Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es iambeagle, yo solo traduzco con su permiso.
Capítulo 10
Desperté en la cama con el vestido de graduación puesto. Tristemente, no estaba tan sorprendida como debería haberlo estado.
Me sentí irracionalmente decepcionada cuando de di vuelta en una cama vacía. No había un Edward desaliñado con el cabello enmarañado y una sonrisa dormida. Si el vestido de graduación y los sentimientos de decepción no era indicación suficiente, era claro que estaba perdiendo la puta cabeza.
Acostada en la cama, repito partes de la noche, estremeciéndome con lo que recordaba. Por supuesto, tenía sentido que Edward se haya ido sin despedirse. Finalmente razonó que debía correr lejos, muy lejos de mí. Lo que era algo sorprendente, viendo cómo había aguantado mis payasadas ebrias con los años. Pero sabía que llegaría el día. Simplemente no creía que estaría usando mi vestido de graduación cuando eso finalmente ocurriera.
Aunque mi memoria era un poco difusa, estaba segura de tres cosas. Primero, besé a Edward, mi mejor amigo. Segundo, le propuse tener sexo conmigo. Y tercero, intenté usar un vestido de graduación como táctica de seducción.
Esto no estaba bien. Esto nunca estaría bien.
Gruñí algo fuerte, necesitando liberar algo de frustración. No había excusa para mi conducta y no tenía idea de lo que iba a decirle a Edward. Ya que aparentemente se fue, me encontraba aliviada de que tenga un poco de tiempo para encontrar una explicación que me hiciera parecer menos loca.
Solo una ducha y algo de comida podría ayudar con la situación, por lo que abandoné mi cama, tomé mi teléfono y salí de mi cuarto. Marché directamente a la cocina para encontrar a Edward, Rosalie y Emmett con sus bocas abiertas mientras me observaban.
—¿Qué mierda estás usando? —gritó Emmett.
Hice una mueca, sacudiendo la cabeza avergonzada.
—Por el amor de Dios, ¿puedes bajar la voz?
—¿Qué hay con ese vestido? —preguntó Rose, llevando su vista de Edward a mí, que estaba frente a la estufa, cocinando huevos.
—Simplemente soy yo, siento idiota, como siempre —grazné, tomando una botella de agua del refrigerador. Me incliné contra la encimera, pasando un dedo por debajo de mis ojos para quitar la máscara de pestañas que se había acumulado allí.
—Hola —dijo Edward suavemente, presionando sus labios mientras sonreía.
—Hola. —Bebí mi agua—. Supuse que te habías ido.
—Nop. Solo tengo hambre. —Asintió hacia la sartén—. Pensé que también lo tendrías.
—Sí, gracias —mascullé, girando la tapa de mi botella de agua. Podía sentir la mirada de Rose sobre nosotros, así que puse los ojos en blanco, apartándome de la encimera—. Iré a cambiarme.
Edward rio suavemente, manteniendo sus ojos en los huevos.
—Te haré un plato.
Asentí torpemente, maldiciéndome por ser incapaz de mantener mis ojos lejos de sus labios. Esos labios estuvieron sobre los míos anoche. Estuvieron presionados tiernamente contra mi cuello, mordisqueando con cuidado mi clavícula. Y allí estaban ahora, sonriéndome.
Rápidamente corrí hacia mi cuarto, me quité el vestido de graduación y lo lancé a la cama, luego me coloqué unos shorts y una camiseta. Usé el baño e intenté peinar mi cabello en una coleta, pero estaba lleno de nudos y era un desastre, por lo que me rendí. No valía la pena y Edward me había visto peor. Además, no me importaba. Realmente no me importaba. No era como sin intentara impresionarlo. Me cepillé los dientes y me lavé el rostro, de todas maneras.
Emmett y Rose me ignoraron, entretenidos con la película que fuera que estaban mirando cuando pasé de la sala a la cocina. Edward se dio vuelta con un plato en mano, luciendo desaliñado y cansado y bien.
Nos miramos a los ojos y él sonrió radiantemente, rozando nuestros dedos intencionadamente mientras me tendía el plato.
—Aquí tienes.
—Gracias por hacer el desayuno —murmuré, aclarándome la garganta.
Él abrió su boca para hablar y me preparé para lo que iba a venir. Sabía que iba a preguntar «¿por qué ahora?» y «¿qué pasa entre nosotros?», pero lo que no sabía era cómo iba a responder a esas preguntas.
—No añadí sal a tus huevos. No estaba seguro si querías o no —dijo, en cambio.
—Oh. Sal. —Bajé mi plato sobre la encimera y sacudí la cabeza frenéticamente, creyendo que lo había escuchado mal.
—Sí. Sal. —Sonrió con satisfacción—. Ya sabes, la cosa que...
—Sé lo que es la sal —lo interrumpí, sin ganas de escuchar una de sus adorables explicaciones sobre qué eran ciertas cosas.
—¿Estás bien? —Se acercó, prácticamente cerniéndose sobre mí. Me sentía intoxicada por su presencia, por el aire cálido que él exhalaba en mi rostro. O quizás realmente seguía borracha.
—Estoy bien —murmuré, inclinando la cabeza así podía verlo a los ojos. Él estaba allí, tan cerca. Todo lo que tenía que hacer era cerrar la distancia de un centímetro y nuestros labios se unirían.
—Deberíamos comer así puedo llevarte a buscar tu coche —susurró, llevando una mano hacia la parte posterior de mi cuello, dándole un apretón.
Asentí, mareada e incapaz de moverme. Pero no tenía que hacerlo, porque él se apartó primero, aparentemente sin inmutarse por... todo. El hombre era un jodido valiente en su esfuerzo por ocultar cualquier efecto que tenía en él. O quizás realmente no tenía efecto en él. Eso no parecía ser justo.
Él tomó nuestros platos y nos unimos a Rose y Emmett en la sala, los cuatro comiendo en silencio frente al televisor. O, ellos comieron y yo empujé la comida por todo mi plato, mirando de reojo a Edward.
Quizás él estaba más borracho de lo que pensaba y no recordaba nada de anoche. Si lo recordaba, sabía que no habría forma de que fuera a actuar como si nada hubiera ocurrido. Aún así, aquí estaba, masticando casualmente su comida como si su lengua no hubiera estado en mi garganta anoche.
Y aunque estuviera tan borracho, aún así lo recordaría, ¿cierto? Diablos, yo recordaba lo que había pasado anoche, y no había dudas de que estaba un poco más que intoxicada. Recordaba la pizza pastosa. Recordaba besar a Edward. Recordaba besar a Edward muchísimo. Desafortunadamente, recordaba el incidente con el vestido de graduación.
—¿Qué hicieron anoche? —preguntó Rose de repente, tomándome por sorpresa.
—Pizza pastosa —solté, incapaz de formar un pensamiento coherente. Comencé a toser cuando los tres me miraron, insegura de qué decir.
—No sé lo que eso significa, pero quiero hacer eso esta noche —Emmett le dijo a Rose.
Fruncí el ceño, sin siquiera molestarme en redimirme. ¿Qué sentido tenía en estos momentos? Ya no era redimible. Era la chica que intentó seducir a su mejor amigo con un vestido de graduación. No había vuelta atrás de eso. Jamás.
—Necesitamos buscar el coche de Bella, así que... —comenzó a decir Edward, levantando sus cejas.
—Lo que él dijo —mascullé, parándome del sofá.
El viaje a el estacionamiento fue incómodo. Edward golpeaba sus pulgares sobre el volante, tarareando al ritmo de la música. Me sentaba en el asiento del pasajero, cruzada de brazos.
—Puedes dejarme aquí —ofrecí.
—Tonterías —contestó, entrando al estacionamiento—. ¿En qué piso lo dejaste? —preguntó.
—El segundo —murmuré. Una vez que llegamos al segundo piso, señalé mi coche. Murmurando un rápido «gracias», busqué la manija de la puerta al momento que detuvo el coche.
—Oye —dijo, sobresaltándome.
—Hola. ¿Qué? Mierda.
—¿Qué te pasa? —cuestionó, usando una voz más suave esta vez.
—¿Yo? Nada me pasa —mentí—. ¿Por qué? ¿Qué pasa contigo?
Él esbozó una sonrisa, pasándose una mano por su mentón. Estúpido y sexy mentón.
—¿Tenías algo que decir? —pregunté—. ¿O ya tengo permitido irme?
—No. —Apretó su mandíbula, soltándola antes de hablar—. No tienes permitido irte aún, Bella.
—Está bien. —Me incliné contra el asiento, colocando mis manos en mi regazo.
—¿Recuerdas algo de anoche? —preguntó lentamente, con precaución.
—Debería estar preguntándote lo mismo —contesté, mirándolo a los ojos.
—Por supuesto que lo recuerdo, pero tú actúas extremadamente raro y todo lo que hicimos fue besarnos.
Jadeé, sintiéndome ridícula de repente.
—Bueno, actúo raro porque me siento rara. Lamento haberme aprovechado de ti. Juro que fue el tequila.
Él desabrochó su cinturón de seguridad, descansando su brazo derecho sobre mi asiento mientras se inclinaba hacia mí.
—¿Y si creo que estás mintiendo? ¿Y si creo que no fue solo el tequila? —susurró, sin molestarse en apartar su mirada de mis labios.
—Bueno, yo... —No podía respirar—. No lo sé.
—Está bien. —Sus ojos estudiaron mi rostro y se echó hacia atrás—. Bueno, hazme saber cuando lo sepas.
—¿Qué quiere decir eso? —pregunté, molesta.
—Significa que me gustó besarte. Se sintió bien. Significa que estoy jodidamente contento que no cedí y me acosté contigo porque si actúas así por un beso, no puedo imaginar cómo actuarías después de tener sexo.
Levanté mis cejas, sorprendida de su arrebato.
—Vaya. Gracias.
—No fue así lo que quise decir, y lo sabes —murmuró—. Simplemente no puedo pararme y verte retorcer y guardarte mierda.
—Yo no...
—¿Te gustó besarme? —preguntó, lamiéndose los labios.
Asentí.
—Sí.
—¿Sabes lo difícil que fue mantener mis manos lejos de ti anoche? —Negué con la cabeza—. Ni siquiera sé lo que pasa entre nosotros, pero que actúes ajena a ello no ayuda.
—Lo siento. ¿Qué quieres que diga?
—No quiero que digas algo que no quieras decir —afirmó.
Tuve que pensar en eso por un segundo.
—Mira. Voy a llegar tarde. Tengo una lección al mediodía —murmuró, soltando un suspiro.
—¿Un sábado?
—Sí. ¿Tienes dinero para pagar? —preguntó, levantando su trasero del asiento para sacar su billetera.
—¿Qué? —Él asintió en dirección a mi coche—. Oh. Sí, pagué cuando estacioné anoche.
—De acuerdo. —Su expresión se suavizó—. Hablaré contigo luego... mientras que no estés siendo rara.
—Si realmente siguieras eso, nunca hablaríamos. Sabes eso, ¿cierto?
—Sé muchas cosas, Bella. Desearía que tú lo hicieras también.
Chan, Bella, Bella... Obviamente, Edward sabe lo que quiere, ¿Bella lo sabrá? ¿Pronto? jajajaja
¡Gracias por comentar y hasta el próximo!
