Hola a todos! He aquí traigo un pequeño one-shot Feligette. Espero que les guste mucho, vi una camiseta que inspiró este escrito y VAYA QUE ME RECORDÓ A FÉLIX! Ustedes ya leerán por qué. Así pues y sin nada más qué decir además que la S4 me tiene preocupadísima… COMENZAMOS!
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Amargados.
Capítulo único.
Levantarse temprano era un reto que para algunos era una tarea sencilla, es decir, despertándose al sentir los rayos del sol, saltar y sonreír a un nuevo día… pero para algunos las mañanas eran sus peores enemigos, y para los Agreste era una tarea más que difícil. Bridgette Agreste se había acostumbrado a levantarse apenas y sonaba la alarma, después de años de retrasos al fin se había sobrepuesto a su costumbre de levantarse tarde, mientras que sus hijos aun batallaban con eso aun cuando estaban en la universidad. Bridgette suspiró al ver a sus hijos arrastrarse al baño a lavarse los dientes y la cara.
-Espero que cuando salgan de la universidad puedan lograr vencer el sueño.
-Les heredaste tu sueño pesado, querida. Eso es algo inevitable.- dijo Félix escondiendo su sonrisa tras su taza de café y leyendo las noticias en su celular. Bridgette se ofendió un poco pero luego sonrió de lado.
-Es cierto… al menos no heredaron tu despertar, charon.- el rubio arqueó su ceja y miró a su esposa que seguía preparando el desayuno.
-¿Perdona?
-¿Tengo que explicarlo?
-Me encantaría que lo hicieras mi lady.
-Bueno, digamos que fuiste tú quien me ayudó a levantarme temprano junto con la cafetera.
-Aún sigo sin entender a qué te refieres.
-Ahora lo vas a entender.
Ante ellos apareció su hija Felicia. La adolescente arrastraba los pies y su cabello negro cubría al frente en una posición encorvada y aun vistiendo su pijama, si bien su padre vestía con pijamas de seda o algodón fresco, ella vestía unos pantalones verdes con los dibujos de cabezas de gatos animados, y una amplia camiseta en la que se veía a un gato cascarrabias con la leyenda "Mi humor de hoy es malo con un toque psicópata". Félix levantó su taza de café.
-Buenos días, Felicia.
La joven murmuró algo ininteligible levantando su mano donde estaba su cinta para el cabello y sus gafas, ni siquiera los miró y entró al baño. Bridgette señaló a su dirección.
-No todos somos buenos madrugadores, mi lady. Eso hasta tú lo sabes.- justificó Félix a su hija.
-Espera un poco...
Escucharon las risas de los hermanos que gustaban meterse un poco con su hermana picándole un poco.
-Mira qué cara.
-Vas a espantar a alguien.
De repente sus risas callaron y el sonido de un gato rabioso se hizo escuchar haciendo que ambos salieron corriendo con el cepillo de dientes y espuma en la boca y crema de afeitar a mitad de la cara. Félix miró la escena sorprendido y luego la joven salió del baño aun con una expresión huraña pero con la cara limpia y con sus gafas puestas. Bridgette se acercó y le tendió una taza de café roja con el dibujo de un gato negro.
-Toma cariño. Café con leche.- Felicia bebió el líquido en algunos sorbos y luego miró a su madre con mejor cara.
-Muchas gracias mamá. Buenos días papá.- bostezó y luego los hermanos se asomaron de la esquina para regresar en silencio de vuelta al baño pasando tras su hermana, que seguía bebiendo su taza de café y poniendo mermelada a una tostada antes de saborearla con gusto.
Félix miró a su esposa que le dedicó una sonrisa burlona y Félix suspiró resignado, pero no le podía culpar. Los gatos podían despertarse de terrible humor si se les molestaba o interrumpían su sueño, y admitía que no era un feliz madrugador, tal y como su hija. Pero él tenía a su mariquita que cada día le sacaba una sonrisa, y esperaba que su hija a futuro, MUY a futuro, encontrara también a quien lograra sacarle una sonrisa todos los días, ya que eran un par de gatos amargados por las mañanas.
En esos momentos, Félix fue besado en la cabeza por su esposa al aceptar humildemente la derrota sin ver que Felicia escondía su sonrisa tras la taza al ver en su celular un mensaje de Tristán Couffaine para salir esa tarde.
…
Extra:
Bridgette se acercó a la recamara de su hijo menor, el pequeño Emile. Y al intentar abrir la puerta se encontró que la puerta estaba atrancada.
-Otra vez no. ¡Emile! ¡Emile abre!- el pequeño estaba en su cama, tranquilamente dormido mientras su puerta estaba atrancada con una silla y con todos sus juguetes.- ¡Emile que se te va a hacer tarde! ¡Emile Tomás Agreste! ¡Abre que no te puedes zafar de los lunes!- el pequeño ni siquiera se movió. Con algodones en sus orejas siguió con su pacífico sueño, y con Pollen a su lado que dejaría que su madre viera la forma de entrar unos minutos más. Y a pesar de que Pollen quería decir algo, le gustaba más estar acurrucada a ese pequeño niño que era su pequeño príncipe.
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Y…. Espero que les haya gustado! Gracias a todos por leer. Dejen review, nada de tomatazos, acepto bebidas de temporada y postres. Y sin más qué decir… UN ABRAZO! UN GUSTAZO! Y HASTA LA SIGUIENTE!
