Disclaimer: Harry Potter no me pertenece (llora), pero me gusta jugar con los personajes y ponerlos en situaciones que me hubiera gustado ver.

Este fic participa en el Fictober del grupo "Yo también estoy esperando un nuevo capítulo de Muérdago y Mortifagos", también es mi primer fic publicado, entonces por favor, tengan piedad.


2. Peeves

Febrero, 1996

Luna Lovegood no tenía ningún problema con su cumpleaños, aunque si le dieras a escoger, podría haber elegido otra fecha en lugar del día antes de San Valentín.

Preferiría haber nacido en junio, el mes de los plimpies de agua dulce. O tal vez un día 18, que trae buena suerte a los viajeros y brinda libertad.

En su lugar, Luna Lovegood celebraba su cumpleaños el 13 de febrero, cuando las hormonas en Hogwarts estallaban más que un colacuerno húngaro jugando naipes explosivos. El mandato de Umbridge ese año en el colegio no ayudaba demasiado a calmar los ánimos.

Aunque ella prefería pasar esa fecha cerca del lago negro y había convertido en una tradición personal el despertarse antes del amanecer para caminar por la orilla, observar de la plenitud de la superficie interrumpida por el calamar gigante y disfrutar de los primeros rayos del sol leyendo la carta que cada año recibía de su padre.

Era demasiado obvio para todo el colegio que Luna Lovegood no era una bruja que los demás considerarían ordinaria. Utilizaba la varita detrás de la oreja izquierda y leía revistas al revés. Sufría de las burlas de sus compañeros de clase e incluso algunos cuantos de su propia casa, pero tú nunca verías a Luna Lovegood prestar más atención de la necesaria.

Cuando llegó su cumpleaños, el 13 de febrero, Luna se sorprendió al encontrar que no estaría sola ese amanecer a orillas del lago.

Con los pies llenos de barro, porque los nargles habían vuelto a hacer delas suyas, tuvo que ralentizar el paso cuando se topó quien daba toda la pinta de ser un Slytherin.


Theodore Nott no pudo dormir esa noche debido al recuerdo que lo perseguía desde las vacaciones de Navidad. El Sr. Nott, legítimo partidario del Señor Tenebroso, lo había puesto sobre aviso de su inminente destino. A pesar de las renuencias del joven Nott a unirse al séquito de mortifagos, el viejo Sr. Nott expresó muy insistentemente su deseo de que se uniera al lado tenebroso.

Las insistencias de su padre podrían resumirse a múltiples sesiones de disciplina, que le dejaron como recuerdo marcas tan prominentes que procuró no volver a expresar su resistencia en voz alta.

Theodore, que era tan pura sangre como Draco Malfoy, y quizás un poco más inteligente, compartía los ideales de su familia sobre los prejuicios de la sangre, pero no tenía aspiración en convertirse en un lacayo más del Señor Tenebroso.

Cuando se topó con la Lunática Lovegood a orillas del lago negro ese 13 de febrero, no sabía que obtendría una razón mucho más poderosa para querer evitar ser reclutado por ejército de Lord Voldemort.


Luna se detuvo antes de salir de los árboles que rodeaban el extremo del lago que a ella más le gustaba. Tenía frio y aunque llevaba ya el uniforme, la túnica no podía impedir que el frío le atravesara desde los pies desnudos.

El chico que se encontraba sentado en la arena miraba la superficie del lago, y no hacía nada más.

La rubia simplemente no quería irse, pero tampoco quería quedarse ahí. Meditó un momento sus opciones, consideró ir más lejos hacia el este, pero sabía que no sería lo mismo.

No pensaba perderse su pequeño ritual de cumpleaños solo por un chico. Normalmente no le importaba ser molestada, pero él era un Slytherin y realmente no quería tener que escuchar si tenía algo nuevo que decir sobre su estrafalaria forma de ser.

Decidió salir de su escondite, y entonces lo notó.

Theodore Nott era el chico Slytherin que le estaba retrasando el plan de cumpleaños. Él le agradaba, demasiado ocupado en sus asuntos como para formar parte de la pandilla Malfoy.

Nott volvió la mirada en cuanto sintió una presencia a sus espaldas, y la vio.

Lunática.

Genial, su día empezaba de la mejor manera. Quiso levantarse, pero ella habló incluso antes de que comenzara a moverse.

-No tienes que irte Theodore Nott- dijo con su característica voz –No me quedaré mucho rato, en serio.

Theodore pareció no escucharla, se incorporó con movimientos tan fluidos que a la rubia le pareció que nunca antes lo había visto moverse de esa forma.

-Jamás me quedaría contigo, lunática –contestó con molestia.

-Gracias por la aclaración.

Theodore la miró por un segundo, ¿realmente estaba loca?

-Si no te es de mucha molestia, ¿podrías apresurarte?- preguntó la rubia, mientras daba pequeños saltos y miraba detrás de Theo, hacia el horizonte –Ya casi comienza.

La curiosidad mató al gato. -¿Qué exactamente?

-Eso- contestó la chica, caminando hacia la orilla dejando caer su mochila en la arena.

Theo dio media vuelta mientras caminaba hacia atrás y lo vio. El amanecer era intenso y la pequeña capa de neblina que cubría el lago se veía acentuada gracias a los movimientos matutinos del calamar gigante.

Theodore Nott jamás admitiría que ese sería el momento que más recordaría por el resto de su vida.

La rubia estaba de pie, con los pies rozando el agua, fue entonces cuando Theo se dio cuenta que iba descalza. Un escalofrío lo recorrió de la cabeza a los pies y se arremetió aún más contra su túnica.

-Puedes irte ya Nott, tengo algo que hacer- dijo Luna sin mirarlo, sacándolo de sus pensamientos.

-Lunática Lovegood está echándome de un lugar a donde yo llegué primero- dijo Theo –Definitivamente no es algo que verías todos los días.

-Te encargaste de dejar muy claro que no querías mi compañía hace un momento, pero aún no te has ido- dijo Luna dirigiendo la mirada por primera vez hacia él.

-Y no la quiero- agregó rápidamente –Espero no verte por ahí, Lunática.

Y sin saberlo, dando media vuelta le permitió a Luna Lovegood disfrutar de un inicio de cumpleaños muy interesante.

Se dirigió de regreso al castillo, en donde suponía que le esperaba un buen desayuno. Aunque no pensó mucho en ello, porque la única imagen que se repetía en su mente eran unos pies desnudos, llenos de barro, a la orilla del lago.

Cuando llegó al castillo, en su camino al Gran Comedor, se topó con una armadura que susurraba obscenidades a todo el que pasara. En lugar de seguir su camino como hubiera hecho cualquier otro día, algo le hizo detenerse.

-Peeves – le habló a la armadura.

Una voz salió desde dentro –El Slytherin más extraño de todos viene a mí –dijo el poltergeist con burla, levantando la mirilla del casco.

-Zapatos –le contestó Theo –tú has visto zapatos perdidos. ¿Dónde?

Peeves rio, salió de la armadura y se posó sobre Theo, con una sonrisa macabra. –Zapatooooooos, ¡claro que los he visto!, todo el mundo pierde zapatos, pero la verdadera pregunta es qué lleva al Slytherin más cascarrabias de todos a preguntar por elloooos.

-Si te lo cuento, tendría que comunicarle al Barón Sanguinario, ya sabes, el fantasma de Slytherin, que andas haciendo travesuras de nuevo con las armaduras del castillo. Te aseguro que le cree al estudiante de Slytherin más serio de todos –la mirada dura de Theo hizo al poltergeist temblar.

Peeves gritó, y desesperado le dijo a Theo muy rápido antes de huir -¡Normalmente encuentras zapatos perdidos en aulas vacías del séptimo piso, en los pasadizos del cuarto piso y fuera en los invernaderos!-.

Estupendo.

Ahora solo le faltaba a Theo conseguir un elfo doméstico.


Esa tarde, antes de acudir a la reunión del Ejército de Dumbledore, Luna Lovegood encontró varios de sus zapatos apilados a los pies de su cama.