Tengo la voluntad de cambiar. Pero cada vez que siento que doy un paso pequeño. Cada critica, cada susurro en mi espalda me obliga a sentir que mi esfuerzo es en vano.

Sé que con Hinata fui una perra, con Ayame, hasta con mi madre. Pero con Naruto esperaba que fuera diferente, que el no conociera nada de mí y me aceptara por ello, solo hacía que tirara el aire contenido. Aunque sonara cobarde, me sentía muy bien de ese modo.

Pero cuando ocurrió lo de los susurros de aquellas chicas, al igual que hice aquel sábado en casa de Hinata y al oír a Ayame detrás de la puerta de mi habitación pidiendo explicaciones. Al igual que aquellas veces, volví a esconderme en mi caparazón seguro y huir.

Por que de Ino podía defenderme, cuando sus acusaciones eran mentiras. Pero no de la verdad.

Por eso, al ver de nuevo a Naruto en la puerta de su casa, coloque mi mascara de indiferencia como si no lo reconociera, asentí en su dirección y dirijo mi vista hacia el hombre rubio que supuse era su padre.

Le di el presupuesto. El hombre se sobresaltó y comenzó a buscar en su billetera.

Sentía la mirada de Naruto en mi espalda, pero no quería verlo. No quería ver su rostro como todos los demás.

Cuando el hombre me dio el dinero, hice una reverencia y estaba a punto de irme cuando la chica pelirroja me tomó del brazo. Sentí sus dedos huesos aún si tuviera mi abrigo.

—¡Ah no! Tú no te vas —dijo volteándome frente al hombre-. Tengo una guía para ir a la florería. Se ve que conoce el vecindario.

—Karin —suspiró el hombre—. Deja al chico en paz.

Mi rostro se enrojeció mientras fruncía el ceño.

—Es una chica —dijo Naruto ingresando en el lugar. Trató de hacer contacto visual conmigo, pero miré hacia otro lado. Comenzó a jugar con unas llaves de auto.

—¡Oh! —dijo su padre. Su cara se tornó roja—. Perdona.

Abrí la boca para decirle que no pasaba nada cuando la chica me interrumpió.

—Perdón nada. ¡Deberás darnos una compensación! —dijo. Me tomó de los hombros como si fuéramos amigas del alma—. Y que mejor que dejarme ir a una salida de chicas.

—No lo sé —dijo su padre observándola preocupado. Miró hacia Naruto—. Tal vez si las llevaras...

—¡Por supuesto que no! —dijo la chica indignada—. Confía en mí, además Sakura no tiene problema, ¿verdad?

Ahora los tres me miraban, traté de retroceder pero la chica me tenia bien agarrada.

—Claro —dije.

...

Teuchi tan solo hizo una mueca a mi renuncia.

—Si es lo que quieres —dijo. Asentí sintiéndome miserable.

Le agradecí por todo y me fui, en la salida me encontré con Ayame. Pasé de ella mientras bajaba la mirada.

—¿Por qué siempre haces lo mismo? —dijo. Me sobresalte y me detuve. Se encontraba recostada contra el marco de la puerta. Me miraba con el ceño fruncido—. Abandonas, ¿Qué pasó con aquella Sakura que observaba al mundo desde arriba y no le importaba el que dirán?

Mi garganta se cerró. Respiré hondo.

Me observó un momento y luego negó con la cabeza.

—No lo entiendo —dijo. Miró el suelo mientras se abrazaba. El anillo refulgía bajó la luz del local.

Quería decirle que yo tampoco. Pero si sabia que si lo hacia, de mi boca saldría a borbotares lo que pasó aquella noche. Que yo no seduje a nadie, que creí que en la habitación se encontraba Shion, que estaba demasiado mareada por el alcohol. Quería decirle que aún tenia pesadillas de aquellas manos apresando mis manos. Pero no lo hice, por que ella me miraría con asco y diría que fue mi culpa. Tal vez pasaría lo mismo con mi madre y Hinata.

—Lo siento —dije. Por todo el daño que les había causado, por hacerlas sentir insuficientes con sus cuerpos. Por burlarme del tartamudeó de Hinata aunque supiera que su padre era lo que lo había causado—. En serio, lo siento.

Ayame abrió los ojos en mi dirección y su cuerpo se puso en tensión. Sin embargo, luego relajó su rostro.

Por primera vez, no me observó con asco, si no con lastima.