No poseo los derechos de autor. Los personajes pertenecen a la asombrosa Stephenie Meye y la historia es de la genial Christine Feehan. Yo solo me divierto un poco. Leer la nota al final.

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Edward fluyó a través del bosque... un rastro de vapor blanco camuflado por la nieve... que permanecía alto entre los árboles mientras rastreaba al lobo que saltaba en el suelo bajo él. Edward podía que, a pesar de tomar la forma de lobo, Cayo tenía problemas. El lobo se detenía de vez en cuando, tambaleándose de dolor, el espeso pelaje, normalmente brillante y espeso, estaba apagado y húmedo por el sudor. A pesar de la forma animal, oleadas de pena emanaban del hombre, y para horror de Edward, pequeñas gotas de sangre quedaban atrás en las huellas de patas sobre la nieve blanca y pura.

Edward descendió a través de la canopia para caer más gentilmente con el sentido de los copos de nieve mientras se aproximaba al hombre de los cárpatos cautelosamente. Cayo había soportado un infierno en los bosques de Rusia con sus amados lobos. Perseguido por vampiros y mortales por igual, asediado por bandidos y gente supersticiosa, había enfrentado siglos interminables de proteger a humanos y lobos solo, sin el consuelo de su país natal... la tierra... o su gente.

El lobo dejó de correr y se detuvo con los costados befando, la cabeza colgando y lágrimas rojo sangre goteando sobre la nieve. De repente echó la cabeza hacia atrás y aulló su interminable pena a los cielos y a cualquier deidad que pudiera oírle. Cuando las notas tristes se desvanecieron en la noche, reasumió su propia forma, el lobo desapareció para revelar al hombre. Cayo se cubrió la cara mientras se sentaba sobre una roca.

—Estás sintiendo su dolor —dijo Edward suavemente—. Es a la vez un milagro y una maldición para ti.

Cayo se levantó de un salto, girándose para enfrentar al príncipe, con los colmillos expuestos en un gruñido y los ojos brillando con el resplandor rojo de una llama. Se quedó de pie en la postura de un guerrero, con las manos alzadas, el aire que los rodeaba se cargó de electricidad... de peligro.

—No tenía ni idea de que no estaba solo —dijo Cayo—. No habría mostrado tanta emoción.

—Permíteme convocar a Jasper —ofreció Edward—. Podría ayudar a aliviar este sufrimiento.

—Nadie la alivió a ella —gruñó Cayo—. Yo sabía cuando posaban sus asquerosas manos sobre ella y sabía cuando le hacían daño, y la golpeaban y la cortaban. Incluso sabía cuando la quemaban, pero nunca lo sentí. Ni el dolor, ni la rabia, ni su desesperación. Cuando la toqué, cuando la arrastré a mis brazos y fundí mi espíritu con el de ella, allí estaba, tras las paredes que Kate y Garrett construyeron para distanciarla de ello, pero allí estaba y esta vez... que Dios me ayude, Edward... esta vez lo sentí todo. Cada agonía, cada humillación, cada depravación. La rabia y la culpa y la oí suplicar... rogar... que alguien la salvara. ¿Y dónde estaba yo?

—Estabas cumpliendo con tu deber, Cayo, como todos nosotros. Leah es fuerte y se hace más fuerte cada día. No voy a fingir entender por qué algunos hombres abusan brutalmente de mujeres y niños, nunca comprenderé algo semejante, pero sé que es común. Ahora está a salvo, y feliz. Garrett y Kate se ocupan de su educación, y finalmente la introducirán completamente en nuestro mundo.

Cayo se pasó la mano por la cara.

—Cuando la vi, parecía un ángel, Edward. Nunca supe qué querían decir cuando oía la descripción, pero había pureza allí y bondad. La necesito. La oscuridad se cierra sobre mí y dudo de mi capacidad para hacer lo más honorable.

—Todos tenemos momentos de debilidad, Cayo. Leah es tu compañera y como tal, debes hacer lo mejor para ella. Sobrevivir y aguantar hasta al momento en que sea capaz de venir a ti. Trabaja con Garrett y Kate, no contra ellos. Raptarla o unirla a ti al final solo os hará daño a ambos, y creo que lo sabes. Al menos tienes esperanzas cuando tantos otros no tienen nada.

—¿Esperanzas? ¿Cuándo es una niña y debo volver al vacío de mi existencia? ¿Cuándo sé que si me quedo la reclamaré? ¿Cuándo puedo sentir cada brutalidad que se le ha infringido y soy incapaz de borrarlo? —Cayo se hundió una vez más sobre la roca y sacudió la cabeza—. Estoy perdido, Edward.

Edward se agachó a su lado.

—No puedes perderte. Ella debe vivir con lo que le ocurrió y como su compañero, también debes hacerlo tú.

—¿Avergonzado por toda la eternidad por no haber podido protegerla?

—Estás sintiendo rabia... rabia impotente... por ti, no por ella. Deberías olvidar la venganza, renunciar a la justicia, pero siendo la carga y las cicatrices la única secuela de esos terribles crímenes, rabias a los cielos por tu incapacidad para protegerla. Era una niña y tú estabas a miles de kilómetros de distancia. No sabías de su existencia. Eres un cazador del vampiro y conoces el deber y el honor. Compórtate de forma honorable. Cortéjala como se merece. Permítele sanar con Kate y Garrett para que vaya a ti completa y por su propia voluntad. Ese es el presente que puedes ofrecerte... y es mucho más de lo que la mayoría de nosotros hemos dado a nuestras compañeras.

Cayo tomó un profundo aliento.

—Solía mirar las estrellas cada noche e imaginar que ella estaba en alguna parte del mundo mirando las mismas estrellas. Intentaba imaginarla, construir una imagen en mi cabeza, pero era demasiado elusiva. Y entonces la vi con su piel suave y sus hermosos ojos y supe que nunca podría haberla invocado, por muy vívida que fuera mi imaginación.

—¿Permitirás que Jasper te ayude? —repitió Edward.

Cayo se pasó ambas manos por el pelo oscuro y empapado de sudor.

—Tengo que superar esto por mí mismo, Edward. Hasta ahora he estado solo nueve siglos y es difícil para mí interactuar con nadie... ni siquiera como mi propia gente. He pasado mucho tiempo en forma de lobo, corriendo libre con mi manada.

—Hay peligro en eso... aceptar la forma de vida salvaje.

Cayo asintió.

—Si la carga hubiera sido demasiado, habría buscado al Oscuro. No puedo soportar estar lejos de ella mientras estoy aquí.

—No provoques a Garrett.

—Él no debería provocarme a mí. Ya no soy el chico tímido que él cree que soy. Ese chico hace mucho que abandonó este mundo —Cayo extendió las manos y cerró los dedos en dos puños apretados—. Soy un asesino y estoy maldito para siempre. Ella vio eso en mí, sabes. Sintió la oscuridad y se retiró.

—Eres un cazador. Uno de los mejores que tengo —corrigió Edward—. Nunca pienses ninguna otra cosa. Leah es ahora tu responsabilidad y está atada a tu destino. No puedes buscar el amanecer ni puedes abrazar el mal. Debes aguantar hasta que sea suficientemente mayor... y lo bastante fuerte como para aceptar tu reclamo. —Se enderezó y levantó la mirada al cielo—. Voy a ver a Dimitri Cudmore. Era uno de tus amigos de la niñez. ¿Quizás te gustaría acompañarme? —Sus dientes brillaron, pero la sonrisa no alcanzó sus ojos. Podía sentir pena por Cayo e intentar ayudarle, pero nunca olvidaría que Cayo era un peligro y siempre lo sería hasta que se uniera a su compañera—. Creo que él, de entre todos los cárpatos, será el que más disfrute sabiendo que tengo intención de que Jasper se ponga el ridículo traje rojo de Santa Claus.

—A Dimitri siempre le encantó una buena broma —admitió Cayo— pero le visitaré después, cuando esté más controlado. ¿No es su compañera pariente de Jasper?

Edward asintió.

—Chelsea es la hermana menor de Jasper. Tiene mucho talento.

—¿Has conocido al hombre que los mantuvo a todos vivos cuando pensábamos que los habíamos perdido? —preguntó Cayo—. Debe ser un cárpato poderoso.

Edward asintió.

—Ah, Alistair. Elusivo. Callado. Dice lo que piensa. Pocos pensarían en cruzarse en su camino. Se parece mucho a sus hermanos. Confiado en sus habilidades y poderes. Es interesante ver juntos a los hermanos Whitlock. No hay competencia por el liderazgo. Cada uno es su propio jefe, pero se compenetran bien con los demás. Es un fuerte linaje.

—He oído que Jacob de los Buscadores de Dragones ha vuelto.

—Estaba gravemente herido tras nuestra última batalla con los vampiros y el mago, Charlie. Jacob todavía descansa bajo tierra. A Kate y Jasper les gustaría mucho celebrar una sesión de sanación con él antes de que ella se marche a Paris.

Cayo se puso en pie, cuadrando los hombros.

—Dile a Dimitri que le veré luego, en la fiesta. Patrullaré el bosque e intentaré captar la esencia de nuestros enemigos. Los lobos pueden tener información para mí.

—Ten mucho cuidado, Cayo. Siguieron el rastro de energía de vuelta hasta Leah, pero si la sangre los llama, recuerda que tú también llevas la fragancia de ella como ella la tuya. También puedes estar marcado.

La boca de Cayo se endureció en una línea cruel.

—Daré la bienvenida a la oportunidad de conocerles. No me encontrarán un objetivo tan fácil como Leah.

Antes de que Edward pudiera responder, Cayo se giró y se alejó corriendo, cambiando a la carrera, pasando a cuatro patas sin perder el paso, el movimiento fue tan grácil y fluido que Edward supo que nadie podía igualarle. La onda de poder quitó el aliento, y Edward miró el punto donde Cayo había cambiado sobre la nieve, en un momento hombre, al siguiente lobo. La admiración le golpeó como pasaba con frecuencia, pero como siempre, esa maravilla desapareció bajo la inevitable carga de la responsabilidad.

Mi amor. Estás preocupado. Isabella tocó su mente. Al momento una ráfaga de amor llenó su mente proporcionándole consuelo.

No es nada. Voy a ver a Dimitri y Chelsea. ¿Querrías unirte a nosotros?

No puedo. No me gusta el aspecto de esta salsa. Esta... grumosa.

Edward se encontró sonriendo ante el malestar de su voz.

Si esa cosa no se comportaba Isabella iba a lanzarla fuera y a utilizarla como blanco en prácticas de tiro. La mujer no tenía mucha paciencia y aparentemente lo de cocinar no estaba yendo muy bien.

No encuentro tu diversión útil en lo más mínimo.

¿Diversión? Edward alzó el vuelo, su cuerpo cambió a la forma de una lechuza. Planeó sobre el bosque hacia la casa donde Dimitri se estaba hospedando. Estoy seguro de no sentirme en lo más mínimo divertido por tus amenazas murmuradas a la salsa humana que no vas a consumir tú misma.

Su hizo un silencio que duró en latido de corazón. La alarma se extendió a través de él. ¿Isabella? No vas a intentar consumir comida humana, ¿verdad?

Estoy considerando si eso ayudaría o no a la ilusión de que somos humanos. Algunos de los habitantes del puedo estarán allí al igual que un invitado o dos.

Edward inhaló agudamente, sus alas batían ferozmente mientras se sumergía entre los árboles, con copos de nieve sobre las plumas. Vas demasiado lejos con estos estúpidos miedos tuyos, mujer.

Como represalia la diversión de ella le bañó, proporcionando un flujo de calidez. Solo Isabella se burlaba de él así... inesperadamente... amorosamente... en medio de la furia del príncipe de los cárpatos. Le envió la impresión de colmillos desnudos, pero eso no la intimidó mucho. Solo rió y volvió a su salsa grumosa.

Bajo él, Edward divisó a Dimitri Cudmore corriendo por la nieve, con su largo pelo rubio como el de su hermano Felix, flotando tras él, llevaba algo bajo el brazo, mientras una mujer le perseguía y otro hombre levantaba la mano, gritando. Dimitri lanzó el objeto al aire y el hombre lo cogió, ondeándolo triunfante sobre la cabeza. Edward aterrizó sobre el pasamanos de la casa de Dimitri y cambió a su forma normal.

—No tiene gracia, Dimitri —gritó la mujer con un pequeño resoplido de desdén—. Eso es para la cena de medianoche—. Fulminó con la mirada al otro hombre—. Michael, dame eso ahora mismo.

—Nadie podría comérselo, corazón. —Dimitri la rodeó, cuidando de mantenerse fuera de su alcance—. Amenos que planeen utilizarlo como cuero para zapatos.

Michael lanzó una sonrisa.

—Podríamos empezar una moda con esta cosa, Chelsea. Tú haces el asado y nosotros hacemos las suelas de los zapatos y después de caminar con ellos un rato y probarlo ya no tendrán nunca hambre.

—¡Eeewww! Eso es simplemente asqueroso, Michael. Has estado alrededor de Dimitri demasiado tiempo.

—En serio, cariño, es mucho mejor utilizarlo de pelota.

—No me vengas con corazón y, Dimitri —protestó Chelsea—. No puedo dejar que la gente se coma ese asado después de que lo hayas estado tirando por ahí. —Fulminó con la mirada a los dos hombres, con las manos en las caderas.

—Venga, un pase —dirigió Michael a Dimitri.

Dimitri echó a correr y Michael lanzó el asado alto en el aire. Dimitri saltó y lo cogió, empujándolo contra su pecho. Antes de que pudiera aterrizar, Chelsea empezó a cantar y las notas danzaron plateadas en el aire alrededor de Dimitri, atrapándolo en una red. Rebotó como si estuviera sobre un trampolín y cayó a tierra, aterrizando con fuerza en una postura nada elegante.

Michael se dobló de risa, pero indemne, Dimitri alzó el asado seco sobre la cabeza en señal de triunfo.

—¡Touchdown!

Chelsea cantó unas pocas notas más. Las notas plateadas y doradas danzaron engarzándose para formar un nudo corredizo que se deslizó sobre la cabeza de Dimitri. El aliento de Edward se quedó atascado en su garganta. En la oscuridad, con la nieve cayendo, las notas musicales eran hermosas, brillaban y relucían con vida y energía. Todo el tiempo la voz de Chelsea pulsaba a través de su cuerpo, haciendo que su corazón y su mente brillaran con calidez, felicidad y, por encima de todo, con el amor que sentía por su compañero.

Chelsea giró la cabeza de repente y sonrió a Edward. Era hermosa, abrumadora incluso, su voz se desvaneció en la noche, una parte de la naturaleza misma.

—Supongo que no debería estrangular a mi compañero delante del príncipe, ¿verdad? —preguntó. No había vergüenza en su voz, solo risa y bienvenida.

Chelsea es una auténtica Whitlock. Exuda confianza. Compartió con Isabella la imagen de la mujer de los cárpatos con su pelo flotando, sus suaves rasgos y su voz musical y las danzantes notas plateadas y doradas lanzando un nudo corredizo alrededor del cuello de su compañero.

Y es hermosa.

No había filo en el tono de Isabella, pero Edward le sonrió a través de su vínculo telepático. Quizás deberías venir y unirte a mí y dejar esa salsa a los insectos... aunque envenenar a cualquier criatura nunca es buena cosa.

Eres tan divertido, mi príncipe.

Edward hizo una mueca. Isabella nunca se refería a él como príncipe a menos que estuviera a punto de meterse en problemas. Sonrió a Chelsea.

—Siempre he querido estrangular a Dimitri.

—Como mi hermano, Alistair —dijo Chelsea, caminando hasta él, cada uno de sus movimientos era grácil.

Una lenta sonrisa suavizó la boca de Edward.

—Puedo imaginármelo bien si Alistair se parece en algo a Jasper. Dimitri solía hacer que Jasper se subiera por las paredes. Incluso de muchacho, Dimitri tenía poco miedo. Seguía su propio camino y se metía en más problemas de los que la mayoría de nuestros niños pudiera nunca concebir.

Dimitri pasó el brazo alrededor de la estrecha cintura de Chelsea.

—No le escuches. No era el chico malo de los cárpatos. Solo independiente... y por una buena razón. Tenía a un vampiro utilizándome como espía de nuestra gente. No podía estar siempre por en medio.

—¿Y desde entonces has destruido al vampiro? —preguntó Edward.

Dimitri asintió.

—Le había idealizado como si fura muy poderoso. Como niño, para mí, lo parecía, pero como la mayoría de los monstruos de nuestras vidas, una vez me convertí en adulto, resultó que no era tan poderoso como le recordaba. Mirando atrás, debería habérselo contado a un adulto y quizás ellos podrían haberle cazado y destruido, devolviéndome mi infancia, pero pensé que haría daño a nuestros cazadores.

Edward se encogió de hombros.

—Es fácil mirar atrás y decir que debíamos haber hecho, pero es porque después tenemos más información y, por supuesto, el conocimiento siempre cambia nuestras decisiones.

Dimitri lanzó una débil sonrisa.

—Habría deseado recuperar esos años con Felix. Él se lo ha tomado muy bien, pero sé que le hirió que estuviéramos separados.

Chelsea extendió la mano buscando la de él como oferta de consuelo.

—Ahora le vemos con tanta frecuencia cómo es posible, Dimitri —le recordó, y después apartó la mano para frotarse la palma contra el muslo—. Estás todo grasiento.

—El infame asado —dijo Dimitri, presentando el gran pedazo de carne reseco ante ella con una pequeña reverencia.

Edward cubrió su reacción con una pequeña tos, apartando la cara mientras Chelsea miraba a su compañero.

—Está todo manoseado, Dimitri, arruinaste mi asado. ¿Qué voy a hacer ahora? Tengo que aportar algo a la cena de esta noche.

—Pide ayuda a Cora —sugirió Michael—. Le dijo a Ben que cocinó mucho antes de que él la reclamara.

—No hay nada manoseado en ese asado —protestó Dimitri—. Se había convertido en cuero.

Chelsea le hizo una mueca y después al asado.

—Cosa asquerosa. Creo que le pediré a Cora que me ayude a hacer alguna otra cosa.

Michael extendió las manos.

—Tíralo, Chelsea, bien podemos terminar nuestro partido.

Edward sacudió la cabeza.

—Quería haceros saber que Heidi y la joven Leah tuvieron problemas hace unos minutos. Todos tenemos que estar alerta y proporcionar protección extra a nuestras mujeres y niños.

—Jessica estaba en la casa, creía que podría preparar algo para la fiesta. Creo que iré a mirar como está. Si me extiendo hacia ella, simplemente dice que está bien. —Michael esbozó un pequeño saludo e inmediatamente alzó el vuelo.

La sonrisa palideció en la cara de Dimitri. Se acercó más a Chelsea.

—¿Qué tipo de problemas? Felix no envió mensaje de que Heidi estuviera herida.

—Ahora está bien, pero ella y Leah sintieron la presencia de un flujo sutil de poder, realzando las emociones hasta el punto de la irracionalidad. Incluso Garrett se vio afectado, perdiendo los nervios con Cayo.

—Sabía que Cayo había llegado —dijo Dimitri—. Puedo sentir la oscuridad en él creciendo a cada hora. Está inestable y tenemos que encontrar una forma de mantenerle a salvo. Jasper me encargó una tarea que me hizo seguir adelante cuando yo ya pensaba en acabar con mi existencia, y quizás si se le diera una a Cayo... —Dimitri suspiró—. Está solo, matando con más frecuencia de la que debería un cazador, y eso le está destruyendo lentamente.

—Leah es su compañera —declaró Edward.

Chelsea jadeó.

—Oh, cielos, es solo un bebé. ¿Está seguro?

—Restauró colores y emociones.

—Eso no puede ser bueno —dijo Dimitri—. En el mejor de los casos puede ser difícil de manejar, y en esta situación cuando se ha abusado tanto de ella, él debe estar pasando un infierno. Debería ir con él —añadió— para ver qué puedo hacer. Chelsea tiene un poder asombroso con su voz. Eso podría ayudarle a pasar por esto.

—No puede unirla a él —protestó Chelsea, con la mano en la garganta—. Es muy, muy joven y por lo que dice Kate, demasiado frágil. Fueron necesarios los esfuerzos unidos de Garrett y Kate para distanciarla lo suficiente de su pasado como para permitirle funcionar con normalidad. ¿Sabéis que no tenía recuerdos de la infancia en su mente que pudieran sacar a la luz para ayudarla? Debe ser muy difícil para Cayo sentir de repente todas esas cosas. Por un tiempo, estará herido y en carne viva con las viejas cicatrices de ella.

—Es una situación muy peligrosa —estuvo de acuerdo Edward. Si Cayo se queda cerca de ella, continuará luchando con su necesidad de reclamarla. Si elige volver a Rusia, el peligro para ambos se incrementará. —Se frotó las sienes, sintiéndose de repente viejo. La carga de sus responsabilidades le pesaba mucho más en estos días oscuros.

En medio de la estación navideña, cuando debería haber sentido alegría y esperanza, se sentía cansado y al borde de la desesperación. ¿Cómo les salvaría? Dos o tres niños no eran suficiente. Incluso si Sea daba a luz una niña y el bebé sobrevivía, pasarían años antes de que un hombre pudiera ser salvado. Demasiado tiempo para esperar en la oscuridad. Demasiados hombres. Una o dos compañeras no iban a evitar la extinción de la especie, especialmente cuando sus enemigos se aliaban y se volvían más y más atrevidos en sus ataques.

—Tuvimos ventajas durante mucho tiempo —murmuró en voz alta—. Podíamos escanear y conocer los pensamientos de nuestros enemigos, pero ahora han encontrado una forma de bloquearnos. Podemos oler el hedor maligno del vampiro, sentir la presencia de una abominación semejante, pero ya no podremos confiar en que nuestros propios sentidos nos guíen. —Extendió los brazos—. Antes, nunca habrían venido persiguiéndonos hasta aquí, temían nuestro poder, pero ahora nos atacan casi a diario. Nuestros enemigos nos sobrepasan en número y cuanto más nos debilitamos nosotros... más se fortalecen ellos.

Chelsea miró fijamente a Dimitri. Los ojos ámbar de él parecieron brillar cuando se adelantó para poner su mano sobre el hombro del príncipe. Parecía más que nunca un guerrero, y no pudo evitar esa pequeña ráfaga de orgullo por él.

—Nosotros nos fortalecemos también, Edward. Bajo tu liderazgo, nos hemos unido cuando antes estábamos esparcidos y distantes. Has trabajado incansablemente para conseguir noticias de cada uno de nuestros antiguos, continuas buscando a cualquiera que esté perdido como Chelsea y los demás.

—Las mujeres son renuentes a quedarse embarazadas y dar a luz —señaló Edward, sacudiendo la cabeza— Sin niños, Dimitri, no importa nuestra longevidad, nuestra especie no sobrevivirá.

Chelsea le sonrió.

—Sobreviviremos, Edward. ¿Dónde está tu fe?

Se hizo un pequeño silencio. Las líneas duras de la cara del príncipe se suavizaron.

—Quizás esta celebración de Isabella es justo lo que necesito para restaurar mi fe, Chelsea. —Se frotó el puente de la nariz pensativamente—. Si Tiago resuelve ofrecernos su interpretación de cualquier villancico, por favor ofrécete voluntaria para cantar. Es posible que tus notas danzarinas puedan amordazar al chico.

—La reputación de Tiago le precede —dijo Chelsea con una risita—. Tengo entendido que es bastante difícil.

—Digamos simplemente que no envidio a Eleazar y Carmen el intentar vigilar al chico. Dicen que es bastante inteligente, pero no muy diligente cuando se trata de dominar nuestras prácticas. Creo que le han mimado demasiado y permitido mezclarse tanto con niños humanos que ha olvidado su deber para con su gente.

Dimitri lanzó a Chelsea una sonrisa secreta ante la severidad de la voz de Edward. Cuando niño, con frecuencia había oído el mismo filo en el tono de los hombres adultos.

—Se convertirá en un buen hombre. —Le tranquilizó Dimitri—. Quizás no en un cazador, pero necesitamos que nuestra sociedad vuelva a progresar una vez más. Necesitamos hombres que se ocupen de los negocios y las artes y especialmente las ciencias.

—No me cabe duda de que Tiago tendrá éxito en cualquier cosa que haga —dijo Edward secamente—. Pero el resto de nosotros puede no sobrevivir a su juventud.

—Creo recordar a Jasper diciendo lo mismo sobre mí... muchas veces. —Dimitri le sonrió, sus ojos extrañamente coloreados brillaban como el oro—. Ese hombre necesita sentido del humor. Ahora, soy su cuñado. El destino suele gastarnos pequeñas bromas.

Una lenta sonrisa de respuesta iluminó la cara de Edward.

—Debo confesar, Dimitri, que no habían pensado en eso en absoluto. Su cuñado. También es mi yerno y como su Viejo Padre, creo es el momento de que se ocupe de algunos deberes familiares. Estará perfecto en el papel de Santa Claus esta noche.

Las cejas de Dimitri se alzaron.

—Mi príncipe. —Se agachó en una reverencia—. Reconozco que eres el maestro en este juego que con frecuencia jugamos con el Oscuro.

Chelsea miró de un hombre a otro.

—No puedo imaginarte pidiéndole a Jasper que sea Santa, y si es Dimitri quien se lo endosa, mala cosa.

—Veo que te conoce bien, Dimitri —observó Edward.

Chelsea descansó la cabeza sobre el pecho de Dimitri.

—¿Fue el chico malo mientras crecía? Puedo imaginarme bien como debe haber sido.

Edward sacudió la cabeza.

—Independiente. Con una boca suelta. Le encantaba el conocimiento y tenía poco miedo. Pero no —frunció el ceño—. Había un joven unos pocos años mayor que Dimitri, al que Jasper tenía que vigilar todo el tiempo. Era mucho peor de lo que Tiago podría concebir. Siempre cuestionaba la autoridad.

—Le recuerdo —dijo Dimitri—. Era asombroso con las armas a pesar de lo joven que era. James Hunter. No he oído nada ni pensado en él en siglos. ¿Vendrá a la celebración? Era buen amigo de Cayo.

No había inflexión real en la voz de Dimitri, pero Edward captó una llamarada de cautela en los ojos del cazador. El hombre se movió sutil pero protectoramente hacia su compañera.

—En esto se han convertido nuestras vidas —murmuró Edward en voz alta—. No ponemos confiar en nuestros amigos, hombres que han dedicado sus vidas al honor, a salvar a cárpatos y humanos por igual. Tratamos a nuestros mejores cazadores con suspicacia.

—Es la forma en la que hemos vivido siempre —remarcó Dimitri.

Edward sacudió la cabeza.

—Hubo un tiempo, Dimitri, hace mucho, en el que solo la naturaleza nos equilibraba. Había armonía y paz en nuestro mundo y hacíamos celebraciones como estas con frecuencia.

—Y tenemos una esta noche —señaló Chelsea—. Una reunión con todos los cárpatos invitados a participar, celebrando y fortaleciendo nuestra amistad con cada uno de los demás al igual que con cada uno de nuestros amigos humanos. No hemos hecho algo así en siglos. Esto envía a nuestra gente el mensaje de que una vez más estamos unidos, y un mensaje a nuestros enemigos de que estamos fuertemente unidos, y continuaremos fortaleciéndonos. Es un principio, ¿no crees? Tú nos has proporcionado ese presente, Edward.

Una pequeña sonrisa jugueteó en la curva de la boca del príncipe.

—Isabella nos ha proporcionado este presente. Los cárpatos nunca antes han celebrado la Navidad, pero ella utiliza esta época del año como excusa para reunirnos a todos. Yo creía que estaba equivocada... pero veo que lo estaba yo.

—Tenemos la oportunidad de conocernos los unos a los otros —dijo Chelsea—. Mi familia, bueno, no los Whitlock o mi compañero Dimitri, quiero decir nuestra banda... los Trovadores Oscuros... se crió sin otros cárpatos, y esta es verdaderamente una oportunidad única. Ni siquiera acostumbramos a utilizar el mismo vínculo mental común como todos los demás cárpatos.

—Tu hermano, Alistair, tiene que ser un trabajador verdaderamente milagroso para mantener vivos a tantos niños cuando él mismo era apenas un bebé. Rosalie y Jasper quieren conocerle y discutir que hierbas y plantas utilizó para manteneros vivos.

Chelsea asintió.

—Los tres han estado reuniéndose en las primeras horas de la mañana desde que llegamos. Creo que solo se han tomado un respiro en la investigación ahora que Rosalie no se está sintiendo bien. Debe estar muy asustada por tener un bebé cuando nuestra mortalidad infantil es tan alta.

Lanzó un rápido vistazo a Dimitri, que intentó devolvérsela, pero ella se negó a encontrar su mirada. Dimitri extendió la mano para coger la de ella, llevándose la palma al corazón. Si decides no quedarte embarazada esta noche, que así sea, Chelsea, nunca te quitaría la elección.

Chelsea escondió la cara del príncipe. Se limpió las lágrimas frotando la mejilla contra el hombro de Dimitri. No sé si este año es especial o si está volviendo nuestra hora causando un salto en la fertilidad, pero muchas de las mujeres pueden quedarse embarazadas, aunque pocas desean intentarlo.

Chelsea, tendremos hijos cuando quieras que ocurra, y creo que ocurrirá, lo digo en serio. Se encogió de hombros y le envió una oleada de amor. Así será. Él no era hombre de rendirse.

Chelsea no quería arriesgarse a romperle el corazón por no cumplir con su tarea, ni decepcionar a su gente.

Chelsea le sonrió. Sabía que él nunca la empujaría y le amaba todavía más por su paciencia y fe en ella.

—Dimitri, te pido que te acerques a Cayo. Voy de camino a hablar con Alistair. Quiero saber más de cómo os mantuvo a todos con vida.

Dimitri asintió en acuerdo, y observó cómo Edward se volvía transparente y flotaba en dirección a la casa que Alistair había escogido para hospedarse. Dejó caer la mano de los hombros de Chelsea apartándole el pelo.

—Al fin solos.

Una lenta sonrisa burlona curvó la boca de ella.

—¿De veras? —Arqueó una ceja hacia él—. Puede que estemos solos, pero ya que has arruinado mi contribución a la cena de esta noche, tengo que cocinar. O mejor aún, deberías cocinar tú.

Los ojos dorados brillaron hacia ella.

—Lo que sea por complacerte —La arrastró a sus brazos, tirándosela sobre el hombro como si no pesara más que una pluma y corriendo hacia la casa.

—¡Dimitri! ¡Salvaje! —Se aferró a su cintura mientras él pasaba sobre la barandilla y abría la puerta de una patada—. Deja de comportarte como un cavernícola.

—Ha, ha, ha —Pasó la mano por su trasero que se retorcía mientras atravesaba a zancadas la casa hacia el dormitorio—. Por lo que recuerdo, técnicamente tú también eres una Cudmore.

Ella rió y le envolvió los brazos deliberadamente alrededor de la cintura, deslizando los dedos sobre el frontal de los vaqueros en una caricia. La acción le distrajo inmediatamente haciendo que casi tropezara, perdiendo sus largas zancadas. Chelsea aprovechó la oportunidad para disolverse, dejándole abrazando aire vacío mientras ella fluía a través de la casa, un cometa de centelleantes colores. Su suave risa jugueteaba con los sentidos de él, mientras sus dedos parecían acariciarle la cara y bajar por el pecho.

—Eso no estuvo bien, Chelsea —objetó Dimitri, siguiendo el prisma de colores a un paso más tranquilo—. y fue definitivamente injusto.

Atrás, pez gordo, le advirtió, intentando dar la impresión de un gruñido a pesar de que este se convirtió en risa. ¿Puedo yo evitar que seas tan susceptible a un pequeño roce accidental?

—¿Accidental? Yo no lo creo. —Alzó las manos y tejió un complicado patrón en el aire. El flujo de colores chocó con una red sólida, e inmediatamente la forma natural de Chelsea aterrizó en el suelo. Se sentó a sus pies riendo, mirándole sin inmutarse, con el pelo oscuro derramándose alrededor de ella y haciéndola más atractiva que nunca.

El corazón de Dimitri se apretó en su pecho. La sensación fue tan fuerte que se presionó la palma sobre el pecho dolorido, tomando un profundo aliento.

—Cada noche despierto pensando que no es posible amarte más, Chelsea. Y cada noche, cuando despiertas y me miras, mi amor por ti se ha fortalecido... tanto que a veces creo que no podré contenerlo.

La brillante risa se desvaneció cuando extendió la mano hacia él, permitiéndole tirar de ella para levantarla, empujarla al abrigo de sus brazos.

Le enmarcó la cara con las manos. Era alta, pero él era más alto, obligándola a levantar la vista para encontrar su ardiente mirada. Sus ojos habían pasado del ámbar al oro bruñido, el hambre que había en ellos le quitó el aliento.

—Tu eres mi amado, Dimitri, siempre mi amado.

—Te abrazo así, a salvo en mis brazos, con tu cuerpo encajando tan perfectamente con el mío —Giró la cabeza, avergonzado por la emoción que no podía nunca controlar a pesar de todos sus siglos de disciplina—. Y cantas para mí mientras nos tendemos juntos y no hay ninguna otra paz en el mundo como la que tú me das.

Ella tomó un profundo aliento, el amor la sacudió con su fuerza.

—¿Quieres un hijo, Dimitri? ¿Quieres intentarlo cuando sabemos que lo más probable es que nos espere el dolor? ¿Estás dispuesto a arriesgarte a que el mayor de los pesares... perder a nuestro hijo o hija... nos quite lo que tenemos? —Tenía que saber la verdad antes de tomar la decisión. Había una parte de ella que deseaba un hijo, un niño con brillante pelo rubio y ojos dorados... un niño que le gastaría bromas y se burlaría de ella, recordándole demasiado al hombre que era su otra mitad. Pero el precio era tan alto. Demasiado alto.

—¿Es eso lo que crees, Chelsea? ¿Que, si perdemos a nuestro hijo, perderemos lo que hay entre nosotros? —Sacudió la cabeza—. Nunca. Es imposible.

—Nuestro amor es tan fuerte, Dimitri, que las emociones son muy intensas, el pesar de perder a un hijo sería devastador —El nudo de su garganta amenazaba con estrangularla.

—Cualquier padre sabe que perder a un hijo es devastador —replicó él gentilmente—. La pena sería grande, sí, pero si me estás preguntando si el riesgo de ese pesar vale la pena por la oportunidad de tener un hijo o una hija con tus ojos y tu sonrisa... entonces tengo que decir que para mí valdría la pena. Pero la decisión es tuya. Tú eres suficiente para mi felicidad. Un niño sería un milagro, pero siempre sobreviviré mientras te tenga.

—No soy una cobarde, Dimitri —dijo Chelsea, sus dedos se enredaron entre el pelo de él. Descansó su cuerpo contra el de él, posando la cabeza sobre su corazón, escuchando su ritmo firme—. No dudo por ser una cobarde.

Él dejó una caricia a lo largo de su brillante pelo negro.

—Nunca, ni por un momento, podría pensar que eres una cobarde, cielo. Tendremos un hijo cuando estemos preparados, ni un segundo antes. He cumplido con mi deber para con mi gente... más de mil veces... y no tendré un hijo por deber. Nuestro hijo será concebido por amor y deseado más que por ningún otro por nosotros.

Su corazón igualó el ritmo del de él. La sangre se le calentó en las venas. Alzó la cara para presionar besos a lo largo de la columna de su cuerpo, mordisqueando gentilmente, jugueteando con la lengua sobre su piel.

—Bueno, entonces, ya que me encantaría tener un bebé, yo digo que adelante con ello. Intentémoslo, Dimitri, y disfrutaré de cada momento de la concepción y el embarazo y no dejaré que la preocupación nos domine. Nuestro hijo sería nuestro regalo de navidad del uno para el otro.

El cuerpo de él ya se movía, su sangre se caldeaba para igualar el fuego en la de ella.

—¿Estás segura, Chelsea?

Su boca tomó la de él, vertiendo amor junto con su dulce y adictivo sabor. Cada célula del cuerpo de él respondió. La alzó entre sus brazos sin romper el beso. La navidad realmente puede traer milagros.

La risa amada jugó con sus sentidos. No creas que eso te librará de ayudarme a que se me ocurra alguna otra casa que cocinar para la celebración de esta noche.

La celebración de esta noche está ocurriendo ahora mismo, le dijo él.

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Holi! Como pudieron leer algunas en mi grupo de Facebook (Twilight Over The Moon) tuve que editar los primeros cuatro capítulos de esta historia, pues son muchos personajes (casi todos los del universo de los carpatianos) y me hice bolas jaja así que volví a reestructurar la adaptación para que fuera más fácil n.n

Espero poder subirles el árbol genealógico de esta adaptación para que quede más en claro el rol de cada personaje.

No olviden pasarse por nuestro sensual grupo, ni olviden dejar un lindo comentario.

¡Nos leemor pronto!