Disclaimer: Harry Potter no me pertenece (llora), pero me gusta jugar con los personajes y ponerlos en situaciones que me hubiera gustado ver.
Este fic participa en el Fictober del grupo "Yo también estoy esperando un nuevo capítulo de Muérdago y Mortífagos", también es mi primer fic publicado, entonces por favor, tengan piedad.
10. Fantasma
Agosto, 1996
La estancia principal de la Mansión Malfoy estaba inundada de Mortífagos. El silencio reinaba en la habitación y dos jóvenes magos esperaban, enfundados en trajes sobrios, con una máscara de indiferencia coronando su rostro.
La magia negra había acaparado cada rincón de la preciosa mansión, por lo que encontrarse ahí no le era fácil a una persona susceptible. Los magos habían nacido entre aquel ambiente, lo que les facilitaba permanecer tranquilos, varita en mano y con los pensamientos bloqueados, dentro de un lugar amurallado, impenetrable a todo aquel que quisiera hacer alguna visita furtiva a sus recuerdos.
Era sabido que aquello era una venganza del Señor Tenebroso, porque Nott padre y Malfoy padre lo habían avergonzado, echando a perder su carta más preciada cuando debido a su error todo el mundo mágico se enteró de su regreso.
Con el chirrido de las puertas de roble desplazándose, vino lo inevitable.
Esa noche, el que no debe ser nombrado hizo un pequeño regalo a las familias Malfoy y Nott, marcando para siempre la piel y la vida de los que aún eran sólo unos muchachos.
Septiembre, 1996
Ese verano las cosas cambiaron drásticamente.
Porque en el Expreso de Hogwarts, cuando Theodore Nott pasó de largo a Luna Lovegood, la bruja no hizo nada más que seguir su camino, repartiendo copias de El Quisquilloso. El problema vino cuando Luna se dio cuenta que seguía teniendo un vacío en el fondo del estómago que no se fue incluso cuando vio a sus amigos y comió dulce de calabaza hasta reventar.
Cuando Draco Malfoy regresó a Hogwarts pensó que había olvidado por completo los episodios de meses atrás, pero después del incidente con el idiota Potter en donde casi conseguía sacarlo del camino, supo que estaba metido hasta el cuello en algo que no le gustaba para nada. Granger estaba, bueno, ahí. Siempre dentro de su campo de visión y eso era algo que no podía permitirse en esos momentos, no con todo lo que implicaba.
El primer par de semanas pasó como un borrón. La tensión, espera y anticipación reinaron la mayoría de los momentos en el castillo, porque todos sabían que algo se estaba cocinando a fuego lento, sólo que no podían adivinar cuando sería el momento exacto de cocción.
Fue una tarde, a mediados de septiembre cuando muchas cosas salieron a flote.
-¡Eh, Ginevra! Te he hecho una pregunta… ¡Por Merlín!
Hermione comenzó a sospechar que Ginny Weasley se traía algo entre manos desde el primer día de clases, cuando se desaparecía tanto tiempo que era imposible no notarlo.
Ginny no compartía clases con ellos porque iba un año detrás, pero al final siempre terminaba encontrándosela cerca de donde se supone que no debería de estar.
Hermione había visto demasiadas veces como Ginny había llorado por Harry. Ahora que no recordaba cuando fue exactamente la última vez que la pelirroja le mencionó algo relacionado con su mejor amigo, supo que había algo en medio.
Cuando Ginny se negó a contestar la primera vez que Hermione la cuestionó al respecto, no hubo ninguna duda sobre lo que la pelirroja se traía ente manos,
-Que no hay nada que contestar Hermione, te lo he dicho…
-Detente un momento y entonces explícame que sucede, porque de eso nada-.
Hermione simplemente no podía atar cabos, había una pieza que se estaba perdiendo. Cuando se toparon con Luna en medio de lo que era mitad interrogatorio, mitad persecución, Ginny supo que estaba perdida.
-¡Hola chicas!-
-¡Luna!– gritó Ginny –sálvame, por favor, Hermione ha enloquecido…
-Es ella lo que ha enloquecido, mira que no quiere contestar una simple pregunta.
-La lunática soy yo… no entiendo…
-Que Ginevra desaparece cada dos por tres y nunca está donde se supone que debería…
-Yo no desaparezco, es sólo que nuestros horarios no concuerdan, respira un poco Granger…
Hermione a veces recordaba algunas de las cosas que sucedieron en el año pasado, cuando alguien la llamaba de esa manera.
-Basta de juegos Weasley, ¿Qué es lo que escondes?-
-No escondo nada Hermione, deja de interrogarme de esa manera.
-Tú estás viendo a alguien, eso es seguro, ¡has rechazado a Dean!
-Lo he rechazado porque no me gusta, es así de simple…
-Pero si el año pasado me dijiste que querías salir con él para darle celos a Harry- Hermione suspiró de manera cansada –se supone que somos amigas Ginny, simplemente te has alejado y no sé si es por Harry o está sucediendo algo más.
Ginny pareció ablandarse un poco, porque Hermione tenía razón.
-Ya, de acuerdo, pero no puedo decirles más- Ginny contuvo el aliento por un instante. –Estoy viendo a alguien…
-¡Lo sabía!
-¡Hermione, baja la voz!- las otras dos brujas se abalanzaron sobre la castaña. –No puedo decir mucho al respecto, porque las cosas están un poco tensas con toda la situación, pero eso es lo que está pasando.
-Pero, ¿cómo?- balbuceó Hermione – ¿quién es?-.
-No puedo contárselos, no ahora…
-Blaise Zabinni, ¿No es así?- Luna siempre hacia comentarios de ese estilo, cortos, sencillos, pero con la capacidad de una bomba.
Las cosas sucedieron de repente, el rostro de Ginny palideció, lo cual la hacía ver como un fantasma, sólo su cabello encendido daba la pista de que no era así.
Hermione solo miraba a Ginny, y a Luna, y a Ginny de nuevo. No sabía exactamente qué había pasado.
Luna, bueno, ella solo sostenía la mirada de Ginevra Weasley, porque había querido preguntárselo desde hacía semanas. Necesitaba respuestas.
-Pero… pero, qué cosas… qué cosas estas diciendo Luna, yo no…
-Lo haces, pero la verdadera pregunta es por qué no has confiado en nosotras.
-¡Zabinni!
-Calla, Hermione, te han escuchado hasta Londres- siseó Ginny.
-¡Pero es una serpiente!- susurró Hermione, sin esconder su sorpresa.
-Lo es, pero yo soy una leona.
Y con ese comentario, Ginevra Weasley despertó en las dos brujas una llama que no sabían que existía.
Hermione se había prometido no volver a pensar en las escenas que tuvieron lugar mucho después del primer encuentro en el séptimo piso, pero a veces fracasaba miserablemente en el intento.
Y por más que Luna Lovegood trató de acercarse a Theodore Nott, bueno, nada era suficiente.
La rubia se limitó a dejarlo ser, porque tal vez Theo le odiaba por ser parte del grupo que arrestó a su padre.
Tal vez Theo pensaba que era una loca, como todo el mundo.
Tal vez Theo simplemente no la quería.
-Gin- habló la rubia, mirándola detenidamente y dejando salir su instinto erudito preguntó -¿cómo sabes que le quieres?-.
Porque Luna Lovegood quería saber que era ese constante vacío en el pecho, que llegó a ella el primero de septiembre, cuando Theo le alejó de su vida.
