Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es iambeagle, yo solo traduzco con su permiso.
Capítulo 16
Me desperté con las manos de Edward sobre mi cuerpo.
—Realmente tomaste en serio lo de manoseo de pechos ilimitado, ¿eh? —mascullé, arqueando mi espalda contra el colchón para estirarme.
—Necesito que te despiertes —murmuró, succionando suavemente mi cuello.
Parpadeé un par de veces, notando que el cuarto seguía oscuro.
—¿Qué hora es?
—Como las tres.
—No es hora de levantarse aún.
—Lo sé, pero hay muchas cosas que quiero hacerte... —susurró en tono ronco, quitando el edredón de nuestros cuerpos desnudos. Me estremecí y dejé besos a lo largo de su mandíbula.
—¿Cosas como... qué?
Él sonrió y se puso de rodillas, tomando mi cintura y llevándome a los pies de la cama. Mi pulso se aceleró cuando se arrodilló en el suelo y separó mis piernas, dejando un pequeño beso en mi rodilla.
—Más cerca —jadeó, y me arrastré así mi trasero estaba al borde del colchón y mis pies en el suelo.
Me apoyé sobre mis codos. Él se movió un poco más alto, besando mi pierna: mi muslo, mi muslo interior, mi cadera. Su boca se encontraba en todos lados menos en el lugar dónde ardía por él.
—Edward —me quejé, y él levantó la mirada para ofrecerme una pequeña sonrisa.
—¿Qué? —preguntó, provocándome—. Dime lo que quieres, Bella.
—A ti.
—¿Y qué quieres que haga? —instó, moviendo su cabeza entre mis piernas para inhalar a lo largo de mi piel, riéndose suavemente porque al parecer le gustaba verme retorcer.
—Mierda, solo hazlo —gemí, levantando mis caderas, porque él estaba justo allí y era lo único en lo que podía pensar.
—¿Esto? —Deslizó dos dedos dentro de mí, provocándome, rozando su pulgar por mi clítoris. Mis caderas se elevaron de nuevo, y él torció sus dedos mientras yo murmuraba algo sobre necesitar su boca sobre mí.
—Oh, quieres esto. —Y entonces reemplazó su pulgar con su lengua, cálida y húmeda y mierda.
—Dios. Por favor, sí, por favor —rogué. Rogué, mierda. Fue patético pero no me importaba porque era Edward y rogaría.
Con los ojos cerrados, dejé caer mi cabeza sobre el colchón y gemí. La sensación de su boca y su barba sobre mi piel rápidamente se estaba volviendo en mi cosa favorita. Ya me encontraba al borde de la locura, pero entonces él retiró sus dedos y presionó su boca dentro de mí y...
—Oh, mierda, no dejes de hacer eso —jadeé, empuñando las sábanas y jalando de los mechones de su cabello.
Él lamió, succionó y tarareó, deslizando sus dedos hacia adentro de nuevo mientras mordisqueaba suavemente mi clítoris. Mis pensamientos eran un enrollo, pero todo en lo que podía pensar era él. Comencé a correrme, maldiciendo y gimiendo al mismo tiempo que mi cuerpo se tensaba, y Edward, Edward, Edward.
Mi respiración eventualmente se tranquilizó y él se mantuvo entre mis piernas, lamiendo y besando antes de subir por mi cuerpo. Y entonces se encontraba sobre mí, enterrando su rostro en mi cuello y no quería moverme de este lugar. Jamás.
—Amo... los sonidos que haces —murmuró contra mi piel, y tarareé en acuerdo.
—Me estoy obsesionando con tu boca —mascullé, sin importarme lo estúpida que sonaba.
Él sonrió contra mi cuello y susurró:
—Me estoy obsesionando con tu todo.
Mi estómago se revolvió ante esto, y besé su hombro antes de que se apartara y se apoyara con una mano. Él tomó su polla y se posicionó, mirándome con curiosidad antes de dar otro paso.
—¿Necesitamos...?
—Eh. No lo necesitamos, pero depende de ti...
Vaciló por un momento, manteniendo sus ojos fijos en los míos mientras lentamente entraba en mí, aún cerniéndose sobre mí. Soltó un siseo bajo, y maldije, cerrando los ojos.
—Te sientes... jodidamente bien —pronunció, moviendo sus caderas a una velocidad dolorosamente lenta.
—Ven aquí —susurré, tomándolo de sus hombros y jalándolo hacia abajo, necesitando estar más cerca de lo que ya estábamos.
Él estiró sus brazos y enganchó sus manos por debajo de mis rodillas, envolviendo mis piernas alrededor de su cintura, empujando más profundo.
—Más rápido —insté, insegura de por qué estaba conteniéndose.
Él rio un poco, murmurando contra mis labios que no iba a durar si se movía más rápido.
—Está bien —le aseguré, jalando de su labio inferior entre mis dientes.
Miré su rostro, observando sus ojos concentrados; notando la forma en que su mandíbula estaba apretada y su frente unía sus cejas. Quería saber lo que estaba pensando, pero me mantuve callada mientras nuestros cuerpos se movían juntos.
—Demasiado bueno —exhaló, succionando mi cuello, embistiendo más rápido—. Bella...
Levantó su cabeza y volvió a decir mi nombre, bajando su ritmo esta vez.
—¿Qué? —susurré, girando mis caderas contra las suyas.
—Ni siquiera lo sabes... —murmuró, y mi pecho se contrajo por la manera en que me miraba.
—Sí lo sé —dije con voz temblorosa cuando dejó caer su cabeza contra mi hombro—. Mierda. Lo sé.
Apreté mis piernas más fuerte y me aferré a su cuello cuando sus embestidas se volvieron más fuertes. Su aliento se volvía irregular y soltó un gruñido, uniendo sus labios a mi piel mientras se corría dentro de mí.
Una vez que sus movimientos se detuvieron, yacimos allí, recuperando el aliento.
Levantando la cabeza de mi pecho, él me sonrió soñoliento.
—Hola.
—Hola. —No pude evitar devolverle la sonrisa, apartando el cabello mojado de su frente.
Él presionó un beso sobre mi hombro y salió. Abandoné la cama para limpiarme, luego volví y me recosté a su lado. Él levantó su brazo y me jaló hacia su costado, plantando un beso en mi cabeza.
—¿Edward? —pregunté cuando su respiración se volvió estable.
—¿Mmm?
—¿Estás dormido?
—Mmm.
Eché un vistazo a su rostro.
—No. No puedes volver a dormir —me quejé.
Sus labios formaron una sonrisa, sus ojos aún cerrados.
—¿Quién lo dice?
Mi estómago gruñó, respondiendo por mí.
—Hambre.
—Un gusto conocerte. Dormido.
Intenté no reírme y me coloqué sobre mis rodillas, tirando de su brazo.
—Levántate. Hagamos el desayuno.
—Son las cuatro de la mañana —gruñó—. Te haré el desayuno en una hora más razonable.
—Bueno, no puedo volver a dormir ahora. —Me incliné y besé su mandíbula—. Y si recuerdas correctamente, estaba dormida hasta que me despertaste.
Él me jaló para que me volviera a acostar, aferrándome contra su costado.
—No te quejaste —murmuró contra mi cabello.
El tipo tenía razón.
Pero mi estómago gruñó de nuevo.
Con un suspiro, se sentó y pasó una mano por su rostro.
—Vamos —dijo suavemente, echando sus piernas a un costado de la cama—. Vayamos a alimentarte.
~HoF~
Después de comer tostada francesa en la cama, le agradecí a Edward sentándome a horcajadas de él. Para cuando nos encontrábamos jadeantes y algo saciados, eran cerca de las siete. Con un gruñido, me levanté y tomé una de sus camisetas y sus bóxers. Él se mantuvo en su lugar, acostado boca abajo en su cama.
—¿Estás seguro que quieres llevarme al trabajo? Puedo tomar un taxi o algo —sugerí, dándome cuenta ahora que dejar mi coche en el centro por la noche fue una idea estúpida.
—No seas ridícula —masculló contra el colchón, luego logró darme una nalgada cuando me inclinaba para tomar el vestido y los zapatos de Rose del suelo.
Lo fulminé con la mirada en broma y me senté al borde de la cama.
—¿No preferirías dormir? Es tu día libre.
—Por supuesto que preferiría dormir —Se rio—, pero soy hombre de palabra, Bella. A pesar que estoy exhausto, porque tu trasero insaciable me mantuvo despierto toda la noche, te llevaré.
Esta vez, yo golpeé su trasero y luego besé su mejilla. La que se encontraba en su rostro.
—Me echaré una siesta hasta que vuelvas. —Bostezó.
—Volveré en una hora —dije, abandonando el cuarto.
Bajé los dos tramos de escaleras hacia mi departamento, tomé aire profundo y lentamente abrí la puerta. Asomando mi cabeza, pronuncié una pequeña plegaria que Rose siguiera durmiendo así podía evitar su trasero chismoso. Era temprano, estaba cansada, y no tenía ánimos de lidiar con ella aún.
—¿Qué mierda estás haciendo, Bella? —gritó Emmett desde alguna parte del departamento.
Puse los ojos en blanco y suspiré en frustración, cerrando la puerta detrás de mí. Como esperado, Rose se abalanzó cuando entré.
—¿Y bien? ¿Cómo estuvo la cita? Pasaste toda la noche y tienes puesto su ropa, así que obviamente fue bien. ¿Él estuvo bien? Dios, jamás pensé que vería el día en que ustedes dos idiotas finalmente...
—Mierda, Rose —la interrumpí—. Deja de hablar. Respira. Simplemente respira.
—No evadas diciéndome que respire. ¿Te acostaste con él o no?
Le ofrecí un pequeño encogimiento de hombros, pero la sonrisa en mi rostro no podía ser contenida.
—¡Al fin, diablos! —gritó, dejando su taza sobre la mesa ratona para levantar sus brazos en alabanza, lo que creía que no era necesario realmente, pero está bien.
—¿Te puedes calmar? —espeté, ignorando la risa bulliciosa de Emmett—. ¿Sabes lo espeluznante que es que querías que Edward y yo nos acostemos?
—¿Acaso lo sabes lo espeluznante que es que te haya llevado todo este tiempo para acostarte con él? —respondió.
—Como sea. No hablaré contigo sobre esto con él aquí —murmuré, señalando a Emmett.
—Ella me lo dirá de todas formas —dijo él, sin interés.
—Increíble —dije secamente—. Bueno, me iré a duchar y cambiar para trabajar. Disfruten de lo que sea que ustedes dos hagan.
—Por cierto, ¿cómo se siente? —preguntó Emmett de repente, haciendo que me detuviera en el lugar.
—¿Cómo se siente qué? —cuestioné con cuidado.
—Tener finalmente tu cabeza afuera de tu trasero —bromeó, resoplando una risa mientras que Rose intentaba mantenerse tranquila.
—Él tiene razón... —ofreció, dedicándome una pequeña sonrisa.
—No seas un cretino, Em —mascullé, caminando hacia mi cuarto.
—¡La verdad duele! —gritó él.
Aunque quizás tenía razón. Había estado tan preocupada y asustada de perder a Edward como amigo, que no podía apreciar lo que estaba frente a mí.
Pero Emmett seguía siendo un cretino.
~HoF~
Edward y yo pasamos mayormente el fin de semana en su cama. Habíamos desperdiciado cuatro años como amigos sin tener sexo, así que tenía sentido que compensáramos por el tiempo perdido. Y quizás rápidamente me había obsesionado con su todo también.
Mi lado pesimista seguía esperando que hubiera algo de incomodidad con respecto a nuestra nueva relación, pero afortunadamente nunca apareció. Parecíamos entrar con facilidad a este nuevo deseo por el otro sin problemas.
—¿Estás lista? Emmett y Rose estarán aquí en cualquier momento —me advirtió Edward, asomando su cabeza al baño.
—Sí. No tenía que comprarle algo a Jasper por su cumpleaños, ¿cierto?
—Nah, pero creo que Em lleva tequila.
Apliqué una segunda capa de máscara.
—Por supuesto que sí.
Se paró bajo el marco de la puerta por un segundo, luego entró al baño y se detuvo detrás de mí.
—Luces sexy —murmuró, besando el costado de mi cuello.
—Solo tengo puesto unos jeans.
—Sí, pero tu trasero...
Encontré su mirada en el espejo y sonreí cuando bajó una tira de mi top antes de colocar sus labios allí.
—¿Creía que Rose y Em estaban por llegar?
Él gruñó, envolviendo un brazo alrededor de mi estómago y llevando mi trasero contra él. Me di vuelta, parándome de puntitas de pie para besar su barbilla. Y entonces miré boquiabierta a los jeans gastados que colgaban de sus caderas y su camiseta negra, muriendo un poco por dentro ante lo atractivo que era él cuando apenas lo intentaba.
—Tú eres demasiado guapo —dije en un tono indiferente, señalándolo.
—Oh, cállate. —Se rio, dando un paso hacia atrás y reacomodándose.
—¿Jasper dijo dónde teníamos que encontrarlo? —pregunté, saliendo del baño.
—En la taberna Kung Fu.
Me coloqué mis zapatos bajos.
—¿Por qué hace esto Jasper?
—¿Qué? ¿Tener un cumpleaños? —preguntó Edward, levantando sus cejas—. Es algo anual.
—Cállate, sabelotodo. Todos fuimos al Kung Fu el año pasado también. Simplemente supuse que, como cumple veintiocho, haría algo más... ¿de veintiocho años? Quizás una cena y bebidas, o...
—Nah, ese no es el estilo de Jasper.
—¿Y ponerse hostilmente borracho lo es?
—Exactamente.
Después de previar un poco con el tequila de Em, tomamos un taxi para encontrarnos con Alice, Jasper, y quienes sean que eran amigos de Jasper. Pero estaba muy segura que iba a ser nosotros seis como siempre.
Entramos a Kung Fu, uno de los únicos bares en West Sixth que no estaba lleno de imbéciles. O, de acuerdo, el lugar seguía lleno de imbéciles, pero la atmósfera lo hacía soportable. El lugar tenía skeeball, un gran Jenga, y juegos de arcade vintage. Ya sabes, el típico lugar para que un tipo de veintiocho celebrara su cumpleaños.
Encontramos a Jasper y Alice al fondo del bar, esperando su turno para jugar a la Sra. Pac—Man.
—¿Qué diablos los demoró tanto? —gritó Jasper mientras nos acercábamos a ellos.
Emmett lo mandó al diablo y caminó directamente hacia el bar, Rose siguiéndolo por detrás. Los ojos de Jasper bajaron hacia donde la mano de Edward y la mía estaban enlazadas.
—Te dije que eran follamigos —le susurró-gritó a Alice, empujando a un tipo para jugar su turno en el juego.
—Muy sutil, Jas —dijo Alice, poniendo los ojos en blanco en su dirección—. Él ha estado borracho desde las tres de la tarde.
—Por supuesto que sí. —Me reí.
Edward rozó su pulgar contra mi mano, y luego me sonrío.
—¿Follamigos?
Me encogí de hombros, llevando mi atención a otro lado. No creía que eso era lo que estábamos haciendo, y definitivamente no iba a tener esta conversación frente a todos.
Emmett y Rose se acercaron cargando tres shots cada uno, distribuyéndolos entre nosotros seis.
—Porque no es el cumpleaños de Jasper si al menos tres de nosotros no vomita —explicó él, y cometí el error de olfatear el shot, provocando que mis fosas nasales ardieran en protesta.
—¡Por los follamigos! —gritó Jasper, levantando en el aire su shot, esperando a que brindáramos.
—Qué te den a ti, amigo —respondió Edward.
—Nah, para eso tengo a Alice —farfulló, acercándola a su costado.
Algún momento después, cuando el bar se había llenado y estaba cansada de patearle el trasero borracho a Jasper en skeeball, eché un vistazo alrededor en busca de Edward. Él había desaparecido temprano para jugar a Mortal Kombat con Rose y no lo había visto desde entonces.
Dejé mi pinta vacía en la barra, y giré, encontrándolo inmediatamente al lado de una zorra asquerosa, asintiendo a algo que ella decía. El instante de inseguridad que sentí fue estúpido, pero no pude evitarlo.
Edward captó mi mirada y asintió para que me acercara. Vacilé, entonces caminé hacia donde se encontraban, usando cada pizca de cortesía que tenía para sonreír a la cualquiera. No estaba del todo segura qué la clasificaba como cualquiera, además del hecho que estaba a menos de metro y medio de Edward.
Tampoco estaba segura de por qué me observaban con confusión hasta que me di cuenta que aún tenía que hablar, una sonrisa tensa todavía en mi rostro.
—Hole —dije. Y entonces mi sonrisa flaqueó al mismo momento que Edward sonrió porque, al intentar lucir entusiasmada, parecía ser que accidentalmente había unido las palabras «hola» y «oye».
No importaba que ya me había avergonzado en menos de cinco segundos. Solo las personas geniales dicen «Hole». Sería una genia del hole. Quizás incluso podría convencer a Edward para que comenzara a decirlo.
La mujer al lado de Edward le echó un vistazo rápidamente y volvió su atención hacia mí.
—Hola. Soy Lauren —saludó ella, moviendo su refinada copa a su mano izquierda, estirando su derecha hacia mí.
—Bella. Un gran placer conocerte —dije con un tono excesivamente dulce, tratando de no estrechar su mano demasiado fuerte.
—Bella es una de mis amigas más cercanas —le dijo Edward, y me estremecí por dentro al escuchar la palabra amiga.
—¿Cómo conoces a Edward? —pregunté. ¿Y por qué prácticamente te abres de piernas frente a él aquí, en medio del bar?
Ella sonrió al mirarlo, y me pregunté si él sabía el efecto que tenía en las personas.
El comentario de Jasper sobre follamigos volvió a mi mente, y de repente me sentía irracional y asquerosamente celosa. Sabía lo que Edward sentía por mí. Él lo había dejado claro. Pero viendo ahora cómo otra mujer actuaba alrededor de él era simplemente molesto, y no podía evitar sentirme celosa.
Lauren seguía sonriendo mientras explicaba que sus madres trabajaron en diseño de interiores juntas hace un tiempo, y que ella conocía a los Cullen desde hace años.
—Sí, también los he conocido por años —comenté, asintiendo junto con ella—. Nuestras madres... ambas leen la misma revista de jardinería.
Y le siguieron las miradas confundidas. O, en el caso de Edward, una expresión confundida que lentamente se transformó en una sonrisa, porque claramente a él le encantaba esto.
—Lauren es una amiga cercana a la familia —explicó Edward, tratando de salvar el momento. O quizás lo dijo para provocarme, porque trataba de no reírse.
—Y bien, Bella...
—No sabía que tenías tantos amigos cercanos, Edward —dije en un tono tan despreocupado como pude.
Él se rio por lo bajo y me llevó hacia su costado, dejando un beso en mi sien. Lauren echó un vistazo entre nosotros, exclamó que no quería perder su turno en skeeball y se retiró.
—Amiga cercana a la familia, ¿eh? Aún así, nunca la he conocido.
—Tampoco has conocido a mi madre —señaló él—. ¿Revista de jardinería? ¿En serio, Bell?
Suspiré.
—Me vuelves loca —mascullé contra su pecho—. No actúes como si no supieras esto ya.
—Ven aquí, tú. —Colocó ambas palmas a los costados de mi cuello y bajó su cabeza, besándome suavemente, hubiera sido un momento dulce si la voz de Katy Perry no estuviera retumbando por el bar.
—Eres algo adorable cuando estás celosa —susurró contra mi boca.
Golpeé su pecho.
—No estaba celosa.
—Eres una horrible mentirosa.
—¿Eso no es algo bueno? —pregunté en rendición—. Agh, soy malísima*.
—¿Sí? —preguntó él, levantando sus cejas sugerentemente.
—Nos vamos pronto, hijos de puta —farfulló Jasper, apareciendo a nuestro costado—. Alice tiene una amiga trabajando en Dirty Sixth, así que tenemos bebidas gratis.
—De acuerdo. Vamos a pedir una cerveza más y esperar en el patio trasero —le dijo Edward, colocando sus manos sobre mis hombros y encaminándonos hacia la barra.
—¡Es mi cumpleaños, perras! —gritó Jasper y desapareció.
Después de esperar nuestra cerveza cara, atravesamos la multitud y encontramos una mesa vacía para sentarnos afuera. Edward tomó mi cintura antes de que pudiera sentarme y me llevó a su regazo.
—¿Quieres ir con ellos después de esto o estás lista para irnos? —preguntó, tomando un trago largo de cerveza—. Porque estaría de acuerdo en irme... —comentó, sonriendo engreídamente.
—Estoy bien con lo que sea —dije, asintiendo, siendo aún la chica jodidamente insegura con lo de Lauren.
Él entrecerró sus ojos.
—Luces emo.
—No es así.
—Luces como Emmett cuando ese Bennigan's cerró.
—Tú luces como yo cuando ese Bennigan's cerró —discutí, frunciendo aún más el ceño.
—La quiebra de Bennigan's fue por tu propio bien. Tu amor por el Monte Cristo era asqueroso.
—No me hagas llorar.
Él rio.
—En serio. ¿Qué pasa?
—Me presentaste como tu amiga —murmuré, observando mi cerveza.
—Dije que eras una amiga cercana —corrigió él.
—Sí, también dijiste que lo era Lauren —señalé.
—Bella.
—¿Qué?
—Mírame. —Levanté la cabeza—. ¿Cómo querías que te presentara? ¿La chica por la que estoy loco?
Fallé completamente al intentar contener mi sonrisa.
—Quiero decir... eso hubiera funcionado...
Sus ojos se arrugaron en las esquinas cuando sonrió, y un calor cubrió mi cuerpo cuando él se acercó a mi oído y susurró:
—Sabes quién eres para mí.
—Sí, pero ella no lo sabe. Ninguna de estas zorras lo saben.
—Estoy tratando de ser dulce y tú aquí hablas sobre zorras —espetó.
—Lo siento, lo siento. —Me reí, colocando mi cerveza sobre la mesa y envolviendo un brazo alrededor de su cuello, jugando con el cabello allí—. Bueno, quizás la próxima vez que me presentes a alguien, como una zorra, puedes decir simplemente que soy tu novia.
Él sonrió, sus ojos se iluminaron.
—Podría hacer eso. Solo hay un problema.
Fruncí el ceño.
—¿Cuál?
—Jamás me pediste ser tu novio.
—Edward —me quejé, empujando su hombro.
—¿Qué? Yo soy el que ha estado cargando esto y dejando pistas, así que es bueno que tú hagas algo. Déjame disfrutar de esto por un minuto.
—Sé mi jodido novio.
Él jaló de un mechón de mi cabello, observando mis labios.
—Pregunta más amable.
—Eres tan inmaduro —bufé, lo que solo hizo que se riera—. Está bien. Por favor, sé mi jodido novio.
—Eres ridícula —murmuró, tomando de la parte trasera de mi cuello y acercándome a mi rostro—. Está bien.
—¿Sí?
—Seré tu novio.
—¿Sí? ¿Estás seguro que no quieres ser solo un follamigo? Porque hace unas semanas cuando estábamos en Iron Cactus con mis compañeros de trabajo, me dijiste que no querías una novia.
Su expresión se suavizó.
—Dije que no quería a cualquiera, porque te quería a ti.
—No recuerdo que hayas dicho esa última parte —dije suavemente.
—Eso es porque se suponía que lo descifraras por tu cuenta —explicó, cerrando la distancia para besarme. Su lengua suavemente hizo presión contra la mía, y su barba se frotó contra mi piel de la mejor manes mientras tomaba mi labio inferior entre sus dientes.
—Pídeme que sea tu novia —murmuré, abriendo los ojos, manteniendo mi mirada en la suya.
Él rio, dejando un beso casto en mi mejilla.
—Esa parte fue insinuada cuando me pediste ser tu novio.
—No me importa. Pregunta de todas formas. Quiero escucharte decirlo.
—Sé mi novia, Bella —dijo, repentinamente serio.
Mi pecho se contrajo y mi estómago dio un vuelco, y estaba completamente enamorada de este maldito que ni siquiera era gracioso.
Intenté contener mi sonrisa.
—De acuerdo. Pero solo porque eres muy sexy.
—¿Estás conmigo solo por mi aspecto? —bufó, fingiendo estar ofendido—. No hay forma que esto dure.
—Creo que tienes razón —concordé, entrecerrando los ojos en broma—. Probablemente duremos dos semanas como mucho.
—¿Dos semanas?
—Síp.
Su sonrisa era ladina, y enterró su rostro en mi cuello, besando el lugar bajo mi oreja.
—Entonces, probablemente debamos irnos de aquí ya y aprovechar el tiempo al máximo.
*Soy malísima, en inglés "I suck", suck=succionar, chupar, de allí el doble sentido ;)
¡Y hasta aquí llegamos! Pero mantengan sus alertas porque la autora hace unas semanas en el grupo comentó que existen outtakes de esta historia, solo que los tiene que buscar. Como ella está embarazada en estos momentos, no le insistiré, pero por favor, si disfrutaron de la historia consideren dejarle un review (el link está en mi perfil). Ella estuvo muy feliz de leerlos cuando le dejaron reviews en Don't Delete the Kisses y ¿que mejor forma de reconfortarla en estos momentos que con un lindo review? ;)
Les dejo dos alternativas:
Hi, Meg, I just read the Spanish translation of Head over Feet and I wanted to thank you for writing it and for allowing Pali to translate it. Hope to read more of your stories in the future. Greetings from (país en donde viven)
Hi, Meg, I just read the Spanish translation of this story and I loved it. Thank you for sharing your words and greetings from (país donde viven).
Si hay algo más personal que quieran decirle, no duden en consultarme.
Gracias como siempre y hasta la próxima traducción :)
