No poseo los derechos de autor. Los personajes pertenecen a la asombrosa Stephenie Meye y la historia es de la genial Christine Feehan. Yo solo me divierto un poco. Leer la nota al final.

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Edward se inclinó para besar a Rosalie Cullen en la mejilla.

—Parece usted un poco embarazada, señora.

Su cuñada sopló apartándose mechones de brillante pelo rojo de la cara.

—¿Tú crees? Si no tengo este bebé pronto, juro que voy a explotar.

—También pareces preocupada. ¿Algo va mal? —Miró alrededor buscando a su hermano. Emmett raramente se apartaba del lado de su compañera.

Una lenta sonrisa iluminó la cara de Rosalie.

—Está en la cocina... horneando.

Las cejas de Edward se dispararon hacia arriba.

—Creo que no te he oído correctamente.

—Sí, lo has hecho. Me ha estado doliendo la espalda intermitentemente toda la noche y estoy teniendo problemas con esa receta. Lo peor es que Isabella, Cora, y yo conseguimos la mayor parte de las recetas para todo el mundo. Fueron las favoritas de la niñez de Isabella y unas pocas que yo recordaba. Cora rellenó el resto de los huecos y ahora no puedo con ella. Es un poco humillante admitirlo, pero parezco estar muy sensible. Acabé llorando así que Emmett se ocupó de hornear.

Edward se atragantó y se giró para aclararse cortésmente la garganta. Emmett está cocinando.

La sonrisa de ella se amplió.

—Bueno... intentándolo. No hemos tenido mucho éxito por el momento y creo que está aprendiendo nuevas palabras. —Inclinó la cabeza, el brillante pelo rojo cayó alrededor de su cara, enfatizando su estructura ósea clásica—. Quizás podrías echarle una mano. Vamos entra, se alegrará de verte. —Puso los ojos en blanco—. Su Majestad me está dando instrucciones para que me eche un rato.

Edward le dedicó un ceño feroz.

—Entonces hazlo inmediatamente, Rosalie. No estás de parto, ¿verdad? Llamaré a Kate y Jasper para que te examinen.

—Soy médico, Edward —le recordó Rosalie—. Lo sabría si estuviera de parto. Estoy cerca, quizás a punto... pero no está pasando aún. —Ondeó la mano mientras se acercaba a la puerta oculta que conducía al sótano—. Te prometo que les llamaré si les necesito. Nunca me arriesgaría a que le ocurriera algo a mi bebé. Solo estoy cansada.

Edward la observó desaparecer antes abrirse paso a través de la espaciosa casa hasta la cocina. Se detuvo bruscamente en el umbral para mirar a su hermano con sorpresa. Una nube de partículas blancas cargaba el aire y caía al suelo como copos de nieve. El polvo estaba en todas partes, en el suelo, en los platos, en los tazones que cubrían los mostradores y en el fregadero. Emmett estaba de pie ante el mostrador, con un delantal sobre la ropa, y una capa de polvo blanco sobre la cara, en las cejas, cubriendo sus pestañas y recubriendo su pelo negro como la medianoche.

Edward estalló en carcajadas. Incluso con Isabella, que constantemente le divertía, raramente soltaba una risa profunda y rugiente procedente del estómago, pero la visión de su hermano normalmente huraño cubierto de harina y sudando tinta fue demasiado incluso para él.

Emmett se dio la vuelta, sus ojos brillaban con una advertencia amenazadora... con un ceño feroz en la cara que habría intimidado al más fuerte y valiente de los guerreros. Una delgada cicatriz blanca rodeaba su garganta y marcaba su mandíbula y una mejilla, dando evidencia de su pasado. Era extremadamente raro ver cicatrices en un cuerpo cárpato, ya que sanaban muy fácilmente, pero el cuerpo de Emmett mostraba la evidencia de una tortura brutal y probablemente siempre lo haría, la fina cicatriz alrededor de su garganta y la marca dentada alrededor del agujero de su pecho indicaban donde la estaca había sido introducida profundamente en el interior de su cuerpo.

—No es divertido.

—Es muy divertido —insistió Edward. Era la primera vez que Edward podía recordar a su hermano con aspecto desconcertado. Rosalie no solo le había salvado la vida y la cordura, sino que había traído a Emmett de vuelta a la vida con su alegría y humor. Edward compartió la imagen de su hermano con Isabella. Su suave risa le llenó la mente y se vertió sobre él con amor entretejido profundamente en los ricos tonos. Había tanta intimidad con Isabella, una intimidad que sabía que su hermano compartía con Rosalie... y eso había salvado la vida de Emmett. Solo por eso Edward siempre apreciaría a su cuñada—. Incluso Isabella encuentra la situación divertida.

Isabella. No pronuncies su nombre ahora mismo. Ella fue la que me metió en esto —Emmett sopló hacia arriba con la esperanza de quitarse la harina de las pestañas.

—Creo que es a Rosalie a la que estás ayudando —señaló Edward, la sonrisa se negaba a abandonar su cara.

—Rosalie estaba aquí llorando. Llorando, Edward. Estaba sentada en medio del suelo y llorando por una estúpida barra de pan. —Emmett frunció el ceño y miró alrededor, bajando la voz—. No pude soportar verla así.

Por un momento, Emmett pareció completamente indefenso, en vez del peligroso cazador que Edward sabía que era.

—¿Quién habría pensado que el pan pudiera explotar? La masa se elevó sobre el borde del cuenco y se convirtió en un volcán, derramándose por los costados y cruzando el mostrador hasta que pensé que estaba viva—. Emmett sacudió un trozo de papel cubierto de harina—. Esta es la receta y dice cubrir con un paño de cocina. El paño de cocina no sirvió de mucho para contener ese horrible brebaje burbujeante.

Edward se presionó una mano contra el costado. No se había reído tanto en cientos de años.

—Solo puedo decir que me alegro de no haberlo visto.

—Deja de reír y entra aquí a ayudarme. — Había un filo de desesperación en la voz de Emmett—. Por alguna razón esto no tiene para mí ningún sentido en absoluto, Rosalie está decidida a hacer este pan para la fiesta. Lo quiere en barras y puesto en el horno. Este es mi tercer intento. Yo creía que la gente iba a las tiendas y compraba esta cosa.

—Yo cazo vampiros, Emmett —dijo Edward—. Hacer una barra de pan no puede ser tan difícil.

—Eso dices ahora, solo porque no lo has intentado. Ven aquí y cierra la puerta —Emmett se pasó el brazo por la cara, dejando más harina blanca por todas partes—. Tengo que hablar contigo de todas formas. —Tocó la mente de Rosalie para asegurarse de que estaba a distancia. Su mirada volvió a la masa, evitando los ojos penetrantes de su hermano—. Rosalie se ha estado escribiendo con una mujer que cree que puede ser un pariente lejano.

La sonrisa palideció en la cara de Edward.

—¿Desde cuándo?

—Alrededor de un año. La mujer encontró fotografías en su ático y aparentemente está en su genealogía. Escribió a Rosalie preguntándole si podrían estar emparentadas. Cree que Rosalie es la nieta de Maggie en vez de su hija. Rosalie quería las fotos de su madre y le respondió.

Edward ahogó el gemido que amenazaba con surgir.

—Emmett. Tú eres más listo que eso. ¿En primer lugar cómo ha dado con Rosalie? Tuvimos cuidado de no dejar rastro.

—Ahora con los ordenadores no es fácil, Edward, y Rosalie los necesita para investigar. Los senderos la llevan a muchos lugares.

—Nunca debería haber respondido al contacto.

—Lo sé. Lo sé. No debería haberlo permitido, pero ella ha renunciado a tanto para estar conmigo. Yo no soy como el resto de vosotros y nunca lo seré. Ya lo sabes. — Apartó la mirada de su hermano y el dolor que ondeaba en el aire entre ellos—. Ella merece algo mejor y quise ofrecerle un pequeño presente. Escribirse con alguien con quien podría estar emparentada y que afirmaba tener fotos de su madre... ¿cómo podría resistirse? Y no pude obligarme a negárselo.

—Sabes que es peligroso. Sabes que no podemos dejar rastros de papel. Cualquier contacto con humanos es arriesgado, especialmente uno sobre el papel. Nos pone en peligro a todos.

Emmett golpeó la masa con fuerza sobre el mostrador.

—Rosalie ha estado investigando sobre por qué perdemos bebés incluso mientras está embarazada de nuestro hijo. Ha investigado la muerte de treinta niños de menos de un año. ¿Qué crees que le hace eso? —Su puño se estrelló contra la masa—. Está a punto de dar a luz y está aterrada. Intenta ocultármelo, pero nunca he sido capaz de permitirle ni siquiera una privacidad limitada. —La admisión de debilidad le avergonzaba, pero Emmett quería que su hermano supiera la verdad—. Soporta la carga de mi cordura a cada momento de su existencia.

—Emmett, tu amas a Rosalie.

—Ella es mi vida, mi alma, y lo sabe, Edward, pero eso no hace más fácil vivir conmigo. No puedo soportar que otros hombres se le acerquen. Siempre soy una sombra en su mente y casi nos vuelvo locos a ambos preocupándome por su embarazo... preocupándome por ella. Si algo le ocurriera...

—Rosalie dará a luz y el niño estará sano —dijo Edward, elevando una plegaria silenciosa porque fuera verdad—. Kate y Jasper se ocuparán de que Rosalie esté bien de salud. Tengo Fe absoluta en que no permitirás que le ocurra nada a tu compañera entretanto.

—Me suplicó que prometiera que me quedaría en el mundo y criaría a nuestro hijo si algo le ocurriera. —Emmett alzó sus ojos angustiados hacia su hermano—. Después de su terrible infancia, podrás entender por qué necesita semejante tranquilidad de mí. —Se frotó el puente de la nariz, con aspecto de estar cansado y abrumado por la pena—. Sabes que no puedo existir sin ella. Ella es mi cordura. Es lo único que me ha pedido nunca, y no puedo acceder con toda seguridad por más que desee reconfortarla.

—¿Qué sabes de esa mujer?

Era la única disculpa que Emmett podía dar a su hermano. Al permitir que Rosalie se escribiera con una desconocida, una humana que no conocía su especie, había abierto la puerta poniendo en peligro a toda la raza. La mujer, Siobhan Steward, había enviado a Rosalie numerosas fotos de Maggie. La madre de Rosalie, y una mujer que Siobhan afirmaba era la medio hermana de Maggie. Aparentemente la medio hermana era la abuela de Siobhan.

—¿Cómo encontró a Rosalie?

Emmett se encogió de hombros.

—Internet. Rosalie investiga genealogías todo el tiempo.

La ceja de Edward se alzó.

—¿Por qué? Ya no es humana, sino cárpato.

—Y aparentemente todavía necesita la genealogía para su investigación, Edward —dijo Emmett—. No solo la de Rosalie, sino la de Isabella, Renee y Charlotte... las de todas ellas al igual que las de nuestras familias. Jasper y Kate se ocupan de la genealogía cárpato necesaria para la investigación de las muertes de nuestros niños.

—¿Y esta Siobhan la encontró a través del sitio sobre genealogía en el que Rosalie estaba trabajando? —animó Edward.

Emmett asintió, totalmente consciente de la continua censura de Edward.

—Siobhan nació en Irlanda, pero se mudó a los Estados Unidos. Le pedí a Felix que le echara un vistazo discretamente. Posee una librería en San Francisco y pasa gran cantidad de su tiempo investigando la historia de su familia en la biblioteca, utilizando sus computadoras.

—Así que al menos esa mujer está lejos. —Incluso mientras lo decía, Edward fruncía el ceño, sus cejas oscuras se unían y un trueno rondaba su cara... crujiendo en los cielos. Leyó la verdad en la cara de Emmett—. ¿Está aquí?

—Estará en la posada esta noche. Siobhan preguntó a Rosalie que haría por Navidad, y Rosalie pensó que era natural para un humano estar cocinando para los niños y celebrar una fiesta de Navidad, así que lo mencionó.

Edward observó a Emmett pasar un rodillo de madera sobre la masa para aplanarla.

—No me gusta nada esta fiesta. Debería haberle dicho a Isabella que no. Últimamente se me ha ocurrido que antes o después nuestros enemigos golpearán a nuestras mujeres e hijos. ¿Qué mejor momento que ahora que tantos de nosotros nos reunimos en un solo lugar?

—Isabella tenía razón, Edward. Después del último atentado contra tu vida, todos necesitamos algo que aligere nuestros espíritus. Admitiré que he estado más intranquilo de lo normal, pero sospecho que es porque Rosalie está a punto de dar a luz.

—Quizás —dijo Edward—. Quizás.

—No creo que nuestros enemigos sean capaces de congregarse tan rápidamente como para lanzar otro ataque concentrado contra nosotros, Edward, pero por supuesto tomaremos todas las precauciones. —Emmett estiró la masa con más entusiasmo que habilidad y tiró un puñado de harina sobre ella, enviando otra nube de partículas blancas al aire.

Edward no podía apartar su mirada fascinada del desastre que su hermano parecía estar haciendo.

—¿Dónde está Rosalie ahora? —Bajó la voz otra muesca.

—Debería estar acostada. No se está sintiendo muy bien.

—Es posible que los vampiros no puedan congregarse, pero la sociedad que trabaja contra nosotros siempre nos ha encontrado aquí en las montañas. Tienen espías, y es completamente posible que hayan oído hablar de esta reunión. Uno o más de los habitantes de la localidad tienen que estar a su servicio. Y por supuesto, nunca podemos olvidar que el mago oscuro todavía está vivo.

Los ojos negros de Emmett brillaron amenazantes, fríos como el hielo y peligrosos, recordando a Edward que incluso con Rosalie para estabilizarle, Emmett era un hombre letal y aterrador. La harina blanca que cubría su cara y las puntas de sus pestañas no hacía nada por suavizar la amenaza que emanaba de él.

—Deberíamos hacer barridos regulares por el pueblo y las áreas circundantes y ver que podemos obtener.

Edward inhaló profundamente, e inmediatamente empezó a toser cuando las partículas de harina entraron en sus pulmones. Le gustaba la mayoría de la gente del pueblo, tenía una amistad genuina con algunos, y la idea de invadir continuamente su privacidad le repugnaba, incluso aunque sabía que era necesario.

Emmett le frunció el ceño.

—Puedo ocuparme yo mismo.

—Sabes tan bien como yo que nuestros enemigos han sido capaces de encontrar una forma de evitar que les detectemos. Escanear continuamente y tomar sangre deliberadamente para monitorizarlos solo robará a nuestros vecinos la privacidad a la que tienen derecho. Nosotros no desearíamos semejante invasión deliberada de nuestra privacidad. —Era una vieja discusión, pero una que siempre le hacía recordarse a sí mismo lo que estaba bien y lo que estaba mal.

—Se trata de algo más que los derechos de un hombre, tenemos el deber de proteger a nuestros hijos, Edward, y no debería tener que decirte esto. Casi pierdes a Isabella tres veces ya.

Edward contuvo a su propia bestia interior que ya se alzaba, no haría ningún bien convertir esta inútil discusión en una pelea. Emmett tenía un argumento válido, al igual que Edward, y al final, harían lo que fuera necesario para proteger a su raza.

Edward estudió la cara retorcida de su hermano. Emmett había estado al borde de la locura cuando Rosalie le rescató, y después de todos los años pasados con ella, los demonios todavía acechaban muy cerca de la superficie. Al más ligero indicio de peligro para Rosalie, el monstruo se alzaba rápidamente, y todo el que estuviera cerca de Emmett podía estar en peligro.

—¿Emmett?

Ambos se giraron ante el sonido de la voz de Rosalie. Estaba de pie en el umbral de la puerta, su pelo rojo brillante se volcaba alrededor de su cara, atrayendo la atención sobre sus ojos verde esmeralda y los círculos oscuros bajo ellos. Sentí que me necesitabas. ¿Qué pasa, hombre salvaje? Sonaba gentilmente divertida incluso mientras le envolvía en su calidez y amor.

Emmett tomó aliento, calmó su mente, súbitamente consciente de que inadvertidamente había apretado su agarre sobre Rosalie. A los demás les parezco muy cuerdo, aunque todavía estoy fragmentado sin ti. Siento haberte molestado. Su voz era íntima y gentil. un flujo de emociones mientras acogía al amor de su vida. Algo se suavizó en su interior, aliviando el rugido de los demonios que se alzaban en el... la profunda rabia que nunca le abandonaba sin importar lo mucho que luchara por sobreponerse a su pasado. Nunca estaría cómodo en compañía de humanos como su hermano, y no podía suprimir del todo la idea de que esa invasión de la privacidad bien podía valer la pena no solo por su propia paz mental, sino por su necesidad de mantener a esta mujer a salvo por toda la eternidad.

—Te ves muy mono —dijo ella.

Emmett parpadeó, evitando los ojos de su hermano.

—Los hombres de los cárpatos no somos monos, Rosalie. Somos peligrosos. Parezco peligroso siempre.

—No, cielo —insistió Rosalie, rozando a Edward al pasar cuando entró en la habitación—. Pareces muy mono, me gustaría tomarte una foto y mostrarla a todos los demás para que vean lo dulce que eres en realidad.

Emmett se giró hacia ella, lanzándola a sus brazos antes de que pudiera protestar, atrayéndola, de forma que la harina llovió sobre ella, pareciendo como nieve en su brillante pelo, recubriendo su ropa y espolvoreándole la barbilla. Enterró la cara en su cuello, rozándola mientras frotaba la nariz contra la calidez de su piel desnuda, mordisqueando juguetonamente con los dientes.

Rosalie rió, su brazo le rodeó la cabeza, protestando incluso mientras le abrazaba. La figura mucho más grande de Emmett casi la empequeñeció, y su pelo largo atado con una tira de cuero, le caía por la espalda en una melena salvaje en la que ella enredó los dedos para acercarle incluso más.

Edward sintió la emoción emanar, estrangulándole. Una ráfaga de afecto, de genuino respeto y amor, inundó a Edward, y compartió ese pequeño momento con Isabella. Rosalie Hale no solo había salvado la vida y la cordura de su hermano, sino que, con Jasper, había salvado a Isabella y a su hija. Rosalie parecía tan frágil, con su pequeños y delicados rasgos y su estómago redondeado, pero él conocía el centro de absoluto coraje y compromiso, la voluntad de hierro que vivía y respiraba dentro de ella. Como humana, había sido una renombrada cirujana e investigadora, una mujer brillante como humana, y ahora, como cárpato, había invertido todas sus habilidades en su empeño por intentar salvar a su especie de la extinción.

—Para ser totalmente honesta, Emmett, la harina y el delantal merman la imagen de depredador peligroso —dijo Edward, uniendo fuerzas con ella inmediatamente, burlándose de su hermano menor, aunque las risas y las bromas eran raras entre ellos esos días.

Emmett volvió la espalda a su hermano, mucho más relajado de lo que había estado segundos antes. La influencia calmante de Rosalie había hecho que las llamas rojas retrocedieran en sus ojos y la mueca furiosa abandonara sus labios.

—No la animes —protestó.

Edward guiñó un ojo a Rosalie. Ella permanecía entre los brazos de su hermano, con la cabeza recostada contra su pecho, sin preocuparse de la harina blanca que los cubría a ambos.

—No creo que necesite ánimos en absoluto —dijo Edward—. Te dejaré con tu pan y me iré. Quiero hablar con Felix y Dimitri.

Vas a comprobar lo de la mujer que afirma estar emparentada con Rosalie.

Edward apenas inclinó la cabeza.

—Dimitri fue amigo de Cayo una vez, ¿verdad?

—Varios cientos de años atrás —dijo Emmett, con ojos súbitamente suspicaces—. ¿Por qué?

Edward se encogió de hombros.

—No he visto a Cayo en su auténtica forma en décadas. Mientras estuvo aquí, permaneció en el cuerpo de un lobo. Muchos de los cazadores utilizan cuerpos de animales para ayudarse cuando están cerca de convertirse.

Te ha puesto nervioso, dijo Emmett mientras frotaba la nariz contra el cuello de Rosalie y presionaba un beso gentil sobre el pulso que latía allí.

Un poco. Solo estoy siendo cuidadoso. Todos estamos un poco de los nervios con esta reunión tan poco acostumbrada. Demasiadas de nuestras mujeres y niños en un único lugar me hace sentir como si fuéramos todos vulnerables. Quiero que Dimitri se ponga en contacto con él para reestablecer su amistad.

Es difícil monitorizar a los amigos de la niñez de uno.

Si, lo es. Edward estuvo de acuerdo con un suave suspiro.

—¡Emmett! —Rosalie le tomó de la mano—. Nuestro bebé está pateando muy fuerte. Estuvo tan tranquilo anoche que me tenía preocupada.

Emmett colocó la palma de la mano sobre el estómago redondeado para sentir el golpe del pie del bebé. Le sonrió.

—Asombroso. Un pequeño milagro.

—¿Verdad? —Rosalie giró la cara hacia la de él para un breve y tierno beso. — No puedo evitar preocuparme. He estado hablando tanto con todos los demás sobre el problema de nuestra gente para mantener vivos a los niños, y todos tenemos diferentes teorías.

—¿Cuál es tu teoría, Rosalie? —preguntó Edward, sus ojos oscuros pedían una respuesta.

Ella se echó hacia atrás mechones de pelo rojo y giró la cabeza para mirarle, su cara parecía de repente estirada y cansada. La tensión se mostraba en las profundidades de sus ojos.

—Jasper y yo creemos que una combinación de cosas causan los abortos y muertes. La tierra es nuestro soporte principal. Nos rejuvenece y sana y sin ella no podemos existir mucho tiempo. Tenemos que yacer en ella nos permitamos ser enterrados completamente o no. La composición de la tierra a cambiado a lo largo de los años. En este lugar menos que en otros, pero los productos químicos y las toxinas han mermado la riqueza de nuestro mundo como ha pasado con otras especies, creo que eso está afectando a nuestra capacidad de tener hijos.

Edward intentó no reaccionar. Tierra. Su gente no podía existir mucho sin tierra. Incluso los que abandonaban las Montañas de los Cárpatos buscaban el suelo más rico posible en otras tierras, pero tenía sentido. Los pájaros tenían problemas con sus crías a causa de la contaminación, ¿por qué no los cárpatos? Suprimió un gemido... el extenderse súbitamente hacia Isabella. Quería que ella intentara tener otro hijo... necesitaba que lo intentara de nuevo... para dar ejemplo a las mujeres que tanto habían sufrido. Lo último que necesitaba era desanimarla justo cuando era capaz una vez más de concebir. El momento llegaba tan raramente, y una oportunidad desperdiciada significaba demasiados años perdidos.

—¿Has estado examinando nuestra tierra? —preguntó.

Rosalie asintió.

—Hay contaminantes incluso aquí, Edward, en nuestro santuario. Hemos examinado cada uno de nuestros más ricos depósitos para encontrar la mejor tierra posible para nuestras mujeres embarazadas. Y esa es solo una pieza de un problema muy complejo.

Oyendo la nota de ansiedad en su voz, la mano de Emmett subió para enredarse en el pelo de su nuca.

—Has hecho asombrosos progresos, Rosalie. Y encontrarás las respuestas a este acertijo.

—Creo que lo haré —estuvo de acuerdo ella— pero no estoy tan segura de que podamos hacer mucho para contrarrestar los problemas. Y no estoy segura de pueda encontrar todas las piezas del puzzle y las respuestas a tiempo para hacernos mucho bien. —Su mano descansó sobre el niño no nacido.

Era la primera vez que ambos hombres había oído a Rosalie sonar tan derrotada. Ella era muy decidida... analítica. Siempre determinada a seguir avanzando creyendo que la ciencia proporcionaría respuestas.

Está cansada, Edward. Nunca se rendirá.

Edward forzó una pequeña sonrisa, decidiendo que con Rosalie tan cerca de su momento, no sería buena idea traer a colación la tasa de mortalidad infantil. Necesitaba un cambio de tema seguro.

—Olvidé mencionar un detalle muy importante en las festividades de esta noche. Isabella me informó de que era mi... deber como príncipe de nuestra gente representar a Santa Claus.

Emmett se atragantó. Rosalie tosió tras su mano.

Edward asintió.

Exactamente. No tengo intención de ponerme una barba blanca y un traje rojo de elfo. Sin embargo... —sonrió malignamente.

—¿A qué estás jugando, Edward? —preguntó Emmett suspicazmente. —Porque si estás pensando en pasar esa desagradable tarea a tu hermano...

La sacudida de cabeza de Edward fue lenta y deliberada, sus ojos oscuros bailaban traviesos.

—He decidido que después de todo es tarea para un yerno. Informaré a mi querido hijo de su deber de vestir el traje rojo.

Emmett abrió la boca para hablar, pero no salió nada. Rosalie se presionó la mano con fuerza contra los labios, con los ojos abiertos de par en par por la sorpresa.

—Jasper no. Asustará a los niños —susurró como si Jasper pudiera oírla—. En realidad, no vas a pedírselo, ¿verdad? Ninguno de los hermanos Whitlock puede hacer de Santa. Estaría... mal.

La sonrisa de Emmett se amplió, y Edward sintió el corazón apretarse con fuerza en su pecho.

¿Qué pasa, mi amor? Acudiré a ti si me necesitas. La voz suave de Isabella llenó la mente de Edward de calidez.

Nada ahora que me has tocado, Edward la tranquilizó a través de su vínculo telepático.

—Quiero ser un pequeño ratón en la esquina observando cuando se lo pidas —decidió Emmett—. Hazme saber cuándo vas a su casa.

Rosalie miró fijamente a su compañero.

—No le animes. Jasper es el hombre del saco de los cárpatos. Incluso ahora, los niños susurran su nombre y se esconden cuando él se les acerca. No estoy segura de haber visto a ese hombre sonreír.

—Yo no sonreiría si estuviera llevando un traje rojo y una barba blanca —señaló Edward.

—Pero tú eres amable, Edward, y Jasper es... —frunció el ceño intentando encontrar una palabra que no fuera considerada ofensiva.

—Jasper —ayudó Emmett—. Es una idea maravillosa, Edward. ¿Tienes pensado contárselo a sus hermanos? Querrán estar allí cuando le hagas saber el importante papel que jugará en las actividades de esta noche.

Rosalie jadeó.

—¿No hablaréis en serio? Bromear es una cosa, pero Jasper como Santa aturde la mente.

—Debo sacar algún placer de todo esto, Rosalie —señaló Edward—. Solo la idea del aspecto de su cara cuando le diga que será tarea suya vestir ese ridículo disfraz es suficiente para mejorar mi humor considerablemente a pesar de las festividades.

Rosalie se puso ambas manos en las caderas.

—Los hombres de los cárpatos son tan infantiles.

—Voy a ver a Felix —anunció Edward—. Buena suerte con el pan, Emmett—. Recorrió la cocina con la mirada—. Confío en que no tengas que utilizar métodos humanos para limpiar el desastre.

Rosalie rió y le despidió con la mano.

—El pan quedará maravilloso. —Cuando Edward dejó la casa, Rosalie se giró para enfrentar a Emmett. Una lenta sonrisa iluminó su cara y danzó travesura en sus ojos.

—¿Te diviertes charlando de secretitos viriles cárpatos con tu hermano? Porque sabes que vas a contarme todo lo que te ha dicho, ¿verdad?

—¿De veras? —Emmett la giró completamente en sus brazos—. Puedo sentir lo cansada que estás, y la espalda todavía te duele. Deberías estar descansando—. Intercaló su orden con pequeños besos sobre su cara trazando un rastro hacia la comisura de su boca. Todo mientras su cuerpo la empujaba sutilmente haciendo que retrocediera hacia la puerta de la cocina.

—No vas a librarte de contármelo, no importa lo encantador que seas —advirtió ella—. Y me estoy quedando blanca. ¿Cómo has conseguido salpicar toda esa harina por la cocina? Parece una zona de guerra.

—Es una zona de guerra —se quejó él—. No sé cómo la gente hace esto regularmente—. Continuó empujándola gentilmente a través del salón hacia el dormitorio, preocupado por la forma en que su cuerpo... y mente... se sentía tan agotados.

—Prometí a Isabella que tendría el pan hecho para la fiesta y lo haría al modo humano —le recordó ella—. No puedo decepcionarla.

—Primero de todo, rubia —Emmett la levantó en brazos— estás a punto de tener un bebé y a Isabella no le importaría que no pudieras hornear el pan. Afortunadamente, me tienes a mí y haré que funcione como si es la última cosa que hago nunca.

Rosalie sonrió ante la determinación de su voz, relajándose contra él.

—Te encantan los desafíos.

—Los humanos hacen esta clase de cosas cada día. Yo debería ser capaz de hacerlo sin problema —se quejó, y se movió con velocidad mareante a través de la casa hacia el túnel que conducía a su cámara subterránea.

La habitación era hermosa, con luz centelleante de cristales multicolores que cubrían las paredes. La tierra era oscura y rica, la mejor que habían podido encontrar, importada de una de las cavernas de sanación. Aparte de tener suelo de tierra y un gran hueco para descansar en la tierra, la habitación parecía un dormitorio normal. Había velas en los candelabros de las paredes que titilaban con multitud de luces, llenando la habitación de una fragancia consoladora.

Emmett flotó a la profunda depresión en el suelo y tendió a Rosalie gentilmente en la rica tierra. Se estiró junto a ella y se inclinó para presionar una serie de besos a lo largo de su estómago redondeado. El bebé pateó su boca y él rió en voz alta.

Rosalie atesoraba el sonido de su risa, la calidez de sus ojos y el amor de las yemas de sus dedos y su boca cuando animaba al bebé a patear más vigorosamente. Sus dedos se enredaron en el largo pelo de Emmett cuando él posó la cabeza contra su estómago para hablar al bebé como hacía cada noche.

Sal y únete a nosotros, hijo. Hemos esperado bastante.

—Más que bastante —dijo Rosalie—. Quiero tenerle aquí y poder abrazarle entre mis brazos. Dile eso cuando le cuentes su historia nocturna para dormir.

Emmett presionó otra serie de besos sobre la barriga redondeada.

—Tu madre dice que ya es suficiente. Tendrás que aprender los códigos que utilizan las mujeres, cuando hablan a los hombres.

—No tenemos códigos —protestó Rosalie con una risita. Cerró los ojos, saboreando la sensación de la fuerza de Emmett. La sonrisa decayó—. Realmente tengo miedo. De veras. No puedo soportar la idea de perderle. Ya es tan parte de mí, Emmett. Y temo ser yo la que retrasa el proceso, no él. Él quiere nacer y yo quiero mantenerle a salvo.

Emmett alzó la cabeza para mirarla, frotando la nariz contra su cuerpo, respirando cálidamente sobre sus manos frías.

—Le llevaste en ti cuando pensábamos que era imposible. Quiere sobrevivir. Tenemos un vínculo fuerte con él. Sabes que no podemos alimentar a nuestros hijos de la forma en que hacían nuestros ancestros, y has desarrollado una fórmula que ha mantenido a la hija de Garrett y Kate viva al igual que a la pequeña de Ben y Cora. Has hecho grandes progresos, Rosalie.

Ella se presionó los dedos sobre los ojos.

—Yo creía que Isabella estaba siendo muy egoísta por no desear intentarlo de nuevo después de perder a su bebé, pero ahora lo entiendo. Nuestros hijos se mueven y patean e incluso más, le siento descifrar cosas. Podemos comunicarnos con él. No sabía que podíamos hacer eso... llegar a conocerle antes de que naciera. Él nos conoce igual que nosotros a él. Si le perdiéramos ahora, sería tan difícil, Emmett... tan difícil... quizás insoportable, como sé que fue para Isabella y todas las mujeres que vinieron antes que nosotras.

—No te hagas esto. Nuestro bebé nacerá sano y sobrevivirá.

Rosalie hundió la cara en el pecho de Emmett, cerrando de nuevo los ojos contra el dolor de su corazón.

—¿De verdad? Una vez abandone el refugio de mi cuerpo, ¿sobrevivirá, Emmett? Y si sobrevive, ¿qué clase de futuro enfrentará?

—Tamara parece estar bastante sana, como Jennifer.

—Y mientras nosotros vamos a la tierra, otro tiene que cuidar de nuestros hijos. ¿Eso tiene sentido para ti? ¿Por qué nuestros hijos no pueden ir a la tierra como deberían? Incluso si la tierra contiene algunos tóxicos, ¿no deberían ser capaces de tolerar la misma cosa de la que tendrán necesidad?

Emmett le echó el pelo hacia atrás, sintiendo el creciente miedo en ella. El dolor persistente de su espalda le decía que el nacimiento se acercaba... era inevitable.

No podría proteger a su hijo mucho más.

—Nuestra gente espera con alegría esta ocasión, Rosalie —Besó su suave piel, sus manos fueron tiernas cuando continuaron pasando los dedos por su pelo brillantemente coloreado—. Cada cárpato, cerca o lejos, tiene un único propósito en este momento... cuidar de la vida de nuestro hijo. Sobrevivirá. La sangre del linaje ancestral corre por sus venas.

Ella frotó la cara sobre el corazón de Emmett.

—Lo sé. Cada día pienso en como sobreviviste esos siete años... atrapado tan cerca de la tierra que te habría salvado, hambriento, torturado y tan solo... pero te negaste a sucumbir. —Alzó la barbilla para mirar a sus ojos oscuros y atormentados—. Él tiene tu sangre, mi amado hombre salvaje. Y tu voluntad de hierro. Estoy muy agradecida de que seas mi compañero, Emmett. Si algo mantiene a nuestro hijo vivo, será el que tú eres su padre. —Rodó de costado y le enmarcó la cara con las manos—. Te siento en él.

Él gimió suavemente, una sonrisita flirteaba en su boca.

—Entonces que Dios nos ayude cuando sea adolescente, Rosalie. ¿Alguna vez te han presentado a Tiago?

—¿El sobrino de Eleazar? ¿El joven rapero?

—Ese mismo. Me temo que se nos ha concedido un breve vistazo de nuestro futuro.

Rosalie rió, la preocupación abandonó sus ojos.

—Oh, querido. Creo que Tiago ha estado practicando para actuar esta noche.

—Será casi tan bueno como ver la cara de Edward anunciando a Jasper que se espera que actúe como el Santa Claus de Isabella.

Rosalie sacudió la cabeza, sus ojos verdes danzaban.

—Eres un hombre muy malo, Emmett.

—Yo sigo diciéndotelo, pero insistes en pensar que soy mono y blando.

El deseo y el hambre de sus ojos le quitó el aliento, y Rosalie le rodeó el cuello con los brazos. Presionó besos a lo largo de la comisura de su boca.

—Sigue fingiendo ante de los demás, Emmett, si eso te hace sentir mejor, pero cuando estemos solos tendrás que aguantar que crea que eres extraordinariamente mono y blando.

Él soltó un suspiro, la diversión se arrastró hasta las profundidades de sus ojos.

—No tengo ni idea de cómo existí antes de que entraras en mi vida.

Su sonrisa en respuesta le iluminó la cara.

—Yo siento lo mismo por ti, Emmett. —Posó la cabeza contra su pecho sobre el corazón—. No sería capaz de pasar por esto sin ti. Nunca dejo de tener miedo, pero tú me estabilizas.

Él dejó una caricia a lo largo de su sedosa cabellera.

—Y yo todo este tiempo pensando que era al revés. —Sobre la cabeza de ella, la sonrisa palideció en su cara, dejando líneas profundas y sus ojos una vez más oscurecidos por la preocupación—. Esta mujer a la que conoceremos esta noche, Rosalie... —dudó, intentando elegir sus palabras cuidadosamente—. Debemos ser muy, muy cuidadosos. No podemos dejar que sospeche ni por un momento que eres nada más que una humana.

Rosalie rodó alejándose de él con una pequeña muestra de temperamento.

—Sabes, Emmett, no todos los humanos son monstruos. Mira a Rachel y Quil y Harry. ¿Por qué iba a sospechar que no soy humana? ¿Crees que la mayor parte de la gente va por ahí creyendo que hay vampiros y cárpatos en el mundo? Yo creí tener un raro desorden sanguíneo durante años y soy médico.

Los dedos de él le moldearon el cuello.

—No te molestes, Rosalie, tengo el deber de proteger a nuestra gente.

—Quieres decir que a Edward no le ha gustado que contactara con ella.

—Quiero decir que a mí no me gustó. Quizás te he tenido para mí todos estos años y la idea de compartirte con una desconocida me hace rechinar los dientes.

Ella giró la cabeza a tiempo para ver sus dientes blancos apretarse, recordando mucho aun lobo. Empezó a reír de nuevo.

—Te quiero mucho, Emmett Cullen. De veras. —Le enmarcó la cara con las manos—. ¿Vas a superar esa estúpida vena celosa?

—¿Eso es lo que es? Yo creía que era la sensación de ser inadecuado... de que podrías despertar de repente una mañana y comprender que doy más problemas de los que valgo. —Giró la cabeza para rozar sus dedos con un beso.

—Eso nunca ocurrirá, Emmett, ni en un millón de años. No te preocupes por Siobhan Steward. Lo sabré si me está mintiendo.

—Deseas tanto una familia, Rosalie, quizás no seas capaz de decirlo.

—Tengo una familia, Emmett. Tú eres mi familia. Tú y nuestro hijo, Edward y Isabella y Jasper y Alice. No estoy sola. Y a pesar de mis hormonas locas, no pondré en peligro a los que amo por una desconocida, incluso si es un pariente. Tengo la esperanza de que tenga historias de la infancia de mi madre, pero si no es así, solo quedaré decepcionada, no devastada.

Emmett apartó la cara, la alegría explotó a través de él como la inesperada erupción de un volcán.

—Date la vuelta —instruyó bruscamente—. Te frotaré la espalda. —No podía mirarla, no podía enfrentarse a ella cuando su vulnerabilidad estaría tan rigurosamente desnuda. Simplemente los hombres no deberían depender tanto de sus mujeres, ni siquiera los compañeros.

—Tengo una pelota de playa por estómago, Emmett —señaló ella—. No se puede estar bocabajo.

—De costado entonces —sugirió él.

Rosalie se quedó en silencio un largo momento antes de cogerle la cara entre las manos y obligarle a mirarla.

—Tú también eres mi vida, Emmett, mi mundo entero. Todas esas cosas que sientes por mí... yo las siento por ti.

—¿Incluso aunque no pueda separarme de ti y siempre sea una sombra en tu mente? —Se obligó a sí mismo a mirarla a los ojos... al corazón... para leer su mente.

Encontró amor incondicional.

—Especialmente porque te quedas conmigo. Atesoro eso en ti —Rosalie le trazó la boca con la yema de un dedo—. Una mujer aprecia ser amada, Emmett, y tú sabes cómo amarme.

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¡Buenos días! Mi primera clase estuvo media aburrida jajajaja a las chicas que, como yo, estudian… ¿cuál es su clase más aburrida? Jajaja

No olviden dejar un comentario, me alegra saber que les está gustando la historia n.n

¡Nos leemos pronto!