No poseo los derechos de autor. Los personajes pertenecen a la asombrosa Stephenie Meye y la historia es de la genial Christine Feehan. Yo solo me divierto un poco. Leer la nota al final.
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—¿Qué ese terrible escándalo? —dijo Edward como saludo cuando Felix Cudmore abrió la puerta de la gran cabaña. Edward no le había visto en varios años y no pudo evitar sonreír mientras estrechaba el antebrazo de Felix en el saludo del guerrero.
Los ojos inusuales de Felix brillaban como dos antiguas monedas de oro.
—Tu presencia es un honor para nosotros, Edward.
—Por favor dime que el sobrino de Eleazar, Tiago, no está ya aquí de visita. —Edward dudó en el umbral, las líneas de su cara se profundizaron con desaprobación.
—Este parece ser el lugar de reunión. Alec tiene un nuevo videojuego que Heidi diseñó y todo el mundo quiere probarlo. Tiago está definitivamente aquí —añadió como advertencia mientras retrocedía para permitir la entrada a Edward.
Edward se detuvo, con un pie en el aire.
—Quizás deberíamos hacer que Eleazar le llamara inmediatamente.
Felix sonrió abiertamente.
—Lo dices como si fuera un vampiro.
—Preferiría enfrentar a un vampiro. Esperaba que se quedara en Italia. Probablemente Eleazar le trajo como broma pesada.
—Es bastante entretenido una vez dejas a un lado sus exuberantes maneras —dijo Felix.
Las cejas oscuras de Edward se unieron.
—Atrae la atención sobre sí mismo, y no practica ni la más básica de nuestras habilidades.
—Le vi hacer un picado desde el techo esta noche y cuando cambió de forma, solo lo hizo parcialmente.
—Suena divertido —dijo Edward con un suspiro—. Está en la veintena. Ya no podemos permitirnos que nuestros hijos se tomen tantos años para crecer.
Felix sacudió la cabeza.
—Solo es un adolescente para nuestros años, Edward. Vivimos tanto tiempo en el mundo de los humanos que ya empezamos a pensar como ellos. Nuestros hijos merecen una infancia, Edward. Yo disfruto observando al joven Alec crecer. Tiago es feliz y está sano.
—Alec es humano. Tiago no. Y el mundo se ha vuelto mucho más peligroso para nuestra raza, Felix —señaló Edward—. Estamos rodeados de enemigos y nuestras mujeres y niños son los más vulnerables. Necesitamos a Tiago y para asegurar su seguridad, debe aprender las costumbres de nuestra gente. ¿Siquiera puede tejer sus propias salvaguardas?
Felix asintió.
—Tienes razón, por supuesto. He estado preocupado desde el golpe concentrado contra nosotros, desde el intento de asesinato contra ti... porque nuestros enemigos decidan golpear a nuestras mujeres y niños. Hablaré con Eleazar sobre el entrenamiento de Tiago, me aseguraré de que se le enseñe adecuadamente para que esté preparado en caso de ataque.
—Se me ha ocurrido que nuestras mujeres deben ser preparadas también. —Edward bajó la voz, tomando a Felix por el brazo y conduciéndole a una esquina apartada del jaleo del salón—. Siempre hemos protegido a las mujeres.
—Ellas son de la luz —dijo Felix—. No tienen la oscuridad necesaria para matar.
—Eso pensamos todos, pero la auto conservación y los cazadores cada vez más mermados pueden provocar nuevas necesidades. Los tiempos cambian, Felix, y francamente, nos enfrentamos a la extinción. No podemos confiar en los viejos métodos. Tenemos que estar preparados para enfrentar los nuevos desafíos con nuevas ideas.
—A los antiguos puede no gustarles tus ideas progresistas.
Una pequeña sonrisa suavizó la dura línea de la boca de Edward.
—Creo que los antiguos son mucho más progresistas y flexibles en sus ideas que nosotros. Sin embargo, me preocupa un poco esta fiesta de Navidad en la que Isabella ha insistido.
—Heidi también cree que es buena idea —dijo Felix—. Le da oportunidad de reunirse con las otras mujeres. También está dispuesta a ayudar a Rosalie en el parto. Con tantos de nosotros aquí, hay más posibilidades de que el niño sobreviva.
—Rosalie está cerca, esta noche o la siguiente. Isabella, como Heidi, presiente que la fiesta creará una sensación de familia entre las parejas de cárpatos y dará esperanzas a los hombres que quedan, especialmente con las niñas y Rosalie teniendo un parto exitoso.
—Heidi está en la cocina. Alec y Tiago inventaron una batidora de alta velocidad para ayudarla a preparar el plato que está haciendo para el evento de esta noche. Creo que querían librarse de pelar patatas. Tendrás que entrar y conocerla, aunque está un poco ansiosa por conocerte.
—¿A mí? —Edward frunció el ceño—. ¿Por qué tendría miedo de conocerme?
—He oído que puedes resultar intimidante —dijo Felix con una pequeña sonrisa.
La sonrisa de Edward fue lenta en aparecer.
—Estas mujeres. —Sacudió la cabeza, después se detuvo, mirando alrededor esperanzado—. A menos que fuera Tiago...
Observó la furiosa batalla que estaba teniendo lugar en la pantalla de televisión. El hermano de Heidi, Alec, cuyos rizos inquietos le saltaban en la cabeza mientras utilizaba un mando, rió en voz alta cuando su personaje dio una patada al personaje de Tiago. Tiago, dirigiendo su personaje con la mente, hizo que el hombre se diera la vuelta tan rápido que casi tropezó con sus propios pies.
—¿Heidi ideó este juego? Es buena práctica para Tiago... para muchos de los nuestros —dijo Edward—. ¿Cómo hizo algo así?
—A Alec y a mí nos gusta jugar juntos a videojuegos, y hacemos que la pobre Heidi nos observe todo el tiempo. Ella todavía hace gráficos para una compañía y cuando comprendió que yo podía dirigir a los personajes con la mente, ideó este juego para Alec y para mí como regalo de Navidad.
—Es una mujer muy inteligente. ¿Estás pensando en comercializar estos juegos?
—Si. Así muchos de los otros lo verán y lo querrán. Heidi ya tiene ideas para un par más de ellos. Ya que tenemos a Alec, que es humano, y Embry y Jane tiene siete niños que han adoptado, está planeando preparar el juego para que se puedan utilizar mandos si fuera necesario. Le da a uno más cosas con las que interactuar y aparentar ser humanos. Podremos jugar online con otro también.
—Es una idea maravillosa. Con suerte, ayudará a acercarnos ya que vivimos tan lejos. —Edward se frotó la mandíbula—. Tengo que hablar con tu hermano de Cayo. Por lo que recuerdo, Dimitri y Cayo eran bastante buenos amigos en su juventud.
—Sí, lo eran —dijo Felix—. ¿Cayo está aquí?
—Ha venido de los bosques de Rusia para unirse a nosotros, aunque permanece en la forma de un lobo la mayor parte del tiempo y ronda por el bosque. Si ves a Dimitri antes que yo, haz que contacte. Creo que él conoce a Cayo mejor que ningún otro cárpato. Incluso podrían haber compartido sangre y quiero que le monitorice mientras está tan cerca de nuestras mujeres.
La cabeza de Felix se alzó alerta.
—¿Te preocupa que Dimitir se haya convertido?
—Ya no podemos contar con leer las mentes y siento la perturbación de poder o maldad. Los vampiros podrían incluso haber enviado a un enemigo entre nosotros. No creo que Cayo se haya convertido, pero estoy preocupado porque está luchando contra ello. Con tantas mujeres cerca de él, es posible que tenga la esperanza suficiente para continuar su lucha, o que le empuje en la dirección equivocada. Es mejor ser cuidadoso.
—Ha luchado largo tiempo contra los vampiros solo en su zona —estuvo de acuerdo Felix—. Tantas muertes a veces afectan negativamente al cazador.
Edward suspiró.
—No puedo salvarlos a todos, Felix.
—No, pero haces lo necesario para salvar a nuestra gente, Edward, y eso es todo lo que puedes pedirte a ti mismo. Ven a conocer a mi compañera.
Edward siguió a Felix por el largo salón hacia la cocina.
—Isabella me pidió que hiciera de Santa Claus. San Nick. Ya sabes, el personaje del traje rojo con la larga barba blanca.
Felix se detuvo tan bruscamente que incluso con sus fluidas y gráciles zancadas Edward casi le derribó.
—¿Vas a hacer de Santa Claus?
Edward sacudió la cabeza, una maliciosa diversión brillaba en sus ojos.
—Eso lo dejo para mi yerno.
—¿Jasper? —Los dientes blancos de Felix brillaron. Las nubes se movieron y la luz de la luna se derramó sobre el cárpato convirtiendo su pelo y sus ojos en oro viejo—. Tengo que estar allí cuando se lo digas.
—Sospecho que su casa estará infestada de arañas, ratones y unos pocos pájaros —dijo Edward con evidente satisfacción—. Me encantará conocer a tu talentosa compañera. Abre camino. Solo la idea de Jasper con ese ridículo disfraz ha aligerado mi humor considerablemente. Heidi no me encontrará intimidante en lo más mínimo.
Felix dudó, con la mano en la puerta.
—Heidi conoció a nuestra raza por primera vez a través de los vampiros. Fue capturada junto con su hermanito. El vampiro la encadenó y se alimentó de ella, quería que matara a su hermano y así ambos se alimentarían de él. Todavía tiene pesadillas. Capto ecos de ellas cuando está entre el sueño y la vigilia. Alec ya no lo recuerda, pero ella no quiere ocultarle lo que somos. Y eso significa que tiene que saber que estamos siendo perseguidos. Fue muy valiente por parte de ella venir aquí... poner a un lado sus miedos y conocer a las otras mujeres.
—¿Habéis discutido el tener hijos?
Felix sacudió la cabeza.
—Aun no. Es bien consciente de la tasa de mortalidad de nuestros niños y ya perdido mucho tan joven.
Edward asintió.
—Quil ha mencionado que es posible que cuanto más cercano sea el nacimiento a la conversión, menos probable es que lo perdamos. Cree que cuanto más tiempo son cárpatos las mujeres, más probable es que ocurra el aborto y menos que el bebé sea una niña, pero sobre el por qué no tenemos respuesta, especialmente cuando Kate tuvo una hija.
—Al menos tenemos a Alec, que es más un hijo que un hermano para Heidi. Hasta ahora ha sido incapaz de concebir, así que para nosotros no hay otra elección.
Edward continuó mirándole, directamente a los ojos, una orden implacable y decidida. Felix suspiró.
—Lo discutiré con ella.
—Hazlo. Nuestra gente necesita a cada niño, cada mujer que podamos conseguir en este punto. Nuestros cazadores están desesperados, Felix.
—Yo fui uno de los desesperados, Edward —dijo Felix tranquilamente—. Conozco mi deber para con nuestra gente.
—¡Felix! —Alec apareció tras él y le tiró del brazo—. ¿No vas a jugar con nosotros? Tiago puso el juego en pausa para que pudiéramos esperarte.
Felix revolvió afectuosamente el pelo del chico.
—En un minuto, Alec. Heidi no ha conocido a Edward aún. Él es el líder de nuestra gente, un hombre muy importante.
Los ojos de Alec se abrieron y levantó la mirada hacia el príncipe.
Edward bajó la vista al chico con su delgada constitución y su cabeza llena de rizos, cuando la mano de Felix tiró de un rizo, y sintió un súbito dolor en el pecho. Quería otro hijo. Uno que le mirara a él como este chico estaba mirando a Felix. Quería un pueblo lleno de niños, con sus risas y sus brillantes ojos y la esperanza reluciendo en sus caras.
Su mirada descansó en Tiago que había seguido a Alec, y por primera vez sintió amabilidad hacia el muchacho. Tiago había ganado unos pocos centímetros de altura, pareciéndose más al aspecto de los hombres de los cárpatos con sus hombros amplios, pero todavía estaba flaco, tan delgado como un riel, y con el pelo negro peinado pinchos y con las puntas teñidas de azul, parecía un extraño espantapájaros.
—Hola, Tiago. Encantado de verte de nuevo.
El chico pareció asustado por un momento, y después forzó una sonrisa arrogante.
—Yo también, Su Alteza Real. ¿Se supone que tenemos que inclinarnos?
Felix golpeó al chico en la parte de atrás de la cabeza con un bajo gruñido de advertencia, y Edward frunció el ceño, sus ojos negros brillaron con repentina amenaza. La casa pulsó con súbita energía y las paredes se ondularon.
Alec abrió de un empujó la puerta de la cocina y huyó.
—¡Heidi! Hay alguien aquí.
Ante el miedo en la voz de su hermanito y el peligro que centelleaba en la habitación. Heidi se dio la vuelta con velocidad preternatural, su cuerpo fue un borrón. La batidora de alta velocidad estaba entre sus manos, todavía encendida.
Ajo, queso y puré de patatas salpicaron las paredes y el techo. Un pegote golpeó a Edward directamente en la mejilla izquierda. Heidi jadeó y se quedó congelada, sujetando la batidora levantada... enviando más patatas volando por la habitación. Su mirada horrorizada permaneció fija en el príncipe.
Por un largo momento solo existió el sonido de la batidora y las patatas golpeando superficies por toda la habitación... y el pecho del príncipe.
Alec soltó una risita. Tiago dejó escapar una tos estrangulada, y ambos chicos se agarraron la zona media y se doblaron de risa. El sonido puso en acción a Felix. Ondeó la mano para golpear el botón de encendido de la batidora, y cruzó la habitación con asombrosa velocidad para quitar el aparato de las manos de Heidi, colocándose entre su compañera y su príncipe.
Por un momento se oyó solo las risas de los chicos. Heidi retorció los dedos en el bolsillo de atrás de los vaqueros de Felix. No puedo creer que hiciera esto. ¿Qué estará pensando de mí?
Era obvio que estaba intentando contener su propia risa, aunque estaba mortificada.
Felix se giró ligeramente para rozar los nudillos gentilmente por el costado de su cara, todo mientras mantenía un ojo precavido sobre el príncipe. Fue un pequeño accidente, nada más, la tranquilizó. Podía sentir su propia risa burbujeando. Era difícil quedarse quieto y mantener la cara seria con pegotes de patatas con queso y ajo sobre la ropa y la mejilla izquierda del príncipe.
La boca de Edward se retorció y se cubrió los labios con la mano.
—Es innecesario que te pongas delante de tu compañera como si pudiera incinerarla en el acto por decorar mi ropa, Felix.
—¿Eso es lo que parece? —Las cejas de Felix se alzaron.
Alec asintió, todavía riendo.
—Como si fueras a golpear a alguien.
Felix sostuvo en alto la batidora, apuntando hacia Alec.
—Me lo estoy pensando.
—Apunta hacia Tiago —sugirió Edward.
Heidi se aclaró la garganta, intentando sonar sincera cuando en realidad quería reír.
—Lo lamento terriblemente —dijo en voz alta a Edward— La batidora se me escapó.
—Pareces estar haciendo un gran trabajo con tu hermano —señaló Edward mientras tranquilamente se limpiaba las patatas de la cara y el pecho—. Afortunadamente, soy cárpato y estas cosas tienen pocas consecuencias... aparte de proporcionar diversión a nuestros niños. —Sus ojos negros se estrecharon, volviéndose peligrosamente verde amarillentos... los ojos de un lobo... brillando cuando si mirada se posó en Tiago. Un gruñido bajo retumbó a través de la habitación, haciendo imposible decir de donde llegaba... pero inconfundible de todos modos.
Tiago se tragó la risa y se enderezó, alejándose de Edward. El príncipe mantuvo la cara seria como una piedra, aunque la diversión emanó amenazando con rebalsarse. ¿Cuánto había pasado desde que había oído el sonido de una risa infantil? Tenía que pasar más tiempo con los hijos adoptivos de Embry y Jane. La juventud siempre proporcionaba esperanza y la capacidad de ver con frescura el excitante mundo que les rodeaba. Necesitaba otro niño en su casa, colgado de su pierna y mirándole como Alec estaba mirando a Heidi.
Edward. Leah quiere irse a casa. ¿Vendrás a escoltarla o tendré que hacerlo yo? La voz de Isabella interrumpió sus pensamientos. Él tenía mucho que hacer, pero también Isabella.
—Había esperado hablar algo más contigo, Felix, pero Leah está en nuestra casa y necesita escolta de vuelta a la suya. Volveré tan pronto como me asegure de que está a salvo.
—Yo iba a ir a ver a Chelsea —dijo Heidi rápidamente—. Puedo acompañar a Leah a casa. Me gustaría tomar aire fresco de todas formas. Soy una pésima cocinera.
Alec rió disimuladamente.
—Siempre ha sido mala. Lo quema todo.
Heidi le tiró de uno de sus rizos en represalia, riendo suavemente.
—Tristemente, es cierto. Soy una terrible cocinera, pero quizás Felix y tú podáis rescatar las patatas.
La mano de Edward se detuvo en el acto de sacudirse el último de lo pegotes blancos.
—¿Yo? ¿Cocinar?
—Yo puedo hacerlo —dijo Tiago—. Estaba deseando probar la batidora. Mira esto, Alec. —Ondeó la mano y el cuenco de puré de patatas se elevó en el aire. El cuenco se sacudió con torpeza y pasó junto a Felix hacia Tiago y Edward, casi al nivel de la cabeza del príncipe.
Felix lo cogió antes de que pudiera hacer algo más que cruzar a medias la habitación.
—Heidi ha trabajado duro en esta... ah... cosa.
—¿Cosa? —repitió Heidi. — Y se suponía que eran Alec y Felix los que tenían que rescatar las patatas.
Edward retrocedió y se giró para mirar a Tiago.
—Espero que no estuvieras pensando en dejar caer eso sobre mi cabeza.
Alec estalló en otro ataque de risitas.
—Si Heidi lo hizo, cosa es buena palabra para llamarlo, Felix.
—¡Hey, basta! —Heidi le lanzó otra mirada fingida—. Cállate o serás tú el que cocine.
Yo puedo escoltar a la joven Leah de vuelta, se ofreció Felix.
Necesito algo de paz, le dijo Heidi. Adoro a Alec, pero los videojuegos, el puré de patatas y Tiago son un poco demasiado ahora mismo. Su mente rozó la de él con amor y calidez. Estoy perfectamente bien. No era completamente cierto. Era imposible ocultar algo a su compañero, y Felix era bien consciente de que ella había esperado la llegada a las Montañas de los Cárpatos con trepidación.
Mi único amor. Iré contigo.
Te quedarás y entretendrás al príncipe. Realmente necesito algo de tiempo a solas. Amaba a Felix con todo su corazón, con cada célula de su cuerpo... con su alma misma, pero a veces era difícil para ella aceptar que él podía conocer cada uno de sus pensamientos. Ya era bastante malo sentirse inadecuada a veces, y muy suspicaz hacia los otros cárpatos... eso la avergonzaba. Odiaba que Felix supiera esas pequeñeces.
No son pequeñeces. Tienes mucha razón al temer por la seguridad de Alec. Pocos han sido capturados por un vampiro y han sobrevivido. Felix se inclinó para presionar un beso contra su nuca. Tú eres mi mundo.
Como tú el mío.
Heidi lanzó una pequeña sonrisa hacia el príncipe.
—Ha sido un honor conocerte... incluso cubierto de puré de patata. Por favor quédate y charla con Felix. Ha estaba esperando con ilusión pasar algún tiempo contigo. Yo me ocuparé de que Leah vuelva a salvo —Antes de que los hombres pudieran protestar, sonrió brillantemente hacia Alec—. ¿Te gustaría venir conmigo? —Resistió la urgencia de lanzar una compulsión para que no viniera. Realmente necesitaba la tranquilidad de la noche.
—Tiago y yo estamos jugando al nuevo juego, Heidi —dijo Alec—. Es realmente genial.
—Me alegro de que te guste, pensé que lo haría.
—Heidi... —La voz de Felix se desvaneció. No quería avergonzarla más protestando porque fuera sola. Había un corto paseo hasta la casa de Edward, y ya que bastantes cárpatos habían vuelto y estaban escaneando continuamente en busca de enemigos, ella debería estar a salvo, pero... Felix suspiró. No le gustaba que saliera de su vista. No me importaría pasear contigo.
Solo necesito un poco de aire. No sé por qué estoy tan nerviosa alrededor de todo el mundo, pero lo estoy. Tengo que arreglar las cosas por mí misma esta vez... por favor, Felix... entiéndelo. Heidi le envió un flujo de cálida tranquilidad.
Amaba a Felix con todo su corazón, pero siempre había sido muy independiente. En San Francisco, él había parecido más relajado y fácil de llevar, pero desde que habían llegado a su tierra natal, había estado de los nervios. Alec y Heidi estaban teniendo pesadillas, Alec en sueños, Heidi también cuando estaba despierta. Eran sueños terroríficos que aumentaban sus propios miedos y eso estaba excitando los instintos protectores de Felix, haciéndole intentar mantenerlos incluso más cerca. Saludó al príncipe con la cabeza, sopló un beso a Felix y rodeando a los chicos, se puso su chaqueta y sus guantes y apresurándose a salir por la puerta antes de que Felix pudiera cambiar de opinión.
Heidi tomó un aliento de aire frío y crispado y giró la cara hacia los cielos. Pequeños copos de nieve caían revoloteando, flotando en perezosos remolinos, volviendo blanco el cielo y amortiguando los sonidos que los rodeaban. Extendió las manos y abrió la boca para dejar que los copos cayeran sobre su lengua. La vida con Felix era increíble. Trataba a Alec como a su propio hijo, y a ella como a una reina. No tenía ni idea de por qué, desde que habían llegado aquí, se sentía triste e inadecuada.
Incluso peor que eso era su creciente miedo. Era tonto y muy impropio de ella, pero a veces se encontraba buscando entre las sombras, con el corazón dando bandazos de miedo. Tenían que ser las pesadillas, la repulsión que sentía cuando recordaba la sensación del tacto del vampiro, como se sentía su lengua raspándole la piel y el dolor de sus dientes cuando le había desgarrado el cuello. Se presionó la mano sobre el punto que le ardía en la garganta. Estaba muerto. Felix le había matado y nunca volvería. Ni a por Alec... ni a por ella. ¿Así que por qué le palpitaba la garganta en el punto exacto donde el vampiro la había desgarrado?
Heidi sacudió la cabeza para aclararse la mente. Era Navidad e iban a tener una preciosa Navidad blanca y Alec estaba emocionado por estar en las Montañas de los Cárpatos. Había conocido a tantos de los hombres online que no podía esperar a verlos en persona. No iba a arruinárselo a todos a causa de unas estúpidas pesadillas.
Decidida, alejó los recuerdos demasiado vívidos y empezó a recorrer el débil sendero que conducía a la casa del príncipe. Conocía el camino, lo había visto cientos de veces en la cabeza de Felix y tenía recuerdos de cada paso. Él había querido que se sintiera cómoda en su tierra natal y había compartido con ella cada recuerdo, proporcionándole un mapa virtual para que pudiera moverse por ahí con facilidad.
El viento le tocó la cara con dedos gentiles, los copos de nieve recubrieron su pelo. Debería hacerse puesto la capucha, pero se sentía libre, excitada por estar paseando en la noche rodeada por la espesa extensión del bosque, respirando el aire fresco y crispado, la paz se estableció en ella al fin.
Leah estaba esperando impacientemente en el porche.
—Creo que es ridículo que Garrett y Peter no quieran que vaya por mí misma —dijo—. Me las arreglé para llegar aquí por mis propios medios, antes de que nadie notara que me había ido. Nadie hace que Tiago espere una escolta —Se envolvió la bufanda alrededor del cuello y tiró los extremos sobre sus hombros con un pequeño resoplido dramático—. No estoy dispuesta a tener a alguien diciéndome lo que tengo que hacer todo el tiempo. Garrett y Peter son de lo peor.
Heidi frunció el ceño.
—Tiago contactó contigo y se burló de ti por esto, ¿verdad?
—Me llamó bebé. Llegué hasta aquí por mí misma e indudablemente puedo volver por mí misma —Se pasó una mano por los ojos.
—Tiago puede ser de lo más molesto, ¿verdad? Creo que debería ser para ti una prioridad el pedirle que te muestre como se convierte en lechuza.
Leah evaluó a Heidi con una mirada súbitamente pensativa.
—¿De veras? ¿Crees que lo encontraré divertido?
Heidi asintió.
—Creo que te alegrará el día.
Una lenta sonrisa iluminó la cara de Leah.
—Gracias por el consejo. Isabella dice hola. Creo que su pavo en salsa no está saliendo como ella quería.
—Tampoco mi puré de patatas. En este momento, el príncipe lo lleva encima.
Leah se detuvo bruscamente y parpadeó hacia Heidi.
—¿Lo lleva encima? ¿Las patatas? ¿Se las tiraste? —Una lenta sonrisa transformó su cara—. Desearía haber estado allí.
—Yo desearía no haber estado. Alec corrió hacia mí asustado y me di la vuelta, olvidando que tenía una batidora de alta velocidad en la mano, una batidora que Alec y Tiago habían acelerado para mí. Las patatas salpicaron todas sobre Edward.
Encontró la mirada de Leah y ambas estallaron en carcajadas. El sonido fue a la deriva por el bosque, alzándose para encontrar a los copos de nieve flotantes. En alguna parte una lechuza ululó, el sonido resultó solitario. Un lobo respondió, el aullido duró mucho tiempo y se apagó, casi como si estuviera llamando a una manada largo tiempo desaparecida.
—Heidi —dijo Leah, y bruscamente se quedó en silencio.
Algo en su voz captó inmediatamente la atención de Heidi.
—¿Qué pasa?
Leah se encogió de hombros, intentando parecer casual.
—Una pregunta estúpida en realidad. ¿Alguna vez has oído a la tierra gritar?
—¿Gritar? ¿A la tierra? —repitió Heidi.
—Sé que suena alocado. No debería haber dicho nada, pero a veces... —no iba a admitir que con frecuencia desde que estaba en las Montañas de los Cárpatos—. oigo gritar.
Heidi sacudió la cabeza.
—Nunca he experimentado eso. ¿Has hablado con Kate de ello?
Leah se encogió de hombros.
—Probablemente sea una tontería. Me pasa bastante este tipo de cosas, una reminiscencia de la infancia.
El lobo aulló de nuevo, y esta vez otro le respondió. Sonaba como un desafío. Heidi miró al interior oscurecido del bosque, un pequeño estremecimiento recorrió su espina dorsal. Empezó a caminar más rápido.
—Jugué a tu nuevo videojuego —dijo Leah—. Fue asombroso. Alec, Tiago y yo jugamos online ya tarde por la noche. Algunos de los hombres se unen también. Soy tan rápida como Tiago. Garrett cree que es porque él y Kate me dieron su sangre, pero yo creo que es porque puedo enfocar muy bien. Tengo la capacidad de internarme en mi mente y es así como juego. Alec me dijo que estás trabajando en algo especial para nosotros. ¿Está terminado ya?
Heidi se presionó una mano sobre la ardiente garganta. La herida inexistente latía como si todavía estuviera fresca y el frío pudiera afectarle.
—Casi. Esperaba dárselo a Alec por Navidad, pero quise perfeccionarlo un poco más. Los gráficos son casi demasiado reales. Creo que puedo bajar un poco el tono. ¿Juegas con otros cárpatos por Internet? —Ella sabía que Alec quería hacerlo, pero no le permitía contactar con nadie en Internet aparte de con los cárpatos que Felix conocía.
—Tiago lo hace. Juega a un montón de juegos con gente de todo el mundo. Tiene un ranking realmente bueno. Es realmente bueno con los ordenadores también. Puede hackear cualquier cosa... al menos dice que puede. Una vez hackeó un sitio ruso que jura era una central de mensajes para un grupo de asesinos a sueldo.
Heidi frunció el ceño.
—¿Le está contando esas historias a Alec?
—Probablemente. En realidad, Alec le admira porque es muy bueno con los videojuegos.
—Genial. Eso es culpa mía.
Las hojas susurraban y las ramas se golpeaban con un crujido amortiguado. El sonido envió un estremecimiento por la espina dorsal de Heidi. El sendero a la casa donde Garrett y Kate era poco utilizado y mucho más crecido que el sendero que conducía a la casa del príncipe. Heidi intentaba vigilar el bosque, pero había rocas y grandes arbustos silvestres que hacían el terreno irregular y traicionero. Si Leah no hubiera estado con ella, habría emprendido el vuelo y vuelto a casa.
—Tiago se va a meter en problemas. A los hackers se les puede rastrear.
—Se lo dije —Leah pisó deliberadamente varios charquitos haciendo que el fino hielo quedara aplastado bajo su pie y se extendieran venas hacia el espacio de tierra cubierto de nieve. Por añadidura saltó sobre el siguiente salpicando hielo y tierra sobre la nieve—. Cree que porque es cárpato es invencible.
—Bueno, no lo es. —Heidi intentó no mirar al barro salpicado sobre la nieve prístina. Se parecía demasiado a un largo brazo sombrío extendido hacia ella... buscado víctimas... como en sus pesadillas. Tomó un profundo aliento, intentando aplastar el creciente miedo que ya le era familiar. Un movimiento captó su atención y miró una vez más hacia el bosque. Estaba segura de que había visto un gran lobo avanzando paralelamente a ellas.
—¿Qué pasa? —preguntó Leah. Se había quedado súbitamente en silencio también, su mirada recorrió el bosque como si también hubiera presentido al enemigo.
—No sé, cariño, pero toma mi mano.
Leah tragó con fuerza, mirando fijamente a la mano enguantada.
—Lo siento. No puedo. Nunca toco a la gente. Siento todo lo que ellos están sintiendo y me sobrecargo.
Heidi dejó caer el brazo a su costado.
—Soy yo quien lo siente. No parezcas tan afligida. Debería haberlo recordado. Solo quédate cerca de mí. ¿Garrett o Kate han volado contigo alguna vez?
—Por supuesto. Eso no me da miedo. Me gusta volar. ¿Has visto algo?
—No estoy segura, pero si no hice, quiero poder lanzarme al aire rápido.
Leah echó una cuidadosa mirada alrededor.
—Yo no veo nada.
—Ni yo... ahora —Felix. Estoy un poco nerviosa. Creo que he visto... a un lobo, pero no lo sé seguro. Estoy escoltando a Leah pero reúnete conmigo con la casa de Garrett. No quiero volver a casa sola.
Allí estaré. La voz de Felix fue cálida y tranquilizadora. No te arriesgues, Heidi. Garrett o Peter irán a encontrarse contigo.
No los conozco. Envió sus sentidos preternaturales a la zona que la rodeaba, intentando descubrir cualquier cosa que pudiera ser el olor de un enemigo. Los lobos eran abundantes en el bosque, pero se mantenían lejos de los cárpatos. Muchos de los hombres tenían preferencia por cambiar a lobos. Ver a uno de ellos no debería ser suficiente para disparar su sistema de alarma, pero este le estaba chillando.
—Desafiamos a los hombres a un juego de bolas de bolas de pintura —dijo Leah, continuando avanzando hacia la cabaña—. Fue idea de Tiago y debería ser divertido, pero Alec y yo no podemos cambiar de forma y tampoco los otros niños. Le dije a Kate que necesitamos reglas. Como no cambiar y no comunicarse entre los hombres, de otro modo, tendrán demasiada ventaja, ¿no crees?
Las hojas susurraron de nuevo, solo un murmullo. Una rama se rompió. Heidi giró la cabeza hacia el sonido.
—No hay viento. Algo o alguien se estaba moviendo entre los árboles justo a nuestra izquierda, Leah. Creo que deberíamos alzar el vuelo. Creo haber captado de nuevo un vistazo de un lobo entre los árboles. Era bastante grande, y se movía a nuestro paso, pero puede haber sido mi imaginación.
—Bueno, entonces las dos nos estamos imaginando lo mismo —dijo Leah, acercándose más a Heidi—. Algunas veces puedo sentir las cosas que están cerca. Déjame solo...
—¡No! —dijo Heidi agudamente—. No tienes forma de saber si es un amigo... o un monstruo. Si abres tu mente, podrías conducirle directamente hasta ti. He llamado a Felix y él ha enviado a Garrett también. —Hablaba mientras Leah pisaba otro charco cubierto de hielo. El crujido fue fuerte a pesar de los copos de nieve y el agua fangosa salpicó en un largo chorro.
Una sombra cayó sobre la nieve, una mancha oscura que a Heidi le resultó demasiado familiar. Un brazo buscando... extendiéndose obscenamente... creciendo como si fuera de goma. Insustancial... solo sombras... pero podía verlo avanzar hacia Leah, reptando sobre las rocas y a través de la zona de arbustos como una serpiente. Si no hubiera estado nevando nunca lo había visto, pero con el trasfondo blanco, los dedos de la mano parecían huesudos y nudosos, una mano vieja con garras en vez de uñas.
Para su horror, el agua sucia del charco se movió también, circundado un árbol alto como un oscuro nudo corredizo, cortando el tronco como si fuera un hacha.
—¡Leah! —Heidi saltó hacia adelante, aunque Leah saltó instintivamente hacia atrás. El árbol se astilló y crujió, la tierra se movió bajo ellas. Heidi podría haberse disuelto en vapor, pero se negaba a dejar a la adolescente expuesta. Se lanzó hacia la chica, con intención de utilizar su velocidad para llevarlas a ambas a la seguridad, pero la tierra se abrió, apartando a Leah de su mano. Lo mejor que pudo hacer fue empujar a Leah tan lejos de ella como fue posible, esperando evitar que fuera aplastada por el árbol que se caía.
Aunque el árbol gimió y se astilló y la tierra se movió, hubo un terrible sonido cuando el árbol se partió por la mitad, dejando caer la copa y dirigiendo las grandes y pesadas ramas directamente hacia ellas.
Heidi sintió el golpe en su cabeza, la rama la golpeó y la barrió con una fuerza alarmante. Por un momento creyó oír voces murmurando bastante cerca en un idioma extranjero, pero no pudo captar lo que decían. Intentó girar la cabeza, para ver donde estaba Leah, pero el movimiento provocó dolor, una neblina de estrellas que se desvanecieron y dejaron un negro y tremendo vacío.
—¿Heidi? —Leah intentó valientemente controlar el temblor de su voz. ¡Garrett! ¡Kate! Llamó a su familia, con un grito destrozado que recorrió la noche. Estamos llegando. Estaba atrapada bajo una pesada rama, sus piernas estaban atrapadas, una dolía tanto que tenía que luchar contra las náuseas.
Cariño. Ya vamos. Aguanta. Ese era Garrett, su voz era fuerte y vibrante, una roca en la que apoyarse.
Estás herida. El tono de Kate era amable y consolador. Dime como de grave es.
Estaban intentando tranquilizarla, distraerla, pero Leah sentía un hambre rodeándola, presionando hacia ella con una presencia sofocante. Su pierna estaba sangrando, derramando sangre roja sobre la nieve. Cuando se movió los huesos se rozaron con un dolor execrable, irradiando a través de su cuerpo entero hasta que rompió a sudar.
Algo se movió entre los arbustos bastante cerca de ella. No podía girarse para ver qué se acercaba a rastras. Un aliento caliente explotó en su nuca y gritó, intentando ponerse fuera de su alcance. Un pelaje rozó su cara cuando un lobo enorme se abrió paso a través del laberinto de ramas para inspeccionar su herida.
Leah se quedó congelada, contuvo el aliento cuando el animal se giró para mirarla. Los ojos eran de un brillante azul helado, centelleando en medio del espeso pelaje negro.
—Te conozco —susurró en voz alta, con el corazón en la garganta—. Te he visto antes, ¿verdad?
El lobo cambió. El cuerpo peludo y pesadamente musculado dio paso a un hombre alto y de amplios hombros con brillante pelo negro cayendo por su espalda. Su cara era severamente sensual, una escultura de piedra con líneas profundamente talladas, una fuerte mandíbula y una boca masculina. Sus ojos eran tan azules que parecían arder sobre ella.
—¿Por qué te dejaron salir sola? —preguntó—. Fue estúpido por su parte. Si no te protegen mejor, ya no te permitiré quedarte con ellos.
Mientras hablaba, su mirada sostenía la de ella, pero Leah podía ver que se había separado de su cuerpo, convirtiéndose en un fuerte espíritu dominante. Sintió su presencia en el instante en que entró en su cuerpo. Quiso gritar, lugar, evadir su espíritu. Él se movió a través de ella con velocidad y propósito, reparando el daño en su arteria, el hueso y finalmente en la carne. Todo el rato ella compartió su mente. Conocía sus recuerdos, su implacable resolución.
Cayo. El incansable cazador del vampiro. Protector de los lobos y compañero... de Leah.
—¡No! —Sacudió la cabeza vigorosamente en negación. No sería la compañera de nadie, y menos de este hombre con sus ardientes ojos y su naturaleza dominante. No podía concebir el estar con un hombre tan duro, tan completamente seguro de sí mismo. Las emociones se vertieron sobre ella, colores vívidos y brillantes, tan brillantes que temió que se quedaría ciega... o quizás era el miedo de él, sus colores, sus emociones. No podía separarse de él, como si al entrar en su cuerpo para sanarla, él se hubiera envuelto a su alrededor, enterrándose profundamente hasta encontrar su alma.
La mente de él se abrió a la suya, compartiendo cientos de años de tratar con la muerte sin remordimientos. Actuaba veloz y violentamente... con absoluta resolución. Si esas muertes eran parte de su dolorosa soledad y terrible pena, ella no podía decirlo. Este no era un hombre en cuyo camino uno se interpusiera. Perseguía a sus enemigos con tenacidad y persistencia cruel. La violencia era su mundo y ella nunca... nunca... volvería a esa clase de vida. No sobreviviría. Junto a eso, justo rozando su mente y encontrando la oscuridad, estaba el demonio enroscado a la espera... y dispuesto... para golpear, era tan aterrador que deseo retroceder al lugar seguro de su interior adonde nadie más podía ir.
—No lo harás —Él estableció un decreto, saliendo de su cuerpo y volviendo al propio—. Necesitas sangre.
Ella sacudió la cabeza.
—Garrett y Kate me la darán.
Él giró sus helados ojos azules hacia ella, su mirada era tan fría que le quemó la piel. Leah se estremeció, incapaz de apartar la mirada de él, muy asustada... de qué... no estaba segura. De que este hombre cambiara su vida para siempre. De que la consumiera, de que se la tragara entera. De que fuera rudo e inquebrantable, un hombre sin compromiso. Leah había luchado duro por pertenecer a algún sitio, por volver a la vida cuando se había retraído tan lejos. Cayo no era malvado, no como su padre, pero era un hombre de violentas y fuertes emociones y pasiones, aunque capaz de apagarlas y no sentir nada en absoluto.
Se echó atrás alejándose de él cuando él se extendió buscando su mente. Leah sintió la presión firme e implacable e intentó construir una pared, gruesa y hecha de acero, impenetrable, pero él estaba demasiado concentrado y era demasiado fuerte. Leah alzó los brazos defensivamente cuando se estiró para acercarla a él, un pequeño sonido de miedo se le escapó antes de sucumbir a su control.
Cayo la arrastró entre sus brazos, permitiendo que la presión estallara a través de él, consuelo... incluso paz. En cientos de años nunca había esperado encontrarla. La necesidad le había hecho frío... brutal incluso, pero la calidez del cuerpo de ella, el sonido de su voz, la suavidad de su piel traía esperanza cuando ya no había ninguna. Apenas podía ver con los colores tan brillantes... apenas podía pensar con las emociones que no había experimentado en siglos.
Desnudó su pecho y susurró una orden. Su sangre reemplazaría la que se había perdido y ayudaría a una rápida curación. Sentía a los demás acercándose rápidamente, pero cerró los ojos y se entregó al éxtasis de la boca de ella moviéndose sobre su piel, tomando lo que le ofrecía, forjando un vínculo incluso más fuerte entre ellos. Ya que tenía tan poco tiempo, inclinó la cabeza hacia su cuello y tomó lo que era suyo por derecho... no lo suficiente para convertir... solo lo necesario para encontrarla siempre, para ser capaz siempre de alcanzar su mente.
Levantó la cabeza y miró a los ojos de Garrett Whitlock. Leyenda. Rápido y despiadado asesino.
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Han pasado ochocientos años jajaja aquí les dejo este bien lindo cap n.n no olviden pasar a mi grupo de facebook 'Twilight Over The Moon'.
¡Nos leemos pronto!
