Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es iambeagle, yo solo traduzco con su permiso.


Capítulo 2

—Jódeme —gruñí, negándome a abrir los ojos.

—¿De nuevo? —La voz divertida de Edward graznó a mi lado.

—Tú. ¿Qué haces en mi cama? —pregunté, necesitando agua y un cepillo de dientes y un burrito o diez.

—¿Tu cama? —Me golpeó un hombro—. Estás en mi cama.

Abrí un ojo. Sí, estaba en su cama. Cerré mi ojo.

—Terrible decisión de mi parte. —Bostecé—. Me olvidé que tu ventana da al este.

Hubo un silencio por un segundo y supuse que él se había vuelto a dormir.

—¿De qué hablas?

Lo miré con un ojo.

—El sol. Llega a tu ventana primero en las mañanas. Mi ventana da al oeste.

—Por el bien de todos con los que entres en contacto hoy, voy a aconsejarte que vuelvas a dormir —enunció—. A menos que quieras que te folle de nuevo. Preferiría que estés despierta para eso.

Me reí, o me ahogué. Todavía necesitaba agua.

—Apenas puedo parpadear ahora mismo, así que finge que estoy poniendo los ojos en blanco.

—Entonces, tú tienes permiso murmurar con resaca, ¿pero yo no?

—Solo intentas asustarme así salgo de tu cama. Olvidas que soy inmune a tu artimañas ya.

—Eres buena.

Le dediqué una sonrisa soñolienta.

—Conozco tus juegos, Cullen.

—No, quiero decir, eres buena en la cama. Alucinante. Moviste mi...

—Está bien, de acuerdo. Me voy. —Su risa era ronca y muy fuerte para todo el tequila que habíamos consumido la noche anterior. Me quité la manta y pensé seriamente en levantarme. El aire frío tocó mi cuerpo, el cual tenía las prendas de Edward, y temblé, notando que estaba bien donde me encontraba.

—No tienes intención de abandonar mi cama, ¿cierto? —Ignoré su sonrisa engreída y descansé mi cabeza contra la almohada—. Entonces, ¿cómo va esa resaca de ruptura? —Tironeó molestamente de un mechón de mi cabello.

—Agh. —Empujé su rostro con mi mano—. Mantén tus manos lejos.

—Intentaste besarme anoche —bromeó, apartando mi mano.

Pensé en la noche anterior, sabiendo que había una posibilidad de que tuviera razón.

—Eres un mentiroso —mascullé, de todas formas.

—Okey, okey. Mentía. Pero sí te detuve antes que llamaras ebria a Peter. Diría que fue una noche exitosa.

Jadeé.

—¡No! ¿Qué?

Edward se rio de mi respuesta. Lo fulminé con la mirada, observándolo pasar perezosamente una mano por su boca antes de cubrir un bostezo—. Sí. Querías putearlo y hacerlo sentir mal por terminar contigo.

—Bueno... eso suena como una excusa razonable para llamar ebrio a una persona. ¿Por qué me detuviste, tonto?

—Porque no quería que le hicieras eso al pobre tipo —dijo simplemente.

—¿Pobre tipo? —chillé, sentándome, llevando mis manos dramáticamente hacia mi pecho—. ¡Conmigo fue que terminaron!

—Exactamente. Es obvio que él no está bien de la cabeza. —Sonrió, tirando de mi cabello de nuevo.

—Por cierto... —Agité mis manos alrededor de su rostro—. Eres el peor compañero de cama —siseé—. Te despiertas muy temprano, hablas demasiado, tiras de mi cabello...

—¿No te gusta rudo? —preguntó, sin siquiera esbozar una sonrisa.

Observé su pecho desnudo, me acerqué y torcí su pezón.

—No, pero tú sí, ¿cierto?

—¡Ay! ¡Mierda! —Aparté mi mano antes que pudiera atraparla. En cambio, él rio, frotándose el pecho.

—Es irritante cuando alguien molesta a tu trasero con resaca, ¿eh?

—Acabas de torcerme un pezón. Muy de secundaria de tu parte.

—Fue lo primero que se me ocurrió, ¿de acuerdo?

Él sonrió, entrecerrando los ojos juguetonamente.

—De acuerdo.

—Ya que estoy completamente despierta, supongo que tendré que irme ahora. Gracias por dejarme pasar la noche. —Él hizo una mueca cuando levanté mi mano, pero suavemente pellizqué su mejilla.

Edward aferró mi muñeca, manteniendo mis dedos en su rostro.

—No hay problema. Fuiste una dama muy decente. No puedo esperar a nuestra próxima pijamada.

—¿Dama decente? —Resoplé, quitando mi mano de su agarre—. Puedo apostar que fui un desastre. Baja al departamento si quieres café —ofrecí, saliendo de la cama—. Si vienes, podrías hacer tus famosos huevos revueltos.

—Solo para eso me usas. —Suspiró dramáticamente, fingiendo fruncir el ceño—. Dices amar mis huevos porque eres muy perezosa como para hacerlos tú misma.

—¿Qué? —Estaba por fingir confusión, pero entonces noté que estaba muy cansada y no me importaba—. Está bien, eso es verdad. Dejando a un lado la pereza, no tienes idea lo increíblemente no-comestible que son mis huevos.

—Creo la palabras que buscas es "incomible".

—Lo sé, pero la frase es "huevo increíble y comestible", así que supuse que más personas entenderían lo que quería decir si decía no-comestible.

Una sonrisa molesta y engreída cubre su rostro.

—¿Planeabas usar esa broma en alguien más que yo?

Robé un par de sus calcetines del suelo.

—Bueno, sí...

—Subestimas lo mucho que le agradas a las personas. Creo que deberías mantener los chistes de huevos para nosotros.

Escaneando el desastre de su cuarto, busqué mi teléfono.

—Jamás me dejas divertirme.

—Si te dejo tener lo que consideras que es "divertido", no tendrías amigos.

—Pero seguiría teniéndote a ti. —Sonreí, tomando mi teléfono de su vestidor.

—Seguirías teniéndome —concordó suavemente, sentándose—. Como sea, me ducharé y luego tomaré algo de tu café antes de ir a trabajar.

—Parece un plan. Te veo luego.


Aww, ¿no son tiernos? Es obvio que Edward está enamorado de Bella, ahora falta que ella se dé cuenta de eso.

Gracias por todos los comentarios, me hace feliz que les guste :) Edité el capítulo anterior y agregué la definición de tweed

¡Hasta el próximo!