Disclaimer: Harry Potter no me pertenece (llora), pero me gusta jugar con los personajes y ponerlos en situaciones que me hubiera gustado ver.

Este fic participa en el Fictober del grupo "Yo también estoy esperando un nuevo capítulo de Muérdago y Mortífagos", también es mi primer fic publicado, entonces por favor, tengan piedad.


6. Velas

Mayo, 1996

Con la primavera, vinieron los días calurosos de mayo, así se explotó Hogwarts.

El mandato de Umbridge iba de mal en peor, el ambiente estaba cargado de estrés. Los decretos eran enormes y a los estudiantes les daba la sensación de que salían treinta nuevos cada semana.

Eso, por supuesto, afectó a todos los niveles. Los decretos que prohibían los encuentros sociales o los que restringían el acercamiento entre los estudiantes tenían a todo le colegio de cabeza. La mayoría de las parejas sufrían con las nuevas reglas, pero los estudiantes comunes sólo sufrían por el calor.

El problema de Theodore Nott, que no entraba en ninguna de las dos categorías, era que el calor y la situación por la que pasaba no le ayudaban a mantener su cuerpo a raya.

Los meses pasados volaron alrededor de montones de tarea y salidas furtivas con Luna Lovegood. Sabía que estaba cruzando una línea peligrosa, pero las conversaciones con la joven rubia no tenían comparación para el joven mago. Normalmente Nott destacaba por mantenerse alejado de todo tipo de situaciones, tales como formar parte de la pandilla Malfoy, sumado a la fortuna de su familia, las chicas lo consideraban entre los Slytherin más codiciados. El problema de Theodore era que nunca ninguna chica le había despertado interés… hasta que comenzó a rondar a Luna Lovegood.

Luna era… Luna.

Porque para sí mismo, nunca supo desde cuándo comenzó a llamarla Luna.

Ella era tan inteligente, pero a un nivel diferente. Luna podía darte datos académicos, pero también podía pensar en diez cosas imposibles antes del desayuno.

Luna lo hacía reír a mares, aun cuando no lo quisiera.

Luna tenía un carácter definido, si algo no le gustaba, lo decía, así sin más. Si una conversación le aburría, ella simplemente dejaba de poner atención. Era muy buena para consolar, pero también para aconsejar. Tenía habilidades mágicas destacables y por supuesto adoraba a las criaturas mágicas.

Pero sobre todo, Luna era bonita.

Ella tenía el cabello rubio, pero no como el platino de Draco, sino un rubio pálido, deslavado, que hacía juego con su blanca piel. Tenía ojos azules, con ese aire de sorpresa que cuando le miraba, le hacía sentir como si pudiera leer todos y cada uno de sus pensamientos.

Y a Theo esa idea le aterraba, porque no quería que Luna supiera lo que pensaba de ella.

Porque con todo el calor que hacía y con todo el tiempo que últimamente pasaban juntos, Theo comenzó a tener sueños raros.

La primera noche que sucedió, Theo se sintió tan mal, que no pudo dejar de avergonzarse.

La segunda semana, los sueños eran recurrentes en esas noches. Los sueños de Luna nadando en el Lago Negro y los sueños de Luna dentro de su dormitorio eran sus favoritos.

No fue sino hasta después de pasear con Luna en los límites del bosque prohibido, cuando ella le confesó que una de las cosas que quería intentar en su vida era bailar para invocar a las hadas del bosque. Lo que no se esperaba era que cuando, inocentemente, le preguntó cómo invocarlas, Luna le respondió que el ritual solo funcionaba si uno bailaba desnudo a la luz de la primera Luna de septiembre en un año impar.

En ese momento, Theodore Nott murió.

El sueño más vívido que tuvo consistió en la visión de Luna bailando, desnuda, en un claro de bosque, en medio de lo que parecían velas flotantes, lo que interpretó como su propia versión de las hadas.

Jamás imaginó que pudiera pensar en una mujer de esa forma, no porque no le parecieran atractivas, sino porque a Theo se le conquistaban primero los pensamientos y Luna Lovegood logró meterse hasta en los sueños jamás imaginados.

Theo despertó esa noche sabiendo que estaba perdido, porque siempre había evitado solucionar sus situaciones de la manera rápida. Y esa noche fue la primera vez que deseó, realmente deseó, que Luna lo tocara.