Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es iambeagle, yo solo traduzco con su permiso.
Capítulo 6
Me despierto con el cuerpo cálido y fuerte de Edward presionado contra mi espalda. Todo era cómodo y calentito y estaba a punto de volverme a dormir cuando sentí algo tocar mi mejilla.
—Será mejor que eso sea tu dedo —murmuré, abriendo los ojos cuando se rio. Observé el menú del DVD en el televisor, notando que nos, o al menos yo, habíamos quedado dormidos. Parpadeando un par de veces, traté de leer el reloj. Noté después de un momento que el brazo de Edward se encontraba debajo de mi cuello, su mano colgaba por el borde del sofá.
—¿Intentabas hacer cucharita conmigo? —acusé, tirando de uno de sus dedos.
—Intentaba ponerme cómodo. Acaparas el sofá —dijo suavemente. Podía escuchar la sonrisa en su voz.
Me coloqué de espaldas, obligándolo a que se moviera más hacia atrás en el sofá, y estiré mis brazos. Él rio mientras enredaba sus piernas con las mías, evitando que me moviera.
—Me pregunto cómo terminó la película —dije rápidamente, buscando una excusa para ignorar el aliento caliente que sentía en mi mejilla.
—Esto siempre pasa cuando elijes una película —bromeó Edward—. Te quitaré tus privilegios para seleccionar una película.
—Entonces... —Bostecé—. ¿Desde ahora no tengo permitido elegir qué comemos o qué hacemos para divertirnos?
—Exactamente.
—No tengo libertad en esta amistad —me quejé.
—No necesitas libertad. Obtienes los beneficios de mi increíble toma de decisiones. —Su cuerpo tembló y sentí el suave zumbido de su risa vibrar en su pecho.
—Como sea —bufé—. Mayo del 2011. Me hiciste ver El Avispón Verde. Ambos nos quedamos dormidos en la primera media hora.
—Oye —reprendió él—. Pensé que habíamos acordado nunca sacar ese tema, Swan.
—Eso fue antes que me quitaras el privilegio de seleccionar películas, Cullen.
—Sí, pero solo decidí eso esta noche después que tú pensaras que La Cosa era una buena elección.
—Honestamente, planeaba quedarme dormida de todas formas, por eso elegí esa película —admití, riéndome de su fingida sorpresa—. Quizás no deberíamos ver películas juntos. Claramente nunca funciona.
—Claramente —concordó—. ¿Qué sugieres que hagamos entonces? —preguntó, bajando la voz y estudiando mi reacción.
—¿Qué se supone que significa eso? —pregunté, más suave de lo que era mi intención, observando su rostro.
—Lo que sea que quieras que signifique —respondió misteriosamente.
—Oh. —Aparté la mirada, mi corazón latía aceleradamente y mis palmas sudaban de repente—. No lo sé. Trabajo mañana, así que debería irme... —comencé, echando un vistazo a su expresión engreída mientras negaba con la cabeza.
¿Quería que me quedara? Muchas veces antes habíamos dormido juntos en la misma cama, incluyendo anoche. Nunca hubo algo sexual al respecto. No que lo hubiera notado, de todas formas. También nos habíamos quedado dormidos juntos en el sofá muchas veces antes, así como esta noche. Todo era exactamente lo mismo, pero, por alguna razón, se sentía diferente. Gracias a Rose, dudaba de todo lo que él decía o hacía. Comenzaba a molestarme a mí misma.
—Puedes quedarte —murmuró soñolientamente, cerrando los ojos y haciendo un puchero—. Deberías quedarte... porque no quiero levantarme y cerrar la puerta cuando te vayas.
—Holgazán. —Puse los ojos en blanco incluso cuando no podía verme—. Si no voy a casa, Rose pensará que... —Dejé de hablar.
—Pensará... ¿qué? —Me echó un vistazo con un ojo.
—Que fui secuestrada. Violada. Asesinada —solté, tratando de mantener una expresión seria.
—¿Qué demonios? —preguntó sospechosamente—. Eso no puede ser lo que ibas a decir.
—Sí que lo es —mentí.
—Estás mintiendo —respondió.
—¡Claro que no! —chillé.
—Entonces, ¿dices que es posible que alguien te secuestre, te viole o te asesine de camino a tu departamento? Vives dos pisos abajo.
—Incluso bajar dos pisos puede ser peligroso. La mayoría de los accidentes pasan a diez kilómetros de donde vives —dije con honestidad.
—Creo que eso solo concierne a los accidentes de coche —murmuró, frunciendo la nariz mientras se sentaba.
—No —discutí, aunque sabía que él tenía razón—. No creo que eso sea verdad.
—Estoy seguro que sí. Pruebas mi punto, de todas formas. Estás a salvo aquí.
—Ah. —Fruncí el ceño. Realmente no había pensando bien en esa excusa.
—¿Debería estar ofendido de que prefieras arriesgar ser atacada que hacer cucharita conmigo? —bromeó, pellizcando mi costado.
Golpeé su mano, tratando de no sonreír.
—Yo debería estar ofendida de que sigas acusándome de intentar hacer cucharita contigo.
—Deberías sentirte privilegiada que te lo permita. —Tomó y bloqueó la mano con la que lo golpeé, enterrando sus dedos en mis costillas.
—Edward —jadeé entre risas—. Detente.
—¿Qué? —preguntó seriamente, sin detenerse.
—No es gracioso —jadeé y me retorcí en el sofá, luchando contra él.
—¿Entonces por que te ríes? —Sonrió, levantando sus cejas—. Bella, vamos. Sé seria, por un segundo —reprendió, añadiendo su otra mano así me hacía cosquillas en ambos costados.
—Mierda. Edward. —Me retorcí y reí, débilmente tratando de apartar sus manos porque en realidad no quería apartarlo.
—Dime lo que ibas a decir sobre Rose y dejaré de hacerte cosquillas —prometió.
—¿Qué? ¡Te lo dije!
—Sí, me dijiste una mentira —respondió.
—Intento salvarte —solté. Él sacudió su cabeza y llevó una mano por debajo de mi camiseta, rozando sus dedos contra mi estómago.
—¿Salvarme de qué? —preguntó, divertido.
Inhalé profundo por el cosquilleo de sus dedos sobre mi piel.
—Deja de hacerme cosquillas así puedo decírtelo.
—Está bien. Suéltalo. —Edward entrecerró los ojos juguetonamente, colocándose a horcajadas sobre mí para mantenerme en el lugar. Sus manos estaban quietas, pero él las posó sobre mi estómago y costado.
—Intentaba salvarte de la mierda que Rose estaba soltando antes. Me dijo mierdas sobre quedarme aquí anoche —dije rápidamente, recuperando el aire.
—¿Qué? ¿Por qué? Te has quedado aquí muchas veces —dijo, observándome—. ¿Cuál es el problema?
—No hay problema. —Pausé, necesitando ver su reacción—. Ella piensa que follamos todo el tiempo. —Esto lo hizo reír. No creí que fuera gracioso—. ¿Por qué te ríes?
—Así es como reaccionan las personas cuando creen que algo es gracioso —dijo secamente—. ¿Por qué me miras enojada? —preguntó, usando una mano para pellizcar mi costado, obligándome a sonreír.
—No te estaba mirando enojada.
—Dios, eres una pésima mentirosa. —Puso los ojos en blanco—. Puedo ver tu rostro. Estabas enojada.
—Realmente soy pésima mentirosa. —Reí—. Por eso es que encuentro raro que Rose no me creyera cuando le dije que no hay nada entre nosotros.
Su sonrisa flaqueó ligeramente y tragó con fuerza.
—Ignora a Rosalie. Yo siempre lo hago. —Se encogió de hombros, quitando sus manos de mi estómago y bajándose de mí.
Podía ignorar a Rose. En serio que sí. Incluso podía ignorar el cosquilleo que sentía cuando los dedos de Edward estaban sobre mi piel. Lo que sabía que no podía ignorar era la pérdida que sentí cuando apartó sus manos de mi cuerpo.
Estos dos son todo un caso jajaja
¡Gracias por comentar y hasta el próximo!
