Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es iambeagle, yo solo traduzco con su permiso.


Capítulo 3

—Vaya, vaya, vaya —rio Rose mientras entraba a nuestro departamento.

—¿Qué, qué, qué? —pregunté, molesta, dirigiéndome hacia la cafetera. Saqué una taza para Edward, dejándola en la encimera.

—Oh, ya tengo café. —Ella alzó su taza, observando mi apariencia.

—Es para Edward. Viene a hacer huevos —comenté, abriendo el refrigerador e inclinándome para encontrar lo que necesitaba.

—Oh. Entonces, ¿dónde estuviste anoche? —Saqué mi cabeza del refrigerador y vi sus cejas elevarse mientras bebía su café.

—¿Dónde crees? Estaba en lo de Edward —admití, insegura de hacia dónde quería llegar—. Ya no tenemos leche.

—Siempre nos falta leche. —Se encogió de hombros—. ¿Qué hicieron?

—No lo sé. Miramos TV, bebimos demasiado. No salimos, si eso es lo que preguntas. —Entrecerré los ojos, cerrando el refrigerador con fuerza—. ¿Por qué?

—¿Nada de sexo por despecho? —preguntó al fin, bebiendo casualmente su café mientras que yo me ahogaba en risas.

—¿Qué? No. Edward no haría eso...

—¿Edward no haría qué? —interrumpió ella—. ¿Tener sexo con una mujer atractiva?

Mi risa aumentó. Ella no parecía convencida.

—Eh. Ni siquiera... okey. —Luché para encontrar algo inteligente que decir—. Eres confusa en las mañanas. —Fue lo mejor que conseguí.

—Y tú eres una idiota... todo el tiempo. Ve a ducharte —dijo, desestimándome con una mano.

Llené mi taza, pasando a un lado de ella.

—Deja entrar a Edward, ¿quieres?

deja entrar a Edward —murmuró.

—No puedo. Estaré en la ducha —siseé, desapareciendo por el pasillo.

Después de una ducha rápida, me puse ropa decente, optando por dejar que mi cabello se secara naturalmente. Después de unas capas de máscara de pestañas, corrí a la cocina, esperando ver a un Edward recién afeitado y un plato de huevos. Llamé a su teléfono, haciendo un puchero cuando fue directo a buzón de voz.

Veinte minutos de espera después, fui obligada a tomar un paquete de Pop-tarts de la alacena, notando que Edward y huevos no iban a ocurrir. Tomé mis llaves y mi cartera de la encimera y me dirigí al trabajo.

Con la ayuda de la cafeína y azúcar, la mañana pareció pasar volando. Fue cerca del mediodía que Edward entró al spa. Su sonrisa era amplia y genuina, una señal que había consumido un desayuno bien balanceado.

—Sr. Cullen, llega temprano para su depilación de cavado —dije fuertemente, haciendo que varios clientes miraran en su dirección.

—Eres una maldita —susurró él, riendo.

—Lo dice el hombre que me dejó plantada esta mañana. —Suspiré con anhelo. Él lució confundido antes de centrarse en alguien detrás de mí, saludándolo con la mano. No tuve que darme vuelta para saber que era Tanya.

—¿Qué desayunaste sin mí? —preguntó en voz baja.

—Oh, hice una granola y... otras cosas saludables que saben y lucen como cartón —respondí con indecisión.

Él se inclinó hacia adelante, apoyando los codos sobre el mostrador.

—Vamos.

—Pop-tarts —chillé—. Comí dos pop-tarts. —Él alzó sus cejas ante mi confesión—. Y por "dos", no quiero decir dos pasteles, quiero decir dos brillantes y hermosos paquetes.

—Entonces —Se lamió los labios—, te comiste cuatro pop-tarts.

Hice la cuenta en mi cabeza.

—Sí.

—Esas cosas nunca constituyen un desayuno, Bella. —Me eché hacia atrás cuando extendió su brazo sobre el mostrador, un exabrupto causado por todos sus jalones de cabello—. Tienes migas —dijo, riendo—. En tu rostro.

—Oh. —Me limpié rápidamente la boca—. Puedo ver la critica en tus ojos y no lo aprecio. Adelantémonos a la parte dónde te sientes culpable por retener un desayuno nutritivo.

Edward contuvo una respuesta sarcástica, luciendo arrepentido.

—Oye, fui pero seguías en la ducha. Le dije a Rose que te dijera que me había olvidado de que tenía una lección privada a las nueve. Tuve que irme.

—Ella no entregó el mensaje. Sabes que ella no es buena para nada antes del mediodía. —Bufé, golpeteando frenéticamente mi bolígrafo sobre el mostrador—. ¿Cuántas lecciones tienes en esta parte de la ciudad?

—Cero.

—Eso fue un desperdicio de gasolina —dije, inclinando mi cabeza.

—No lo fue —respondió, copiando la inclinación de mi cabeza, mirándome a los ojos—. Como sea, tus mensajes incoherentes de hoy me hicieron creer que estabas consumiendo grandes cantidades de azúcar. Supuse que vendría a salvarte y te llevaría a almorzar.

Jadeé ante su acusación.

—Esos mensajes no eran incoherentes.

—Me preguntaste qué pensaba sobre los trampolines.

—Esa es una pregunta válida —contesté—. No tienes idea de cuántas personas son anti trampolines.

—Vayamos a conseguirte comida real —sugirió, asintiendo hacia la puerta—. Me sentiría responsable si adquieres diabetes.

—Está bien. Salgo en cinco minutos.

—¿En serio? —preguntó con una sonrisa engreída y molesta—. Eso es rápido.

—Ese fue un chiste barato. No es lo mejor que tienes —respondí, decepcionada—. Te veré al frente en cinco.

—Está bien. —Tamborileó sus dedos sobre el mostrador—. Piensas adónde quieres ir —añadió, caminando en reversa hacia la puerta.


Sí, Bella, hazle caso a Rosalie y deja entrar a Edward ;)

¡Gracias por comentar y nos leemos en el próximo!