Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es iambeagle, yo solo traduzco con su permiso.


Capítulo 7

Una vez que volví a mi departamento, me serví un bol de cereal, sin importarme que eran las once de la noche. Afortunadamente, Rose estaba en su cuarto con la puerta cerrada, así que evité la interrogación por la noche.

Rápidamente realicé mi rutina nocturna y me metí a la cama, colocando la alarma en mi teléfono. Yacía allí, observando el techo y notando que no estaba tan cansada después de mi siesta en el sofá de Edward, cuando mi teléfono se iluminó con un mensaje de texto. Lo tomé, sonriendo cuando vi el nombre de Edward.

No fui atacado, en caso de que te preguntaras si logré volver a salvo.

Me reí para mí misma y comencé a escribir una respuesta.

Sí, completamente innecesario, pero gracias por acompañarme a mi departamento. Y por no ser atacado. No sería capaz de sobrevivir el happy hour de mañana sin ti.

Él respondió menos de diez segundos después.

Las cosas que hago por ti. Oh, ¿y salimos mañana?

Caí que no habíamos hecho planes oficialmente. Simplemente asumí que él iría al happy hour con mis compañeras de trabajo y yo. Escribí una respuesta rápida.

¿Sí? Iron Cactus a las 5.

Comenzaba a ponerme ansiosa cuando no respondió de inmediato. Entonces, noté que habían pasado dos minutos. Comencé a escribir otro mensaje.

Tanya estará allí, si eso hace que cambies de parecer.

Él respondió de inmediato.

Eso definitivamente me hace no querer ir en absoluto, LOL.

Reí, poniendo los ojos en blanco.

Como sea, sabes que te gusta la forma en que se babosea por ti. Entonces te veré allí. A menos que ya tengas planes, porque sino te sugeriría que los canceles.

Él envió tres mensajes, uno tras otro.

Eres mandona.

Estaré allí después de las 6.

Una lección tarde más el tráfico. Sabes como es.

Sonreí, observando mi teléfono mientras tipeaba: Sí. Diviértete con eso. Nos vemos mañana.

El trabajo fue tranquilo, sin sorpresas para almorzar. Rose llamó alrededor del mediodía para chequear que estuviera bien porque aparentemente pensaba que no había vuelto a casa anoche. Rápidamente la corregí y le colgué la llamada antes que pudiera acusarme de algo (leer: follar a Edward).

Conduje a Iron Cactus inmediatamente después del trabajo, enviándole a Edward un mensaje rápida para decir que esperaba que estuviera teniendo un buen día hasta ahora. Sabía que no sería capaz de contestar, pero al menos sería capaz de leerlo.

Eran las seis y media y llevaba tres margaritas cuando Edward finalmente apareció. Del otro lado del restaurante, observé mientras él escaneaba la mesa, notando que no había lugar disponible. Él señaló a la barra e indicó que fuera con él. Tomé mi trago y le dije a Lauren que ya volvería, haciéndome camino entre las mesas y sonriendo radiantemente una vez que me encontraba frente a él.

—Vaya. —Su sonrisa era igual a la mí mientras tomaba mi codo, ayudándome a subir al taburete—. Alguien está feliz de verme.

—Es el tequila —respondí de inmediato, levantando mi vaso.

Su sonrisa no flaqueó cuando dijo:

—No lo es.

—Tienes razón. Simplemente no me agradan mis compañeras —mentí—. Me salvaste.

Edward se lamió los labios, observándome con curiosidad.

—Tampoco es eso, y lo sabes. —Su tono me tomó desprevenida. No era juguetona o sarcástica, pero seguía sonriendo.

—Bueno, eso en parte es verdad. Sí prefiero tu compañía sobre la de ellas. Hablan mucho cuando beben.

Edward lucía aterrado, buscado mi vaso.

—¿En serio, Bella? ¿Cuánto has bebido?

Intenté no reír, y fallé.

—Te guardé un lugar en la mesa, pero Lauren trajo a alguien y no estaba segura de que fueras a venir, así que le di tu asiento —dije rápidamente.

—¿No estabas segura de que fuera a venir? —preguntó, reprendiéndome—. Está bien, prefiero sentarme a la barra. Vine aquí por ti, no por ellas. —Me reí un poco demasiado fuerte ante su admisión. Él me ignoró y se ordenó una cerveza.

—¿Quieres escuchar algo gracioso? —pregunté animadamente.

—A ver.

—¿Sabías que, desde que somos amigos, esta es la primera vez que ambos hemos estado solteros? —solté, manteniendo mis ojos en él mientras tomaba un sorbo de mi margarita.

—Sí —él respondió inmediatamente, con honestidad.

—¿En serio? —Me estudió por medio segundo, pausando para beber su cerveza. Empujé su rodilla, insistiéndole que siguiera—. ¿Cómo supiste eso? —pregunté.

—¿Qué quieres decir con «cómo supe eso»? —bufó—. Eso no es algo loco. Es una de esas cosas a las que les prestas atención.

—Aparentemente yo no. —Fruncí el ceño—. Bueno, no me di cuenta hasta que Rose me lo señaló.

Él sonrió furtivamente.

—No eres la persona más atenta que conozca.

—Soy suficientemente atenta. Como... noté que no te afeitaste hoy —señalé, estirando un brazo para pasar mis dedos a lo largo de su mandíbula.

Esto parecía divertirlo.

—Noté que tú tampoco —respondió, incómodamente frotando un dedo sobre mi labio superior.

Aparté su mano con un manotazo.

—Eres tan maldito.

—No lo soy. —Suavizó su expresión, observándome con tanta intensidad que tuve que apartar la mirada.

Hubo un silencio entre los dos, Edward observaba el televisor montado a la pared y yo fingía observar a las personas, cuando sentí sus dedos en mi hombro, llamando mi atención.

—Tiene sentido, ¿sabes? —dijo finalmente, frunciendo los labios.

Lo que no tenía sentido era que tuve que esperar hasta recuperar la sensibilidad en mi hombro antes de responder.

—¿Qué tiene sentido? —pregunté tontamente.

Él esperó antes de responder, una táctica maligna que permitió que mis nervios se volvieran locos. ¿Intentaba decir que nosotros teníamos sentido? ¿Que nunca estuvimos juntos porque el momento nunca era correcto?

—Tiene sentido que nunca te diste cuenta que esta es la primera vez que ambos estamos solteros —respondió, en un tono muy bajo para un lugar tan ruidoso.

A pesar que lo escuché, pregunté «¿Qué?», obligándolo a acercarse más, murmurando las mismas palabras en mi oído. Tragué, apartándome.

—No lo entiendo. ¿Por qué eso tendría sentido?

—Es simple. ¿Por qué tendrías que pensar en algo así, sabes? Soy tan atractivo, jamás se te cruzó por la mente que podrías tener una posibilidad conmigo.

—Claro. —Parpadeé mientras él trataba de mantener un rostro serio—. Tan atractivo, y no te olvides de muy humilde.

Sus ojos se achinaron mientras reía.

—Soy extremadamente humilde.

—Y para nada sarcástico —añadí—. Nada molesto. Muy agradable. Es una locura que no tengas una novia.

—No quiero una novia —admitió, bebiendo su cerveza.

—Todos quieren a alguien —dije, notando que mis palabras comenzaban a arrastrarse.

Él sonrió engreídamente.

—¿Eso es así, Bella?

Asentí, convenciéndome que el calor en mis mejillas eran debido al alcohol que había consumido.

—Eso creo, sí.

—Bueno, eso —Me dio una mirada penetrante—, suena genial. Pero no quiero a cualquiera —aclamó, chocando nuestros hombros despreocupadamente.

—Si sigues con el sarcasmo, no tendrás a nadie —bromeé, desesperada por las bromas con las que me sentía cómoda.

—Pero seguiría teniéndote —repitió mis palabras de ayer en la mañana, suspirando dramáticamente, observando juguetonamente.

—Seguirías teniéndome —mascullé, sintiendo el nudo en mi garganta.


Les juro que me siento representada en esta historia, lástima que el mío no era Edward, sino hubiera durado jajajajaaj

¡Gracias por comentar y hasta el próximo!