No poseo los derechos de autor. Los personajes pertenecen a la asombrosa Stephenie Meyer y la historia es de la genial Christine Feehan. Yo solo me divierto un poco.

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La música llenaba los pequeños confines de la habitación, derramándose por los pasillos y vagando fuera de la casa. Carmen Salazar Denali giró la cabeza hacia el sonido. Dos pares de pisadas aproximándose. Olió el aire, distinguiendo fácilmente la fragancia familiar de Tiago y la desconocida de su acompañante. Mujer... joven... y muy alterada. Le llevó un segundo pasar por alto el miedo que irradiaba la chica para sentir la alarma igual de Tiago. Alzó los dedos de las teclas de marfil y se giró hacia ellos.

—¿Tiago? ¿Qué pasa?

Leah comprendió instantáneamente que Carmen no podía verlos realmente. Era casi impropio de un cárpato tener cualquier defecto físico. Intentó recordar lo que sabía de la tía de Tiago. Había sido una famosa pianista antes de que Eleazar la reclamara y convirtiera y había estado ciega la mayor parte de su vida. Leah se acercó más a ella en un intento de ponérselo más fácil.

—Soy Leah Whitlock, la hija de Kate y Garrett. —No hacía la declaración con frecuencia, pero le encantaba decirlo en voz alta.

—Encantada de conocerte, cara —dijo Carmen, su voz era tan musical como sus dedos—. Por favor contadme lo que os ha alterado.

—Un vampiro atacó a Leah —explotó Tiago.

Carmen extendió la mano hacia su ella. Instintivamente, antes de poner contenerse, Leah retrocedió.

—Estoy bien. Cayo lo mató.

—Y después la tocó. La lamió. —Había disgusto en la voz de Tiago—. A duras penas conseguimos salir vivos de allí. Tenía una manada de lobos con él y los lobos iban a matarnos.

¡Eleazar! Carmen convocó a su compañero inmediatamente.

—¿Tiago, alguno de vosotros está herido de algún modo? ¿Has llamado a Garrett?

—¡No! —protestó Leah—. Por favor, no lo hagas. Ninguno de nosotros está herido. La sangre del vampiro me salpicó las manos y me quemó a través de los guantes. Cayo estaba sanando las quemaduras cuando Tiago le vio. Tiago lo malinterpretó.

—No malinterpreté que me desnudara sus dientes, Leah —exclamó Tiago—. Tú no le viste. Había muerte en sus ojos cuando me miró.

—Me salvó la vida —declaró Leah.

—Tu corazón está palpitando muy rápido y alto —señaló Carmen—. Creo que estás mucho más asustada de lo que quieres admitir.

—Del vampiro —insistió Leah.

Un hombre alto y guapo entró a zancadas en la habitación.

—¿Vampiro? —Miró fijamente de su sobrino a su compañera, y rodeó la cintura de Carmen con su brazo.

Al instante Carmen pudo ver a los demás ocupantes de la habitación. La mayor parte del tiempo, cuando estaba cansada, podía ver sombras por sí misma, suficiente para que sus otros sentidos amplificados supieran quién y qué la rodeaba, pero a veces simplemente no se molestaba. Estaba acostumbrada a un mundo sin visión, y a manos que Eleazar le proporcionara ojos, era difícil recordarlo continuamente y mantener su visión. Un vampiro atacó a esta jovencita y Tiago parece pensar que Cayo, su rescatador, se comportó después inapropiadamente, aunque ella reclama que estaba sanando sus manos.

Eleazar se extendió inmediatamente hacia los demás cárpatos por su vínculo telepático común de comunicación esparciendo las noticias del ataque de un vampiro. La respuesta de Garrett fue aguda e instantánea.

—Tu padre está de camino —anunció Eleazar en voz alta, incluso mientras extendía el brazo en busca de las manos de Leah, cogiéndole los dedos antes de que ella se apartara y los levantara para su inspección. Viejas cicatrices cruzaban la piel, subiendo por los antebrazos en lo que obviamente eran heridas defensivas. La visión de semejante abuso en una joven la enfermó. En el dorso de sus manos habían marcas más nuevas, recientemente sanadas, débiles, pero reveladoras.

Leah apartó las manos de un tirón, temblando visiblemente.

—Os lo dije, él sanó mis quemaduras—. Se puso las manos a la espalda, fuera de la vista—. Fue horrible.

Garrett se materializó en la habitación sin preámbulos, extendiendo la mano hacia ella, empujándola contra él, deslizando las manos sobre ella buscando daños.

—Tienes mucho por lo que responder, Leah Anne.

—Se ha llevado un susto terrible —dijo Carmen intercediendo.

—Algún desconocido estaba todo sobre ella —dijo Tiago, frunciendo el ceño con desaprobación. Se irguió en toda su estatura—. La seguí porque actuaba de forma divertida y un vampiro la atacó. Pero yo no pude hacer nada.

—¿Nada como llamarme? —interrumpió Eleazar—. No recuerdo llamadas o gritos pidiendo ayuda.

—Yo tampoco —dijo Garrett, reteniendo el apretón sobre su hija. La amenaza de un vampiro poniendo sus manos sobre Leah era suficiente como para que le salieran canas en el pelo—. ¿Qué estabas haciendo fuera sin protección? ¿Se te advirtió que estabas en peligro, pero decidiste ignorarlo? Ignoraste una orden directa de tu madre y mía.

Leah se aferró a él. En medio de un mundo tan caótico, él era una torre de fuerza... siempre y para siempre su roca.

—Lo siento —susurró. No pude evitar acudir a él. Había tanto dolor. Yo conozco el dolor y no podía ser la causa.

Un lento siseo se le escapó a Garrett. Sus dedos acariciaron incluso mientras la castigaba con su furia paternal. Parte de él quería sacudirla, la otra parte quería abrazarla, consolarla, mantenerla a salvo. ¿No pensaste en confiar en Kate... o en mí? Podrías habernos pedido ayuda para tratar con esto, Leah.

¿Había dolor en su voz? ¿Era su destino hacer daño a todos los que le importaban?

—Lo siento mucho —dijo una segunda vez en voz alta—. No podía pensar con claridad. —Era la verdad... y la única excusa que tenía para ofrecer.

—Cuéntanos exactamente lo que ocurrió —dijo otra voz. Leah levantó la mirada para ver a Edward y Peter de pie cerca. Ambos sombríos—. Si Cayo te asaltó, Leah, debes contárnoslo —añadió el príncipe.

—¡No! —Gritó la palabra, una ráfaga de adrenalina atravesó su riego sanguíneo. Todo el mundo estaba mirándola, acosándola. Apenas podía respirar, apenas podía hablar—. Intentó sanarme. ¿Por qué no me escucháis?

—Si valoráis vuestras vidas —interrumpió otra voz—. dejaréis en paz a mi compañera. Pude sentir su malestar irradiando desde el bosque y la estáis abrumando, presionándola para que os cuente lo que debería ser preguntado a un cazador. —Cayo estaba de pie alto y erguido en el umbral de la puerta abierta. Su largo pelo flotaba en la ligera brisa y unos pocos copos de nieve salpicaban su cabeza y hombros.

Garrett empujó a Leah hacia Carmen.

—Creo que aceptaré tu explicación —dijo a Cayo entre los dientes apretados—. Carmen, si fueras tan amable de llevarte a mi hija a tu cocina y asegurarte de que bebe algo dulce como un zumo de naranja. Tiene que ser natural.

—Garrett —protestó Leah.

Ve con ella. Es mi deber y privilegio asegurar tu seguridad y tengo intención de hacer eso mismo. Discutiremos esto luego.

—Me salvó la vida —dijo Leah desafiante, recorriendo con la mirada la habitación llena de cazadores cárpatos—. Él me salvó la vida.

Carmen ignoró la pequeña duda automática por parte de Leah y puso un brazo alrededor de la chica.

—Creo que tu hombre puede manejar solo a este grupo. —Ponte de su lado, Eleazar. Por favor. Parece muy solo. Lanzó una sonrisa confiada a Leah—. Puedo ver cuando me empeño. No voy a darte algo como aceite de oliva para beber en vez de zumo de naranja.

Leah fue con ella, pero se detuvo en el pasillo que conducía a la cocina. Miró atrás, su mirada preocupada se encontró con la de Cayo.

Estaré bien, lyubofmaya, ve con la mujer y déjame aclarar las cosas con estos hombres... y con tu padre.

Por favor no hagas daño a nadie... ni dejes que te hagan daño. No podría soportarlo. Miró fijamente a Garrett. Él estaba observándola a ella... no a Cayo, y tenía un ceño en la cara. Le estaba desobedeciendo de nuevo. Agachó la cabeza y se giró para seguir a Carmen.

Tu padre y yo llegaremos a un entendimiento, Leah. Agradezco que me defiendas. Y quédate lejos del chico. Está celoso y es capaz de provocar problemas que no puede concebir.

Leah no supo qué decir a eso. Tiago había actuado como si estuviera celoso, pero no estaba enamorado de ella. Ella creía que era más probable que se sintiera solitario... como ella... y no quisiera perder a una amiga.

Estaba oscuro en la cocina y Carmen olvidó encender las luces, así que Leah intentó hacerlo discretamente.

—Garrett está realmente enfadado conmigo esta vez. Me marché como una idiota, pero mi mente estaba nebulosa. Solo podía pensar en llegar al lobo.

Carmen sacó zumo de naranja de la nevera.

—¿Al lobo? ¿O a Cayo?

Leah frunció el ceño, frotándose las sienes.

—No sé. Creía que a Cayo, pero seguí el aullido del lobo.

—¿Y Cayo no era el lobo?

Leah se estremeció y sacudió la cabeza.

—El lobo parecía estar atrapado en una trampa de acero, la pata sangraba. Quise ayudarle, pero entonces cambió a algo horrendo y Cayo llegó y luchó con él.

—Debe haber sido terrible. —Carmen comunicó la información a Eleazar para que se lo dijera a los otros—. Eso no me suena bien, —informó a Leah—. Aquí, siéntate. Todavía tiemblas.

Leah cogió una silla y se sentó, sorprendida de que sus piernas estuvieran tan flojas.

—Intenté resistirme, pero no llamé a Garrett o Kate pidiendo ayuda y debería haberlo hecho.

Carmen se sentó frente a ella.

—Suena un poco a compulsión, ¿no crees? ¿Pero cómo te habría elegido el vampiro? Habría tenido que tener acceso a tu mente... a tus pensamientos... para tenderte la trampa con algo que te resultara familiar.

—Antes intenté rastrear una oleada de poder. Llegaba desde el hotel, así que pensamos que era alguien de allí, pero quien fuera que estuviera utilizando energía, me cogió, y quizás tocaron mi mente lo suficiente como para saber que me encantan los lobos. —Se mordió el labio—. Y que estaba preocupada por Cayo.

No creen que se produjera un segundo ataque tan pronto... o que esto fuera un vampiro. Creen que alguien de la sociedad humana estaba tendiéndole una trampa... al menos esa es la explicación que están dando a su compañero. Él está enfadado y con razón. Tiene derecho a exigir que esté protegida todo el tiempo, resguardada más que ninguna otra si le niegan su derecho a reclamarla en este momento. Edward no tiene más elección que acceder a sus deseos. Eleazar intercambió la información con Carmen, sabiendo que a ella no le gustaba que la mantuviera "en la oscuridad" sobre nada. Durante mucho tiempo su familia le había guardado secretos. Él se negaba a hacerlo. Su compañera tendría cualquier conocimiento que tuviera él, siempre. Le envió calidez y amor, asegurándole que la niña no sufriría daño.

Puedo sentir como crece su miedo, Eleazar. Todos tienen que ser amables con ella. Acercó más el vaso de zumo de naranja a la mano de Leah.

—Bebe. Te sentirás mejor.

Leah le lanzó una pequeña sonrisa.

—Es fácil hablar contigo. Los demás solo gritan y no me escuchan. Tiago fue valiente al interferir, pero no está diciendo exactamente la verdad. No está mintiendo, pero hace que suene como si Cayo hubiera hecho algo malo.

Profundamente en su interior, se estremeció, recordando la sensación de la boca de Cayo contra su piel, su lengua dejando caricias de terciopelo sobre sus heridas. El calor se apresuró a través de sus venas, enviando consciencia a su más profundo centro femenino. Diminutas chispas de electricidad se deslizaron sobre su piel y sus pechos zumbaron. Se ruborizó, agradeciendo que Carmen no pudiera ver muy bien.

—¿Te gusta Cayo? —preguntó Carmen.

—Me confunde. En un momento parece el hombre más amable sobre la faz de la tierra, y al siguiente es como un demonio, peligroso y listo para matar en un instante.

—¿Cuando estaba luchando con el vampiro?

Leah sacudió la cabeza.

—Creo que podría haber aceptado eso, pero no, con Tiago. Tiago es... solo Tiago. Es dulce y divertido y bastante más listo de lo que la gente cree. Habría luchado por mí y Cayo es... grande... fuerte... ya le viste. Aun así, Tiago pensó en rescatarme.

—Debería haber llamado a Eleazar y tú deberías haber llamado a Garrett —señaló Carmen.

—Lo sé.

—Tiago está atravesando un periodo difícil de su vida. Pasa demasiado tiempo relacionándose en Internet en vez de con gente. Necesita mejorar sus habilidades sociales. Al conoceros después de tantos meses de comunicación continua... es como si ya fuera tu amigo.

Leah encontraba a Carmen más difícil de leer que a la mayoría, pero estaba segura de que la conversación era sobre ella y la forma en que se ocultaba de la vida al igual que sobre Tiago.

—Bueno, al menos no tengo que preocuparme por el vampiro. Ahora está muerto. Estoy segura y todo el mundo, Tiago incluido, puede respirar tranquilo. —Esperaba que el hecho de que Cayo hubiera destruido la amenaza sobre ella evitaría que Garrett se enfadara tanto.

Ella está muy segura de que la amenaza ha desaparecido, compartió Carmen.

Lo dudo mucho. Definitivamente ella era el objetivo y esta es la segunda vez. Cayo dice que el vampiro se había convertido solo hacía un mes o menos, que no había dominado sus poderes. La mayoría de los vampiros novatos son utilizados como peones por uno mucho más poderoso. Sabemos que están en esta zona, y ningún novato lo habría intentado con tantos cárpatos. Fue enviado por algún otro para comprobar las aguas.

La mano de Carmen revoloteó graciosamente hacia su garganta. Entonces la joven Leah está más en peligro que nunca. Seguramente alguien se lo dirá. Es injusto dejarla creer que está a salvo. De veras, Eleazar, yo querría saberlo.

No dudo de que se lo contarán cuando este lío se aclare. Yo no querría oponerme a Peter y Garrett, especialmente cuando están unidos, pero Cayo ha crecido en fuerza como para dejarse amilanar. Se ha enfrentado a los hermanos Whitlock e invocado sus derechos. No cederá en absoluto ni hará ninguna concesión. Culpa a Garrett por permitir que Leah se pusiera en peligro, y en verdad, Carmen, ¿qué puede decir Garrett en respuesta? Es su exclusiva responsabilidad mantenerla a salvo, como su hija y ciertamente como compañera de Cayo. Sea lo que sea lo que ocurrió con el paso de los siglos, ha convertido a Cayo en un guerrero fuerte y letal. Podría forzar una orden de Edward o llevársela con él.

Es demasiado joven... está demasiado herida. Necesita tiempo para sanar, Eleazar.

Creo que Cayo es consciente de eso. No está exigiendo su derecho a unirla a él, solo que cumplan con cada uno de sus deseos.

—Estás hablando con tu compañero, ¿verdad? —supuso Leah astutamente.

—Eleazar —ayudó a Carmen—. Sí, está compartiendo información conmigo. Tenemos una sociedad. Me prometió que siempre me trataría como a una igual y lo hace incluso cuando los demás creen que no debería. Estoy acostumbrada a una cierta forma de vida y Eleazar nunca me ha pedido que la deje.

—¿Te hace feliz?

—Muchísimo. No puedo imaginar mi vida sin él. No tendría vida sin él.

—¿Y qué está pasando allí? Están todos bastante enojados. Ninguno de ellos está trabajando mucho en bloquear sus emociones. —Leah alzó su mirada hasta la de Carmen. La mujer estaba devolviéndole la mirada y viéndola... viendo más de lo que Leah quería que viera nunca nadie—. Es por mí, ¿verdad?

La sonrisa de Carmen fue amable. Sacudió la cabeza, atrayendo la atención a la gruesa trenza de pelo recogida intrincadamente.

—Es porque son hombres. Un vampiro atacó a una de sus mujeres y todo debe ser aclarado, planear una estrategia. Principalmente, es un montón de cazadores en cercana proximidad de otros. Deberían decirte simplemente que tienes que ser protegida a cada momento y apelar a tu buen juicio para saber que tienen razón.

—Pero... ¿el vampiro no está muerto? Vi a Cayo incinerar el corazón. —Su pulso estaba palpitando de nuevo. No iba a enfrentarse a otro vampiro.

—Fue demasiado fácil de matar. Eso normalmente significa que otro le envió como peón sacrificable. Si te coge, perfecto, pero es una distracción para atraer nuestra atención lejos del ataque real.

Leah tomó un pequeño sorbo de zumo de naranja. Nunca era fácil comer o beber. Las cosas siempre olían bien, pero su estómago se rebelaba con frecuencia.

—Gracias por no tratarme como a una niña. Tendré mucho cuidado. Pero ya sabes... aunque me hayan atacado dos veces, podría ser simplemente porque yo resultaba conveniente. Tenían un rastro hasta mí. Sabían que conseguirían de mí una respuesta y lo utilizaron. Todo el mundo me ronda a mí, pero podrían ir a por el príncipe... o a por algún otro importante.

De boca de un bebé. Respondió Eleazar cuando Carmen le relató el comentario de Leah. Doblaremos la guardia sobre Edward. No será fácil, no le gustará.

—Es duro saber que hay tanta maldad en el mundo —dijo Carmen—. Creo que la mayor parte de los adultos protegen a sus hijos tanto como es posible de esa verdad.

Leah jugó con el vaso, girándolo primero a un lado y después al otro.

—Yo lo aprendí pronto, y no es como si pudiera volver atrás y fingir que todo ha desaparecido. No quiero hacer esto... esta cosa de la Navidad. Nunca he tenido una Navidad.

—¿Con un árbol y una cabalgata y la llegada de Santa Claus? —Carmen estaba atónita—. Es muy divertido. Una razón maravillosa para unir a toda la familia y celebrar la vida. Cualquier excusa es genial, y este es el momento perfecto del año.

—Eso es lo que dice Kate —Leah apoyó la barbilla en la palma, con los codos apoyados en la mesa—. Jasper va a hacer de Santa Claus. ¿Le has conocido?

—Le he visto unas pocas veces. Eleazar y Emmett son buenos amigos y Jasper visita a Rosalie con frecuencia. Ella va a tener su bebé en cualquier momento y todo el mundo está ansioso por ello. No parece un candidato probable para hacer el papel.

—Esa es una declaración comedida —Una pequeña sonrisa se escapó por primera vez. Leah hizo una pequeña mueca—. Espera a que Jane y Cora oigan que Jasper va a hacer de Santa. Han estado convenciendo a todos los niños para que se sienten en el regazo de Santa.

Carmen estalló en carcajadas.

—Oh, querida. Eso puede ser malo.

—Va a haber unos cuantos niños llorones esta noche —predijo Leah. Inhaló profundamente, por primera vez se relajó lo suficiente como para notar lo que la rodeaba—. ¿A qué huele? Es maravilloso.

—Mi ama de llaves me dio la receta de un plato de pasta cremoso maravilloso —Carmen rió invitadoramente—. Tiago y Eleazar me ayudaron a prepararlo. Deberías habernos visto. Yo no podía ver realmente los ingredientes, así que Eleazar los leía y Tiago me los alcanzaba.

—Oh, no. —La sonrisa de Leah se mostró de nuevo, esta vez más amplia, alcanzando los ojos—. Probablemente no sabía que eran.

—Ni Eleazar tampoco. No creí que el hecho de que no supieran para que eran los condimentos ni ninguna otra cosa importara mucho. Nuestro primer intento terminó en un agujero en el patio trasero.

—Kate y yo hicimos casas de jengibre e insistimos en que Garrett nos ayudara. Fue divertido verle tan indefenso. Siempre es tan invencible.

—Eso es bueno, Leah —señaló Carmen—. Los hombres han terminado con su tranquila y bien ordenada discusión.

Hubo un momento de silencio y después ambas mujeres rompieron a reír. Leah esperó un latido de corazón y Garrett estuvo a su lado, ofreciéndole la mano y ella la tomó inmediatamente.

—Lo siento, Garrett. De veras no pude pararme a mí misma.

—Lo sé, pequeña. No estás metida en ningún lío, aunque estoy pensando en atarte a mi costado. Kate necesita verte. Está ansiosa.

Leah asintió.

—¿Dónde está Cayo? No te peleaste con él, ¿verdad? ¿De veras sabes que me salvó la vida?

—Es difícil para un cárpato engañar a otro. Cayo dice la verdad. Pensó que era mejor no molestarte más. —Garrett lanzó una sonrisa hacia Carmen, extendiéndose para cogerle la mano e inclinándose sobre sus dedos—. Carmen, como siempre, ha sido un placer verte. Gracias por cuidar de mi hija.

—Fue un placer —dijo Carmen—. Es siempre bienvenida.

—¿Vamos a oírte tocar esta noche?

—Me pidieron que tocara. No estoy segura de que los niños lo aprecien, pero he oído que Jasper hace de Santa Claus, esto puede ser la única cosa que los consuele.

Tiago entró corriendo en la habitación, intentando resbalar hasta detenerse y golpeando a Garrett, que lo cogió por la pechera de la camisa y lo estabilizó. Tiago no pareció notarlo.

—¡Leah! Temía que te hubieras ido. Kol y Kachiri están esperándonos en su casa. Tenemos que darnos prisa. Prometí a Jane que la ayudaría con los trajes.

—Leah tendrá que encontrarse contigo allí —dijo Garrett firmemente—. La llevaré yo mismo —añadió antes de que nadie pudiera protestar—. Kate quiere verla.

Tiago frunció el ceño.

—No crees que pueda cuidar de ella.

—Nadie tiene que cuidarme —protestó Leah, fulminando a Tiago con la mirada—. No soy un bebé.

—Él solo quería decir protegerte de cualquier peligro... —intervino Carmen apresuradamente—. Tiago, Leah se encontrará contigo allí en unos minutos. Ten cuidado tú también. —Sonrió hacia Eleazar cuando este se materializó junto a ella, habiendo escoltado a los hombres fuera. Él le pasó el brazo alrededor de su figura curvilínea y ultra femenina y dejó caer un beso en su coronilla.

Siguieron a Garrett y Leah hasta la puerta para despedirse. Eleazar empujó a Carmen a sus brazos.

—¿Qué es? Puedo sentir como empiezas a agitarte, pero no puedo leer por qué. —Sus manos le enmarcaron la cara, los pulgares se deslizaron sobre la piel—. Lamento que nuestra casa fuera invadida justo cuando estabas componiendo. Sé que es muy importante para ti tener silencio mientras trabajas.

—No es eso. Y, por otro lado, Tiago nunca se está callado. —El joven cárpato se quedaba con ellos la mayor parte del tiempo. Disfrutaba de Italia y el palacio donde residían. Principalmente, Carmen creía que admiraba a Eleazar y quería estar cerca de él. Había veces en que tenía exactamente la misma expresión en la cara e imitaba los gestos de Eleazar. Eleazar le prestaba atención, trabajaba con él en sus habilidades cárpato... mostraba interés.

Me exaspera sin fin.

Le quieres y él lo siente. Te necesita.

Eleazar soltó un resoplido nada elegante.

—Tiago, si crees alguna vez siquiera por un momento que tu vida está en peligro, llámame a mí y a todos los demás hombres de los alrededores. No tiene sentido ocuparse de un vampiro a tu edad. Tienes el valor, pero todavía no las habilidades. —Miró al joven con ojo severo—. ¿Tengo tu palabra?

Tiago asintió.

—Si. —Empezó a salir por la puerta, se dio la vuelta hacia Eleazar con lágrimas brillando en sus ojos por un breve momento antes de lograr controlarlas—. Casi hago que la maten, ¿verdad? Debería haberte buscado en el minuto en que vi al lobo atrapado cambiar. Todo ocurrió tan rápido. —Agachó la cabeza—. No pude moverme. En absoluto. No tengo valor, Eleazar. Tuve miedo.

—Se supone que tienes que tener miedo. Nadie lo hace todo bien en su primer encuentro con un vampiro. Cayo es un cazador y uno endemoniadamente bueno. Lo ha estado haciendo durante siglos sin ninguna ayuda, pero puedo asegurarte que, con su primer vampiro, seguramente se quedó tan congelado como tú.

—¿Tú también?

Una sonrisa fugaz cruzó la cara de Eleazar.

—Emmett y íbamos juntos y nos sentíamos bastante arrogantes hasta que esa cosa se materializó en el aire y nos mostró un bocado de dientes negros y puntiagudos. Creo que a ambos nos dio un ataque al corazón en ese momento. —Revolvió el pelo de Tiago—. Estás bien. E hiciste lo que pudiste por protegerla de Cayo.

—No solo la estaba sanando. —dijo Tiago—. Fue una flagrante seducción.

—Es su compañero, Tiago. Tienes que respetar eso.

Tiago frunció el ceño y cerró la puerta de un golpe. Eleazar suspiró.

—Así me va haciendo de padre amable. Desearía que mi hermana se hiciera cargo de ese chico.

—No, no es cierto. —Carmen se inclinó hacia él, haciendo que sus suaves pechos le rozaran el pecho, moviendo los dedos a través de su pelo—. Estás portándote como un buen tío.

—Me vuelve loco. No puedo recordar haber sido nunca así.

Carmen entrelazó los dedos con los de él mientras se dirigían de vuelta a través de la casa hasta la acogedora guarida donde disfrutaban juntos de paz. Su familia en Italia era una tremenda cantidad de responsabilidades. La familia de Carmen vivía con ellos y era siempre un drama.

—Siento al jaguar, Eleazar —confesó Carmen sin mirarle. Se presionó la mano sobre el pecho—. Profundamente dentro de mí, respondiendo a algo en el aire. Me está... arañando. Mi visión es peor de lo normal, pero puedo ver con los ojos del jaguar.

Eleazar sabía que la familia Salazar, los antepasados de Carmen provenían de una línea directa de gente jaguar. El felino siempre estaría en ella. Se inclinó hacia adelante y le tomó ambas manos entre las suyas para llevarse los dedos a la boca.

—¿Cuándo empezó esto?

—Hace unas cuantas horas. Al principio solo me sentí inquieta y nerviosa, pero ahora parece más como un humor caprichoso, un deseo de atacar, un salvajismo, no puedo explicarlo adecuadamente. —Parecía miserable—. Creía haber acabado con todo eso.

—Eres cárpato, Carmen y el jaguar no es malvado. Hay algo que lo hace así, pero ahora mismo, lo más importante es averiguar qué está removiendo al felino en ti. —Miró por la ventana a las nubes tormentosas—. Faltan solo un par de horas hasta que nos encontremos con los aldeanos para este desfile y la comida en la posada. Tenemos que estar listos para cualquier peligro que aparezca en nuestro camino.

Ella se pasó una mano por el pelo.

—Siempre he sido capaz de controlar al jaguar, pero está luchando conmigo, intentando escapar, y creo... —Su mirada encontró la de él—. Creo que es peligrosa.

—Nunca harías daño a nadie, Carmen —la tranquilizó.

—No lo entiendes. Está intentando hacerme daño a . No la dejo salir y está furiosa.

La mirada de Eleazar se entrecerró y se sentó recto. Envió cada sentido a la noche, escaneando, leyendo, intentando encontrar un rastro sutil de poder influenciando la parte de Carmen que era el jaguar. Podía sentir una pequeña agitación en el aire, pero con tantos cárpatos juntos, era imposible decir si la agitación estaba manipulando al felino en su compañera.

—He oído rumores de que los Trovadores Oscuros están teniendo problemas con los leopardos que llevan con ellos —dijo—. Los felinos atacaron a un miembro de la banda y amenazaron a varios más. Los enjaularon y nunca lo habían hecho. Incluso Alistair está teniendo problemas para controlar el comportamiento de los felinos.

Carmen frunció el ceño.

—¿Qué haría eso? ¿Y los demás? ¿Uno de los hombres cárpatos no tiene una mujer que es completamente jaguar? ¿Qué le está pasando a ella?

—Sí, Thia. También está Marie, la mujer de McArty. El tigre es fuerte en ella —Eleazar empujó a Carmen a sus brazos para consolarla—. Ven conmigo.

—¿A dónde? —Él se movía hacia la puerta y su corazón revoloteó de miedo—. Eleazar, no quiero arriesgarme.

—El felino sabrá de donde llega el poder. Podrá rastrearlo de vuelta a su fuente.

—Pero no estoy segura de ser lo bastante fuerte como para controlar al jaguar. —En todos sus años humanos con el felino dentro, siempre luchando por salir, nunca había temido al animal. Hasta ahora. Se estremeció. La nieve estaba empezando a caer una vez más, pero era el miedo más que el frío lo que la hacía estremecer.

—Podemos controlarla juntos. Mantén tu mente fundida con la mía todo el tiempo, incluso si el felino se resiste —dijo él.

Por alguna razón, recuerdos de la conversión la asaltaron. Había sido particularmente difícil y dolorosa, el jaguar había luchado con la sangre cárpato. Rompió a sudar.

—¿Eleazar, estás seguro?

—Si tienes miedo de que no podamos controlar esto juntos, llamaré a Emmett. Juntos, nada nos derrotará. No podemos ir a la fiesta bajo una influencia de la que nada sabemos.

Se extendió hacia la mente de Eleazar con la propia, deslizándose en ella con facilidad. Era algo extremadamente íntimo, y como siempre su cuerpo reaccionó a la cercanía. Era suficiente mujer como para disfrutar los pensamientos e imágenes eróticas de ella, la forma en que él veía sus curvas con lujuria en vez de desear a una mujer más delgada. Le encantaba su pelo, su textura y color. Disfrutaba soltando la elaborada trenza justo como acababa de hacer.

Llevó un momento ajustar las dos mentes igualando la supremacía para que se fundieran naturalmente y Carmen se extendió para abrazar al jaguar, permitiéndola liberarse. Brotaron garras desenfundadas, con una caótica necesidad de saltar por el prado cubierto de árboles. Eleazar se paseó fácilmente junto a ella ignorando las advertencias que salían retumbando de la hembra. No iba a permitir que Carmen saliera de su vista.

El jaguar hembra redujo el paso, colocando cada pata cuidadosamente en la nieve en polvo, pero adentrándose sin dudar en lo más profundo del bosque. Se estaban moviendo en la dirección general de la posada que estaba todavía a varias millas de distancia. Que Eleazar supiera, solo había un par de casas en la dirección en la que iban. La casa de Jasper estaba alta en las montañas, rodeada por una arboleda y grandes rocas. Estaba protegida del clima y los enemigos por tres lados, e incluso un excursionista a yardas de distancia podía ser divisado. Jasper había tejido salvaguardas alrededor distorsionando la imagen para cualquier enemigo potencial.

Emmett y Rosalie vivían en la segunda casa. Esta también estaba aislada. Emmett todavía necesitaba espacio entre él y el resto de la población. Rosalie y Alice eran buenas amigas y se visitaban la una a la otra, pero incluso sus casas estaban a millas de distancia. Emmett había construido una casa muy elegante casi en el interior de la montaña misma. Incluso desde el aire era imposible verla.

El felino alzó la cabeza y olisqueó el aire varias veces. Estoy buscando un olor en particular.

¿Qué es? Eleazar podía sentir la urgente compulsión en esto, pero no podía encontrar el hilo conductor.

Carmen no le contestó de inmediato, y cuando lo hizo mostró cierta renuencia. Está persiguiendo a su presa.

El jaguar hembra se impulsó con las patas y saltó sobre un leño caído, deteniéndose por un momento para mirar hacia las montañas, hacia la casa de Jasper, y después giró la cabeza en dirección a la otra casa.

Profundamente en el cuerpo de jaguar, Carmen jadeó. ¡Eleazar! ¿Sientes esa oleada? ¿La ansiedad?

¿Qué persigue?

El bebé. Va a por el bebé de Rosalie. Eso significa que los leopardos de Alistair están siendo empujados a atacar a Rosalie. Quienquiera que sea no sabe nada de mí. La compulsión está dirigida a los felinos.

Eleazar se extendió por el vínculo privado que compartía con su amigo de la niñez. Emmett. Óyeme. Compartió la información, los sentimientos que Carmen había experimentado al igual que sus miedos. Tenemos que proporcionar esta información a todos los cárpatos, pero una vez lo hagamos, Rosalie lo oirá. ¿Necesitas tiempo para soltarle la noticia amablemente?

A Eleazar le disgustaba aumentar el nivel de estrés de la pareja. Ambos estaban aterrados por la cercanía del parto... y con razón. Ahora tenían que preocuparse por un enemigo que podía manipular a animales y que lo estaba haciendo con la intención específica de hacer daño a su hijo.

Extiende la noticia, Eleazar. Debemos averiguar más de este enemigo antes de que Rosalie de a luz. Me temo que será esta noche. Hubo un pequeño silencio, y después Emmett suspiró. Ella ya está luchando contra ello, deseando mantener a nuestro hijo a salvo dentro el útero.

¿Estás seguro de que es un niño?

Si. Tengo un hijo. Es fuerte y quiere venir al mundo, pero Rosalie le está reteniendo. Saber que un enemigo ha atacado específicamente a nuestro hijo lo hace más difícil.

Tiene mi protección también. Estaré a tu lado, listo para luchar.

Te lo agradecemos, viejo amigo. Había cansancio en la voz de Emmett. Por favor da la gracias a Carmen. Debe haberle sido difícil conseguir que el felino le revele esta información. Sin su esfuerzo no sabríamos que un enemigo está a punto de golpear. Rosalie le envía su agradecimiento también.

Eleazar compartió la respuesta con su compañera mientras ambos ejercían presión sobre el jaguar para que volviera hacia la casa. Inmediatamente, la advertencia llegó a todos los cárpatos por el vínculo común de comunicación, y sintió una oleada de orgullo por Carmen.

La hembra gruñó, resistiéndose a la orden. Eleazar se acercó más, y al instante Carmen respondió, captando sus pensamientos. Había formas mucho más placenteras de distraer al felino de la lucha. Eleazar cambió de forma rápidamente. El macho jaguar empujó a la hembra, rozándole la barbilla a lo largo del lomo, y la hembra se alejó corriendo de él, lanzándole una mirada incitadora sobre el hombro. Corrieron de vuelta a la casa, el calor superaba a la necesidad de cazar.

Para cuando cambiaron de vuelta a sus propias formas, estaban firmemente entrelazados uno con el otro, las bocas soldadas y las manos de él tirando de la intrincada trenza de su pelo.

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OMG! Alguien busca atacar al bebé de Rosalie! ¿Quién podrá ser? ¿Alguna idea?

No olviden dejar un lindo comentario y pasarse por nuestro lindísimo grupo 'Twilight Over The Moon'.

¡Nos leemos pronto!