~~~ Universo Alternativo ~~~


Todos los derechos son propiedad de RICHELLE MEAD, a excepción de la trama.


Sinopsis:

Conozco a Dimitri Belikov desde que éramos niños, nuestros padres se llevan de maravilla, somos vecinos, asistimos a la misma Academia, compartimos los mismos amigos y un día lo fuimos también.

Su amistad representaba mucho más para mí... hasta que comenzó a comportarse como un idiota y terminó con todas mis ilusiones.

Y ahora tenemos que trabajar en equipo para obtener la victoria.


Sería agradable comenzar con el característico "Érase una vez...", pero estoy lejos de vivir un cuento de hadas. Y para que comprendan el complot más grande ocurrido en la historia de la intriga, es necesario explicar algunos puntos y regresar en el tiempo.

Mis padres, Janine Hathaway e Ibrahim Mazur. Fueron a las mejores Universidades, se graduaron los primeros de sus clases y tenían algunos años de afamada carrera cuando se conocieron, debido a que el matrimonio Dashkov los contrató para abogar en el que se convertiría en el más memorable caso de divorcio de la época.

En fin, jamás han pérdido un caso y no les gusta mencionar quién ganó esa vez. Pues Abe cree que ambos triunfaron al encontrarse, llevarse como perros y gatos (o sea enamorarse), formar la mayor firma de abogados del país y combinarlo con una familia.

Que es donde aparecemos mi hermano y yo (dato inconfundible).

Iván es mayor por cuatro minutos y somos un fiasco para la genética, pues no compartimos ni siquiera un lunar. Él es alto y yo de estatura media; él rubio y yo de tez atrigueñada; él tiene los ojos verdes y yo marrones; él tiene la primigenie y yo un carácter explosivo. De no ser por el escalofriante parecido que tengo con el viejo habría pensado que fui adoptada y la excusa de Iván son nuestras "finísimas" raíces escocesas. Tenemos una relación excepcional, aunque cuando reñimos acudimos a nuestros representantes legales: él a Janine y yo a mi baba.

Vivimos en Nueva York desde que tengo uso de razón y acudimos a la Academia más prestigiosa: St. Vladimir. Formamos lo que se considera el grupo elite del colegio, cosa sin importancia, ya que la popularidad es una consecuencia de la que hablaré después.

Christian es mi mejor amigo; luego está su novia Lissa; su hermano André; Mia, que fuimos una especie de rivales; Eddie y Mason, que conozco desde maternal; Vika, que también es mi vecina; Iván ¡obviamente!; y su mejor amigo y la razón de mis desvelos, Dimitri Belikov.

"Suspiro dramático"

Conocimos a los Belikov cuando cumplimos cinco, literalmente el día de la fiesta, pero esa es otra anécdota que no tiene caso rememorar ahora. Llegaron desde Rusia y mis padres tuvieron buena química con los suyos; quienes son médicos prestigiosos. Inscribieron a sus hijos en St. Vladimir dado el alto nivel académico y buenas referencias. El único detalle desafortunado es que tanto Karolina, como Sonya y Dimitri, tuvieron que ser transferidos un grado más abajo de la escolarización que ya tenían. Esto para darles tiempo de adaptarse al sistema e idioma. Por lo que Dimitri es parte de mi generación, pero es un año mayor.

Bueno, hay una peculiaridad que tenemos Iván y yo. Sin embargo, no lo mencionamos pues la gente comenzará a vernos como los fenómenos que somos. Por ejemplo, si él sufre algún golpe o malestar, también lo reciento yo y viceversa. Las intoxicaciones alimentarias son el demonio.

Ahora se preguntarán, ¿para qué nos da esta información? Y yo les diré, ¡relájense, voy a ello!

De niños hacíamos casi todo juntos, lo que también implica hacer amigos. Así que cuando Iván y Dimitri comenzaron su amistad, estuve ahí. Éramos un trío dinámico, pues sus hermanas mayores vivían en sus respectivos mundos y Vika era pequeña para unirse a nuestras aventuras. Razón por la cual sufrimos regaños y castigos, pero esas también son otras historias y realmente no me apetece recordar a mi madre cabreada.

En poco tiempo Dimitri llegó a ser muy especial para mí.

Cuando trepábamos un árbol e Iván iba por delante de nosotros, él me decía qué ramas pisar para no resbalar. Lo que calentaba mi pequeño corazón. Si acampábamos en el patio trasero, cuidaba que no me quemara al tostar bombones y me consolaba después de los cuentos terroríficos, sin ser evidente para evitar las burlas de mi hermano.

Recuerdo haberlo contagiado de una gripe tremenda, por lo que el trío se redujo temporalmente a dos y fuefantástico. Me leía historias de vaqueros, comíamos pan negro cada vez que se nos antojaba, veíamos películas y nos gustaba tirarnos al césped para imaginar cosas increíbles con las nubes, mientras disfrutábamos de un donut de chocolate.

Por lo que sí, me enamoré del niño. Digo, ¿quién en su sano juicio infantil no lo haría? Era un perfecto caballero, guapo, divertido, protector, dulce, etc. etc. etc.

Y digo era, porque todo aquello cambió radicalmente.

Tenía trece cuando nos reunimos en casa de los Dragomir para una pijamada, e hicimos lo que todo adolescente... babosadas.

Dimitri eligió un reto que fue impuesto por el neandertal de Mason "... besa a Rose en la boca durante cinco segundos" Sí, esa era yo y esas fueron las palabras que nos condenaron.

¿¡Imagínense cómo me sentía!? Desde los cinco admiraba al chico y a partir de los diez suspiraba por él. Entonces, llega la oportunidad con la que soñaba. Claro que aparenté enfado con Mase e irrelevancia con Dimitri, lo que menos quería era convertirme en un charco a sus pies y evidenciarme ante nuestros amigos.

Se acercó decidido y con un sentimiento que no pude leer en sus características. Me apartó un mechón de la cara y mirándome a los ojos con una sonrisa discreta, bajó sus labios a los míos. Todo desapareció a nuestro alrededor.

¡Fueron los cinco segundos más gloriosos de mi existencia!

Cabe resaltar que nunca había sido besada y pese a que fue un beso inocente, lo compartí con el chico que me gustaba más que nada en el mundo. Cuando nos separamos me miró extrañamente, como si se hubiera dado cuenta de algo que los demás no.

Debido a su suspicacia Lissa descubrió lo que ni siquiera Chris intuía. Me animó y convenció de decirle a Dimitri lo que sentía, dijo que podía vernos juntos ya que parecía que devolvía mis sentimientos. Llenó mi cabeza de pensamientos rosas que me tragué con gran facilidad y al siguiente lunes de clases, ya cuando estaba totalmente decidida a abrirle mi corazón, Dimitri nos presenta a su primera novia, Camile. La primera de un torrente de rubias escuálidas con las que suele salir.

Puse mis ilusiones muy alto y en un dos por tres, se derrumbaron.

Descubrí que no era para nada el "tipo" de Dimitri y que aquel beso solo fue un reto estúpido. Lloré días y hasta perdí el apetito, verlo con sus novias nunca ha sido fácil. Pese a ello, creí que mi enamoramiento pasaría y que lo superaría pronto ¿Pero qué creen? Sigo esperando a que suceda.

Tengo cinco años sufriendo por un amor no correspondido, haciendo de tripas corazón cada vez que lo veo con la rubia número: "me importa un carajo". Aunque la verdad es que sí me importa, y de lejos admiro cómo se convierte en el hombre más guapo que he visto nunca.

Pensé que nuestra amistad seguiría, si no igual por mi propia salud mental, al menos mantendríamos algo de la relación que habíamos construido. Pero tampoco ocurrió. Dimitri se volvió frío, distante y hasta dejó de llamarme Roza.

Por mi parte he salido con algunos chicos, aunque jamás he tenido un novio como tal ¿Quién sabe? Tal vez sigo albergando la esperanza de que algún día pueda verme como yo a él. No obstante, ya hay demasiado entre los dos y también está Adrián, que ha hecho de todo para ganar una oportunidad real conmigo.

Aquí encaja la parte de la "popularidad".

No sé cómo ni cuándo, sin embargo, nació una rivalidad que con el tiempo la población estudiantil se encargó de apoyar y alimentar:

- Presidente de la clase, dos candidatos: Dimitri Belikov (843 votos) y Rose Mazur (842 votos)

- Capitán del equipo de atletismo, mejores marcas en 100 metros planos: Belikov (9,90) y Mazur (9,87)

- Proyecto de ciencias, concursantes destacados: Belikov y Mazur (Empate)

La lista es interminable.

De hecho también peleamos el liderazgo de "The Guardians", el grupo musical que formamos inspirados en la clase de la señorita Karp. La lucha fue tan grave que Iván tuvo que intervenir y auto-postularse líder, André es el manager y Mia las relaciones públicas. Naa... hacemos música por diversión y en ocasiones tocamos en el club Shadow Kiss.

Retomando, llegué a tener tantos cargos que fue necesario contratar los servicios de un asistente. Puesto que aceptó Liss, ya que Pyro se negó a ser mi secretaria.

Ahora explicaré la parte del complot.

Cada año se realiza una competencia entre Academias. Participan aproximadamente ocho colegios y cada uno envía un par de sus mejores estudiantes. Estos son aislados durante tres días en un complejo y sometidos a varias pruebas. La pareja que obtenga el puntaje más alto se lleva la gloria a casa.

Y en los más de cincuenta años que tiene en funcionamiento St. Vladimir, no ha dejado los primeros lugares. Todos tenían fe ciega en Iván y Dimitri. Se apostaba a que serían los representantes este año, pero el desgraciado de mi hermano complotó para que nadie lo eligiera o votara por él en caso de salir electo por los maestros.

Desconozco sus oscuras intenciones o el por qué maquiló todo para que yo fuera en su lugar. Y digo, ¡demonios! ¿Por qué me hace algo así? ¡Es mi mellizo del que hablo! Claro que no sabe de mis sentimientos por el ruso, pero al menos puede ver la tensión que nos rodea ¡Carajo, hasta un ciego puede!

– ¡Dame una buena razón para no arrancarte las pelotas!

– Que me gustan donde están – Se protegió – ¡Vamos Rosie, no te enojes conmigo! Es más, tómalo como una experiencia que les ayudará a subsanar viejas rencillas y terminar con sus problemas.

Resoplé – ¿Pero quién te crees tú? ¿Un terapeuta? – Seguí rellenando la maleta violentamente – Y que conste, yo no tengo ningún problema. "Don Perfecto" los tiene conmigo.

– Rose... – Se acercó tentativamente y tomándome de los brazos me giró hacia él – ... ambos sabemos que no es toda la verdad – Me miraba con astucia – Solo quiero que mi mejor amigo y mi hermana favorita se lleven bien ¡Como en los viejos tiempos!

Golpeé su brazo – Soy tu única hermana, ¡farsante!

– ¡Con más razón, inténtalo por mí! – Pasó la mano por su cabello – Mira, hablé con Dimka y ha prometido comportarse, sé que puedes hacer lo mismo. Compartan, trabajen en equipo y ganarán la competencia – Sonrió con suficiencia – Tienen todo, son inteligentes, creativos, atléticos y talentosos ¡Está chupado!


Al día siguiente nos esperaba Mikhail Tanner, el profesor que sería nuestro coach. Olena y Janine se encontraban charlando con él.

– ¿Estás nerviosa, kiz?

– No, viejo. Simplemente quiero que termine ya – Observé de reojo a Dimitri, conversaba con su padre e Iván – Ese cretino debería hacer esto, no yo – Protesté.

– Bueno, a mí me hace sentir orgulloso que seas tú la que represente al colegio – Confesó presuntuoso – Solo relájate y dales una patada en el trasero a todos esos malcriados por institutrices.

Levanté una ceja – Janine también nos contrató una.

– Lo recuerdo. Le pagué el psicólogo cuando salió corriendo a los dos días de haber comenzado – Reímos, amaba la facilidad con la que me ponía de buen humor.

– ¡Roza! – Llamó Alexander – Suerte, aunque no la necesitan – Palmeó la espalda de su versión más joven, acercándolo pues se había mantenido detrás – ¿No lo crees, Abe?

Mi padre me rodeó con su brazo – Absolutamente.

– Gracias Sr. Belikov – Mantuve los ojos en él.

– ¡Muchacho! – El viejo se dirigió al objeto de mi afecto – Estoy seguro de que darán lo mejor de sí, pero recuerden disfrutarlo – Asintió y al igual que yo evitó mirarme – ¡Ah! Y cuida de mi niña.

– ¡Baba! – Murmuré dándole un codazo.

Situación que trajo su mirada a la mía – Lo haré Sr. Mazur.

Después de un montón de recomendaciones por parte de Janine, me despedí de ella y Olena. Las dos parecían muy emocionadas, incluso más que yo. Me acerqué al vehículo que me llevaría a lo inevitable cuando nuestras manos coincidieron al intentar abrir la portezuela. Todo el tiempo sufrimos situaciones como esta, pareciera que pensamos igual o que el destino conspira en mi contra. Sentí la descarga que me invade cada vez que tenemos contacto, por mínimo que sea. Pese a ello, hice lo mismo que siempre hago, la ignoré.

¡Genial, ahora discutiremos por subir primero! Levanté la vista dispuesta a enfrentarlo. Sin embargo, terminé prendada a sus perfectos rasgos, mismos que parecían estar en un dilema.

– ¡Pequeña flor!

Me giré bruscamente para verlo salir de su automóvil – ¿Adrián? – Pregunté sorprendida – ¿Qué haces aquí?

– Vine a traerte esto – Me entregó un girasol – Y a desearte suerte, guapa – Se inclinó para besar mi mejilla. Escuché un resoplido detrás de mí; para nadie es un secreto que estos dos se detestan – Belikov – Obligadamente reconoció su presencia.

– Ivaskov, ¿no deberías estar apoyando a tu Academia?

Se encogió de hombros atrayéndome casualmente a su lado – St. Basilio no tiene oportunidad este año. No con Zeklos representándonos y Rose en la contienda.

Dimitri sonrió con suficiencia, así que intervine antes de que se originara una discusión – Gracias por el detalle. Es muy bonito, pero debemos irnos.

Coqueto sonrió – Cuando vuelvas haremos algo épico para celebrar.

El ruso me permitió abordar sin batallar. Manteniéndonos en silencio durante largos minutos, ya que Tanner veía los últimos detalles con "la dictadora" del colegio. Fijé mis ojos en la flor, la tensión era agobiante.

Respira Rose... exhalé, por nada del mundo lo mires. No importa cuánto te mueras por hacerlo.

De pronto, aclaró su garganta – Antes de iniciar esto quiero esclarecer algunos puntos – Forcé mi atención a sus demandas y no a su atractivo acento ¡Maldita sea! – Mucha gente tiene puesta sus esperanzas en mí... – Levanté una ceja – ... en nosotros, quise decir. El colegio tiene una reputación que mantener y yo también; así que mientras hagas lo que corresponde, no protestes y te enfoques – Observó la flor – No tendremos ningún problema.

– Déjame ver si lo entiendo – Reté – Has decidido ganar la competencia a como dé lugar y para ello pretendes que siga tus mandatos sin chistar.

– ¡Algo así! – Respondió irónicamente.

– Ok, aclaremos esto. Puede ser que no haya pedido estar aquí, pero te recuerdo que si lo hago no es solo por rellenar el lugar que el inepto de mi hermano desechó. Estoy aquí porque soy capaz y si quieres el triunfo tendrás que trabajar conmigo para conseguirlo. Así que o nos ponemos de acuerdo o seguimos en contra – Se limitó a observarme, poniéndome de los nervios – ¡Ya sé que soportar mi presencia es pedirte demasiado! Créeme, esto me gusta tanto como a ti – Me encogí de hombros al notar un ligero cambio en sus ojos – Pero nadie tiene por qué enterarse y regresando podemos seguir odiándonos como siempre.

Desvié la mirada – Yo no... – En ese momento entraron Tanner y mi peor pesadilla.

– Espero que no esté tratando de iniciar una discusión, Rosemarie – Como dije, somos populares. Aunque para Kirova yo era el anticristo y Dimitri el ángel Gabriel.

Dramaticé con la mano en mi pecho – Sería incapaz.

Durante el recorrido mantuve mi atención en el paisaje, por aburrido que fuera. Algo molestaba a Dimitri y su incomodidad me hacía sentir igual de inquieta. Seguramente se cabreó por mi pequeño discurso, pensé. Molestia que duró todo el acto de apertura. En donde se presentan las Academias, sus respectivos directivos, los asesores y las parejas de alumnos. Se abordan los lineamientos, el orden de las pruebas y puntaje.

Ni Dimitri ni yo hablamos, en su lugar estudiamos el contexto y pareciera que nos pusimos de acuerdo pues mantuvimos una actitud relajada dadas las evidentes miradas que recibíamos por parte de los demás concursantes. Sabían que éramos los rivales a vencer. Conformamos la única pareja mixta, destacando las binas de hombres. Aunque las pocas mujeres que había también nos observaban con fastidio.

¡Estupendo, más enemigos!

– Recuerden, sean cuidadosos con lo que dicen y hacen. Serán dados de baja si se les comprueba que han hecho trampa o crean conflictos – Comentó Tanner – Obviamente generan cierto interés, pero que no les afecte. St. Vladimir siempre ha sido envidiado por sus excelentes participaciones. También sé que entre ustedes hay temas complicados – Nos miramos un instante – No obstante, les pido que traten de resolverlos y no solo por el hecho de conseguir la victoria, sino por su propio beneficio. Tienen toda la vida siendo compañeros, pronto se graduarán y cada quien seguirá un rumbo diferente – Me tensé – Piensen, ¿de verdad quieren recordarse así?

– ¡Profesor Tanner! – Era uno de los organizadores – A principio de año se nos informó que había altas probabilidades de que sus representantes fueran hombres. Por lo que dispusimos de una habitación por pareja, ya que la situación de los demás era la misma – ¡Ay no! – A lo que voy, son la única pareja mixta y no hay manera de hacer cambios.

Justo cuando creí que esto no podía ser peor.

– Le cederé mi habitación a la señorita Mazur y compartiré con el señor Belikov.

El hombre negó – Lo lamento, los asesores deben permanecer en el área asignada o podrían generar inconformidades con los demás Institutos – Se volvió a nosotros – ¿Les crea algún conflicto ser compañeros de cuarto? – ¡Demonios, sí! – La habitación es cómoda y tendrán camas separadas – Agregó.

Dimitri apretó su mandíbula – Ningún problema.

Tres pares de ojos se posaron en mí.

¡Mierda!


– ¿Dudas? – Negamos – Bien, terminen su cena y vayan a descansar – Mikhail se retiró.

¿Cómo terminé aquí? – Rose... – Arranqué la mirada del plato para verlo intranquilo y aunque Dimitri goza de popularidad, sé que le incomoda este tipo de atención.

– ¡Mazur, Belikov!

Rodó los ojos; al menos coincidíamos en el sentimiento– ¿Qué quieres Zeklos?

El sujeto se sentó plácidamente a mi lado – No eres el Mazur que esperaba, pero eres mucho más... agradable a la vista.

Estaba por contestarle – Escúchame bien, a ninguno le conviene tener problemas ¡Así que déjala en paz y lárgate de aquí! – La socialité sabe que Adrián y Dimitri se odian. Como también, que si tiene un enemigo ese es Jesse.

– ¡Aww... qué tierno, defendiendo a la damisela! – Se unió Ralf, otra escoria.

Mi compañero se cruzó de brazos – Créeme, ella puede defenderse. De hecho, te patearía el culo sin siquiera sudar ¡Ten cuidado! – Lo amenazó y si no había hablado era porque no creía lo que sucedía.

– Está bien, dejemos la cordialidad y que gane el mejor... – Zeklos se jactó.

– ¡Que no serás tú! – Expresé bravuconamente – Ahora desaparece de mi vista y llévate a tu perro faldero – Señalé a Sarcozy.

El camino a la habitación transcurrió en silencio. Al entrar arrojé mis cosas a la primera cama que vi y rápidamente comencé a desempacar. El lugar parecía decente, pero a mí me urgía desaparecer en el cuarto de baño. Ya había pasado demasiado tiempo junto a Dimitri y francamente mis emociones estaban por doquier. Al sentirme observada me giré y él desvió su mirada.

– Yo, emm... voy a bañarme – Cogí mis cosas y corrí por mi vida.

Cerré detrás, apoyándome en la puerta mientras me contemplaba en el espejo ¡Respira y tranquilízate! Suspirando me desvestí y entré al refrescante chorro de agua, necesitaba relajarme.

Sucedió tanto en tan poco tiempo: vine a una competencia a la que no tenía pensado asistir; con el chico que me detesta tanto como a mí me gusta; en condiciones que no podemos manejar y rodeados de gente aborrecible.

– ¡Tú puedes, Rosemarie Mazur! – Murmuré antes de salir. Cosa que lamenté o quizás no. Ya que me topé con uno de mis sueños en vivo y a todo color: Dimitri se encontraba haciendo abdominales... sin camisa y en short.

¡Dulce y Santa Madre!

Se incorporó inmediatamente y creí ver un atisbo de vergüenza en su rostro, hasta que se fijó en mi atuendo – ¡Bonita pijama!

No muy segura de si se burlaba o no, puse las manos en mis caderas – No te burles, ha sido un día jodido y si no deseas que te mande al carajo...

– No me burlo – Interrumpió – ¡Mira! – Tomó de su maleta una playera de "Attack on Titan", era la versión masculina de la que yo traía.

– ¡Oh! – Exclamé avergonzada.

Él rascaba su nuca ¿Por qué está nervioso?

– Voy a... – Apuntó detrás de mí.

– Sí, claro – Me aparté para que pasara al baño y en el proceso fui golpeada por su gloriosa esencia. Aspiramos a la vez, ignoré su cercanía y me dispuse a realizar mi rutina anti-edad. Principalmente para no concentrarme en él detrás de esa puerta, desnudo y mojado.

¡Santo infierno, Rose! ¿Cuándo dejarás de ser tan tonta?


Intentaba dormir, pero solo podía pensar que había pasado un tiempo y él seguía sin salir. Estuve tentada a averiguar si se encontraba bien, cuando exclamó estrepitosamente.

– ¡Propongo una tregua! – Me levanté de un salto – Sí, tienes razón. Debemos trabajar en equipo para ganar. De hecho, solía dársenos bien.

Asentí estupefacta, así era – ¿Qué tienes en mente?

Se sentó en su cama – Mañana en la prueba de conocimientos sugiero encargarme de las relativas a los números – Lo miré inquisitiva – Sé que te va bien. Sin embargo, creo que eres mejor con las teóricas.

Lo medité – Parece que tenemos un trato – Le tendí la mano, acto que correspondió en silencio – ¡Buenas noches! – Lo solté no soportando su toque.

Dimitri se limitó a asentir, supuse que la tregua sería para uso exclusivo del evento, no para tratar de entablar una relación cordial. Apagó la luz mientras me acurrucaba bajo las mantas.

– Rose...

– ¿Sí?

– No te odio – Susurró – Solo dije lo que dije porque se espera mucho de los dos y no me gusta decepcionar a nadie – Lo hiciste conmigo, solo que no lo sabes – No quisiera que te distrajeras por culpa de tu novio.

Suspiré con tristeza – Aquí el único que tiene una distracción eres tú.

– Si lo dices por Tasha ten por seguro que no representa ningún problema.

Ahora estaba molesta – ¡Uff! No menciones a la oxigenada de tu novia – Mi situación con Natasha era similar a la suya con Adrián, e inició mucho antes de que comenzaran a salir.

– Solo salimos, que es menos de lo que puedo decir de Adrián y tú – Me cubrí la cabeza y opté por no contestar. No ganaba nada diciéndole que no era mi novio y que nunca he tenido uno debido a él.

¡Qué clase de perdedora!


No acostumbro madrugar, pero tenía que pasar el menor tiempo posible junto al que una vez fue mi "camarada". Digo, para evitar meter la pata a lo grande. Una cosa es cohabitar con nuestros cargos en la escuela, durante el receso rodeados de amigos o en los ensayos del grupo. Teníamos doce la última vez que compartimos una habitación, pero Iván estuvo ahí. Así que en contra de mis creencias, me levanté. Él aún dormía por lo que anduve de puntillas, me cambié a mi ropa deportiva y salí a correr.

El lugar es un exclusivo centro deportivo que cuenta con todo tipo de instalaciones. Llegué a la pista, hice mis estiramientos y comencé a trotar. El aire frío y el olor del rocío en la hierba son mi mejor terapia.

De pronto, sentí su presencia. Dimitri igualó mi paso y corrimos junto al otro. En otras ocasiones habríamos entrado en competencia, pero no hoy: una, no tenía ganas de iniciar el día peleando y dos, se supone que somos un equipo y así es como deben de vernos los demás.

Finalicé dos vueltas antes que él. No sabía si despedirme o esperar a que terminara, por lo que acabé asintiendo con torpeza. Me aparté maldiciéndome en repetidas ocasiones, odiaba sentirme una idiota vulnerable frente a él. Furiosa deshice mi trenza, bebí agua y me dirigí a la habitación.


– Te traje un bocadillo – Me detuve abruptamente, mirándolo con los ojos muy abiertos – Es que el Sr. Tanner me dijo que cambiaron la hora de las pruebas, inician en veinte. Fui a tomar algo y sé que te pone de mal humor tener el estómago vacío, así que pensé ¿por qué no?

Vacilante tomé el donut que me ofrecía – Gracias – Asintió para después entrar en la ducha ¿Qué carajos? Contemplé el biscocho antes de comerlo. Juraría que divagó... no, debe ser el estrés. Me puse los zapatos del uniforme y me acerqué a la puerta – ¿Dimitri?

Toqué – ¿Sí?

– Me voy adelantar para prepararlo todo – Anuncié tomando mis cosas.

– Ok, no tardo – Cerré sin seguro.

Me dirigí al lugar asignado, ignorando las miradas y murmullos a mi paso. Coloqué las hojas blancas, los bolígrafos y la calculadora – ¿Qué tan buena eres en mates? – Jesse farfulló con malicia, revisé el reloj por enésima vez, estábamos a dos minutos de iniciar y Dimitri no aparecía por ningún lado.

Mikhail me dio una mirada interrogante que contesté encogiéndome de hombros. No tenía idea de dónde podría estar, él es muy exigente con la puntualidad. Mi mente estableció mil escenarios, apostaba cualquier cosa a que algo le había sucedido. Pero ni el profesor ni yo podíamos salir.

– ¡Academias! Envíen a su primer representante – Tanner asintió animándome ¿Estaba nerviosa? Sí, y no porque fuera mala, pero aceptémoslo, él es mejor en esto y no ayudaba que solo repasé las materias que me correspondían ¿Dónde estás?

Tenía siete minutos trabajando cuando sentí la única mirada que convierte mis piernas en pudín. Alcé la vista para verlo ileso junto al coach, con los brazos cruzados y sin expresión alguna. Estaba jodidamente cabreado y me miraba.

¿Cuál es su problema? Sacudí la cabeza para concentrarme.

Una hora después, estaba cansada y algo agobiada por tanto número – Entreguen sus pruebas – Escribí la última cifra – Tomaremos un descanso de media hora.

– ¿Y bien? – Preguntó Mikhail.

– Terminé – Consintió retirándose con sus colegas. Al instante sentí una opresión en el brazo y prácticamente fui arrastrada al pasillo – ¿Qué demonios te pasa? – Protesté, intentando salir de su agarre.

Su rostro ahora sí que reflejaba furia – ¿Qué me pasa a mí? ¿Qué carajos te pasa a ti? ¿Cómo pudiste hacerme algo así, Rose? Te creía más madura, pero me equivoqué al confiar en que respetarías el trato. Y sonriente vienes y me apuñalas por la espalda ¿Qué quieres probar? – Lo miré atónita – ¿O es por venganza?

Lo empujé para impedir que siguiera lastimándome – ¡Es la última vez que me tocas así! – Hizo una mueca – ¿Qué carajos te hice ahora? Porque no tengo ni puta idea de qué hablas.

– ¡Por favor! Vas a negar que me encerraste en el baño, hurtaste mi lugar y ahora no sé si nos alcance el puntaje – Apretó la mandíbula – Todo por tu terquedad e infantilismo – Sentí una opresión en el pecho – Se lo dije a Iván, contigo no se puede.

Tragué mi llanto – Escúchame bien, camarada – Escupí el apodo que una vez le di cariñosamente – Antes de suponer cualquier cosa prueba el absurdo método de preguntar. No todo lo malo que te sucede es culpa mía, no eres el centro del universo. Jamás he robado nada, ni intento sabotearte y el que esté aquí, agradéceselo a tu mejor amigo – Comillas al aire – "Quiero que sea como en los viejos tiempos", dijo. Pero con lo arrogante que eres no me da la gana solucionar nada.

– Supongamos que te creo – Se cruzó de brazos – ¿Si no fuiste tú, quién lo hizo?

Abrí la puerta del aula y continué con sarcasmo – Escoge, hay una sala llena que quiere nuestras cabezas.

Echó un vistazo – ¿Piensas que alguien...?

– ¡Qué sé yo! Solo soy una niña terca e inmadura con la que no se puede convivir – Di media vuelta y me alejé. Estaba tan enojada, triste y frustrada, que no supe en qué momento recomenzaron. Levanté la mirada del suelo, Dimitri me miró un instante y pude distinguir un atisbo de culpa.

Fui yo quien se apartó. Iván se equivocaba, no teníamos remedio.

Dos horas después...

– Tenemos los resultados y me honra decir que se ha establecido un nuevo record. La primera posición pertenece a... – Deseaba buenas notas para alardear frente a Kirova y ahora, para restregárselas al ruso – ¡St. Vladimir! – El público aplaudió, pero sus rostros no expresaban regocijo.

No emití palabra a menos que Mikhail se dirigiera a mí – Petrov llamó, todos en el colegio están orgullosos de ustedes ¡Lo han hecho excelentemente! – Se detuvo – La siguiente prueba será por la tarde. Conocen los requisitos y espero que ya tengan múltiples ideas para el proyecto; cuando tengan la lista de materiales entréguenmela – Consentimos – Trabajen un rato, más no se desvelen. La jornada será intensa.

Entré con la intención de cambiarme de ropa – Rose... ¿podemos hablar?

– ¿Sobre el proyecto? – Negó – Pues entonces no me interesa lo que tengas que decir.

Quise avanzar, pero sus siguientes palabras me inmovilizaron – Por favor, quiero disculparme – Me recordó tanto al Dimitri que solía ser – ¡Sí, soy un idiota! No debí saltar a conclusiones, pero estarás de acuerdo con que nuestro historial no ayuda.

– No inicié esto – Señalé el espacio entre los dos. Mi cerebro entendía su reacción, pero mi corazón lo resentía – Y tampoco lo detuve, acepto mi parte. Sin embargo, pensé que eras consiente de que cuando prometo algo...

– Lo cumples – Terminó por mí – De verdad lo lamento, no quise decir nada de lo que dije. No creo que seas infantil y mucho menos imposible, pero tratándose de ti, yo... – Parecía exasperado – Sacas lo peor de mí.

Puse las manos en mis caderas – ¿Ahora es mi culpa?

Quitó la banda de su cabello – No, por supuesto que no – Suspiramos – Debemos tener comunicación, ya que intentan arruinarnos. Y no pienso quejarme para no generarnos conflictos.

– Comprendo – Tomé mi ropa – ¿Por qué no nos ponemos cómodos y comenzamos con... – Volví a detenerme cuando descubrí que faltaba una puerta – ¿Pero qué...?

– Me vi obligado a hacerlo – Sus mejillas se tiñeron ligeramente – No eras tú la que me decía que en situaciones desesperadas...

Asentí impresionada – Sí, pero eso ha de haber dolido un infierno.

Hizo una mueca al mover su hombro derecho – Estoy bien.

Mentiroso.

– ¡Déjame ver! – Hablé sin pensar.

Me miró con los ojos muy abiertos – ¿Qué?

– Para evaluar el daño – Avancé.

– Estaré bien, Rose – Retrocedió.

– Dimitri, la última prueba es física. Debo conocer cualquier lesión – Quiso protestar – ¿Te recuerdo quién es la capitana del equipo de atletismo? – Sonreí con malicia.

Gesto que devolvió – ¡Ni lo menciones! – Cuando comenzó a quitarse la playera me arrepentí de habérselo pedido ¡No mires! Me obligué a no admirar su poderoso pecho y a fijarme exclusivamente en el hematoma que se formaba en su hombro.

– Siéntate – Le pedí, dirigiéndome al tocador para tomar una pomada antiinflamatoria que Janine me obligó a traer ¡La sabiduría de una madre!

Me acerqué e hice un poco de presión – ¡Auch!

– ¡Lo siento! – Tomé su brazo e hice algunos ejercicios para comprobar la movilidad. Suavemente le apliqué un poco del ungüento, regañándome en el proceso pues bien podría haberlo hecho él. Quien me miraba fijamente con una emoción que no pude colocar – Aplica más por la mañana.

Le entregué el frasco, pero Dimitri tomó mi mano.

– Gracias, Roza.

Mi corazón dio un vuelco, transcurrieron años desde la última vez que me llamó así.

– De nada – Nerviosa cambié de tema – ¡Ahora, a trabajar!


No trasnochamos pues coincidimos en el proyecto, el cual nombramos S.I.P.A.: Sistema Innovador para la Purificación del Agua. Solo hizo falta hacer algunos ajustes y establecer quién haría qué. Le enviamos la lista de materiales a Tanner, que se encargaría de dársela a los organizadores.

– ¿Qué es? – Sacó algo de debajo de su cama.

– Mis herramientas – Me mostró la pesada caja – Pensé que podría necesitarlas.


Mikhail aguardaba en la mesa de trabajo. Dio las últimas indicaciones antes de iniciar la segunda fase y efectivamente, permaneceríamos ahí un buen rato. Dimitri se encargaría del ensamblado y yo del funcionamiento del sistema.

– Destornillador.

Tomé el aparato y cuando intenté hacerlo trabajar – No funciona.

– ¿Qué? – Cuando lo comprobó, escuchamos a Jesse y a Ralf reír socarronamente.

No iba a darles el placer de verme alterada – Ahora sabemos quiénes son los idiotas saboteadores.

Sin embargo, consiguieron un ruso cabreado – ¡Imbéciles...! – Dimitri dio un paso e inmediatamente lo detuve del brazo.

– ¡No valen la pena! – Su dura mirada estaba en ellos, por lo que me paré frente a él para disuadirlo de la venganza – Mira, hasta nos hicieron un favor – Levantó una ceja dándome su atención – Queríamos un carácter ecologista al utilizar elementos reciclables, pues también lo reforzaríamos haciéndolo manualmente.

Observamos su caja – Tardaremos el doble.

– Seguramente, pero estaremos ahorrando electricidad y no contaminaremos con el uso de pilas.

Lo pensó – Habrá que hacer ajustes.

El método a la "antigua usanza" llamó la atención de los jueces. Quienes se acercaron en varias ocasiones a hacer infinidad de preguntas. Parecían muy interesados y satisfechos con las respuestas que obtenían. Trabajamos armónicamente; sufrí un corte y obviamente fuimos los últimos en terminar. Pese a ello, el proyecto funcionó perfecto.

Dimitri hizo la presentación y yo contestaría las cuestiones, pero no hubo ninguna – El primer puesto es para... ¡St. Vladimir! Por su originalidad, importancia, aplicación, coste y uso ecológico – Dimitri me dio la sonrisa que tenía reservada solo para mí, una que no veía en años.

– ¡Estuvieron impresionantes! – Felicitó Tanner – Los jueces quedaron maravillados; solucionaron las complicaciones con maestría y lo que hicieron... nunca vi nada más genial – Ayudé a Dimitri a recoger las herramientas – El resultado es obvio. Sin embargo, no se confíen.

Se retiró junto con los jueces, lo que me dio la oportunidad de ser agradecida – ¡Hey, Zeklos! – Me miró disgustado – Gracias por la ayuda.


Cansados decidimos cenar en la habitación – ¿Viste sus caras? – Reímos.

– ¡Par de idiotas! – De repente, estábamos muy cerca del otro. Vacilante me acomodó un mechón de cabello, deslizando su mano por mis rizos. Estremeciéndome – Gracias, si no me hubieras detenido seguramente estaríamos recogiendo nuestras cosas.

Regulé mi respiración – Bueno, no garantizo que al terminar la contienda te vuelva a contener o hasta te ayude – Volvimos a reír, se sentía increíble estar así con él.

Cambió su expresión y sin dejarme reaccionar, sujetó delicadamente mi mano – Noté que te hiciste daño – Revisó el corte – Hay que desinfectar – Me llevó al lavabo, limpió la herida y colocó una bandita.

Por mi vida que no pude despegar mis ojos de él, pasaron años desde que tuvo un detalle de estos conmigo – Gracias camarada – Murmuré cayendo en un cómodo silencio.

Nos miramos fijamente – ¿Qué nos pasó, Roza?

Suspiré – Crecimos... – Entonces sucedieron dos cosas: la primera, llegó la comida y la segunda, sonaron nuestros celulares – ¡Pyro!, ¡Iván! – Comimos atendiéndolos.

Sé que Chris deseaba indagar mucho más, pero las circunstancias no lo permitieron y por alguna razón acabamos hablando de Adrián.

– Solo fue a desearme suerte... No lo sé, quizás debo darle una oportunidad... Adrián ha sido atento conmigo – Dimitri se levantó bruscamente – Tengo que colgar... Dile que también yo... Adiós.

Me giré para verlo con el ceño fruncido – Iván envía saludos.

De nuevo parecía en un dilema – ¿Te encuentras bien?

Nervioso se sentó frente a mí – Rose, yo...

Me miraba con una intensidad que no había demostrado nunca – ¿Sí?

Negó – Estoy agotado... hay que dormir – Rápidamente se acostó dándome la espalda, lo que me hizo sentir decepcionada.

La mañana siguiente transcurrió en un silencio extraño. Intenté no prestar atención y seguir con mis actividades, pero cuando fui a buscar el traje de baño oficial de la escuela...

– ¡Hijos de puta!

– ¿Qué ocurre? – Dimitri se acercó.

Saqué del armario mi ropa hecha trizas, entre ellas, el espantoso traje que impuso Kirova – Debieron hacerlo cuando te encerraron y como no había necesitado nada de aquí, pues no lo vi – Ahora sí me enfurecieron y no por el valor, sino por la saña con la que actuaron.

Vio el escudo en el piso – ¿Es...?

– Sí, mi traje de baño – Levanté la insignia.

– ¿Qué haremos? – Miró su reloj – No hay tiempo para conseguir otro.

¡Demonios! Juré – Necesito hilo y aguja – En cinco minutos Tanner los consiguió.

Me enclaustré en el baño sacando el bikini rojo que las chicas me hicieron traer con la excusa de aprovechar la alberca para relajarme y acentuar mi bronceado. No era revelador, pero seguía siendo un traje de dos piezas que muestra más piel que uno completo.

Zurcí el escudo, me vestí y trencé mi cabello mientras Dimitri leía el reglamento en voz alta.

– No hay regla que exija el traje exclusivo de cada Academia, pero sí una que especifica que se tiene que usar traje de baño. Cogí la perilla, nerviosa por cómo reaccionaría al verme ¡Con un demonio Rose, que no le interesas!, abrí sin pensarlo más. Parpadeó del estatuto a mí, para regresar y quedarse en mí. Recorrió mi cuerpo con la mirada, provocándome escalofríos – N... – Aclaró su garganta – No puedes salir así.

– ¿Por qué no? Además no tenemos opción, llevaré el short y la playera del uniforme deportivo.

– Rose, tu padre me pidió que te cuidara y eso... – Tragó – Afuera hay muchos cerdos pervertidos que... – Fruncí el ceño – A lo que me refiero, es que no es apropiado para una señorita como tú.

Justo cuando creí haber conseguido algo, me sale con su maldito sentido del honor.

– Disculpa "Don Perfecto", esta señorita usa esto cada vez que va a la playa – Se pasó una mano por el cabello – ¿Acaso piensas que pondré en peligro mi reputación? – Espeté.

Frustrada me puse el resto de ropa – Creo que pondrás en peligro a todos – Susurró – Roza, yo...

– ¡Ya es hora! – Anunció Tanner.


La última experiencia consistía en un circuito intenso. Iniciaríamos en la pista; después nadaríamos en las albercas del complejo, resaltando que tres de ellas son de carácter olímpico; retomaríamos la carrera por arena y obstáculos; pasaríamos algunas barras; treparíamos muros y terminaríamos arrastrándonos por el fango hasta tomar y hondear una bandera.

Era el reto que esperaba.

– Las únicas reglas son juego limpio y que deben llegar juntos a la meta – Escuchaba a Tanner mientras me ponía bloqueador solar.

– ¡Podemos hacerlo! – Dimitri recogía su cabello – Iniciamos corriendo y es nuestra ventaja.

Mikhail sonrió – No es la primera vez que soy coach, pero sin duda son la pareja más extraordinaria que he tenido el placer de asesorar – Nos dio la mano – Los veré en el pódium.

Estábamos calentando cuando Jesse decidió esparcir su ponzoña – Ralf, ¿sabías que el no usar traje de baño causa la eliminación? – Se carcajearon.

Rodé los ojos – ¡Púdranse! – Exhalé a la espera del banderazo de salida. Las binas aprovecharon los últimos minutos para darse apoyo entre sí. Sin saber qué hacer, me giré y le tendí la mano a Dimitri – ¡Suerte!

Correspondió observando fijamente nuestras manos entrelazadas, me miró a la cara y suavemente me atrajo hasta abrazarme – No la necesitamos, ¿recuerdas? Eres la capitana – Posiblemente sonreí como una idiota, pero no me importó.

¡BANG!

El sol estaba en su apogeo, más no fue necesario ralentizar pues conocemos nuestros ritmos y sabemos cuándo apretar o aligerar el paso, tanto es así que fuimos los primeros en salir de la pista. Trotando llegamos a las albercas y vigilados de cerca por reguladores nos acercamos a los carriles asignados. Eliminamos el exceso de ropa e íbamos a ponernos los goggles cuando entraron los representantes de St. Basilio.

– Mazur, te ves tan...

– ¡No la mires y no te atrevas a insultarla! – Advirtió Dimitri.

Reacción que complació a Jesse – ¿O qué harás, Belikov?

Nos preparamos para lanzarnos – No quieres averiguarlo – Gruñó.

Cada alberca era un nado diferente y lo más cansado fue salir de una para entrar en otra, pero el suplicio lo viví al intentar no prestar atención en Dimitri empapado.

Cuando lo completamos, velozmente nos vestimos, calzamos y dirigimos a los obstáculos – ¿Por qué hay tanto ruido? – Dimitri se encogió de hombros y al salir descubrimos gradas abarrotadas de gente. Entre ellas, nuestras familias y amigos.

– Creí que era un evento privado – Opinó.

– Parece que ya no – Nunca he sido fan de saltar o esquivar. Pese a ello, me divertí un montón cuando nos rociaron con pintura de colores. Y por primera vez en la historia, las porras no eran ¡Belikov! o ¡Mazur! – Vas a tener que echarme una mano, camarada – Dije al ver la altura de las barras.

Sonrió para impulsarme por la cintura – ¡Allá vas, Pitufina!

¡Ja! – Muy gracioso, Barney.

Me sujeté y esperé a que subiera para poder avanzar. Ya ni siquiera nos preocupaba quién venía detrás, realmente nos estábamos divirtiendo. Saltamos a una cuerda y nos impulsamos para llegar al primer muro. Sin duda fue la parte que más disfrutó él, pues tenían su complejidad; grasa, estacas, peldaños. Llegamos a la recta final, el público estaba enardecido. Dimitri levantó la red y en conjunto nos arrastramos por el fango.

Veíamos la bandera – ¡Sobre mi cadáver! – Gritó Zeklos, no muy lejos de ahí.

Intentamos avanzar, pero el suelo estaba forrado de plástico y como terminamos hechos un asco se nos complicaba. Además, había que estar de pie.

– Roza, vamos a tener que hacerlo juntos – Me tendió la mano, nos abrazamos por las cinturas y haciendo mucha fuerza con las piernas, comenzamos el recorrido hacia la victoria.

– ¡Juntos! – Dije antes de tomar el estandarte.

Lo siguiente que oímos fue la celebración inminente – ¡St. Vladimir es el ganador absoluto! – Riendo sin control me dejé caer sobre mi espalda, recuperando el aliento. Dimitri me imitó y cuando su mano rozó la mía paramos de reír.

– No puedo... – Murmuró.

– ¿Cómo? – Giré la cabeza para ver al enlodado ruso púrpura posicionarse ágilmente sobre mí, pero sin ejercer presión. Mordí mi labio debido a su expresión seria, mismo que delineó lentamente con su pulgar y suspirando cerró los ojos para descansar su frente contra la mía.

– No puedo más Roza, ya no quiero seguir negando lo que siento – Me congelé – Lo que siempre he sentido por ti... ¡TE AMO!

Aspiré antes de sentir sus labios en los míos; fuegos artificiales estallaron por doquier, transportándome a las nubes. Me besó con una pasión que no había experimentado jamás y el mundo desapareció.

– ¡Vaya, al fin!

– ¡Iván! – Exclamamos poniéndonos de pie.

Él sonreía ampliamente – Pensé que no sucedería, pero mi jugada resultó perfecta.

Miré a Dimitri cuando la realidad me golpeó – Espera... si siempre me has querido no entiendo por qué me alejaste y nos hiciste pasar un infierno ¿Nos convertiste en enemigos, sabes? – Fue cruel adjudicarle toda la culpa, pero estaba dolida.

Sollocé – Roza, yo...

Negué arrancándome las lágrimas derramadas – No quiero escucharte. Además, tienes a Tasha y yo a Adrián.

Jesse llegó fúrico haciendo berrinche – ¡Malditos bastardos!

Me giré con brusquedad, estaba a dos pasos de mí, mismos que cerré para propinarle tremendo puñetazo – ¡Jódete! – Tambaleante, Ralf lo ayudó a salir de ahí.

Dimitri intentó acercarse, pero mi baba llegó justo a tiempo – ¡Kiz! – Me abrazó no importándole la suciedad – Estamos tan orgullosos – Enterré mi cara en su pecho y lloré. Janine acariciaba mi espalda, supusieron que era emoción por la victoria.

De reojo lo vi con su familia, pero su mirada estaba en mí. No quise enfrentarlo así que me duché en los vestuarios y envié a Iván por mis cosas. La premiación no tardó: recibimos mención honorífica, diplomas de excelencia académica y el galardón al primer lugar. No obstante, me fui en cuanto tuve oportunidad.


– ¡Vamos, tienes que ir! Muchos esperan festejar contigo.

– Bien – Gemí levantándome, mientras Chris salía.

Lissa eligió mi ropa, rizó mi cabello y me maquilló – ¿De verdad saldrás con Adrián?

Observé mi apariencia – Tal vez...

– Pues sí lo aceptas no lo hagas para olvidarte de Dimitri, hazlo para ser feliz – Me abrazó antes de ir por Christian.

Fue cuando llamaron a mi puerta – ¿Estás decente, Rosie? – Puse los ojos y ya que no le dirigía la palabra a Iván, entró sin autorización – Mira, sé que estás cabreada y tal vez tengas razón. Me metí en algo que quizás no me correspondía, pero en mi defensa, me cansé de verlos hacerse daño – Se detuvo frente a mí – Y como ninguno daba el gran paso les di un empujoncito. No te enojes conmigo, sabes que quiero lo mejor para ti – Me abrazó – Escúchalo y si crees que no tienen solución, te apoyaré.


Shadow Kiss se encontraba a tope, recibí infinidad de elogios y felicitaciones a mi paso. Esta noche nos presentaríamos, por lo que me dirigí al camerino. Siendo la única chica del grupo tenía el tocador solo para mí, retocaba mi brillo labial cuando él entró.

– Sé que no deseas hablar conmigo, pero al menos escúchame por favor.

Parecía abatido – Tienes cinco minutos.

– Escuché que comenzarás una relación con Ivashkov y si eso sucede me gustaría que antes escucharas mi versión – Avanzó hasta quedar a dos pasos – A los catorce descubrí que estaba enamorado de ti, pero no actué sobre mis sentimientos porque tuve miedo – Lo miré sorprendida – Éramos muy jóvenes y me asusté de lo que sentí, de que no sintieras lo mismo por mí, pero sobre todo... creí que mis sentimientos eran incorrectos – Despeinó su cabello – Eres la hermana menor de mi casi hermano y soy el mayor, tenía que ser responsable y evitar esas emociones. Por lo que salí con chicas que ni siquiera me llamaban la atención y aun así, soñaba con la hermosa morena de al lado – Sonrió con tristeza – Actué como un cobarde, me porté como un imbécil contigo y lo compliqué todo.

Suspiré – También hice mi parte...

– Tal vez, pero yo inicié. No quería perder la amistad de Iván, no deseaba asustarte y lo único que conseguí fue alejar a la única chica que significa el mundo para mí – Bajé la mirada – Lo lamento por todo y si aún quieres salir con Adrián, pues está bien si te hace feliz. Aunque realmente espero que no, porque vine por una oportunidad para demostrarte cuánto te amo – Sonrió con melancolía – ¡Claro! En el remoto caso de que sientas lo mismo.

Al fin ocurrió lo que tanto había soñado y no sabía qué hacer – Yo no...

Mia irrumpió – Adrián te está buscando y trae un enorme ramo de... – Hizo una mueca – Lo siento, no sabía que estaban ocupados.

Los hombros de Dimitri cayeron – Descuida, ya me iba – Besó mi frente y se mantuvo ahí antes de girarse para marcharse. Mia salió – Te quiero y siempre lo haré.

¡Es ahora o nunca!

– Dimitri – Se volvió antes de llegar a la perilla – ¡Te amo! – Corrí a sus brazos, saltando y envolviendo mis piernas a su cintura – Y la respuesta es sí, quiero intentarlo – No hay palabras para describir el beso o lo que sentí, solo sé que fue absolutamente maravilloso. Sus brazos me sujetaron con fuerza, mientras los míos descansaban alrededor de su cuello – Solo tengo una pregunta – Consintió – ¿Y Tasha?

– No hay nada entre nosotros, nunca lo hubo – Se sonrojó un poco – Cuando escuché que salías con Ivashkov procuré a su equivalente femenino: mi pesadilla contra la tuya – Parecía avergonzado al admitirlo – ¿Podrás perdonarme?

Volví a besarlo – Solo si me perdonas también.

– Siempre, Roza... siempre.


Subimos al escenario con micrófono en mano.

– ¿Cómo están? – Aplausos – Gracias por venir y para seguir celebrando, quiero dedicarle esta actuación a mi novia... Rose Mazur.

Y el caos se desató.

FIN.