Disclaimer: Harry Potter no me pertenece (llora), pero me gusta jugar con los personajes y ponerlos en situaciones que me hubiera gustado ver.
Este fic participa en el Fictober del grupo "Yo también estoy esperando un nuevo capítulo de Muérdago y Mortífagos", también es mi primer fic publicado, entonces por favor, tengan piedad.
9. Trueno
Julio, 1996
Las cosas habían ido mal ese verano. Draco y Theodore enfrentaban las consecuencias de la Batalla del Departamento de Misterios. Lucius Malfoy y Nott padre habían sido enviados a Azkaban junto con algunos otros Mortífagos más, por lo que la prensa y todo el mundo mágico estaban sobre ellos.
Al final Luna aceptó que Theo la acompañara a Suecia a buscar el cuerno arrugado de Merlín, pero después de que le comunicaran que ahora tendría demasiado papeleo y muchas otras cosas que cambiar, supo que ese verano sería uno de mierda.
Theodore no acompañó a los Lovegood en busca de su criatura mágica, lo cual lo hizo extrañar a Luna mucho más de lo que pensó que podría.
La mayoría de sus sueños durante esas semanas fueron desde como Luna hacía que tuviera problemas muy duros por las mañanas a como Luna hacía que tuviera pesadillas recurrentes sobre como Luna nunca regresaría de ese viaje y Theo no sabía cuál de los dos tipos lo hacía sentirse más extraño.
La Mansión Nott quedó al mando del joven totalmente, y muchos esperaban que el joven, tan reservado como misterioso, no tardaría mucho en reunirse a las filas del Señor Tenebroso.
Nott sabía que tenía poco tiempo para idear un plan porque no saldría limpio de esta.
Y él quería salir limpio, reluciente. Porque así sí que podría acompañar a Luna a buscar los cuernos de Merlín arrugado.
La Mansión Malfoy siempre había sido sombría en algunos lugares, pero en ese verano el ambiente sombrío inundaba completamente los dominios de la propiedad.
Draco sabía que sería iniciado en muy poco tiempo, correría el mismo destino que Nott en cuanto al deseo de venganza de parte del Señor Tenebroso.
Cuando ese verano su madre trató de obligarlo a desertar, Draco se plantó firme sobre su decisión, no estaba en la sangre Malfoy abandonar su orgullo.
Por eso, Draco sabía que era imperativo cerrar su mente. Hasta ahora había tenido éxito con su Tía Bella, porque la bruja no había descubierto nada respecto a Granger, pero si seguía pensando en ella como lo hacía, bueno, entonces estaría completamente jodido.
Aunque en visión de Draco, sería un reto más difícil olvidarse de la bruja si seguía evocando cada noche su recuerdo. Porque no supo por qué la besó, ni por qué la buscó en los pasillos, ni por qué se exaltaba cuando entraba en su campo de visión. Draco también estaba seguro que ella sufría de pequeñas crisis cada que lo topaba, porque en las semanas que le siguieron a ese beso y hasta el final del año escolar, aun después de la batalla que arruinó la reputación de la Familia Malfoy, Granger lo buscaba con la mirada.
La tormenta que caía sobre ellos los estaba ahogando, porque al final eran sólo unos muchachos obligados a no tener opción, creciendo en el medio de una guerra en la que ellos no querían luchar.
Lo único que cambiaba un poco su panorama eran los pensamientos que llegaban a ellos como pequeñas ráfagas, relámpagos que iluminaban por instantes y algún que otro trueno que les penetraba hasta la médula. Los pensamientos que les hacían tener esperanza de que algún día todo podría ser un poco mejor.
