El corazón de un guerrero.
Esta serie de one shots es parte de la Gallirei week 2021. La segunda consigna es: "Herido/enfermo".
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2. Amarte como es debido.
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No era un sueño, no era otra de esas horribles pesadillas que lo atormentaban en las noches y cuyas sombras, agazapadas en los rincones, lo torturaban durante el día. Esta era la realidad, pura y dura. Cruel.
Frente a sus ojos, Porco se estaba muriendo.
Era imposible trazar el camino de heridas, llagas y sangre que surcaban su cuerpo, el uniforme que otrora lucía altivo, ahora hecho jirones. Arrastraba un pie el avanzar tortuosamente y el brazo derecho le colgaba de forma poco natural al costado.
La vida se le escapaba.
Y Reiner no podía alcanzarlo. No quería esto otra vez; había perdido a Bertholdt años atrás en el sueño impreciso de la muerte, no dejaría que Galliard se fuera también. Lo salvaría, iba a tomar su cuerpo maltrecho y arrastrarlo a algún lugar seguro en medio de ese infierno. Lo iba a sanar, él se regeneraría, y entonces la arrogante mirada con que lo saludaba cada día volvería a estar ahí. Las palabras burlonas con las que se mofaba de él frente a todos volvería a escucharlas; los besos secretos detrás de las puertas volverían, las caricias impúdicas y el calor de su cuerpo. La aspereza de su chaqueta del uniforme arañando sus mejillas, su cabello revuelto después del amor.
Porco se estaba muriendo frente a sus ojos.
Cuando volvió de la isla, Reiner se aseguró de dejar tras de sí enterrados su alma y corazón. Lo había perdido todo, se perdió a sí mismo. Y, despojado de todo cuanto tuviera valor en este mundo, retornó a su hogar con el pecho vacío y la dolorosa ausencia de Bertholdt.
Se echó a la espalda la misión desesperada de salvar a Gabi, sin más motor en su andar que la tenue esperanza que la mirada y corazón sinceros de Falco le ofrecían. Por esa oscuridad andaban sus pasos hasta que Galliard, violento y tempestuoso como era, lo obligó a levantar la cabeza otra vez.
— ¡Me tienes harto, Braun! — le gritó un día mientras, de una sola patada, mandó a volar la pequeña mesa del cuarto que compartían en la base militar cuando no tenían días libres para ir a casa a descansar. — Ya no soporto ver tu patética cara de derrota ¿Dónde está el inútil mocoso insoportable que pensaba poder derrotarme?
¿Qué podía decir Reiner frente a eso? ¿Alguna vez fue realmente alguien con un motivo tan grande como para luchar realmente? Difícilmente recordaba esos días.
— Galliard… ¿qué quieres de mí? No hay nada más aquí — le respondió simplemente, recostado contra la puerta cerrada del cuarto, como si pudiera descansar allí la inmensa pesadumbre que había sobre su espalda.
Galliard se acercó con pasos decididos, lo tomó de las solapas de su impecable chaqueta de oficial y lo empujó contra la puerta.
— ¡Y una mierda! Quiero que vuelvas, carajo — le espetó tan cerca de su rostro que Reiner pudo ver cómo alrededor de su nariz las pecas que tanto le avergonzaban de niño seguían en su lugar. — Y una mierda, Reiner. No te permito la autocompasión.
Porco besó a Reiner de forma torpe y con urgencia, con más propósito que arte, porque la desesperación de perderlo en vida le estaba carcomiendo la cordura. Era tanto lo que sentía cerca de Reiner, una mezcla de rabia, desesperanza, urgencia y deseo, que se negaba a simplemente dejarlo ir.
Tras ese primer beso el derrotero fue tan inevitable como la muerte misma: era el rival que se había convertido en compañero; el compañero convertido en amante; el amante que se volvió un amor.
Eran dos hombres de la guerra, sanguinarios y sin miramientos, que en los momentos de silencio se buscaban con la mirada. Eran dos niños en medio de una carnicería de vidas humanas que se encontraban en la reconfortante calidez de una cama para sobrepasar las tinieblas.
Reiner se abandonaba a esa extraña forma de amor en medio del caos, y Galliard procuraba exorcizar los demonios propios y ajenos en esa turbulenta pasión que le nacía sin poder evitarlo y que no terminaba de entender.
Y ahora, se estaba muriendo. Herido a más no poder.
Se estaba muriendo porque había algo más importante que salvar. Si alguien le hubiese dicho que moriría por defender a Reiner y sus irreales esperanzas, se habría reído tres días enteros. O quizás no.
Porque viéndolo a la distancia en ese momento, no podría haber hecho otra cosa que morir por él. Sólo entonces entendió en plenitud el corazón de la predecesora Ymir y de su propio hermano. Las heridas que le corroían el cuerpo ya no eran tan importantes.
Sólo lamentaba no poder tener un último beso.
Reiner, paralizado en la niebla indefinible de quien pierde lo amado, lloraba lágrimas impotentes. Porque la mirada de Porco le hablaba de un amor triste, un amor destinado a la tragedia ¿Por qué no lo amó mejor, más? ¿Por qué dejó que sus demonios le robaran minutos a sus encuentros? ¿Por qué no lo besó de nuevo esa mañana? ¿Por qué la última vez lo dejó marchar de su cama sin decir palabra alguna, mientras el ritmo fúnebre de las botas militares marcaba su paso?
Reiner no quiso verlo herido, no quiso ver más la sangre que ensuciaba su cara y le enturbiaba la mirada; quiso mirarlo con la benevolente pátina de la desnudez cerca de su propio pecho, con la complicidad de la oscuridad ocultándolos de ojos ajenos que no estarían dispuestos a comprender. Y es que nunca antes Porco Galliard había tenido una mirada más dulce que en esos momentos.
Un fuerte retumbar en el suelo bajo sus pies sacudió todo y barrió con los recuerdos para traerlo de un golpe al ahora. Se prendó de los ojos de Porco para acompañarlo hasta el final, y quiso leer en su mirada todo cuanto él tenía para decir aún, pero el tiempo se había acabado.
Con los ojos tiernos y una inesperada calma, Galliard le dio la bienvenida a la muerte.
"Quizás en otra vida pueda amarte como es debido, Reiner", fue el último pensamiento de un hombre herido que no esperaba otra cosa que ir al infierno, saludando a la muerte y diciendo adiós a su torpe amor.
FIN.
Hola de nuevo! Qué pena me dio escribir este one shot! Sufrí horrores la muerte de Porco y temo la muerte de Reiner en lo poco que queda del manga. Veremos qué nos tiene preparado Isayama para el gran cierre. Muchas gracias a quien se de el tiempo de leer, y Pame, si vienes por aquí de nuevo, te digo que te amo con locura. Gracias, querida, por tus palabras en el capítulo anterior, me derrites el kokoro. Soy feliz escribiendo estos shots sin mayores pretensiones de leer lo que quería de ellos, pero que lo hayas sentido también, es hermoso.
Cariños,
