For good
And we are led to those
Who help us most to grow if we let them
And we help them in return
Aurora & Wilhelmina & Septima
Aurora entra en Las tres escobas apresurada. Se sacude la nieve que ha caído en su sombrero y busca con la mirada a sus compañeras de Hogwarts. Las localiza en seguida, a pesar del gentío que hay en el local, ya que Septima alza una mano para llamar su atención.
—Lamento el retraso, chicas —se disculpa—, pero los de primero han formado un alboroto en Honey Dukes y he tenido que ir a tranquilizarlos.
—Aurora, cariño, ¿vas a tomar algo? —le pregunta Madame Rosmerta desde la barra.
—Un hidromiel, por favor —le responde la profesora de Astronomía, sentándose frente a Wilhelmina.
—¿Has tenido problemas en controlarlos? —inquiere la profesora de Criaturas Mágicas—. Porque yo a veces no lo consigo y temo perder un poco la paciencia.
—No. Ha sido poca cosa, pero el dependiente se estaba inquietando y no quiero hacerme responsable de los destrozos ocasionados.
—¿Qué ha sido esta vez? —quiere saber Septima.
—Una piruleta de fuego. Al parecer, era la última que quedaba y dos de ellos han empezado a discutir por quién la ha visto primero.
La tabernera regresa con la bebida de Aurora y ésta le da las gracias, mientras sigue con su charla:
—Hay días en donde no sé de dónde saco las fuerzas para controlarlos —se queja Septima, dándole un trago a su cerveza de mantequilla—. Si no fuera porque tenemos estos momentos de tranquilidad de vez en cuando, yo creo que me volvería loca.
—Y que lo digas —asiente Wilhelmina, que juguetea con su vaso de agua alegre con un dedo—. Yo esta semana he tenido que pedirle a unos de Slytherin que los cangrejos de fuego no son para lanzarlos a nadie.
—Déjame adivinar —la interrumpe Septima—: ¿a los de Gryffindor?
Wilhelmina niega con la cabeza.
—Hufflepuff. —Pone los ojos en blanco y le da otro sorbo a su bebida.
—Yo esta semana la he tenido tranquila —musita la profesora de Aritmancia—. Tan solo he tenido a un par que han llegado tarde a mi clase, pero por lo demás, tengo suerte de que mis chicos son buenos. Pero he de reconocer que muchos son unos locos.
—Yo no envidio nada a Mina —comenta Aurora—. Sé que es una asignatura fascinante, pero no es una asignatura fácil de llevar con niños. Mucho menos inquietos.
—Por suerte tengo paciencia —responde Mina, bebiendo un trago de su agua alegre—. Pero yo creo que estamos infravalorados. Muchos no saben el trabajo que hay detrás del esfuerzo de esos chicos.
—Y si el niño suspende —replica Septima—, la culpa es nuestra, que no sabemos explicarles bien las cosas.
Las tres mujeres pusieron los ojos en blanco y negaron con la cabeza.
—Pues, ¿sabéis qué? —propone Aurora—, creo que deberíamos brindar por nosotras, por la paciencia que les tenemos y por no mandarlos de una patada a sus casas.
Septima y Mina alzan sus copas y las chocan con la de Aurora.
—Por nosotras —dicen al unísono.
NDA: Pues como sé que a Roxy les gustan las relaciones entre profesoras y las cosas cotidianas, qué hay mejor que tres amigas, compañeras de trabajo, hablando de cómo han pasado la semana mientras toman algo en un bar, para relajarse.
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