El corazón de un guerrero.


Esta serie de one shots es parte de la Gallirei week 2021. La primera consigna es: "Con niños".


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1. El mismo niño enamorado.

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Galliard frotó sus manos con fuerza una contra la otra una vez más. Odiaba esa época del año; el frío lo ponía de mal humor y no había refugio alguno en el campo de entrenamiento.

Recostado contra el helado muro de piedra junto a Pieck y Reiner, vio caer a Falco una vez más al suelo de forma estrepitosa. No había nada que hacer; ni en un millón de años ese niño lograría vencer a Gabi. Aun así, sonrió cuando Pieck lo animó a levantarse y hacer otro intento. Un poco más allá, Udo se lamentaba tumbado en el suelo tras ser derribado por Zofia.

Nada que hacer; estas niñas son de temer, pensó con un dejo de orgullo al ver lo fuertes que se volvían esos cuatro mocosos. Estar cerca de ellos lo hacía sentir más cerca de Marcel, sobre todo cuando alguno de ellos lo miraba con esos ojos ávidos por cualquier cosa que él pudiera enseñarles.

Un fuerte pitido del silbato del instructor sonó a lo lejos y los jóvenes cadetes suspiraron aliviados ante la pausa. Habían estado entrenando desde el amanecer y considerando lo alto que estaba el sol, ya debía ser casi mediodía.

Falco se les acercó cabizbajo y Reiner le ofreció una cantimplora con agua. El menor de los Grice se dejó caer pesadamente en el suelo.

No me digas que ya te rendiste. — inquirió Reiner con reproche.

¡Por supuesto que no! — se apresuró a afirmar Falco. Estaba decidido a superar a Gabi, se lo había prometido a sí mismo y a Reiner, y eso lo volvía un pacto de honor entre hombres. Él la salvaría.

Reiner se agachó a su lado y le puso una mano en el hombro. Se miraron con tanta solemnidad que Galliard y Pieck intercambiaron una mirada de extrañeza. Desde que habían regresado del campo de batalla esos dos estaban más raros de lo normal. Por lo demás, era irrisorio ver a Reiner apoyando a Falco con tanta vehemencia cuando todos sabían cómo se derretía su corazón por su pequeña prima.

Bien, sigue así. — Le dijo finalmente con una ligera sonrisa.

Ambos levantaron la mirada para ver a Gabi en el otro lado del campo de entrenamiento: Udo seguía tumbado en el suelo y parecía tener una discusión con Zofia que a Gaby le resultaba muy divertida, pues reía con ganas bajo el frío sol de ese invierno en Liberio.

Vice Capitán Braun, — lo llamó Falco tras unos segundos de silencio — Hay...hay algo que yo quisiera preguntarle.

Falco levantó la mirada hacia Pieck y Galliard que lo observaban con curiosidad. Un fuerte rubor se apoderó de su rostro y miró hacia otro lado mientras hablaba con fingida indiferencia. Pieck trató de disimular la diversión y ternura que le provocaba la timidez de Falco.

Es sobre cómo puedo...no, cómo puede un hombre decirle a otra persona, a una mujer que… lo importante que es, cuando… — Falco cayó en un avergonzado silencio.

Los guerreros mayores no tenían duda alguna del lugar por donde rondaban sus pensamientos.

¡Vaya, pequeño Falco! Sí que has crecido mucho estos días, ya eres todo un hombre preocupado del amor. — Rio divertida Pieck, pero luego prefirió callarse ante la mirada de súplica y reproche de Reiner.

Galliard, que hasta ese momento había estado en silencio observando la escena, tosió un poco para llamar la atención de Falco y acortó los pasos que los separaban hasta quedar de pie junto a Reiner.

Tienes que ir por ella, Falco Grice — le dijo con voz comandante y calándolo con su mirada más seria — En este mundo sólo los valientes tienen el derecho a merecer lo que sueñan. Mantener la distancia no te llevará a ningún lado.

Falco enrojeció violentamente y se giró para buscar a Gabi con la mirada; esta vez ella misma estaba sobre Udo y le impedía ponerse de pie mientras Zofia reía a su lado.

Pero, Galliard, yo no podría, no sabría cómo...

Reiner se compadeció desde el fondo de su corazón ante el suplicio del muchacho. Él mismo era un desastre en ese ámbito.

No te preocupes Falco; quédate a su lado y da lo mejor de ti. En algún momento, ella se dará cuenta — lo animó.

Tras pensarlo unos segundos Falco se puso de pie, bebió lo que quedaba de agua y se la devolvió a Reiner.

Daré lo mejor hasta el final. — afirmó con seriedad, antes de alejarse. En el fondo, se escucharon los llamados de Gabi mientras lo urgía a dejar de holgazanear para que las ayudara a inmovilizar a Udo.

¿Da lo mejor de ti? ¿En serio ese es tu consejo, Braun? Eres patético — quiso molestarlo Galliard.

Reiner se giró hasta quedar frente a él. Pese a que le sacaba un par de cabezas de altura, el porte de Porco era innegable; allí de pie, con ambas manos en los bolsillos, la cabeza ladeada, la expresión burlona de sus ojos claros y la nariz respingada y petulante. Si lo pensaba bien, Reiner siempre había creído que Porco era de esos hombres que podrían tener lo que quisieran, podría devorarse al mundo si ese era su deseo, arrasar con todo y no habría nadie que pudiera negarse bajo ese encanto arrollador. Se sintió pequeño a su lado, un niño torpe otra vez.

Le sonrió en una mueca que tenía más de tristeza que de diversión, con esos ojos suyos tan transparentes y un peso invisible que le caía sobre los hombros como en derrota. Frágil, sería la palabra que Galliard escogería para describir al hombre ante él; tan inmenso y tan condenadamente frágil.

Sí, supongo que al final soy bastante patético, ¿verdad? — le dijo Reiner tras un breve suspiro. Se giró y con calma se alejó hacia la salida del campo de entrenamiento. No lo dijo con amargura ni con intención de iniciar una discusión con Porco. Era simplemente una constatación.

De pronto, detuvo su andar y se giró lentamente hacia él una vez más con una sonrisa melancólica prendida en el rostro.

Quizás debí haberte escuchado más cuando éramos niños, ¿no crees, Porco? Tal vez tendría esa misma fuerza tuya tan devastadora — Le dijo esta vez con una genuina sonrisa en los labios antes de marcharse. Había algo dulce, algo desgarrador en su mirada.

Antes de irse, Reiner hizo un gesto de despedida con la mano a los cuatro niños que se acercaban a ellos.

De pie en el mismo lugar, inmóvil como una estatua y con la arrogancia totalmente perdida, Galliard intentaba disimular su fuerte sonrojo. Esa última sonrisa, esas últimas palabras, esa maldita mirada suplicante y torturada de Reiner le habían sacudido el mundo.

Cuando los niños se acercaron, para Gaby fue inevitable preguntarle en voz alta sí se sentía bien, porque estaba rojo como un tomate hasta las orejas, como si tuviera fiebre. Pieck sólo rio mientras pasaba caminando lentamente a su lado, apoyada en su vieja muleta de madera. Se dio el gusto de devolverle sus airosas palabras.

Tienes que ir por él, Porco Galliard. En este mundo solo los valientes tienen el derecho a merecer lo que sueñan.

Aún con la risa a flor de piel, se detuvo un momento.

Y tienes que dejar de llamarlo "patético". Al final, sigues siendo el mismo niño enamorado de antes.

Galliard bufó molesto y se mordió el labio con fuerza, avergonzado y nervioso por igual, y la vio marcharse. Justo ahora no le apetecía acompañar a su querida Pieck; le aterraba la facilidad con la que esa mujer podía leerle el corazón. Y es que, después de todo, no era realmente diferente de Falco. Arrastraba ese ridículo amor suyo desde que era un mocoso.

Tras él, las niñas nuevamente habían comenzado a torturar al pobre Udo.

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FIN

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Hola! Esta serie de one shots y pequeñas historias es mi aporte para la Gallirei week 2021 ¡Espero poder completar los seis días! Shippeo a Reiner y Galliard desde el día uno en que Galliard apareció en el manga, pero jamás pensé que esta pareja agarraría tanto vuelo como para llegar a tener una week, así que me siento muy emocionada por todos los lindos fanarts que aparecerán estos días. Agradezco, además, la motivación para escribir otra vez a pesar de estar tan tremendamente oxidada.

Muchas gracias a quien se de un tiempo para leer.