Disclaimer: La historia es de mi pertenencia, en ella sólo utilizo sin ningún fin de lucro, a los personajes de Digimon Adventure. Está prohibido re-suban esta o cualquier otra de mis historias, o adaptarlas.
Día 03: Puesta de Sol.Summary: Yamato entendió que los sentimientos no pueden suprimirse, y es gracias a Sora que decide hacerles frente.
NA: continuación del día 01.
Painting Flowers
—Luces algo triste
Sora levantó la mirada, topándose con el rostro de Yamato, se notaba algo preocupado. Ella de inmediato trató de embozar una sonrisa, algo apenada de que le encontrara sumida en sus pensamientos.
—Oh, no es nada. sólo estaba pensando.
El chico le dio una mirada extrañada, luego un pequeño bufido y metió sus manos dentro de los bolsillo de su pantalón. Sora sonrió un poco más alegre, porque sabía lo que su amigo podía estar pensando. Después de todo, el cómo le encontró era difícil de pasar por alto: ella sola en el aula, mirando hacia la ventana, y el colorido naranja y rosáceo que de apoco iba pintando el cielo mientras ella parecía suspirar.
—¿Y en que pensabas? —preguntó con cuidado Yamato, y a Sora no le pasó desapercibida la tensión en él. Ella estuvo a punto de preguntar si se encontraba bien, pero sus palabras quedaron en su boca al recordar que era debido a ella que él debía sentirse algo incómodo Después de todo, fue Sora la que tomó distancia de ambos chicos.
—Yamato, lo siento.
—¿Por qué? Oh, no lo siento yo si mi pregunta estuvo fuera de mi concierne.
Sora negó con un leve movimiento de cabeza.
—Me disculpo por cómo me he comportado últimamente. Fui demasiado infantil.
Esta vez fue turno del chico en negar eso.
—Estabas dolida, es muy comprensible.
—No, no contigo. Y aun así yo…
—Hey, Sora. Está bien. En todo caso, yo no hice mucho por ti. Solo me mantuve al margen.
—Fuiste considerado y paciente. Tú y Taichi. Gracias por no odiarme.
Ella esperaba que su amigo le regresara la sonrisa, o hiciera algún otro comentario con el humor ligero con el que estaban hace un momento, pero en cambio le habló con un poco de preocupación.
—¿Esto quiere decir que intentaras que las cosas sean como antes? con Taichi.
Sora le miró con abierta sorpresa. Él estaba preocupado también, cierto. Sora sopesó sus palabras al mismo tiempo que sus propios sentimientos. Una vez más, Yamato fue paciente, y de nuevo, ella agradeció esto.
—No creo que las cosas puedan ser como antes. No porque me haya rechazado, sino porque ya todo sucedió. ¿Entiendes? —él negó, de verdad confundido, y ella sonrió apenada. Intentó de nuevo—. Digamos que no soy infeliz con el ahora. Quizá al principio pueda aun ser algo incómodo, pero seguro que con el tiempo dejara de serlo. Me basta con seguir siendo su amiga, ¿sabes?
Ella le miró a falta de palabras, y notó como fruncía las cejas. La chica pensó que él no estaba del todo de acuerdo con lo que dijo.
—¿Te arrepientes de confesarte?
Otra pregunta que no esperaba, y pudo no contestar, pero el rubio se veía algo contrariado. A Sora le tomó un poco responder.
—…No —pero parecía que él no le creía del todo—. Bien, la verdad hace dos meses habría dicho que sí. Pero ahora es diferente. A pesar de que ya sabía que sería un caso perdido, me alegro haberlo hecho.
—¿Por qué? —Yamato mostraba verdadera confusión, incluso desesperación— ¿Por qué te confesaste si sabías que no funcionaría? ¿No habría sido mejor no hacerlo? ¿no habría dolido menos de esa manera?
Y la intensidad de sus preguntas le dejaron a ella un poco azorada. Lo más impactante, era que ella podía entender esa frustración y miedo en su voz; ya que se había sentido así luego del rechazo.
Su primer impulso era preguntarle si algo mas estaba ocupando su mente, si quizá él estaba pasando por algo similar y necesitaba un consejo, pero presintió que no era lo indicado a hacer en ese momento. Decidió responder a sus interrogantes primero.
—Lo hice porque tenía que hacerlo. Yamato, cuando tienes todos estos sentimientos por alguien, es difícil no querer compartirlos y que sean correspondidos. En su momento dolió bastante el rechazo, pero hoy no es así. Estoy contenta por haberme expresado, por poder dejar estos sentimientos ser libres. Me siento ligera, feliz.
Y no mentía. La sonrisa en ella lo demostraba. En sus ojos no había mentira alguna. En Sora, Yamato ya no encontraba rastro de aquellos sentimientos pesarosos de hace dos meses. Y con esto, él recordó por qué comenzó con esos bobos dibujos, y por qué dejó de hacerlos.
—Entiendo…
Pero no dijo más después de eso. Y fue el turno de la pelirroja para verle con algo de preocupación, pues de pronto todo ese furor en sus preguntas se desvaneció. Lo que sea que él estuviera pensando debía ser realmente importante, ella pensó.
—Sobre tu admirador secreto…
—¡No es un admirador secreto! —sin pensarlo elevó la voz con frustración, interrumpiéndole. Se dio cuenta y en seguida se controló—. Lo siento. Es solo que todos dicen eso, y no es así.
—Tampoco creo que sea así.
—Ah, vaya. Gracias. Aunque ya no hay nada sobre eso, ¿sabes? Tan de la nada que aparecieron los dibujos, de la misma manera dejaron de hacerlo hace tiempo —suspiró y habló en tono juguetón, algo apenada de lo que decía—. Es una pena, la verdad es que eran lindos.
—¿No te molestó?
Ella sonrió, dulce.
—Al principio fue extraño, pero luego de toda esa constancia, no pude evitar esperar por más. Es una lástima que nunca supe quién era la persona que los hacía. Incluso si era broma, me gustaría agradecerle —ella se sonrojó— quizá te parezca tonto, pero fue lindo pensar que alguien dedicaba tiempo y esfuerzo en hacer esos dibujos para mí.
Y él se sintió como un golpe contra su pecho, el impacto de los sentimientos que le abordaron al ver la sonrisa de Sora. Una vez más, Yamato se sentía descolocado y con sus defensas cayendo. Sintió su aliento ser contenido, la urgencia invadiendo su cuerpo. Con sus labios entreabiertos, las palabras que quería decir interrumpidos por su amiga.
—Por cierto, ¿por qué estás aquí? Ahora que lo pienso tú no tienes actividades de club. Es un poco extraño que sigas en la escuela a esta hora.
Yamato tardó un poco en recupera el control y la voz.
—Vine debido a una confesión —sonrió de lado, pero era más una sonrisa sarcástica. Sora se sorprendió un poco, pero no era nada fuera de lo común. Yamato era bastante asediado por muchas chicas.
—¡Oh!, eso me recuerda, Yamato, una chica de la clase cuatro está bastante interesada en ti. Me pidió tu número, pero no creo que es mejor si-
—Oye, Sora —le interrumpió, nada propio de él. La chica no reprocho, sino que le miró con mucha atención. Pues ya no solo era su tono, sino su mero semblante era el de alguien preocupado, perdido. Inevitable, ella se levantó de su lugar, y se acercó un poco hacia él, mirándole con tanta atención, preocupada de verdad. Pero él no continuó, en su lugar ofreció su mano, y lo que en ella había.
La pelirroja estaba desconcertada por su actuar, por su súbito cambio y con ese gesto de él, como si esa hoja doblada fuera la respuesta a las dudas de ella. La chica tomó lo que le ofrecía, desdobló el papel y sus ojos se agrandaron en reconocimiento.
—Esto… —tantas preguntas se acumularon y no pudo expresar ninguna, solo miraba atónita al dibujo de varias flores plasmado en ese papel que tenía en sus manos. De pronto, respirar parecía una tarea difícil.
—Son gerberas. Esta vez busqué su significado —Yamato contestó a pesar de que sabía la verdadera pregunta de ella. Pero en ese momento le era igual de difícil hablar más. Apenas si pudo pronunciar eso sin que su voz temblara. Ella de inmediato levantó su rostro y le miró directamente a los ojos, aun no creía lo que se estaba desenvolviendo. Yamato sentía arrepentirse, sentía su estómago encogerse en incomodidad y un nudo envolviendo de a poco su garganta.
No había querido hacerlo, confesarse de esa manera poco elegante, más bien apresurada y desastrosa. Pero ese era un dibujo que había hecho para ella -como todos los anteriores, pero este era especial, porque al hacer esos trazos, estaba en total conocimiento de sus sentimientos por ella. Cada día ese dibujo se sentía tan pesado en su mochila –aunque eran en realidad sus sentimientos y el deseo de darlos a conocer.
Y casi se había rendido, pero le buscó, la encontró tan solitaria y no pudo suprimir el deseo de al menos estar frente a ella. Pero luego Sora dijo todo aquello que solo despertó el impulso valiente y desesperado en Yamato.
Sora estaba sin palabras. Mirando aturdida al rubio frente a ella, avergonzado, expuesto y sincero. Sentía su propio rostro calentarse, y su corazón palpitando fuertemente contra su pecho ante lo inesperado que era todo. Sus manos temblaban un poco y necesitó de toda su voluntad para tranquilizarse.
—… esto, ¿tú eras quien hizo esos dibujos para mí? —dijo tartamudeando, y él asintió. Ella sintió su corazón latir aún más fuerte—, y-y ahora quieres decir que yo te…
Cada palabra se hizo más y más difícil de pronunciar, pero tal parecía que no era necesarias para que Yamato supiera lo que ella iba a decir -de la misma manera en que un simple dibujo estaba plasmando sus sentimientos-, y asintió a sus preguntas incompletas.
En ese instante el nerviosismo y el pesimismo eran tan fuertes en él, que lo único que podía hacer era esperar y verle de reojo. Nunca antes él se había confesado a alguien, no creyó que fuera así de difícil, pero la chica frente a él no era cualquier persona; Sora es especial, su amiga y la chica que le gustaba de verdad.
Así que se esforzó, porque un momento como ese no volvería a ocurrir.
—Cuando tienes sentimientos por alguien quieres compartirlos. A pesar de no ser correspondido. Es algo que tenemos que hacer.
Eran sus mismas palabras. Las que le empujaron a exponer sus sentimientos, y ya fuera porque ella le regresara sus dibujos, se disculpara y crearan otra brecha irreparable, Yamato tomó valor para sacar de su pecho esta verdad que le iba consumiendo. Porque él quería ser feliz también.
Los ojos de Sora se agrandaron. Nunca antes ella había considerado la posibilidad de que Yamato tuviera esa clase se sentimientos por ella. Pero verdad era que la chica se había enfocado tanto en un amor unilateral, que no había pensado en alguien más.
Yamato es fuerte, trata de mantener el control de sus emociones, de su entorno. Pero ahora, él luce tan vulnerable y honesto.Ella miró de nuevo al dibujo en sus manos y se dio cuenta que –dejando de lado su aturdimiento por esta confesión- se sentía feliz por al fin saber quien era la persona tras esas flores.
—Gracias, Yamato —murmuró con una sonrisa tímida, su rostro completamente rojo. Su corazón seguía latiendo con fuerza, pero por un motivo diferente. Acercó el dibujo más hacia su pecho y su mirada bajó un poco, asintiendo débilmente, incapaz de vociferar por completo su respuesta debido a la timidez que le estaba abordando—, me hace feliz saberlo.
El suspiro audible de Yamato le hizo levantar la mirada y se topó con los ojos azules de él. Sorpresa, alivio y felicidad era lo que su rostro reflejaba. Sora le sonrió tímida, aun incapaz de creer lo que estaba sucediendo, de ese paso a un nuevo inicio.
Sora no lo hizo por presión o compromiso, de ninguna manera. Al contrario, fue sorpresivo, pero se sentía correcto; con el colorido naranja y sonrosado de la puesta de sol a través de la ventana, con sus flores dibujadas, la tenue sonrisa de Yamato y todo el sincero afecto que lograba transmitir.
