Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es iambeagle, yo solo traduzco con su permiso.


Capítulo 8

—Quizás deberíamos sentarnos en la mesa con todos —sugerí, bebiendo el resto de mi vaso.

Edward miró por encima de su hombro hacia donde mis compañeros se encontraban.

—Claro. ¿Quieres otro trago? —preguntó, aferrando la parte trasera de mi taburete y girándolo así estaba frente a él y nuestras rodillas rozaban.

—Cerveza —murmuré finalmente, sintiéndome mareada—. Quizás un poco de agua también. —Él sonrió a sabiendas—. Y tengo que hacer pis.

—Está bien. ¿Te pediré una cerveza y nos vemos en la mesa?

—Claro. —Asentí, aceptando la mano que me ofrecía para bajar con elegancia del taburete—. Gracias —mascullé, notando que me encontraba atrapada entre sus piernas. Me reí nerviosamente cuando él cerró sus muslos alrededor de mis caderas, impidiendo que me mueva.

—Pensé que dije que te vería allí, Bella —dijo, tratando de no sonreír mientras yo luchaba por liberarme de su agarre.

—Edward. —Reí, parcialmente enojada y divertida—. ¿Qué haces? —pregunté, bajando la voz.

Él se encogió de hombros y tomó su cerveza, tomando un trago largo. Manteniéndome entre sus piernas, él bajó la botella vacía y tamborileó sus dedos sobre la barra. Aparentemente, era la cosa más sexy que había visto porque de repente tenía la urgencia incontenible de besarlo. Como si pudiera leerme la mente, él sonrió furtivamente, soltando su agarre.

—Bien, entonces. Eh, sí —dije estúpidamente.

Estaba volviéndome muy consciente de cada pequeña cosa que él hacía o decía. Parecía asustarme y emocionarme. Estaba volviéndose adictivo, necesitar saber cómo él encontraría una forma de volverme a tocar.

Usé el baño y me dirigí hacia la mesa, notando que Edward se encontraba parado donde Tanya estaba sentada. Los celos se acumularon en mi interior y silenciosamente me maldije a mí misma por ser tonta. Él no era mi novio. No me importaba. Además, Tanya no era de su tipo, de todas formas.

—Allí estás. —Tanya rio mientras me acercaba a la mesa. Edward bajó la cerveza y el agua que sostenía y apartó una silla vacía de la mesa al lado, ubicándola donde me iba a sentar.

—Estaba en el baño —dije, observando los ojos hambrientos de ella estudiar a Edward. Él ni siquiera lo notó.

—No vi a Edward llegar —comentó, tomando delicadamente un sorbo de su trago—. No sé cómo me lo perdí. —Me crucé de brazos y me encogí de hombros. Tampoco sabía cómo pudo no haberlo notado.

Edward se disculpó, explicando que él no tenía suficientes manos para cargar su cerveza junto con mis tragos. Me senté y escuché diferentes conversaciones en la mesa, fingiendo estar interesada.

—¿Sabes qué es eso? —preguntó Edward, asintiendo hacia la pinta en mi mano mientras se sentaba. Me encogí de hombros, sabiendo que mi simple «cerveza» no sería la respuesta—. Es la forma correcta de tomar un Blue Moon. —Rio.

—Buen punto. Soy una anfitriona terrible que no proporciona el mejor servicio completo. —Él rio y yo puse los ojos en blanco, jalando la rodaja de naranja del borde del vaso y exprimiéndola sobre la cerveza.

—Oye, Edward —llamó Tanya a unas sillas de distancia. Levanté la cabeza, observándola con cautela.

—¿Qué pasa? —preguntó Edward, envolviendo su brazo alrededor de respaldo de mi silla, provocando que sintiera escalofríos.

—¿Qué harás después de esto? —preguntó ella con su voz nasal—. Creo que algunos iremos al centro.

Tragué y comencé a rebotar mi pie contra el suelo. Edward mantuvo sus ojos en Tanya, pero rozó su muslo contra el mío por debajo de la mesa mientras respondía.

—No lo sé. Lo que sea que Bella quiera hacer. —Se volvió hacia mí y dejé de rebotar mi pie—. ¿Quieres ir al centro?

—Estoy algo cansada —admití, permitiendo que solo él oyera. Realmente estaba cansada, pero tampoco quería ver a Tanya lanzarse sobre él toda la noche. Era patético y estúpido y otros adjetivos que me hacían muy elocuente.

—¿Qué quieres hacer? —preguntó en el mismo tono suave.

No sabía lo que quería hacer, pero sí sabía que no quería que él pasara el rato con alguien que no fuera yo. Me encogí de hombros, encontrando difícil observar algo que no fueran sus labios.

—Probablemente terminaremos la noche después de esto —anunció él, volviendo hacia Tanya. Ella abrió la boca para protestar, pero Edward ya había dejado de mirarla y comenzó a hablar conmigo.

Una hora después, todos comenzaron a pagar sus cuentas y a prepararse para ir al centro. Edward se ofreció conducir a nuestro edificio, de lo cual estuve agradecida porque no había forma de que pudiera conducir. Él prometió traerme a buscar mi coche en la mañana.

—Tengo comida —dije una vez que entramos al edificio. Era mi manera de invitarlo sin invitarlo a venir en realidad.

—Eso no quiere decir que vayas a compartir —señaló, sacudiéndose en carcajadas.

—Lo haré. Lo prometo.

Abrí la puerta e instantáneamente me sentí aliviada de que Rose no estuviera en casa. Colocamos unas porciones de pizza en un plato y las calentamos en el microondas hasta que el queso se haya derretido. Tomé un par de servilletas y dos botellas de agua, señalándole a Edward que me siguiera hacia mi cuarto.

Nos quitamos los zapatos y nos sentamos en mi cama. Él tomó el control remoto, pero sacudí la cabeza. Estaba muy ocupada con mi comida como para ofrecer sugerencias sobre qué ver. Él puso Food Network, nuestro canal por defecto, y miramos en silencio, dejando que la comida se asentara.

Había comenzado a quedarme dormida cuando sentí un pie rozar el mío. Abrí los ojos y bostecé.

—Estaba casi dormida. —Hice un puchero, empujando su pie con el mío.

—¿Debería apagar las luces? —preguntó. Asentí, volviendo a bostezar y observándolo inclinarse para apagar mi lámpara.

—¿Sabes qué? Odio lo atraída que me siento a ti últimamente —siseé, rodando sobre mi estómago.

—¿Qué? —preguntó, sonriendo brillantemente, haciendo que mi estómago se retorciera.

—Sí, no te sientas alagado. Deberías ver las personas que me atraen después de beber tequila. No me juzgues.

—Genial —bufó, sacudiendo la cabeza y apagando el televisor.

Odiaba que no pudiera acostarme a su lado sin sentir la necesidad de tocarlo. No era justo porque jamás había sido así antes. Podíamos pasar el rato y todo estaba bien, pero ahora dudaba de todo y me confundía. Esto podría haber sido por el alcohol, pero quizás era una buena idea aliviar la tensión sexual. Estaba segura que él aceptaría, porque ¿qué tipo rechazaría tener sexo con una de sus amigas?

Sí, esto era lo mejor. Iba a acostarme con Edward por mi salud mental. Quería que las cosas volvieran a la normalidad, y quizás todo lo que necesitaba era follarlo para quitarme esta sensación. O quizás solo necesitaba no volver a tomar tequila. Jamás.

—Deberíamos besarnos o algo —sugerí finalmente, esperando que lo siguiera un silencio incómodo.

No sabía que su sonrisa podría ensancharse aún más.

—¿O algo?

—Me estás juzgando por encontrarte atractivo —me quejé—. Te juro que es el tequila. Solo, no lo sé. Bésame o algo.

—¿Qué es este "algo" que sigues sugiriendo? —bromeó, dejando caer el control remoto al suelo.

—No lo sé. —Lo observé—. Estoy algo ebria.

—Y quieres que te bese... o algo —repitió.

—Está bien, sí. —Fruncí el ceño, tomando la botella de agua que se encontraba junto a mi cama—. El "o algo" suena algo escandaloso.

—Eso no me preocupa tanto como el "estoy algo ebria" —confirmó, llevando una mano por detrás de su cabeza.

—¿Por qué te preocuparía eso? Pensé que a los chicos les gustaban las perras borrachas. —Aún sobre mi estómago, tomé un sorbo de agua y comencé a reír, logrando derramar el líquido por mi boca y barbilla.

—¿Ves? Eso es sexy. —Señaló al agua que caía por mi cuello—. Si querías que te besara, eso era todo lo que tenías que hacer.

—¡Nunca dije que quería que me besaras! —discutí, sentándome.

Sus cejas se elevaron a una velocidad impresionante.

—Dijiste "o algo".

—¿Y automáticamente asumiste que quise decir besarnos? Eso es muy caballeroso de tu parte —dije débilmente.

—Estoy confundido. ¿Estás molesta porque cuando dijiste "o algo" pensé en besarnos? Porque quiero que sepas que me hizo pensar en muchas otras cosas que besarnos.

—También estoy confundida. Quizás deberíamos dejar de hablar sobre esto —sugerí—. Olvida que dije algo.

—Siempre podríamos comenzar la conversación de nuevo. Pero quizás omitiendo la parte cuando revelas que le propones a tipos muy feos que se besen contigo.

—¿Qué? No dije eso.

—Sí. "Hola, me llamo Bella y eres atractivo, pero es el tequila. Besaría una caja de cartón ahora mismo" —dijo sarcásticamente.

—¡Oh, por Dios! Eso no es verdad. Ni siquiera sueno así —chillé, no realmente ofendida porque definitivamente sonaba así.

—Sí que lo haces.

—No seas grosero —le regañé, golpeando su brazo.

Él se rio, tomando mi mano para evitar que lo golpeara una segunda vez.

—Oh, ¿yo soy grosero? Acabas de decir...

—No lo quise decir de esa forma. Creo que eres sexy —admití.

Su sonrisa fue juvenil al decir:

—No he escuchado a alguien describir al sexo opuesto como "sexy" desde el secundario.

—Lamento que mi cumplido no esté actualizado para ti. Rose usualmente dice "jodidamente bueno". Debería haber usado eso, ¿eh?

—Nah. Como sea. —Agitó una mano—. Solo te estoy haciendo pasar un mal rato.

Jadeé.

—Asombroso.

—En realidad, no. —Él se acercó para dar un apretón a mi rodilla, haciendo que me sobresaltara y chillara en respuesta.

—¡Sabes que odio eso! —Me aparté, tratando de escapar.

—Es por eso que me hace reír —dijo, poniéndose de rodillas para arrastrarse detrás de mí.

—No te puedes quedar a dormir si vas a hacer eso —ordené, llegando a los pies de la cama antes que sus manos se envolvieran alrededor de mis caderas y me giraran sobre mi espalda.

—¿Quién dijo que me quedaría a dormir? —preguntó, moviéndose para cubrirme como lo había hecho muchas veces antes. Pero esta vez era diferente porque, aunque era juguetón, podía sentir que había otra razón detrás de su toque.

—Quiero que nos besemos y que hagamos cucharita y asegurarme que no te escapes para ver a Tanya —dije rápidamente, riendo. Con suerte él lo tomaría como una confesión borracha y no como la verdad que era.

Él suspiró, suavizando su mirada mientras me observaba.

—Pides mucho. Puedo besar y hacer cucharita, pero luego tengo que irme con Tanya.

—Oh, Dios. —Empujé suavemente su pecho con ambas manos—. Eres un idiota con tu sonrisa y ojos arrugados.

Edward pausó.

—¿Mi qué?

—Tus ojos. Se arrugan en las esquinas cuando sonríes. ¿No sabías eso? —cuestioné, incapaz de creer que él no lo supiera.

—Te encanta, te encanta mucho —cantó, tratando de contener la risa.

—No te atrevas a cantar Usher ahora mismo.

—¿Por qué no? Es verdad. Me pediste que te besara y que...

—No lo hice. —Lo empujé—. ¡No te pedí que me besaras! Solo quiero follarte así dejo de... sentir. Así dejo de sentir —dije rápidamente, avergonzada.

—¿Qué sientes? —preguntó con ojos entrecerrados.

—Borracha.

—No. ¿Qué más? —Llevó sus dedos a mis costados, rozando sus pulgares contra mi estómago mientras sus manos se movían por mi cuerpo.

—No lo sé —admití, respirando erráticamente.

—Sí, lo sabes.

Miré confundida cómo él sonreía, entonces sentí sus dedos hacer presión sobre mis costillas.

—¡Mierda! —siseé en dolor y risa—. Edward, ahora no.

—Qué lástima. —Rio conmigo, acercando su cabeza mientras me retorcía debajo de él.

—Dime lo que sientes —insistió.

—No puedes —jadeé— hacerme cosquillas cada vez que quieres que te diga algo.

—Sí puedo.

Edward se acercó y sus dedos lentamente dejaron de hacerme cosquillas, mi cuerpo finalmente se detuvo mientras intentaba respirar. Pero no tuve la oportunidad de recuperar el aliento porque sus labios de repente chocaron contra los míos, cálidos y suaves y mucho mejor de lo que podría haber imaginado. Me tomó desprevenida por medio segundo antes de reaccionar, moviendo frenéticamente nuestros labios. Mis manos se deslizaron por debajo de sus brazos, aferrando la parte trasera de su camiseta. Él gruñó en mi boca y me maravillé de la vibración que causó contra mis labios.

Él suavemente succionó mi labio inferior y dirigió su boca hacia mi cuello, rozando sus dientes contra la piel de mi clavícula. Jadeé, la sensación entre mis piernas se intensificaba y no habíamos hecho algo más que besarnos.

Él volvió a mis labios. Gimoteé cuando él bajó la velocidad del beso, su lengua deslizándose suavemente contra la mía, haciendo que mi todo mi cuerpo se encendiera. Ansiaba más y me sentí decepcionada cuando presionó sus labios contra los míos una vez más antes de apartarse. Mis ojos permanecieron cerrados durante quizás un minuto completo. Edward me besó de nuevo, y entonces murmuró mi nombre contra mis labios.

—¿Qué? —pregunté, abriendo finalmente los ojos.

—Hola.

—Acabamos de besarnos —dije, aturdida.

—Lo sé. Participé de dicho beso.

—Creo que me gusta besarte —murmuré, intentando levantarme para besarlo de nuevo.

que me gusta besarte —contestó, sonriendo tímidamente.

—Está bien —dije con decisión—. Besémonos.


¡Al fin, chicos! Ya se palpaba la tensión y esta Bella siempre tonta jajajaja Veremos como termina esto.

¡Gracias por comentar y hasta el próximo!