Disclaimer: Los personajes de Digimon Adventure no me pertenecen, hago esta historia solo con fin de entretener.

Esta historia participa en la actividad SoratoWeek.

Día 2: Cambio de género

Té de malteada

Cada viernes que tocaba con banda en aquel café, veía a aquel muchacho de preciosos ojos como rubíes, los cuales siempre le miraban con gran admiración y asombro mientras tocaba y cantaba. Sabía que iban al mismo instituto y mismo año, pero en secciones distintas, lo poco que sabía era que su apellido era Takenouchi y que estaba en el equipo de tenis.

No estaba muy segura de porqué, pero que fuera a verla le inspiraba mucho más que los días que no estaba, hasta llegaba a sentirse algo decaída en tales ocasiones. Se preguntaba si aquel muchacho pelirrojo alguna vez le aceptaría una bebida, quizás un té helado o una malteada. Quería invitarlo, realmente deseaba hacerlo, pero por alguna razón, llegaba a cohibirse de un modo bastante absurdo, ni siquiera en su primera vez en un escenario se sintió tan nerviosa.

Su hermana menor le había insistido muchas veces en que lo hiciera, que no perdía nada con intentarlo y, aunque sabía que tenía razón, acercarse siempre era un problema. No podía hacerlo en la escuela sin que se viera raro, más cuando la veía con esa chica de alborotados cabellos marrones, no podía evitar sentirse hasta celosa de ver que eran tan cercanos, tan amistosos y ella ni siquiera podía acercarse.

La mejor opción era intentarlo durante su estancia en el café, no había de otra. Tuvo que armarse un buen de valor para hacerlo, y se sentía tonta, siempre recibía cartas de chicos y cientos de invitaciones a salir, pero solía rechazarlos –normalmente de una forma algo ruda y hasta grosera-, pero ahora, cuando era ella quien tenía que invitar un chico a salir, se sentía como un gatito asustadizo. Vaya ironía.

Esa tarde, poco antes de que pasaran a tocar, miraba en busca del muchacho de hebras rojizas en espera de que llegara antes, quizás así podría hablarle antes de que se marchara. Sus ojos azules se movieron en todas direcciones, buscando al susodicho más no le encontró, ¿acaso no iría ese día? La sola idea le desilusionó bastante, se había preparado la semana entera para eso y ahora no aparecía en ningún lado ¿tendría que esperar a la semana siguiente?

Se pasó una mano por su rebelde cabellera rubia, suponía que no cantaría con la misma emoción de siempre esa ocasión, no significaba que no lo haría bien, pero de algún modo no era lo mismo sin aquel muchacho entre el pequeño público que tenían, a fin de cuentas, apenas y estaban dejando de ser una banda de garaje.

—Yamako, te buscan —le llamó la joven baterista, señalando la parte posterior del pequeño escenario donde apenas acomodaban sus instrumentos y se aseguraban que todo con el sonido marchara bien. Dejó su guitarra con cuidado en su estuche para ir con quien sea que le estuviera buscando, quizás se trataba de su hermana menor.

—Ishida-san, disculpa que te interrumpa antes de su toque.

La rubia abrió sus ojos con gran sorpresa al ver al muchacho pelirrojo ahí frente a ella. Lucía un poco apenado, pero a la vez sonreía con una suavidad que le aceleraba el corazón como si se le fuese a salir del pecho.

—Tal vez no me conoces, pero vamos a la misma escuela, mi nombre es…

—Takenouchi-kun, sí sé quién eres, quiero decir, te he visto en la escuela y también aquí —se adelantó a decir. El chico expresó algo de sorpresa, aun así, pronto sonrió y asintió.

—Sí, pero Sora está bien —se presentó mejor, al menos a su parecer tenía un nombre precioso, ¿Cómo no lo había averiguado antes? —. Lo que quería decirte es que de verdad admiro mucho como cantas y que tienes una voz impresionante, tal vez es algo obvio ya que siempre trato de venir a verte, al menos si mis entrenamientos no acaban muy tarde.

Entonces era por eso que a veces no aparecía, bueno, le aliviaba saber que no era por estar en alguna cita con esa chica Yagami.

—Muchas gracias, siempre me anima mucho verte en el público —confesó, sintiendo que el rostro y las orejas se le calentaban —. A decir verdad, quería decirte que… ¡que podríamos tomar un té de malteada!

Ambos se quedaron en silencio un instante, Sora se sintió confundido por un momento ¿había escuchado mal? Por su lado, Yamako enrojeció al darse cuenta de la barbaridad que había dicho, ni siquiera tenía sentido, se había puesto nerviosa y habló tan rápido que dijo algo sin coherencia alguna. El pelirrojo emitió una risita que le hizo sentir aún más abochornada.

—Una malteada suena bien, yo invito —le dijo con una sonrisa bastante cálida y encantadora. Ishida, a pesar de seguir roja de la pena, acabó por sonreír y asentir.

—Claro, ahora deberías tomar asiento, el show será para ti esta vez—no supo de dónde sacó el coraje para decir aquello, pero lo hizo y, con una sonrisa más segura, regresó al escenario.

Takenouchi tomó asiento y se dedicó a escuchar maravillado a la muchacha de ojos azules, al menos su mejor amiga había tenido mucha razón y le agradecía infinitamente su insistencia en que se dignara a invitarla a salir. Y es que no solo Yamako había estado sufriendo con la vergüenza y el pánico por hablarle, el pelirrojo tampoco había dejado de pensar y buscar la manera de hacerlo por semanas.

Y ahora, podía no solo disfrutar el espectáculo, sino también emocionarse de saber que después del show, no iría a casa como siempre, sino que tenía una especie de cita con la vocalista de Teenage wolves. En cuanto a Ishida, cantó con más emoción que nunca ese día, feliz con la suerte que tenía de tener una oportunidad de conocer mejor a ese muchacho de bellos ojos rubíes.

FIN

Holaaas, aquí estoy con el día dos, la verdad no esperaba hacer dos días seguidos jaja, es un gran logro para mí. Espero que les haya gustado, adapté el nombre de Yamato al femenino (Yamako: el Ko en los nombres tengo entendido significa "niña" y es común en los nombres femeninos"), pero a Sora lo dejé como estaba ya que su nombre es unisex. Bien, me despido, nos leemos.