"Cosas sucias".
Seguimos a la profesora McGonagall a un aula vacía.
-Por favor, sea amable y tome asiento. -dijo con voz severa.
Asentí y tomé asiento, miré hacia arriba y Draco estaba apoyado contra la puerta.
-¡Eso va para los dos, Sr. Malfoy! -Ordena con voz decidida.
-¡Esto es una pérdida de tiempo, tengo otras clases que atender! -Gimió y atravesó la habitación para tomar asiento.
-Ahora, esto va demasiado lejos. -sus ojos se movieron entre Draco y yo y sacudió la cabeza mientras sus ojos brillaban entre nosotros-¡Ustedes dos siempre logran pelear entre sí y es absolutamente inaceptable! No lo toleraré este tipo de comportamiento en mi escuela, ¿entendido?
Ella golpeó con su libro el escritorio de Draco y le dio una mirada mortal.
Él se encogió de hombros y miró en otra dirección, sin molestarse en mirarla mientras ella le hablaba.
Me senté detrás de él, y vi sus labios entreabiertos.
Me quedé impactada.
Sabía que Malfoy estaba shock pero había algo diferente en él esta vez. Su comportamiento era dominante. Estaba seguro y se veía poderoso.
Lo vi pasar sus dedos por su cabello rubio platino y no pude evitar sentir algún tipo de atracción hacia su dominio.
Escuché a McGonagall dejar escapar un suspiro y se volteó para mirarme.
-Señorita t/n. -Escuché su voz decir pero la ignoré, manteniendo mis ojos en el hombre enfrente de mí.
Ha cambiado mucho este verano. Tiene el pelo muy alto y largo, y su mandíbula era afilada.
Vaya, era hermoso.
Un tipo que podría hacer que mi cuerpo se contrajera en todos los lugares correctos.
De repente mi mente se alejó de donde estábamos hacia ese hombre endiabladamente guapo sentado frente a mí, haciendo cosas prohibidas en mi cuerpo.
¿Me devolvería el beso si lo besara? ¿Me follaría si le suplicara y le suplicara?
Mi respiración se hizo más pesada al imaginar esto sobre él.
Lo miré mientras sus grandes manos agarraban la pluma que sostenía y pensé en cómo se sentiría si agarrara mi cintura de esa manera.
Noto como su cabello rubio caía sobre su frente.
Todo sobre él me volvía loca. Intenté negar eso durante mucho tiempo, pero sabía que sentía atracción por Draco, a pesar de que lo odiaba.
Mordí mi labio para ocultar una sonrisa mientras pensaba en todas las formas en que sus manos podían sostener varias partes de mí, cómo se sentirían sus suaves labios en mí, cuán duro podría follarme en este escritorio, cuán fuerte estaría gritando su nombre de placer.
O POR DIOS.
NO estoy teniendo fantasías sexuales sobre Draco Malfoy.
Negué con la cabeza, saliendo de la tierra imaginaria a la que acababa de flotar.
Me estremecí cuando escuché la voz de la profesora resonando fuerte en el salón vacío.
-¡Señorita t/n! -Agitó sus manos en mi cara- ¿Hay algo en tu mente que te gustaría decirnos ya que parece que no puedes prestar atención a lo que estoy diciendo?
Parpadeé, tragando más allá del nudo en mi garganta.
-No profesora McGonagall. -Murmuré en voz baja, bajando los ojos al escritorio frente a mí, avergonzado.
-¡Bien! -se burló, volviendo a sermonearme.
Tan pronto como levanté los ojos, volvieron a él, sintiendo mariposas estallando en mi estómago.
La profesora McGonagall siguió hablando de cómo Malfoy y yo teníamos que encontrar la manera de llevarnos bien y decidió que nuestro castigo sería limpiar un aula diferente una vez a la semana, pasar una hora entera solos, juntos.
-Lanzaré un hechizo en la puerta para que no puedas salir de este salón de clases hasta el final del tiempo. Puedes pelear todo lo que quieras pero nadie podrá escucharte, así que te sugiero que intentes llevarte bien. -Ella dijo- ¿Entendido?
Asentí y Malfoy se encogió de hombros.
-Pueden irse.
Tan pronto como ella dijo que me levanté y salí del salón, enojada conmigo misma. Mientras caminaba sola por el pasillo, escuché pasos detrás de mí.
Me di la vuelta y me topé con una fuente dura.
-¡A dónde crees que vas, sangre sucia! -un masculino habló detrás de mí.
-No es que sea asunto tuyo, pero si quieres saberlo, voy con el profesor Snape, tengo clase, y también tengo un nombre, ¡intenta usar tu boca inútil para algo!
Traté de alejarme, irritada.
¿Quién se cree que es?
Pero en cambio fui empujada contra la pared.
-No vas a ninguna parte.
Miré a Draco, admirando los rasgos pálidos que adornaban su hermoso rostro. Sus largas pestañas enmarcaban perfectamente sus deslumbrantes ojos grises. Una nariz recta, pómulos altos y una mandíbula afilada, vistos juntos componían una hermosa sinfonía visual.
Ahora mismo había entendido por qué las chicas se desmayaban cuando pasaba junto a ellas.
Mis ojos se posaron en sus labios, llenos de un tono rosa claro.
MIERDA. Lo estuve demasiado tiempo.
Abruptamente aparté la mirada.
-Disfrutando de la vista, ¿verdad? -Draco rompió el silencio.
Me burlé en defensa.
-Estás tan jodidamente lleno de ti mismo, Malfoy. -Mis mejillas se quemaron por la vergüenza de ser atrapada mirándolo.
Su boca se curvó en una sonrisa provocativa.
-Tengo muchas razones para estar lleno de mí mismo. -dijo con arrogancia. Dio un paso hacia mí, promoviéndome a dar un paso atrás para mantener nuestra distancia- Puedo follar con cualquier chica que quiera en esta escuela, sabes.
-¿A qué estás jugando con Malfoy, cuál es el punto de decirme esto? -Le pregunté con seriedad.
Su ego me estaba poniendo de los nervios, y estos juegos fríos y calientes se estaban volviendo agotadores.
Dio otro paso hacia mí y yo retrocedí de nuevo. De repente, mi espalda se encontró con la superficie fría y dura. Mi respiración se aceleró, pensé que tenía más espacio detrás de mí.
En un fluido movimiento de depredador, se inclinó más cerca colocando su mano a cada lado de mi cabeza contra la pared.
Tuvo que inclinarse ligeramente para nivelarse con mis ojos. Mi corazón latía con fuerza en mi pecho, podía sentir mi pulso en mis sienes.
La parte de atrás de mi cuello se erizó, instándome a correr, pero mi cuerpo no se movió.
-Tú eres la que me mira en clase t/n, si no me equivoco creo que te gusta jugar con fuego. -Draco se burló. Inclinó la cabeza hacia un lado, mientras sus ojos trazaban los contornos de mi cara antes de mirar fijamente el hueco de mi cuello, sus expresiones inquisitivas, mientras respiraba lenta y profundamente a través de sus labios.
Me acordé de un gato jugando con un ratón antes de matar a su presa.
-Malfoy, yo no... no estaba... -balbuceé desesperadamente, parecía que había perdido mi capacidad para formar oraciones completas.
Una vez más me encuentro acobardada bajo su dominio. Mientras respiraba profundamente, mi pecho tocó el suyo, quería dejar que tomara el control sobre mí. Mis ojos se volvieron pesados, empecé a sentirme mareada de nuevo.
Me temblaron las piernas, advirtiéndome que podrían ceder en cualquier momento. Silenciosamente agradecí a la pared por soportar mi peso, mientras me sumergía en esos seductores ojos grises Hizo una pausa momentánea, luego se rió inesperadamente mientras me soltaba de mi prisión contra la pared.
El sonido de su risa me sacó de mi éxtasis.
-Deberías haber visto la maldita mirada en tu cara, patético. -Draco soltó una risa gutural a mis expensas.
Arrugué mi rostro ante su inmadurez y agarré agresivamente su bata alrededor de su cuello.
-¿Cuál es tu maldito problema Malfoy? ¿Crees que esto es gracioso? ¿Es esto un juego para ti? ;Le siseé.
-Maldita sea, estás luchadora hoy. Si no hubieras estado tan ocupada comiéndome con los ojos, habrías notado que tu clase comenzó hace 15 minutos.
Empujé su pecho con enojo soltando mi agarre en su túnica ahora arrugada. Sintiendo que mis mejillas se ponían rojas, me avergüenzo de perderme la clase por su culpa y de permitirme quedar atrapada en sus juegos petulantes. Me crucé de brazos.
-Me habría dado cuenta si no me apretaras de esa forma. -dije mientras arqueaba una ceja y miraba de reojo, incapaz de pensar en nada más que decir en mi defensa.
-Cállate, no finjas que no te encanta. -me guiñó un ojo, avivando el fuego que ardía en mi estómago.
Dejé escapar un gran suspiro. Estaba sin palabras. Lágrimas de rabia amenazaron la esquina de mis ojos.
Yo no iba a ser otra de más chicas Malfoy con las que puede jugar y jugar.
No, me niego a ser una de ellas.
-Bueno, tengo clase, así que me voy de aquí. Nos vemos después, sangre sucia. -Dijo Draco mientras giraba sobre sus talones y caminaba casualmente de regreso en la dirección en la que venimos.
Me quedé allí, con la boca abierta, horrorizada. Una vez más, logró hacerme sentir como un absoluto idiota.
No podía resolver mis propios sentimientos fríos y calientes. Odiaba a Malfoy, un minuto me quedo sin aliento, suplicándole que me toque y al siguiente, me estoy conteniendo para no retorcerle el cuello.
Este constante ir y venir entre nosotros no puede ser bueno para mi salud mental.
No me permitiré sentir ni pensar en Malfoy de esa manera. Estos pensamientos prohibidos que estaba teniendo terminan ahora.
