Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es iambeagle, yo solo traduzco con su permiso.


Capítulo 9

—Te has estado conteniendo —jadeé, tratando de recuperar el aire y volviéndome necesitada mientras Edward tarareaba contra mi cuello.

Su cabello cayó sobre mi rostro antes de que levantara la mirada, notando mi expresión.

—¿Cómo así?

Realmente eres muy bueno besando —afirmé, pasando mi dedo índice sobre su labio inferior. Él tembló con una risa baja, yo solté un bufido—. ¿Por qué te ríes? Lo digo en serio.

—Sé que es así —dijo, besando mi dedo antes de que lo apartara—. Es por eso que es gracioso.

—Bueno, creo que es grosero. Labios así necesitan ser compartidos —expliqué, aferrándolo de la parte posterior de su cuello y acercándolo para besarme.

Sus labios se movieron contra los míos deliberadamente lento, entonces se apartó.

—Perdón por no compartir mi... ¿habilidad para besar antes?

—Estás perdonado. ¿Por qué no nos hemos besado antes? —pregunté, sintiendo mi barbilla repentinamente delicada por su barba.

—Porque nunca quisiste hacer eso —dijo simplemente, honestamente—. O algo —añadió con una sonrisa.

—O algo —repetí, poniendo los ojos en blanco—. Oye, ¿mi barbilla está roja?

Él inspeccionó mi piel, la lujuria clara en sus ojos mientras suavemente pasaba un dedo por mi barbilla.

—La quemadura de barba luce bien en ti. Al menos, la quemadura de mi barba.

Me lamí los labios, extrañando el sabor de su boca sobre la mía.

—¿Te gusta la forma en que la quemadura de barba luce en mí? —pregunté suavemente, sorprendida de sus palabras y la forma en que me estaba observando.

—Bueno, sí. Me gusta.

Rápidamente, la impaciencia apareció.

—¿Podemos pasar a lo bueno ahora?

—¿Lo bueno? —preguntó juguetonamente, lamiéndose los labios mientras miraba los míos.

—Sí. Ya sabes. —Intenté elevar mis cejas, dándole una mirada sensual. La expresión en su rostro me decía que era más graciosa que seductora.

—Estás borracha, Bella —acusó, rodando para acostarse a mi lado.

—¿Y? —bufé, apoyándome sobre un codo—. ¿Qué importa?

—Llámame anticuado, pero no voy a "pasar a lo bueno" cuando estás borracha.

—Pero... eso es... estúpido —espeté.

—Para ti, quizás. —Él tenía su expresión "no voy a cambiar de parecer". La amaba y la odiaba.

—No. ¡No es solo estúpido para mí! Todos creen que es estúpido. Apuesto que si llamo a Rose, ella pensará que es estúpido. —Me siento sobre mis piernas, tirando de la cintura de sus jeans—. ¡Hazlo por Rose! Ella quiere que nos acostemos.

—¿Qué? —preguntó él, confundido, enlazando nuestros dedos para evitar que le arrancara sus jeans—. No voy a acostarme contigo por Rose. No voy a acostarme contigo, punto.

—Edward —me quejé.

—Bella —se burló de mi tono—. No.

Mi expresión se desarmó y el mareo apareció. Me estaba esforzando demasiado, tratando de convencerlo de que se acostara conmigo. Él lo estaba haciendo muy difícil. Se suponía que él debía acceder y devorarme hasta que ya no estuviera confundida.

—¿Esto es porque me has visto inhalar jugo de naranja por la nariz? —pregunté con vacilo.

Él rio, fuerte y genuino.

—Confía en mí, no es eso.

—No me... ¿encuentras atractiva? ¿Por qué no te acuestas conmigo?

—Mierda —gruñó—. Bella. No sabes lo mucho que quiero estar contigo —dijo honestamente, mi pecho se contrajo con sus palabras—. Pero no quiero que estés conmigo solo porque tu amigo José te lo dice.

—Ni siquiera tengo algún amigo llamado... —Pausé, frunciendo el ceño mientras mi estómago se retorcía ante la mención del tequila—. Oh. Ahora lo entiendo.

—¿Estás segura? —preguntó, sonriéndome mientras jalaba de mi brazo—. Puedo explicártelo. Tengo toda la noche.

—Sí, sé que la tienes. —Hice un puchero, acostándome a su lado. Él levantó su brazo y lo envolvió alrededor de mi hombro, acercándome a él.

—Mira —comenzó, bajando la voz. Mantuve mi cabeza sobre su pecho, conteniendo un bostezo—. Hace mucho tiempo que venía esto. Creo que quiero esperar un día más hasta que te encuentres lo suficientemente sobria como para recordar, ¿de acuerdo?

—¡Agh! —grité, volviéndome a sentar—. No puedes decir esa mierda dulce así y esperar que... ¡simplemente me duerma! No. No. Esto va a pasar.

Salté de la cama y trastabillé hasta el armario, revisando mi ropa.

—¿Qué haces?

—No actúes todo caballeroso y que nunca te has acostado con una chica borracha antes —chillé.

—No eres solo una chica borracha —masculló, sentándose lentamente para ver bien lo que estaba haciendo.

—El baile de graduación. Apuesto que te acostaste con tu cita borracha. Así que... —Tomé el envoltorio de plástico que cubría mi vestido de graduación, dejando caer al suelo la percha—. Finge que es el baile de graduación y que soy la perra suertuda que te pidió ser su cita.

Él sonrió engreídamente, conteniendo una risa.

—¿Te gusta el role play?

—Seguro. Como sea. —Pasé mi camiseta por mi cabeza y frenéticamente me quité los jeans. Edward tragó fuerte mientras que sus ojos rondaban un segundo de más sobre mi cuerpo, observando mientras luchaba para deslizar el vestido por mi cabeza.

—Creo que necesitas bajar el cierre primero —dijo amablemente.

—Mierda. Estoy atorada —dije con mis brazos sobre mi cabeza, atrapada y sofocándome por la seda y otros materiales estúpidos con los que se hacían los vestidos de graduación.

Hubo silencio antes que su risa llenara el cuarto. Parecía seguir sin fin mientras me encontraba allí, con los brazos en el aire, esperando su ayuda. Entonces, sentí sus dedos cálidos enterrar mis caderas, provocando escalofríos. Aunque no podía ver su rostro, sabía que él estaba sonriendo ante la reacción que su tacto provocaba. Me estremecí cuando ayudó a bajar el vestido por mi cuerpo.

—Es un poco apretado —comenté, observando el vestido—. Pero puede que eso te ayude a rasgarlo, ¿no? —pregunté, amablemente.

Poniendo los ojos en blanco, él jaló de mi brazo y me llevó hacia la cama.

—Vamos, reina de baile. Vayamos a dormir antes que te lastimes —dijo con condescendencia.

Me senté al borde de la cama y él se paró frente a mí, sus piernas a los costados de mis muslos. Observándolo mientras él apartaba el cabello de mi rostro, sonrió y me recostó lentamente, sus labios rozando los míos, pero sin besarme.

—Intentas matarme —me quejé, haciendo que sonriera contra mis labios.

—No me sirves si estás muerta —bromeó, dándome varios besos. Profundicé el beso, jalando de su camiseta hasta que me encontraba contra la cama y él yacía sobre mí.

Gruñí molesta, apartándome.

—Necesito que me folles. Dices que no intentas matarme, pero lo haces. Completamente.

—Te necesitaré muy viva para lo que planeo hacer contigo —susurró con voz ronca.

—Eso... —comencé a decir, tragando cuando su mirada se oscureció—. Iba a decir que eso es sexy, pero ahora todo lo que puedo pensar es en necrofilia. Creo que es hora de dormir.

—Creo que tienes razón.


Mmm jajajaja la mente de Bella es una locura

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