Pareja: Narusaku.
Género: Drama/romance.
Los personajes no son míos.
OoOoOoO
Desperté en la oscuridad, sin dejarte de pensar. Sigue en tu huella en mi almohada.
OoOoOoOoO
Por fin era hora de mi descanso, por lo que quería decir que pasaba ya la mitad del día en el trabajo.
A mi alrededor el restaurante estaba abarrotado y lleno de gente.
Miré hacia el otro lado, y ahí estaba Ayame. Atendiendo a las personas. Había mas camareras que solo las conozco por cara, pero parecen ser íntimas de Ayame.
Tenia mis propias amigas, claro. Gente que conocía de la escuela de ballet, hijas de las amigas de mi madre al igual que tenia a Shion. Pero estaba claro que el aislamiento que me había compuesto después del incidente, había dado sus frutos. No respondía las llamadas, cosa que era fácil, puesto que nadie me llamaba y cuando me cruzaba con algún conocido, lo evitaba.
Al igual, cuando alguien me hablaba, sentía su frialdad y una distancia instantánea. Al parecer, mi fama era duradera.
Mi relación con Hinata no mejoró. El salir conmigo, sin Ayame, la hacia cómplice de mis delitos e infracciones sociales, que eran muchas. Por lo que había gente que tampoco la recibía con los brazos abiertos, precisamente.
Me senté en una asiento, detrás del mostrados en el que estaba un chico pelirrojo. Vi por encima de la mesa la cabellera de Ayame de espaldas a mí. Hablaba animada con otras dos camareras. Cuando una de las chicas se dió cuenta que la observaba, me señaló y le dijo algo a Ayame entre risas. Ésta se dio la vuelta y me miró indiferente. Luego se volteo y continuó hablando como si nada.
Al suspirar comencé a comer mi almuerzo, cuando pasó.
Un joven entró como un torbellino al local y casi se cae al detenerse frente al mostrador. Tenia una sonrisa de oreja a oreja, que parecía de un comercial de pasta de dientes.
El chico pelirrojo, que hasta entonces estaba con un libro, levanto la mirada con expresión aburrida.
—¿La orden de siempre? —al parecer se conocían. El chico de la sonrisa asintió emocionado y el pelirrojo suspiro con cansancio—, ahora vuelvo.
Dicho esto se fue hacia una pequeña ventana que daba a la cocina.
El chico quedó tamborileando sus dedos contra la mesa y tarareando una canción que desconocía.
Ya que parecía en su propio mundo lo analice mejor: llevaba una camisa blanca y encima una chamarra naranja, al rededor de su cuello llevaba unos audífonos. Tenia el cabello rubio chillón, que no podrías perderlo de vista aunque lo quisieras.
Lo que más me llamó la atención fueron sus ojos; una azul exótico. Las pupilas tan brillantes que opacaba cada cosa que veía. Me asombraba, y lo admitía.
De todas formas sería mejor que no me agarrara mirándole, así que después después de comer un bocado, respire hondo y mire al suelo.
Pero escuchar su voz me hizo levantar la vista.
—¡He! ¿Eres nuevo? —Me hablaba con tanta euforia, que por un momento pensé que no me hablaba a mi. Pero al ver que me miraba, no supe como reaccionar —, generalmente no veo a chicos camareros, yo... —
Se interrumpió, al sentir una mano en el hombro y al girar ambos vimos los oscuros ojos y serios de Ayame.
—Ven, Naruto —. Se lo llevo con sus otras compañeras. Toque mi cabello corto. Estaba acostumbrada a que las personas me confundieran con un chico, más por mi pecho plano que otra cosa.
No quería ver como alguien mas me trataba indiferente, no quería ver como me ignoraban y hablaban de mi a mis espaldas.
Pese a que me lo merecía, no dejaba de dolerme.
Salí por la puerta trasera, me llege la mano a la boca y vomite en la hierba.
Ayame me odiaba. Hinata me odiaba. Todos me odiaban.
...
—Tenes un aspecto horrible —. Una de las cosas que me extrañaban de mi madre era que decía todo lo que pensaba, no importaba si eras un asesino serial, ella era capaz de decirte que estabas hecho un desastre —, pasame la sal.
Nos encontrábamos en la cocina y yo estaba sentada, viendo su espalda y como preparaba su estofado.
Sabía que tenía un aspecto de lo peor. Al llegar del trabajo, fuí directamente hacia el baño y al verme en el espejo me di cuenta que llevaba la cara enrojecida y las manchas del rimel alrededor de los ojos, eran el resultado de que me hubiera echado a llorar en el baño del restaurante antes de salir.
Si mi madre supiera lo de Ayame, daría el grito en cielo y se decepcionaría mas de mí... si eso era posible. Por eso lo único que sabes es que Ayame, Hinata y yo nos habíamos distanciado, nada mas.
En realidad, eso es lo único que sabe mi madre de mi.
Nota: agradezco sus comentarios a : Leonelx, ASUKA02(gracias por el consejo), y a Losthblueheart 16.
