Disclaimer: Harry Potter no me pertenece (llora), pero me gusta jugar con los personajes y ponerlos en situaciones que me hubiera gustado ver.
Este fic participa en el Fictober del grupo "Yo también estoy esperando un nuevo capítulo de Muérdago y Mortifagos", también es mi primer fic publicado, entonces por favor, tengan piedad.
Prólogo: Lluvia
Draco Lucius Malfoy no era un estudiante de Hogwarts normal. Desde su llegada a la estación de Kings Cross en Londres, pasando por el viaje en el Expreso de Hogwarts donde conoció al niño que vivió, hasta la primera ceremonia de selección, hizo todo lo posible por hacerlo notar. Las creencias que su progenitor le inculcó desde pequeño se vieron reflejadas de inmediato, su instinto de superioridad y el odio por los hijos de muggles relucieron desde el primer momento, pero su afán por conocer a una celebridad lo llevó a sentirse humillado cuando Harry Potter despreció su amistad.
Y vaya que el joven Malfoy nunca olvidó esa decepción.
Solo hasta que el destino se encargó de enmarañar sus sentimientos con los de la única bruja que jamás podría tener, se dio cuenta que ni toda la fortuna de su ancestral casa multiplicada mil veces le ayudaría a conseguirla.
Con el paso de los años y mucho después de que las aguas se calmaran para las personas como él, dedicó su vida, en secreto, a encontrar la forma de poder tenerla de nuevo entre sus brazos. Pronto supo que nunca habría ningún otro hombre en la tierra tan desdichado como él.
Pocos magos y brujas podían decir que se encontraban dentro del círculo cercano del heredero de la fortuna Malfoy y solo un diminuto grupo podía alardear de conocer de primera mano las acciones que cometía, a pesar de eso, únicamente había un mago al que la serpiente consideraba su igual.
Theodore Nott era tan misterioso y contrario a Draco Malfoy en casi todos los aspectos que la comunidad mágica a menudo se preguntaba cómo era que dos magos tan opuestos llegaron a ser tan estrechamente cercanos.
Nadie podía saber que su lazo estaba construido sobre la desolación de sus almas.
Cuando Theodore perdió a la única bruja que logró despertar su interés, supo que viviría lamentándose por el resto de su vida.
Él no siguió el ejemplo de Draco, claro que no. Él definitivamente no se casó, como lo hizo su compañero. Años después de que sus vidas se volvieran miserables, Malfoy padre obligó a su hijo a escoger una esposa sangre pura. Como rebelión interna, Draco escogió a la bruja Astoria Greengrass, a quien sabía poseedora de una maldición hereditaria que no le permitiría llegar a una edad avanzada.
Theodore estaba decidido a terminar el linaje Nott, cosa que no le costó mucho trabajo, pues se sabe que nunca se relacionó con ninguna bruja. A Draco no le importaba si la familia Malfoy terminaba con él, pues no tenía deseos de perpetuar su estirpe con nadie más que con la bruja de su vida, pero fue hasta que, de nuevo, Malfoy padre le exigió un heredero sin importar el estado de salud de Astoria. Con Scorpius Hyperion Malfoy como nuevo integrante de la familia, Draco supo que aunque amaba a ese pequeño ser, jamás se perdonaría seguir con su vida, como ella lo hizo.
Lo único que hizo Theodore fue encerrarse, teniendo como única compañía los muros vacíos de su mansión.
Les costó demasiado seguir, si es que alguna vez avanzaron de verdad. Con cada nueva noticia, o falta de ella, morían un poco.
Draco se enteró de la boda que se llevó a cabo después del fin de la Guerra y perdió la cuenta de cuantas veces maldijo al idiota ladrón que arruinó el momento estando ebrio. Ella merecía mucho más, pero al final, fue lo que ella eligió.
El sufrimiento de Theodore no se intensificó sino hasta varios años después, cuando una invitación colorida llegó a la Mansión Nott. Si le preguntaras al mago, lo único que recordaría de esa noche serían las decenas de botellas vacías de Whiskey de Fuego e Hidromiel quebradas en la chimenea. Retiró gran parte de su apoyo económico a El Profeta debido a la estúpida publicación de Rita Skeeter que criticaba el hermoso vestido que ella usó ese día.
Y con cada nuevo nacimiento que se anunciaba, moría un poco más el corazón de cada mago.
Con el paso de los años, la muerte de Astoria Malfoy llegó, y a pesar de que la convivencia que llevó con su esposo fue placentera, ella sabía que lo liberaría de esa prisión con su ausencia.
Se supo que Draco Lucius Malfoy celebró el nombramiento de la primera Ministra de Magia nacida de Muggles durante semanas, así como Theodore financió muchas investigaciones magizoológicas desde las sombras.
Draco incluso aconsejó a Scorpius formar una relación con la joven Weasley, porque aun quería tener algo de ella, aunque fuera un poco.
Los años de investigación dieron fruto cuando un día de otoño, el golpe final llegó a la vida de los magos. Esa tarde de otoño que cedieron a la tentación de manipular el tiempo para su beneficio.
Llamas verdes salían en todas direcciones. La chimenea del salón principal de la Mansión Nott se vio llena de pronto por un mago alto, de cabello rubio platino y cara afilada. Poseía una expresión que podría haber alarmado a toda Gran Bretaña y los ojos inyectados de sangre.
-¡Nott!- gritó. El eco retumbó por todo el salón – En dónde diablos estás...
-Tardaste demasiado.
Cabello oscuro caía sobre las facciones del mago que reposaba en el sillón del rincón. Una botella vacía de hidromiel y un pergamino tirado a los pies del ventanal indicaban que debía llevar un rato esperando.
-Lo has leído- Malfoy alzó el pedazo de pergamino que aún sostenía fuertemente en un puño sangrante.
-Me lo ha enviado Zabinni, parece que la pelirroja está bien- Nott hizo una mueca que pretendía ser una media sonrisa –Menuda suerte que tiene ese idiota.
Draco se abrió paso entre el desastre que le recordó al que él mismo dejó atrás en la Mansión Malfoy. En el ventanal, desde donde podía notar la tormenta aproximarse, recogió el pergamino y lo leyó.
Tres simples palabras, al igual que el suyo.
Podía sentir el picor en el interior de los ojos y el nudo formándose en mitad de su garganta.
-Accio Hidromiel- una botella voló desde los pasillos hasta la mano de Theo. –Toma.
-¡No es momento para esto! –le gritó Malfoy.
-No veo que otra cosa podrías hacer- dijo en respuesta el castaño –No hay mucho en lo que puedas ayudar.
Draco le arrebató la botella y le dio un largo sorbo que le quemó hasta el alma. Eso le ayudó a disipar el nudo que por poco le hubiera ahogado.
Cuando fijó la vista en su amigo, vio reflejado su dolor. Cabello desordenado y ropas manchadas de su propia sangre. No solo compartían puños mallugados.
Después de un momento que pareció eterno, Nott habló –Tengo uno.
-¿Qué?- contestó Draco, que había bebido lo suficiente para no entender a la primera -¿Un qué?
-Un prototipo- Nott se llevó las manos a la cara, después con un encantamiento invocador, trajo lo que parecía ser una pequeña caja de reloj.
Draco se incorporó de un salto. –De ninguna manera…
-No tiene límite en cuanto al retroceso, pero…- Malfoy se lo arrebató de las manos en un segundo, el mismo que tardó Nott en apuntarlo con su varita. –Ni se te ocurra Malfoy, ni por puto Merlín lo hagas.
-¿Y qué?- gritó – ¡La he perdido!
-¡Yo también!- gimió Theo en respuesta –Pero no está listo, no podemos hacer mucho – balbuceó.
-¿Qué dices?- preguntó el rubio.
-Sólo puedes permanecer cinco minutos- la voz de Theo se cortaba –Es todo lo que he logrado.
-Por los huevos de Merlín, Nott- murmuró Draco llevándose las manos a su platina cabellera, con la intención de arrancarla. Miró por el ventanal y meditó mientras veía las gotas caer.
Los pensamientos de Malfoy parecieron extenderse por un eternidad, cuando dijo –Vamos, sígueme.
La decisión en las palabras hizo que Theo no rechistara, aunque puede que hubiera sido más por el alcohol en su sistema. Siguió a Draco hacia la chimenea y con un poco de Polvos Flu se encontraba en la Mansión Malfoy. Se mantuvo detrás del rubio hasta más allá de las mazmorras, hacia el pequeño pasadizo que conocía bien.
Las bóvedas guardaban reliquias familiares Malfoy desde tiempos memoriales, pero Draco iba ahí muy poco.
-Me juré nunca dejarme llevar por esta idea, me contuve por años- dijo mientras con un movimiento de varita apareció un viejo cofre de plata. –Pero tenemos que hacerlo.
El giratiempo que se encontraba dentro, cubierto por terciopelo verde esmeralda, hizo que Theo olvidara que había bebido demasiado. Lo único que pudo hacer fue salir detrás de Draco hacia los jardines, no importando que estuviera cayendo una tormenta.
Frente a frente, se miraron. Almas rotas con anhelo y esperanza nueva.
-¿Cuando?- preguntó Draco.
-¿Cuánto tiempo estaremos ahí?- Nott ahora no contenía las lágrimas, confiaba en que se fueran con la tormenta.
-Todo el que queramos…
-Hogwarts, 1996- contestó con un sollozo.
Draco ahogó un sollozo, había esperado esa respuesta.
-¿Juntos?- preguntó Theo.
-Juntos.
Y así, desapareció el par de magos bajo la cadena de un giratiempo. Dejando atrás pedazos de pergamino manchados de sangre y deslavados por la lluvia, en donde se desvanecían las palabras "Ella ha muerto".
