabeza, ella mandaba y él, claro que sí, la iba a obedecer con gusto. Lo besó una vez más en los labios antes de pasar a su lóbulo, succionándolo y dejando que sus pechos lo rozaran en el proceso, lo escuchó soltar un suspiro mientras su mano se deslizaba desde su cuello hasta la pelvis, ejerciendo con las uñas un suave recorrido que le erizó la piel.

Y después se arrodilló entre sus piernas, sonriéndole como siempre lo hacía antes de dar un rodeo con su mano y después metérselo a la boca. Draco soltó un gemido mientras ella succionaba su erección, lamiendo y llevándolo al borde antes de detenerse, soltando un suspiro sensual y sin poder aguantar más, se sentó encima de él y comenzó a moverse.

El chico la miraba moverse encima, como la diosa que era, con la camisa levantada, mostrando su plano vientre, sus muslos deliciosos y los pezones erectos, lanzándole una sonrisa, ella se levantó un poco más la playera, enseñándole el inicio de los pechos al tiempo que tomaba una de sus manos, dándole permiso para tocarla y recorrerla a su ritmo.

Hermione se inclinó y enredó sus manos sobre su cabello mientras se besaban con fuerza, él tomó el ritmo mientras sus manos le recorrían la espalda y el trasero, acariciándola, atrayéndola con fuerza. La escuchó soltar un gemido mientras su cuerpo comenzaba a temblar, seguido de otro gemido más fuerte y la sintió llegar al orgasmo, sin poder contenerlo, se dejó ir, alcanzándola en el cielo, enredando su mano en la suya, fusionando su alma a la de ella, acariciando sus pensamientos, besando su cuello, mezclando su sudor con el propio.

Eso, para Draco Malfoy, era el cenit del amor, poder compartirlo todo, desde una risa, hasta el mejor orgasmo en la moqueta fría de un departamento en contingencia.

Hermione se quedó enredada encima de él mientras creaba figuras con sus dedos en el sudoroso pecho del chico, se encontraba ensimismada, mirándolo, amándolo.

—Estás buenísimo —susurró ella mientras seguía con el dedo índice cada parte de él, desde la línea de su mandíbula, hasta su abdomen.

—Tú también estás buenísima —susurró él con una sonrisa. Ella se estiró a su lado y bostezó, incorporándose.

—Deberíamos ir a la cama —dijo Hermione mientras se estiraba—. Me has dejado exhausta.

Draco sonrió y se incorporó, pero no la siguió.

—Haré un poco de yoga —le dijo mientras la besaba con suavidad—. Ve tú, te despertaré para la comida.

—¿Qué más ejercicio necesitas? —preguntó ella abriendo los ojos como cordero—, ven a la cama— lo tironeó pero él negó con la cabeza.

—Debo mantenerme en forma, me dices mucho que te gusto, pero sé que tu enamoramiento radica en mi abdomen, así que si no me cuido, me dejarás por alguien más joven.

—Entonces haz algo más riguroso, Perkins me está pareciendo sexy con ese traje azul.

Hermione apenas podía mantener los ojos abiertos, así que recogió su ropa interior y se arrojó a la cama, últimamente dormía mucho y su cerebro parecía atrofiado, sabía que sus vacaciones prolongadas le iban a crear problemas para incorporarse a su trabajo, bostezando, tomó la almohada de Draco y la estrechó contra su cuerpo para poder dormir.

Draco la vio arrojarse a la cama y quedarse dormida en el acto. Quería hacer un poco de ejercicio mientras ella dormía para no molestarla, pero entonces abrió la ventana y vio a los magos del piso de arriba con una taza cada uno mirándolo, a él.

—¡Hola guapo! —le saludó uno, con una sonrisa—, buen polvo, ¿eh? —El otro mago le guiñó el ojo.

—Estás guapísimo, ella también, pero tú... —Alzó su taza hacia él—. Qué serpiente tan linda. ¿Qué sigue ahora? ¿Ejercicio?

La bruja del piso de al lado asomó la cabeza y le lanzó un beso, con coquetería.

Draco los miró con el ceño fruncido y cerró la ventana con demasiada fuerza. Por Merlín, al parecer, eran el espectáculo número uno de aquellos dos. No le molestaba que lo vieran desnudo, al contrario, estaba muy consciente de su porte, elegancia y soberbia, pero...

¿Que la vieran a ella? ¡Oh, no!, esos momentos estaban reservados para ellos dos solos, malditos vouyeristas. Enfadándose de pronto, se alejó de la sala y entró a la habitación. Automáticamente bostezó, aquella mujer le pegaba el sueño terriblemente. Se recostó a su lado pasando un brazo por debajo de su cabeza, pero Hermione ni se inmutó, estaba medio desmayada del sueño.


—Creo que yo también debería ejercitarme más —comentó Hermione después de haber comido y repetido plato—. Me pondré como una bola si sigo siendo así.

—Estás perfecta —dijo Draco sin apartar la mirada de sus piernas largas. Hermione se incorporó y se puso a lavar los trastes, mientras Draco la recorría desde tras, cuando ella se giró, él bajó la vista hacia su plato, ignorándola.

Anteriormente, ella lo había atrapado mirándola al caminar y se ganó un gran sermón sobre el acoso y cómo estaba mal mirar a las mujeres de esa manera, o sea, a ella sí podía mirarla así, pero no siempre y no cuando hubiera nadie presente, pero sí debía hacerlo, porque la hacía sentirse halagada, pero no demasiado y no siempre, porque ella era más que un par de piernas para su disfrute. Así que después del mega sermón que lo dejó más confundido que al inicio, evitaba mirarla a todo tiempo, pero le gustaba cuando estaba de espaldas, de puntillas, acomodando los trastes en la parte superior de la cocina.

—No, estoy engordando —rezongó ella mientras se cruzaba de brazos—. Tengo miedo que mi ropa no me quede —susurró, preocupada, después, le lanzó una mirada con el ceño fruncido—. ¿Por qué nunca traes camisa?

—Porque tú traes las mías puestas, cariño —contestó Draco mientras la señalaba, aliviado que no lo hubiera atrapado mirándola—. Últimamente las usas para todo y considerando que sólo nos dan un cambio de ropa al día, bueno...

—Es que es tan cómoda —hizo un mohín tirando de su playera hacia abajo, pero no le escondía la curva de su trasero con apenas unas bragas de algodón.

—Yo también estoy cómodo —Draco se encogió de hombros, prefería mil veces que llevara su playera y cada que se estirara, viera un poco más de piel a que usara los pants o shorts que traía lo que parecía su uniforme de cuarentena.

—Pero estoy engordando —se quejó la chica mientras se giraba—. Me está creciendo el trasero.

Una mano se posó sobre él, acariciándoselo.

—Pues yo creo que estás deliciosa —susurró el chico a su oreja. Inmediatamente, el deseo la abrazó, mientras notaba el tirón ya muy familiar en su estómago—. ¡Woah! ¿Qué haces? —Hermione se estaba restregando contra él, con las mejillas arrebatadas y esa mirada peligrosa que últimamente llevaba. Tomándolo del cordón de su pantalón, lo jaló—. ¿Un hombre se puede morir por quedarse seco? —murmuró él mientras se dejaba llevar—. Me vas a matar de cansancio, amor.

—Pues será una buena anécdota que contar en tu funeral. Andando.


Hermione despertó tarde, el olor a comida era lo que la había despertado, en realidad, olía a tocino, el estómago se le revolvió de felicidad, estaba siendo muy malcriada por Draco, cada cosa que se le antojara, él la preparaba siempre y cuando tuvieran los ingredientes necesarios. Ella sólo se limitaba a mirarlo preparar y comer. Afortunadamente, a él no parecía molestarle preparar, al contrario, le había comentado alguna vez, que él prefería preparar a comer, el proceso era lo más entretenido.

Sin embargo, aquella mañana a parte del delicioso olor de huevos y tocino, olía a café. Sin poder contenerse, corrió al baño y vomitó, de nuevo, como cada maldita mañana... eso no era nada bueno.

—¿Quieres una pócima anti mareo? —preguntó Draco mientras le tendía una liga desde la puerta del baño, ella la tomó, pero más arcadas la invadieron.

—Largo—gimió, cerrándole la puerta en las narices—. Apestas.

El buen humor de Draco se esfumó, se estaba cansando de esa actitud por las mañanas, no importara que le cocinara, que durmieran cansados después de una larga sesión de sexo o por mucho que la llenara de besos, ella amanecía de malas.

Si fuera el antiguo Malfoy, déspota y grosero, quizá ya la habría mandado al garete, no, seamos sinceros, era ella y por eso no la mandaba a freír espárragos, porque era Hermione Granger y le doblegaba la voluntad sin saberlo. Sin embargo, estaba cansado de esa actitud, de que le frunciera la nariz o se alejara de repente y luego regresara llorando, estaba demasiado emocional. Ella sólo le repetía que apestaba, mas no a qué apestaba, ya puestos en eso.

Repentinamente enfadado y de malas, tomando su taza de café, cerró de un portazo la habitación y se tumbó en la cama, dispuesto a ignorarla. La escuchó salir del baño y hacer algo en la cocina.

—¿Draco? —le llamó desde el otro lado de la puerta. En un arranque de furia, arrojó una almohada a la puerta como toda respuesta.

Hermione suspiró, recargándose en la puerta y se acercó a la cocina, frunciendo la nariz. Ya no tenía hambre, pero... todo apestaba. Con lágrimas en los ojos, se acurrucó en el sofá, asqueada del encierro.

Sonó la puerta.

—Buenos días, Señora Malfoy —carraspeó Perkins. Hermione pegó un brinco, limpiándose las lágrimas. Se giró para mirarlo, sonriente, de repente.

—¡Perkins! —exclamó ella, manteniéndose en su lugar, digamos que Perkins solía ser un poco aprehensivo aún.

—Recibí su nota —murmuró el hombre, recorriendo la habitación con nerviosismo—. ¿Y el señor Malfoy?

—Enfurruñado como niño pequeño —Hermione se encogió de hombros.

—¿En qué puedo ayudarlos? Sonaba algo apremiante en su... nota.

Hermione lanzó una mirada hacia la puerta cerrada y se acercó un poco más al medimago, mirándose las manos, nerviosa, tomó aire para armarse de valor, como la buena leona que era.

—Quisiera preguntarte otra cosa... —susurró. Perkins la miró con atención—. Es algo privado y sobre mí —La chica se mordió el labio echando una última mirada a la puerta cerrada y susurró—. ¿Cómo puedo diferenciar un sangrado menstrual a uno de embarazo? —El medimago inhaló con fuerza y caminó hacia el sofá, sentándose en la mesita e indicándole a Hermione que hiciera lo propio.

—Siéntese frente a mí —dijo Perkins en voz baja recuperando su tono profesional. Hermione hizo caso y él se inclinó hacia ella, tomándole el pulso y mirándola con detenimiento—. ¿Por qué cree que puede tener el segundo?

—Porque... —Lanzó una mirada hacia la puerta una vez más y dijo en voz baja—- Porque... he tenido mareos, pero no son como cuando estaba enferma, al contrario, sólo me dan en la mañana y a veces cuando huelo el café, eso empezó hace unos días, nunca antes me había pasado —Miró al hombre a los ojos, mordiéndose el labio y Perkins pudo entender por qué Malfoy había hecho todo por quedarse encerrado sólo con ella, todo el dinero e influencias que había movido, incluyendo ponerlo a él como su medimago de cabecera, sólo por estar con ella a solas—. Y hoy sencillamente ya no estoy sangrando, pero anoche... —Las mejillas se le ruborizaron y Perkins babeó un poco por dentro de su traje al verla, era tan bonita—. Bueno, él y yo estábamos en la ducha y sangré, pero después paró, es la segunda vez que pasa, más como un manchón a un sangrado normal... ¿Y no lo sé, lo siento?

Perkins parpadeó un par de veces antes de pedirle que se recostara en el diminuto sofá. Tomó su varita y le pidió que le mostrara su brazo derecho a la castaña.

—Hagamos una prueba de sangre —propuso él mientras sacaba otro papel de su libreta y comenzaba a anotar después de haber tomado la muestra con la varita, la cual extrajo la sangre sin dolor y un aparatito se la tragó, comenzando a sacar volutas de humo, Perkins lo ignoró y la miró, con pluma en mano—. ¿Edad? ¿Cuándo fue la fecha de tu última menstruación? ¿Cada cuántos días sucede? ¿Es regular? ¿Amenorrea? ¿Problemas con la tiroides? ¿Fumó, ingirió alcohol u otras medidas psicotrópicas en los últimos dos meses? ¿Antecedentes familiares de enfermedades congénitas, menopausia temprana? ¿Cirugías? ¿Cuántas parejas sexuales ha tenido durante el último mes? ¿Es vegetariana? ¿Con cuántos hombres ha tenido contacto sexual en el último año?

Hermione se incorporó y lo miró con incomodidad mientras comenzaba a ruborizarse.

—Tengo 25, mi última regla fue hace 43 días, normalmente no me atraso, siempre el día 30 o 28 —Perkins la miró y volvió a su libreta—. En cuanto a lo demás, bueno... Soy sana, he estado como anexada aquí como 37 días...

—55 días —La corrigió Perkins.

—55 días... —rectificó ella, sorprendida, recalculando el tiempo y con voz chillona exclamó—.¿¡Entonces llevo 65 días de atraso!? Así que sólo he tenido una pareja en todo este tiempo y 3 en toda mi vida activa... Mi familia no tiene antecedentes y claro que no soy vegetariana. Es todo lo que puedo decir de mi parte —terminó ella mientras levantaba el mentón, con dignidad, perdiéndose en sus inevitables pensamientos y emociones abrumadoras.

Perkins asintió y la miró con profesionalismo, lanzando un hechizo a la ventana que se cerró y a la puerta de la habitación donde Malfoy se recluía, ¿quizá un muffliato?

—Necesitamos mayor privacidad. Él también es un hombre sano sin antecedentes —comentó Perkins mientras se colocaba unos guantes. Hermione lo miró con el ceño fruncido y el hombre se apuró a contestar—. Los exámenes antes de recluirlos lo indicaban —Ella relajó el ceño pero volvió a fruncirlo, ay, era demasiado inteligente.

—¿Y por qué me preguntaste todo esto?—inquirió mientras lo miraba de nuevo. Perkins la miró con seriedad.

—Porque esto no se pregunta para tratar la peste naranja. Sin embargo, en caso que fuera real... es un factor de riesgo.

Hermione se encogió en su asiento y lo miró con sus ojos castaños llenos de preocupación. El aparatito soltó una voluta morada y ambos la miraron.

—Todo parece en orden con usted. Señora Malfoy —dijo Perkins mientras un papel volaba hacia él. Lo leyó con el ceño fruncido y la miró, inescrutable mientras ella se mordía los labios y no bastándole, las uñas—. Todo indica que usted está embarazada...

—¡QUÉ MIERDA! —gritó Malfoy encerrado.

Hermione dio un brinco de su asiento cuando lo vio salir como una estampida, estaba pálido y boqueaba, enfadado. Entonces su mirada, ligeramente sorprendida, se detuvo en Perkins sentado en la mesita con un papel en la mano y pasó con mortal tranquilidad hacia Hermione que estaba levantada lejos del sofá, con las mejillas rojizas, ambos lo miraban sorprendidos, el primero debido a que había roto un encantamiento sin varita y la segunda con temor y culpa. Les lanzó una última mirada y se recargó en la pared, calculando todo.

—¿Perkins? —arrastrando las palabras, entrecerró los ojos—, ¿interrumpí su cita romántica, acaso?

—Estamos en una consulta médica —lo confrontó Perkins con paciencia—. ¿Puede darnos privacidad, Señor Malfoy?

Draco se incorporó y miró a Hermione, su semblante cambió con rapidez del asco a la preocupación

—¿Estás bien? ¿Qué tienes? ¿Qué te duele? —preguntó dando un paso hacia ella, que retrocedió, haciendo una mueca de ¿asco? ¿Otra vez le producía asco? Fue como un golpe en el estómago y le faltó el aire mientras recuperaba su porte altanero y le lanzaba una mirada a Perkins antes de dar media vuelta—. Lamento mi interés —Y cerró con fuerza.

Perkins miró a Hermione con preocupación, pero ella aunque tenía los ojos muy brillosos, compuso una sonrisa.

—Gracias por confirmar mis sospechas —susurró ella sin apartar la mirada de la puerta—. Yo... yo... ¿cuánto?

—Aproximadamente 6 semanas, según las cuentas de días fértiles... —le contestó Perkins, echando un vistazo a sus resultados. Ella asintió, ajena. Dubitativo, la miró—. Tiene hasta la semana 11 para considerarlo. En cuanto al sangrado, es normal siempre que sea menos de un protector. Al menos en el primer trimestre. Más no un sangrado abundante.

La mujer lo miró como si hubiera olvidado su presencia y le sonrió, mortalmente pálida.

—Claro que lo quiero —susurró con un brillo salvaje—. Es lo único que sé en este momento.

—Entonces deberíamos seguir con los demás exámenes para asegurarnos que todo vaya bien —le dijo con amabilidad Perkins, ella asintió distraída y procedieron.

Cuando terminó y comenzó a recoger sus cosas, Hermione lanzó una mirada dentro del maletín.

—¿Por qué llevas tantas de estas pruebas? —preguntó Hermione con curiosidad y él detectó su tono normal para su alivio.

—Le sorprendería saber la cantidad de personas que dosifican su tiempo... así. O con otras actividades más peligrosas. En el departamento de frente, la mujer intentó sacar el alcohol del gel de manos, un poco más y revive a Quien tú sabes... En el piso de bajo, donde hay muchos niños, los padres usaron gotas para dormir... estuvieron dormidos tres días enteros. Arriba, la pareja de magos... no se imagina qué es sacar un pepino de... —Se estremeció, recobrando la postura profesional.

—Gracias, Perkins —sonrió Hermione mientras él le entregaba una lista.

—Entonces, como ya has tomado una decisión, sería bueno que te alimentaras equilibradamente, al menos en lo que estás aquí, aproximadamente media semana más. Enviaré vitaminas con la dosis de comida y es todo. El botiquín de Draco contiene lo que puedas necesitar para una pócima sencilla de mareo.

—¿Draco? —se extrañó Hermione mirándolo de nuevo como si estuviera a punto de encontrar algo. Perkins alzó la vista y se ruborizó, pero ella no lo notó debido al traje.

—Draco Malfoy —contestó dándole la vuelta. Tomó su varita, haciendo levitar su maletín y abrió la puerta. Se giró en el último momento—. Malfoy y tú pueden tener dejes de magia, como el que presenciamos hace rato, así que ten cuidado. Es como si volvieran a tener diez años en nivel de magia. Cualquier cosa, la línea ya no está saturada, pero estás muy sana, todo saldrá bien. Felicidades... —titubeó un poco, tomando aire para decirlo con total naturalidad—. Quizá deberían considerar ser menos "entusiastas" al momento del sexo, a eso se puede deber el sangrado.

Salió del departamento, agitando su varita en el procesa y la puerta de la habitación se abrió. Draco salió, dispuesto a echar bronca, pero encontró a Hermione acurrucada en el piso, llorando y riendo mientras aferraba unas hojas. Su primer instinto fue acercarse a ella, pero recordó todas las muecas que le había regalado en los últimos minutos y decidió mantener la distancia.

Caminó hacia la prensa francesa y se sirvió más café, fingiendo que estaba caliente, aunque sabía a troll frío. La chica lo ignoró, con lágrimas en los ojos y él se maldijo por ser tan absurdamente engreído y arrogante. Tirando su taza al fregadero, se acercó a ella.

—No —gimió Hermione mientras hacía una mueca—. Vete.

A Draco se le oscureció la mirada y soltó un suspiro exasperado, ignorándola.

—No me voy a ir. Me vas a explicar qué mierda está pasando.

—No puedo —gimió ella mientras luchaba por ponerse de pie. Draco le cortó el paso con suavidad pero firmemente.

—Granger, no puedes huir —dijo él con tono cansado—. Ayer estábamos muy bien... Todas las mañanas es lo mismo.

—No es eso, es que yo...

De un empujón lo apartó y corrió al baño, donde volcó la cena del día anterior. Draco la siguió y ella lo empujó lejos de su nariz mientras vomitaba. El rubio le sostuvo el cabello y le dijo cosas suaves, pero ella no paraba de vomitar.

—Báñate —gimió ella mientras se enjuagaba la boca—. Apestas a café. No puedo parar de vomitar si hueles así. Date una ducha y lávate los dientes. No voy a acercarme a ti si sigues apestando así —pidió ella mientras se pasaba una toalla por el rostro—. ¡Es una orden! —gritó ella mientras volvía a llorar.

Draco, impresionado, se hizo a un lado mientras ella salía del baño y cerraba la puerta, poco dispuesta a dejarlo salir si no se duchaba.

Aún enfadado y contrariado, abrió la regadera y se metió dentro, sin importarle que fuera agua fría. Se mantuvo dentro unos minutos, ayer se había duchado en la noche, con ella, así que no apestaba, pero al parecer, algo tenía contra él. Derrotado y sintiéndose humillado por cómo lo estaba tratando, se enjabonó tres veces antes de decidirse a salir del baño, apenas se enredó una toalla, pues vio su ropa tirada en el piso y decidió no recogerla, tenía demasiado rencor dentro y estaba dispuesto a empezar una monumental guerra por no ponerla en su sitio, porque él también tenía emociones y ella sólo lo estaba maltratando, después de todo, como la mandona que era. Tomó su cepillo de dientes y se lavó con furia.

Para cuando salió del baño, Hermione se encontraba sentada en el piso, frente a la puerta, esperándolo. Él tenía el cabello húmedo y apenas la miró con dos rendijas rencorosas de color gris. La chica no se inmutó y le tendió la mano para que la ayudara a ponerse de pie, como la mandona obsesiva que era.

Draco la miró con reserva pero la ayudó y entonces el cerebro de Hermione se desconectó cuando recorrió su torso húmedo con la punta de sus dedos, su cuello blanco, su clavícula y sus brazos largos y fuertes, siguió bajando hacia los huesos de su cadera y las líneas que se veían en forma de "V" donde la toalla apenas estaba amarrada y tragó con fuerza, porque una parte de su cerebro se desconectó al tenerlo semidesnudo frente a ella. Sintió la ya conocida sensación de encogimiento de su estómago y se mordió los labios mientras unas gotitas de agua que salían desde su cabello húmedo hasta su clavícula le llamaban la atención. Estaba babeando y soltó un suspiro. Draco la contemplaba con una media sonrisa en el rostro y carraspeó, sacándola de su ensimismamiento.

—¿Qué ocurre? —preguntó él, cruzándose de hombros. Ella tragó saliva cuando vio los bíceps flexionarse y un calor repentino la invadió.

Se alejó un poco de él e inhaló y suspiró con fuerza, sacudiendo la cabeza. Malditas hormonas, aunque era bueno saber que eran sus hormonas y no su ninfomanía lo que la hacía asaltarlo a todas horas, en cualquier lado.

—Yo...

—Hermione —susurró atrayéndola hacia él, olvidando su enojo y suplantándolo con preocupación genuina—. ¿Qué te ocurre, mi amor?

Ella alzó los ojos hacia él y sin poder contener las lágrimas, le dio una sonrisa radiante.

—Estoy embarazada, Draco—dijo ella mientras reía con suavidad. Él se había quedado en la misma posición, mirándola fijamente—. Según Perkins, tengo seis semanas, yo... claramente... bueno, no te pido nada. Lo tendré y entiendo que no es para nada tu plan... no te preocupes es...

Pero Draco ya no la escuchaba, soltó una risa y tomándola de las caderas, la levantó y giró con ella, yendo hacia la cocina, la sala, sencillamente quería brincar con ella en sus brazos. La sintió aferrarse a su cuello mientras Hermione también reía. Entonces se detuvo y le estampó un beso en los labios, estaba apoteósico cuando la besó, frente a la ventana abierta.

Ella enredó automáticamente sus manos en su cabello húmedo y se mantuvieron así, no yendo a más en el beso, con las frentes recargadas sintiéndose infinitamente felices mientras mantenían los ojos cerrados.

¡ESTÁS BUENÍSIMO, PAPI!

¡QUIEN FUERA TOALLA, PARA ESTAR ENREDADO EN TUS POMPIS GUAPO!

Draco abrió los ojos y giró lentamente hacia la ventana, con una mirada impertérrita, bajó a Hermione y se acercó, como una pantera a punto de atacar. Asomó la cabeza hacia las voces que le gritaban, era una pareja de magos en el piso de arriba. La chica lo jaló del brazo, asustada. Pero entonces lo vio carcajearse y haciendo bocina con las manos, gritó:

¡VAMOS A SER PADRES!, ¡TENDREMOS UN BEBÉ Y SE LLAMARÁ DEMETRIO MEDIO MALFOY!

Hermione comenzó a reír y se recargó a su lado, riendo maravillada y haciendo bocina ella también, le hizo segunda mientras gritaban.

¡TENDREMOS UN BEBÉ!

¡DEMETRIO MEDIO MALFOY!

Las cabezas comenzaron a asomarse por las ventanas y vivieron una fiesta de júbilo, felices por la felicidad de los locos pornográficos del departamento de en medio, que radiantes, gritaban, todos habían sacado sus ya conocidas cacerolas y tocaron, cantaron, gritaron y lanzaron besos entre ellos, como la comunidad hermosa que habían formado a tres metros de distancia. Pero ellos eran los más felices del universo entero, sobre todo del hombre rubio y casi desnudo...

Cuando se cansaron de gritar, entraron a su departamento y se abrazaron. Draco cerró la ventana y la llevó hacia la salita, o sea, dos pasos más allá. Después, tomándola de las manos, se arrodilló. Hermione abrió los ojos, confundida.

—Es muy pronto para pedirte otra cosa, pero... Hermione Jean Granger ¿quieres dejar de mandarme a bañar porque te asqueo?

La chica suspiró y asintió, dándole un golpecito en el pecho.

— No eres tú, es el olor a café, me da asco. Tú no, cuando no lo tomes —dijo ella con aparente alivio. Draco levantó una ceja y le sonrió contra sus labios—. Pensé que me pedirías matrimonio.

—¿Por quién me tomas?—dijo con fingido enojo el hombre—. Me gusta hacer las cosas bien, primero embarazar a la chica y luego convertirla en mi novia, quizá al tercer hijo te pida irnos a vivir juntos.

Hermione lloró y rio de felicidad y lo abrazó.

—Entonces —Ppasó un dedo por su torso, perdiéndose en lo que deseaba en ese momento—, ¿haremos esto juntos?— Le sacó la toalla, dejándolo desnudo. Le miró con una sonrisa al ver su erección y Draco le lanzó una mirada larga mientras tiraba de su camisa hacia arriba. Se sentó en el sofá y la sentó encima, besándola con calma. Cuando ella bajó y se unieron en un quedo gemido, Draco le susurró al oído.

—Estoy listo para hacer todo contigo desde mucho antes, mi amor... desde los trece, más o menos, pero era muy idiota para admitir que terminaste de enamorarme con aquél puñetazo.

—Es bueno escuchar eso —gimió Hermione mientras se movía con rapidez—. Pensé que embarazarme era una medida desesperada para retenerte después de esta pandemia, pensé en filtros de amor, chantaje emocional y fingir una enfermedad terminal, pero supongo que el embarazo es mejor.

—Es un toque elegante —susurró él cuando cambiaron de posición, dejándola a ella debajo de él, con las piernas enredadas en su cintura y tomados fuertemente de la mano—. Así al menos, te tendré en mi vida unos treinta años.

Hermione le besó el cuello y se derritió de placer mientras llegaba al orgasmo, con Malfoy pisándole los talones.

—Quiero cinco hijos —susurró ella mientras le besaba la punta de la nariz.

—Mejor para mí—dijo Draco soltando un gemido contra su hombro—. Estoy dentro.

—¿Lo dices literal o figurativamente? —bromeó la chica mientras lo besaba, arqueando la espalda para sentirlo completamente—. Porque ambas son correctas.

—Por Demetrio y Susana.

Hermione lo golpeó con suavidad y lo abrazó, riendo, porque la situación, así como todas las que habían vivido juntos, eran total e irremediablemente absurdo.

—Ni loca se llamarán así mis hijos.

—Es en honor a la cuarentena, sin ella —Draco se acercó a Hermione y la besó en el cuello—, me habría tardado un poco más en enamorarte. Ya ves, te lo dije, no ibas a aguantar ni una semana conmigo y ya estarías cayendo a mis pies.

—Te ha costado más de un mes, una pandemia mundial y un bebé convencerme...

—Y un compromiso fallido.

—Te ha costado una cuarentena, una pandemia mundial, mi compromiso fallido y un bebé convencerme que no eres tan desagradable... Pero aún tengo mis reservas.

La chica volvió a reír, pletórica. Se puso la camisa que llevaba puesta y abrió el frigorífico, buscando comida, mientras un Malfoy muy cómodo con su desnudez la rodeaba por la cintura, la giró con suavidad y ahí, en aquél departamento de treinta metros cuadrados, sin varitas ni artilugios mágicos, le dijo con solemnidad, como una promesa:

—Jamás te hará falta nada, Hermione. Ni amor, comprensión, un perro, un gato, una casa, el universo entero o pastel de chocolate... Ni a Demetrio Medio, a ninguno de los dos, mi amor.

—¡Que no se llamará así! —gritó Hermione mientras lo abrazaba.

—Susana Distancia.

—¡Draco Malfoy, si no quieres ser "Eloy Cciso", deja de llamarlo así!

—Ya ves como al final, sí resultaste ser la Señora Malfoy.

—Estás muy cerca de entrar a las cifras de defunción, Eloy Ccisso


Varias noches después, ambos estaban sentados en el piso, habían ordenado el espacio, tirado la basura y acomodado todo con la obsesión compulsiva que los caracterizaba...Entonces Draco levantó la caja de Jenga y miró a Hermione con una sonrisa traviesa.

—¿Una partida? —propuso mientras la veía estirarse, cansada. Ella le devolvió la sonrisa y se sentó en el piso, donde incontables días se la habían pasado hablando de ellos, sus viajes, sus sueños frustrados y su futuro.

—La última.

—La última en este espacio —le corrigió el chico con aire sabihondo. Ordenaron las piezas con cuidado y comenzaron a jugar. La primera en sacar, fue Hermione.

—"¿A dónde irás saliendo de aquí?" Iré a mi casa a ver a Crookshanks, ojalá alguien lo haya recogido o mínimo alimentado... Después veré a mis padres... ¿y tú?

—Lo mismo, excepto por el gato —contestó Draco sonriéndole—. Lepus, Columba y Puppo son mis perros. Estarán con mi madre y su esposo, quiero creer.

—¿Tu madre se casó de nuevo? —preguntó con curiosidad la chica. Draco le sonrió enigmáticamente y asintió.

—Ahora tengo hermanos, una casa en la playa y tres perros en memoria del Cannis maior.

Hermione abrió la boca y sonrió con infinita dulzura mientras le acariciaba la mejilla.

—Me gustaría conocerlos un día...

—Tus órdenes siempre son mis deseos.

Draco sacó su pieza y leyó.

—"¿Nos veremos un día de éstos?" —El rubio sonrió, encogiéndose de hombros—. Nah... La verdad es que no, fue demasiado Malfoy para toda tu vida, lo del bebé fue un toque refinado, pero en el momento, la verdad es que ya no me causa impacto —La castaña lo golpeó con fuerza, sacándole el aire—. Pero no tengo suficiente Granger para toda mi vida, así que me verás todos los días de tu vida, aún cuando te canses y pongas órdenes de restricción y maleficios contra mí —agregó con lisonja.

—"¿Nos casaremos algún día?"—Hermione posó un dedo sobre sus labios, pensativa y lo miró con sonrisa secreta—. Pídemelo bonito y tal vez no me escape con el organizador de bodas.

—Quién diría que el embarazo te pone tan exigente, te prefería naranja y vomitiva.

Draco la besó y tiró a propósito el jenga con un manotazo, la escuchó protestar, pero no le importó mientras se perdía entre los pliegues de su ropa de algodón, así que procedió a tirar de ella hasta dejarla sólo en bragas, se lanzaron una mirada y ella se incorporó, caminando hacia la habitación, tirando su última pieza íntima en el proceso.

—El jenga es un gran afrodisíaco, ven aquí, Malfoy.

Draco la siguió con una gran sonrisa, deshaciéndose de su ropa antes de lanzarse en la cama con ella para hacer el amor por última vez en aquél sitio. Sus manos se entrelazaron con suavidad, como una promesa eterna mientras sus cuerpos descansaban uno al lado del otro, satisfechos. Al otro día, sería uno nuevo, el primero alejados de la epidemia, sin embargo, era el primero de muchos para ellos dos.

Draco fue el último en cerrar los ojos, pero esta vez, se encontraba feliz, pleno, sin miedo a nada.