Los personajes no me pertenecen.


—Estoy en casa —dije cerrando la puerta de mi hogar. Una oscuridad y silencio reinaba el lugar y quitando mis zapatos me dirigí directo a las escaleras con desagana.

Pasando los pasillos, me detuve frente a la habitación de mi madre. Con cautela abrí una parte de la puerta. Mi madre sólo era un bulto entre las sabanas de su cama. Supuse que el cansancio del día, no le dió ni tiempo para comer.

Jamás me entendí con mi madre. No obstante, hubo un tiempo en el que esas diferencias se notaban muchos más y en las casas sólo se oían nuestras discusiones llegando a los gritos. Siempre sobre lo mismo; que si la falda era muy corta, que si estaba en malas compañías, que llegaba más tarde de la hora acordada oliendo a alcohol y tabaco.

Aunque aquella no era la manera, prefería los gritos a los silencios en pena.

Cuando era niña mi madre era una mujer jovial y de personalidad fuerte, te dabas cuenta si ella estaba en tu misma habitación.

Pero cuando mi padre se marchó, algo cambió.

Aun tengo el recuerdo de su sonrisa en mi cabeza, pero casi siempre eso reemplazado con una mueca de fastidio. Siempre quejándose sobre nuestra falta de dinero. Pese a que esto último no fuera verdad, no es que fuéramos ricas pero nos manteníamos estables.

Siempre supe que era una excusa; trabajar más de la cuenta para distraerse de la ausencia de su marido y lo problemática de su hija.

A veces, cuando me emborrachaba en casa de unos amigos hasta desfallecer, imaginaba a mi madre parada frente a nuestra casa después de volver del trabajo. Imaginaba sus ojos endurecidos por los años, como pasaba de largo dirigiéndose a otro lugar que no fuera su oscura casa, olvidando lo que alguna vez llamó hogar.

No obstante, mis dudas desaparecían cuando llegaba al otro día con resaca y la tenia encima mío gritándome por lo preocupada que estaba.

Cuando pasó el incidente con Hinata, recuerdo haber ingresado a mi casa con la mirada pérdida. Mi madre se encontraba mirando la televisión en la cocina. Recuerdo querer correr a sus brazos y llorar como una niña. Pero la indecisión me detuvo, pensé en sus ojos enojados y en como me jugaría, decepcionada con ella misma por no hacer un buen trabajo como madre.

Esa noche me dirigí a mi habitación y encerre los ruidos en mi cabeza muy dentro de mí.

Después de esa noche, nuestras personalidades comenzaron a acoplarse por mi mutismo y mi falta de salidas. El silencio en la casa ya no era de pena, sino por el hecho de que no tenía fuerzas de luchar contra él, sólo abrazarme y tratar de olvidar y no escuchar.

Me dirigí a mi habitación recordando los acontecimientos del día. Después de saludar a Naruto Uzumaki fui directo a la oficina de Teuchi, dispuesta a enfrentar el despido.

Antes de tocar la puerta, escuche voces del interior y una de ellas era la de Ayame.

Te lo dije papá, Sakura es un desastre. Tu escuchaste lo que dicen de ella —. Me abrace a mi misma, escuché el suspiro cansado de Teuchi.

—Supongo que tienes razón —respondió provocando que mi cuerpo se pusiera en tensión —, solo quería darle una oportunidad. Ambas eran muy unidas de niñas.

—Tu mismo lo dijiste, éramos —. Respirando hondo y sin querer escuchar más toqué la puerta suavemente causando que las voces se callaran abruptamente. Fue Teuchi quien abrió, detrás de él Ayame me miraba duramente y de brazos cruzados.

Hice una reverencia doblandome sobre mi misma.

—Lamento mucho lo sucedido —me disculpe sin mirar a ninguno.

—Sakura —Teuchi suspiró —, lo lamento.

Me puse derecha y asentí con un nudo en la garganta.

—Gracias por todo —dije. Cuando casi abrí la puerta la voz de Ayame me detuvo.

—Espera —dijo. Miró a su padre a los ojos —. Todos sabemos lo escandalosa que puede llegar a ser Ino. Además tu dijiste que necesitabas toda la ayuda posible. Mañana empiezo con los preparativos para la ceremonia y no tenemos tiempo de buscar a otra persona.

No me miró en ningún momento mientras hablaba. Pese a que me ayudó a conservar el trabajo, aún sentía su desprecio hacia mi persona. Era comprensible, no se olvidaría lo que le hice a Hinata de un día para otro.

Me recoste en mi cama. Mirando el techo pensé en mi madre y nuestros silencios. En Ayame y su vida. En Hinata, la cual no volví a ver luego de esa fiesta. Pensé en Uzumaki Naruto y su amabilidad.

No tengo una conexión con Naruto, no obstante guarde ese momento el cual por primera vez fuí una persona diferente.

Desearía tener ese valor para demostrarle eso a la personas que dañe.


NOTA: Honestamente olvide este fic y a donde quería llegar con él. Pero rebuscando mis cosas encontré mi cuaderno el cual estaba escrito la trama, los personajes, etc. Edite la historia y saque escenas que son innecesarias.

Ahora, tres años después, decidí retomarla. Espero que haya alguien que le guste y gracias a aquellos que comentaron el desastre de los otros capítulos jajaja.