Disclaimer: Harry Potter no me pertenece (llora), pero me gusta jugar con los personajes y ponerlos en situaciones que me hubiera gustado ver.
Este fic participa en el Fictober del grupo "Yo también estoy esperando un nuevo capítulo de Muérdago y Mortífagos", también es mi primer fic publicado, entonces por favor, tengan piedad.
5. Plateado
Abril, 1996
Hermione no supo el efecto que provocó en Malfoy cuando le tiró chocolate caliente en el regazo, pero después de algunas semanas, comenzó a notarlo.
Draco le odiaba, de eso nadie tenía duda, pero el instinto competitivo se le fue de las manos cuando realmente buscaba alguna oportunidad para atraparla y poder vengarse.
Lo malo era que nunca estaba sola, y esa era una venganza que debía servirse a solas.
Comenzó a pensar que era una pérdida de tiempo y cuando comenzó a aminorar el deseo de venganza, su oportunidad se vio servida en charola de plata.
Era de noche, y ella salía de nuevo tarde de la biblioteca. Para esta vez, él estaba preparado.
Se aseguró de que no hubiera ningún estudiante fuera de la cama que pudiera arruinar su plan.
Cuando ella estuvo justo en el lugar exacto, con un movimiento de varita Draco dejó caer un balde de agua fría sobre ella, arruinando por completo los pergaminos que llevaba entre sus brazos.
Hermione no pudo pensar en otra cosa más que en su trabajo completamente arruinado y enfureció. Incluso antes de que el culpable comenzara a reírse, supo de quien se trataba. Quería impactar su cara con una bludger, pero no sabía que lo que impactaría a Draco no sería una bola enfurecida, si no sus propios pensamientos.
Era abril, la primavera comenzaba y no llevaba la túnica encima. No es que a su edad tuviera mayor atractivo que su inteligencia, pero había sido consciente de los cambios en su cuerpo durante el verano pasado, además de cómo había ayudado a su autoestima cuando el año anterior recibió cumplidos de sus compañeros diciendo que era bonita después del baile de Navidad.
Malfoy evidentemente no sabía nada de estos cambios, entonces, cuando vio cómo su ropa mostraba la figura que se escondía debajo, firmó su propia sentencia de muerte.
Porque no recordaba que Granger estuviera, bueno… así de buena.
¿Todas las sangre-sucias eran así?
Y no es que el fuera un pervertido, pero bueno, quien no comenzaba a experimentar a esa edad.
Él tampoco era una experto, definitivamente no lo era. Había tenido algunos encuentros con Pansy Parkinson en alguna ocasión, pero se resumían en demasiada lengua y demasiada saliva para poder considerarse experiencia. Su conocimiento se reducía básicamente a sesiones de autoexploración, cuando se despertaba más alto que el sol y alguno que otro toqueteo sobre la ropa con Pansy.
Por eso, antes de que Granger se le lanzara como banshee enfurecida sobre él, Draco Malfoy huyó con un problema muy grande en la entrepierna.
Y es que esa noche, en vez de sentirse victorioso con su venganza, sentía un vacío. Un vacío que no pudo llenar hasta que, muy entrada la noche, tuvo que hacer acopio de todo su autocontrol y encerrando su orgullo en una pequeña cajita en el fondo de su mente, terminó tocándose bajo las sábanas verde esmeralda, pensando en Granger y en cómo se vería envuelta entre el montón plateado de sábanas de seda que cubría su cama en la Mansión Malfoy.
