Heather

Este songfic es parte del evento de San Valentín del grupo de Shikatema: Hojas de Arena #voiceforyou. Yo elegí la canción de Heather de Conan Gray. ¡Que lo disfruten! Lo siento Mis, me encanta la adrenalina de último minuto... aaa tecreas. No si créetelo acá estoy subiendo esto como pude.

— ¡Vamos Choji!

— No lo sé Shikamaru, —dijo él con desanimo—. Ni siquiera traje algo para salir esta noche.

— Si ese es el problema, puedo resolverlo. —Dijo el muchacho antes de esculcar entre su ropa del armario.

El castaño bajo su mirada y torció su boca. No tenía que ser un genio para entender lo que pretendía hacer el chico de la coleta. Sentía lástima… no por el anfitrión de la casa sino por sí mismo. Le parecía inútil que intentará prestarle ropa suya, pues tenía un gran problema. Su complexión. No entraría en ninguna de las prendas que iba a presentarle el Nara o quizás si lo hacía, pero esta no iba a favorecerle en lo absoluto a su cuerpo ni podría ocultar lo que era muy evidente para él… que odiaba su físico. Sabía que el muchacho se esmeraba con todas las buenas intenciones del mundo por animarlo. En verdad deseaba que lo acompañara a esa fiesta y haría lo que sea para conseguirlo. Choji suspiró a sus adentros. Vaya que tomar esa determinación para motivarlo lo alagaba.

— ¿Qué tal esto? —Extendió un suéter gris con bordados muy atractivos entre sus manos. El Akimichi lo analizó con la mirada. Aquella prenda se veía una talla más grande que las que usualmente usaba el Nara. Retornó su mirada hacia él—. Este es uno de mis favoritos. Deberías de probártelo.

— No creo que deba. —Dijo evitando titubear.

— Anda. Tienes que vértelo puesto. —Insistió una vez más con una amplia sonrisa.

Choji lo pensó unos segundos.

— Esta bien.

El semblante de Shikamaru se iluminó al sonreír. Primero el Akimichi probó la suave textura de la tela con las yemas de sus dedos. Se despojó de su voluptuoso abrigo color vino para reemplazarlo con la prenda que le había ofrecido. Fue directo al baño para verse en el espejo, se colocó el suéter encima de su playera negra y lo acomodó. Como arte de magia aquella parte que tanto odiaba de él se había desvanecido ante sus ojos. Podría decir que le había quedado como un guante, pues lo hacía lucir bien.

— ¿Y bien? —Percibió por el reflejo del cristal al dueño de la casa que estaba parado detrás de él, con una muy visible expresión de entusiasmo—. No puedes negar que se ve mucho mejor en ti, que en mí.

Choji exhaló una risa, ladeó una sonrisa y asintió con un sonrojo. Vaya Shikamaru, siempre lograba levantarle el autoestima cuando lo necesitaba.

— De acuerdo. Iré. —Pronunció con un poco de vergüenza.

— ¡Excelente! También me cambio y nos vamos.

Solo necesitó cinco minutos para arreglarse. Se puso un suéter azul marino y una chamarra de cuero café encima, junto a un pantalón negro de mezclilla. Una vez listo se paró enfrente de su compañero de la infancia como si esperara que le diera su opinión.

— Te ves increíble. —Lo dijo de corazón el castaño.

A lo que el Nara respondió con un sutil codazo y una hermosa sonrisa. Los dos se subieron al auto del muchacho de la coleta alta y se dirigieron a la ya tan mencionada fiesta, la cual se llevaba a cabo en el interior del hogar de Kiba Inuzuka. Podían escuchar la música desde el exterior a pesar que su intensidad era sofocada por los muros de la casa. Tan solo habían logrado colocar un pie en el interior cuando fueron abordados por sus amigos. Así como se lo había garantizado el Nara, Choji la estaba pasando más que bien. Entre los juegos y las bebidas, las mejillas ya le dolían por reírse en exceso del espectáculo que protagonizaban sus conocidos. Retornó su mirada hacia Shikamaru, quien se la correspondió al santiamén, acompañando su amable gesto con una diminuta curva en sus labios. Se acercó al Akimichi para reposar su brazo sobre sus hombros y usarlo de apoyo, como lo hacía cuando eran niños, mientras le daba un trago su bebida y retornaba su mirada a la partida de beer pong que llevaban a cabo sus compañeros de clase. Después de varias partidas, se cansaron de estar parados todo el tiempo y fueron a sentarse al único sillón que estaba disponible en la sala de la fiesta.

— ¿Qué opinas? —Acompañó sus palabras con un par de palmadas sobre su espalda— ¿Me equivoque sobre la fiesta, amigo?

Choji hizo una pausa y bajo la mirada en lo que pretendía tomar de su vaso.

— No —pronunció tratando de ocultar su dolor—. Siempre tienes razón.

El alcohol estaba alentando al Akimichi a que tomara valor para confesarle de una vez por todas cuanto le dolía esa palabra: Amigo. Había perdido la cuenta de cuantos años tenía ocultando sus verdaderos sentimientos. Trató de luchar con esas alocadas ideas suyas, tachándolas como su absurda imaginación, pero podía apostar su vida de que Shikamaru lo quería tal cual como era. Él no veía a un hombre con sobrepeso, sino alguien que anhelaba ver al día siguiente. Desde su infancia pasaban incontables tardes y noches juntos y, a pesar de eso, no pareciera que se cansaran de la compañía del otro. Lo que le dio confianza al Nara de abrir su corazón sin problemas ante él. Donde, en su compañía, su cabeza se volvía de cristal y le relataba todas aquellas gamas que sus emociones lo hacían sentir.

Quien diría que detrás de su fachada perezosa, una boca llena de respuestas descaradas y actitud que lo hacía verse genial, se encontraba un hombre pensativo, inteligente y sentimental. Uno que no temía llorar cuando era necesario enfrente del Akimichi. Todos esos años de conocerse estaban soldados con el apoyo incondicional de Shikamaru, quien lograba hacerlo reír a carcajadas y le enseñó a quererse a sí mismo con tan solo demostrarle que deseaba pasar otro día más en su compañía. Agradables o amargos, aquellos momentos que pasaban juntos siempre se volvían los mejores de su vida porque estaba a su lado… Penosamente esos atesorados momentos seguían siendo regidos insistentemente por la sosa palabra de "amistad". Choji estaba completamente seguro de cuáles eran sus verdaderos sentimientos hacia Shikamaru, pero se acobardaba en el instante en que aparecía la idea que podría ahuyentarlo para siempre de su existencia por confesarle la verdad sobre eso.

Apretó sus labios para reprenderse a sí mismo. No era lugar ni el momento de estar pensando en esas cosas. Decidió que era mejor disfrutar el resto de la velada en su compañía. Levantó sus pupilas encontrando a su lado aquella usual expresión apacible y despreocupada. Una que le decía que todo estaba bien. Entonces, un estallido de voces se hizo notar en el fondo, unas que el Akimichi pretendió darles poca importancia. Hasta que notó que el rostro del Nara había pasado de ser una hoja en blanco a una de asombro por algo que veía a sus espaldas. Tras conocerlo por tanto tiempo, sabía que esa expresión significaba malas noticias para él. Rápidamente se obligó a buscar el origen de ello, siguiendo la mirada del muchacho y al encontrarlo… su corazón comenzó a triturarse.

Una criatura hermosa acababa de cruzar por el umbral de la puerta. Portando orgullosa su sonrisa como si fuera su mejor accesorio. De cabellos dorados cual ángel, ojos turquesas hipnotizantes, de rostro de rasgos finos y ocultando sus curvas que robaban el aliento debajo de su pesado abrigo largo y blanco. Enhebrando con su acto de presencia hilos dentro del pecho de Shikamaru. Forzándolo que evitara despegar su mirada de ella, por temor que se desvaneciera en el aire en cualquier parpadeo. Dándole una vuelta de ciento ochenta grados a su mundo, mientras que el mundo de Choji se desmoronaba cuando sus pupilas fueron testigos como el penetrante flechazo de cupido aniquilaba todas sus esperanzas en un segundo.

Después de ese punto detonante los minutos se volvieron eternos. Shikamaru estaba distraído, lanzando ocasionales miradas hacia la desconocida para mantenerla en su radar. Incendiando con su interés la sangre del joven Akimichi, pues sentía como ardía por dentro por la manera en la que esa extraña había hurtado su completa atención de la nada. A pesar de que intentara iniciar una conversación con el Nara, terminaba en cuestión de segundos porque su mente estaba persiguiéndola. Hasta que aquella damisela se alejó de su pequeño grupo de amigos para dirigirse a la terraza trasera de la casa. Ese incentivo hizo que el chico de la coleta alta se parara de un respingo del sillón, sacara una cajetilla y antes de salir a acompañarla al frío encendió un cigarrillo.

Dando pasos ligeros, con las manos bien metidas a los bolsillos y tratando de desconocer la presencia de la fémina se acercó hasta el barandal de la terraza. Quedando casualmente a un metro de ella. Permitió que pasaran unos segundos en el limbo, pero unos insistentes movimientos provocados por los brazos de la chica llamaron su atención. La miró por el rabillo de su ojo. Al parecer la rubia estaba luchando por encontrar algo en el interior de su bolso, mientras sostenía un cigarro apagado entre sus labios rojos y fruncía el ceño. Pero su mirada atrajo instantáneamente la suya, haciendo que la levantara para identificar al intruso que se atrevió a observarla en su contratiempo. Sus orbes aqua provocaron que un escalofrió recorriera su espalda o quizás fue la escurridiza ventisca que paso por ahí.

Aunque debía de admitir que a pesar de la oscuridad, sus pupilas lo petrificaron en su lugar. La dama lo escaneó fugazmente, pero lo que más le importó de ese sujeto era que su cigarro estaba encendido a diferencia del suyo. Shikamaru entonces conectó puntos. Con su mano aparto el esbelto objeto de su boca, para exhalar una densa cortina de humo y permitirse pronunciar:

— ¿Necesitas ayuda?

La rubia negó con la cabeza, continuó con su búsqueda ahora apoyando su bolso sobre el barandal de la terraza.

— Creí que había traído mi encendedor, —hizo una ligera mueca con la boca como si estuviese mordiendo su cigarro para evitar que se cayera de sus labios— pero simplemente no lo encuentro.

— Puedo prestarte el mío si quieres. —Sugirió el Nara apartando su mirada de ella para lanzarla al horizonte.

La desconocida continuó con su absurda exploración unos escasos segundos más, pero terminó rindiéndose. Dejando en paz su bolso, cerrándolo y colocándolo a un costado de su cintura. Exhaló sacando el cálido aire de sus pulmones, aunque lo que quería era que proviniera de su culposo placer.

— Creo que no tengo de otra. —Dijo aún con el cigarrillo entre sus labios rojos.

Shikamaru indagó en su bolsillo, sacando de este un encendedor rectangular y plateado para presentarlo a la altura del rostro de la chica. Anticipó las acciones de la misma, por lo que uso el borde de su pulgar para levantar la tapa y con el mismo accionó el engranaje que trajo a la vida la flama que ella tanto necesitaba. La chica lo observó con incertidumbre. Era su encendedor, si él le ofrecía encenderlo por ella lo más educado seria aceptar su invitación. Con ayuda de su dedo índice y del medio le dio más soporte a su cigarro, que continuaba sobresaliendo de sus labios rojos, y acercó ligeramente su rostro hacia el encendedor. Iluminándolo con el brillo anaranjado que este creaba para que el espectador pudiera observarlo con mayor claridad.

Fijo sus pupilas aqua en la flama para asegurarse de encenderlo apropiadamente en lo que inhalaba aire a través del esbelto tubo de papel, pero mientras lo hacía volvió a levantar sus pupilas para observar al extraño que la estaba ayudando. Cautivándolo con sus orbes aqua que ahora reflejaban aquella flama, prometiéndole en susurros que podría saciar su curiosidad con ellos. Esa chica sí que tenía algo que lo obsesionaba. La rubia se apartó cuando consiguió exhalar un poco de humo de su boca. También alejó el cigarro de está dejando manchado el filtro con la pintura de su labial.

— Gracias. —pronunció tras suspirar una gran cantidad de humo a través de sus dientes blancos y dirigió su mirada hacia el jardín.

— No hay problema. —El muchacho volvió a probar su cigarro en lo que guardaba su encendedor.

— Es lindo —continuó ella—. Tu encendedor. Siempre he querido uno de esos, pero en primer lugar no debería estar fumando.

— ¿Padres estrictos? —Sonrió para sí mismo al ver que había logrado sacar una conversación con ella.

— Peor. Hermanos estrictos —dijo en tono de burla—. También vinieron a esta fiesta, pero fueron a comprar las bebidas.

El Nara miró a sus espaldas. Por la confianza con la que la chica fumaba podía deducir que tardarían un tiempo.

— Cualquier cosa, —el muchacho golpeteó el cigarro con el borde del barandal para tirar el exceso de la ceniza— si detectan el olor a cigarro puedes decir que viniste aquí a tomar una llamada y de la nada llego un patán a echarte humo.

— Eso podría engañar a uno de ellos, pero el otro —negó con la cabeza alzando las cejas— lo dudo mucho. Tranquilo, soy buena disimulándolo. A parte —lo miró de reojo— no me gustaría deberte tantos favores.

Shikamaru alzó los hombros.

— Es lo que haría cualquier otro buen ciudadano.

Hubo unos pocos segundos de silencio entre los dos. El Nara buscaba alargar la vida de su cigarro para tener un pretexto de seguir ahí afuera con ella. Cualquier movimiento en falso y haría que ella pensara que solo se trataba de un raro que intentaba conseguir su número desesperadamente. Bueno, su objetivo si era conseguir su número pero sin adquirir el sobrenombre de "raro" en el procedimiento. Tenía que jugar bien sus cartas y cuidarse de los hermanos que había mencionado previamente.

— ¿Supongo que eres compañera de Kiba? —Indagó con valentía el Nara.

— Uno de mis hermanos lo es —volvió a inhalar humo y almacenarlo en sus pulmones—. Yo estoy dos generaciones arriba.

— ¿Bromeas? —el chico no pudo ocultar su asombro y se aferró del barandal— ¿Qué haces en una fiesta de prescolares entonces?

La rubia bajo la cabeza soltando una pequeña risa. Se cruzó de brazos en lo que observaba el cielo.

— Alguien tiene que cuidar a mi hermano. Tiende a ser un desastre en las fiestas y el otro es capaz de dejarlo ahí varado por su cuenta.

— Hay algo que no entiendo. Siendo la mayor, ¿te preocupa que te vean fumando?

— No es temor. Si se enteran trataran de chantajearme. Cobrarían todo tipo de favores para mantener su boca cerrada y le quitarían lo divertido a fumar —giró los ojos—. El que lo sepan me orillarían a dejarlo y no pienso hacerlo por su culpa.

El Nara inclinó su cabeza hacia un lado y asintió.

— Creo que tienes un punto. Eso de la jerarquía interna de hermanos es un tema que desconozco. En mi caso soy hijo único.

— Oh —dio media vuelta para recargar su espalda y codos en el barandal— ¿Y es cierto que son muy consentidos? O simplemente es una leyenda urbana.

— Eso depende de muchos factores, el poder adquisitivo de los padres, educación, experiencias en la vida… espero no sonar muy arrogante al decir que no es mi caso —la rubia emitió un "mmm" de su garganta en lo que inspeccionaba el aspecto del Nara y ladeó una sonrisa—. ¿Qué? —Su corazón se aceleró al ver que lo escudriñaba cuidadosamente con la mirada.

— No lo sé. Decir que no eres arrogante suena arrogante —el muchacho frunció el ceño con incredulidad—. A parte ese encendedor…

— En mi defensa me lo compre gracias al dinero que me gano con mi trabajo de medio tiempo. —Protestó el Nara tratando de mantener su postura de seguridad.

— Muy bien —dijo en una melodía sin borrar su sonrisa—. Si tú lo dices.

Shikamaru entornó la mirada al notar que estaba jugueteando con él, incitándolo a que continuara con el ritmo de respuestas rápidas y audaces. El joven Nara negó ligeramente con la cabeza trazando una sonrisa en lo que su rostro expresaba su incredulidad.

— Eres de las que no les gusta perder, ¿verdad?

Recibió una expresión de sorpresa de parte de la chica.

— ¿Disculpa? —Exhaló con escepticismo.

— Eso es un sí. —El chico regresó su mirada al horizonte y volvió a fumar de su cigarro.

— ¿Quién te crees que eres para decirme eso? —La rubia giró su cuerpo hacia él.

— El patán que te apestó de humo —la miró de reojo.

— ¿Y qué nombre debo de darle a dicho patán? —se cruzó de brazos apagando su cigarro con la suela de su bota y acercándose más al chico de la coleta.

— Shikamaru Nara. Un placer molestarla, ¿señorita?

— Temari Sabaku.

El Nara estaba tan agobiado conociendo a Temari, que no se percató que su mejor amigo había abandonado la fiesta, pues no podía soportar presenciar como florecía algo entre ellos. Llegó hecho un desastre a su casa. No pensó en otra cosa más que tumbarse a llorar desconsoladamente sobre su cama. Durante las horas de su agonía, tuvo un destello en su memoria que le recordó que todavía portaba con la sudadera que le había prestado el chico. La cual seguía impregnada con su aroma. Tratando de no ahogarse con sus lágrimas no dejaba de cuestionarse como pudo haberle echó eso. Como pudo hacerlo a un lado en tan solo un chasquido de dedos. Olvidarse completamente de él y perseguir a una mujer como esa.

El Akimichi tenía un recuerdo que valía mas que toda la fortuna del mundo clavado en su pisoteado corazón. Aquella noche que habían bebido de más y habían fallado por completo llegar tan siquiera a la entrada de la casa de Choji. El par de ebrios no encontraron otro remedio más que tirarse en el patio frontal de su casa a mirar las estrellas en lo que se evaporaba el alcohol de su sistema. Ahí estaban los dos echados sobre sus espaldas a un lado del otro.

— Tienes suerte Shikamaru —arrastró torpemente con su lengua el anfitrión de la casa—. Tú al menos tienes garantizado que encontraras a alguien, mientras que yo… es casi seguro que me quedare solo.

— ¿De qué hablas? —giró su rostro hacia el castaño—. Quien sea que te rechace es una mala persona. Es más hasta una pérdida de tu tiempo. ¿Sabes quién eres?

— ¿Un gordo muy sensible? —Desvió la mirada hacia otro lado.

Shikamaru exhaló.

— Eso es irrelevante. De qué sirve un cuerpo si no quiere tu interior. Tu eres amable, cortes, y detallista. ¡Eres uno en un millón! Las personas que llegan a conocerte te aman por eso.

— Eres muy bueno conmigo Shikamaru —se encogió de hombros—, pero nadie quiere besar esta cara grasosa.

El Nara suspiró. Tomó por sorpresa al Akimichi cuando posó delicadamente sus labios sobre su mejilla. Al apartase Choji lo miró estupefacto y completamente sonrojado.

— Te he besado y ¿sabes lo que sentí? Que eres suave. No grasoso. Ahora deja de ser tan duro contigo mismo y valora como eres en verdad. Porque al menos yo agradezco poder estar a tu lado en estos momentos. —Le dedicó una amplia sonrisa.

Esa noche la atesoró como nunca. La guardó como uno de sus más dulces recuerdos. Sin embargo al pensar en ese momento, ahora le traía dolor. Mentiras. No eran más que mentiras. Palabras y trucos que solo jugaron con sus sentimientos. Jamás debió de ilusionarse con él. Tantas veces que lo llamó amigo nunca lo hicieron comprender que su corazón no era algo para tomar. Su pesar lo aplastaba cada vez más conforme iban pasando las semanas. Choji se encontraba en la cafetería, mirando al vacío en lo que movía sin sentido la comida que tenía delante de él. Una voz familiar lo trajo de vuelta de sus pensamientos. Se odio a si mismo cuando averiguó con la mirada de quien se trataba.

Eran ellos. Aquel hombre que había destrozado sin piedad su corazón, entrelazando dedos con aquella mujer que había usurpado toda la felicidad que estar con el Nara traía. Ella al caminar lucia espectacular, atraía miradas y su cabello rubio rebotaba sobre sus hombros al andar. Reía con plenitud sobre algo que estaba platicando con el muchacho y se dirigían a su dirección. El Akimichi colocó su codo sobre la mesa y apoyó su mejilla sobre su puño en lo que continuaba empujando su comida por toda la circunferencia del plato.

— ¡Choji! ¿Cómo estas amigo? —Dijo con entusiasmo el muchacho.

"Sufriendo."

— Supongo que bien. —Respondió en un leve tono de voz tratando de hacer el menor contacto visual posible.

— ¿Te molesta si te acompañamos?

"Dejenme en paz"

— ¿Por qué debería de hacerlo? —Frunció el ceño pero logró ocultar su sarcasmo de él.

— Me alegra haber coincidido nuevamente contigo. Tengo tiempo de no verte, Choji.

— He estado algo ocupado. —Respondió apagado.

— Me he dado cuenta. Deja voy por algo de beber para ponernos al corriente. ¿Quieres algo, Tem?

"Tu nueva prioridad."

— Si, por favor.

— ¿Tu Choji?

"Segundo lugar."

— No. Gracias.

— Enseguida vuelvo.

Temari giró su rostro para ver partir al Nara hacia la cafetería. En eso Choji la analizó con la mirada encontrando más dolorosas verdades. Ella estaba portando la prenda que el Nara usó el día que se conocieron. Le quedaba algo holgada, pues su complexión era más delgada que la de Shikamaru. El castaño bajó su cubierto y tomó con fuerza su celular para fingir que estaba ocupado leyendo unos mensajes. "¿Enserio?", pensó él. "Viene a presumirme que esta usando su suéter. Eso no significa nada. Solo es algo momentáneo." Temari regresó sus orbes aqua con emoción a Choji quien estaba sentado enfrente de ella.

— Shikamaru me hablado tanto de ti —comentó ella con una sonrisa—. Debo de admitir que estoy intrigada por presenciar alguna de sus aventuras algún día.

"¿Te da celos?" Choji alzó los hombros en lo que seguía "leyendo" el contenido en su celular.

— Últimamente no nos hemos visto, esas cosas ya no pasan mucho. Lamento decepcionarte.

— Al contrario, él te estima mucho —la chica inclinó su cuerpo hacia el frente—. Se nota que eres alguien muy importante para él. Por lo que me da gusto conocerte al fin.

"¿Eso te dijo él?" Contrastando con la amable interacción que tenía la chica con él, el Akimichi ansiaba poder odiarla. Únicamente había llegado a revivir sus heridas, a encajarle los hechos de las cosas que ella podía hacer a diferencia de él. Presumiéndole descaradamente sobre lo que recibía era todo aquello que más anheló. Su atención. Sus detalles. Sus sentimientos. La capacidad y valentía de romper con esa maldita palabra llamada amistad. De haber sabido que en cuestión de días sus fantasías valdrían una mierda, se hubiera confesado personalmente cuando lo pensó durante esa fiesta. Total su vida no podría estar peor que en esa situación.

— Oye —se sorprendió al sentir que una mano suave había alcanzado la suya para llamar su atención. Se trataba de Temari— ¿te encuentras bien? —Preguntó con suavidad.

Choji parpadeó un par de veces. Se quedó mudo ante su acción. Sus ojos aqua reflejaban la seriedad de su pregunta dejándolo anonadado de que notara su estado. En eso los interrumpió Shikamaru que colocó sus bebidas en la mesa y se sentó junto a la rubia.

— Bien. Ahora dime Choji, ¿cómo has estado? —Indagó alegre el muchacho de la coleta— ¿Qué tal te ha ido en tus clases?

— Um —se forzó a pronunciar algo en lo que rebuscaba una respuesta en su memoria—. He pensado últimamente en los exámenes que se acercan.

"¿Qué debería de hacer?"

— Es cierto —siguió el Nara en lo que rodeaba con el brazo a la rubia, quien se ajustó a él para estar más cómoda—. Quizás podamos reunirnos para estudiar juntos.

Eso. Eso solía hacerlo con él. Rodearlo con su brazo para usarlo de apoyó. Sus celos fueron remplazados por una sensación fría que le calo hasta los huesos. Choji bajó su mirada impactado en lo que la pareja que estaba delante de él sostenían una juguetona discusión entre ellos. ¿En que estaba pensando? No estaba listo para soportarlo. No ahora. No así. Se levantó de su lugar abruptamente y tomó su comida.

— Lo siento —dijo automáticamente el castaño—. Recordé que tenía que hacer algo urgente. Nos vemos después.

El Akimichi dio media vuelta dejando sorprendidos al par con su partida. Cada vez que se alejaba, más regaba los fragmentos de su sangrante corazón detrás de sus pasos. Su respiración se aceleró en lo que se acumulaba el agua en sus ojos. ¿A quién engañaba? Esa mujer no era una cabeza hueca como lo esperaba para que el Nara se cansara pronto de ella. Le mostro un poco de compasión cuando él solo pensaba en cuantas maneras posibles podría odiarla. A pesar de que lo mataba, comprendía por qué Shikamaru había caído redondo a sus pies. Era encantadora, confiada, astuta, educada y hermosa. Todo lo que él no era.

Le era imposible poder competir con una mujer. Él solo era Choji, un chico que amaba en secreto a su compañero de la infancia. Por eso le entregó su corazón a ciegas. Trágicamente Shikamaru quedó varado en la eternidad de la ignorancia sobre los verdaderos sentimientos del castaño, por lo que inconscientemente terminó tirando su amor y fue detrás de otro. Dejándolo agonizando en soledad. Queriendo poder cambiar algo de su vida para recuperar aquello que jamás le perteneció, pero deseó tener como si por derecho de antigüedad se tratara. Aunque algo sabía. Que a pesar que las cosas se hubieran dado a su modo. Jamás lograría que él lo amara con tanta intensidad como lo hacía con ella.

Su existencia se volvió un campo de brezos en el que Shikamaru y él solían acostarse durante sus juegos de la niñez. Insignificante, pequeño, acostumbrado a que fuera aplastado, pasado por alto incontables veces y luchaba constantemente por sobrevivir la indiferencia del ecosistema. Con el roció de sus lágrimas, los cuales nacían y se acumulaban sobre sus diminutos pétalos purpuras, nutrían la tierra donde se encontraba aquel espontaneo árbol donde ese amor ajeno se entrelazaba, crecía y florecía con esplendor. Un iluso brezo el cual se creía bendecido al ser resguardado por la sombra de la copa de ese egoísta árbol que nunca dejo de amar y procurar.

- Fin -