No poseo los derechos de autor. Los personajes pertenecen a la asombrosa Stephenie Meye y la historia es de la genial Christine Feehan. Yo solo me divierto un poco. Leer la nota al final.

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Las estrellas brillaban en el cielo nocturno, y la luna, esparcía su luz iluminando los árboles y transformando sus hojas en brillante plata. Una lechuza hembra pasó rozando la canopia descendiendo lentamente para coger velocidad a través del laberinto de árboles, antes de volver a subir para evitar una gruesa rama. Una segunda lechuza mucho más grande la perseguía, formando un gran círculo por encima del bosque, en el margen de un claro donde se asentaba una casa de piedra. La hembra se lanzó en picado hacia el tejado, con las garras extendidas hacia la chimenea deteniéndose en el último instante para escapar del macho, batiendo las alas silenciosamente, el viento acariciando sus iridiscentes plumas.

¡Isabella! Edward Cullen avisó a su compañera. Estabas demasiado cerca.

Es estimulante.

Isabella, te vas a cansar. Había un dejo de amonestación en la voz de Edward, como si un lobo se escondiera dentro del cuerpo de la lechuza.

La sonrisa de ella burbujeó suave y cálida en su mente comunicándose telepáticamente. Ya no soy una novata, Edward, y después de todos estos años, creo que me manejo bien cuando vuelo. Me encanta. Es mi pasatiempo favorito. ¿Alguna vez superarás el ser tan sobreprotector?

No creo que sea sobreprotección vigilar a la mujer de mi corazón y de mi alma. Tu siempre lo haces cuando vuelas. Y te arriesgas mucho más de lo que deberías.

Puede que fuera cierto, pero Isabella no iba a admitirlo. Una vez en el cuerpo de un ave, quería quedarse así durante largos períodos de tiempo. Me siento tan libre.

Desde el momento de su conversión, de humana a Cárpato, la única cosa que la había intrigado y llenado completamente de dicha en su nueva vida, era la capacidad de volar. Podía alzarse muy por encima de la tierra y ver millas de preciosos bosques, fríos lagos y profusos campos de flores silvestres. La belleza la rodeaba mientras mantenía la forma de una lechuza, haciéndola olvidar, al menos por unos momentos, la maravilla y responsabilidad de ser la compañera del príncipe de la gente de los Cárpatos.

Se hizo un pequeño silencio. Isabella, ¿te sientes libre cuando estás conmigo? Nunca te he enjaulado, a pesar de que algunas veces sentí que sería lo más seguro.

La lechuza hembra dio la vuelta trazando un círculo para situarse bajo el ala derecha del macho. Por supuesto que no, tonto. ¿no te gusta volar? ¿No levanta el viento tu cuerpo mientras el terreno de abajo parece tan mágico?

Había un susurro de amor en su voz, en su mente. Edward había llegado a depender de su firmeza, de la absoluta resolución de su amor. Cierto. Si alguna vez te desesperas por mi naturaleza, quisiera que me lo hicieras saber. Siento tu tristeza en algunas ocasiones, amor mío, el dolor en tu corazón.

No, Edward, no por tu causa, o por nuestra causa. Como cualquier mujer que ha encontrado a su verdadero compañero, quiero niños. No me quejo. Tenemos una hija, Alice, muy preciada para nosotros dos y con más dones que cualquier otra de nuestras mujeres. Si nunca tenemos otra, habré sido lo suficientemente feliz teniendo una hija del único hombre que podría hacerme feliz. Tú y Alice sois suficiente para mí.

Edward deseó que estuvieran en casa dónde el podría abrazarla y besarla sonoramente. Le dolía de amor por ella más de lo que le preocupaba admitirlo y podía oír y sentir su deseo de estrechar un bebé entre sus brazos. Ese era su mayor fracaso, no solo por su esposa, sino también por su gente. Después de cientos de años, todavía no podía proteger a su gente de la mayor amenaza, no los vampiros o la sociedad moderna, ni siquiera de su la falta de emociones después de doscientos años y la amenaza de la oscuridad trepando por sus almas. No podía protegerles de lo que estaba empezando a parecer el principio de la extinción de su especie.

Edward. Isabella susurró en su mente. Un sonido suave rebosante de amor y compasión. Encontrarás las repuestas para nuestra gente. Has conseguido muchísimo reuniendo a todos esos expertos para que juntos solucionen este problema. Y tres bebés han sobrevivido en los últimos años. Conservamos a Alice. Kate y Garrett tienen a Angela y ahora está el hijo de Cora y Ben, Jennifer. Tres niñas, amor mío. Todavía hay esperanza.

Edward estaba quieto, deseando clamar de su desesperación a los cielos. Tres niñas cuando muchos de los hombres de su especie estaban desesperanzados. Para sobrevivir, para mantener su honor, no deberían tener que elegir y encontrar una mujer que completara su alma. Luz de su oscuridad. Sin una mujer no les quedaba más que una eternidad de existencia baldía.

No es así, negó Isabella. Algunos han encontrado a sus compañeras entre mi gente.

Suerte, Isabella. ¿por qué no puedo encontrar la respuesta cuando tengo a tantos grandes cerebros trabajando en el problema? Necesitamos mujeres y niños o nuestra especie dejará de existir.

Después del intento de asesinato, Edward, más que ningún otros, temía a sus enemigos y se daba cuenta de lo frágil que la raza de los Cárpatos se había tornado. Con tanto en su contra, estaba claro que la verdadera vulnerabilidad de la raza Cárpata estaba en la ausencia de mujeres y niños. A pesar de que todos los ataques habían sido dirigidos contra los hombres, antes o después sus enemigos se darían cuenta de que, para eliminar a su especie, tan solo debían matar mujeres y niños.

La idea de que Isabella, su bien amada compañera, o su preciosa hija, Alice, pudieran ser consideradas como objetivos, era muchísimo más de lo que podía soportar, a pesar de ser inevitable. El enemigo se estaba aliando con la magia negra y habían encontrado una forma de ocultar su presencia, haciéndose doblemente peligroso. Nunca más los Cárpatos podrían confiar en su capacidad para leer las mentes y sentir la amenaza. Deberían estar mucho más vigilantes que hasta ahora. Incluso, en este momento él estaba escaneando el bosque de abajo con recelo, incapaz de relajarse completamente.

Edward, has cerrado tu mente a la mía. El forzó a sus pensamientos a volver a su conversación. Ya era suficientemente malo que no pudiera consolar a su compañera por perder a un bebé, para dejarla sola en el transcurso de tan importante conversación.

Has vivido con nosotros sólo cincuenta años y ya has sufrido la pérdida de un hijo. ¿Puedes imaginar la gran tristeza en cien años, doscientos? Nuestras mujeres no sufren esas pérdidas sin repercusiones severas.

Rosalie cree que ella y Quil están mucho más cerca de encontrar la respuesta. Sue está ahora ayudándoles también. Le recordó Isabella. Quil era humano y Sue lo había sido. Recientemente, para salvar su vida, Sue había pasado por la conversión, pero seguía trabajado incansablemente, incluso más que antes del cambio, para ayudar a Rosalie a encontrar la causa por la que las mujeres de los Cárpatos sufrían tantos abortos espontáneos. Con todo el bagaje de Rosalie como médico humana y sus aptitudes naturales como sanadora Cárpato, es un recurso asombroso para nuestra gente. Ha trabajado con Sue, Quil y Jasper para encontrar la respuesta del porqué nuestras mujeres no pueden llevar a término sus embarazos.

Los pocos bebés nacidos raramente sobrevivían a su primer año. Isabella estaba agradecida de haber tenido un aborto y haberse podido ahorrar el terrible dolor de dar una vida, cuidar a un bebé durante un año y después perderlo.

Rosalie ya ha descubierto muchas cosas. Desentrañará este misterio.

Edward creía que Rosalie sería quien descubriera este milagro, ella había probado su tenacidad y coraje trayendo de vuelta al hermano de Edward, Emmett, del borde de la locura, pero también temía que las respuestas llegaran demasiado tarde para su gente. Sus enemigos estaban organizados, golpeando cada vez más cerca. Lo peor, parecía ser que sus más antiguos y crueles enemigos todavía seguían con vida. Seth, el mago oscuro y su nieto, Charlie, estaban ayudando al no—muerto con su conocimiento ancestral.

Isabella rompió su ensimismamiento volando más lejos con su acostumbrado abandono, acercándose demasiado a la canopia de árboles. Su corazón casi se para, y le costó una tremenda disciplina no ordenarle que volviera a su lado dónde estaría a salvo. No podrá encadenarla a él, como ninguno de los otros Cárpatos podía hacerlo con sus compañeras, pero la necesidad y el deseo estaban ahí, latiendo en él con despiadada tentación.

Edward se puso en marcha con un estallido de velocidad, alcanzando a la mujer que completaba su alma, sus agudos ojos escaneando el terreno de abajo. Podía sentir la felicidad que irradiaba de ella y eso le ayudó a mitigar la carga que soportaba su corazón.

Sabes, amor mío. Isabella le habló burlonamente que tendrás que vestirte de Santa Claus en la fiesta de Navidad para todos los niños.

Edward perdió la imagen de la lechuza de su mente por primera vez en cientos de años. Su cuerpo cayó a plomo veinte metros, casi chocando con las copas de los árboles antes de recuperarse del shock. Incluso dentro del cuerpo de lechuza se estremeció. Podrías olvidar la idea por una vez.

Isabella voló en espiral descendiendo grácilmente hacia su hogar, tomando tierra a dos pasos del camino que conducía al porche, como si estuviera en su naturaleza volar. Edward la siguió aterrizando directamente frente a ella, deteniendo su escapada. Las líneas y planos de su cara se endurecieron en una fiera mirada intentando intimidarla. Esta conversación no ha terminado. No pudo evitar el pequeño escalofrío que le recorrió el cuerpo. Hay cosas que nunca deberías pedir a un hombre que haga.

Isabella parpadeó someramente. Los niños esperarán que Santa haga su aparición. Esta es nuestra primera gran fiesta de Navidad, realmente la primera, y las mujeres hemos acordado cocinar, así que los hombres deben de hacer su parte. Tienes que hacerlo, Edward.

Creo que no, le replicó. Su expresión podía amedrentar al más peligroso de los vampiros o cazadores de vampiros, pero ciertamente parecía no surtir efecto en su compañera.

Isabella, bufó exasperada. No seas niño. Los hombres humanos lo hacen siempre sin aprensión.

No tengo miedo. La ceja de ella se alzó, algo que siempre le intrigaba, pero esta vez parecía sospechoso, como si se estuviera riendo de él.

Oh, sí, lo tienes. Pareces aterrorizado y pálido.

Estoy pálido porque he gastado energía volando sin haberme alimentado. Soy el príncipe de los Cárpatos, no Santa Claus.

Eso no es una excusa. Como líder de nuestra gente es tu deber participar como Santa Claus. Es la tradición.

No una tradición Cárpata. No es digno, Isabella. Edward se recogió el negro cabello en la parte baja de la nuca y lo aseguró con una estrecha tira de cuero. Sus ojos negros brillaron hacia ella, intentando intimidarla para someterla.

Ella estalló en carcajadas, sin compasión y ciertamente sin temor. Mala suerte, pezgordo. Es tu trabajo. Sea tradición Cárpata o no, prometiste que tendríamos una gran fiesta de Navidad para todos. Nuestra gente ha venido de los Estados Unidos, Sudamérica y muchos otros países para participar en nuestra celebración. No cabe la posibilidad de defraudarles.

No defraudará a nadie que no hago esa cosa tan ridícula.

La risa de ella se ahondó en un rico y sensual sonido que le recorrió la columna e hizo que en su estómago revolotearan mariposas. Sólo Isabella podía conseguirlo. Sólo Isabella podía hacer que él hiciera cualquier cosa en el mundo para complacerla.

Créeme, Edward, la raza Cárpata entera se verá defraudada si no pueden verte en el papel de Santa Claus. Le acarició la cara con la yema de los dedos. Una bonita barba. Su mano le recorrió el pecho hasta el duro y plano estómago. Una bonita y redondeada barriga...

Esto no tiene gracia. Pero la tenía y el hizo todo lo posible para no sonreír con ella.

Me prometiste qué harías todo lo posible para que nuestra primera reunión navideña fuera un éxito.

No pensé en lo que decía. Estabas distrayéndome, refunfuñó él.

¿Lo estaba?, preguntó Isabella, cerrando los ojos inocentemente. No lo recuerdo.

Edward extendió los brazos rodeando a Isabella y la acercó a su cuerpo. Le mordisqueó el cuello, notando su pulso, sintiendo su respuesta llena de excitación y sabiendo que siempre sería de esta forma para ellos dos. Isabella. Pensó que no podría amarla más, cada día la emoción se hacía más fuerte hasta que creía que le haría explotar. Algunas veces, cuando ella no estaba mirando, podía sentir rojas lágrimas de sangre llenarle los ojos. Quien podría creer que el poderoso príncipe de los Cárpatos pudiera estar tan enamorado de una mujer.

Había nacido con las palabras rituales vinculantes impresas en su mente como cualquiera de los otros hombres de su especie. Fue una conmoción descubrir que no solo las mujeres humanas podían convertirse en compañeras, sino que también podían ser convertidas a su especie. Más chocante que el completo asombro por todo ello, fue el irrefrenable amor y pasión que sentía por su esposa, que se hacía más fuerte con cada momento que compartían. Mirarla podía quitarle el aliento. Siempre hueles tan bien.

Isabella se inclinó hacia atrás para abrazarle el cuello, inclinando la cabeza para poder besarle. En el mismo momento que sus labios tocaron los de ella, el fuego explotó en sus tripas y empezó a descender, recorriendo su sistema hasta que su sangre se espesó y su pulso empezó a latir. Presionó su cuerpo más cerca del de ella para que sintiera la evidencia de su deseo.

Ella rió suavemente. Tu siempre haces que olvide lo que estoy haciendo. Supongo que debería estar cocinando el pavo. Hace ya tanto tiempo y quiero estar segura de que no cometeré ningún error. Hemos invitado a los Ostojics y los demás invitados se hospedarán en la posada. Necesitamos comida humana y ya que tuve la idea, no puedo dejar que el plato principal de nuestro menú no esté en su punto.

Si, tu puedes hacerlo, la voz de Edward se volvió taimada de repente.

Isabella, remoloneó alrededor del despacho de su compañero con una expresión completamente inocente. ¿Qué te pasa, Edward?

Estoy dándole vueltas al deber se ser un simpático Santa Claus.

Isabella se puso ambas manos en las caderas, movió la cabeza y le miró soslayadamente. Estás tramando algo muy, muy malo. Puedo sentir tu risa. ¿Qué es tan divertido?

Se me acaba de ocurrir que tengo un yerno.

Lentamente, una amplia sonrisa llenó la cara de Isabella, mientras un grito ahogado se atoraba en su garganta y la mano le volaba a la garganta. No puedes. Jasper no. Asustará a los niños. Él no podría parecer alegre, aunque lo intentara.

Nosotros le dejamos que se llevara a nuestra hija, dijo Edward. Creo que siendo su suegro pasará un mal rato intentando rechazarlo.

Y tú dices que tengo un malvado sentido del humor, le acusó Isabella.

¿Dónde crees que lo tengo?, dijo Edward con una voz que rozaba el suspiro.

La respuesta familiar le hormigueó a través de la columna. A Isabella le encantaba la forma en que cada toque de Edward parecía tan íntimo. Nunca lo hará. Ni en un millón de años y tú todavía deberás hacerlo, pero me gustaría ver su cara cuando se lo pidas.

No tengo intención de pedírselo, negó Edward levantándose. Soy su príncipe además de su suegro y él es mi segundo al mando y mi yerno. Es su deber hacer estas cosas.

No puedes ordenarle que sea Santa Claus. Isabella intentaba desesperadamente ocultar la risa que pugnaba por salir. Jasper era uno de los hombres más intimidantes que había conocido. La idea de considerarlo como Santa Claus era hilarante y absurda a la vez.

Creo que puedo, Isabella. Edward dijo solemnemente. Tú me lo ordenaste a mí, y yo soy el príncipe.

Isabella sonrió por lo bajo. Supongo que preferirías que me postrara a tus pies.

Sus manos le enmarcaron la cara inclinándose para tomar posesión de su boca. Adoraba su boca... su sabor... su respuesta instantánea. Podría besarte todo el tiempo. Buena cosa ya que tú me pateaste, gritaste y me arrastraste a tu mundo. Isabella cerró los ojos y se dejó arrastras por la magia de sus besos. Le rodeó el cuello con los brazos abandonándose a él, esperando sentir la impronta de su cuerpo tan real y vivo contra el suyo. Demasiados intentos de asesinato contra Edward. Recientemente habían perdido a uno de sus hombres en una batalla feroz luchando contra las fuerzas combinadas de Charlie, un mago, y vampiros. Nunca se había oído que los vampiros se aliaran entre ellos o con otras especies.

Le asustaba pensar que hubiera una conspiración para matar a Edward. Su temor a perderle era en parte la razón de que hubiera sugerido una enorme celebración navideña. Necesitaba algo para apartar de su mente los crecientes miedos por su seguridad.

Edward levantó la cabeza, reteniendo la posesión de su cara. No necesitas temer por mi seguridad, Isabella.

La sonrisa se oscureció en la cara de Isabella mientras daba un paso atrás alejándose de su compañero. Hay que hacerlo. Miró a través del bosque, con un sobresalto. Alguien viene.

Una jovencita, Isabella, nadie se asustará de ella. Edward se acercó su mano a la boca y plantó un beso en el centro. Nunca te había visto tan nerviosa.

Estoy intentando aceptar que nosotros no cambiamos, Edward, pero con el paso de los años, el peligro para ti se ha incrementado. Intento vivir una vida lo más normal posible, pero ahora no puedo, cuando es imperativo protegerte, superar mi revulsión a descansar en la tierra. Mi terror a ser enterrada viva nos hace más vulnerables que nunca. Avergonzada, agachó la cabeza evitando sus ojos.

Isabella, amor mío. Bajó la cabeza una vez más hacia ella, sus labios rozaron los de ella con una ternura que llenó de lágrimas sus ojos. Te hago una promesa, y la mantendré. Nunca más tendrás que dormir bajo la tierra. La tierra nos rejuvenece en nuestra habitación y allí no necesitas sentir que de alguna manera mi vida está en peligro. Tú eres mi vida. No podría nunca ponerte en peligro. Si crees que dormir en nuestra habitación es peligroso, encontraré otro lugar.

Los ojos de ella buscaron los suyos, su mente se extendió hasta la de él al mismo tiempo, buscando la verdad. Ella sabía que había levantado fuertes salvaguardas para protegerlos, pero todavía sentía miedo por ellos debido a su aversión a ir a la tierra.

El rumor de las hojas del camino de su casa los alertó, Edward movió sigilosamente su cuerpo para ocupar con su envergadura el lugar entre el bosque y su compañera. Una joven emergió desde unas plantas muy frondosas, parecía asustada pero decidida. Era proporcionalmente alta, con el cabello negro despeinado y con mechones rojos. Tenía la piel de una jovencita pero los ojos de alguien muy mayor.

—Leah— Edward la identificó para Isabella. Garrett y Kate la han adoptado. Los dos, le han dado su sangre. Ella es humana, pero carga con una poderosa línea de sangre. Es una psíquica muy poderosa.

Isabella sonrió a la adolescente. Parece preocupada porque los hombres Cárpatos puedan reclamarla ahora que tiene dieciséis años. Es demasiado joven para preocuparse por esas cosas.

—Tú debes ser Leah. Qué bien que vinieras a visitarnos. Quizás quieras venir conmigo y charlar mientras compruebo el pavo.

—No veo a Garrett contigo—Edward la saludó mordazmente. Esta chica representaba la esperanza de su raza, y estaba paseando por el bosque sin escolta.

¡Edward! no la asustes.

—Hay lobos en el bosque, así como la posibilidad de enemigos.

Leah se detuvo abruptamente, su mirada encontró la de Edward. Por un momento sus ojos oscuros chocaron desafiantes con los ojos negros de él

—Garrett confía en mí para venir a tu casa. No soy una niña.

—Puedo verlo. Yo soy Edward y esta es mi compañera Isabella. Garrett y Kate hablan de ti a menudo, me siento como si te conociera. Perdóname si me he mostrado preocupado por una jovencita a la que veo como parte de mi familia.

Una breve sonrisa salió de la boca de Leah

—Tengo que admitirlo, Señor Cullen, eso me debería haber hecho sentir como un gusano, pero no ha sido así. Estoy aquí porque quiero dejar absolutamente claro de que yo no soy una compañera para nadie.

Una sombra pasó por encima de la luna, ocultando brevemente la luz que se esparcía por el bosque. Los murciélagos revoloteaban, sumergiéndose en un malsano frenesí por el cielo nocturno.

Edward permaneció de pie, buscando en el bosque de alrededor con sus sentidos preternaturales. Gesticuló imperiosamente hacia la puerta que Isabella mantenía abierta. Siguieron a Leah dentro.

—¿Estás segura de esto?

El aroma del pavo llenaba la casa y Edward ocultó su natural repulsión a los olores de carne cocinándose. Los olores del pasado a menudo reconfortaban a Isabella. Lo hacía inconscientemente, pero él sentía su felicidad, como si el pavo en el horno fuera una parte importante de su vida, un buen recuerdo de su niñez, así que él tenía cuidado de no arruinarle esa ilusión. Isabella le lanzó una pequeña sonrisa como si hubiera estado escuchando sus pensamientos a pesar de su grueso escudo. Tenía que vigilar eso. Las aptitudes y poderes de ella crecían diariamente.

Leah miró a los altos techos y al espacio abierto antes de que su mirada se posara en las tres enormes vidrieras de colores. Su cara se alzó y caminó hacia ellas.

—Este es un trabajo de Kate, ¿no son maravillosas? La ayudé con esta— Giró la cabeza para estudiar los vibrantes colores. —Todavía no he aprendido a poner las salvaguardas en el vidrio. Puedo hacerlo en las colchas, pero en el vidrio es mucho más complicado. —Miró a Isabella— ¿Has permanecido bajo el sol del ocaso y sentido su confort?—Leah se movió una pulgada a la izquierda—Aquí mismo, si permaneces aquí en este punto cuando dan los últimos rayos de luz, lo sentirás…

—Es un trabajo precioso —Dijo Isabella—. Si pudiera, me gustaría tener cada ventana con el trabajo de Kate. No sabía que tú la ayudabas.

—Tengo algún talento, ni de cerca tan poderoso como el de ella, pero me está enseñando a desarrollarlo. Espero ser su colaboradora algún día. —La sonrisa la abandonó, dejando sus ojos sombríos. Se puso a peinar los mechones de su pelo negro apartándolos de su cara, revelando una pequeña y creciente cicatriz en su sien y otras cicatrices en sus manos y antebrazos. Leah parecía ser consciente de sus nerviosos movimientos y juntó las manos, su barbilla se alzó un poco.

—He oído rumores de una fiesta venidera, dónde los hombres se reunirán para ver si pueden ser compatibles con alguna de las mujeres...

—No tenemos mujeres. —puntualizó Edward. —No hay fiestas y no vendrán cuando no hay mujeres.

La boca de Leah se cerró en una línea rebelde y siguió a la pareja a la cocina.

—Garrett y Kate me tratan como si fuera de la familia.

Edward asintió.

—Te quieren como si fueras su hija—Inhaló profundamente, llevando la fragancia de ella a sus pulmones—. Llevas su sangre así que, a través del amor, la sangre o cualquier otro caso eres su hija.

—Me han ofrecido convertirme cuando tenga veintiún años y estoy considerándolo, pero quiero la seguridad de que no me obligarás a estar con un hombre... cualquier hombre.

—Nadie te forzará a nada —dijo Isabella. —Garrett es un hombre poderoso, ¿no crees que él pueda protegerte?

—Por supuesto que me protegerá. No quiero que Garrett o Kate tengan que protegerme. Si paso por la conversión no quiero que nadie intente reclamarme.

—¿Eres consciente de la apremiante situación de nuestra gente?, ¿de nuestros hombres? —exigió Edward.

Isabella le puso una mano contenedora en el brazo.

—Toma asiento, Leah. ¿Te traigo algo de comer o beber? Tengo zumo en la nevera.

Sin romper el contacto visual con Edward, la adolescente se sentó en una silla con un asentimiento casi regio.

—Sí, gracias, zumo estaría bien.

Está aterrada, ¿verdad, Edward? Aterrada pero decidida a que se la oiga. Había admiración... y advertencia en el suave mensaje de Isabella a su compañero. Isabella sirvió un vaso de zumo de naranja y lo colocó delante de Leah.

La cabeza de Edward se alzó alerta y se acercó a la ventana, su mirada era inquieta mientras buscaba en la oscuridad. Sentía la presencia de lobos y lechuzas que cazaban en busca de presas, pero nada de eso causaría la intranquilidad que sentía retorcerse en sus entrañas. Bajó la mirada a la adolescente desafiante, probando gentilmente su mente... y sus recuerdos. Encontró los escudos de Kate y Garrett que ayudaban a distanciar a la chica de la brutalidad de su vida antes de que estuviera a su cargo, pero incluso con esa protección, los recuerdos de la maligna crueldad y violencia contra Leah le enfermaron.

Edward miro fijamente a Isabella y vio lágrimas brillando en sus ojos cuando compartió el pasado de Leah... cuando sintió su dolor y desesperación... la absoluta desesperanza de una niña que no podría escapar de un mundo adulto depravado. Isabella fue apresuradamente hacia el horno para comprobar el pavo.

—Huele bien —dijo Leah.

—Utilizo un relleno de arroz silvestre —dijo Isabella—. Lo recuerdo de mi niñez. Llevó algo de tiempo dar con la receta, pero debería estar bien, aunque ha pasado mucho desde que cociné nada.

—Kate me deja cocinar siempre que quiero. Ella confía en mí para que tome mis propias decisiones. —Leah miró fijamente a Edward.

—¿Eres consciente de lo que le ocurre a un hombre de los Cárpatos sin su compañera? —preguntó Edward, su voz fue exigente.

Leah asintió.

—Garrett y Kate me lo explicaron. Pierden los colores y las emociones primero. Tras cientos de años el honor puede desvanecerse y se vuelven peligrosos, especialmente los cazadores, cualquiera que se cobre vidas. Y finalmente se convierten en vampiros, la más malvada de las criaturas.

—¿Y abandonarías a tu compañero a ese destino? ¿Serías tan cruel e inhumana? ¿Debería él sufrir incluso más de lo que ya ha sufrido por lo que tú hagas?

—¡Edward! —Isabella se dio la vuelta, con sorpresa en la cara. Es una niña. ¿Cómo has podido? Entregar a nuestra hija a Jasper antes de que fuera no más que una principiante ya fue bastante malo pero esta niña ha sufrido. Y no tenemos forma de saber si es la compañera de alguno de nuestros hombres.

Es muy madura para sus años humanos, Isabella. Déjala responder.

Leah colocó cuidadosamente el vaso en la mesa y se puso en pie, cruzando los brazos mientras enfrentaba a Edward directamente.

—No, por supuesto que no. No querría que nadie sufriera, pero no puedo sobreponerme a ciertas cosas de mi pasado —Mantuvo sus manos temblorosas ante ella—. No me siento cómoda en presencia de hombres. No soy capaz de ser la compañera de nadie y no querría ser forzada a una posición donde no tenga elección, nada que decir sobre mi vida. No he llegado a esta conclusión a la ligera. Quiero a Garrett e indudablemente no querría pensar en él muerto o sufriendo o convirtiéndose en vampiro, pero sé que no puedo volver a verme impotente. Los hombres de los Cárpatos son demasiado dominantes y me encontraría deslizándome de vuelta a ese oscuro lugar donde Kate me encontró por primera vez.

Edward frunció el ceño.

—¿Crees que nuestras mujeres carecen de poder? ¿Es así como ves a Kate?

Leah sacudió la cabeza.

—Kate es amada y corresponde ese amor. Ella puede hacer lo que yo no puedo... y nunca podré hacer. Garrett me prometió... al igual que Peter... que nunca dejaría que nadie forzara mi conformidad, pero sé que un hombre de los Cárpatos tiene la capacidad de unir a él a una mujer de los Cárpatos. Quiero ser completamente la hija de Garrett y Kate, pero no quiero estar sujeta a las leyes de vuestro mundo.

No sabe que su compañero podría unirla a él en su estado humano.

Edward se extendió hacia Isabella, sin saber de repente qué hacer o decir a esta niña—mujer. ¿Por qué Kate y Garrett e incluso Peter le habrían ocultado esta información?

—Leah —dijo en voz alta—. Un hombre de los Cárpatos antepone a su compañera a todo lo demás. Cuidará de tus necesidades, tendrá paciencia contigo. Eres joven aún. No tienes ni idea de cómo te sentirás en unos cuantos años.

—Lo sé.

—¿Y sentenciarías a un hombre de los Cárpatos, uno que ha entregado varias vidas de servicio a la muerte... o peor... a la no—muerte por tu miedo?

—Sus decisiones no tienes nada que ver conmigo.

—¿Y la raza de los Cárpatos? Nuestra especie está casi extinta. No podemos continuar existiendo sin mujeres y niños. Una mujer puede ser la diferencia. Una mujer puede salvar a un hombre y dar a luz a un niño.

—Veo a Kate luchar para ser fiel a su naturaleza, y ella es una mujer fuerte. Garrett es muy protector y le disgusta que ella vaya a ningún sitio sin él.

Edward levantó de golpe una barrera en su mente para impedir que Isabella leyera su mente. Garrett había estado preocupado porque sus enemigos golpearan a sus mujeres, pero había permitido a Leah internarse en los bosques. ¿O no?

—¿Has mencionado a Garrett que venías a vernos?

Leah arrastró la puntera de su bota sobre el suelo de la cocina.

—Puede que lo olvidara. Estaba ocupado ayudando a Kate a hornear pan de jengibre para la casa que estamos haciendo para los niños.

Isabella removió el pavo en silencio, dando vueltas a los miedos de Leah en su cabeza.

—¿Contra qué lucha Kate, Leah? —preguntó.

Leah se encogió de hombres.

—¿Contra qué luchas tú?

Edward quedó ligeramente sorprendido por la réplica de la adolescente humana. Sonaba demasiado madura para su edad y eso en sí mismo era un peligro que no había considerado. Si Garrett y Kate hubieran pensado en los riesgos potenciales antes de llevar a Leah a su tierra natal, le habrían mencionado su madurez. Solo tenía dieciséis años... casi un bebé para sus estándares, pero sus experiencias la habían hecho crecer más allá de sus años físicos. Parecía... y hablaba... como una adulta. ¿Su voz dispararía las terribles necesidades de los hombres de los Cárpatos? Si así era y restauraba el color y la emoción para su compañero antes de poder enfrentar las necesidades de este, eso podría ser peligroso para el hombre ya que ella no estaba lista para estar con él. Con frecuencia, ser un compañero... y la intensa consciencia sexual y la necesidad... venía antes del amor e incluso el afecto.

Isabella tocó su mano... un pequeño gesto, pero fue suficiente para aligerar su espíritu. Ella sonrió a la adolescente.

—Lucho con la terrible carga de tantas vidas que dependen de mi compañero y con el conocimiento de tantos que le desean muerto. Y lucho con mi propia ineptitud. Todavía hay muchos aspectos de la vida Cárpato que no puedo aceptar y eso supone un peligro añadido para mi compañero.

Sonrió a Edward. El puro amor que brillaba en sus ojos hizo que a él se le formara un nudo en la garganta.

—Nunca, ni una sola vez, en ningún momento, me he arrepentido de ser la compañera de este hombre. Creo que subestimas tus propias capacidades, Leah. Era una jovencita muy valiente. Eres demasiado joven para contemplar el aceptar a un hombre de los Cárpatos, pero tarde o temprano alcanzarás tu pleno poder y potencial. La mayoría de los hombres no tienen ni idea de en qué se meten. —Le guiñó un ojo a la chica—. Lleva su tiempo desarrollar habilidades y poder y la mayoría de nosotras somos demasiado jóvenes, pero aprendemos rápidamente utilizando el vínculo mental.

Leah asintió.

—Garrett y Kate me han enseñado compartiendo información telepáticamente y lo encuentro mucho más detallado que la conversación. Puedo ver cómo aprenderías mucho más rápidamente.

—¿Cómo está el bebé? —Hubo un sobresalto en la voz de Isabella y no se atrevió a mirar a Edward. Por supuesto que él lo notaría... siempre lo notaba.

La mirada de él encontró la suya... aguda... consciente, deslizándose sobre su cuerpo con demasiado conocimiento. No le había dicho que podría quedarse embarazada... era el momento óptimo y si dejaban pasar la oportunidad podrían pasar años antes de que ocurriera de nuevo. Avergonzada por tener miedo, por la pena y la culpa que acompañaba a perder semejante oportunidad, Isabella apartó la mirada de él.

—Y a veces, Leah, lucho contra mi propia debilidad y mis miedos, pero nunca... nunca... contra ser la compañera de Edward.

Leah, obviamente empática, se acercó a Isabella, como si su cercanía pudiera reducir la tristeza.

—Supongo que eso hacemos todos, ¿verdad? —Miró a Edward en busca de confirmación.

Edward tocó el pelo de Isabella, sus dedos fueron gentiles. Isabella, su amor. Su voz en la mente de ella fue infinitamente tierna. Todos los hombres de los Cárpatos sabían cuando su pareja podía concebir. Tú eres todo lo que siempre he deseado. Cuando estés lista... solo cuando estés lista... lo intentaremos de nuevo. Sonrió a Leah incluso mientras su mirada acariciaba a su compañera.

—Eres una jovencita muy sabia.

Nubes oscuras pasaron sobre la luna, oscureciendo momentáneamente los cielos y lanzando sombras macabras al interior de la enorme cocina. La silueta de un gran lobo pasó por delante de la ventana, como si una enorme criatura se hubiera arrastrado hasta el porche y se paseara justo afuera.

Se giraron instintivamente hacia la segunda ventana que estaba justo sobre el fregadero. Leah soltó un grito amortiguado cuando una gran cabeza peluda, pelaje negro y ojos que brillaban casi rojos, les miraron a través del cristal.

—Quedaos dentro —ordenó Edward mientras brillaba... primero hasta la transparencia... y después disolviéndose en vapor, flotando por la cocina para deslizarse bajo la puerta hasta la noche.

El lobo desapareció bruscamente dejando a las dos mujeres mirando a la oscuridad.

—Pude haber sido Garrett o Peter comprobándome —aventuró Leah—. Con frecuencia toman la forma de un lobo.

Isabella sacudió la cabeza.

—Habrían entrado a la casa, hablado con Edward, te habrían hecho saber que estaban preocupados.

Leah le puso una mano consoladora en el brazo, algo difícil para ella cuando le disgustaba ser tocada o tocar.

—Hay una docena de hombres de los Cárpatos en los alrededores, Si el príncipe necesita ayuda, solo tiene que llamar.

Isabella le sonrió, con una mano en la garganta.

—Por supuesto que puede hacerlo. Lo que sea que está ahí afuera no me parece que sea una amenaza. —En la forma de un animal, sería bastante fácil para un Cárpato hábil... o vampiro... ocultar sus intenciones, pero Isabella no iba a reconocer eso ante Leah—. Edward nos lo hará saber si algo va mal. Entre tanto, tengo ese pavo en el horno. ¿Alguna vez has cocinado? Ha pasado mucho tiempo desde que hice algo parecido y podría venirme bien una ayuda.

Leah rió.

—Tenemos un ama de llaves. Ella cocina y me deja entrar en la cocina de vez en cuando, pero en realidad no le gusta que nadie se entrometa. Finge que no la molesta, pero yo sé que sí.

—Por supuesto que lo sabes. Eres empática, puedes sentir lo que ella siente. Eso debe ser incómodo para ti.

Leah se encogió de hombros.

—Garrett y Kate me están ayudando a aprender a aislarme a mí misma. Por ahora no lo domino, pero creo que tarde o temprano seré bastante buena en ello. Kate me ayuda a protegerme cuando está despierta.

—¿Por qué quieres que te conviertan?

—Ellos son mi familia. Quiero estar con ellos.

—¿Y ambos han intercambiado sangre contigo?

Leah asintió.

—Solo se necesitará un único intercambio de sangre para la conversión. Garrett me lo explicó, pero él quiere que espere hasta que sea mayor. Cree que necesito más tiempo para pensarlo, pero yo sé lo que quiero. Mientras el príncipe no insista en que tomé a un hombre de los Cárpatos como compañero, seguiré intentando que Garrett lo haga tan pronto como sea posible.

—Es difícil para tu cuerpo, Leah —advirtió Isabella—. Hay una gran cantidad de dolor contra la que no pueden protegerte.

—Puedo sentir que estás nerviosa, Isabella. Hay algo que no me estás contando.

Isabella había sido completamente humana, al igual que lo había sido Leah y tenía un fuerte talento psíquico. Podía sentir que la sangre Cárpato ya aumentaba la consciencia y los sentidos de Leah. La chica era lista y tenía poder con sus talentos psíquicos bien desarrollados. Isabella todavía recordaba esos días, la sensación de las emociones de alguien imponiéndose sobre las suyas, aguda y terrible. Había un olor a maldad y depravación y alguien tan empático como Leah tenía que ser protegido del asalto continuo. No le sorprendía que Garrett y Kate le hubieran dado ambos su sangre para ayudar a protegerla.

—Creo que ya sabes qué no te estoy contando, Leah. Viniste aquí no a pedir seguridad a Edward, sino para hacerle consciente de tus fuertes objeciones. Kate y Garrett nunca intentarían ocultarte la verdad... que tu auténtico compañero puede unirte a él ya seas humana o Cárpato. Si eres la otra mitad de su alma, puede uniros para siempre. Lo sabías, ¿verdad?

Leah se ruborizó mientras asentía con la cabeza.

—Lo siento, no debería haber mentido. A veces aprendo más fingiendo ignorancia. La mayoría de la gente no da crédito a una adolescente en cuanto a inteligencia o madurez. Puedo pedir protección contra él, ¿verdad?

Isabella estudió sus ojos demasiado viejos.

—¿Has conocido a tu compañero?

Leah sacudió la cabeza, su mirada se apartó veloz.

—Tengo pesadillas. A veces oigo voces y tengo miedo. —Dudó—. Cuando era pequeña y los hombres me hacían cosas, gritaba y gritaba en mi mente. Oía una voz que me llamaba. A veces simplemente pensaba que me estaba volviendo loca. Pero, sé que él está ahí afuera en alguna parte y me está buscando —Se frotó el punto entre los ojos—. No quería venir a las Montañas de los Cárpatos porque tenía miedo de que él pudiera estar aquí, pero Garrett y Kate no iban a dejarme atrás. Garrett dijo que yo necesitaba protección todo el tiempo.

El corazón de Isabella saltó.

—¿Eso dijo?

Leah asintió.

—Se ha vuelto raro últimamente, no quiere que ni Kate ni yo vayamos a ninguna parte sin él. Puedo ver que ella está molesta, pero no dice nada. Trabaja en el hospital y algunos de los refugios y yo la acompaño con frecuencia, pero a él ya no le gusta que ella vaya.

Isabella se ocupó del pavo, moviéndolo otra vez, aunque no había necesidad.

—¿Cuándo empezó a molestarse Garrett porque salierais solas? —Mantuvo la voz casual, pero de reojo, captó la mirada aguda de la chica.

—Desde el ataque al príncipe.

No había nada que temer aquí, Isabella. Uno de los hombres daba una vuelta por el bosque y decidió dejarse caer, pero vio que teníamos compañía. Voy a ver a mi hermano. No dejes que Leah vuelva al bosque sin una escolta.

¿Debería preocuparme por algo, Edward?

Isabella sintió una breve duda. No sé. Estoy intranquilo, pero no hay razón real para estarlo.

Ten cuidado, Edward. Asegúrate. ¿Qué vas a discutir con Emmett?

Isabella sintió la súbita diversión de él. La imagen de Jasper vestido de Santa Claus rodeado de niños.

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Y tenemos el primer capítulo! ¿qué les parece? Bella y Edward ya tienen algunos años juntos (se mostrará parte de su vida después de El Principe Oscuro), y Alice y Jasper ya se unieron (de echo habrá una sorpresa por parte de estos dos, también muestra su vida después de Magia Oscura).

No olviden dejar un comentario. Saben que me encanta saber de ustedes.

PD. Si son fans de los crossovers de Crepúsculo y Vampire Diaries, deberían pasarse por mi nueva traducción "DESEO", les prometo que no se van a arrepentir.

¡Nos leemos pronto!