No poseo los derechos de autor. Los personajes pertenecen a la asombrosa Stephenie Meyer y la historia es de la genial Christine Feehan. Yo solo me divierto un poco.

.

.

.

Rosalie se apoyó contra Emmett, volviendo la espalda al gentío reunido para observar a Santa distribuir regalos a los niños en el comedor. Sus dedos aferraron el brazo de Emmett mientras respiraba a través de la contracción.

—¿Sabes cómo podemos poner a un lado el dolor la mayor parte del tiempo? Esto es como la conversión. No hay forma de asilarse. Solo puedes seguir adelante con ello. Esperaba que como mujer de los cárpatos, sería un poco más fácil.

Un estallido de risa captó su atención y se giró para ver a la pequeña Jennifer vomitar sobre la prístina barba blanca de Santa. Por un momento los ojos negros como el carbón destellaron de plata, como los de un lobo, y descansaron sobre Edward. Igual de rápidamente Santa recobró su estado jovial y devolvió el bebé a Cora.

Rosalie sonrió a Emmett. No me habría perdido esto por nada del mundo.

Si yo fuera Edward, estaría esperando que un relámpago me golpeara.

—Vamos a llevarte a la cámara del parto —dijo Emmett en voz alta, pasándole el brazo por la espalda para darle apoyo. Podía sentir el dolor atravesando su cuerpo, haciéndose más fuerte con cada contracción. Más fuerte... y de más larga duración.

Rosalie le pasó los dedos por la fuerte cara.

—No parezcas tan ansioso. Millones de mujeres han hecho esto.

—Pero tú no, pequeña rubia —susurró, inclinándose para dejar besos en la coronilla de su cabeza sedosa—. Nosotros no. Tú eres mi mundo, Rosalie.

—Lo haremos bien. Mira —Señaló a la parte de atrás de la habitación con la barbilla—. Oh, han hecho bien en hacer este pequeño show para los niños. Nadie como Alice sabe cómo ganarse a una multitud con su magia. Antes de que Jasper la reclamara era una maestra de la ilusión, recorriendo todo el mundo con su espectáculo de magia, e indudablemente tenía que limitar sus habilidades. Tiene a la multitud en la palma de la mano. Los niños nunca se creerían, ni por un solo momento, que era Jasper el que llevaba el trineo.

En cuanto "Santa" terminó de ofrecer regalos, Jasper fue a la parte de atrás de la habitación, frunciendo el ceño a su compañera.

—¿Por qué demonios te has vestido así? ¿Qué creías que estabas haciendo?

Los niños rieron cuando Alice se dio la vuelta con una mirada culpable en la cara. Sostuvo un dedo sobre los labios en medio de su carita.

—Tengo que irme, y tendré que devolver a San Nick su magia protectora. No queremos revelarle al mundo entero.

Santa levantó su saco y se apresuró hasta el fuego. Aunque las llamas ardían con fuerza, él simplemente desapareció por la chimenea. Otro jadeo de respeto reverencial atravesó a la multitud.

—Alice lleva magia a donde quiera que va — dijo Emmett—. Estos niños nunca olvidarán esta noche.

Alice ondeó su varita justo cuando las ruidosas pisadas indicaban que San Nick estaba volviendo a subir a su trineo. Balanceó las botas negras expertamente por el borde del trineo e hizo chasquear el látigo sobre las cabezas de los renos. Notaron como el trineo y la bolsa de juguetes, ahora considerablemente menos llena, se elevaban en el aire y se alejaran con el sonido de la risa de Santa.

Otra oleada de dolor se deslizó maliciosamente a través del cuerpo de Rosalie. Sus dedos se apretaron con fuerza alrededor de los de Emmett, mientras respiraba lentamente en un esfuerzo por controlarlo. Esta vez el dolor fue lo suficientemente fuerte y duró lo bastante como para hacer que los demás cárpatos de la habitación fueran conscientes de que estaba realmente de parto. Las cabezas se giraron... guerreros, compañeras e incluso algunos de los niños volvieron su atención hacia ella.

Rosalie intentó una pequeña sonrisa y asintió.

—Es la hora. ¿Dónde está Rachel? Debo agradecerle esta maravillosa noche. Ha estado llena de deliciosas sorpresas.

Kate y Edward con varios de los otros cerraron filas alrededor de Rosalie.

—Tenemos que llevarte la cámara del parto ahora —declaró Kate—. Podemos con esto, no tengas miedo.

—Es ansiedad, pero no miedo. Emmett no dejaría que nada nos sucediera, ¿verdad? —preguntó Rosalie, manteniendo la mirada de su compañero.

—Para nada. Este va a ser un nacimiento hermoso e inolvidable —le aseguró él.

Rosalie dio unos pocos pasos más hacia la puerta y se detuvo, apartándose el pelo de la frente con una mano mientras el dolor tensaba su estómago y bajaba por su espalda.

—¿Os habéis percatado del último informe sobre como los bebés están viéndose expuestos a un terrible brebaje químico, como ha pasado con animales y pajarillos, sobre si es eso lo que está poniendo a tantas especies en peligro de extinción?

—Rosalie —advirtió Emmett—. Ahora no es momento de pensar en eso.

—No, Emmett. Todos tenemos que pensar en eso. —Jadeó cuando el dolor volvió a inundarla, robándole el aliento. Apretó los dientes y recitó estadísticas—. La sangre del cordón umbilical refleja lo que la madre pasa al bebé a través de la placenta. De doscientos ochenta y siete productos químicos detectados en la sangre del cordón, ciento ochenta de ellos son conocidos por causar cáncer en humanos o animales, doscientos diecisiete son tóxicos para el cerebro y el sistema nervioso, y doscientos ocho causan defectos de nacimiento o desarrollo anormal en animales de laboratorio. Y estoy citando un informe realizado por un grupo medioambiental ajeno a Washington —añadió Rosalie, tomando aliento cuando el dolor disminuyó. — Todo el mundo debería prestar más atención a esto. Entre los productos químicos encontrados en la sangre del cordón están el methylmercurio, producido por la quema de plantas para hacer carbón y ciertos procesos industriales. La gente puede respirarlo o comerlo en el marisco y eso causa daños cerebrales y nerviosos.

—Rosalie, nuestra bebé no va a tener daño cerebral o nervioso.

—Tú no has leído ese informe. Los investigadores también encontraron hidrocarburos poliaromáticos, o PAH, que son producidos por quemar gasolina y basura, productos químicos retardantes llamados polubrominato dibenzotoxinas y furans; y pesticidas incluyendo DDT y chlordane.

—No sé lo que son ni la mitad de esas cosas —dijo Emmett, intentando consolarla. Le pasó la mano por el brazo, pero ella se encogió apartándose de él.

—Por eso exactamente es por lo que nadie escucha. Como no saben que es, se figuran que no tienen que prestar atención —El pánico llenaba su voz—. Yo sé lo que les ha estado pasando a nuestros niños. Están tan conectados a la tierra y la tierra se ha vuelto tan tóxica que ahora estamos en la lista de especies en peligro de extinción también.

—Hora de marcharse —urgió Emmett.

Sácala de aquí ya, ordenó Edward a su hermano. No podemos permitirnos que la oigan los aldeanos.

Es su forma de afrontar el dolor y el miedo, Edward.

Soy consciente de eso, Emmett.

—Primero tengo que dar las gracias a Rachel —insistió Rosalie, luchando por contener otra oleada de dolor.

Edward se inclinó para susurrar a Isabella.

—Encuéntrala rápido. Tenemos que sacar a Rosalie de aquí antes de que alguien averigüe qué está pasando.

—Ya viene y trae con ella a la anciana de San Francisco —dijo Isabella, con alivio en la voz.

Edward movió la mano para ayudar a apartar a la multitud, haciendo más fácil que Rachel y la mujer se abrieran paso por la habitación.

Isabella se apresuró hacia ellas.

—Rosalie se ha puesto de parto y tenemos que llevarla a su casa. Ella quisiera decir adiós rápidamente y agradecerte esta encantadora velada, Rachel —dijo—. Y por supuesto, un saludo rápido para usted, señora Steward. Ha estado deseando conocerla.

—Solo le desearé buena suerte, entonces, querida —dijo Siobhan, apoyándose pesadamente en Rachel, utilizando su bastón para tantear su camino, con el cuerpo ligeramente encorvado mientras cojeaba hacia Rosalie y Emmett.

Felix cruzaba la habitación frunciendo el ceño cuando la mujer se detuvo delante de Rosalie y extendió la mano hacia ella.

—Al fin. Me alegro mucho de conocerte, querida, y en un momento tan importante. —Golpeó el suelo con el bastón dos veces, juzgando la distancia entre ellas—. Me temo que tengo que llevar estas terribles gafas oscuras y tengo problemas para verte. Esperaba que tuvieras un inconfundible parecido familiar.

Guerreros. Utilizando el vínculo común de comunicación, Felix habló a los demás, su voz resonaba alarmada. Esto no tiene sentido. La mujer a la que conocí en San Francisco es esta misma, pero diferente. Mayor, pero no anciana. Caminaba decididamente, con una zancada a cada paso y en absoluto toda encorvada. Ya se estaba moviendo, intentando utilizar su velocidad para atravesar la multitud hacia Rosalie.

Al instante hubo una agitación cuando los hombres se apresuraron hacia Rosalie.

Emmett se colocó delante de su compañera cuando Siobhan balanceó el bastón directamente desde el suelo, apuñalando el estómago redondeado de Rosalie. Vladimir, que se había colocado cerca de la pareja, empujó a Emmett a un lado y aceptó el afilado puñal que había en el bastón profundamente en su abdomen. Se quedó por un momento mirando a la anciana de aspecto inofensivo, tomando nota de los ojos casi ciegos y la cara retorcida. Por un momento ella vaciló ante sus ojos y pudo ver otra cara superpuesta, una cara que tenía largas marcas de arañazos y ojos destrozados por un águila real.

La criatura de la madriguera. Está poseída, jadeó Vladimir. El mago mora en el mismo cuerpo que la anciana. Su cuerpo ya se había entumecido, la agonía desgarró su cuerpo cuando su corazón se encogió. Manó sangre por la comisura de su boca, sus ojos se pusieron vidriosos cuando el aire se inmovilizó en sus pulmones y su corazón dejó de latir.

Al otro lado de la habitación, MaryAnn se aferró el pecho con ambas manos para detener el súbito dolor que se extendía por su cuerpo. Las piernas le fallaron y se sentó bruscamente. Tan repentinamente como empezó, el dolor terminó, dejándola con una sensación de pérdida y vacío, pero por qué... no lo sabía.

Paul saltó al costado de su hermano, agachándose sobre el cuerpo muerto, buscando con su espíritu para obligar al aire a atravesar los pulmones, y a la sangre a correr por el poco cooperativo corazón.

Edward y Emmett arrastraron a Rosalie hacia atrás, empujándola tras ellos. Otras manos la cogieron y la empujaron aún más lejos mientras se formaba un muro de guerreros a su alrededor. El bastón se arqueó hacia Isabella.

—¡Madre! —Alice gritó y se lanzó hacia Isabella.

Jasper llegó primero, retorciendo el bastón hasta arrancarlo de la mano marchita. ¡Marie! Mantuvo su cuerpo entre la anciana e Isabella y Edward.

Marie ya estaba tejiendo un complicado signo en el aire, murmurando suave e insistentemente. McArty recogió el encantamiento de su mente y añadió el poder de su voz. Brady y Elizabeth se unieron a él, vertiendo su fuerza combinada en Marie a través de McArty.

Utilizaron el canto y un hechizo mágico, una combinación de poder cárpato y mágico. La boca de Siobhan se retorció en un gruñido mientras el mago luchaba por mantener su escudo. No podían atacarle sin matar a Siobhan. Su cuerpo se dobló casi por la mitad. Los guerreros la rodearon, observando como su cara se contorsionaba, mostrando un bocado de dientes alargados, y después volvía a ser la de una mujer mayor y educada.

El dolor de Rosalie atravesó a toda la gente de los cárpatos, casi paralizando a los hombres. Emmett, llévatela a la cámara del parto, ordenó Jasper. Kate, debemos irnos ya. Está demasiado cerca. No podemos esperar.

Edward tomó a Jessica por el codo y la empujó hacia Jasper. Te necesitan allí también. Nos uniremos a vosotros tan pronto como sea posible. Llevad a los niños a casa. Los McArty se ocuparán de este mago.

Siobhan necesitará un sanador, advirtió Jasper, incluso mientras se inclinaba para levantar a Vladimir. Paul estaba manteniendo el corazón de su hermano en funcionamiento y permaneció cerca del maestro sanador mientras todos se ponían en acción.

Yo me ocuparé de ella, se ofreció Alistair.

Hecho entonces, dijo Edward mientras Emmett cogía a Rosalie en sus brazos y salía a zancadas de la posada, con Kate a sus talones. Jasper y Paul los seguían con Vladimir.

La voz de Marie se hizo más exigente, más insistente. Señaló al suelo, ordenando al mago que saliera del cuerpo y se echara al suelo, arrastrándose como un perro.

El cuerpo de Siobhan se removió con ansiedad, estirándose y retorciéndose hasta que pareció combarse. Su garganta se abultó y onduló mientras se hinchaba y crecía de volumen y la saliva goteó por su cara. Lentamente giró la cabeza hasta que estuvo mirando directamente a Marie, sus ojos eran profundos agujeros, pozos de odio. El mago la miró fijamente, su boca amplia y deformada dio forma a una palabra.

—Traidora —acusó, la voz fue un trueno demoníaco.

La voz de ella no vaciló, aunque McArty le puso la mano en la espalda para reafirmarla, un gesto de absoluta solidaridad.

Una sombra se separó del cuerpo de Siobhan, una sustancia oscura y viscosa, insustancial, imposible de sujetar en una mano o de matar. Varios guerreros lo intentaron, pinchando la sombra para intentar encontrar un corazón, incluso atravesándola, pero esta continuó deslizándose por el suelo hacia la puerta, Alistair cogió a la anciana antes de que pudiera golpear el suelo y la levantó entre sus brazos, llevándola escaleras arriba de vuelta a su habitación.

¿Cómo le matamos? preguntó McArty a Marie.

No lo sé. No es un guerrero de la sombra así que no podemos enviarlo de vuelta al reino de los muertos. Es un alma perdida llevando a cabo la voluntad del mago. Solo él puede controlarla en realidad, darle paz o enviarla lejos. Nunca he dado con un hechizo para matar a una de estas. Intenté unos pocos y quizás, con el tiempo, pueda inventar alguno, pero esta va a volver con su amo.

Cayo volvió de escoltar a Garrett con Angela y Leah de vuelta a su casa.

—Yo puedo intentar seguirla, ver si el mago está cerca.

Marie asintió.

—No dejes que te vean. El mago es fuerte y su conocimiento es muy antiguo. Recuerdo alguno de estos hechizos, pero han palidecido en la memoria.

Marie observó al hombre de los cárpatos cambiar a la carrera, un cambio fácil y fluido casi en medio del aire. En un momento estaba caminando erguido y al siguiente corriendo a cuatro patas como un lobo negro y peludo.

—Buena suerte —le susurró, presionándose una mano sobre el estómago cuando otra oleada de dolor les golpeó a todos. — Será mejor que vayamos a la cámara del parto si vamos a serle a Rosalie de alguna utilidad.

Profundamente bajo tierra, en la cámara más cálida de la caverna, Jessica llamaba a la Tierra, cantando suavemente para enriquecerla, preparándola mientras Rosalie se acostaba en la suave cama del terreno más rico, con la cabeza recostada en el regazo de Emmett.

A varios pasos de distancia, Jasper y Paul trabajaban con Vladimir, intentando sacar el veneno de su cuerpo y al mismo tiempo, mantener su corazón en funcionamiento y sus pulmones trabajando.

Por todas partes a su alrededor, las velas volvieron a la vida y la suave y consoladora esencia de hierbas y especias llenó el aire. El gran canto sanador aumentó de volumen cuando cárpatos de todas partes, incluyendo a Rosalie y Emmett, cantaron para evitar que el gran guerrero se deslizara lejos de su hogar, mientras Jasper emprendía el viaje para recobrar su espíritu y darle escolta de vuelta a la tierra de los vivos.

Rosalie respiraba a través de las contracciones, utilizando a Emmett como su foco. Simplemente se acurrucó en la mente de él y se quedó allí cuando las contracciones se incrementaron en fuerza y duración. Entretanto cantaba con los demás, sintiendo la camaradería, siendo parte de algo mucho más grande, en armonía con la tierra que les rodeaba. Hermanas y hermanos unidos como una familia para sanar a uno de sus caídos... un guerrero que voluntariamente había ofrecido su vida para mantener a salvo a Rosalie y su hijo nonato.

La sanación era difícil y lenta, Jasper luchaba contra un veneno que pretendía dar una muerte rápida. Dos veces tuvo que parar, pálido y tambaleándose se cansancio, para ser rejuvenecido por Paul y después por Peter. Alistair se unió a ellos, señalando que Siobhan estaba durmiendo confortablemente. McArty y Brady, Elizabeth y Marie, entraron en la cámara, informando de que Cayo estaba intentando seguir a la sombra de vuelta a su amo.

Mientras tanto, Rosalie permanecía quieta entre los brazos de Emmett, respirando a través de cada contracción hasta que jadeó y se aferró a la mano de Kate.

—Ya viene —susurró.

—Estamos listos —la tranquilizó Kate.

La mirada de Rosalie fue hacia Jasper, ya de vuelta en el cuerpo del guerrero. Kate extendió el brazo para abarcar a todos los cárpatos dentro y fuera de la cámara.

—No estás sola. Se ayudará al niño a entrar en el mundo, asistido por nuestra gente, bienvenido por todos y protegido por todos. Jasper se unirá a nosotros en cuanto pueda. Deja que tu bebé entre en nuestro mundo, Rosalie.

Rosalie asintió y esperó a la siguiente contracción antes de empujar.

Jasper se alejó de Vladimir.

—Necesita sangre —anunció suavemente— y varios alzamientos en la tierra, pero vivirá.

Fue Edward quien se adelantó para ofrecer sangre a Vladimir, un ofrecimiento del príncipe en respeto y honor al sacrificio de Vladimir. Fue Paul quien abrió la tierra para que recibiera a su hermano, tejiendo salvaguardas para asegurar que el descanso de Vladimir no fuera perturbado.

Jasper pasó la mano sobre la cabeza de Rosalie en un gesto de afecto.

—Así que, pequeña, al fin, vas a entregarnos a tu hijo.

—Esperaba por ti.

Él le sonrió.

—Ya estoy aquí.

—¿Podéis sentirle? ¿Estás tocándole, asegurándote de que está bien para respirar por sí mismo? —Miraba ansiosamente de Kate a Jasper, sus manos aferraban firmemente a Emmett.

A su alrededor podía oír el canto del nacimiento, y el hermoso sonido casi apagaba sus miedos... casi.

—¿Le has examinado en busca de contaminantes, Jasper? ¿Estás seguro de que su sangre es fuerte?

—Lo he hecho y todo va bien. Entréganoslo y después podrás descansar. Te has estado preocupando demasiado. Déjale venir para que puedas sostenerle entre tus brazos.

La mirada fija de ella mantuvo la otra plateada, y él le dirigió otro asentimiento de ánimo.

—Confía en mí, ma petite, confía en nuestra gente y en tu compañero. Suéltale.

Ella giró la cabeza y levantó la mirada hacia Emmett.

—Te amo. Pase lo que pase, no importa. Te amo y nunca lo he lamentado, ni un solo momento.

Él parpadeó para contener las lágrimas y se movió para que ella pudiera seguir mirándole a los ojos. Mente con mente, se extendieron hacia su hijo. Tomaron aliento y ella empujó, sin apartar nunca la mirada de su ancla... de Emmett... el amor de su vida.

—Alto. Eso estuvo bien. Solo respira, Rosalie. Está mirando alrededor, échale una mirada. Está excitado por ver su nuevo mundo —animó Kate.

—Aún no. Dime que está respirando y que está sano —jadeó Rosalie, todavía aferrada a la mente de Emmett, temiendo que si lo soltaba simplemente se derrumbaría de miedo por su hijo.

—Empuja de nuevo —instruyó Jasper. El bebé resbaló hasta sus manos y acunó al niño contra él, abandonando inmediatamente su propio cuerpo para examinar concienzudamente al niño a la manera de su gente.

Kate pinzó el cordón umbilical y Emmett lo cortó, separando a madre e hijo.

Un silencio cayó en la caverna. Las llamas de las velas titilaban sobre sus caras, mientras todos permanecían muy quietos esperando. De repente, un chillido hendió el aire.

Jasper sonrió a Rosalie, sujetando en alto al bebé, hacia el príncipe.

—Dad la bienvenida a nuestro mundo a nuestro miembro más reciente. Un hijo por todos apreciado.

Edward se adelantó y posó su mano sobre la cabeza del niño.

—Un chico muy saludable. No podía ser más hermoso. Bienvenido, hijo. Sobrino. Guerrero. Tu vida está ligada a nuestras vidas para siempre. Vivimos como uno y morimos del mismo modo. Cuando uno nace, es causa de celebración para todos, y cuando uno muerte, todos sentimos la pérdida. Eres hermano. Cárpato. Es un honor y un privilegio darte la bienvenida.

Jasper sostuvo al niño sobre su cabeza, y una alegría atronadora atravesó la cámara del parto. Giró y lenta y gentilmente, puso al infante en los brazos de su madre. Ella bajó la mirada a la cara de su hijo, con lágrimas en los ojos y una mano aferrada a la de Emmett.

—Es tan hermoso. Mírale, Emmett, mira lo que hemos hecho.

Emmett se inclinó para rozarle besos por la cara, probando sus lágrimas con los labios. Lágrimas de felicidad.

—Es perfecto, Rosalie.

Edward rodeó a Isabella con el brazo y recorrió la caverna con la mirada, observando las caras felices de su gente. Incluso Cayo había vuelto para lograr echar un vistazo al bebé. Muchos de los guerreros sin pareja se hacinaron más cerca, deseando ver aquello por lo que llevaban tantos siglos luchando. Estaban juntos de nuevo después de tantos años y tanta lucha. Besó a su compañera, la felicidad le atravesaba.

—Tenemos mucho que celebrar, Isabella. Y todo está aquí mismo, en esta cámara. No solo estamos celebrando la vida, sino la esperanza. De nuevo hay esperanza para nuestra gente.

.

.

.

No estoy llorando, ustedes están llorando jaja

Como siempre gracias por acompañarme en otra de las locuras que se me ocurren. Sigamos divirtiéndonos con estas lindas historias, ¿si? Obvio las de Christine Feehan son las mejores, más adelante leeremos más de ella.

No olviden dejar un lindo comentario y pasarse por nuestro lindo grupo 'Twilight Over The Moon'.

¡Nos leemos pronto!