DESCARGO DE RESPONSABILIDAD: todos los personajes le pertenecen a Rumiko Takakashi.

ADVERTENCIA: este fanfic contiene lemon.


Ranma se preguntaba qué demonios le esperaba el destino, todo por lo que su vida había tenido sentido fue; porque eventualmente sería el mejor artista marcial de Japón. Un hombre entre los hombres, para cumplir el contrato de seppuku, que su padre le había hecho firmar de niño. La pelirroja maldijo en silencio, pateando un costado del estanque koi. Ahora que su vida estaba claramente colgando de un hilo, su madre, probablemente lo haría llevar acabo el ritual más honorable del Japón... Ranma frunció el ceño, su estúpido padre panda, le había jodido su vida antes que siquiera tener una. Todo lo que su mente lograba producir ante la idea de que todos se enterasen que no podía regresar a su forma masculina (por el vergonzoso acto que realizó con Ryōga). Imaginaba un sin fin de maneras en las que lo matarían. El Sr. Tendo lo sacaría a patadas del dōjo hasta que muriera, Akane lo golpearía con su monstruoso mazo por engañarla con un hombre, Shampoo lo perseguiría hasta el fin del mundo para matarlo, salvo Ukyo, ella sería la única que no la mataría. Después de todo, era su amiga de infancia, sin embargo, su padre lo insultaría y lloraría hasta la muerte por haber fallado en convertirlo en un hombre entre los hombres, claro, si su madre no lo mataba junto a él. La pequeña cabeza roja de ojos azules, suspiró y dejó caer sus hombros con cansancio. Después de dos horas de reflexión en el patio trasero, decidió no revelar que no podía volver a su forma masculina, y su encuentro con Ryōga, nunca en su vida saldría de su boca. Lo mejor era buscar una manera de regresar a su forma masculina por su cuenta, o buscaría ayuda con Tofu o la vieja momia marchita. Los orbes azules miraron hacia el cielo grisáceo, después de admirar el bello clima nublado, posó sus ojos en el agua cristalina del estanque. Una pequeña sonrisa tiró de las comisuras de sus labios, al observar su reflejo en el agua. Ella era bonita, desde luego. La chica más linda de Nerima, estaba completamente segura, ahora entendía el porqué los hombres babeaban por ella, aun sabiendo que en realidad era un hombre, porque: quién rayos ignoraría un cuerpo tan sensual y un rostro más que bonito, ¡nadie!. Antaño había estafado a hombres con facilidad para obtener raciones de comida gratis, helado y un millón de cosas más, sin embargo, ahora no sabía si podría usar su cuerpo femenino para obtener todas esas cosas, su cuerpo ya le pertenecía a Ryōga… y el sólo pensar en coquetear con otros hombres para conseguir lo que sea, le hacía sentir como si le estuviera siendo infiel, lo cual era completamente absurdo, ellos no eran nada, y nunca lo serían, su encuentro íntimo fue realizado solo para salvar a Ryōga, de quedar atrapado como cerdo de por vida... La pelirroja caminó lentamente hasta el dōjo, donde encontró a su "prometida" quien usaba su típico gi amarillo y cinturón negro.

Akane la observó por el rabillo del ojo, mientras entrenaba enérgicamente golpeando un muñeco de entrenamiento, sin embargo, no comentó nada.

Ranma se sentó en el piso de madera, cruzando los pies y brazos, mientras la contemplaba entrenar—. Akane, eres más lenta de lo que imaginé —dijo, después de ver la velocidad de sus puños moverse.

La chica de pelo azul dejó de golpear el muñeco de práctica y fulminó con la mirada a la pelirroja—. ¿Por qué no vienes y me demuestras lo lenta que soy? —preguntó, con una mirada retadora.

—¿Te volviste loca? ¡Te podría hacer daño, estamos completamente en diferentes ligas!

Los músculos de la boca de Akane se cerraron abruptamente, haciendo un sonido chirriante, cuando sus dientes se apretaron con furia—. Soy suficientemente capaz para patear tu culo arrogante, y no te excuses, con esa estúpida idea tuya, que estamos en diferentes ligas —gruñó.

Ranma explotó en carcajadas, irritantes—. ¡Akane me has hecho el día! —siguió riendo y limpiándose con un dedo las lágrimas cómicas, que se asomaban de las esquinas de sus ojos—. ¡Eres tan graciosa!

—¡Tú maldito engreído! —vociferó y adoptó su postura de pelea—. ¡Anda ven y te demostraré!

Ranma se levantó del piso de madera, riendo hilarante—. No es necesario. Ya me voy —dijo y se dirigió a la salida del dōjo. Siempre le había sido divertido ver la cara molesta de Akane.

Akane se preguntó por qué la enana pelirroja, actuaba agradablemente un día, y para el siguiente, era más irritante que pelar una naranja con las uñas de los dedos. Esta vez, le demostraría que estaba equivocada completamente y, que sus habilidades estaban a la par. Entonces, se deslizó con velocidad cegadora y barrió los pies de la pelirroja con una patada circular—. Ja, deberías mantenerte más alerta —se burló.

Ranma había caído boca abajo sobre sus senos—. ¡IIIIIH! —chilló bruscamente y frunció el ceño, poniéndose de pie de un salto—. Arrgh, Akane, ¿por qué fue eso?

—Debiste ver venir mi ataque. Soy muy lenta después de todo —respondió ella, con un tono irónico y una sonrisa dentuda.

—Oh, ya veo, si, así son las cosas, entonces... ¡prueba esto! —Ranma la atacó con una patada en el tobillo, provocando que cayera de espaldas.

Akane parpadeó, perpleja, varías veces con la boca abierta, ella era rápida, muy rápida, ni siquiera la había visto mover un solo músculo y terminó, derribándola fácilmente, pero estaba lejos de perder. Renovando su espíritu de guerrera, dijo—: Si no puedo ganarte con mi velocidad, entonces, ¡será con mi fuerza! —saltó, como rana y clavó su pie en la cara de la pelirroja.

Ranma cayó sobre su trasero y sintió un ardiente escozor en su mejilla, desde que había conocido a Akane, había aceptado que la chica era inhumanamente fuerte, inclusive más que Ukyo y Shampoo, pero era demasiada lenta y rígida para aprovechar esa virtud.

Akane se jactó de la fuerza que poseía—. Quizás tengas razón y yo soy lenta, pero dudo mucho que haya una chica más fuerte que yo —se rió.

Ranma se puso de pie y observó a Akane—. Ni te emociones tanto. Mi forma de chica todavía es más fuerte que tú, y te lo demostraré. ¡Prepárate, voy en serio!.

—¡Adelante! —Akane cruzó sus brazos en posición X. Lista para defenderse del impredecible ataque de la pelirroja, esta era la oportunidad que había estado esperando desde hace mucho tiempo para redimirse de aquel fatídico día, cuando por primera vez, conoció a Ranma y terminó humillada por su forma femenina.

Ranma se movió a una velocidad cegadora hacia la otra chica. Comenzó a atacar con algunos golpes lentos y con poca fuerza, tratando de no lastimar a su prometida.

Akane sonrió cuando vio que podía ver sus golpes y esquivarlos. Entonces ella contraatacó, presionado a la pelirroja con una gran cantidad de sus monstruosos puñetazos. Ranma sintió el poder de Akane mientras bloqueaba sus golpes con sus antebrazos y palmas.

—¡Hey Akane, nada mal!

Akane sonrió engreída, realmente no era lo suyo, pero en este momento de ensueño en donde estaba peleando de igual a igual con Ranma, le hacía sentir reconfortante, después de un sin fin de veces en donde todos los demás artistas marciales jóvenes se burlaban de ella, por su lentitud y rigidez, por una vez en su vida se sintió orgullosa de sí misma—. ¡Y no has visto nada! —lanzó una patada en dirección al estómago de Ranma, con intenciones de sacarle algo de aire a ese pequeño cuerpo delgado y perfecto, que siempre presumía.

Ranma, por alguna extraña razón, sintió una angustia sumamente dolorosa, al ver esa poderosa patada a tan sólo centímetros de su estómago, el tiempo se volvió en cámara lenta. Sintió un mal presagio que podría ocurrirle si fuera golpeada allí, antes había aprendido a seguir sus instintos y esta vez no fue la excepción. Usó el Kachū Tenshin Amaguriken para empujar el pie de Akane hacia atrás.

—¡IIIIIIAAAAAA! —Akane chilló y cayó al suelo en el momento en que sintió una ráfaga de puñetazos en el pie—. ¿Ranma...? —miró que la pelirroja tenía una expresión de angustia en su rostro—. ¿Estás bien?

Sin embargo, ella no respondía; estaba completamente estática, plantada en el suelo, sin hacer ninguna gesticulación o movimiento. Ranma estaba absorta en sus pensamientos para moverse siquiera un centímetro. «¿Por qué sentí cómo si pudiera perder algo muy valioso cuando Akane casi me golpea en el estómago? No es que ella patee duro...», pensó.

Akane se acercó a la pelirroja, un tanto preocupada—. ¿Estás bien? —volvió a preguntar.

Ranma salió de su pequeño trance, fingiendo una sonrisa—. Uh, sí, ¿por qué preguntas?.

—¡Te noté angustiado! ¿Está todo bien?.

—Sí, ¿por qué debería de no estar bien? —Ranma sabía que algo estaba mal con ella, primero no pudo regresar a su forma de hombre al tener sexo con Ryōga, y ahora sentía que debía proteger su estómago...

Akane contempló minuciosamente a la pelirroja—. Oh, vamos Ranma, lo que sea que te moleste solo escúpelo.

Ranma resopló—. Estoy bien, Akane, te lo aseguro —respondió sin convicción.

—Ranma, nunca has sido un buen mentiroso, lo que sea que te esté molestando, puedes contarme.

Ranma sabía que Akane insistiría todo el día con lo mismo, así que se le ocurrió un plan—. Voy a pasar algunos días en mi forma de chica —mintió, de forma tan convincente que cualquier persona en la tierra le creería. Pensó que sería bueno decirle Akane que estaría como chica por algunos días, mientras encontraba la forma de volver a la normalidad, así Akane, le ayudaba a sobrellevarlo con su padre y en la preparatoria. Sería un alivió.

—Ranma, no entiendo porque quieres ser una chica por unos días, esto no es como tú sueles ser, ¿te sientes bien? —Akane se acercó a Ranma, y le tocó la frente con el dorso de su mano, intentando averiguar si estaba en algún estado febril.

Ranma apartó sutilmente la mano de Akane—. ¿Me ayudarías, Akane?

—Te golpeaste la cabeza otra vez, ¿no? —Akane sacó su mazo—. No te preocupes, Ranma. Te curaré —tenía miedo que estuviera delirante como cuando se golpeó la cabeza en el estanque koi, y olvidó que en realidad era un hombre.

Ranma retrocedió unos pasos, sacudiendo sus manos frenéticamente—. ¡No! ¡Sigo pensando como chico, no me he golpeado la cabeza! ¡Lo juro!

—¿Entonces? ¿Cuál es el problema? —interrogó Akane, agarrando firme la empuñadura de su gran mazo. Listo para usarse.

«Demonios, Akane, por qué tienes que ser tan insistente», pensó Ranma—. Quiero ser una chica porque... —por más que pensaba en una mentira convincente no la encontraba. «Maldita sea, Ryōga, todo es tu culpa», pensó. Como llegó a su mente la imagen de él, encontró la mentira perfecta—. Akane, esto tiene que ver con el honor, el estúpido de Ryōga, me desafió a que no soportaría ser una chica por un mes.

Akane tan despistada se tragó lo que dijo—: ¡Ranma, tú y tu tonto honor! No entiendo por qué te metes en tantos problemas... ¿sabes los problemas que eso conlleva? ¡Todos en la preparatoria creerán que eres un pervertido!

—Lo sé, Akane, pero no puedo aceptar que perdí el desafío con Ryōga —Ranma apretó un puño para hacer más convincente la actuación.

—Arrgh, Ranma, no tienes remedio. Pero está bien, te ayudaré.

Ranma sonrió—. Gracias, Akane.

Akane colocó un dedo en su barbilla, meditando cómo lograrían convencer a los demás que Ranma no era un pervertido, pero no tenía idea—. Esto es complicado, Ranma. Todos creerán que decidiste ser una chica y te tacharían de pervertido, nuestros padres tal vez entiendan tu razón, porque son artistas marciales como nosotros, y saben lo que es el honor, sin embargo, convencer a los maestros y compañeros será un problema, realmente no se me ocurre nada para ayudarte.

—No había pensado en eso —Ranma se cruzó de brazos.

—¡Lo tengo! —Akane gritó.

—¿Eh? ¿Akane?¿Qué se te ocurrió? —sintió curiosidad por lo que pensaba Akane.

—Nabiki —respondió Akane, con una sonrisa—. Ella resuelve todo siempre. Nadie es más inteligente que ella.

—Estás loca Akane, Nabiki no hace nada gratis, nos cobrará una fortuna por ayudarme, o peor aun; me hará modelar en traje de baño para una sesión de fotos —Ranma sintió un escalofrío que le recorrió todo su sistema nervioso, debido a la actitud frívola de la mediana Tendo, sabía por experiencia de lo que era capaz, prostituiría a Akane con Kuno, sin problemas, sólo para satisfacer su billetera.

—Si te pide que modeles en traje de baño, obedece. Peores fotos te ha tomado —dijo Akane, como si fuera lo más común del mundo para una chica de 17 años.

—P-pero, no... —Ranma inclinó la cabeza ligeramente hacia abajo, aunque ya en tiempos de antaño, había demostrado no tener pudor femenino, ahora era diferente, y todo por la culpa del estúpido Ryōga—. Está bien, lo haré, si lo pide —aceptó finalmente.

—Entonces vamos a su habitación —Akane agarró a la pelirroja de un brazo y jaló de ella, hasta estar en la puerta de la habitación de Nabiki.

Ranma sintió como si el infierno estuviera más allá de la puerta y dijo—: Y si mejor buscamos ayuda en otra parte...

—¡No! —respondió Akane enojada y abrió la puerta, atravesando el umbral y jalando del brazo a Ranma. Ranma se sintió aterrada al estar en la habitación de la chica más frívola de Nerima.

Nabiki estaba sentada en una silla con los brazos cruzados—. Cierra la puerta de inmediato —les ordenó.

Ambas tragaron saliva.

Akane entonces cerró la puerta, soportando el temor que provocaba estar junto a Nabiki, en la misma habitación.

—¿Qué es lo que quieren? —preguntó Nabiki.

—Necesitamos tu ayuda, Nabiki —expresó Akane.

Nabiki con detenimiento examinó las expresiones de las chicas, notó en Ranma una muy particular; preocupada, enojada y temerosa—. Ranma, ¿supongo que están aquí por ti? —dedujo fácilmente, como si leer la expresión de una persona fuera como el respirar, así parecía para la reina de la frivolidad.

Ranma tosió falsamente—. Sí...

—Siéntense entonces —volvió a ordenar Nabiki.

Ranma y Akane se sentaron en la cama de Nabiki.

—Ahora cuéntenme, qué clase de ayuda necesitan —pidió, inexpresiva.

—Verás Nabiki, Ryōga me desafió a que no podía soportar estar por un mes en mi forma de chica, y me conoces, yo no pierdo un desafío.

La reina de la frialdad sonrió por primera vez, mostrando una peculiar sonrisa de gato—. O eso, o has decidido permanecer como chica —nunca le quitó los ojos de encima a Ranma, para observarla y leer sus expresiones faciales.

Ranma tragó saliva y negó con la cabeza—. ¡CLARO QUE NO!

Akane colocó su mano en el hombro de Ranma y le susurró—: Tómatelo con calma o harás enojar a Nabiki.

Nabiki las observó y dedujo por la reacción de Ranma que algo grande ocultaba—. ¿Estás seguro, Ranma? ¿Que no quieres ser una chica? ¿Coquetear por comida, helado y otras cosas? Después de todo, es algo que te resulta natural.

Ranma entrecerró los ojos y volvió a negar con la cabeza, ahora frenéticamente—. Solo no quiero perder el desafío y menos con el cerdo estúpido —contestó entre dientes.

—Oh, entonces, ¿qué puedo hacer por ti?.

—Mañana es lunes y como imaginarás, tengo que ir como chica a Furinkan, y necesito un plan para que no piensen que soy un pervertido, cuando tenga que usar los vestidores de las chicas, y como ya todos saben de mi maldición, excepto Kuno Tatewaki, pensarán que soy un pervertido y me golpearán.

—Eso es algo sencillo de arreglar, sin embargo, será "costoso" —dijo Nabiki, enfatizando la última palabra.

—No nos andemos por las ramas, ¿cuántos yenes nos cobrarás? —indagó Ranma.

—Por ahora nada, solo ten en cuenta que me debes un favor, ¿eh? —Nabiki se levantó de la silla, caminó hasta su guardarropa y sustrajo un pequeño bikini rojo, de dos piezas, y se lo midió a Ranma por encima de la ropa. Con una sonrisa de gato, mencionó—: Te ves tan sexy —se imaginaba los yenes que ganaría, vendiendo fotos de ella en bikini.

Ranma tembló y agachó la cabeza, sabía lo que venía a continuación—. ¿Podrías esperar unos días, Nabiki? Prometo que haré lo que me pidas.

La mediana Tendo asintió con la cabeza y regresó el bikini a su guardarropa—. Pueden irse ya —dijo.

Ranma y Akane salieron de la habitación, la cual daba miedo en todos los aspectos.


En alguna parte del bosque, el adolescente del pañuelo caminaba—. ¡Maldito Houken, me dejó sin comida!. Mi tienda y mi paraguas, perdidos en algún lugar del bosque, ¡esto no me puede estar pasando! —maldijo su mala suerte. A lo lejos se podía ver la carretera. Lloró y rio como un desquiciado y dijo—: Hasta que la vida me sonríe... —corrió, con las fuerzas que aún le quedaban y siguió el camino de la carretera.

Al acabo de un largo rato, había llegado al parque de Nerima, sosteniéndose con un palo de bambú, que encontró tirado. Su brazo izquierdo todavía estaba herido, sin embargo, su curación era 10 veces más rápida que un humano común, esa habilidad era una de las tantas que Ranma y él tenían.

Ranma había salido de la casa Tendo a caminar un rato, cuando por accidente se encontró con un moribundo Ryōga, caminando forzadamente con un palo de bambú—. ¡Arrgh, estúpido cerdo! ¿Qué demonios hace aquí? —sonó molesta, por lo que tendría que soportar por la culpa de ése idiota.

Ryōga se desplomó en el suelo de espalda. Su cuerpo era uno de los más resistentes del mundo, pero aun así, no pudo soportar la pérdida de sangre, y no estarse alimentando bien, fue otro factor para que su cuerpo fuera vencido. Él observó la cara de un ángel y miró sus deslumbrantes ojos azules y un cabello que ardía como el mismo fuego—. ¿Estoy en el cielo? —murmuró.

Esa pregunta fue respondida, con un golpe en la cabeza—. Estás en Nerima, desorientado.

Ryōga parpadeó varias veces mientras se hundía en un estado delirante—. ¿Eres un ángel?

—Soy yo, idiota, ¿acaso no me reconoces?

—Perdone, estoy seguro que no olvidaría una cara tan bonita —comentó Ryōga, mientras luchaba por no quedar inconsciente.

Ranma sintió como sus mejillas empezaban a arder, con tanta intensidad que podría rivalizar con el fuego, tiñéndose a un rojo carmesí—. ¡Ryōga, idiota! ¿Sabes que soy Ranma, no es así?.

—Ranma... —murmuró Ryōga su nombre con admiración. Lo que sorprendió a Ranma.

«¿P-pero qué le pasa? ¿Acaso él...? No es imposible, solo está delirando por lo golpeado que está, eso es», Ranma sacudió la cabeza, para deshacer cualquier pensamiento extraño que pudiera crear su cerebro de chica.

Ryōga por fin cerró los ojos, quedándose dormido.

—¡No tienes remedio! —Ranma se acercó y lo acunó en sus brazos. Para cualquiera que viera esa escena en particular: diría que la chica debía amar demasiado al chico, como para cargarlo en sus delicados brazos, lo que posiblemente no sabrían: es que bajo esa figura de reloj de arena, que a simple vista podría parecer frágil, le pertenecía, al mejor artista marcial de su generación. Ranma miró el rostro de Ryōga y sonrió al notar un par de pequeños colmillos que sobresalían. «Eres un idiota, ¿ahora en que problemas te has metido?», pensó. Caminó hasta llegar a los Tendo. Allí fue recibida en la sala de estar por Soun y Genma, quienes estaban viendo Dragón Ball Z en la televisión.

—Ranma, ¿por qué cargas a Ryōga? —le cuestionó Genma.

—Lo encontré inconsciente en la calle, no podía dejarlo allí, lo llevaré a mi habitación —Ranma caminó a su habitación, apresuradamente. En el pasillo se encontró con Akane.

—¿Qué le pasó? —Akane preguntó preocupada.

—Lo encontré así en el parque, lo mejor es esperar a que despierte y nos cuente —contestó.

Akane asintió, pero notó el brazo del adolescente vendado, así como impregnado de sangre—. Deberíamos llamar a Tofu, no creo que esté bien.

—Akane, no hay necesidad de llamar a Tofu, Ryōga ha estado en peores condiciones y siempre se recupera en minutos u horas.

—¿En serio? —tanteó Akane, para asegurarse que no le estuviera mintiendo para evitar que se preocupara por Ryōga.

—Sí, ¿ya olvidaste cuando Lime lo incrustó en el asfalto? —trató de recordárselo.

—No, todavía no lo olvido... Ese día pensé que él moriría, sin embargo, se puso de pie en minutos, según me contaron ustedes —Akane se tranquilizó, pues Ranma tenía razón. Ryōga era más resistente que las rocas.

—Pues, fue verdad, Ryōga se recupera rápidamente. Estará bien en unos minutos o máximo unas horas, puedo apostar —dijo Ranma despreocupada.

—Sí, tienes razón. Iré ayudarle a Kasumi hacer la cena, entonces —Akane se dirigió hacia a bajo de las escaleras.

Ranma quiso protestar, pero Akane ya se había ido. «Genial, comida tóxica para cenar», pensó. Luego entró a su habitación y colocó a Ryōga en su futón.

—Me has causado muchos problemas cerdo, pero no estoy molesto contigo. Me salvaste la vida cuando Herb estaba cercas de matarme. También te metiste en lo más profundo de la hendidura que sea abrió en la montaña, solo para recuperar el kaisuifui y volverme hombre de nuevo —dijo Ranma en voz baja.

—Lo haría de nuevo, Ranma. Además, también me salvaste en aquella batalla con Herb, de quedar atrapado en mi forma de cerdo de por vida —respondió Ryōga, cuando abrió los ojos y miró a Ranma a un lado de él.

Ranma se sonrojó en respuesta a lo que dijo Ryōga, porque no existía duda de que lo haría—. Dime Ryōga, ¿quién te puso en tan deplorable estado? —preguntó, para cambiar de tema.

—Fue un tipo llamado Houken, quien, como Pantimedias Taro, tiene una maldición muy poderosa —respondió Ryōga, y después de un momento agregó—: Pero no vine hasta aquí, para hablar de quién me pateó el culo.

—¿Entonces?

—Herb está de vuelta para matarte.

—¿Eh? —Ranma frunció el ceño.

—Como dije: Herb está de vuelta para matarte. Él tiene planes para vengarse —Ryōga se puso de pie y miró por la ventana.

Ranma sonrió—. Puedo patearle el culo a ese idiota tantas veces como quiera, así que lo estaré esperando.

—Ranma idiota. Herb atacará el pueblo Joketsuzuku Amazon, para deshacerse de todos, ya que las amazonas siempre han protegido los estanques malditos de Jusenkyo, sin ellos por fin Herb tendrá en sus manos el estanque del Hombre Ahogado, y todos los demás estanques, solo el Kami sabe lo que hará el bastardo —dijo Ryōga, muy seriamente.

—Maldito Herb, espero y no se atreva a destruir el estanque del Hombre Ahogado —Ranma apretó sus puños con fuerza.

—Eso es lo menos importante, podría crear un ejército de demonios para matarte.

Ranma tragó saliva—. Diablos... ahora sí me quiere muerto, pero podemos derrotarlo y acabar con sus lacayos como la primera vez, ¿verdad?

—No estoy seguro para ser honesto —respondió Ryōga.

—No seas pesimista. Oh, no me digas que temes que Lime te dé otra paliza —Ranma lo miró con sorpresa.

—No le temo, ahora soy más fuerte que hace seis meses, incluso podría acabarlo sin necesidad de usar el Shishi Hōkōdan —respondió Ryōga, lo más tranquilo posible.

—¡Supongo que sí! Y yo podría derrotar a Herb sin muchos problemas, y estoy seguro que Mousse querrá patearle el culo a Mint, así que podemos con la dinastía Musk de nuevo —comentó Ranma con arrogancia.

—Cambiando de tema, Ranma. Quiero hablar de lo que hicimos en mi tienda de acampar —tosió, falsamente.

Ranma negó con la cabeza, tratando de no pensar en lo que había ocurrido—. Ryōga, no hay nada de qué hablar.

«¡Tengo que decirte que la pócima no funcionó y que hicimos el amor sin motivo!», Ryōga gritó en sus pensamientos. Quería contarle a Ranma... pero las palabras simplemente no salían de su boca—. La pócima... —logró articular, apenas.

—¡Te dije que no hay necesidad de hablar nunca de eso!.

—P-pero Ranma... tengo que decirte...

—¡Cállate, cerdo! ¡Dije que no!.

Ryōga bajó la cabeza durante el tiempo que su pelo cubría sus ojos y proyectaba una sombra en ellos—. Entiendo —dijo, sabiendo a la perfección que Ranma haría todo lo posible para no dejarlo decir nada que tuviera que ver con lo que sucedió.

Ranma le frunció el ceño cuando percibió un olor desagradable—. Debes bañarte, apestas.

Ryōga asintió y caminó hacia la salida de la habitación, pero se detuvo cuando se dio cuenta que no sabía dónde estaba el baño—. Uh, Ranma, ¿podrías llevarme al baño?.

—¡No tienes remedio, desorientado! —Ranma aceptó y lo jaló hacia donde el adolescente perdido jamás llegaría por su propia cuenta.

Cuando llegaron al baño, Ranma abrió el grifo para llenar el furo con agua caliente. Ryōga, por otro lado, empezó a quitarse la ropa hasta quedar completamente desnudo.

Ranma sin poder evitarlo se puso colorada, recordando la última vez que lo había visto desnudo—. ¿Qué diablos, Ryōga?.

—¿De qué hablas? —preguntó Ryōga.

—¡Estas completamente desnudo! ¿No tienes pudor?.

—Ah, eso —se pellizcó la nariz—, vamos Ranma, ambos somos hombres, no tiene nada de malo, además no es la primera vez que me ves desnudo —Ryōga tomó una cubeta de agua caliente y se la echó encima para lavarse antes de entrar al furo.

Las mejillas de Ranma empezaron a arder y a teñirse de rojo mientras Ryōga seguía actuando como de costumbre, no sabía si molestarse o estar feliz, por el hecho que no le importaba lo que había sucedido—. Tienes razón... —se marchó, pero antes de desaparecer por la puerta, miró de reojo a Ryōga, su vista se posó en sus poderosos pectorales y abdomen marcado, como si los dioses lo hubieran moldeado a su gusto. Ella se quedó embobada mirándolo, hasta que por un segundo sus ojos se encontraron con los de él. Rápidamente deshizo cualquier contacto visual y salió del baño con las mejillas en llamas. «¿Qué demonios me pasa? ¿Por qué juega conmigo mi cerebro de chica?» pensó.

Ryōga terminó de lavarse y entró al furo. Relajándose completamente—. ¿Por qué Ranma se comporta tan extraño? —se cuestionó, pero luego razonó—. Quizás aún no supera lo que hizo conmigo... —su nariz dejó escapar un torrente de sangre al recordarla, en su tienda, desnuda, con él. «Joder, con mi vida», pensó. Sumergió, la cabeza en el agua para limpiar los rastros de sangre.

—Demonios, se me olvidó decirle a Ryōga —dijo Ranma, mientras volvía a subir por las escaleras. Cuando llegó al baño chocó con una pared, o eso pensó antes de darse cuenta que era Ryōga, que estaba a punto de salir del baño. Traía una pequeña toalla enredada, que le cubría desde la cintura hasta las rodillas, exponiendo su escultural torso.

Ranma estuvo a punto de colisionar en el suelo a consecuencia del impacto con el adolescente perdido, pero no fue así, Ryōga la sostuvo por la cintura y evitó la caída. Ambos se quedaron así por un momento hasta que Ranma habló—: Ya puedes soltarme —se mantuvo nerviosa por el contacto.

Las mejillas de Ryōga cobraron un color rojo carmesí cuando sus manos sintieron su pequeña cintura de maniquí—. Sí —tosió falsamente.

—Necesito decirte algo, Ryōga —Ranma lo tomó de la muñeca y lo arrastró a su habitación.

—No puedo volver a mi forma original...

—¿P-pero por qué? —preguntó Ryōga preocupado.

—Desde que tú y yo...

—¿Tú y yo qué?.

—¡No me hagas decirlo idiota, tú sabes! Desde eso no he vuelto a cambiar, más bien no he podido hacerlo —expresó Ranma y después de un bufido, dijo—: Estoy atrapado así —señaló, sus senos grandes.

Ryōga sintió un gran remordimiento, porque todo era su culpa. Esta vez no había manera de culpar a Ranma por lo que estaba pasando—. Lo siento.

—Bueno, ya no importa, le dije a Akane y Nabiki que tú me desafiaste a que no podía permanecer como chica por un mes, y lo creyeron, eso me dará tiempo suficiente para buscar una cura para regresar a mi forma original, así que mientras sígueme la corriente, ¿de acuerdo?.

Ryōga la tomó de las manos—. Te juro por mi vida que te ayudaré a encontrar una cura Ranma. Mientras tanto, te ayudaré con tu mentira, puedes contar conmigo.

—Está bien —Ranma sonrió.


Kasumi probó la sopa de verduras e hizo una mueca desagradable.

Akane sonrió—. Sabe delicioso, ¿verdad? —preguntó con una sonrisa.

—Sí, delicioso —respondió Kasumi, condescendiente—. Ayúdame a servir la cena.

Ambas chicas sirvieron la sopa de verduras en la mesa. Akane fue a avisarle a Ranma, Ryōga y Nabiki que la cena estaba lista. Kasumi fue por los ancianos.


Genma y Soun miraban la televisión, mientras acariciaban con una mano la zona de sus corazones, y lágrimas fluían por sus mejillas.

—Goku, ¿por qué te sacrificaste por la tierra? —lloró Soun.

—Siempre te llevaremos en el corazón Goku —Genma apretó un puño y lo agitó—. ¡Te maldigo Cell!.

—Papá, tío Genma, la cena está lista —Interrumpió Kasumi, la atmósfera conmovedora.

Genma y Soun no se inmutaron y siguieron pegados al televisor un minuto más, hasta que terminó el capitulo.

—Guau Tendo, eso fue muy triste —comentó Genma.

—Estoy de acuerdo, Saotome. Estoy muy intrigado por lo que pasará mañana en el próximo capítulo —dijo Soun.

—Igual yo, Tendo —Genma se levantó del sofá y corrió al comedor.


Akane después de avisarle a Nabiki, se dirigió a la habitación de Ranma—. Ryōga, me alegro que estés bien ahora —sonrió cuando vio al adolescente de pie, conversando con Ranma—. Puedes quedarte el tiempo que gustes.

—Gracias, Akane-san —respondió Ryōga, mientras se colocaba un nuevo vendaje en el brazo dañado. Nadie hubiera creído que aquel brazo que fue fracturado y rasgado por un oso pardo demonio, ya estuviera casi curado.

—La cena está lista —mencionó Akane.

Ranma no le dio tiempo de comentar a Ryōga y le tomó de la mano, mientras corría hacia a bajo.

...

En el comedor estaban todos reunidos, mirando vacilantes sus tazones de sopa de verduras. Pues ya sabían que Akane había ayudado a Kasumi.

—¡¿Qué nadie piensa comer?! —gritó Akane.

—Nadie quiere morir esta noche, Akane —se burló Ranma.

—Ranma tiene razón, hermanita —Nabiki se retiró a su habitación.

—Ranma, ¿por qué siempre tienes que ahuyentar a los demás con tus bromas absurdas? —Akane fulminó con la mirada a la pelirroja.

—Porque soy una buena persona y no puedo dejar que nadie muera —Ranma rió.

Ryōga no sabía si golpear a Ranma por hablarle así a Akane, o acompañar sus risas. En cualquier otro momento le patearía el culo sin pensarlo, pero ahora era diferente. No teniendo claro cómo actuar, decidió mantenerse al margen de sus peleas.

Cuando Akane estuvo a punto de replicar lo dicho por la pelirroja, notó que nada más quedaban en la mesa Ranma, Ryōga y ella. Los demás habían escapado.

Ryōga resopló y comenzó a comer su sopa, no había comido desde que peleó con Houken, así que, comer algo le ayudaría a recuperarse por completo.

Ranma observó la hazaña tan admirable que estaba siendo participe Ryōga y dijo—: Fuiste un hombre valiente, Ryōga. Te llevaré flores a tu tumba —se echó a reír cuando miró los ojos blancos del adolescente de la pañoleta.

Akane golpeó la cabeza de Ranma con su puño—. ¡Esto es tu culpa Ranma! —gritó y desapareció escaleras arriba.

Ryōga escupió y sacudió la cabeza—: Nunca volveré a comer aquí —sentenció, haciendo una mueca de asco.

Ranma rió—. Lo mismo diría, pero aquí vivo por desgracia —se puso de pie y tomó la mano de Ryōga.

—Ranma, no tienes que tomarme de la mano, ¡no soy un niño! —no estuvo de acuerdo para nada.

—¿Y obligarme a buscarte? ¡No gracias, desorientado! —siguió—, Además, necesito tu ayuda, y no la tendré si te pierdes —Ranma tiró de él hasta su habitación oscura, donde un panda dormía boca arriba en un futón cercas de la ventana.

—Aquí dormiremos —señaló Ranma su futón.

—Ranma, no tienes que compartir tu futón conmigo, puedo dormir en el suelo.

Ranma abrió la boca para responderle pero Ryōga la interrumpió.

—Además, no creo que sea la mejor idea después de lo que ha pasado últimamente —Ryōga se puso nervioso.

—No, te hagas ideas, idiota, lo que pasó jamás volverá a pasar, ya olvídalo, soy un hombre y tú más que nadie se ha encargado de recalcarlo siempre —dijo Ranma segura.

«Los hombres no tienen senos», pensó Ryōga, al mirar el cofre de la pelirroja tetona—. Sí...

Ranma se quitó la ropa que le incomodaba al dormir y se tumbó sobre el futón de lado, dejando un espacio para Ryōga.

Ryōga contempló la figura de reloj de arena de Ranma, que se marcaba gracias a su bóxer y camiseta blanca. Frunció el ceño. «En realidad, Ranma físicamente en este momento no es un hombre, pero por nuestro bien, debo de tratarle como si lo fuera», pensó y se acostó a su lado.

Ranma miró de reojo a su amigo o rival, realmente ya no sabía ni cómo catalogarlo—. Estás despierto, Ryōga —susurró.

—Sí, ¿qué quieres? —Ryōga miró a Ranma directamente a los ojos.

—Si tuviera problemas con Herb, ¿me echarías una mano? —cuestionó Ranma, pues desde que entrenó con Akane, sentía que ya no debía pelear como solía hacerlo.

—Ranma, estoy seguro que lo derrotarás, como la última vez, pero en caso que tengas problemas intervendré sin dudarlo, puedes contar con eso, incluso si no soy de gran ayuda —Ryōga se giró hasta darle la espalda a Ranma. Estaba demasiado cansado que solo quería dormir.

—Sí, lo derrotaré, pero me alegro saber que cuento contigo —Ranma sonrió y le dio la espalda.

...

Unas horas después, Ryōga abrió sus ojos adormilados de golpe, en el instante que sintió que algo suave y cálido presionaba su espalda, y un brazo delgado se aferraba a su pecho—. Ranma... ¿cómo te atreves a abrazarme? —gruñó, pero nadie respondió. Giró su cabeza para darse cuenta que la pelirroja estaba completamente en el mundo de las ensoñaciones.

—Ryōga... —murmuró Ranma y se aferró más fuerte a él, apretando sus pechos en la espalda del adolescente.

Los ojos de Ryōga se ensancharon cuando escuchó su nombre salir de sus pequeños labios, pero se sintió un poco asfixiado cuando Ranma se aferró a él como un koala y lo dejó inmovilizado por completo. Nunca imaginó que tuviese tanto poder.

—Ryōga... —Ranma repitió su nombre con voz lasciva, mientras la mano ansiosa de ella se deslizaba por el abdomen de él.

Ryōga tenía una expresión de terror al no saber qué hacer para liberarse, no era que no quisiera estar así, claro era un hombre, le gustaba, sin embargo, Ranma estaba dormida. Y ella no sabía lo que hacía. «¿Cuándo demonios empecé a pensar en Ranma como si en realidad fuese una mujer...?», se cuestionó.

Ryōga cerró los ojos e intentó volver a dormir, pues no había forma de alejar a Ranma, sin romperla con el Bakusai Tenketsu o Shishi Hōkōdan.

—Te quiero —murmuró Ranma y besó su cuello. Aún seguía en el mundo de las ensoñaciones para darse cuenta lo que decía y hacía.

Los ojos de Ryōga se abrieron como platos.


NOTA: ¿¡Qué estaba soñando Ranma!? ¿¡por qué Ranma siente que no debe pelear!?

Manu, respondiendo a tu pregunta, sí voy a publicar el fanfic del pretendiente, pero luego de que termine de publicar este fanfic. Respondiendo a lo que me has propuesto, quizás después de que termine mi faceta como escritor de esta pareja me dedique a escribir sobre Naruto. Muchas gracias por comentar. Si no lo hubieras hecho esta nota sería muy pobre.