Ishigami Senkuu se sentía molesto. O bien, celoso.
Y lo peor, es que no tenía ninguna razón para estarlo, considerando que Kohaku no había hecho nada mal y tampoco era su asunto con quién o no pasaba su tiempo libre.
¿Cuál era la necesidad de si quiera contarle? Habían mantenido una especie de amistad que consistía en que ambos eran sumamente útiles para el otro: él la había salvado de ser aplastada por un árbol, ella le había permitido entrar a la aldea, él había salvado a su hermana, y luego habían trabajado juntos para construir el Reino de la Ciencia, lo que incluyó guerras, viajes, persecuciones, entre otros. Ahora, finalmente, todo resultaba ser más tranquilo que nunca tras derrotar al hombre del WHY, que había petrificado a toda la humanidad hacía más de tres mil años. Y a pesar de todo, jamás habían hablado de algo así. Al menos no desde que su primera opción fue rechazar sus sentimientos desde el primer día.
¿Qué le había dado la confianza a ella, de un día para otro, para decirle que estaba "saliendo" con nadie menos que Asagiri Gen?
Y peor, ¿por qué a Senkuu le había afectado tanto al punto de quedarse congelado mientras tenía la cabeza inclinada sobre su microscopio?
-¿Y? ¿Qué sucede con eso?
-Nada. Es por si lo escuchabas por ahí. Prefiero que lo sepas por mí. -la leona colocó un jarro lleno de esa bebida energética que alguna vez había tomado Ginro.
Senkuu se encogió de hombros, fingiendo desinterés. -Si no interfiere con el trabajo, no me preocupa.
-Bien. Me iré de aquí entonces, ya que son las seis y media.
Senkuu recordó solo en ese momento que habían acordado terminar las actividades a las seis de la tarde los días de semana algún día. Pero realmente, Kohaku no paraba de trabajar hasta que él lo hiciera. El científico, mirándola a los ojos, asintió lentamente.
-Gracias por la bebida, leona.
¿Cuándo había cambiado el estilo de su cabello? ¿En qué momento había comenzado a maquillarse los labios, aunque apenas fuera perceptible? Senkuu la examinó con la mirada mientras se servía del líquido y bebía de a pequeños sorbos.
-¿Sucede algo?
-¿Vas a besarlo hoy? -el científico evadió su pregunta, mostrándose serio.
Kohaku lo miró extrañada por un tiempo, antes de continuar con la conversación.
-Quién sabe. -la joven se llevó dos dedos hacia sus labios, como si estuviera tapándolos del peliverde. -Espero que sí. Me gustaría saber qué se siente.
La leona se veía realmente bonita con esa expresión: Senkuu no pudo evitar admirarla así.
-Buena suerte, entonces. No creo que el mentalista sea tan idiota. -el científico comentó, volviéndose a enfrascar en su microscopio.
La escuchó respirar hondo antes de irse, y no se dio cuenta de lo que dijo hasta unas horas después.
Realmente, si lo que decía era verdad, él mismo era un idiota por no haberle mostrado ningún interés antes; incluso cuando sabía que, en el fondo, siempre le había gustado Kohaku y asumía que a ella también le gustaba él.
Senkuu suspiró, abatido. Tal vez la suerte pocas veces estaba de su lado, pero esta vez era él mismo quien se había autosaboteado.
Kohaku llegó a la mañana siguiente al laboratorio luciendo como si recién hubiera despertado. Se le veía agitada, porque probablemente había corrido desde su hogar, y se veía un tanto dispersa. Chrome, por su parte, se encontraba de expedición en busca de materiales.
Senkuu sintió el fondo de su estómago doler de tan solo imaginar lo que había pasado ayer mientras él se dedicaba a trabajar y a lamentarse de su propia estupidez.
-¿Qué debo hacer hoy? -la leona le preguntó, luego de dejar sus cuchillas sobre la mesa central.
-Bueno, como se acerca el invierno, creo que ya es hora de comenzar a talar algunos árboles para la leña. No soy un fanático de las chimeneas, pero no hemos tenido tiempo de construir algo menos dañino.
Kohaku asintió, decididamente, y sacó de un estante el hacha que siempre había utilizado con el mismo propósito.
-Dile a Magma y a Taiju que hagan lo mismo. -comentó el científico, y la vio desaparecer tan rápido como entró.
Senkuu se pasó el resto del día delegando tareas de todo tipo a quienes estuviesen desocupados, tal como había sido todos los días, e ideó un plan para establecer relaciones con la Isla del Tesoro, para lo que mandaría a Ryusui, Francois y Gen a un viaje de tiempo indefinido al día siguiente. Cuando se reunió con el equipo a eso de las cinco de la tarde para comunicarles su idea, Kohaku ya estaba de vuelta al laboratorio con Magma, Taiju, y una pila de troncos cortados.
-Mentalista, ¿qué haces aquí? -Kohaku pareció sorprendida, deteniéndose a medio camino de guardar la madera en una esquina del laboratorio.
-¿Qué manera de tratar a tu novio es esa, Kohaku-chan? -el aludido volteó a verla, y pronto todos se habían quedado en silencio y parecían atentos y estupefactos a la interacción entre ambos.
-Uuuh… lo siento, Gen. -Kohaku balbuceó, mirando a sus alrededores con nerviosismo.
-Senkuu quiere que vayamos mañana a primera hora a la Isla del Tesoro para establecer relaciones. -el joven explicó, con su típica voz canturreada que tanto crispaban los nervios del científico.
-Oh, bien. -Kohaku ahora depositó las maderas en el piso y le dio espacio a Taiju y Magma para dejar sus aportes. -Ya repartimos leña por todas las chozas. Así que puedo ayudarte a preparar tus…
-No. -Senkuu interrumpió, abruptamente, y Kohaku lo miró sorprendida. -Necesitamos curtir cuero lo más pronto posible para abrigar a los nuevos aldeanos.
Inmediatamente, una risa leve salió de los labios del mentalista, que lo dejó desconcertado, tanto por sus propias palabras como por lo seria de su propia voz.
-¡Jaja! ¡Delirante! ¡Me gusta! -exclamó Ryusui repentinamente. -Aunque me guste Kohaku, ¡Gen es una gran persona! ¡Felicidades!
-Gracias… -Kohaku respondió, incómoda, antes de ponerse a buscar en los estantes las cuchillas destinadas a trabajar el cuero.
-Senkuu, nosotros podemos ocuparnos de eso por hoy. -comentó Taiju, mirando con preocupación a la joven, que se veía agotada.
-¿Estás bromeando? Talar todos esos árboles fue terrible. Habiendo tantas cosas más divertidas por hacer… -Magma replicó.
-No. Ustedes lo harán terrible. -Senkuu rio, apretando sus dientes, sumamente incómodo y a punto de explotar de la rabia. -Bien. Reunión terminada. Pueden ir a prepararse.
Todos dieron media vuelta inmediatamente, conociendo bien a Senkuu y lo imperturbables de sus decisiones, menos Kohaku, que se encontraba cargando herramientas en su mochila silenciosamente.
-¿Estás enojado conmigo? -la joven lo encaró, sin dejar de sumar cosas a su bolsa.
-¿Qué?
-¿Es porque me fui temprano ayer? -Kohaku insistió, ahora cruzando ambos brazos sobre su pecho.
-No, ¿por qué lo estaría?
-¿Te enojarías si te dijera que prefiero ir a mi casa?
-No.
-Bien, entonces me voy. -la joven le dio un pisotón al suelo antes de comenzar a irse, pero Senkuu, en un acto desesperado, la detuvo por el antebrazo.
O mejor dicho, ella lo dejó detenerla. Kohaku lo miró a los ojos con severidad.
-Es urgente. -Senkuu insistió.
-Mi aldea siempre ha sabido arreglárselas con ropa para el invierno, ¿por qué es tan urgente hacerlo hoy mismo y no como acostumbramos? Comprendo lo de la leña, pero esto es distinto.
-Lo siento. -Senkuu resopló. -Hay muchos más niños que antes, pero confío en que pueden arreglárselas bien. -el científico continuo, suavizando un poco su voz y cediendo rápidamente.
Después de todo, ella tenía razón. Su idea había sido una manera apresurada de evitar que Kohaku pasara más tiempo con Asagiri Gen, y era realmente ridícula.
Kohaku asintió, también suavizando su compostura.
-Estás preocupado, lo entiendo.
-Leona. -Senkuu reparó en que su mano seguía donde mismo antes, y la quitó. -Si quieres ir con el mentalista, está bien.
Kohaku abrió sus ojos considerablemente. -Sobre eso…
-¿Tuviste suerte ayer? -Senkuu la interrumpió, mirando hacia el suelo.
-No.
-Lástima. -el científico sonrió involuntariamente.
-No quiero darle mi primer beso a él. -acotó la leona.
-Te veías decidida ayer. -rio con pesar el científico.
-Es más, ni siquiera estamos juntos.
Kohaku sonaba seria en sus últimas palabras, y se sintió falto de palabras, por lo que llevó una mano a su mentón intentando pensar en qué decir y por qué le había dicho que estaban juntos en primer lugar. ¿Le había mentido, o habían terminado en algún momento dentro del mismo laboratorio y en presencia suya?
¿Qué mierda pasaba?
El científico volvió a mirar a Kohaku a los ojos y la vio consternada, pero aún con su postura firme.
-Fue idea de Gen, decirte que estábamos saliendo. Le pedí que me ayudara a llamar tu atención.
Senkuu se sintió aún más consternado ante esa respuesta. Le costaba pensar que Kohaku quisiera llamar su atención de esa forma. Aunque, si era sincero consigo mismo, no habría pensado al respecto si ella misma no le decía que se encontraba en una relación con el mentalista.
El hecho de que tuviera que llegar a eso lo hacían darse cuenta de que era más idiota de lo que pensaba. Senkuu había comenzado a lamentarse una vez que pensó que sería muy tarde.
-Soy terrible fingiendo, Senkuu. No pude. Cada vez que estás cerca yo…
Kohaku no pudo seguir hablando, porque el científico se había inclinado abruptamente hacia ella mientras divagaba y había besado la comisura de sus labios, separándose inmediatamente.
-Tengo que cuidarme de volver a caer en las artimañas de ese estafador. -Senkuu rio gravemente, provocando que la chica se estremeciera y solo así él se diera cuenta de lo que acababa de hacer.
Parecía que, con la leona, improvisaba mucho más de lo que estaba acostumbrado. Si era demasiado para ella, que parecía a punto de explotar por combustión, el científico había decidido no volver a hacer o decir nada y ayudarla hasta que ella tomara la iniciativa.
Su respuesta no tardó mucho, pero sí más de lo que acostumbraba: llevando una mano a la nuca de Senkuu, Kohaku lo mantuvo a su altura y le plantó un beso en los labios que solo podía denotar su decisión en lo que estaba haciendo.
Al científico le gustaba que fuera así. De alguna forma, le daba la confianza para besarla de vuelta y apoyar una mano en la cintura de la leona, para atraerla aún más hacia él. A pesar de sentirse atrapado en un montón de emociones, Senkuu sabía que podía contar con que ella lo acompañaría a descubrir los límites a los que este enamoramiento podía llegar.
Porque sí: Senkuu estaba enamorado. Las reacciones de su cuerpo no podían decir lo contrario. No podía negar que, cuando Kohaku se separó de él, deseó con todas sus ansias que le dijera que lo quería.
Pero era mucho pedir aún. La leona se veía más que confundida, aunque aún conservara sus pupilas dilatadas, las mejillas sonrojadas y los labios semiabiertos, como si esperara que él la volviese a besar.
-Kohaku. -Senkuu llevó una mano hacia el mentón de su interlocutora, acariciando su mejilla con suavidad. -No acostumbro a ser un tipo egoísta. No quiero que pienses que te besé solo porque me sentí celoso y me dio la maldita gana.
La chica ladeó la cabeza, mirándolo como si estuviese hablando en otro idioma.
-Jamás he pensado eso de ti, Senkuu. Me avergüenzo de mí misma y de Gen por este plan.
-Pero sí te besé porque estaba celoso. Realmente, me gustaría haber sido Gen por unos momentos. -Senkuu miró hacia el suelo, avergonzado. -No solo porque quiero besarte, constantemente, sino porque quiero conversar contigo, caminar contigo, darte la mano y…
Kohaku lo miró anonadada. ¿Qué tipo de cursilería barata estaba profiriendo sin más razón?
Senkuu se detuvo abruptamente, carraspeando y haciendo una mueca de asco por sus propias palabras, pero la estruendosa risa de la leona, irónicamente, lo sacó de sus vergonzosos pensamientos.
-Entiendo, Senkuu. Perdón. Nunca pensé que dirías algo así. -Kohaku dijo después de calmarse, acariciándole la mano que aún tenía sobre su mejilla. -Yo te quiero de la misma manera. Hace bastante tiempo. -ahora, lo abrazó con fuerza.
Y el científico respiró hondo.
Jamás había hecho tanto contacto físico con alguien, y siempre se sentía hastiado de este. Pero con Kohaku a su lado, lo anhelaba. Su aliento cerca de su cuello le daba diez billones de años de vida.
