Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es iambeagle, yo solo traduzco con su permiso.
Capítulo 5
—Llegas a casa temprano —señaló Rose, levantando la mirada de su laptop.
Tarareé, dejando caer mi bolso en el suelo.
—Son solo las cuatro, pero sí. No me estaba sintiendo increíble así que me fui un poco temprano —expliqué, frotándome las cienes.
—Lástima. Pensé que querrías pasar una segunda noche ahogando las penas mientras consumes grandes cantidades de tequila.
—Negativo. Literalmente lastima mi cuerpo escucharte decir "tequila". —Me quité los zapatos y me acosté en el sofá, boca abajo. Después de un minuto de sofocación, levanté la cabeza y me permití respirar.
—Espero que hayas comido algo grasoso en el almuerzo. Eso usualmente ayuda —comentó mientras tipeaba frenéticamente.
—De hecho, comí sushi en el almuerzo. No fue la mejor decisión del día —murmuré, mi estómago daba vueltas de solo pensar en pescado crudo y en la anfitriona que tenía la mirada fija en Edward.
—¿A quién convenciste de comer sushi contigo?
—Fui a almorzar con Edward hoy. —El tipeo de Rose se detuvo repentinamente. Eché un vistazo en su dirección, sobresaltándome un poco cuando la vi sonreír ampliamente—. ¿Qué es eso? —Me senté, señalando su rostro.
—Estoy sonriendo —dijo ella, frunciendo el ceño.
—Pero... —Inhalé profundamente—. ¿Por qué estás sonriendo así después de que mencioné que almorcé con Edward? —Ella se encogió de hombros y volvió a tipear—. Te das cuenta que estás siendo muy rara, ¿cierto?
—¿Yo? —Ella jadeó—. ¿Yo estoy siendo rara?
—Sí. —Tragué, no tenía la fuerza suficiente para terminar esta conversación y abandonar el sofá para hacerme un sándwich—. Es solo Edward —murmuré después de un minuto, buscando el control remoto.
—¿Solo Edward? ¿Cuándo él ha sido solo Edward? —Su risa era condescendiente y apenas me contuve de no aventar el control remoto en su dirección.
—Sí, solo Edward. —Me burlé de su risa—. Edward, con quien he salido a almorzar cientos de veces. Edward, quien he conocido por cuatro años. Edward...
—¿Qué puedo decir para asegurarme de que dejarás de decir la palabra "quien"? —me interrumpió ella.
—Solo digo que es extraño lo mucho que lees mi relación con Edward —acusé, recordando la conversación que ella y yo tuvimos esta mañana.
—Y solo digo que es extraño que no lo hayas follado cada vez que pasan tiempo juntos —espetó.
—Bueno, creo que es más extraño —enfaticé—, que estés tan interesada en que Edward y yo tengamos sexo.
—Entonces, ¿si follaron? —preguntó, enderezándose en su asiento—. Vamos. ¡Solo dímelo!
Parpadeé.
—No. No lo hicimos.
—Tu ojo está titilando. —Se rio.
Tomé uno de los almohadones del sofá y lo lancé en su dirección. No la alcanzó y aterrizó a medio camino.
—Estaba parpadeando, no titilando.
—Solo uno de tus ojos parpadeó. Solo te hago sufrir porque es entretenido verte agitada.
—Bueno, es molesto. Si no fuera holgazana, publicaría un aviso en busca de roomie —mentí, dándole una sonrisa satisfecha.
Ella agitó su mano con desdén.
—Oh, cállate. Solo estás enojada porque sabes que tengo razón. Realmente quieres follar a Edward.
—No, tú cállate. Si Edward y yo fuéramos a... —Bajé la voz—. Juntarnos, ¿no crees que ya hubiera pasado?
—Nop. Ambos son idiotas, y esta es la primera vez que los dos están solteros al mismo tiempo.
Fruncí el ceño, tratando de descifrar si ella tenía razón.
—¿En serio?
—Síp.
—Eso no quiere decir nada realmente —dije suavemente—. Y nosotros simplemente... —Pausé—. No somos así.
—Okey. Lo descubrirán tarde o temprano. —Y así, ella dejó el tema. Diez segundos después, lo retomé nuevamente.
—¿Lo descubriremos? Deja de ser enigmática.
—¿Cómo es enigmático decir "fóllate a Edward"? Estoy muy segura que entiendes lo que digo. —Bufó cuando no contesté—. ¿Honestamente puedes decir que no te sientes atraída al sexy hijo de puta que vive dos pisos sobre nosotras?
Fruncí la nariz, no del todo segura de lo que estaba hablando sobre Edward.
—Por favor, no me digas que hablas del Sr. Banner...
—¿Hablas en serio? Edward... —Suspiró—. Estoy hablando de Edward.
—Él es atractivo, obviamente, pero no voy a cagar todo solo porque sea lindo y gracioso y frunza sus ojos cuando se ríe y... —La risa de Rose me interrumpe.
—¿Ves? Como dije. Lo descubrirán tarde o temprano.
Antes que pudiera responder, sonó mi teléfono, indicando que tenía un mensaje nuevo. Observé borrosamente la pantalla, sorprendida por el mensaje que Peter había enviado.
¿Velcro? ¿Realmente piensas todo eso de mí? Tu no eres la persona que creía que eras.
Me estremecí ante su uso inapropiado de la palabra «Tu*». Después de recuperarme de su gramática espantosa, ojeé inmediatamente a Rose, pero sabía que ella no hubiera hablado con él. Al ver mis mensajes recientes, me sentí perdida cuando no vi nada que indicara que le había hablado recientemente.
Antes de notar lo que estaba haciendo, subí las escaleras hacia el departamento de Edward y golpeé su puerta hasta que respondió.
—Diablos —gruñó, frotándose los ojos con la parte trasera de su mano. Él no me saludó y caminó inmediatamente hacia su sofá—. ¿Qué pasa?
—Oh. —Entré y cerré la puerta detrás de mí—. ¿Estabas durmiendo? Ni siquiera son las cinco.
—Me dormí cuando llegué a casa. No logré dormir mucho anoche. No parabas de querer acurrucarte —dijo monótonamente, pellizcando mi costado.
—¿Qué? No es así —discutí, dando un paso hacia atrás para alejarme de su alcance. Él se sentó en el sofá, mirándome. Su sonrisa era soñolienta y sus ojos estaban medio abiertos y lucía tan cálido y...
—¿Vas a sentarte? —Me di cuenta que estaba parada frente a él sin decir una palabra. Él se movió a un lado, dejándome lugar en el sofá.
—Sí. —Asentí, enterrando mis manos entre mis muslos.
—¿Qué pasa? —preguntó. Me centré en sus dedos largos que rascaban su cuello. A la mierda Rosalie por meter ideas en mi cabeza.
—¿Qué quieres decir con "qué pasa"? —preguntó cuidadosamente, llevando mi cabello sobre un hombro.
Edward rio suavemente, frunciendo el ceño.
—No que me moleste que golpees mi puerta, pero supuse que había una razón detrás de ello...
—Cierto. —Me devané los sesos—. ¡Peter! —chillé.
—Peter —repitió con tranquilidad, frotando una mano por su barba—. ¿Qué hay con él?
—Me envió esto. —Abrí mis mensajes y llevé mi teléfono al rostro de Edward para que leyera el mensaje. Él aferró mi muñeca con sus largos dedos para estabilizar mi agarre, apartando mi mano y frunciendo el ceño así podía leer.
—¿Cuál es el problema, además de su gramática?
—Dijiste que no lo llamé ebria anoche —expliqué, ligeramente molesta, posando mi teléfono sobre la mesa ratona—. ¿Por qué él diría eso? ¿Cómo supo lo del velcro?
Él se rio por un minuto completo.
—Oh. Dije que tú no lo llamaste ebria, pero no dije nada sobre mensajearlo ebria.
—Edward —me quejé.
—Oye. —Estiró un brazo a lo largo del respaldo del sofá, inclinándose hacia mí—. Intenté detenerte. ¿Te das cuenta de lo rápido que tus pulgares se mueven?
Suspiré, llevando mis pies sobre el sofá y debajo de mí.
—Genial. ¿Supongo que eliminé el mensaje después de enviárselo?
Edward se encogió de hombros.
—Supongo. Pero eso es muy gracioso. Me había olvidado de eso.
—Dios —gruñí—. Estoy segura de que me odia ahora.
—¿Por qué te importa? El tipo rompió contigo.
—Okey, pero no quiero que me odie —explicó.
—Nadie podría odiarte jamás —dijo él suavemente, mirándome a los ojos.
—Bueno, quiero decir... —Mi estómago gruñó.
Edward rio, frunciendo la nariz.
—Oye, ¿recuerdas la vez que nos emborrachamos tanto y al día siguiente querías almorzar sushi?
—Dios, eso es horrible. Deja de recordarlo. —Me crucé de brazos—. Hablando de sushi...
Se encogió.
—Eso no suena a algo bueno.
—¿Por qué no sería bueno?
—No lo sé. Eso suena como una forma asquerosa de comenzar una oración.
—Eh. Está bien. —Me descrucé de brazos y observé mis manos, necesitaba concentrarme en algo—. Quería decir que lamento ser rara hoy.
—Necesitaré que seas más específica...
Juguetonamente golpeé su pecho.
—En el restaurante, idiota.
—Es increíble cómo puedes insultar a la persona con la que te disculpas —dijo maravillado—. Pero está bien. No estabas siendo rara.
—Okey. —Vacilé, insegura de qué decir.
—¿Recuerdas la vez que te pusiste celosa de una anfitriona porque coqueteaba conmigo? —preguntó, esbozando una sonrisa.
—Oh, Dios. De acuerdo. Me voy de aquí. —Abandoné el sofá, caminando hacia la puerta.
—No te avergüences. Fue adorable —llamó Edward—. Vuelve aquí.
—No fue adorable —gruñí, deteniéndome cerca de la puerta.
—Claro, lo que digas —acordó con condescendencia—. Pero no tienes que irte. Podemos ver una película o algo.
—¿No más bromas? —pregunté, caminando lentamente de vuelta a él.
—No puedo prometerte eso —dijo seriamente—. Es muy fácil.
—Edward.
—Puedes elegir la película. —Su sonrisa era fácil mientras daba palmaditas al sofá.
—Está bien. —Suspiré, sentándome a su lado, silenciosamente maldiciendo a Rose por sus estúpidas ideas.
*Peter escribió «Your», que es el posesivo «tu», en vez de usar «You're», «tú eres».
Mmm, claro, échale la culpa a Rose de haberte despertado un poco jajaja.
Ayer subí una traducción nueva. Dije que la subiría cuando esté por terminar Tip of the Spear, pero pasaron cosas lol. Si les gusta los Edward dulces, deportistas y tatuados, se las recomiendo.
Gracias por comentar y nos leemos en el próximo :)
