Pareja: Narusaku.

Género: romance/drama.

Los personajes no son míos.

Sabía que tendría que encontrarme con Ayame, cuando trabajase en Ichiraku. Pero aún así, no me podía imaginar el verla, otra vez.

Me hallaba afuera del establecimiento. Y la última vez que vi mi reloj de pulsera, hace dos segundos, eran las 6:23 AM.

No acostumbraba a levantarme temprano. Pero espere que aquello se puediera arreglar.

Mientras algunas personas pasaban frente a mi, preparándose para un día de trabajo. Yo seguía procesando todos mis planes; el no estar cerca de Ayame. Hablarle sólo si era necesario.

Suponía que ella vendría con su padre. Al igual que creía que ella pensaba que no iba a venir o no trabajaría nada.

Cuando levante la mirada apareció junto a Teuchi.

Por un segundo nos miramos fijamente, y enseguida noté los cambios que no había notado ayer: llevaba más corto el pelo castaño y lacio. Estaba igual a mi estatura, y no había cambiado el hecho de que no usé maquillaje. Sobre su dedo anular, brillaba un resplandeciente anillo dorado. Me pregunté si ella vería algo diferente en mí.

Justo cuando pensaba esto, Ayame me miró con indiferencia y paso de mí directo al restaurante.

No estaba lista para esto, pero probablemente nunca iba a estarlo. Ademas, necesitaba el empleo. Salude a Teuchi y me enfrente a ese pensamiento.


Había conocido a Ayame tres años atrás, a principios de verano de cuarto de secundaria. Me encontraba en la piscina del barrio, haciendo cola en el bar. Una chica volvió la cabeza y me miró, esa chica llevaba el cabello castaño por la cintura y una remera grande que, pese al calor, no parecía molestarle.

Me observó detenidamente, recuerdo que en ese tiempo llevaba un bikini plateado y unas chanclas de plataforma a juego. El pelo lo sostenía atado en una coleta alta con flequillo; no me gustaba el flequillo, pero despreciaba mi frente.

Estaba impaciente, puesto que la cola no avanzaba y el calor me hacía sentir pegajosa. Eso me hacía poner de mal humor.

En ese tiempo todo me hacia poner de mal humor.

—¿Qué? —le dije con brusquedad —. ¿se puede saber qué miras?

Ésta se puso colorada de ira.

—Nada —respondió y miró de vuelta al frente.

No había vuelto a mirarla en todo el día.

Era nueva en el vecindario, así que no tenia amigas. Quería acercarme, hablarles. Pero se alejaban. Desde ese día, comencé a vestirme, maquillarme. Pero cuando mi aspecto cambio, mi actitud empeoró.

Ese día en la piscina, tomando un refresco. La misma chica de la cola apareció frente a mí. Detrás de ella, como escondida, una joven que de no verla bien, habría dado por sentada que era un chico, por el cabello corto.

—Hola —saludo. Me miró incómoda—. Mm, soy Ayame. Acabas de mudarte ¿no?

Mi única indirecta, para que se marcharán, era mi indiferencia.

Pero no funcionó.

—Ella es Hinata —. Señaló a su amiga— creo que vamos a ir al mismo curso, ¿no?

Harta de la situación le di frente.

—¿Qué quieren? —la sorpresa invadió sus facciones, por mi tono antipático, no me importaba.

—Bueno, creíamos que querrías estar con nosotras.

—Ayame-chan...—. La voz de la tal Hinata se hizo presente, no obstante ninguna le hicimos caso.

—¿Crees que querría están con... "ustedes" —. Se puso colorada de ira y vergüenza. Seguramente me habría insultado hasta la muerte, pero la amiga le apretó el brazo y se la llevó. Pidiendo disculpas por las molestias.

...

De camino hacía mi casa con mis cosas, había pasado por la casa de Shion y llegaba tarde de la hora acordada con mi madre. Inventandome una excusa, al pasar por la casa conjunta a la mía, vi a aquellas chicas jugando a las cartas en el porche de mi casa.

Rodé los ojos con molestia.

—¿Qué quieren ahora? —. Éstas levantaron la vista al escuchar mi voz.

Ayame me miró con horror, pero antes siquiera decir algo una mujer parecida a ella, pero mas mayor, salió de mi casa.

—Bueno, niñas, vamonos —. Al notar mi presencia sonrió, como si nos conociéramos de toda la vida —. ¡Ha! Tu debes ser la hija de Mebuki, te pareces a ella. Un gusto, yo soy la mamá de Ayame.

Luego miro a su hija.

Con un suspiro Ayame me hablo.

—Ten —. Levante una ceja, eran mis gafas de sol que me había olvidado.

Mi semblante se suavizó y calme mi actitud por un rato.

—Gracias —respondí.

En los años siguientes, a menudo recordé este momento. Habría sido diferente. Pero para mi había sido como cualquier otro instante: pasajero y sin importancia.

Quería que las barajas del destino, hicieran mi vida mejor desde ese instante.

Pero fue peor en cuanto dije:

—Mi nombre es Sakura Haruno.


Nota: ¡Hola! Gracias por comentar y leer.