Pareja: Narusaku.Género: Drama/romance.
Los personajes no son míos.
Nota:
I love you :D
Durante mi tiempo de trabajo, Ayame me ignoró por completo.
Aunque no quisiera sentirlo, me alivie por completo.
No obstante, cada ex compañeros que veía en el local, cada persona del vecindario que cruzaba. Susurraba detrás mío con suficiente desprecio para hacerme daño.
Zorro, puta, estúpida.
Esta vez, los susurros surcaban en cuanto pasé por el grupo de amigas de Ayame.
Observé con disimulo y me di cuenta que de que Hinata no estaba con ellas. Sacudó la cabeza con desconcierto y continuó limpiando la mesa de unas personas que comieron anteriormente, pese a que el restaurante se llamará Ichiraku-ramen serviamos otras comidas además de esa.
Estaban limpiando cinco veces el mismo lugar, cuando las voces se fueron alejando.
Todo esto tenía algo de Karma, aunque no me gustaba pensar en ello.
La verdad, es que no hacía mucho, era yo la que caminaba junto a Hinata, también. Mientras yo hacía el trabajo sucio; y también ella la persona que, si bien no participaba en el insulto, tampoco hacía nada para evitarlo. Como había ocurrido conmigo.
Al pensar en eso, la campanilla de la puerta sonó y al observar dicho lugar, el chico rubio, se presentó de nuevo.
Desde que me confundió con un chico, mantenía una distancia prudente. Solo me hablaba cuando pedía su orden. A veces, venía a buscarla y se iba.
Pero al verlo dirigirse a una mesa, supe que se quedaría a comer.
Desde que lo vi, parecía que todo el mundo lo conocía, y el saludaba a todos y cada uno con entusiasmo. Ademas, siempre parecía como si no se hubiera peinado siquiera.
Tal vez fuera porque estaba pasando mucho tiempo sola, o porque quería ignorar los murmullos por un momento. Sea lo que sea, Naruto, como Ayame lo llamó cuando "me conoció", me había comenzado a picar la curiosidad en el pecho.
Eran sus ojos. Algo tenían que no me dejaban concentrarme.
Ahora, mientras lo veía por detrás del mostrador, estaba charlando con Ayame.
Tenia una chamarra, pero esta vez negra, y le hacía notar más su tez bronceada.
Al contrario de mí, las personas no lo despreciaban ni lo miraban mal.
Parecía tonto, pero el parecía el único que no me molestaba.
Me trataba con respeto, ya sea un limite de palabras que se el tipo de ramen que quería.
Yo no tenía ninguna historia con Naruto, pero con Ayame y Hinata era distinto. Había un patrón, una especie de conexión, aunque yo no quisiera verlo.
No parecía justo, ni correcto para ellas, pero no podía evitar pensar que tal vez todo aquello, la situación en la que me encontraba, no fuera del todo occidental. Tal vez me la merecía.
