Cundo abrí la puerta, Karin se encontraba parada con una mano en la cadera y mirándose las uñas pintadas de rojo.
—Hola —dijo con indiferencia. Suspiré y asentí. Karin llevaba una falda bordo con una camisa blanca. Su cabello rojo estaba atado en una coleta con dos mechones cayendo en cada lado de su rostro.
Enarqué una ceja mientras cerraba la puerta. Yo solo llevaba pantalones grandes y una remera manchada de pintura en una esquina.
No es que no me gustara vestir bien, aún tenia mi guardarropa repleto de ropa con tonalidades rosas y magentas, pero para ir a una florería no es que se necesitara producirse mucho. Además no es que tardáramos demasiado, ¿verdad? Después de todo, el día estaba gris y según las noticias hoy llovería.
El silencio entre ambas era pesado. Nuestros pasos resonaban entre el asfaltado. Pocas personas iban y venían. Karin miraba hacia todos lados e inspeccionaba las vidrieras.
Cuando el sueño me estaba venciendo, Karin me observaba de arriba a abajo.
—Mmm —dijo. Me sobresalte y la miré, Karin me taladró con sus ojos rojos detrás de sus gafas—. No entiendo por qué, pero le agradas a Naruto.
Hice una mueca y seguí caminando.
—Eres afortunada —dijo estirándose-. Ese idiota es muy selectivo con la gente.
La observé con las cejas arqueadas.
—Naruto —dije para verificar. Fruncí el ceño. No podía imaginarme a Naruto mostrando una faceta indiferente hacia las personas.
—Él se ve... Ruidoso —dije indecisa.
—Bueno —dijo acomodando sus lentes y observando un punto fijo—. No debes juzgar a la gente por como se ve, o eso dicen los libros de autoayuda. Ni siquiera por lo que dicen, ¿verdad?
Miré el suelo. A si que ella también había oído los rumores.
—¿Por qué me dices eso? —dije. Karin observó el letrero y observó el lugar.
—Por qué el idiota de mi primo esta como una semana tratando de ver como hablarte —dijo abriendo la puerta de la florería que sonó como un tintineo.
...
El lugar tenia hileras de distintos tipos de flores. Todas amontonadas una arriba de la otra, dando aspecto de una selva.
—Por aquí debe estar —dijo Karin ondeando las flores. Se perdió en el lugar. Observé todo con sorpresa. Nunca me había parado a observar el lugar. Como era temprano, el lugar se encontraba vacío a excepción de nosotras dos.
Toqué un pétalo de una flor cuando escuché la voz.
—¿Puedo ayudarle?
Mi corazón se detuvo un momento. Ino observaba a Karin con una sonrisa y las manos plantadas delante suyo.
—Sí —dijo Karin observando el lugar. Me miró, y antes de que pudiera esconderme Ino ya me había visto—. Quiero semillas.
—¿De que clase? —respondió Ino mirándome. Dirigí mi vista hacia otro estante.
Debería esperar a Karin afuera.
—Hola.
Respiré hondo y me di la vuelta.
Ino me observaba de brazos cruzados, busqué a Karin con la mirada. Estaba agachada y mirando una planta con el rostro concentrado.
Mordí mi labio. Si quería decirme algo, este era el momento. Karin ya sabia todo y Naruto también.
¿Qué importaba ya?
Levanté el rostro, como lo hacia antaño. Esperando el golpe.
Mi corazón latía fuerte contra mi pecho.
—Sakura —dijo con seriedad.
—Mira —dije con los puños apretados. Por primera vez en mi vida sentía una pequeña brasa en mi interior.
—Ese corte esta mal hecho —dijo con las cejas levantadas.
El aire se me escapó de los pulmones. La confusión se tornó en mi rostro.
—Sígueme —dijo Ino. La seguí involuntariamente, me sentó en el asiento del mostrador y sacó unas tijeras del cajón. Me paré al verlas.
—No necesitas hacerme un desastre en el cabello —dije con los puños apretados. No sabia lo que pretendía, pero viniendo de ella no seria nada bueno.
—¿Más de lo que esta? —dijo Ino con las manos en la cadera. Me señaló con las tijeras—. Mira ese corte tiene clase, pero esta deforme. Solo recortare la parte uniforme. Confía en mi.
Mordí mi labio. ¿Confiar?
—¿Por qué lo haría? Después de todo me odias —dije sin sentarme. Parpadee y abrí los ojos. Sentía mi garganta reseca, era la primera vez que había puesto algo en palabras.
En palabras que salieran de mi boca.
Ino hizo una mueca y observó a un costado. Luego suspiró.
—Escucha, no te odio —dijo. Me miró a los ojos—. De verdad. Solo que me deje llevar por los rumores.
—Los que tu esparciste —dije con los puños apretados. Creía que Ino me enfrentaría y comenzaría a gritar, sin embargo observó el suelo con los ojos decaídos.
—Lo lamento —dijo. Oí las gotas chocar contra el techo. Me observó con los ojos llorosos. Mi corazón se apretó—. De verdad, lo lamento.
Nunca miré a nadie a la cara. Evitaba ver las muecas de disconformidad de mis conocidos, de asco de las personas sin rostro. Pero cuando miré fijamente a Ino pude ver sus ojos llenos de ojeras, demacrados y tristes.
Ella lo sabia, sabia exactamente que pasó aquel sábado en la noche. Desentrañó los rumores. Lo vivió en carne propia. Lo vi en sus ojos, desde que deje el ballet y me observaba los ojos frente al espejo de mi recamara, me observaba con esos mismos ojos, asustados, perdidos y confundidos.
Se notaba, siempre se notaba.
Pero no quería verlos, no quería enfrentarme, eran demasiados familiares. Debería irme, cruzar la puerta e irme.
Pero al verla ahí parada, solo hizo que algo me picara en la nuca. Observé hacia un costado, haciéndome la desentendida, la que no había visto nada.
Ino mordió su labio y observó el suelo. Las gotas comenzaron a intensificarse.
—Creo... creo que necesito ese corte —dije. Ino se limpió los ojos con su muñeca y asintió.
...
—Creo que tengo todo —dijo Karin apareciendo detrás de una estantería de claveles. Se detuvo y me observó abriendo los ojos—. Vaya, ahora si te ves como una chica decente.
Fruncí el ceño.
Me había el fleco colocándolo a un costado, y solo tenia un poco en la otra mitad perfilando mi rostro. Toque mi nuca rapada. Hice bailar mi cabello.
—Aunque le faltaría un corte de cejas -—dijo Karin.
—Eso mismo pienso yo —dijo Ino colocándose a un costado de ella. Asentí evitando mirar su nariz roja.
—Gracias —dije. Sin saber que otra cosa decir.
Ino me observó cuando le dio el cambio.
—Pásate por aquí de vez en cuando —dijo. Miró a Karin—. Tú también, aunque no sepa tu nombre.
Karin suspiró dramáticamente.
—Una noche de chicas me haría bien —dijo—. Aunque debería pedir permiso primero.
Ino frunció el ceño ante esto.
Aún en la puerta, sostenía un tumulto de emociones en mi interior.
—Sakura.
Giré la cabeza, Ino tamborileaba los dedos contra la mesa.
—Deberías ir a ver a Hinata.
...
—¿Quién es Hinata? —dijo Karin con las bolsas de compras en cada mano. La lluvia había secado y se sentía el olor a tierra mojada.
Negué con la cabeza.
—¿Por qué deberías pedir permiso para salir? —pregunté— ¿Qué edad tienes?
—Veinte —dijo Karin observando una cafetería—. Quiero café.
Nos sentamos en las sillas y ordenamos. Me removí en la silla. Las personas me miraron de reojo. Y el mesero me miró con mala cara.
—El año pasado estuve en la cárcel —dijo Karin observando la ventana. Dejé de mirar a las personas y la observé con sorpresa—. Vandalismo y robo.
Lanzó un suspiro.
—He estado en el orfanato desde los diez años. A los doce me escapé de ese lugar de mala muerte hasta que Kushina me encontró vagando por las calles. Me adoptó pero —hizo una mueca como recordando algo doloroso—. No me adapté bien. Los desobedecía y escapé las primeras veces. Siempre lograban encontrarme.
En ese tiempo me hice amiga de Naruto, un niño hiperactivo y cabeza hueca, pero de buen corazón. Me seguía en todos mis delitos, tratando de hacerme entrar en razón. Por alguna razón nunca me delató, seguí hasta mi adolescencia hasta que robé en una tienda, me siguieron hasta casa.
Continuó observando la ventana, aún cuando colocaron un café frente a ella.
—Nadie sabia que estaba pasando, solo Naruto —dijo. Sus ojos decayeron—. El asumió toda la culpa, lo llevaron a un centro de rehabilitación por ser menor. Estuvo por dos años, hasta que lo dejaron libre, aún así jamás me odió. La culpa me estaba carcomiendo, le dije todo a Minato y a Kushina. Me llevaron a la cárcel por falso testimonio. Aún así... El pueblo en el que vivíamos ya no veía con buenos ojos a Naruto, lo trataban como un criminal. Sus amigos no quisieron hablarles más.
Tomó un trago de café, mantuve mis manos alrededor de la taza. Imaginándome a ese niño asustado y triste al ver la mirada en sus padres.
—Cuando salí, creí que Minato y Kushina no querrían verme más, pero me aceptaron con los brazos abiertos. Les prometí que cambiaría y he estado yendo a un grupo de apoyo. Por eso las semillas.
De repente dejaron de importarme los susurros mal disimulados de las personas, las miradas de reojo.
—¿Por qué me cuentas esto? —susurré.
—Por que te pareces a Naruto —dijo—. Aunque no lo creas, Naruto aún teme que lo gusjen y le den la espalda. Pero el continua. Te vi cuando te enfrentaste a aquella chica.
Trataba de quitarme de encima la mirada de Ino como si me pidiera ayuda, en como desvié la mirada. Apreté la taza de café.
—No soy igual que Naruto —dije. Naruto lo había hecho por que era un chico de buen corazón, se notaba de lejos su aura.
Karin suavizó la mirada
—No lo sé, no escuchó rumores, más aún si sé que aquella persona trata de cambiar, paso a paso.
...
Se escuchaba bullicio en la casa de Karin cuando nos acercamos a la entrada.
—Esos idiotas —dijo Karin sin enojo en su voz—. Deben estar peleando otra vez por el control remoto.
—Son... muy animados —dije escuchando como algo se rompía.
—Sí —dijo Karin con una sonrisa. Me miró—. Gracias por acompañarme.
Iba a decirle que no importaba cuando la puerta se abrió.
—¿Qué haces aquí? —preguntó Karin con una ceja alzada. Naruto frunció el ceño.
—¿De que estas hablando? Siempre abro la puerta.
—Si, si —dijo Karin rodando los ojos. La cara de Naruto se tornó roja.
—Es enserio, yo... —dijo indeciso mirando sus pies.
Karin resopló.
—Espera aquí, Sakura, quiero darte algo.
Antes de que pudiera detenerla se internó en la casa, dejándonos solos.
Observé mis pies, tratando de decir algo que rompiera aquel silencio incomodo.
—El corte... te queda bien —dijo Naruto. Toque mi nuca inconscientemente.
—Sí -dije—. En la florería que fuimos, había una amiga que me ayudó.
—¿Cómo la pasaron? —dijo Naruto con los hombros relajados y recostándose en la puerta.
—Bien, aunque Karin es de hablar mucho —dije con una sonrisa.
—Sí, Karin es de hablar mucho. Aunque es experta en preparar bien el ramen —dijo acercándose con las manos en los bolsillos. Se sentó en los escalones y se revolvió el cabello—. No le digas a mi madre.
Me reí. Naruto se rascó con su pulgar el pantalón.
—Escucha, Sakura. Yo... —hizo una mueca-. No le hago caso a lo que digan. Si quieres hablarme alguna vez, aquí estoy.
—Lo sé —dije observando el cielo. No titubee—. Ese no es el problema.
—¿Entonces, por qué?
Abrí la boca sin saber como expresarlo. Pero antes de decir algo, Karin salió con un estruendo. Bajó las escaleras y me tendió una maceta.
—Es un bonsái —dijo observando el pequeño árbol con orgullo—. Debes cuidarlo con paciencia y dedicación.
—mmm, gracias —dije al extraño regalo. Los observé y bajé el rostro—. Debo irme, mi madre debe estar preocupada.
—Sí... —dijo Naruto acariciando su nuca.
"Naruto aún teme que lo juzguen y le den la espalda. Pero él continua." aún llevaba la voz de Karin en mi cabeza. Quité la tierra incrustada en la maceta.
—Tengo tu reproductor de música —dije. Naruto levantó la cabeza bruscamente mientras parpadeaba—. Mañana te lo alcanzó en la radio, si quieres.
—Si. Si, por supuesto. Lo súper necesito —dijo ansioso—. Además, podrás escuchar la lista de reproducción de música clásica, quiero decir... si quieres.
—Claro —dije. Mis hombros se relajaron, los salude y les di la espalda.
—¿Qué tipo de adulto dice "súper necesito"?
—¡Cállate!
Me reí mientras caminaba.
Tal vez, paso a paso.
