FIC PARA EL PROYECTO SORATO WEEK

DÍA: 3 Paraguas

Disclaimer: Los personajes de Digimon no me pertenece, sino a su creador Akiyoshi Hongo.


EL PARAGUAS JAPONÉS

by: Atori


Esperar a que la lluvia escampara sería una espera infinita.

Parada en la entrada del instituto, Sora alternaba su vista entre la lluvia que no paraba de caer y su reloj.

Empezaba a anochecer, y si no se espabilaba en llegar a casa, su madre se podría preocupar.

En momentos como ese, se maldijo por ser tan tradicional y no tener un móvil propio (Nota: Los hechos transcurren en el año 2002 y en esa época no era muy habitual que un adolescente tuviera teléfono móvil propio) para llamar a su madre y pedirle que la fuera a buscar.

Suspiró con fuerza.

¿Y si corría con todas sus fuerzas hasta llegar hasta la estación?

Se empaparía de lo lindo, eso seguro. Pero no podía quedarse parada ahí hasta que la lluvia se detuviera, cuando podría estar lloviendo hasta el día siguiente.

Estaban en septiembre y era temporada de lluvias, por lo que las posibilidades de que escampara pronto eran nulas.

—¿Se puede saber que haces ahí?

La voz de Yamato, la sobresaltó.

Al verlo, se lo encontró con el resto de sus compañeros de banda, despidiéndose de él como si tuvieran prisa. Todos y cada uno de ellos con su propio paraguas y bien protegidos con sus chubasqueros.

Resultaba un poco vergonzoso que ella, que era una persona organizada y previsora, tuviera el descuido de no haber puesto, como mínimo, un paraguas de repuesto en su mochila.

Tras despedirse de sus colegas, Yamato se dirigió hacia Sora para preguntarle de nuevo qué estaba haciendo en la entrada.

—¿Estás esperando a alguien? —le preguntó, como única opción para quedarse ahí plantada como un pasmarote.

Sora lo negó, alegando cómo se había olvidado de meter el paraguas en su bolso, y que estaba esperando a que la lluvia escampara.

—Pero visto lo visto, no parece que eso vaya a suceder —añadiendo con algo de pena. Luego, se le ocurrió una idea—. Oye, Yamato tú tienes móvil, ¿verdad? ¿Podrías prestármelo para llamar a mi madre y pedirle que me venga a buscar?

—No hace falta que hagas eso. Yo te puedo acompañar hasta tu casa.

La proposición de Yamato puso a Sora roja como un tomate y a negarlo nerviosamente.

¿Compartir el paraguas con Yamato?

¡¿Compartir el paraguas con Yamato?!

¡¿Es que acaso no sabía lo que eso significaba?!

—¿Qué tiene de malo? —preguntó algo molesto por su reacción.

—No hay nada de malo, pero es que…

¿En serio que ignoraba el significado de compartir un paraguas?

—Pues, ¿entonces? —sin saber a qué venía tanto reparo—. Entre que llamas a tu madre y ella viene a buscarte, habrá pasado más de una hora. Y con la que cae y que está anocheciendo, no es que sea algo seguro.

—Ya, pero…

—Además —proseguía el rubio, dando más razones a que llamar a su madre era una tontería, cuando él estaba ahí y su casa cerca de la suya—, me sorprende que no te importe sacar a tu madre de casa, y exponiéndola a que se moje o coja frío, cuando ya estoy yo aquí.

—Ya… Lo sé…

Las razones que le daba Yamato eran muy válidas. Tenía toda la razón del mundo. Ella le había negado por lo que simbolizaba compartir un paraguas, sin pensar en que aquella lluvia podría afectar a la salud de su madre. Así que, viendo que Yamato no se enteraba de lo que era compartir el paraguas con una chica, no tendría porqué rallarse la cabeza y pensar lo que eso representaba para los japoneses. Así que, acabó por aceptar.

Puede que Yamato lo desconociera, pero si eran vistos… Entonces, se formaría un barullo increíble. Pero era muy tarde y llovía demasiado, para que alguien los viera.

.

Caminando bajo la lluvia, Sora se sentía avergonzada. Por mucho que no quisiera rallarse la cabeza, cuando para Yamato le parecía de lo más natural, en la práctica era imposible. La situación la había puesto muy nerviosa y a darse cuenta de que estaban chocando hombro con hombro.

Eran amigos desde hace tres años.

No tenía porqué pensar cosas raras.

Y estaba claro que para él, aquello era tan normal como el respirar.

Pero para ella…

Si ya debiera estar acostumbrada a estar hombro con hombro. Aunque claro, pensándolo bien, aquello había sucedido cuando habían sido niños. Ahora que eran adolescentes, y el estar separados por aulas distintas y, junto a las actividades extraescolares, sentía que no andaba con su amigo de la infancia, sino con un desconocido. Además, verlo a su lado y tan de cerca, se percataba en cómo ya le había sacado una cabeza. Sus ojos azules se habían suavizado, en comparación a cuando había sido un niño.

Miró al piso con las mejillas pintadas de rojo.

¿En qué rayos estaba pensando?

Yamato era su amigo.

Sólo su amigo.

Pero el estar codo con codo, demasiado cerca y dentro de un espacio tan reducido como era ese pequeño paraguas, le hacía analizar lo que había tenido frente a sus ojos todo este tiempo.

Más nerviosa que nunca, Sora se apartó un poco de él. Si seguía mirándolo tan de cerca, acabaría por pensar más cosas raras.

Yamato al percatarse en cómo se había alejado y de cómo parte de su cuerpo empezaba a mojarse, la reprendió.

—¿Qué haces tan apartada? ¡Te estás mojando!

Y de forma natural, Yamato la había arrimado hacia él con su brazo.

Sora estaba descolocada, no sólo porque la había rodeado del brazo para que se protegiera de la lluvia, sino porque, había dejado allí aquella mano sobre su hombro para impedir que volviera a apartarse.

Ya no podía pensar en que aquello también tenía un significado, sino en la vergüenza que ella tenía, donde ya no podía pensar en Yamato como su amigo de la infancia.

.

Al día siguiente…

Antes de que comenzara la primera clase, Yamato vio como sus colegas de banda se habían acercado con sonrisas traviesas hacia él.

—¡No sabíamos que estabas saliendo con Takenouchi! —exclamó el del teclado picarón, sentándose en el asiento de delante.

—¿Con Sora? —diciendo su nombre para cerciorarse de que se referían a ella— ¿De qué estáis hablando? ¡No estoy saliendo con Sora!

—¡No seas mentiroso! —metiendo cizaña el guitarrista, pasándole el brazo y pinchándole la mejilla— ¡Os vimos compartir paraguas!

—¡¿Y ya por eso estoy saliendo con Sora?! ¡No seáis capullos! —sacándole el brazo de encima molesto.

—¿Es que acaso no conoces el significado de compartir un paraguas entre un chico y una chica? —le preguntó el baterista extrañado por esa reacción suya.

—¿Qué significado? —preguntó Yamato como si le estuvieran hablando ruso.

—Según mi novia —habló el del teclado quién era el más mujeriego del grupo—, en Japón si un chico y una chica comparten paraguas, significa un acto romántico. Sobre todo, cuando estáis tan acurrucaditos —haciendo el tonto al abrazarse a sí mismo.

Yamato parpadeó varias veces, donde jamás había escuchado semejante historia.

—Es el equivalente —continuaba y para explicarlo gráficamente, le cogió una de sus libretas y un lápiz para dibujarlo— a lo que los japoneses inventaron para indicar una relación amorosa. Al igual que los occidentales escriben sus nombres dentro de un corazón, nosotros lo hacemos de esta manera.

Yamato observó como su colega dibujaba un triángulo isósceles obtuso. Luego dibujó una línea que partía el triángulo a la mitad y que llegaba hasta abajo. El dibujo se asemejaba a un paraguas hecho por un niño de primaria. Pero cuando escribió a un lado de la línea, bajo el triángulo, su nombre y al otro lado, el de Sora, recordó haber visto eso en alguna serie. Al instante, comprendió la referencia entre ese dibujo y su situación con Sora.

—Bueno, eso es algo que sólo nosotros los japoneses lo interpretamos. Porque, los occidentales comparten paraguas sin problemas con cualquiera —comentaba el batería al guitarrista.

—Cierto. Igual que cuando un chico le pasa el brazo a la chica. Los occidentales lo hacen casi siempre, como si no representara nada. Pero aquí, en Japón, simboliza lo mismo que compartir un paraguas, una relación romántica.

—Pero eso hasta lo sabe un niño de ocho años, ¿verdad, Yamato?

Al ver a su colega, vio como Yamato estaba rojo de pies a cabeza.

Yamato se dio cuenta de cómo había hecho aquellas dos representaciones románticas de forma tan natural, que ahora tenía sentido la cara roja de Sora, y lo nerviosa que se había comportado al despedirse.

También entendía las caras de emoción que ponían algunos transeúntes al verles.

A ojos de la sociedad, ellos los habían visto como una pareja romántica. Y Sora había sido consciente de esos detalles.

¿Cómo se dirigiría ahora a Sora después de lo que había hecho?

FIN


Notas de la autora:

Un fic cortito, pero el tiempo no me ha dado para más.

Y mientras en el otro, los miembros de Teenage Wolves fueron unos cabrones, aquí son todo lo contrario.

Espero que os haya gustado.

'Atori'