Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es iambeagle, yo solo traduzco con su permiso.


Capítulo 4

—Está bien. ¿Soy yo o...? —Comencé a decir, llevando mis ojos hacia la mesera, que no tenía éxito en su intento por observar a Edward discretamente. Era solo la parte trasera de su cabeza, por Dios santo. No es como si él estuviera sentado aquí con su polla afuera.

—¿Qué? —preguntó él, agitando una mano para llamar mi atención. Cuando no respondí, giró la cabeza para ver lo que miraba. La anfitriona le dio una pequeña sonrisa antes de que él volviera hacia mí.

—Ella te está follando con la mirada —murmuré. Él estudió mi rostro, el cual estaba vacío de emoción, especialmente de celos. Me aclaré la garganta y él comenzó a sonreír adorable y encantadoramente—. ¿Por qué sonríes? No la alientes.

—¿Por qué no? Es algo gracioso.

—Follar con la mirada no es ni un poco gracioso —contesté, sacudiendo la cabeza.

Él chocó su pie con el mío debajo de la mesa y no estaba del todo segura si fue un accidente.

—Tienes razón. Follar con la mirada no es divertido, pero tu reacción lo es.

—¿Mi reacción? No hubo reacción. Simplemente comentaba lo que ella estaba haciendo. —Me encogí de hombros, impasible.

—No lo sé. Me parecías un poco celosa.

—Como sea. Es un poco vulgar de su parte, eso es todo. —Miré por encima de su hombro, contenta de ver que ella estaba ocupada hablando por teléfono.

—¿Vulgar?

—Sí. ¿Y sí estábamos juntos? ¿Eh? ¿Cómo sabe ella que no somos una pareja?

—Porque le dije que no lo éramos —respondió él fácilmente, estirando un brazo por encima de la mesa para robarme un rollo de atún picante.

—Oh. —Me quedé quieta, observándolo intrincadamente sumergir la pieza de sushi en salsa de soja—. Sí, bien. Supongo que follar con la mirada tiene sentido entonces —mascullé, ajustando la servilleta en mi regazo.

—Ella se acercó cuando estabas en el baño —explicó él. Levanté la cabeza y me encontré con una mirada divertida—. Pero le dije que no estaba interesado.

—¿No estabas interesado en mí?

Edward esquivó mi mirada.

—No estaba interesado en su oferta.

—Ah. Bueno... bien. —Aferré mi agarre en mis palitos chinos y copié sus acciones al robar una pieza de su sushi.

Él levantó su vaso de agua, tomando un trago largo.

—¿Bien? ¿Por qué eso está bien?

—Quiero decir, no quieres llevar a casar a alguien así para presentar a tus padres.

—¿No? —preguntó, dejando sus palitos chinos al borde de su plato—. ¿A quién debería llevar a casa para conocer a mis padres, Bella?

—No lo sé, pero no alguien así.

—Sigues diciendo "alguien así". ¿Qué quieres decir?

—Ya sabes, como... —Llevé mis manos sobre mis pechos—. Pechugona y... tan atrevida con lo que quiere. —La anfitriona miró en nuestra dirección nuevamente. Noté que mis manos seguían sobre mis pechos, así que rápidamente tomé mi vaso.

Edward dejó caer su cabeza en sus manos, sacudiéndose de risa.

—¿Pechugona? ¿En serio?

—Sí, en serio. —Me moví incómodamente en mi silla—. Entonces, ¿realmente vino aquí y preguntó si estábamos juntos?

—No. De hecho, ella preguntó si quería ir al baño y tener sexo con ella —respondió él monótonamente. Yo me ahogué con el agua—. Cielos. ¿Estás bien?

Palmeándome el pecho, asentí.

—Estoy bien.

—Solo bromeaba. Ella no me propuso tener sexo en el baño, sino que me preguntó cómo estaba y quería saber si tenía planes para más tarde.

—Ella preguntó cómo estabas —repetí, ligeramente molesta—. ¿Quién es? ¿Joey de Friends?

—No lo sé. ¿A quién le importa? —Llevó un rollo de aguacate a su boca—. ¿Vas a comer?

Observé la comida casi sin tocar frente a mí, sintiéndome repentinamente nauseabunda.

—Creo que sigo sintiéndome rara por todo el tequila de anoche.

—Oh. Quizás el sushi no fue una buena idea...

—Sabes que no sé elegir dónde comer —señalé.

—Me arriesgué en dejarte decidir dónde comer. Jamás debería haberte dado ese privilegio. Qué tonto de mi parte. —Edward sonrió lentamente, frotándose un ojo—. Está bien, cuando la mesera pase cerca, le diré que me traiga la cuenta.

—¿Estás seguro que no te molesta?

—Está bien. Te pusiste muy nerviosa con lo de la anfitriona, es normal que hayas perdido el apetito —bromeó.

—Grosero —dije, aunque no pude evitar sonreír—. No estoy celosa, lo juro. Ve. Ten una buena vida con Pechugona.

—Está bien. Estoy bien. De todas formas, tengo que estar en el sur para una lección de piano a las tres.

—¿Para quién es la lección? ¿Emily? —pregunté, devanándome los sesos para recordar los estudiantes a los que le daba clase en el sur de Austin—. ¿Pensé que ella lloró durante la última lección y sus padres decidieron esperar hasta que tuviera seis años?

—Sí lloró —recordó, soltando una pequeña risa—. Pero, entonces, toqué "Bibbidi Bobbidi Boo" para ella y se alegró. Ella solo es tímida, eso es todo.

—¿Cómo haces eso? Eres bueno con los niños. —Suspiré.

—Sí. —Él pausó—. ¿Crees que la Pechugona y yo tendremos niños adorables algún día?

—Eres un idiota. —Le lancé mi servilleta—. Y solo por ese comentario, tienes que pagar el almuerzo.

—Iba a pagar, de todas formas —señaló—. Yo fui el que te invitó a almorzar.

No podía arriesgarme a que Edward quedara solo con la anfitriona nuevamente, así que decidí colocarme el brillo labial en el coche en vez del baño. Después de todo, él iba a pagar el almuerzo. Tenía que devolver la amabilidad de alguna forma.


Estaba celosa, no lo puede negar jajaja

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