Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es iambeagle, yo solo traduzco con su permiso.
Capítulo 13
El sonido de agua salpicando suavemente contra la baldosa me despertó. Está bien, realmente fue la alarma de mi teléfono lo que me despertó, pero sí me concentré en el sonido del agua mientras luchaba por mantener mis ojos abiertos.
Mientras me sentaba en la cama de Edward, mi cuerpo vestido con su ropa y quemaduras de barba, tuve unas revelaciones.
Primero, los lunes son una mierda, especialmente cuando has pasado la mayor parte del domingo en la cama de un amigo muy atractivo participando en todo menos sexo. Segundo, necesitaba comenzar a entrenar regularmente porque pasar todo un día haciendo todo menos tener sexo aparentemente me dejó exhausta.
Antes que pudiera siquiera comenzar a pensar en mi tercera revelación, el agua siendo cerrada en el baño robó mi atención.
Antes que Edward entrara al cuarto, fingí leer algo importante en mi teléfono. Después que Edward entró, fui incapaz de apartar los ojos de su cuerpo mojado y duro, que estaba cubierto con solo una toalla.
—Hola, tú —dije, sentándome pero manteniendo su manta sobre mí.
Él simplemente sonrió y caminó hacia su vestidor. Entonces estuve fascinada por los músculos de su espalda mientras él buscaba en su cajón.
—¿Tienes hambre? —preguntó él, dándose vuelta, un mechón de cabello mojado cayendo sobre sus ojos.
—No en realidad —admití suavemente, apartando la manta de mi cuerpo. Después de pararme, estiré mis brazos por encima de mi cabeza, haciendo una mueca por el dolor de mis músculos.
—Sí, yo tampoco. —Él asintió, pasando una camiseta por encima de su cabeza y dejando caer su toalla allí frente a mí antes de colocarse sus bóxers.
Jodida polla.
Tragué y aparté mi mirada, insegura de cómo se suponía que pasara el día siendo productiva cuando sabía que tendría esa imagen en mi cabeza.
—¿Quieres...?
—¿Hablar sobre esto? —interrumpí, señalando entre nosotros.
—De hecho, iba a ofrecerte café, pero podríamos hablar. Si quieres —ofreció, rascándose la parte posterior de su cuello.
—Oh. Quiero decir, no sé... —comencé a decir, echando un vistazo alrededor del cuarto en busca de mi ropa.
—Di lo que tengas que decir, Bella —instó, sentándose al borde de su cama y jalándome para sentarme en su regazo.
—Realmente espero que no estés citando a John Mayer ahora mismo —me quejé. Su falta de respuesta me aseguró que él no tenía idea de lo que estaba hablando.
—Entonces... ¿qué? —comencé, sintiendo sus ojos en mis labios mientras hablaba—. Después de ayer somos... ¿amigos con beneficios?
—Bueno... —Suspiró, golpeteando sus dedos contra mi muslo—. Somos amigos —comentó.
—Sí. —Me contuve de poner los ojos en blanco.
—Y hay ciertos... beneficios en nuestra relación. O sea, puedo comer el resto de tu comida de tu plato —bromeó.
—Querrás decir que comes de mi plato antes de que termine.
Su risa fue ligera antes de presionar sus labios contra los míos, entonces volvió a hablar.
—También tengo el beneficio de ver los rostros de las personas cuando dices algo que los asombra.
—Edward. —Suspiré, agradecida y molesta de su ligereza en la situación.
Él ladeó su cabeza, notando mi frustración.
—Escucha. Realmente no sé lo que estamos haciendo, ¿de acuerdo? Lo que sí sé es que si piensas demasiado, vas a asustarte.
Mi única respuesta fue el silencio porque él tenía razón.
—Entonces... ¿se supone que no debo pensar en esto? —bufé, ya enfadándome con la situación que estábamos creando.
—Puede que eso sea lo mejor.
—¿Desde cuándo no pensar ha funcionado en alguna situación? —discutí—. ¿Y todo eso sobre los amigos con derechos? Miro películas. Sé cómo va a terminar esto.
—Ilumíname —insistió, sin contener su sonrisa engreída.
—Vamos a comenzar... lo que sea —empecé, y él me interrumpió con otro beso—. Y luego me voy a encariñar mucho. Te sofocarás con mi dependencia y vas a salir con los chicos, follarás a una stripper, la embarazarás...
—Oye, oye, oye —interrumpió—. Al menos usaría un condón. Dame algo de crédito, Bella.
—No creo que me agrades ahora.
—Sí te gusto. Ese es el problema. Te gusto demasiado que estás poniéndote nerviosa de que hipotéticamente embarace a una stripper —señaló, luciendo completamente divertido.
Suspiré pesadamente. Él sacudió su cabeza ante mi teatro y colocó sus labios en mi cuello, haciendo que me retorciera al sentir su rostro sin afeitar contra mi piel.
—Voy a llegar tarde si no me voy ahora —dije, y él tomó mi cabeza, manteniéndome en el lugar mientras me besaba profundamente.
—Está bien, está bien. —Golpeteó mi muslo dos veces y me puse de pie—. Podemos hablar de esto luego, ¿sí?
—De acuerdo.
—Y si sirve de algo... —comenzó a decir, observándome con su mirada penetrante—. Jamás follaría a una stripper.
—Oh, por Dios —gruñí, riéndome de su expresión seria que eventualmente se transformó en una sonrisa—. Te hablo luego.
Una vez que volví a mi departamento, de alguna forma logré ducharme, prepararme y llegar al trabajo con cinco minutos de sobra. Lo que no fui capaz de lograr fue mantener mi pensamientos inocentes.
Mis pensamientos no tan inocentes fueron interrumpidos por una mano con manicura fresca siendo agitada frente a mi rostro.
—Oh. Hola, Tanya —saludé, frunciendo el rostro descaradamente así ella sabría que su gesto no fue apreciado.
—¿Soñando en el trabajo? —Bufó, tomándose el tiempo para poner los ojos en blanco.
Tú también lo estarías si hubieras tenido la cabeza de Edward entre tus muslos ayer, quise alardear. En cambio, me encogí de hombros suavemente, mi manera de decirle que se fuera al diablo. Obviamente ella no lo notó porque sonrió y se quedó en su lugar, mirando por encima de mi hombro su cronograma en la computadora.
—¿Mi cita de las diez canceló? —preguntó con devastación.
—Sí. Así como la de las dos —noté, volviéndome a encoger de hombros.
—Dios. ¿Qué le pasa a estas personas? —comenzó a decir, y unos clientes en el área de espera levantaron la mirada para ver—. Solo intento hacer este mundo un mejor lugar, pero ¿cómo puedo hacer eso si las personas siguen cancelando sus citas?
—¿Un lugar... un poco menos peludo? —pregunté, arqueando una ceja. Su trabajo como depiladora no era exactamente vital para la humanidad.
Ella se dejó caer sobre el escritorio.
—Exactamente. Tú me entiendes.
Dudaba mucho de eso.
—¡Oye! Oh, por Dios. Tú y Edward deberían haber ido al centro con nosotros el viernes —dijo, sonando completamente opuesto a querernos en el centro—. ¿Qué hicieron al final?
Me tomé un momento para acomodar mis pensamientos, lo cual consistía en los eventos vergonzosos del viernes por la noche. Decidiendo no sacar a colación los besos con Edward y el incidente con el vestido de graduación, decidí ir con lo que sabía que pondría fin a esta conversación lo más rápido posible.
—No mucho. Volvimos a mi departamento y comimos carbohidratos. —Recordé casualmente, recibiendo un escalofrío de la chica que vivía una vida estricta con la dieta Atkins.
Su nariz se arrugó en disgusto.
—Bueno. Cada uno con lo suyo. —Sonrió, ojeando la rosca media comida junto a mi cartera.
—Bien, entonces... —Golpeteé mi bolígrafo contra el escritorio, tratando de descifrar por qué ella seguía aquí.
De repente, ella bajó la cabeza para evitar que los clientes escuchen lo que estaba por decir.
—¿Puedo preguntarte algo?
—Claro —respondí con vacilación, apartándome de ella.
—¿Qué pasa con Edward? —preguntó, arqueando una ceja.
No estaba segura qué estaba preguntando exactamente, pero imágenes de él de pie en su cuarto con algo que estaba muy parado entró en mi mente.
—¿Qué quieres decir? No pasa nada —murmuré, mis manos comenzaron a sudar.
—Como sea —dijo fuertemente, a pesar de que el cuarto estuviera lleno de clientes—. ¿Está viendo a alguien?
¿Cómo se suponía que respondiera a eso? Porque no, él no estaba viendo a nadie. Todavía no habíamos descifrado eso, así que no tenía idea de lo que estábamos haciendo. Aunque sí nos vimos mucho ayer.
—Nada serio. No que yo sepa —mentí, y ella sonrió lentamente.
—Puede que tenga una amiga que esté interesada —dijo, tan engreídamente que supe que ella hablaba de sí misma y no de su estúpida amiga.
—De hecho —bufé—. No quise decir nada, pero Edward es... —pausé, dándome un segundo para pensar claramente y terminar mi oración con algo normal y honesto. En cambio, tomé el camino corto y solté—: Gay. Edward es gay.
Ella jadeó, estudiándome con sospecha.
—No puede serlo. ¿Has visto su trasero en jeans?
Gruñí internamente, porque sí. Sí, lo había visto. También había visto su trasero sin jeans. Y bóxers.
—Pero él es gay —contesté—. En serio.
Ella no parecía estar convencida.
—Una vez lo escuché decir la palabra acaramelar —dije, con los ojos más abiertos que pude lograr.
—Eso no lo hace gay —discutió ella.
—No, pero lo hace cuando lo sorprendí con otro tipo haciendo eso. —Tanya me quedó observando perpleja, sin entender lo que estaba queriendo decir—. Acaramelados. Estaban acaramelados.
—Quizás solo estaban..
—¡Él tiene una tarjeta de crédito de Pottery Barn en su billetera! —solté esta vez. Eso era en parte verdad, pero solo porque él tuvo problemas para decir que no cuando le preguntaron si quería recibir un veinte por ciento de descuento al abrir una cuenta de crédito.
Tanya jadeó.
—¡No!
—Sí.
—De acuerdo, no iba a decir nada, pero su cabello... ¿él lo peina así? Quiero decir, eso tiene que ser cabello de sexo estratégicamente acomodado, ¿cierto?
Mi trabajo estaba hecho aquí.
—Te lo dije —fue todo lo que pude decir.
—Vaya. —Se rio para sí misma, algo aliviada—. Él me rechazó cuando lo encaré hace un año, por lo que esto tiene mucho sentido.
Solté una risa temblorosa.
—¿Qué dijiste? ¿Lo encaraste?
Ella asintió, desafortunadamente sin contar detalles.
—Tiene sentido por qué los dos no han estado juntos aún. Es un problema si el tipo no puede excitarse a tu alrededor.
—Sí. Usualmente prefiero que el tipo con el que me acuesto pueda excitarse por mí —dije sin prestar atención, aún concentrada en el hecho que ella intentó acostarse con él y él nunca me lo contó.
En vez de hacer más preguntas o crear más daño a la reputación de Edward, cerré la boca y tomé el teléfono, fingiendo que acababa de sonar.
—Spa de Día Volturi, esta es Bella —dije al auricular, esperando dar por finalizada esta desastrosa conversación. Aparentemente, funcionó porque Tanya señaló que se iría al fondo y desapareció.
La próxima hora y media fue un jodido infierno. No solo me sentía algo culpable por esparcir rumores de que Edward era gay, sino que también estaba irracionalmente celosa de que Tanya haya intentado acostarse con Edward, incluso si fue hace un año.
Aunque Edward y yo no hicimos planes para almorzar juntos, de todas formas me dirigí hacia su sector de la ciudad y esperé que fuera capaz de tomarse un descanso. Antes de dejar su departamento, él mencionó que pasaría el día dando lecciones en el estudio. Había estado aquí suficientes veces que era capaz de entrar al edificio sin preguntar en cuál sala se encontraba.
Tocando dos veces, abrí la puerta y asomé la cabeza adentro para ver a Edward sentado frente al piano, estudiando una partitura en su mano. Le llevó un momento mirar en mi dirección, pero una vez que lo hizo, mi pecho se contrajo al verlo sonreír.
Me quedé en mi lugar, insegura de cómo saludar públicamente al tipo con el que había pasado la mayor parte de mi fin de semana en la cama. Pero él no era cualquier tipo, y yo no era cualquier chica.
—Hola —saludó, manteniendo sus ojos en los mío mientras dejaba la partitura sobre el piano.
—¿Estás ocupado? ¿Puedo entrar? —pregunté en voz baja, sin saber si había alguien más en la sala.
—Nah. Estoy solo por unos diez minutos más —dijo él, dándole unas palmadas al banco—. Entra.
Caminé hacia adentro, dejando mi cartera contra la pared y cerrando la puerta detrás de mí. Me concentré en el sonido de mis zapatos bajos contra el piso de madera, sintiéndome cohibida por la manera en la que él me miraba.
—¿Me extrañaste? —bromeó cuando me senté a su lado.
Puse los ojos en blanco.
—Creí que podríamos salir a almorzar. Es mi turno de pagar —dije, sabiendo completamente que él no permitiría tal cosa.
Él falló al impedir que sus ojos rueden.
—Desearía que me hubieras enviado un mensaje antes de que vinieras. No puedo almorzar hoy —dijo, sonando decepcionado—. Un mocoso adelantó su lección una hora.
—Está bien —respondí, agitando mi mano en despreocupación.
—Pero ya que estás aquí, podrías tocarme algo. —Levantó una ceja con expectativa y asintió hacia el piano.
—No seas ridículo. No sé cómo tocar. —Me reí, presionando una de las teclas, dejando que el sonido retumbara por la sala—. El alcance de mis habilidades musicales comienza y termina con Guitar Hero.
Él rio, tomando mis manos.
—¿Ni siquiera puedes tocar algo como "Chopsticks"? —preguntó, las esquinas de su boca elevándose mientras que yo negaba con la cabeza—. ¿Qué tal "Heart and Soul"?
—Nop. Juro que no sé tocar nada.
—Ven. Te ensañaré —murmuró, manteniendo mis manos en las suyas y colocándolas en las teclas.
—Te arrepentirás de esto —murmuré, riéndome suavemente.
—Tonterías. Mira. —Colocó sus dedos sobre los míos y presionó las teclas, creando una melodía—. Tú repetirás esta parte —instruyó—, lo cual no debe ser muy difícil.
Apartó sus manos y asintió para que tocara por mi cuenta. Logré cagar el sonido en cuestión de cinco segundos.
—Esto es inútil —dije, aplastando las teclas.
—Inténtalo de nuevo —instó.
—No, renuncio. Puedes tocar tú solo.
—Es un dúo —dijo monótonamente.
—¿Y?
—¿Cómo uno toca un dúo solo? —cuestionó—. Ni siquiera lo intentas.
—Porque no quiero —respondí, sin entender por qué esto importaba.
—Estás siendo más quejosa que algunos de mis estudiantes —dijo, manteniendo la sonrisa en su rostro.
—Como sea. Quizás es porque estoy molesta de que nunca me hayas contado que Tanya intentó acostarse contigo —solté, manteniendo mi tono neutro y mi mirada en las teclas frente a mí.
—Jamás me dijiste que pensabas que era gay.
—¿Qué? —Levanté la cabeza rápidamente—. Yo no...
—Tanya me mensajeó temprano, diciendo que conoce un buen tipo para presentarme —explicó, entrecerrando los ojos—. Todo eso apestaba a Bella.
—Está bien. Le dije que eras gay. ¿Cuál es problema? —Me encogí de hombros.
—¿Y por qué dirías algo así? —preguntó.
—¿Ella necesitaba chismes? —cuestioné más de lo que comenté. Sus ojos ardían en los míos, tratando de sacarme la verdad.
—Bella. Vamos.
—Diablos —maldije, cruzándome de brazos—. Ella quiere tu polla, ¿de acuerdo? Tuve que inventar algo para mantenerla lejos de ti.
—Eso tiene sentido —concordó Edward de inmediato—. Quiero decir, sería completamente ridículo admitir que tú quieres mi polla.
—De acuerdo. Me asusté, como dijiste que lo haría. ¿Estás feliz ahora?
—¿Feliz de qué? ¿Que quieras mi polla o que te hayas asustado? —preguntó, inclinándose más cerca y ladeando su cabeza, presionando sus labios contra los míos suavemente.
—Ni siquiera tengo idea de lo que estoy hablando. —Suspiré, y esta vez fui yo la que se acercó y lo besó—. Lo siento.
—Es muy tarde para disculparte. Muy tarde —cantó.
Parpadeé.
—¿Sabes? Para ser profesor de música, no puedes cantar.
—Oye —protestó—. Mi trabajo requiere que sea bueno con mis manos, no con mi boca. —Pausó, sonriendo antes de volver a hablar—. Aunque ayer no parecías quejarte sobre lo que puedo hacer con mi boca.
Antes de poder ofrecerle que me lo recordara, se abrió la puerta y un niño entró a la sala. Su rostro se iluminó cuando vio a Edward, e inmediatamente corrió en nuestra dirección, tropezándose con sus zapatillas en el camino.
—Hola, amiguito —Edward saludó al niño, revolviendo su cabello—. ¿Dónde está tu mamá?
El niño rio y se encogió de hombros, manteniendo la mirada sobre mí.
—Oh. ¿Entonces condujiste solo hacia aquí? —preguntó juguetonamente Edward.
No pude evitar reírme junto con el niño. Y entonces el pequeño maldito abrió su boca y quise patearlo.
—¿Ella es tu novia? —preguntó el niño, cubriéndose la boca para contener sus risitas.
—Soy una chica —dije, asintiendo incómodamente—. Y soy su amiga. Entonces...
—No, Seth, ella no es mi novia —añadió Edward, frunciendo el rostro con disgusto fingido—. Las chicas tienen piojos.
—¡Qué asqueroso! —lloró Seth.
—Muy asqueroso —mascullé, sin saber qué más decir—. Creo que debería irme... sí. —Me puse de pie y torpemente me despedí agitando la mano a Seth, ignorando cuando él me sacó la lengua.
—No le agrado —susurré cuando Edward me acompañó hacia la puerta.
—¿Hola? Es porque tienes piojos —señaló, riéndose de su broma.
—¿Eso quiere decir que no tendré un beso de despedida? —pregunté, acercándome a él.
Él echó un vistazo hacia atrás para asegurarse que Seth no estuviera mirando y entonces se inclinó y me dio un beso rápido.
—¡Ugh! —gritó Seth desde el otro lado de la sala. Me contuve de no mostrarle el dedo del medio.
—Llegaré a casa muy tarde porque tengo una cena de cumpleaños a la que tengo que ir luego —dijo, y sentí sus dedos rozar suavemente los míos—. Pero deberíamos salir a cenar mañana.
—¿Como... una cita? —pregunté, tratando de mantener mi tono neutro.
—Sí, Bella. —Él sonrió—. Como una cita.
—¿Estás seguro de que es una buena idea? —pregunté—. Quiero decir, no sé cómo actuar normal siendo amigos, por lo que dudo que sea capaz de actuar normal como una cita.
Él me observó por un segundo, entonces comenzó a reír.
—Bella. Tengo cero expectativas de que alguna vez vayas a actuar normal a mi alrededor. Está bien.
—Eso es... extremadamente triste. Pero está bien. Podemos salir a cenar mañana —concordé.
—Mierda —susurró Edward cuando Seth comenzó a golpear las teclas—. Tengo que irme, pero ¿hablamos luego?
—Sí, solo asegúrate de que no vayas a clubes de striptease más tarde —advertí, recibiendo una risa y un beso en la mejilla.
—Nah, no te preocupes. No tengo condones de todas formas —bromeó, esquivando mi mano antes que fuera capaz de golpear su brazo.
Fulminé con la mirada la parte trasera de su cabeza, y estaba a punto de irme cuando él se dio vuelta y dijo:
—Mañana a la noche a las siete.
Me di cuenta que tenía solo treinta horas para aprender a actuar como un ser humano normal.
Necesitaba a Rose.
Necesitaba pincitas.
Necesitaba un milagro.
Pottery Barn: es una cadena de tiendas de muebles para el hogar.
