Importante: Eremika. Canonverse. Ubicado al principio de la temporada 3, después de la escena del capitulo 50 del manga.
Me disculpo de antemano por cualquier OoC que esto pueda contener (¡y mis errores de ortografía o gramaticales!)
Eren tragó saliva al despertar y notar las siguientes fechas en el calendario de la cabaña. Había estado tan ocupado ayudándole a Hange en sus experimentos que no se había percatado de que estaban a días del cumpleaños de Mikasa.
Resopló, decepcionado de si mismo. Había estado esperando el cumpleaños de la azabache con ansias, puesto que veía una oportunidad «o un pretexto» para agradecerle todo lo que ha hecho por el.
Y ahora que se encontraba escondiéndose del mismísimo gobierno, sería complicado encontrarle un regalo ideal. Con mucho trabajo hallaban campos para realizar los experimentos, y ya se imaginaba la negativa que le diría el Capitán Levi si le solicitaba ir a la ciudad en busca de algún regalo.
— Y yo que había ahorrado. — Murmuró para si mismo.
Aún con el animo bajo, se adentró a la cocina, con la esperanza de toparse con su mejor amigo, y que este le pudiera ayudar a idear un regalo para Mikasa.
— Oh, Eren. Buen día. — Saludó Armin al notar su presencia, pero la sonrisa que le dedicó cambio al instante una vez que notó la pesadumbre de Eren — ¿Sucede algo, Eren?
— Buen día — Replicó Eren, sentándose y apoyando su mentón en la mesa. Ni siquiera se molestó en preparar algo para desayunar, su mente y animo se centraban en la azabache. — Aún no sé que regalarle a Mikasa por su cumpleaños.
— ¿Huh? — Armin dejó su bocado en el aire, poniendo los ojos en blanco — ¡Pero solo faltan cuatro días!
— Lo sé. — Respondió Eren, algo avergonzado.
Armin se llevó la mano al mentón, en una posición pensativa. Eren no tenía muchas opciones, prácticamente estaban alejados de la civilización, y tampoco contaba con tiempo.
Dentro de sus reflexiones, se encontró pensando que tal vez era ridículo el siquiera pensar en festejar un cumpleaños, en medio de todo el caos que se encontraban viviendo recientemente. Con constancia tenían que cambiar de ubicación para no ser encontrados, y que el gobierno no apartase a Eren ni a Historia de sus lados.
Pero los cumpleaños eran fechas importantes, los cumpleaños significaban la vida, significaban humanidad, y al final del día, todos ellos eran defensores de la humanidad.
En cuanto al regalo, Armin sabía de antemano que cualquiera cosa que Eren le regalase a Mikasa sería bien apreciado por ella. Aquí el problema era su amigo de ojos verdes, que no aceptaría regalarle cualquier baratija a Mikasa.
De pronto dejó salir un suspiro. En realidad, la vida de sus mejores amigos sería más simple si tan solo se dieran cuenta de que—
— ¿Qué le regalarás tu? — Preguntó Eren, interrumpiendo sus pensamientos.
— ¿Qué? — Se sonrojó, al sentirse sorprendido por sus propios pensamientos, pero rápidamente puedo volver en si — ¡Ah! Un libro.
Eren arqueó una ceja: — ¿Un libro? ¿Y de qué trata?
— De una heroína — Armin sonrió — Cuyo destino era conocer a un joven... para no hacerte largo el cuento, ella le ayuda al joven a enfrentarse a una horrible suerte; al final salen con vida, se dan cuenta que están enamorados el uno del otro, y viven felices para siempre.
Armin observó expectante la reacción de Eren, pero solo arrugó su nariz.
— Armin… eso es muy cursi — Soltó un bufido — Mikasa es una chica, ¿pero tu crees que le vaya a gustar un cuento así?
— ¿Y tu crees que no? — Pensó Armin divertido en sus adentros.
Ni el uno ni el otro se habían dado cuenta, que algunos integrantes de la tropa de reclutas número 104 se les habían unido en la mesa del desayuno.
— Oye — Dijo Jean, en un tono molesto — ¿No estarán hablando sobre el cumpleaños de Mikasa?
— Si, ¿Algún problema? — Respondió Eren a la defensiva.
A Jean se le formó una sonrisa socarrona: — Bueno, no tiene sentido que le regalen algo, ya que el mejor regalo se lo daré yo. No vale la pena que se esfuercen.
— ¿Eh? ¿Y qué piensas regalarle, Jean? — Inquirió Sasha entre bocados.
— Un cárdigan. Así cuando tenga frío ya no necesitará usar la bufanda apestosa que le regaló Eren.
— Oye — Soltó Eren con rabia — No es una bufanda apestosa, además se le ve muy bien.
La tropa intercambió miradas por un segundo. Hasta que Connie se aventuró a intervenir:
— Ninguno de ustedes les llega a los talones a mi regalo. — Presumió.
— ¿Ah sí? ¿Y qué es? — Respondió Jean, interesado en la presunción de Connie.
— Calzoncillos de Eren — A Connie le brillaban los ojos — Le quedarán bien para dormir.
— ¡Oye! — Gritaba Eren mientras se levantaba de su asiento.
Pero pronto Connie levantó sus brazos para calmar a Eren, mientras una gota se derramaba por casi su nula cabellera.
— Tranquilo Eren, solo era una broma — Dijo despacio y con cautela.
Eren frunció su ceño y se volvió a sentar mientras le mantenía una mirada de pocos amigos. Una vez que se volteó, Connie le susurró a Sasha a través de la mesa un "No es una broma", a lo que Sasha solo pudo reír en lo bajo.
— Pues Historia y yo le hornearemos un delicioso pastel de frutas exóticas que hemos recolectado en otras tierras. — Decía Sasha a la vez que un hilo de baba le colgaba de los labios.
— ¿Estás segura de que es un regalo para Mikasa? — Respondió Armin con una sonrisa nerviosa, sabiendo que Sasha probablemente se acabaría el pastel sola.
Y Sasha sonrió con entusiasmo: — ¡Claro! Mikasa podrá probar una rebanada.
La tropa volvió a intercambiar miradas sabiendo que, muy probablemente, Mikasa jamás degustaría esa rebanada.
— ¿Y tu que piensas darle, Eren? — Preguntó Jean con un tono muy leve de preocupación.
A lo que Eren dejó caer su cabeza contra la mesa, en signo de derrota.
— No lo sé.
No pasó ni medio segundo cuando la tropa soltó sonidos de sorpresa y desaprobación, colocando el animo de Eren aún mas en los suelos.
— ¡Eres el peor de los amigos! — Sentenció Sasha.
— ¡De entre todos, tenías que ser tu el desconsiderado! — Juzgó Connie.
— No esperaba menos de ti. — Se burló Jean.
Eren apretó los ojos en medio del bullicio y de los juicios. Cuando chocó los puños contra la mesa y se reintegró en su asiento.
— No es como que no le quiera regalar nada, solo necesito algo perfecto. — Dijo Eren en su propia defensa.
Y la tropa quedó en silencio, con las miradas sobre Eren. Todos sabían que aquí su posición era la ventajosa. Si tan solo se diera cuenta de que podría darle una piedra a Mikasa y que realmente ese sería el regalo victorioso.
— ¿Qué tal flores? — Sugirió Armin en un intento de matar el silencio.
Eren arqueó la ceja: — Muy soso. Y no creo que sea suficiente.
— ¡Ya sé! — Soltó Sasha sintiéndose victoriosa — Le puedes cocinar un banquete, por estas tierras hay jabalíes deliciosos, y—
— No soy buen cocinero. — Admitió Eren con un rubor en sus mejillas.
— ¡Lo tengo! — Exclamó Connie — Una pistola, así será le será más fácil matar a los que intenten secuestrarte.
— ¡Oye! — Volvió a exclamar Eren con notoria molestia. — No volverán a secuestrarme. Además, no hay ningún lugar cerca donde vendan armas.
— Ya les dije que no tiene sentido que se esfuercen — Advirtió Jean — No pueden contra mi regalo.
Y el bullicio se volvió a hacer presente en la cocina, mientras todos discutían por el mejor regalo para Mikasa.
La puerta de la cabaña se abrió, dejando ver a la líder de escuadrón Hange Zoe, junto con su fiel compañero y asistente, Moblit Berner.
— Hola Hola — Saludó con su típico entusiasmo — ¿Listo para empezar a experimentar, Eren?
Pero Eren se quedó pasmado al darse cuenta de que no había desayunado. La platica del cumpleaños de Mikasa se prolongó mas de lo que había previsto.
— S-si. ¡Un momento! — Decía mientras robaba un pan del plato de Armin y se lo llevaba a la boca.
Hange paró la trompa: — Parece que aún no estás listo, ¡pero si ya es tarde! ¿Qué te ha consumido tanto tiempo?
Eren negaba con la cabeza y un leve rubor se aparecía en sus mejillas mientras se atragantaba de pan. Pero Connie fue «maliciosamente» más rápido y contestó:
— Ya casi es el cumpleaños de Mikasa, y Eren no tiene ningún regalo preparado.
— ¿¡Qué!? — Exclamó Hange con tono de sorpresa como si hubieran derribado el muro Sina — ¿Cómo puede ser posible Eren?
Eren fulminaba a Connie con la mirada a la vez que intentaba pasar el último trozo de pan por su garganta.
— Aún estoy a tiempo, encontraré algo y —
— Esto si es una verdadera tragedia — Lo interrumpió Hange — Hasta yo tengo un regalo perfecto para Mikasa.
Todos se mostraron sorprendidos, incluso Moblit.
— ¿Q-qué piensa regalarle? — Inquirió Moblit, con cierto miedo a la respuesta que pudiera dar Hange.
Y los ojos de la líder de escuadrón brillaron como si hubiera descubierto nueva información sobre los titanes.
— Ya sabes como Mikasa nos ha estado ayudando a experimentar con Eren. ¡Es obvio que es una gran devota de la ciencia! Así que he decidido darle…
Hizo una pausa en busca de causar dramatismo e interés lo cual «lo consiguió muy hábilmente».
— ¡El diente de Eren! — Dijo mientras lo sacaba de su chaqueta y lo sacudía en un diminuto frasco.
Todos «menos Eren» soltaron un 'wow' al unísono y Hange lo sostenía en el aire como si fuera la cura para revertir el titanismo.
Eren casi se hallaba en el suelo, desmayado. Su rostro estaba azul.
— ¿E-es el diente que el Capitán Levi le tumbó a Eren durante el juicio? — Preguntó Armin.
— Así es — Hange sonrió — Lo recuperé en ese entonces y como a Eren le creció uno nuevo, lo guardé por si era necesario. Pero como Mikasa ha mostrado tanto interés en los experimentos, decidí que es mejor que ella lo tenga.
Armin sonrió con nerviosismo, esperando que el interés de Mikasa en la ciencia fuera genuino.
— L-líder Hange… — Decía Eren mientras intentaba recuperar la cordura — ¿P-podría no—
Pero la puerta de la cabaña volvió a abrirse. Hange guardó el diente rápidamente, y Mikasa e Historia hicieron su aparición en la cocina.
— ¡Eren! ¿¡Qué te sucede!? ¿¡Por qué estás azul!? — Mikasa se aproximo a su amigo rápidamente una vez que notó su estado. Dejó caer la leña que venía cargando, y se posicionó tras Eren, preparándose para aplicarle una maniobra de Heimlich, suponiendo rápidamente que Eren se ahogaba con su desayuno.
Eren intentó reincorporarse, pero Mikasa fue más rápida, lo tomó por la cintura y empezó a tirar de Eren, quien se encontraba rojo hasta las orejas, sin saber si era por la escena o por la proximidad de la azabache.
— ¡Eso Mikasa! ¡Salva a nuestro sujeto de experimento! — Exclamó Hange mientras levantaba un puño animadamente.
— ¡Espera Mikasa! Eren se encuentra bien — Armin se levantó de su asiento en auxilio de Eren.
— ¡Mikasa! Yo también siento que me ahogo — Fingía Jean mientras se llevaba una mano a su cuello.
— ¿Tu también Jean? ¡Moblit, auxilia a Kirtchstein!
— ¡Si!
— N-no, Moblit, e-espera.
— ¿Qué esta pasando aquí?
Todos pararon en seco ante la aparición de Levi, quien arqueó una ceja al observar la extraña escena. Eren aprovechó para por fin reincorporarse.
— Me encuentro bien, ya puedo ir a experimentar. — Dijo antes de que pasará alguna otra locura en una sola mañana.
— ¿Seguro que te encuentras bien, Eren? — Decía Mikasa aún agitada por el susto.
— Hoy no podrán experimentar. — Anunció Levi — Hange y yo tenemos que reestructurar planes. Todos ya saben que actividades les toca este día.
La tropa asintió, Hange se mostró decepcionada.
— Mikasa, Sasha, les toca hacer vigilancia. — Indicó antes de subir al segundo piso de la cabaña, con Hange rezongando detrás de el y un Moblit aun paniqueado por todas las escenas anteriores.
Mikasa suspiró: — Los veré después. Vámonos, Sasha.
Sasha había aprovechado las distracciones para terminarse los platos de Jean y Connie, quienes reaccionaron una vez que la castaña cruzó el umbral de la puerta.
Eren también soltó otro suspiro de resignación. Los días que no podía experimentar eran largos, muy largos, porque no podía permitirse que lo detectaran cerca de la cabaña o cualquier escondite del momento, lo cual, inhibía las posibilidades de poder pasear a los alrededores.
Y un día sin experimentar solo significa que era un día de limpieza.
Antes de colocarse los pañuelos para empezar con a barrer la cabaña, recordó el tema que tanto giró alrededor de su cabeza toda la mañana. Aun no sabía que le regalaría a Mikasa.
— Supongo que tendrán que ser flores.
Y evitando que sus otros compañeros lo notaran, se escabulló a las afueras de la cabaña, donde recorrió con la mirada el suelo, en busca de alguna planta, alguna hoja, alguna flor. Pero nada.
Se comenzaba a cansar de la situación, porque en primera, el no era una persona paciente, además, odiaría no poder regalarle algo a Mikasa. Odiaría ser esa persona para ella.
¿Por qué siempre tenía que ser el?
Inclusive Mikasa portaba en su rostro el recordatorio del daño que le ha infligido, sin mencionar las demás cicatrices que probablemente lleve dentro de si misma. Porque el mismo sabía lo duro que a veces era con ella, aunque muchas veces eran el resultado de la envidia que le tenía, no existía el pretexto suficiente como para redimirse de esos pecados.
Suspiró y alzó su vista al cielo. Observó las nubes esperando a que alguna señal divina lo iluminase con la respuesta. Pero parecía que ni Dios le alzaría la mano, enchuecó la boca, disconforme, y antes de soltar un bufido, su mirada se dirigió a la torre de vigilancia donde se encontraba Mikasa, sosteniendo un rifle con la mirada posada en otros horizontes.
El viento soplaba moviendo su cabello con gracia, y a pesar de ser febrero, la brisa se sentía un tanto calurosa. Quizás era por la región donde se encontraban; el territorio de las murallas era pequeño, pero había muchos tipos de ecosistemas.
Eren no despegaba su mirada de Mikasa. Se sentía avergonzado porque estaba a punto de fallarle otra vez. ¿Cuántas veces ella no le había cumplido a el? Incluso cuando el no lo pedía, incluso cuando el no lo ameritaba.
Y su mirada descendió a su cuello. La bufanda también imitaba el movimiento del viento. Eren recordó las palabras de Jean y frunció el ceño. No era una bufanda apestosa, era linda, quizás ya un poco deslavada y con uno que otro agujero que a veces la ojinegra se dedicaba a reparar, pero linda al fin.
Y su mente lo llevó a un recuerdo no muy lejano, donde ambos estaban rodeados de flores, y sangre, y titanes, y amigos, y muertos, y palabras dulces de parte de Mikasa que llenaron el ambiente y le dieron la fuerza para continuar.
Gracias por estar conmigo.
Gracias por enseñarme como vivir.
Gracias por ponerme esta bufanda.
Eren apretó sus puños.
Te la volveré a poner, una y otra, y otra vez, para siempre.
Y el cumpliría su promesa.
Eren abrió sus ojos desmesuradamente al instante, ¡eso era!
— ¡Eren! — Lo llamó Armin mientras se encontraba corriendo hacia su persona — ¡No se supone que debes de estar afuera!
Armin se recargó sobre sus propias rodillas mientras recobraba el aliento: — Te he buscado por todas partes.
— Escucha Armin — Dijo Eren ignorando todas las palabras del rubio — ¡Necesito tu ayuda!
Armin lo miró con curiosidad, ahora Eren poseía ese brillo en los ojos que tanto lo caracterizaba cuando estaba animado. Y sabía que sea de lo que se tratará, su amigo lo llevaría a cabo. Por eso a veces se apuntaba en los planes sin siquiera saber toda la información. Armin consideraba que era mejor estar incluido y asegurarse de que Eren no saliera lastimado.
— De acuerdo. — Accedió Armin — Pero primero vayamos a un lugar más seguro.
Ambos chicos se trasladaron al establo, donde Eren podía permanecer oculto sin problemas y sobre todo, donde podían pretender que realizaban una tarea y así no recibir un castigo de parte del Capitán Levi.
— ¿Y bien? ¿De qué trata?
— Necesito robarle la bufanda a Mikasa.
— ¿¡Qué!? — Exclamó Armin en un tono bastante alto — Eren, eso es imposible.
— ¿Eh? — Eren arqueó una ceja — Nos has librado de situaciones más imposibles.
— Si, pero eso es cuando se trata de titanes — Objetó Armin — Estamos hablando de Mikasa — Armin habló bajito y con un cierto tinte de miedo.
— Vamos Armin. No hay nada que tu no puedas idear — Alentó Eren.
Armin suspiró, lo primero que llegó a pensar es que el único método de poder arrancar la bufanda del cuello de Mikasa sería sobre su cadáver. Pero después sacudió su cabeza ante el pensamiento tan negativo. Eren ladeo su cabeza preguntándose en que pensaba Armin.
Después Armin intentó concentrarse, queriendo darle la seriedad que el asunto necesitaba.
— Muy bien Eren — Armin habló después de haber pasado algunos minutos en silencio — Está será la operación más riesgosa que llevarás acabo en tu vida.
Eren abrió los ojos en signo de sorpresa, pero asintió rápidamente. No se echaría para atrás.
— Sólo hay tres escenarios en los que casi puedo asegurar que Mikasa se quita la bufanda. Debo de advertirte que cada escenario va subiendo de grado de dificultad. ¿Aún estás seguro de que quieres hacer esto?
— Si. — Respondió Eren después de volver a asentir.
— Bien… — Armin tomó aire — La primera sería: robársela mientras está entrenando.
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Eren esperó horas a que terminará el turno de Mikasa como vigilante. En ese tiempo tuvo que regresar a la cabaña y limpiar las habitaciones que le fueron asignadas. Pensó que a lo mejor no fue tan malo no haber podido experimentar hoy, ya que tendría de pretexto poder limpiar la habitación que asignaron como de entrenamiento, mientras Mikasa, por supuesto, entrenaba.
Una vez que se aseguró que Mikasa se encontraba ejercitando, entró a la habitación con productos de limpieza en las manos, de manera que podía justificar su presencia ahí.
Pero todo se desvaneció cuando vio la bufanda colgando del cuello de Mikasa.
— Eren — Lo saludó al notar su presencia — No sabía que limpiarías aquí, ¿No te será de estorbo? ¿Quieres que me vaya?
— ¿Huh? No, esta bien, puedes quedarte.
Eren maldecía dentro de su cabeza, ¿¡Cómo se le podía ocurrir a Mikasa entrenar con la bufanda puesta!? Y como Eren no sé queda con la curiosidad, y mucho menos callado, decidió preguntar:
— Mikasa — La llamó, recuperando su atención — ¿Por qué entrenas con la bufanda puesta?
Mikasa tomó las puntas de la bufanda con sus no tan delicadas manos.
— ¿Esto? Um, el capitán lo sugirió. Dijo que en un combate cuerpo a cuerpo podrían ahorcarme con la bufanda, y desde entonces practico con ella para evitar esas situaciones.
Eren puso los ojos en blanco.
— ¿¡Entonces no sería peligroso que la uses!?
Mikasa frunció el ceño: — No la dejaré de usar.
Eren sabía que la bufanda era un tema delicado para Mikasa, así que prefirió terminar la conversación ahí.
Mientras Eren cumplía sus labores de limpieza, le era casi imposible mirar de soslayo a Mikasa, quien estaba concentrada con el saco de box. Envidiaba su fuerza, claro, pero admiraba mas su dedicación.
De repente empezó a sentir algo extraño en el pecho, ¿Sería el calor de la habitación? Se sentía algo sofocado, y además estaba cansado de tanta limpieza.
— Eren ¿Te encuentras bien? Te ves algo rojo.
Eren no había notado que la Ackerman se encontraba a su lado, y Mikasa no dudo en poner su mano en la frente de Eren para medir su temperatura. Pero el contacto de sus pieles solo hizo que Eren se sintiera más agitado, y apartó la mano de Mikasa de una manera tosca.
— Estoy bien. Solo cansado.
Eren rejuntó todos los materiales que traía consigo, y salió de la habitación sin decir más.
Decidió tomar una ducha para bajar el calor que emanaba su cuerpo, y por alguna razón sentía su sangre correr cuando recordaba a Mikasa ejercitándose, y tener esos pensamientos terminaron por marearlo, provocando que se fuera temprano a dormir.
El primer intento del robo de la bufanda fue un fracaso. Pero mañana sería otro día.
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Lo primero que pensó al despertar fue un "faltan tres días para el cumpleaños de Mikasa" e inmediatamente se llevó una mano a la cabeza en signo de dolor. La presión comenzaba a aumentar y se arrepintió de haberse dormido temprano el día anterior.
Tuvo que empezar su mañana como regularmente lo hacía: ducharse, desayunar y esperar a Hange para ir a experimentar.
— Oye Eren — Murmuró Armin muy bajito — ¿Pudiste?
Eren negó con la cabeza mientras tomaba su último sorbo de jugo. Armin hizo un gesto de espanto.
— Hoy intentaré ir por la segunda opción.
Armin tragó en seco, pero Hange hizo su aparición antes de que pudiera replicar. Los chicos se despidieron y Hange apuró a Eren antes de que Levi saliera de su habitación y la obligará a hacer cosas aburridas y burócratas.
— Hoy Mikasa no nos podrá acompañar. — Anunció Hange.
— ¿Huh? ¿Por qué no? — Dijo Eren intentando sonar lo menos interesado posible.
— Irá de encubierto junto con Sasha y Connie a la ciudad. Levi les dijo que hacían falta ciertos productos de limpieza.
— Oh.
Eren comenzó a sentir un poco de ¿tristeza? Frunció el ceño. No había ninguna razón para estar triste o decepcionado… ¿o sí?
Pasó el resto del día experimentando junto a Hange y Moblit. A pesar de que Hange lo presionaba hasta el punto de casi no poder mover sus músculos, admitía que hacer esto mejoraba su rendimiento.
A veces se desmayaba por horas, o dormía por días, y Mikasa era la que tenía que parar los experimentos al darse cuenta de que Eren llegaba al limite; de alguna manera siempre caía en sus abrazos, y cuando volvía a abrir sus ojos, ella era lo primero que veía.
¿Por qué tenía que ser tan buena con el? A veces Eren quisiera que Mikasa fuera egoísta y se preocupara solo por si misma.
… Pero …
Admitía que cuando abría los ojos y lo primero que miraba eran sus orbes ónix lo invadía una tranquilidad infinita. Por alguna razón el sabía que todo iba a estar bien.
Fue una tarde pesada, aun cuando Hange intentó ser mas cuidadosa de lo normal a falta de Mikasa y su perspicacia para detectar cuando Eren estaba a punto de desfallecer.
Regresó a la cabaña casi arrastrando sus piernas, y con mucha dificultad, volvió a asearse. La noche estaba llegando y se obligó a cenar para recuperar un poco de fuerzas.
Escuchó la puerta principal abrirse y supo que los chicos habían llegado de la ciudad debido al alboroto que traían Sasha y Connie. Claro que, conociendo a Sasha, al primer lugar a donde se dirigiría sería a la cocina.
— ¡Espera no te acabes la cena! — Gritaba Connie mientras corría tras de ella.
— Eren — Lo llamó Mikasa desde el umbral de la cocina — ¿Cómo te fue el día de hoy? ¿No sangraste de tu nariz? ¿No te desmayaste?
Mikasa cargaba con seis bolsas de compras y aun así lo primero que hacía al llegar era preguntarle como se sentía, ¿por qué era así?
— Bien. No pasó nada relevante — Contestó Eren un poco seco.
— Que bueno — Mikasa mostraba una expresión de alivio.
Sin decir más, la Ackerman se introdujo al fondo de la cabaña para guardar todos los artículos que Levi había encargado. Eren se apresuro a terminar su cena, por alguna extraña razón quería evitar tratar con ella, quizás era porque solo podía pensar en como cada día la decepcionaba más.
A pesar de no moverse con la rapidez deseada, para cuando Mikasa regresó a la cocina, Eren ya no estaba.
Dejó caer la noche, mientras aguardaba paciente a llevar a cabo el segundo escenario que Armin le dibujó el día anterior:
— El segundo es: robársela mientras esta dormida.
Las palabras de Armin resonaban en su cabeza. Tenía razón cuando dijo que un escenario era más peligroso que otro. Lo peor del asunto no era que solo entraría a la habitación de Mikasa a hurtadillas en media noche, sino que la compartía con Sasha e Historia.
Tragó en seco, se mentalizo para entrar a la habitación, porque el hecho de que estuviera nervioso no significaba para nada con que se echaría para atrás.
Salió con sigilo de la habitación que compartía con Armin y entre más se acercaba a la puerta de donde se encontraba Mikasa, más podía escuchar su corazón latir.
Giró la perilla tranquilamente agradeciendo que ninguna de las puertas tuviese seguro, y caminó de puntitas, pisando muy suave sobre la madera vieja.
Se acercó con precaución a la mesita de noche que había al lado de la cama de Mikasa, porque si no mal recordaba, cuando eran niños la solía colocar justo a su lado durante las noches, así que ese sería un buen lugar por donde comenzar a buscar.
Contuvo la respiración por unos segundos, la luz de la luna apenas y podía iluminar la habitación, por lo que se podría pensar que iba a ciegas.
Estuvo a punto de acercase a la mesita cuando sintió como doblaban su brazo y lo sometían contra el piso.
— Un movimiento más y te arranco el brazo — Dijo Mikasa con un tono amenazante.
El estruendo hizo que Historia se levantará y al no poder divisar correctamente por la falta de luz, pegó un grito, provocando que Sasha despertará asustada e imitara a Historia, cuestionando que pasaba.
La puerta de la habitación se volvió a abrir rápidamente, dejando ver al Capitán Levi con una lámpara de aceite, seguido de Jean y Armin.
— ¿Qué sucede aquí? — Levi sintió que preguntaba lo mismo demasiado seguido.
Y es que la escena no era para menos, Mikasa estaba montada sobre la espalda de Eren a punto de arrancarle el brazo, Eren estaba con la cara hundida en el piso, Historia se encontraba tras las sabanas ahora avergonzada por su grito y Sasha parpadeaba constantemente, insegura de lo que presenciaba.
— ¡Maldito pervertido! — Exclamó Jean, con un leve rubor en sus mejillas.
— ¿Eren? — Cuestionó Mikasa una vez que lo pudo ver claramente gracias a la lámpara de Levi. Se levantó rápidamente librándolo del agarre, y se mostró preocupada por el — ¿Qué haces aquí?
Eren, quien ahora sangraba de la nariz, estuvo a punto de responder, pero Armin se le adelantó:
— ¡Eren! ¿no me digas que los experimentos te han dejado confundido otra vez?
Todos voltearon a ver a Armin, confundidos. Armin sonrió con su típico nerviosismo.
— La otra noche fue a la cocina pensando que era el baño, creemos que son efectos de los experimentos de la líder Hange. ¡Mírenlo! Incluso esta sangrando de la nariz.
Eren también se quedó perplejo ante el argumento de Armin, se llevó su mano a la nariz y sintió la sangre espesa que ahora corría por su rostro. No fue por un experimento, fue porque Mikasa lo golpeó contra el piso. Pero eso solo lo sabrían Armin y el.
— Si — Dijo Eren intentando mostrar seguridad ––— Pensé que esta era mi habitación.
Levi suspiró, no estaba seguro de creer la historia, pero sabía a ciencia cierta que todo lo relacionado con Hange tenía un toque de locura. Así que lo dejaría pasar por esta vez.
— La próxima vez que Eren se levanté en la noche será mejor que lo acompañes. — Amenazó Levi a Armin.
Por lo que Armin solo pudo asentir, aun nervioso y con el corazón a todo lo que daba.
— Todos regresen a sus habitaciones. Ahora. — Ordenó Levi.
Mikasa limpiaba gentilmente la sangre de Eren con la propia manga de su ropa para dormir, a lo que el chico de ojos color esmeralda se quedó embobado, sosteniendo fijamente la mirada de la azabache, que ahora brillaba de la preocupación.
— Eren.
Pero no hubo respuesta.
— Eren.
Era inútil llamarlo, su alma había abandonado a su cuerpo.
— ¡Eren! — Llamó Levi por una tercera vez, quien, para su propia suerte, reaccionó antes de que Levi le propiciará su típica patada.
Eren se levantó torpemente, aun sin despegar su mirada de Mikasa, y como Armin veía la escena muy lenta, se apresuró a tomar el brazo de Eren y jalarlo fuera de la habitación. El Capitán Levi ya había comenzado a gruñir de la impaciencia, y una vez que todos los varones se encontraban fuera, cerró la puerta con un violento estruendo.
Fulminó a todos con la mirada, provocando que los vellos de su escuadrón se erizaran.
— Fuera de mi vista.
Los chicos asintieron, y rápidamente regresaron a sus habitaciones correspondientes. Armin cerró la puerta del dormitorio que compartía con Eren, mientras el ojo verde se sentaba al borde de su cama. Ambos esperaron al sonido del cierre de las otras habitaciones para poder susurrar sobre lo ocurrido.
— ¿Estas bien? ¡Si hubiéramos llegado un segundo más tarde Mikasa te hubiera arrancado el brazo!
— Estoy bien, de cualquier manera, puedo regenarme — Soltó muy tranquilamente.
— ¿Eh? Pues si… — Armin se rascó la cabeza, Eren tenía razón. — ¡Pero el Capitán estuvo a punto de descubrirte! ¿Te imaginas lo que hubiera pasado si—
— Pero no pasó — Respondió Eren ante la preocupación de Armin — Además eso no fue lo peor de todo… lo peor de todo fue no haber podido robar la bufanda.
Eren suspiró decepcionado, mientras se arrojaba de espaldas sobre el colchón.
— ¿No me digas que seguirás con eso? — Dijo Armin asustado.
Eren arrugó la nariz. Nada lo convencería de echarse para atrás. El robaría la bufanda a toda costa.
Y ante la nula respuesta de Eren, Armin dijo, aun más bajito:
— E-entonces… intentarás la última opción.
— Sí.
— Eren… esto no terminará bien.
.
2 días.
Quedaban solo 2 días para el cumpleaños de Mikasa. Esa mañana Eren se levantó con la respiración agitada. La presión volvía a apoderarse de su tiempo, y podía oír el ritmo del reloj y a su corazón haciéndole juego.
Tuvo que levantarse antes que todos los demás de la cabaña. Se duchó en cuanto abrió los ojos, y preparó temprano el resto del desayuno.
— Eren, escucha bien lo que te voy a decir. Antes de revelarte la última opción, hemos de considerar lo siguiente: Mikasa es más propensa a bajar la guardia cuando esta recién levantada. Si toma su ducha mañanera, estará con sus sentidos completamente activos, por lo que…
Y ahora Eren solo podía aguardar, mientras escuchaba un tictoc interno.
Las pisadas de sus compañeros pronto se hicieron presentes, y la primera en bajar a la cocina fue Historia:
— Buenos días — Saludó — Es extraño verte tan temprano por aquí.
— Buenos días — Se limitó a contestar Eren puesto que su atención estaba en las pisadas del segundo nivel de la cabaña.
Identificó como Sasha y Connie bajaban rápidamente por las escaleras, mientras balbuceaban algo sobre el desayuno, y después escuchó a Jean quejarse de algo, mientras también se dirigía a la cocina.
Y se levantó de su asiento sabiendo que este era el momento.
— Por lo que la última opción es: robársela mientras se ducha.
Subió por las escaleras como si nada pasará y todo fuera normal porque en realidad, si era pero no y se fijó en los alrededores, temiendo que entrará al baño y no fuera Mikasa quien estuviera en la ducha.
Armin salió del dormitorio que compartía con Eren, y suspiró:
— El capitán aun se encuentra en la planta alta. — Habló bajito.
Y el cuerpo de Eren se tensó. Eso solo podía significar que la persona que se duchaba podía ser Mikasa o Levi.
Armin intentó pensar rápido. No era como que quisiera formar parte del plan «suicida» de Eren, pero Eren ya estaba demasiado comprometido, y no podía dejarlo morir.
— Iré a la habitación del Capitán para asegurarme de que esta ahí. Entreré con el pretexto de contarle de algún plan que recién se me ocurrió.
Eren lo miró sorprendido, y asintió con velocidad. Armin cumplió con su parte y tocó la puerta del dormitorio de Levi. Cuando escucharon un "adelante" ambos chicos posaron su mano sobre las perillas y se adentraron a las distintas habitaciones, camuflando el sonido de las aberturas, sin levantar sospechas.
El vapor de la ducha nublaba el baño y aun así, lo primero que Eren divisó fue la sombra de la figura de Mikasa a través de las cortinas. Se quedó inmóvil, su cuerpo no reaccionó, y otra vez sintió su sangre correr por todo su ser.
Se había prometido que no miraría lo que no le correspondía, pero al entrar al baño era el primer panorama que había, no lo pudo evitar.
Aunque sabía que Mikasa se esforzaba en ejercitarse y estar en forma, no todo su cuerpo eran músculos. Realmente nunca había apreciado sus curvas, y ahora imaginarse su cuerpo bajo las gotas de agua tibias, eso lo…
Espera. Apretó los ojos queriendo golpearse a si mismo a puños.
Mierda. Se había distraído.
Desvió la mirada rápidamente y se percató de que la bufanda todo este tiempo estuvo frente de si. La tomó, ya desesperado sobre todo el asunto, y abandonó el baño con más cautela de la que entró, sin permitirse a si mismo voltear a ver a Mikasa por última vez.
Una vez en los pasillos, bajó por las escaleras con tanta tranquilidad como le estaba permitido, y salió de la cabaña, logrando pasar desapercibido.
Ya que estuvo afuera se recargó en sus rodillas y tomó una gran bocanada de aire. Se sentía agitado, apenas y podía respirar. Miró la bufanda que aun estaba en su mano derecha, y recordó que esto no había terminado: todavía tenía que ocultarla.
Y corrió por un camino que ya estaba trazado, donde tenía localizado un árbol con un hoyo perfecto en donde esconder la bufanda. No estaba muy lejos de la cabaña y se encontraba lo suficientemente oculto como para no ser detectado por terceros.
Una vez que la dejó escondida en el árbol, apoyó su espalda contra el tronco mientras se deslizaba hasta el suelo. Se llevó una mano a la cabeza, angustiado.
— ¿¡Qué demonios he hecho!? — Pensó mientras en su mente revivía los últimos 10 minutos de su vida.
Pero la realidad era que no tenía tiempo de ponerse a analizar nada. Tenía que volver a la cabaña, de seguro Hange ya estaría a punto de llegar.
Volvió a correr con todas sus fuerzas, mientras intentaba borrar las imágenes de Mikasa en la ducha de su cabeza. Para su suerte alcanzó a ver a Hange y a Moblit acercarse a los terrenos de la cabaña, y se dirigió directamente a ellos.
— ¡Eren! ¿Qué haces fuera de la cabaña?
— Pensé en calentar antes de que llegaran. — Mintió mientras intentaba sonar casual.
— ¡Muy bien! ¡Ese es el espíritu! Ya solo queda ir por Mikasa
— Creo que hoy tenía otro compromiso. — Dijo sin pensar, sorprendiéndose de su propia mentira.
Hange hizo una mueca triste: — ¿Eh? Es una lástima…
De camino al campo donde solían experimentar, Eren se cuestionaba así mismo del porque de la mentira. Y es que no es que no le gustará su compañía, solo era que… no podía dejar de pensar en su figura desnuda, y ahora gracias a esa imagen, le costaría estar cerca de ella.
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Ese día de entrenamiento fue largo, bastante largo, comenzando porque Eren no se podía concentrar gracias al recuerdo de la figura de la azabache, además, la presencia de Mikasa se hacia notar, ya que Eren llegó a desmayarse dos veces en una sola tarde.
Moblit lo cargó en su espalda la mitad del camino de regreso, Eren apenas y podía contener sus ojos abiertos, se sentía débil y más que nada, confundido, pero se decidió a reincorporarse antes de regresar a la cabaña.
— ¡Eren!
Armin se acercó a Eren al notar lo demacrado que regresaba, y se pasó el brazo de Eren por su cuello para ayudarlo a mantenerse en pie.
— Bien Armin. Supongo que puedo encargarte a Eren. — Decía Hange mientras se sacudía las manos — La verdad no quisiera entrar a la cabaña porque Levi me obligará a sacudirme los pies.
— Líder Hange. — La llamó Eren antes de que ella y Moblit se pusieran en marcha — ¿Sería posible que descansemos mañana?
Hange se llevó una mano al mentón, pensativa: — Considerando que hoy te desmayaste dos veces, no es una idea descabellada. ¡De acuerdo! Descansa.
Eren asintió y se despidió de Hange y Moblit, quienes regresaban a sus propias guaridas.
Una vez que se alejaron lo suficiente, Eren le preguntó a Armin:
— ¿No me preguntarás si lo conseguí?
— No necesito preguntártelo.
Eren arqueo una ceja y Armin se predispuso a entrar a la cabaña, casi arrastrando al ojos verdes hacia la puerta.
Al entrar Eren quedó boquiabierto.
La cabaña era un desorden total. Todos los cajones estaban abiertos, la cocina estaba echa un desastre, y la pequeña estancia donde apenas y tenían unos cuantos muebles estaban volteados. No quería ni pensar en la situación del segundo piso.
— Mikasa estuvo buscándola toda la tarde — Murmuró a Eren.
Eren tragó saliva.
— Y casi tuvo un enfrentamiento a muerte con el Capitán — Siguió murmurando — No sé que hubiera pasado si el escuadrón no hubiera estado ahí.
— ¿D-dónde esta ella?
— Cumpliendo su castigo en el establo, limpiando excremento de caballo.
Eren se sintió culpable. Su necedad había provocado esto.
— Yo…
— No. — Lo interrumpió Armin — Será mejor que no te arrepientas.
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Faltaba 1 día para el cumpleaños de Mikasa.
Eren amaneció adolorido. A pesar de que anoche había llegado casi arrastrándose a la cabaña, ayudó a todos a limpiar el desastre que Mikasa había provocado en ambos pisos, no sabiendo si lo hizo por culpa o solidaridad.
Y aun después de todo lo que había pasado, a penas venía lo peor.
Se levantó más tarde de lo normal, tomó su tiempo para ducharse y bajar a desayunar. Intentaba ordenar sus pensamientos «y quizás prolongar su vida» y encontró a la tropa aun desayunando, con bolsas bajo los ojos, quizás por la desvelada de limpieza que vivieron la noche anterior.
— Buenos días. — Saludó mientras se servía el desayuno.
Pronto se unió a la conversación sobre trivialidades que mantenían sus amigos, cuando todos se espantaron al escuchar un estruendo por las escaleras. Asomaron sus cabezas rápidamente y divisaron a una Mikasa de espaldas hacia los escalones. Jean y Armin se levantaron de inmediato para auxiliarla, y Eren se quedó congelado. Jamás había visto a Mikasa lesionada por tropezarse.
Pero Mikasa no dejó que ni se acercaran.
— Estoy bien. — Dijo sin más.
Se levantó con cuidado y se dirigió a la cocina a servirse el desayuno. Todos la seguían con la mirada y Eren estaba de nervios. Se sentó sin ánimos y comenzó a comer lentamente. Tenía un aspecto desarreglado, parecía que ni se había molestado en arreglarse el cabello, sin mencionar las ojeras que portaba.
— Oye Mikasa, ¡piensa rápido! — Dijo Connie en un intento fallido de quebrantar la incomodidad.
Le lanzó una bola de arroz usando una cuchara como catapulta, pero solo provocó acertar sobre su cabeza. Todos se espantaron al ver que Mikasa no lo esquivó.
Pero a la azabache ni le molestó, solo se sacudió el cabello.
— Oye Connie, ¿que te pasa? — Lo regañó Jean.
— Mikasa l-lo siento mucho, p-pensé que lo esquivarías. — Decía Connie con un tono preocupado.
— No deberían de desperdiciar la comida de esa manera — Regañó Armin.
— Oye mocosa. — Dijo Levi desde el umbral de la cocina — Aun tienes trabajo en el establo, ¿¡Qué esperas!?
— S-si.
Mikasa se levantó lentamente, sin terminar su desayuno, y salió por la puerta principal.
— La próxima vez que los vea desperdiciar comida, los dejaré sin alimento por tres días — Amenazó Levi antes de subir a su habitación.
La tropa se quedó en silencio sin saber exactamente lo que había pasado. Jamás habían presenciado a Mikasa siendo torpe, ni mucho menos pensaron que llegaría este día.
— La fuente de sus poderes… — Murmuró Sasha, a lo que todos la voltearon a ver confundidos — La bufanda es la fuente de sus poderes…
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Eren y Armin la habían estado observando desde lejos. Se había tropezado cuatro veces en menos de una hora, y sus movimientos eran más lentos, además, se veía un poco más delgada.
— ¿Cómo puede ser esto posible? — Preguntaba Armin — ¿Acaso Sasha tendrá razón y la bufanda será la fuente de sus poderes?
— Eso es una tontería Armin. Mikasa no necesita de nada ni de nadie, ella es muy fuerte por si misma.
Pero mientras Eren pronunciaba palabras que la defendían fielmente, Mikasa volvió a tropezar.
— No sé de que se trate, Eren. Pero tienes que arreglarlo pronto.
Eren se quedó en silencio. Era verdad, el plan aun no terminaba.
— Entonces… ¿pedirás su apoyo?
— No tengo otra opción.
Armin lo sostuvo de los hombros con ambas manos, mirándolo fijamente.
— Eren… te deseo la mayor de las suertes.
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Eren regresó por la bufanda después de su conversación con Armin, y se armó de coraje para llamar a la puerta del Capitán.
— Pasen.
Eren entró con cautela a la habitación más grande de toda la cabaña. Levi no compartía compañero de dormitorio, gozaba de una cama grande y una mesa con dos sillas donde Eren suponía que arreglaba todo su papeleo.
— ¿Ahora qué quieres? — Inquirió Levi ante el silencio de Eren.
Eren irguió su pose y llevó su puño derecho a su corazón, colocando su brazo izquierdo por detrás de su espalda.
— Capitán, con todo respeto — Eren estaba juntando coraje — Tengo un favor que pedirle.
Levi arqueó una ceja: — ¿De qué se trata?
Eren dejo descubrir su mano izquierda, donde colgaba la bufanda roja de Mikasa. Levi abrió los ojos desmesuradamente.
— Tú… maldito mocoso.
Pero antes de que Eren pudiera preverlo, Levi le propició una patada en la cara, tirándole otro diente.
— Gracias a ti ayer la cabaña fue un desastre — Decía mientras lo volvía a patear en el estomago — Ackerman estuvo a un pelo de asesinarme.
Levi lo golpeó por un minuto entero, pero Eren estaba dispuesto a soportarlo.
— Lo siento… — Murmuró una vez que pudo recobrar el habla.
— ¿¡Por qué demonios tomaste su bufanda!?
— Porque quiero volver a ponérsela.
Y Levi paró de golpearlo.
— Quiero repararla, quiero lavarla y que vuelva a cobrar su color, y quiero volver a ponerla alrededor de su cuello. Mañana es su cumpleaños y ese será mi regalo. — Decía Eren entre jadeos.
— Tsk. Que tontería.
Levi regresó a su asiento, dispuesto a ignorar a Eren.
— Deja de malgastar mi tiempo y lárgate.
Eren intentaba reincorporarse con dificultad, y volvió a encarar a su Capitán:
— Yo le prometí que lo haría. Le prometí que se la volvería a poner, una y otra, y otra vez, para siempre.
Levi se quedó mirando fijo a los papeles que abarcaban su mesita. ¿Qué pretendía ese mocoso con hablarle de promesas? Como si eso fuera a tocar su corazón. El corazón de él, por Dios. ¿Cuántas promesas él no había hecho? ¿Cuántas no pudo cumplir? ¿Cuántas veces a él no le cumplieron? Si de algo estaba seguro era de que las promesas no servían. Solo eran un simbolismo y nada más.
— U-usted sabe de limpieza, y de reparar cosas rotas.
Si, como todas las promesas que rompió
— Por favor. ¿Podría ayudarme?
Levi suspiró y decidió mirarlo fijamente. Jaeger tenía un brillo extraño en los ojos, no era desafiante, ni tampoco suplicante, sólo era un brillo. Además, ¿tanto problema por esa mocosa? ¿a qué se refería con ponérsela para siempre? Si se guiaba por su mente sucia, entonces podía pensar que…
— Ah. — Soltó Levi de la nada. Llegando a la conclusión de que ni Eren se había dado cuenta. Que estúpido. El chico titán resultó más estúpido de lo que pensaba. — De acuerdo, sólo lo haré porque esta relacionado con la limpieza.
Pero Levi mintió. No era por eso.
La comisura de los labios de Eren formó una sonrisa que Levi nunca había visto.
— Y yo que pensaba que lo que le excitaba eran los titanes. — Pensó Levi para sus adentros.
Y bueno, en este mundo cruel, donde estaba lleno de muerte, sangre, traición y titanes, era bueno saber que todavía alguien intentaba mantener su promesa de amor.
Aunque ese alguien todavía no sabía que era una promesa de amor.
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— Eren, ¡es increíble!
Armin no dejaba de admirar la bufanda. ¡Se veía como nueva! Ambos chicos la miraban de cerca, sin poder tocarla porque "podrían arruinarla con sus sucias manos" (palabras de Levi).
Parecía que observaban el libro de Armin sobre el mar y todos los ecosistemas de la tierra, como en los días de su infancia.
— Yo le reparé los agujeros — Explicó Eren — Resulta que soy mejor que el capitán en ese aspecto. — Dijo con orgullo.
Armin soltó un 'wow' y Eren continuó:
— El Capitán me enseñó a lavarla, utilizó un suavizante de buena calidad que la dejó como nueva, ¡no, espera! Está mas suave que cuando recién me la dieron. — Eren tenía una sonrisa de oreja a oreja — Y además también me ayudó a volverla a teñir, y me enseñó una técnica para secarla.
— De verdad que ambos hicieron un excelente trabajo — Armin no dejaba de admirar la bufanda, y volvió a inhalar el delicioso aroma que emanaba — Sin mencionar lo bien que huele.
— Sí — Respondió Eren mientras imitaba el gesto de Armin.
— Y te lo dejó más fácil de lo que pensé. Pensé que regresarías más golpeado.
— ¿Huh? Me estuve regenerando durante el día para que Mikasa no sospeche nada. Y aun así siento que el Capitán abusó de mi confianza. Me cobró todos los productos que usó, ¡pero estoy seguro de que ni de chiste cuestan eso!
Armin sonrió, el seguía considerando que a Eren le fue bastante bien. Comparado con el escandalo del día anterior y el enfrentamiento entre Levi y Mikasa, a Eren le fue bastante bien.
— Además también estoy castigado. Me encargaré de la limpieza de toda la cabaña por los siguientes tres meses. — De solo pensarlo a Eren le daba jaqueca.
Y de pronto a Armin se le ocurrió un pensamiento divertido:
— Oye Eren, ¿y no piensas ponértela?
— ¿Eh? Ni pensarlo, ¿Qué tal si se arruina? Además, ¿por qué habría de hacer eso?
— Porque a Mikasa le encantaría que oliera a ti, idiota. — Pensó Armin.
— Por nada.
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Por fin el cumpleaños de Mikasa había llegado.
Eren se levantó un poco más temprano de lo normal. Sentía sus palmas sudar y eso que ni siquiera era un día caluroso. Tomó una ducha tan pronto tuvo la oportunidad, y bajó a la cocina para toparse con que estaba clausurada por Sasha e Historia, quienes horneaban el pastel para Mikasa.
— Lo siento Eren, pero nadie esta autorizado a entrar hasta que terminemos el pastel. — Le repitió Historia.
Pronto los demás chicos se asomaron a la cocina y recibieron la misma negativa. Eren notó la ausencia de Mikasa.
— Se encuentra en el jardín — Dijo Sasha dejando salir un suspiro — Hoy le ayudamos a alistarse porque es su cumpleaños, pero en cuanto el Capitán la vio le ordenó a que fuera a plantar unas flores. De seguro ya está desarreglada. — Sasha e Historia intercambiaron miradas de decepción.
— Pero el Capitán le regaló un lindo cuchillo. — Complementó Historia.
— Ah, si. Dijo que lo podía usar si te volvían a secuestrar, Eren.
Jean y Connie se carcajearon, Eren apretó sus puños a la vez que se ponía levemente colorado, pero Armin lo sacó de su enojo.
— Oye Eren, ¿por qué no vas a entregarle tu regalo antes de que llegue la líder Hange?
El semblante de Eren cambió por completo, Armin tenía razón.
— De acuerdo.
Eren subió velozmente por las escaleras. Jean gruñó en lo bajo:
— ¿No me digas que siempre si consiguió un regalo?
Armin sonrió dulcemente: — Así es.
Eren bajó como rayo y salió disparado a donde se encontraba Mikasa. No podía esperar ni un momento más para entregarle la bufanda, y ponerla alrededor de su cuello, así como el día que se conocieron, pero esta vez, bajo mejores circunstancias.
Mikasa se encontraba bajo unos árboles plantando unas campánulas color lila. Tenía mucho cuidado en esta labor porque el día de ayer no tuvo las mejores suertes y le albergaba el miedo de arruinar las flores.
Agradeció que Historia y Sasha la hayan ayudado a salir de su cama, porque desde que no encontraba su bufanda sentía que le habían drenado la energía, pero después de ver como sus amigas estaban animadas por su cumpleaños, y como le ayudaron a escoger un lindo conjunto de ropa y a acomodar su cabello, se sintió bien, un poco apapachada y querida.
Sin mencionar que sorpresivamente, el Capitán le había regalado un lindo cuchillo. ¿Pero quién le regala un cuchillo a alguien que estuvo a punto de asesinarte dos días anteriores?
— Maldito enano excéntrico. — Susurró para si misma.
— Mikasa. — La llamó Eren quien corría hacia ella.
Eren le interrumpió los pensamientos e hizo que dirigiera su mirada hacia el, Mikasa se puso de pie sin pensarlo.
— Eren. — Se preocupó al verlo agitado y un poco ruborizado.
Eren la alcanzó y la observó cuidadosamente. Las chicas habían mencionado que la ayudaron a arreglarse, pero Eren no notó algo novedoso, se veía igual de bonita que siempre.
Espera… ¿bonita?
No pudo evitar desviar la mirada, su pensamiento lo volvía a traicionar.
— ¿Está todo bien, Eren?
Mikasa inclinó su cabeza en busca de la mirada de Eren, pero eso solo le chocó más, odiaba solo poder preocuparla. A veces quisiera provocar otros sentimientos en ella.
Apretó sus puños inconscientemente, cuales mantenía ocultos bajo su espalda, y sintió la tela de la bufanda en sus dedos, ayudándole a recordar su misión.
— Todo esta bien, sólo que…
¿Por qué le costaba tanto recobrar la respiración? Tensó su mandíbula y decidió sacarlo de su pecho:
— ¡Feliz cumpleaños!
Eren le tendió la bufanda con ambas manos y Mikasa abrió sus ojos. Sus mejillas se pusieron coloradas y las pupilas le brillaron.
— ¡Eren! ¿Dónde la encontraste? — Dijo con un tono lleno de felicidad.
Y Eren no había pensado mucho en esa parte, en realidad no había pensado nada, y no tuvo más remedio que irse por la verdad.
— Bueno… yo… te la robé. — Dijo mientras se acercaba ella, aun sosteniendo la bufanda con ambas manos. Mikasa se quedó perpleja ante la declaración de Eren. — Lo lamento mucho. No quería perjudicarte de la manera en que lo hice, solo que me aferré a dártela de regalo.
Mikasa se quedó en silencio, con los labios ligeramente abiertos y un rostro de sorpresa. Jamás le pasó por la mente que Eren le robaría su bufanda. Ni mucho menos que lo hiciera para una causa parecida.
— Verás… es que… realmente quería darte algo espectacular. Pero las circunstancias no me dieron muchas opciones, y no quería fallarte en tu cumpleaños. Además, que estoy dispuesto a mantener mi promesa.
— Eren…
— La reparé y el Capitán me ayudó a dejarla como nueva… pero juro que si hubiera sabido desde antes que te ibas a preocupar así jamás me hubiera atrevido a hacerlo.
Mikasa continuó en silencio. Las palabras no salían de su boca. Estaba perdida en los ojos esmeralda de Eren, que hablaban con una sinceridad absoluta, una sinceridad que no era común que fuera dirigida a ella, un brillo en sus pupilas que denotaban cariño, y las palabras que suavemente salían de sus labios.
— Lo siento, Mikasa. Espero no estés muy enojada.
Eren no se había percatado de cuanto había avanzado hacía ella mientras pronunciaba todas esas palabras que por fin podían abandonar su pecho. Ambos se miraron fijamente, y el cuerpo de Eren se dejó llevar, colocando la bufanda alrededor del cuello de Mikasa.
— Te la pondré… una y otra, y otra vez… para siempre.
Era como si los brazos de Eren bailaran al rededor de Mikasa, y Mikasa comprendió el significado del cielo, de las flores, las sonrisas, de los ojos esmeralda de Eren que no se despegaban de los de ella, de lo infinitamente hermoso que era el mundo.
Cruel… pero hermoso.
Y Mikasa agradeció que la bufanda se encontraba en su cuello, cubriéndole gran parte del rostro, donde podía esconder el rubor de sus mejillas.
— Gracias, Eren.
Y Eren le sonrió, le sonrió bonito, con una curvatura que sus labios tenían años sin dibujar, y una sinceridad que brillaban en sus ojos.
Eren le había regalado a Mikasa otro momento en su vida que jamás olvidaría. Y quizás Eren, ni siquiera estaba al tanto de eso. Pero a Mikasa le bastaba con vivirlo. Le bastaba con estar a su lado.
Y más si le volvía a dedicar una sonrisa así de linda.
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Desde lejos, toda la tropa observaba la escena.
— Es tan romántico. — Soltó Historia, conmovida por el momento.
— Están demasiado cerca. — Gruñó Jean.
— Entonces ya no debo de preocuparme por compartirle pastel a Mikasa, ¿verdad? — Preguntó Sasha.
— ¡Esto es ridículo! Eren le dio un regalo reciclado a Mikasa, ¡Y aún así ganó! — Expresó Connie con frustración.
Y Armin solo sonrío dulcemente.
¡Feliz Cumpleaños Mikasa!
Sólo quisiera decir que jamás esperé que de este fic salieran 35 páginas. Pensé que saldrían 6, y cuando me di cuenta de que podrían ser más, me imaginé que serían 12 a lo máximo.
De nuevo, me disculpo por cualquier OoC dentro de la narración. Es mi primer fanfic de AOT, así que acepto toda crítica constructiva.
P.D. A los seguidores de 'Ponte En Mi Lugar' me disculpó por no poder actualizar. No he podido encontrar inspiración para seguir con el fic, pero puedo asegurar que mi mente trabaja en eso. Aun tengo la visualización de lo que quiero. Les pido que por favor sigan teniendo paciencia. Yo tampoco romperé mi promesa de no dejar ningún fic sin terminar. Gracias por permanecer siempre conmigo.
