No poseo los derechos de autor. Los personajes pertenecen a la asombrosa Stephenie Meyer y la historia es de la genial Christine Feehan. Yo solo me divierto un poco.

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El viento ganó fuerza, soplando nieve alrededor cuando esta empezaba a caer con más fervor. Edward dudó justo fuera de la gran casa. Sam Uley había diseñado y construido la casa, no solo para su compañera Emily, sino para compartirla con los hermanos de esta Harry y Sue. Ahora que el vampiro que había tomado la sangre de Sam había muerto, Sam sentía que una vez más podía vivir en compañía de otros cárpatos sin ponerlos en peligro a todos.

Eres tan gallina, se burló Isabella.

La familia política de Sam está de visita. Y Sue se ha alzado. Va a haber preguntas y preferiría no tener respuesta en esta ocasión.

Porque está enamorada de Quil Ateara.

No exactamente. Edward sabía que estaba sopesando riesgos. No quería que Sue y Quil estuvieran enamorados. Como humanos estaba perfectamente bien, pero ahora que Sue se había convertido, sabía que habría tremendos problemas. Y con los padres de Sue aquí para celebrar la Navidad habría más preguntas de lo normal. Estoy pensando en saltarme esta visita.

¡Edward Cullen! Llama a esa puerta. Como príncipe, tu deber es dar la bienvenida a los padres de Emily. Y Sue necesita tu apoyo también.

Mis obligaciones como príncipe parecen crecer y hacerse más complicas con el paso del tiempo. Quizás debería pasar este deber a mi segundo al mando.

Isabella rió suavemente. No te atrevas.

Edward soltó un suspiro torturado y llamó a la puerta. Esta se abrió inmediatamente y una mujer de ojos brillantes y sonrisa dispuesta le saludó.

—Por favor entre. Yo soy Marissa Young, la madre de Emily, Harry y Sue.

—Edward Cullen —se identificó a sí mismo, y envió a Isabella una imagen de él estrangulándola. Preferiría enfrentar a un vampiro en vez de a una suegra. Su risa en respuesta no fue para nada simpática. Voy a tener que explicarte los por menores del asunto de los compañeros. Pareces estar perdiéndotelos.

—¡Oh! El príncipe. —La señora Young retrocedió para indicarle que entrara—. Encantada de conocerle. Tengo muchas preguntas.

Él se inclinó ligeramente.

—Intentaré responderle en la medida de lo posible.

Ella se detuvo en el vestíbulo tan bruscamente que casi hizo que el príncipe tropezara con ella.

—¿Príncipe de qué? ¿Está en el exilio? Todo el mundo se refiere a usted simplemente como el príncipe, pero nunca dicen de que país. Imagino que hay muy pocos príncipes a los que se haya despojado de su realeza... —Se detuvo bruscamente y volvió a ponerse en marcha para continuar recorriendo el vestíbulo.

Edward casi gimió en voz alta, pero se las arregló para suprimirlo. ¡Sam! Emitió la convocatoria agudamente, y en ese momento no le importó un ápice si la población entera de cárpatos oía el pánico en su voz o no. No iba a responder a las preguntas de la mujer.

Ella le introdujo en el enorme salón, e inmediatamente tomó la silla opuesta a la de él y se inclinó ansiosamente hacia adelante.

—Vengo de casa de Jane. Le alegrará saber que las costureras están en marcha.

—¿Costureras? —repitió él ligeramente. ¿Qué costureras, Isabella?

No tengo ni idea. Pregúntale a ella.

Edward asintió, intentando parecer al tanto.

—Eso es bueno, señora Young. Uh... er... ¿y qué costureras serían esas?

Ella arqueó una ceja.

—Obviamente se le ha caído una bola. Menos mal que yo estaba allí para recogerla. Los niños necesitan disfraces para el desfile.

—¿Disfraces? —Parecía estar repitiendo sus palabras, pero no podía evitarlo. Se pasó un dedo por el cuello de la camisa. Sam, ven aquí antes de que haga algo... como provocar un terremoto en tu casa.

—¿Esperaba producir los trajes por arte de magia?

—Supongo que así era, sí.

¡Edward! La voz de Isabella le reprendió agudamente antes de que pudiera hablar. No te atrevas a decir otra palabra y lo dijo en serio. Esa mujer tiene dos hijas que ahora son cárpatos. Se merece un poco de respeto.

Edward cerró los ojos brevemente. Por supuesto que merecía respeto, pero él no tendría que estar tratando con ella. ¿Dónde está mi segundo al mando? Su trabajo es protegerme todo el tiempo y librarme de estas tareas ingratas.

Jasper soltó un resoplido burlón. Creo que eres capaz de manejar a una mujercita. En este momento tengo las manos ocupadas con tu hija.

Edward luchó entre la autoconservación y la broma, y la broma ganó. No iba a mostrar sus cartas a su yerno. Podía manejar a esta mujer sin importar lo que ella le lanzara. Valdría la pena por ver a Jasper dando saltos por allí en un traje de Santa Claus.

—Típico de un hombre. Ordena una enorme celebración y después espera que todo se haga por sí mismo. —La señora Young cruzó los brazos sobre el pecho y le evaluó con mirada severa—. ¿Qué pasó exactamente con mi hija Sue? Emily y Sam dijeron que estaba con usted. Indudablemente espero que no sea la clase de príncipe que cree en tener harenes porque, y esto va en serio... —Se inclinó hacia adelante para mirarle a los ojos, inclinándose intimidante sobre él—. No soy del tipo de madre que aguantaría eso.

Edward se ahogó. Tosió. ¡Sam! Te estoy ordenando que entres en esta habitación inmediatamente.

Lo siento, Edward. Estoy de camino. Emily y yo estamos ahora mismo un poco ocupados.

Edward oyó la suave risa de Isabella ante la admisión. No tienen que estar disfrutando mientras yo estoy atrapado con esta mujer.

Quizás estén haciendo un bebé. ¿De veras quieres molestarles? Isabella respiró en su oído, jugueteando con sus sentidos y despertando su cuerpo.

¡Si! Y deja de hacer eso. Ahora mismo necesito mi cerebro funcionando con esta mujer alrededor.

Estamos ocupados con Sue, aclaró Emily apresuradamente, claramente avergonzada.

Edward suspiró. Perdóname. Debería haber sabido que estarías con tu hermana. No sería fácil para Sue alzarse y saber que necesitaba sangre para sobrevivir. Las recientemente convertidas a cárpatos siempre parecían tener dificultades con el concepto. Él nunca entendería cual era el gran problema. Los cárpatos no eran carnívoros como los humanos y no mataban como el vampiro, pero ellas se sentían insultadas por su necesidad de sangre.

—No veré a mi hija rebajada al estatus de una... una... concubina. No lo permitiré. Sé que está usted casado, así que no se moleste en negarlo. Ni siquiera tiene un país por lo que puedo ver.

Edward dejó escapar el aliento y se extendió en busca de la mente de la mujer sin preocuparse de la cortesía. Podía hacerla olvidar todo este sinsentido y simplemente entrar en la cocina.

Su mente chocó con la de él, como si ella se hubiera extendido hacia él en el mismo momento exacto. El trueno sonó. El relámpago crepitó en el cielo y las nubes se enturbiaron impresionantemente. Las dos mentes impactaron, chocando la una contra la otra, golpeando las barreras erigidas apresuradamente. La señora Young saltó sobre sus pies, con la cara pálida y sujetándose la cabeza con ambas manos por el dolor.

Perplejo, Edward se levantó también. Se inclinó ligeramente.

—Perdóneme señora Young. —Le llevó un momento reconocer los patrones cerebrales poco familiares. No le sorprendía que sus hijos estuvieran tan dotados y fueran psíquicos tan fenomenales... los tres—. Usted tiene sangre no diluida del jaguar.

—Y usted es cárpato. —Recorrió la casa con la mirada, tomando un profundo aliento y cerrando los ojos por un momento—. Por supuesto. Eso lo explica todo. Sam es cárpato, ¿verdad?

Edward sintió el parpadeó de otra presencia. El marido estaba de pie silenciosamente en el umbral, su mente intentaba asimilar lo que se estaba diciendo. Obviamente la señora Young era capaz de comunicación telepática. Sus habilidades psíquicas eran muy fuertes, y había llamado a su marido en su agitación. Edward continuó la conversación como si estuvieran solos los dos.

—Es esencial para los cárpatos pasar por humanos siempre.

Ella se hundió en una silla.

—Nunca he oído que un humano pueda convertirse en cárpato, pero Emily lo es, ¿verdad? Por eso parece diferente... una diferencia sutil, pero ahí está. Y realmente iba a hacer los disfraces por arte de magia.

Ante la alarma de Edward, pareció como si fuera a llorar.

—Lo siento mucho, señora Young. Seguro que puede entender por qué Sam no podía darle simplemente esta información. Es necesario proteger a nuestra especie siempre. —Estudió su cara apartada—. No había usted revelado su linaje a sus hijos. No tienen ni idea, ¿verdad?

Ella sacudió la cabeza.

—No quería que lo supieran. Temía por ellos. Mi marido lo sabe, pero es muy protector conmigo. Cuando necesito dejar salir al felino, él viene conmigo y corro por las colinas. Él se queda cerca para asegurarse de que no ocurre ningún accidente.

—¿Puede alguno cambiar de forma?

Ella sacudió la cabeza.

—Nunca les enseñé. Les he visto a todos ponerse caprichosos e inquietos a veces, pero no quería que llevaran esa carga. No sé si hice lo correcto o no. Pero tener un hijo e intentar educarle bien es una gran responsabilidad cuando él es un jaguar. Sus instintos...

—Harry es un buen hombre. Es muy protector con sus hermanas. —Edward extendió una mano y la tocó.

Inmediatamente ella se calmó, parpadeando para contener las lágrimas, recuperando el control que creía perdido.

—Los hombres jaguar son muy peligrosos.

—Tengo siglos de edad, señora Young. Admitiré que no he tenido mucho contacto con su especie ya que residimos en partes diferentes del mundo, pero recuerdo que muchos de los hombres eran gente maravillosa. La necesidad y el miedo con frecuencia provocan que la gente haga cosas que normalmente no harían. Harry nació buen hombre, y así seguirá a lo largo de toda su vida. Si se viera arrastrado a circunstancias extremas, creo que superaría la ocasión con su mente, su fuerza y los dones que se le han dado, no caería en el primitivismo.

Ella tomó un profundo aliento.

—Gracias por eso. Ese es el peor de mis miedos.

Había vislumbrado ese pequeño retazo de información claramente, ya que había estado en primer plano en su mente antes de que golpeara la barrera.

—Tiene usted unos hijos notables, señora Young. Emily es un tesoro que todos buscamos proteger. Harry ha estado ayudando con una investigación vital... al igual que Sue.

—Sue conoció a un joven, Quil Ateara. Dijo que estaba trabajando con él en un gran proyecto de investigación. ¿Él es cárpato también?

La media sonrisa desapareció de la cara de Edward.

—Quil es humano... un amigo bajo la protección de todos los cárpatos. Siempre. —Si había un humano en el mundo por el que los cárpatos irían a la guerra ese era Quil Ateara. Pero ahora...

—¿Qué pasa con Sue? —preguntó la señora Young—. Sé que pasa algo, pero Emily y Harry se han negado a discutirlo conmigo. —Sacudió la cabeza—. Mi familia tiene demasiados secretos, aunque parece que usted los conoce todos. Sue está viva, ¿verdad?

Edward se pasó la mano por la cara, odiando haber sido puesto en semejante posición. Esta mujer merecía respuestas... merecía la verdad sobre sus hijas.

—Al igual que Emily que fue convertida a nuestra especie porque de no ser así hubiera muerto, también Sue ha sido convertida.

La señora Young dejó escapar un pequeño sonido de desesperación y se giró para encontrar la mirada de su marido. Él estaba de pie en la puerta, alto y erguido, su cara era una máscara inexpresiva.

—Collin, Oh, cariño. Lo siento tanto. Esto es culpa mía. Todo es culpa mía.

Él se apresuró a su lado, dejándose caer sobre una rodilla para cogerle ambas manos.

—No te hagas eso a ti misma. No has hecho nada malo.

—Tan difícil es para usted saber que sus hijas son cárpatos —preguntó Edward—. Siempre serán atesoradas. Siempre las protegeremos.

—Emily si, pero ¿qué hay de Sue? Ella es diferente, no es tan aventurera como Emily. Le encanta la investigación y la casa. Esta vida no es para ella.

—Es vida, señora Young. Habría muerto si no la hubiéramos iniciado a su nueva vida. Está atada a un hombre cárpato con compañera, McArty, y a mí. Siempre cuidaremos de su felicidad y seguridad.

La señora Young tomó un profundo aliento y aferró la mano de su marido.

—Al menos no tengo que preocuparme de que un hombre jaguar ponga sus manos sobre ninguna de mis hijas. Esa ha sido una enorme carga, especialmente con Emily viajando tanto. —Intentó una pequeña sonrisa hacia su marido—. No me importa cárpato o humano, pero no sangre jaguar.

—Creía que había muy pocos.

—Pura sangre por supuesto, pero hay muchos descendientes y no quiero que ninguna de mis hijas se acerque a un hombre jaguar.

Edward no señaló que Harry era un hombre jaguar, o que él no toleraba ningún prejuicio hacia ninguna raza o especie. La mujer temía los hombres jaguar y por buenas razones. Tenía la impresión de un pasado que ella mantenía apartado. Edward tendió la mano al marido y se presentó a sí mismo mientras Sam y Emily se apresuraban hacia Edward que les había relatado la conversación con la pareja, urgiéndolos a venir rápidamente para aliviar las lágrimas de la señora Young.

—¡Mamá! —dijo Emily—. Siento mucho no haberte contado lo de Sue, quería hacerlo. No sabía cómo.

La señora Young abrazó a su hija firmemente.

—¿La has visto? ¿Está bien?

Emily se mordió el labio le lanzó una rápida mirada a Sam.

—Se siente aprensiva. Y no es fácil para ella. Yo tuve a Sam para guiarme. Y cuando necesité alimentarme, él proveyó para mí y no fue tan terrible. Pero Sue está enamorada de alguien que no es cárpato y él no puede darle lo que necesita.

Las manos de la señora Young revolotearon hacia su garganta.

—¿Quién provee por ella?

—El hombre que la salvó se llama McArty. Él y su compañera, Marie, han pasado mucho tiempo con Sue, hablándole y trabajando con ella en lo de aceptar su nueva vida. No toma sangre de Sam ni de mí, pero lo ha hecho de ellos dos. Son buenos con ella, Mamá. Y lo está intentando.

—Quiero verla.

—Los dos queremos —dijo el señor Young firmemente.

Emily dudó.

—Mamá, está muy emotiva. Su vida entera ha cambiado. Afortunadamente, hay una mujer de visita aquí con nosotros. Su nombre es MaryAnn Delaney. Es consejera de mujeres maltratadas, y también ha tratado con muchas víctimas de trauma. Quil está con ella y están hablando con Sue ahora mismo. Realmente creo que es mejor dejarles trabajar con ella. Ya conoces a Sue, es una luchadora. Es solo el shock inicial de despertar tan diferente.

—Soy su madre. Debería estar con ella.

—Prometió que vendría aquí tan pronto como fuera posible. —Emily levantó la mirada hacia Sam y él le pasó el brazo por los hombros. El trauma de que su hermana casi muriera había afectado negativamente a Emily. Adoraba a Sue, y la había arrastrado a esta vida, exponiéndola a vampiros y cárpatos, y pesaba sobre ella el que Sue hubiera sido convertida.

—Este hombre, Quil, ¿es por él por quien está tan loca? ¿Por el que se quedó aquí en las montañas para estar cerca? —preguntó la señora Young.

Emily asintió.

—No habla mucho de su relación, pero obviamente se sienten atraídos el uno por el otro. Quil ha estado a su lado en esto y ha ido a su lugar de des... A estado cerca de ella diariamente desde que esto ocurrió.

Edward se extendió buscando el consuelo de su compañera. Atado a Sue como estaba, podía sentir su pena imparable. Ninguno de ellos había considerado la cuestión global. Sue era ahora una mujer de los cárpatos por completo. Los otros hombres estarían desesperados porque fuera la compañera de uno de ellos. Las atenciones de Quil a ella no serían bien vistas por ninguno de ellos. Era posible que Sue fuera la compañera de uno de los hombres sin estar enamorada. El afecto con frecuencia venía después, después del crudo deseo sexual y la intimidad de ser compañeros. Era concebible que Sue pudiera amar a Quil y aun así ser compañera de un hombre de los cárpatos. Un problema potencialmente explosivo se fraguaba dentro del mundo ya complicado de los cárpatos.

Está enamorada de él. La voz de Isabella fue gentil. Él se merece ser feliz después de todo lo que ha hecho por nosotros. Sabes que se ha ganado un lugar en nuestro mundo.

Edward suspiró pesadamente. Lo sé, pero la lógica no rige a un hombre cerca del final de su tiempo. Si ella es una compañera, debe sobreponerse a cualquier afecto que sienta por Quil y abrazar completamente su nueva vida.

Hubo un pequeño silencio. ¿La obligarías a elegir una unión sin amor? Eso está mal.

Solo existe un compañero. Su amor por Quil decaerá con el tiempo y si realmente le da a su nueva vida una oportunidad, encontrar la felicidad con su auténtico compañero.

Isabella bufó con exasperación. No tienes ni idea de lo que hacer en esta situación, ¿verdad?

Edward se pasó una mano por el pelo. Él la ama mucho. Cada vez que estoy con él lo siento. Y ha hablado con Jasper con frecuencia de sus sentimientos por ella. Desde que casi muere, no ha abandonado su lado, manteniendo vigilia hasta que despertó. Ninguno de nosotros consiguió que comiera. Esto va a ponerse mal, Isabella.

Isabella le envió consuelo, camaradería, un toque consolador de sus dedos rozándole la cara. Quiso dejar esta casa y todas sus complicaciones e irse adonde había alegría. En medio de todos los problemas, con los enemigos llegando por todos lados, estaba Isabella y su sonrisa dispuesta, su calidez y capacidad de proporcionar felicidad y risa a todos los que la rodeaban.

—¡Aquí están! —anunció Emily—. Mamá, se amable con ella —murmuró, aferrando firmemente la mano de Sam.

—No tienes que decirme eso —dijo la señora Young.

Edward se levantó con la intención de excusarse. Harry entró, lanzó una larga mirada de advertencia a su madre y su padre, y después avanzó para permitir que Sue entrara en la habitación. Se la veía hermosa, alta, morena con ojos grises y una boca llena. Su piel estaba pálida y temblaba visiblemente, pero el hombre que estaba a su lado le deslizó el brazo alrededor para proporcionarle apoyo.

—Mamá, Papá. Es maravilloso veros. — Las lágrimas empañaron los grandes ojos de Sue, volviéndolos de carbón.

Sus padres se levantaron, dando varios pasos hacia su hija. La señora Young se detuvo bruscamente, el color desapareció de su cara. Levantó la cara y olisqueó varias veces, probando el aire. Una mano se alzó defensivamente y gritó, alejándose de la pareja.

La piel de Sue se volvió de un blanco mortal y giró la cara contra el hombro de Quil ante el rechazo de su madre. Emily y Harry corrieron a colocarse delante de su hermana, bloqueándole la vista de sus padres. Edward se movió con gran velocidad, colocando su cuerpo entre la madre histérica y su hija. Quil arrastró a Sue a sus brazos, manteniéndola cerca, y Sam se colocó entre los padres de Emily y su cuñada, protegiéndolos con su gran figura.

La señora Young cayó de rodillas, lanzando un gemido que llenó la casa. El señor Young intentó ponerla en pie, pero ella luchó contra él, sacudiendo la cabeza de lado a lado, gimiendo todo el tiempo.

—¡Mamá! Contrólate —exclamó Harry—. Es Sue y necesita que seas fuerte, no te apartes de ella.

Sam y Edward intercambiaron una mirada aprensiva. Emily alzó la barbilla.

—Ella es como yo. Si no puedes aceptar a Sue como cárpato, será mejor que sepas que yo también lo soy al igual que Sam. Nosotros estamos con Sue.

El comportamiento entero de la señora Young cambió. Se alzó lentamente sobre sus pies, sus ojos se volvieron opacos, su cuerpo de repente era fluido y gatuno. Su cabeza bajó en una clásica actitud acechante.

—Aléjate de mi hija. —Pronunció cada palabra.

—Marissa —reprendió duramente el señor Young. Ella le gruñó, un siseo mortal acompañó a la advertencia. Sus dedos empezaron a curvarse y su cuerpo se estiró, alargando el morro. Los huesos crujieron y su espina dorsal se inclinó.

—¡Mamá! —Emily sonaba horrorizada—. ¡Mamá, para!

Sam se colocó delante de su compañera, su cuerpo más pesado la empujó hacia atrás. Al mismo tiempo arrastró a su hermano tras él con un brazo poderoso.

—Mamá. —Harry añadió su súplica—. ¿Qué estás haciendo?

Edward avanzó para colocarse junto a Sam. Los dos cárpatos estaban de pie hombro con hombro enfrentando a la amenaza.

—Señora Young —dijo Edward tranquilo, intentando alcanzar la mente de la madre de Sue.

Encontró una roja neblina de furia, un caldero de miedo. Las costuras de la tela se desgarraron. El pelaje estalló sobre la piel y ya estaba a cuatro patas completando el morro. El señor Young intentó calmarla, pero ella le arañó con afiladas garras.

Sam dio un salto hacia adelante, utilizando velocidad preternatural, un borrón de movimiento, agarrando al padre de Emily y empujándole hacia su hija. El brazo del señor Young sangraba por el largo y profundo arañazo y Emily sollozaba cuando extendió el brazo apresuradamente hacia su padre.

—¿Papá, que le pasa? Obviamente tú lo sabes. Cuéntanos.

—¿Qué es ella?

—Jaguar. —proporcionó Sam—. Es de un linaje puro jaguar.

El felino se agachó, la cola se retorcía con agitación, con los ojos sobre los hombres de los cárpatos que bloqueaban el camino hacia su objetivo.

Edward, retrocede, advirtió Sam. Está a punto de atacar.

Es la madre de Emily, le recordó Edward. No podemos hacerle daño.

No hay un nosotros. Retrocede. Sam se adelantó en un esfuerzo por proteger a Edward al igual que a su compañera y los demás.

—Nunca hizo eso cuando estábamos en la escuela y se enfadaba con nuestros profesores —dijo Harry—. ¿Qué demonios pasa, Papá? ¿Lo sabes?

—Cállate, Harry. —exclamó el señor Young—. No es momento para bromas. Es muy peligrosa.

—¿Tú crees? Tu sangre gotea por todo el suelo.

—¿Qué provocó esto? —preguntó Edward tranquilamente.

El señor Young sacudió la cabeza.

—No tengo ni idea. Pareció aceptar todo lo que le dijiste.

—Todos vosotros salid de la habitación. Vamos, Sam, señor Young deje que yo me ocupe de esto —ordenó Edward.

Estoy de camino, Edward. Espérame. Jasper, como siempre, estaba perfectamente tranquilo.

Oh, ahora quieres ayudar, creo que puedo ocuparme de una mujercita.

Si consigues que te hagan algo más que un arañazo tu hija pedirá mi cabeza en una bandeja. Por otro lado... te estás haciendo viejo y lento.

Cuando Emily, Harry, Sue y Quil empezaron lentamente a salir centímetro a centímetro de la habitación, el felino se puso más agitado, saltando y corriendo hacia los dos hombres de los cárpatos, un rugido de rabia sacudió la casa. Sus hijos se detuvieron.

El jaguar entró en acción, saltando sobre el mobiliario hasta golpear a Sam directamente en el pecho. Su peso y la sorpresa del ataque le hicieron caer hacia atrás. Iba a por su garganta, intentando hundir los dientes profundamente. Él la cogió entre sus fuertes manos, manteniendo a distancia al felino que gruñía.

Sue gritó.

—¡No le hagas daño!

¡Esa es mi madre! lloró Emily.

Sam dudó, y el felino le arañó el pecho con los cuartos traseros, produciendo grandes laceraciones, todo mientras dirigía los dientes hacia su garganta. De repente el felino cambió de táctica, las garras arañaron el pecho, hundiéndose durante una fracción de segundo mientras acumulaba poder, empujándose con las patas traseras para saltar hacia Quil. Golpeó fuerte y rápido, yendo a matar.

Manos poderosas le rodearon el cuello, manteniéndola a distancia, y miró a los ojos negros del príncipe. Se había movido con asombrosa velocidad, insertando su cuerpo entre el jaguar y su presa.

—¡Mamá! ¡Para! —Había pánico en la voz de Emily—. ¿Qué estás haciendo?

Sam no tenía elección. Había jurado, como todos los cárpatos, proteger a su príncipe. Rodeó el fuerte cuello con una llave, preparado para romperlo si insistía en su ataque a Edward.

El jaguar luchó, utilizando su espina dorsal flexible, pero ninguno de los hombres cedió.

—Por favor, Sam, no. No puedes matarla —suplicó Emily, apresurándose a agarrarle el brazo.

Eso fue suficiente distracción para que el jaguar se retorciera, casi escapándose de Sam, las garras arañaron a Edward.

—¡Suficiente! —La orden tronó a través de la habitación mientras un hombre alto y de amplios hombros entraba a zancadas. Sus ojos plateados brillaban con intención letal. Ignorando las súplicas de Emily y Harry, Jasper extendió la mano pasando junto a Sam y girando la cabeza del jaguar para mirarle a los ojos—. He dicho suficiente. Si insiste en esta acción la mataré inmediatamente. Es lo bastante humana para entenderme. Vaya a la otra habitación y recupere el control ahora. —No hubo comprensión ni compasión. No dedicó ni una sola mirada a los demás ocupantes de la habitación. Simplemente levantó al jaguar y lo arrojó hacia la puerta.

El felino aterrizó con fuerza contra la pared, deslizándose hacia abajo y quedándose tendido un momento, sus costados se movían pesadamente. Hubo un silencio roto solo por la pesada respiración del jaguar. Entonces este giró la cabeza y gruñó.

Jasper dejó escapar un largo y lento siseo, sus ojos brillaban. Dio un paso amenazador hacia el felino.

—No voy a volver a decírselo. Atacó a mi príncipe y la pena por eso es la muerte. Hay tres cárpatos en esta habitación y según todas las leyes debería usted estar muerta. Váyase antes de que pierda la poca paciencia que tengo.

El jaguar se escabulló, y Jasper extendió el brazo para ayudar a Edward a ponerse en pie.

—La próxima vez que no protejas a tu príncipe responderás ante mí. No me importa quién le ataque, o por qué razón. Tu deber es ocuparte de su seguridad le guste a él o no. —Sus ojos se posaron en Sam por primera vez, después en Emily y en Sue—. ¿Lo he dejado perfectamente claro? Porque si no es así, entraré ahí y le romperé el cuello y os mostraré lo que le ocurre a quien se abstiene de proteger a mi príncipe de cualquier daño.

Sam asintió y extendió la mano hacia Emily. Sue mantuvo la cara enterrada contra el hombro de Quil. El señor Young se apresuró a entrar en la otra habitación para atender a su esposa.

—Estaba a salvo, Jasper —dijo Edward tranquilamente.

Jasper se dio la vuelta para fulminar al príncipe con la mirada.

—No me digas que estabas a salvo. Iba directamente a por tu garganta. ¿Crees que no pude leer su mente? Tenía intención de desgarrarla.

Bonita forma de empezar nuestra celebración de Navidad. Isabella no ha a estar muy contenta.

Isabella no estaría muy contenta si esa mujer te hubiera desgarrado la garganta. Esto no se ha acabado, Edward, y no intentes librar a Sam y Emily porque tienen mucho por lo que responder. Puedo excusar a Sue pero no a los demás.

—Sam estaba mirando por mí, Jasper —dijo Emily—. Ella es mi madre.

—Sam no necesita ocultarse tras tus faldas, Emily. Es un antiguo. Sobre todo lo demás, protegemos a nuestro príncipe. Sin él nuestra especie moriría. Nos extinguiríamos. Nuestra primera obligación siempre... siempre es proteger el receptáculo viviente de nuestra gente. Si Edward no ha matado a tu madre para salvarse a sí mismo es porque está obligado a mantener a nuestra gente unida. Lo habría intentado con la diplomacia y ella le habría abierto la garganta. Era deber de los tres cárpatos que hay en esta habitación protegerle... incluso de sí mismo. —Jasper giró la cabeza, atravesando a Sam con sus ojos fríos y peculiarmente coloreados—. ¿No es así?

—Así es. Fue un mal juicio por mi parte y no volveré a fallar al príncipe.

—Y no volverás a fallar a nuestra gente —insistió Jasper. Miró a las mujeres—. Debéis haceros a la idea de que lo queráis o no vivís como cárpatos. Si no lo hacéis, me ocuparé de que no viváis en absoluto.

Jasper. La intervención de Edward fue la calma en el ojo de la tormenta. Ya es suficiente.

No es suficiente. Te protegerán o responderán ante mí.

—¿Por qué lo hizo? —preguntó Quil, empujándose las gafas hacia arriba y frotándose el puente de la nariz—. Juraría que iba a por mí, no a por Edward. Jasper, estoy seguro de que intentó matarme. Edward se movió tan rápido que yo no le vi, y creo que ella tampoco.

—Sam necesita atención —ordenó Jasper a Emily—. Ocúpate de las heridas de tu compañero.

El gruñido de Sam retumbó a través de la habitación.

—Yo merezco tu reprimenda, Jasper, pero no extiendas tus órdenes a mi compañera. No lo permitiré.

Edward alzó la mano para cortar cualquier enfrentamiento.

—Todos hemos olvidado lo que está en juego aquí. La señora Young está aquí para celebrar con nosotros la Navidad y ha aceptado a Sue y Emily como cárpatos. Tenemos que averiguar lo que ha provocado que el jaguar ataque. —Lanzó a su segundo al mando una mirada dura—. Y después todos vamos a hacer las paces porque nada, y digo nada, va a arruinarle esta noche a Isabella.

Jasper se inclinó ligeramente.

—Por supuesto —Intercambió el fantasma de una sonrisa con Sam.

Teme por ella.

Le tiene enredado alrededor de su meñique.

Y ambos podéis iros al infierno.

Sue se hundió en el sofá con Quil a un lado y Harry al otro. Emily y Sam compartían una silla. Edward estaba de pie en la esquina más cercana a la puerta y Jasper estaba de pie, con los brazos cruzados en su amplio pecho, su cuerpo entre el de Edward y el resto de la habitación.

El señor y la señora Young salieron juntos cogidos de la mano. Ella había estado llorando y obviamente no quería enfrentarlos a todos. Cuando vio las marcas en el pecho de Sam, un nuevo flujo de lágrimas empezó.

—Mamá, está bien —dijo Emily—. Por favor no llores más. Dinos que pasa y lo arreglaremos.

—¿Soy yo? —preguntó Sue—. No quiero alterarte más. Es Nochebuena y se supone que tenemos que estar juntos como una familia. No quiero que te alteres por lo que me ha pasado.

La señora Young sacudió la cabeza.

—Tú no. Tú nunca, pequeña. —Su mirada se posó en Quil, y se apartó. Aferró más fuerte la mano de su marido—. Es él. —Asintió hacia Quil—. No es quien crees que es.

—¿Quil? —Sue parecía sorprendida. Todo el mundo miró fijamente a Quil.

—¿Qué quiere decir, señora Young? —preguntó Edward.

—Es jaguar. Puedo oler su sangre. El hedor está todo sobre él. Es un hombre jaguar. Son engañosos y capaces de grandes crueldades. No le quiero cerca de mis hijas. De ninguna de ellas. —Alzó la barbilla, de repente pareció regia—. Lo que hice estuvo mal, debería haber controlado mejor al felino, pero fue tal la sorpresa. No me había encontrado con un hombre jaguar en años. Creía que esa puerta estaba firmemente cerrada. Me tomó por sorpresa y me trajo recuerdos dolorosos, pero ahora estoy bajo control. No puede acercarse a ellas.

Sue aferró con fuerza la camisa de Quil.

—Estás equivocada, Mamá. Quil es el hombre más dulce que conozco. Amable, bueno y brillante. No puede cambiar de forma. Es humano.

—Es jaguar —dijo la señora Young severamente—. Y te ha engañado si ha dicho otra cosa. Yo soy jaguar puro y ninguno de ellos escapa a mi detección.

—¿Quil? —preguntó Edward, ya probando la mente del hombre.

Jasper había intercambiado sangre con Quil y podía leer sus pensamientos, y lo hacía con frecuencia. Nunca había encontrado ninguna evidencia del jaguar. Miró a Edward y sacudió la cabeza.

—Señora Young, es posible que Quil comparta una ascendencia. Muchas de las mujeres de aquí lo hacen, incluyendo a sus hijas y su hijo. Pero no puede cambiar y, de hecho, no conoce su linaje. Jasper comparte sangre con él y puede leer fácilmente sus pensamientos, y muchas veces Quil se ha ofrecido voluntario para dejarme hacer lo mismo. No puede engañar a un cárpato que ha tomado su sangre.

—Es un jaguar —insistió la señora Young—. No es bienvenido aquí y no puede estar cerca de mis hijas.

—Su hijo es jaguar. ¿Deberíamos desterrarle también? —preguntó Edward.

—¡Mamá! Que se te ha metido en la cabeza —exigió Harry—. Papá, hazla entrar en razón.

—No tienes ni idea de lo que tu madre ha sufrido a manos de un hombre jaguar —replicó el señor Young—. No te atrevas a juzgarla.

—No todos los hombres jaguar son iguales —dijo Edward—. No mucho más de lo que lo son los hombres de los cárpatos. Muchos de nuestros hombres se convierten en vampiros y muchos hombres jaguar se vuelven contra sus mujeres, pero no todos. He conocido a muchos jaguares honorables... su propio hijo está entre ellos, y su sangre es mucho más pura que la de Quil. De a Quil una oportunidad. Ha estado con mi gente desde hace algún tiempo y está comprometido a ayudarnos. Sue ha trabajado con él y conoce su dedicación. Utilice este tiempo para conocerle como individuo.

Antes de que ella pudiera protestar, Jasper se movió, atrayendo hacia él todos los ojos.

—Es poco lo que el príncipe le ha pedido, señora Young. Le ha atacado usted, así como también ha dañado intencionadamente a su yerno. Su intención era matar a uno de los nuestros. Quil está bajo mi protección y es mi amigo. Yo seré responsable de su comportamiento. Todo lo que el príncipe le ha pedido es que le dé la oportunidad que se le ha dado a su propio comportamiento, creo que es una petición razonable.

La señora Young tomó un profundo aliento.

—Tiene razón, por supuesto. Me asusté tanto cuando le olí. Me disculpo por mi comportamiento.

Quil apretó la mano de Sue para evitar cualquier comentario.

—Gracias, señora Young. Honestamente no sé si lo que dice usted es cierto, pero haré lo que pueda por averiguarlo. Por lo que sé, no tengo ninguna habilidad psíquica de ningún tipo, y ciertamente no puedo cambiar de forma. Sin embargo, siempre me han interesado las leyenda y mitos y durante un tiempo intenté probar que existían criaturas como los vampiros y los cambiaformas. Quizás me sentía atraído por esas cosas porque como usted dice, es mi herencia.

—Quizás —estuvo de acuerdo la señora Young sin comprometerse.

Edward dejó escapar el aliento lentamente.

—Nuestra celebración empezará en un par de horas. Confío en que hagáis lo que podáis para presentar un frente unido a nuestros invitados. Y Sam, tu te asegurarás sin lugar a dudas de que nuestros secretos permanezcan a salvo siempre. —Eso significaba tomar la sangre de los padres de Emily, una tarea poco placentera pero necesaria.

—Si, por supuesto.

Jasper se giró deliberadamente hacia Quil delante de los otros.

—Si me necesitas, solo tienes que llamarme en tu mente y te oiré. Toma precauciones. No sufriré un segundo ataque sin represalias. Mi justicia es rápida y brutal como bien sabes. —Miró a los demás ocupantes de la habitación—. Nada me disuadirá de mi obligación si se le hiciera daño a mi amigo. —Hizo una medio reverencia y siguió a Edward afuera en medio de la nevada.

—Tú si que sabes salir con elegancia —comentó Edward.

—Te lo juro, viejo amigo, si te vuelves a poner en peligro de algún modo voy a matarte yo mismo y hecho estará.

—Me gusta mantenerte en forma. Me pasaré más tarde a ver a mi hija. Me dirijo a ver a Elizabeth. Me gustaría oír lo que su amiga MaryAnn tiene que decir sobre Sue. Y si realmente es tan buena como todo el mundo dice, quiero encontrar una forma de reunirla con la joven Leah. La niña es asombrosa, valiente y lista y demasiado madura para su edad, pero tan frágil, Jasper. Pudimos haberla perdido y Cayo está muy cerca. Demasiado cerca.

—Mantengo un ojo en él —dijo Jasper—. Te gustará Elizabeth y su Brady. Es una mujer asombrosa y una cazadora muy hábil. Kate y yo la vigilamos de cerca para asegurarnos de que eliminamos todos los parásitos de su sangre. He conservado algunos solo por si acaso encontramos un uso para ellos. Una jovencita asombrosa.

—Estoy ansioso por conocerla.

Jasper empezó a brillar hasta la transparencia.

—Sabes que tendremos problemas con Sue y Quil ahora que se la ha convertido.

Edward suspiró.

—Incluso ahora, cuando nos reunimos por Navidad, siempre parece haber problemas.

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¿Podremos terminar hoy la historia? Espero que les esté gustando! No olviden dejar un comentario y pasarse por nuestro grupo de Facebook 'Twilight Over The Moon'.

¡Nos leemos pronto!