No poseo los derechos de autor. Los personajes pertenecen a la asombrosa Stephenie Meyer y la historia es de la genial Christine Feehan. Yo solo me divierto un poco.
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La música llenaba la pequeña casa de Ben, de los Trovadores Oscuros, ocupada por su familia. Dos guitarras tocaban suavemente mientras la voz de Ben se alzaba en una nana. Bruscamente, Cora dejó su guitarra, inclinándose sobre la barandilla de la cuna y sacudiendo la cabeza.
—No se va a dormir, Ben, ni siquiera con esta bonita canción que has escrito para ella. Sabe que esta noche es Navidad y quiere participar.
Ben puso su guitarra a un lado e intentó parecer severo mientras se ponía de pie junto a su compañera sobre su pequeña hija. Era diminuta, apenas pesaba quince libras, pero les devolvía la mirada con demasiada inteligencia, y mucho se temía que ella controlaba sus vidas. Era un milagro para ambos, y habían luchado duro por ella... todavía lo hacían. Su pequeño cuerpo era frágil, aunque su voluntad era fuerte.
—Jovencita, se suponía que ibas a echarte una siesta.
Una pequeña mano se ondeó hacia su cara. El corazón le dio un vuelco en el pecho como pasaba siempre que miraba a su niña. No parecía soñolienta en lo más mínimo mientras le hacía gorgoritos, animándole con sus ojos abiertos de par en par a que la cogiera.
—Se parece a ti —murmuró él—. En esa pequeña vena testaruda. Demasiado hermosa para las palabras, y deseando hacer las cosas a su propio modo, incluso cuando no es bueno para ella.
Cora le golpeó con la cadera, pero era demasiado tarde; la sonrisa había aparecido y el bebé la había visto. Devolvió la sonrisa a Ben y este estuvo perdido. Extendió los brazos y la cogió, abrazándola.
—Pequeña Señorita Jen, eres tan desobediente —dijo Cora—. Estaba a punto de ir a correr, antes de que empiece toda la locura. ¿Ahora qué voy a hacer contigo?
—Le gusta ir. Podemos ponerla en el canguro.
—Hace demasiado frío.
Ben se inclinó para acariciar la naricilla de su hija a fin de regular su temperatura corporal y calentarla.
—La llevaremos a la posada después, y es lo mismo. Quiere ir, Cora. Le encanta correr contigo.
A Cora le encantaba correr. Había tenido el corazón mal durante toda su vida, lo que evitaba que hiciera nada físico, y ahora que era cárpato, no podía correr lo suficiente. La hacía sentir libre y completa y tan feliz. En casa, en los Estados Unidos, corría con el cochecito, para que Jennifer pudiera sentir la misma felicidad moviéndose con ella, pero aquí, en las montañas de Rumania, el terreno era demasiado accidentado para el cochecito y temía las sacudidas si utilizaba el canguro.
—Necesito correr y me encanta llevarla conmigo, pero tengo que despegar la mente y después de todo este cocinar y ayudar a Jane con los niños, hacer disfraces y ensayos, definitivamente necesito ejercicio —explicó Cora.
—Pequeña —dijo él, con una mano la rodeó para atraer su cabeza hacia la de él. La besó, una lenta y concienzuda muestra de su amor—. No tienes que darme explicaciones, si quieres ir a correr entonces iremos. No me gusta que estés sola y no nos importa ir contigo, ¿verdad, Jen?
El bebé les sonrió a ambos feliz.
—No estaría sola —Cora intentó una excusa para evitar que la niña saliera al frío—. He escaneado y hay varios cárpatos bastante cerca y me quedaría cerca de ellos. Vosotros podéis quedaros aquí calentitos.
—Iremos contigo digas lo que digas —dijo él decidido—. Solo nos llevará unos minutos cambiar al bebé de ropa. —Correr por la nieve requería más habilidad de lo normal y también concentración para no resbalar con lo que practicaré mis habilidades cárpato. —Pero tú llevarás el canguro y tendrás que evitar que el bebé se mueva demasiado.
—¿Estás seguro de que quieres hacerlo?
—Si. —No iba a dejarla ir sola y quería las manos libres para defenderlas.
Cora se ajustó el canguro y esperó hasta que Ben puso al bebé en él, asegurándola y envolviéndola en una diminuta chaqueta con capucha.
—¿Con todos los cárpatos que hay en la zona, no crees que sería un suicido para un vampiro atacar a uno de nosotros? Mira lo que le ocurrió al que fue a por Thia Lahote. Creo que debe haber deseado morir. Los hermanos Lahote son... francamente espeluznantes.
—La familia Lahote ha sido siempre muy poderosa, por lo que dice Alistair. Dice que son antiguos, algo reservados, y tienen increíbles habilidades. Tiene un gran respeto por sus poderes, y viniendo de Alistair eso dice mucho.
—¿Y por qué un vampiro elegiría como objetivo a una mujer Lahote? Te digo yo que nada de esto tiene sentido. La mayoría de las mujeres que están aquí son probablemente descendientes del linaje jaguar. Thia definitivamente tiene lazos de sangre con ese linaje más fuertes que los de la mayoría, pero aún así, el vampiro la atrajo, ¿verdad? ¿No fue específico con sus miedos?
—Realmente no lo sé. Se ha hablado algo de ello, pero nadie sabe realmente que pasó. Pero ese fue el segundo ataque, Cora —le recordó Ben—. Los vampiros menores son utilizaros por otros mucho más poderosos. No estoy dispuesto a arriesgarme. Creo que tenemos a uno dando vueltas esperando una oportunidad y no será con mi familia.
—Todavía digo que sería rematadamente estúpido quedarse por aquí con tantos cazadores cárpatos reunidos en un lugar. ¿Por qué lo harían?
Ben se encogió de hombros.
—Es una vieja táctica de guerra. Acosar las líneas continuamente finalmente las debilita. Y ahora están definitivamente atacando a nuestras mujeres. —Miró al bebé. Y a nuestros niños.
Entonces quizás no deberíamos ir. Puedo pasar sin correr esta noche. Solo me sentía enjaulada por estar tanto tiempo con todos esos niños. No sé como lo hace Jane. Uno es suficiente para mí.
La nuestra, vale por un puñado. Ben se inclinó para rozar un beso en la parte de atrás de la cabeza del bebé.
—Tomaremos precauciones, Cora. No cambiaremos nuestras vidas. Quieres ir a correr, así que iremos. Y como dices... es buena práctica para ti. Cuanto más practicas los métodos cárpatos, mejor eres en ellos. Estaremos bastante a salvo con los demás también en la zona. Avanzaremos hacia ellos.
—Embry se dejó caer para llevar la mayor parte de la comida a la posada ya, así que casi todo está hecho —dijo Cora mientras abría la puerta—. Él y Jane estaban con los últimos ensayos con los chicos. Los niños están muy excitados. Aún para Embry, no se calman y le adoran.
—He notado que en realidad Jen le responde igual —dijo Ben, volviéndose para añadir salvaguardas alrededor de la casa. No quería ninguna sorpresa cuando volvieran. Cora había abrazado la vida cárpato, su forma de vida, y nunca había mirado atrás, parecía no haber arrepentimientos, pero era importante para él que nunca los hubiera. Había estado tan cerca de perderla... de perderlas a ambas, madre e hija... y quería que su vida fuera lo más sencilla y feliz posible... darle todo lo que pudiera.
Cora le puso una mano sobre el brazo y le sonrió, con el corazón en los ojos.
—Embry es amable como tú y los niños responden a eso. Eres un poeta, Ben.
Él gimió suavemente, escondiendo el hecho de que estaba secretamente complacido de que ella le viera así.
—No dejes que Alistair te oiga decir eso. Nunca me dejaría en paz.
Ella rió mientras empezaba una marcha lenta, avanzando sobre la nieve, intentando conseguir la sensación de donde colocar el pie para quedarse en la superficie.
—Todos tenéis mucho miedo de Alistair. ¿Alguna vez le has observado con Irina? Está totalmente hechizado. No puede ser tan aterrador.
—Tú incluso dices eso de Jasper —señaló Ben, manteniéndole el paso.
—Fue maravilloso conmigo y con el bebé. Ese hombre es un osito de peluche.
Ben resopló.
—He oído llamarle un montón de cosas, pero osito de peluche no es una de ellas.
Ella le lanzó una sonrisita amorosa. Ben sintió su corazón derretirse. Le hacía eso tan fácilmente. Una mirada. Un toque. Y su mundo volvía a estar bien. Todos esos años sobre el escenario con tantas mujeres lanzándose sobre él, sin verle, sin preocuparse de quién era. Y después Cora. Ella le había dado vida.
—Tú me la diste a mí —dijo ella suavemente, mostrándole que se estaba volviendo adepta a ser una sombra en su mente—. Tú me diste la vida —. Por un momento extendió el brazo para cogerle la mano, conectándolos a los tres. Bebé, madre y padre.
El corazón de Ben se hinchó. Adoraba tener una familia. Siempre lo adoraría.
Cora le lanzó una sonrisa traviesa.
—Mantén el paso, músico —se escapó, corriendo como una máquina, suave y fluida, su cuerpo se movía con facilidad, el corazón y los pulmones perfectamente sincronizados. Ben corrió tras ella porque el encantaba verla correr. Era algo que ella deseaba más que nada, algo que se le había negado toda su vida. Otros buscaban en ello gratificación, pero Cora disfrutaba de cada paso que daba. Siempre podía sentir su alegría, y sabía que el bebé la sentía también. A Jennifer siempre le encantaba ir a correr con su madre, y Ben sabía que eran con las oleadas de felicidad que salían de Cora con lo que ambos, él y su hija, querían deleitarse.
Cora era insensible al frío, pero no a la brillante belleza de su alrededor. Los árboles estaban transformados, las ramas estaban cargadas de cristales blancos, haciendo que centellearan con millones de gemas. Se sentía como si estuviera corriendo en un mundo de cuento de hadas con su apuesto príncipe. Su hija se acurrucaba contra su pecho, meciéndose gentilmente, como en una cuna, aumentando el efecto surrealista.
Cora extendió los brazos.
—¡Me encanta la vida! —gritó al cielo, la felicidad estalló a través de ella hasta que no pudo contenerla.
Ben sonrió, incluso mientras escaneaba la zona a su alrededor en busca de enemigos. Estaban cerca de Brady y Elizabeth y el pequeño grupo de gente que iba con ellos. Podía ver que la pareja y sus amigos caminaban en la dirección general de la casa de Kate y Garrett, así que la jovencita tenía que ser Leah. Estaba empezando a conocer los olores individuales y eso ayudaba a aliviar su mente. Estaba acostumbrado a vivir en la familia mucho más pequeña de los Trovadores Oscuros. Incluso esta había crecido recientemente cuando cada uno había encontrado a su compañera. Él era el único de los Trovadores con un hijo, pero esperaba que eso cambiara pronto y Jennifer creciera con otros niños a su alrededor.
Cora escuchaba el firme latido de su corazón. Siempre la asombraba oír ese rítmico latido, sentir la fuerza de sus brazos y piernas y ser capaz de respirar fácilmente incluso mientras estaba corriendo. Dio un paso, expelió aire y el corazón saltó. Se perdió un latido. Lo oyó claramente, sintió la invasiva debilidad deslizarse hasta su cuerpo. El aliento abandonó sus pulmones en una ráfaga y vaciló, tropezó. Su corazón se perdió otro latido. Ella dejó de correr, envolviendo los brazos alrededor del bebé, abrazándola, su mente corriendo, el terror la aferraba.
¿Era posible que su corazón hubiera estado tan dañado que ni siquiera la conversión a cárpato no pudiera mantenerlo en funcionamiento? Lo oía claramente, el latido, el salto, dos latidos, otro salto. Rápido. Lento. Se giró hacia Ben con los ojos abiertos de par en par con sorpresa.
—¿Qué pasa? —Él dio un paso alejándose de ella, girando en un círculo, buscando en la zona de alrededor algún enemigo.
—¿Puedes oírlo? —Su voz temblaba.
Ben escuchó la noche, diferenciando los sonidos amortiguados por la nieve. Podía oír voces en la distancia, sabía que Brady y su hermano estaban cerca. Algo va mal. Les envió el mensaje por el vínculo telepático común.
Hubo un momento de silencio. Vamos hacia vosotros desde el sur, respondió Brady. Tenemos a MaryAnn y Leah a las que proteger.
Nosotros tenemos al bebé.
Ben se sentía nervioso, preocupado, pero no podía encontrar el punto en blanco que podría señalar a un vampiro. No estaban solos, algo o alguien estaba observando, pero no podía precisar una localización. No parecía que la amenaza fuera un vampiro. Maldijo por lo bajo, sobresaltando a Cora.
—¿Puedes oírlo?
No quería oírlo. El bebé tenía un latido regular, más rápido que el de un adulto, pero el ritmo cardíaco de Cora era irregular. Incluso cuando puso su mano sobre el corazón e intentó regularlo, estaba totalmente fuera de lugar. Se obligó a calmarse cuando en realidad sentía pánico. No la perdería. Por nada ni por nadie.
—¿Crees que mi corazón está fallando?
—Quiero esperar a que los demás lleguen a nosotros antes de comprobarlo. Si entro en tu cuerpo y somos atacados, el vampiro tendría ventaja.
—¿Crees que seremos atacados? —Cora apretó su abrazo sobre el bebé, sus brazos se envolvieron alrededor de la niña protectoramente. Miró cuidadosamente alrededor, sobre los árboles y a lo largo del suelo cubierto de nieve—. ¿Por qué no puedo sentir a un vampiro si hay uno cerca? ¿Y cómo haría un vampiro para afectar a mi corazón? Debe estar fallando. La reparación pudo solo durar un par de meses, Ben.
Él mantuvo la palma sobre el corazón de Cora para mantener su corazón latiendo al mismo ritmo del propio.
—Eso no es cierto, Cora. No sé que está pasando, pero cuando la conversión se completó, Jasper nos aseguró que tu corazón estaba entero y sano.
Brady y Elizabeth llegaron corriendo entre los árboles. MaryAnn y Leah estaban entre ellos. Elizabeth estaba a la derecha de la joven, a varios pasos de ellos, sus ojos inquietos buscaban en la tierra mientras Brady investigaba la zona. Sobre ellos volaban dos lechuzas, rodeando a los guerreros, abriéndose paso a través de la canopia para intentar divisar a un enemigo desde arriba.
Brady alcanzó a Cora y Ben, su mirada saltó a la forma protectora en que Ben tenía la mano colocada sobre el corazón de Cora. En el silencio amortiguado de la nieve, podían oír el latido irregular muy alto.
—McArty y Marie buscan desde arriba. ¿Qué pasa?
—No sé —dijo Ben—. Siento algo aquí, Brady, pero no puedo encontrarlo. Y sea lo que sea, el corazón de Cora está respondiendo a ello.
McArty y Marie bajaron a tierra volando en espiral, tomando sus formas naturales, Marie vestida de cuero y con armas por todas partes. Los guerreros se desplegaron, manteniendo a MaryAnn, Leah y Cora con el bebé en el centro. El corazón de Cora vaciló y sus piernas se doblaron bajo ella.
MaryAnn la cogió antes de que pudiera caer al suelo. La ayudó a sentarse y se arrodilló a su lado, protegiendo con su cuerpo al bebé de cualquier cosa que pudiera estar cerca y tuviera intención de hacer daño.
—Necesitamos a Jasper —dijo—. Que alguien le llame.
Leah alzó la cara al cielo y dio vueltas, con una mirada alarmada en la cara. MaryAnn extendió un brazo para contenerla cuando empezó a moverse saliendo del círculo, pero Leah evitó el contacto y salió del círculo para colocarse de cara a la posada.
—Aquí está de nuevo. Lo siento. Una corriente firme de energía. —Se estremeció y envolvió los brazos alrededor de su estómago, es desagrado revoloteó en su cara. Se cruzó la palma sobre la muñeca y se la frotó como si le doliera.
McArty frunció el ceño, observándola, mientras los demás intentaban identificar lo que la jovencita estaba sintiendo.
—Déjame ver —dijo, y extendió la mano hacia su muñeca.
Leah gritó y retrocedió, con puro terror en la cara. Se puso el brazo a la espalda, se giró y corrió. Marie señaló a los hombres que se apartaran y fue tras la chica, moviéndose con asombrosa velocidad, cogiéndola antes de que Leah pudiera alejarse de la protección de los guerreros.
—¿Qué pasa? ¿Qué crees que iba a hacer McArty? —preguntó amablemente.
Leah se quedó quieta en sus brazos, con el corazón atronando y la boca seca. Sacudió la cabeza.
—No sé. No sé que ocurrió.
Marie tocó su mente ligeramente, una prueba suave, y encontró vacío, un muro impenetrable de recuerdos ocultos.
—¿Puedes sentirlo? —preguntó Leah, sus ojos suplicaban a Marie—. No estoy loca. Puedo sentirlo perturbando el aire. Es muy sutil.
Marie inhaló profundamente, abriendo su mente, utilizando más que sus sentidos cárpatos. Excavó, extendiéndose en busca de su linaje, la parte de ella que era maga. El felino rugió, desnudó los dientes y se acercó a la superficie.
—Oh, si, cariño. Lo siento. —La tranquilizó Marie. Siseó dejando escapar un largo y lento sonido de desagrado, girando en un amplio círculo, sintiendo el aire—. Definitivamente lo siento.
—¿Es el vampiro?, preguntó McArty.
Marie sacudió la cabeza, su cara palideció. Se giró para mirar a McArty con desesperación en la cara. Retrocedió alejándose de los cárpatos como si de repente no pudiera soportar estar en su presencia.
¡Dímelo ya! Era una orden clara de su compañero.
Marie le desnudó los dientes, gruñéndole y alejándose. McArty miraba de ella a la adolescente, que estaba una vez más frotándose la muñeca como si le doliera.
McArty se acercó a Marie con largas y decididas zancadas, dejando caer una mano con fuerza sobre su hombro, le dio la vuelta, levantando la otra defensivamente para evitar el arañazo de las garras.
—Dínoslo ya.
Marie le miró con absoluta desesperación.
—Mago —Susurró la palabra—. Creo que Charlie está vivo. Este es el hechizo de un mago, por eso los cárpatos lo encuentran difícil de detectar. Un mago llevando a cabo un hechizo de destrucción. Es sutil, pero puedo sentirlo. Quien está esgrimiendo la magia es muy hábil.
McArty sintió la pena, la devastación en ella. Charlie era no sólo su único hermano, sino su gemelo. Había sido ella la que lanzara la espada que había terminado con su vida. No habían recuperado su cuerpo y nadie sabía seguro que estuviera muerto. Charlie era un terrible enemigo. En parte cárpato, en parte mago y ahora vampiro también, era capaz de hacer lo que ningún otro había hecho. Había formado una alianza con los vampiros y había tenido hijos cuando se creía que era imposible.
McArty llevó su mano a la nuca de Marie, uniéndolos. No sabemos si es Charlie. Podría ser Seth, nuestro mortal enemigo o cualquiera de sus seguidores. ¿Y si es Charlie, cómo le sentiría Leah? ¿Cómo detectaría el hechizo de un mago? Antes en los bosques reconoció el flujo de poder. Solo entonces Heidi fue capaz de sentirlo. Edward nos avisó a todos.
Marie tomó un profundo aliento y se giró hacia la adolescente. Se arrodilló delante de ella, tomándole ambas manos.
—Sé que es duro tocar a otros, y recordar tu pasado, Leah, pero a veces es necesario.
Leah sacudió la cabeza e intentó retroceder.
—No puedo. No quiero.
Pregúntale por su muñeca. Por qué le duele cuando siente oleadas de magia oscura.
Marie sujetó a Leah firmemente, evitando que se moviera.
—Solo responde a un par de preguntas. ¿Por qué te duele la muñeca?
—¿La muñeca? —Leah parecía confusa.
—Si, te la frotas cada vez que dices sentir el poder en el aire. ¿Te duele la muñeca?
Leah frunció el ceño.
—Arde y late como si... —Se interrumpió y se acunó la muñeca contra el cuerpo, mirando nerviosamente a McArty.
—¿Cómo si alguien la hubiera desgarrado y utilizado para alimentarse? —insistió Marie.
Leah sacudió la cabeza.
—Quiero irme a casa. Ahora mismo. —¡Garrett! ¡Peter! Luchó contra el apretón de Marie mientras se le formaban lágrimas en los ojos.
—De acuerdo, cariño. Vamos a llevarte a casa, pero algo malo le pasa al corazón de Cora. ¿No querrás que muera, verdad? —insistió Marie—. No si podemos ayudarla.
Ben maldijo en alto.
—He llamado al sanador. Cora no puede mantener sola su corazón. Yo lo estoy haciendo por ella. Que alguien coja al bebé.
Leah ahogó las lágrimas.
—No sé como ayudarla.
—¿Tienes una marca de nacimiento?
Leah contuvo el aliento bruscamente y sacudió de nuevo la cabeza.
—¿Alguna marca en absoluto? ¿Como un tatuaje? ¿De un dragón quizás?
Leah estalló en lágrimas, con vergüenza en la cara.
—¿Cómo lo sabes? Nadie lo sabe. Nunca se lo he contado a nadie, ni siquiera a Kate. Palidece la mayor parte del tiempo. Mi padre dijo que me había marcado porque era de su propiedad para alquilar y así todo el mundo sabría que tenía que devolverme —Su voz era tan baja que resultaba apenas audible.
Marie se sentó sobre los tobillos, el tigre estaba luchando por la supremacía mientras su furia crecía. Su pelo se rayó de colores y sus ojos empezaron a cambiar también de color.
—Ese hombre no era tu padre biológico, Leah, y él no te marcó. Asqueroso bastardo.
—Lo era. Siempre estaba conmigo. —Leah casi lo gritó, esta vez, sacudiéndose la mano tranquilizadora de Marie—. Era mi padre.
Garrett y Peter se materializaron a ambos lados de la chica y ella se lanzó a los brazos de Garrett. Él la abrazó y la mantuvo cerca.
—¿Alguien quiere explicarse?
McArty lo hizo. ¿Qué podría haberla traumatizado incluso más que la brutalidad de su padre que no se atreve a recordarlo, Garrett?
¿Crees que Charlie es su padre?
Sabemos que estaba vivo en ese momento y que es el padre de Senna Ateara. Sabemos que tenía otros hijos, que los quería por su sangre. Si ella lleva la marca del dragón, es una Buscadora de Dragones. Eso explicaría muchas cosas de ella.
¿Pero por qué no lo supinos, McArty? Kate y yo hemos estado con frecuencia en su mente, distanciándola de la brutalidad de su infancia.
—Garrett. —Leah levantó la mirada hacia él—. Sé que estáis hablando de mí. ¿Qué pasa? ¿Qué creen de mí?
Él le echó el pelo hacia atrás.
—Creen que provienes de un linaje muy especial entre nuestra gente. Por eso tienes un talento tan raro.
Marie se puso en pie, mirando hacia donde Jasper se había materializado junto a Cora. La joven yacía en la nieve, con la cara pálida y gotas de sudor perlando su frente mientras luchaba por respirar.
—Su corazón parece ser normal —dijo Jasper—. Aunque no funciona como si lo fuera. Puedo respirar por ella, pero es imposible revertir lo que no está mal.
Marie se alejó de los demás.
—Coged a Leah y marchaos. Debe ser protegida todo el tiempo. Decid a Paul que proteja a Senna. Solo por si acaso. Lucharé con este mago y veremos quién es más fuerte. —Había determinación en su cara. Puso más distancia entre ellos.
Alzó las manos y esbozó un signo en el aire. Al instante todos pudieron ver un arco de luz pulsando en el cielo lleno de nieve. Era débil pero estaba allí, un trazo brillante con venas por todas partes, esparciéndose por el cielo como una red gigante.
Leah sacudió la cabeza.
—No la dejéis hacerlo. ¡Alto! —Se salió de los brazos de Garrett y corrió hacia Marie.—. Él es consciente de nosotros. Si sabe quién eres, donde estás, te encontrará. Siempre puede encontrarte.
—Yo soy consciente de él —dijo Marie—. Y puedo encontrarle. No es bueno vivir tu vida con miedo, Leah. Te haya hecho lo que te haya hecho, tienes que recuperar tu vida. Eres lo bastante fuerte y tienes a Garrett y a Kate para guiarte. Ve con Garrett y confía en mí para esto.
Leah dudó, después sacudió la cabeza.
—Si tú lo haces, entonces también lo haré yo.
Marie le sonrió.
—Soy la nieta del mago oscuro. Llevo la sangre del Buscador de Dragones en mis venas, y estoy bien versada en la magia de los viejos tiempos. Incluso si es Seth, mi abuelo, puedo igualarle. No temas por mí. —Evitó la mirada de su compañero. Ambos sabían que si era su hermano gemelo, podría dudar en el momento equivocado. Sintió a McArty moviéndose en ella, preparándose en su interior por si hubiera necesidad.
—Hazlo —ordenó Jasper—. Ben y yo no podemos mantener este corazón desfalleciente para siempre.
Marie se giró hacia el cielo y examinó las venas de luz que se extendía por el cielo. Cada una era más débil que la anterior, pero podía seguir las hebras, todas conducían a una misma fuente. Una fuente primaria.
—Son tejidos diferentes —señaló Leah.
—Garrett —gritó Marie—. Ya sea Seth o Charlie, podría meterme en problemas y también Leah. No permitas esto.
—Tengo que hacerlo —suplicó Leah—. He tenido miedo en cada minuto de mi existencia. Ni siquiera sé por qué la mayor parte del tiempo, pero está ligado a esto. —Se frotó la muñeca donde esta ardía y latía—. Intento recordar por qué tengo miedo, pero me duele la cabeza y no puedo.
Marie se dio media vuelta.
—¡McArty! —Su nombre era un grito de auxilio—. Fue Charlie. Eso es lo que Seth nos hizo, oculto nuestros recuerdos de él tras un muro de dolor. Charlie tomó la sangre de Leah. Se alimentó de su propia hija. Y de algún modo su madre huyó, consiguió alejarse de él con la niña y así es como terminó con un hombre brutal, otro monstruo del que no pudo escapar.
McArty le rodeó la cintura, atrayendo su espalda contra él en un esfuerzo por consolarla, pero ella se alejó, furiosa con su gemelo, tan furiosa que su tigre saltó a la superficie, todo garras y dientes, llenando su pelo de bandas y volviendo sus ojos azules y después opacos.
Marie no esperó a que los demás se pusieran a cubierto. No esperó a que Garrett diera su permiso para que su hija adoptiva participara; simplemente miró al cielo, tejió una respuesta y la envió a través de las vetas de luz, estallando cada vena, destruyendo la red entera.
Chispas de luz iluminaron el cielo y llovieron desde lo alto. Un relámpago bordeó las nubes y azotó el suelo. La tierra tembló bajo sus pies. En alguna parte, lejos, oyeron un grito de agonía. Al momento se hizo el silencio mientras se registraba la sacudida.
—Atrás —ordenó Marie a su compañero. Realmente le empujó con un brazo, intentando poner distancia entre ellos. Corrió a su izquierda y se agachó, justo cuando un relámpago golpeaba donde antes había estado de pie. El sonido fue ensordecedor. Llovieron flechas de hielo, golpeando la tierra con un ritmo terrible.
Los hombres se apresuraron hacia ella, pero McArty les hizo señas para que retrocedieran.
—Ocupaos de las otras. Es maga, y puede derrotar a nuestro enemigo. Solo le estorbaremos.
Marie siguió corriendo, atrayendo el fuego lejos de los otros, sus manos tejían un patrón complicado en el cielo. Al instante las flechas se derritieron. Gotas de agua cayeron inofensivas. Arrastró las nubes del cielo, soplando aire cálido y dándole vueltas entre las palmas de las manos, todo mientras susurraba a la Madre Naturaleza. De repente y dando una palmada, lo envió hacia el cielo. Al instante una nube tormentosa irrumpió en el aire, subiendo, disparándose hacia arriba rápidamente, ganando velocidad hasta que se convirtió en un vertiginoso vórtice, girando rápidamente y engendrando crueles vientos destructivos.
Marie continuó tejiendo su hechizo, extrayendo el frío amargo de la nieve, del hielo de los árboles, haciéndolos girar juntos en una lanza bastante sólida de hielo. La envió hacia arriba, directamente al centro de la rabiosa nube tormentosa.
El jadeo de Leah fue audible cuando Marie envió el tornado a golpear tierra, apuntando precisamente, utilizando el flujo de energía de su enemigo.
—Le ha dado —susurró—. Lo sentí. Le ha golpeado con fuerza. La lanza de hielo estaba en el tornado y él no la vio ni la esperaba. Le golpeó en el mismo centro. Su influencia ha desaparecido. ¿Cora está bien?
—No ha terminado —advirtió Marie, ya cambiando de posición—. No creas que se ha acabado, Leah —McArty, cubre a los demás, se vengará.
Los hombres tejieron apresuradamente un escudo cuando el fuego llovió del cielo, ascuas ardientes que crujieron y sisearon cuando golpearon los árboles y aterrizaron en la nieve.
Marie sabía que su enemigo estaba en movimiento. Le había herido y él simplemente estaba intentando ganar tiempo. Alzó el vuelo, McArty estaba con ella, las alas golpeaba, con fuerza para intentar encontrarle antes de que se enroscara de vuelta en el agujero del que hubiera salido.
—Yo quiero hacer eso —dijo Leah con temor reverencial—. ¿Puedo hacer eso, Garrett? ¿Soy capaz?
—Si eres lo que Marie sospecha, entonces hay muchas posibilidades de que tengas una habilidad natural.
—Ella no le tenía miedo. Pude verlo en su cara. Y pude sentir el miedo de él. Él tenía miedo de ella.
—Si, lo tenía —estuvo de acuerdo Garrett—. Y con mucha razón. —No señaló que era tan fuerte y poderoso como Marie, ni que era su mayor enemigo. En vez de eso, pasó el brazo alrededor de su hija—. Creo que vas a quedarte conmigo cada segundo hasta que vayamos a la posada para nuestra celebración.
—Creo que él se hospeda en la posada —dijo Leah.
Garrett intercambió una larga mirada con Peter.
—Ya lo comprobamos, cariño, pero lo haremos de nuevo. Peter irá. Ahora que Marie se ha anotado un tanto con él, quizás sea más fácil de identificar.
Peter brilló inmediatamente hasta la transparencia, convirtiéndose en niebla y flotando en dirección a la posada.
Jasper ayudó a Cora a ponerse en pie.
—Te he examinado y tu corazón está perfecto. No hay ninguna necesidad de temer que pudiera ir nada mal con él.
—¿Era realmente una ilusión? ¿El mago alimentando el peor de mis miedos? —preguntó Cora—. ¿Cómo podía saberlo?
—Ya se ha ido y no ha dejado atrás nada que le identifique. —McArty y Marie volvieron, cogidos de la mano, acercándose a Cora.
—En realidad no conoce el peor de tus miedos —explicó Marie—. El hechizo funciona de forma diferente con cada persona a la que toca. Sea cual sea tu miedo particular es eso lo que te pasa. En tu caso, temías que algo le ocurriera a tu corazón, así que así fue. En el caso de Heidi, revivió el ataque sobre ella y pensó que ese vampiro estaba todavía vivo y acechándola. Cada persona ve lo que más teme y si, puede volverse lo bastante real como para matar.
—¿Qué deberíamos hacer en el futuro si ocurre algo como esto? —preguntó Cora.
—Hechizos mágicos, especialmente si saben lo que están haciendo, uno difícil. La mitad de las salvaguardas utilizadas son hechizos mágicos... más de la mitad —explicó Marie—. Afortunadamente, a lo largo de los años, desde la guerra con Seth, han cambiado lo bastante y se han personalizado lo suficiente como para que la mayoría de los magos no puedan sacar nada en claro si no las conocen, pero muchos de los demás hechizos son bastante letales. Todos vais a tener que tenerlo en consideración ahora, cuando sufráis un ataque. Empezaré a trabajar en un hechizo reversible simple que funcionará hasta que pueda ver contra qué nos enfrentamos. Pero es obvio que los magos están trabajando con los vampiros.
—¿Realmente crees que soy como tú? —preguntó Leah.
—Haz que Kate te examine. Muéstrale la marca, Leah, y no la temas. Si el dragón es una marca de nacimiento, es un símbolo bueno, no malo. Charlie fue una vez un gran hombre. Cualquier cosa que hiciera como vampiro, no era el auténtico hombre.
—¿Por qué hay tantos monstruos en el mundo? —exclamó Leah—. ¿Por qué no puede todo el mundo simplemente dejarlo estar?
—No tengo respuesta para eso —dijo Marie, acariciando el pelo de la chica—. Has pasado por mucho y la mayor parte no ha sido bueno, pero tienes la oportunidad de convertirte en lo que quieras ser. No dejes que el miedo te detenga. Deja que Garrett y Kate averigüen lo que hay tras la pared de tu mente. Una vez lo sepas, ya no podrá hacerte daño. ¿No es así, MaryAnn? ¿No es mejor saber y simplemente tratar con ello en vez de encerrarlo y no entender por qué tienes miedo?
MaryAnn besó la frente del bebé y la puso cuidadosamente en el canguro para que pudiera acurrucarse contra el pecho de su madre.
—Yo creo que es mejor. Soy una gran creyente en que cuanto más conocimiento tiene uno, más poderoso es. Crees que no tienes valor, Leah, pero encontraste una forma de sobrevivir cuando pocos podrían haberlo hecho.
—Y no estás sola —dijo Elizabeth—. Hay millones de supervivientes. Nos negamos a ser víctimas. Reconstruimos nuestras vidas, y quizás no somos lo que se considera normales, pero estábamos aquí y llevamos vidas felices. No dejes que el pasado te quite eso.
—Ni siquiera pienses que no tienes un lugar —añadió Cora—. Todos... —Gesticuló para abarcar a todo el mundo—. estamos juntos en esto. Y tu lugar está aquí con nosotros.
Garrett la abrazó de nuevo.
—Kate está ansiosa por verte. —La cogió en brazos y alzó el vuelo en la noche con ella.
—¿Vamos a seguir adelante con la fiesta de esta noche? —preguntó Ben.
—Será mejor que si —dijo Cora— después de todo el trabajo que ha llevado. Y los niños están realmente ansiosos. No podemos decepcionarles. Luchar contra vampiros y ahora, ataques de magos, es solo parte de nuestras vidas, justo como te dije antes. Ahora que sabemos lo que está pasando podemos encontrar una forma de prevenirlo. No quiero que nos hagan dejar de vivir nuestras vidas, y más cuando queremos que Leah viva la suya.
Ben pasó su brazo alrededor de Cora y la acercó a él. Ahora que su corazón estaba latiendo bien, el de él estaba sobre acelerado.
—Pensaba solo por un momento, que podría meteros a las dos en una burbuja y manteneros a salvo en un estante. Gracias, Jasper. Lamento haber interrumpido tu noche.
—Fue un acertijo interesante —dijo Jasper—. Quiero reunirme contigo luego, Marie, para que podamos empezar a trabajar juntos en evitar que ocurran cosas semejantes.
Marie asintió.
—Por supuesto. Ahora mismo me dirijo a la posada para ver si puedo ayudar a Peter a divisar a cualquier posible candidato. Leah estaba muy segura de que había venido de allí. Queremos asegurarnos de que esta fiesta sea segura para todos los niños.
—Creo que yo volveré a la casa y me ocultaré bajo las mantas —declaró MaryAnn—. Toda esta excitación es solo un poco demasiado para mí.
—Nunca crees ser valiente, MaryAnn —amonestó Jasper— pero siempre te las arreglas para encontrar el coraje para acudir a una mujer necesitada, sin importar el coste para ti.
Ella le dirigió una pequeña sonrisa.
—Cualquier cosa por mis hermanas.
Jasper giró la cabeza, mirando hacia los árboles, sus ojos plateados se entrecerraron mientras examinaba cuidadosamente la zona a su alrededor. MaryAnn se estremeció y se presionó una mano sobre el pequeño punto justo sobre su pecho que parecía doler por el frío.
—¿Estás bien? —preguntó Elizabeth.
—Solo un poco cansada. —confió MaryAnn—. Las últimas horas han sido un poco duras para esta humana de aquí.
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No se si esto será todo por hoy… pero debo hacer comida jajaja así que por ahora será todo… solo nos quedan tres capítulos y parece que esta navidad no se podrá celebrar XD
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¡Nos leemos pronto!
