Adventure Of A Lifetime
Desde que Senku era un niño, hubieron muchas cosas que lograron captar su atención: la astrología, la química, la física; tantas cosas, porque era interesante saber cómo funcionaba el universo, como algo podría ser tan sorprendente, pero efímero al mismo tiempo. Y fue desde niño que Senku se propuso hacer de su existencia algo entregado totalmente a la ciencia, porque esta era maravillosa, ardua, pero con tantas cosas que podría entregar. Claro, Senku nunca contó con que a sus dieciséis años una luz pintaría el horizonte y sus planes cambiaron un poco.
–Tu eres el caballero hechicero que salvó a la mujer.
Senku aún recuerda cuáles fueron las primeras palabras que Kohaku le dijo al conocerse, aunque claro, esas no fueron las que más retumbaron en su cerebro. si tuviera que escoger diría que las que se llevaban el premio serían:
–Parece que eso me ha dejado embelesada.
Ugh, aun podía recordar el escalofrío que le recorrió al escucharlas, aunque… ya no era tan desagradable.
–Agh, parece... qué has dicho increíblemente agobiante –informó, ante la mirada confundida que recibió de la rubia, continuó –Enamorarte asi de repente en una situación de emergencia como esta…
–¡No me referia a eso ni en lo más mínimo! –grito la fiera, defendiéndose y quitando un peso de sus hombros –¡Solo lo decía porque me has parecido interesante como humano y querría trabajar contigo!
–Ah, sí ese es el caso, encantado. –la rubia no quitó esa cara agria antes de que él explicara –Un cerebro enamorado es el problema más ilógico.
Él no mentía, nunca miente: el amor es ilógico en demasía, además de ser problemático en mayor medida; aunque esa leona parece llevarse bien con esos términos.
Senku también puede recordar la forma en que sus ojos se iluminaron con cada descubrimiento, ella pareció descubrir el mundo con cada cosa que él le enseñaba, con cada reinvento, con cada palabra que salía de sus labios, y eso le gusto.
–Pon a funcionar tu magia sobre mí –dijo ella, una tarde, después de que él ganara su duelo de hechicería contra Chrome.
–No es magia, leona, es ciencia –contesto, con una risita entre dientes y con la postura llena de confianza. –Y al diez billones por ciento que te sorprenderá aún más.
Sí hubo alguien que le siguiera con fe ciega, esa era Kohaku, porque ella creyó en la ciencia, y creyó en que nada sería imposible con esta de su lado, justo como él lo creía desde sus tiernos años de infancia.
A la joven leona no le importo todo el trabajo que la ciencia requería, ella no se quejaba, porque entendió que detrás de las cosas maravillosas: la medicina de sulfa, la electricidad, las espadas y el ramen; había trabajo duro, yendo paso a paso hasta conseguirlo.
Kohaku fue una gran e indispensable adquisición para el reino científico, para empezar, sin ella ni siquiera existiría, además de que brindó grandes cosas como una fuerza y precisión sin igual, su visión de lince, su poder en batalla, su rapidez, y claramente ser una compañía más que bienvenida para Senku.
Tal vez, y por todas esas razones, no se sorprendió cuando terminaron como lo hicieron algunos días después de su regreso a la aldea Ishigami tras su victoria contra el hombre del Why. Era el camino lógico, pensó mientras su lengua exploraba la dulce boca de la rubia, con una de sus manos acariciando el cuello terso, y la otra, subiendo de forma perezosa el vestido.
–Pon a funcionar tu magia en mi –susurro ella, con la respiración pesada chocando contra sus labios.
–Esto también es ciencia, y al diez billones por ciento que te volará la cabeza –murmuró, justo antes de regresar a devorarla.
No cruzaron muchas palabras después de eso, no al menos palabras coherentes. Kohaku se subió a la mesa del laboratorio, atrayendo de inmediato su cuerpo a ella, atrapándolo con sus fuertes piernas. Sus manos se encargaron de recorrerla, de tocar y besar cada milímetro de piel que ella misma dejó descubierta para sus hambrientos ojos; ella no se quedó atrás, sacando la ropa rápido, sin muchos preámbulos, recorriendo con especial cuidado la cicatriz que quedó tras su travesía, y besando cada músculo que se había formado en su compañía.
–¿Estás segura de esto, Kohaku? –preguntó soltando un jadeo cuando la mano femenina descendió peligrosamente por su abdomen.
La ropa ya había sido descartada, los besos se habían vuelto más calientes y sus manos estaban inquietas, sin embargo, sí Kohaku dudaba él se detendría, lo último que necesitaban era que las hormonas arruinaran una amistad que se había estado construyendo por más de siete años.
–Espere mucho por esto… –susurró, sus labios atacaron su cuello, con mordiscos que solo lograron que su corazón latiera más fuerte, su piel se sintiera caliente y la sangre viajará más rápido al sur. –Senku…
Y sí todo lo anterior no había terminado con su resolución, definitivamente el escuchar su nombre en esa voz cargada de deseo. Su corazón palpitaba fuerte contra su pecho y su piel ardía, la adrenalina que lo recorría mientras los besos se volvían más profundos y el toque más íntimo.
Sus pensamientos se concentraron en cada sensación, en cada suspiro. Encajaban tan bien, pensó Senku riendo para sus adentros, pero no tuvo mucho tiempo para eso antes de que su cuerpo le exigiera la liberación y todo terminará.
–Senku… –Jadeo Kohaku, sus frentes se encontraban pegadas y sus ojos cerrados, con el corazón retumbando en su pecho, y sus cuerpos pegados.
Se sentía bien, tan bien estar así con Kohaku, y siendo ellos las personas prácticas que eran, decidieron hacer de eso algo continuo, no un encuentro de una noche, no algo esporádico, algo con lo que podían contar. No solo sexo, sino conversaciones, roces y besos, era cómodo y quería mantenerlo, no solo como los encuentros nocturnos sino como algo duradero, a la mierda el sentido de pertenencia, eso no importaba ni un milímetro, pero quería que Kohaku supiera que en realidad pensaba en ella como una constante en su vida a futuro.
–Casémonos.
Kohau se sorprendió cuando él lo mencionó, tal vez porque no se lo dijo después del sexo, o en alguna de sus conversaciones esporádicas. No, se lo dijo mientras todos estaban en la playa, Kohaku había salido del agua y ahora descansaba en la arena junto a él.
–No me contestes ahora, solo piénsalo –comentó, justo antes de que Suika corriera hacia ellos para mostrarles lo que habían encontrado.
Sintió la mirada penetrante en su espalda durante el resto de la tarde: mientras Chrome y Ruri le mostraban al único bebé del grupo a caminar en la arena, y mientras Suika y Mirai juntaban algunas conchas de mar y él les explicaba sobre algunos hechos irrelevantes; pero la ignoro, ignoro lo mejor que pudo el golpeteo en su corazón cada que sus miradas se cruzaban, ignoró la sensación cálida cuando la mano de Kohaku roso la suya al construir castillos de arena junto a su sobrino, aunque finalmente no pudo ignorar la forma en que su corazón golpeó fuerte en su pecho cuando ella lo tomó del brazo, esperando a que todos se alejaran lo suficiente para que ella al fin pudiera decirle su respuesta:
–Senku…–susurró, con los ojos azules inundándose con una determinación similar a la que vio en ellos el día que se conocieron –. Pon a funcionar tu ciencia en mi.
Una sonrisa tiró de sus labios. Mierda, esta leona me matará, pensó mientras la atraía a él para besarla. La vida era corta, era algo tan efímero, Senku lo comprendía desde que era un niño, comparado con muchos fenómenos en el universo, ellos solo era un destello.
Sin embargo, después de la petrificación, su vida se había convertido en una aventura, y aun siete años después lo seguía siendo, y sí solo tenía esta vida, qué mejor que compartirla junto a Kohaku.
Notas de la autora:
1.- Bueno, aquí esta pequeña aportación para este inicio de la semana Senhaku, para el tema Matrimonio, esta basada en la canción de Coldplay del mismo nombre, y bueno, espero les guste, y que no me haya quedado tan Ooc
2.- Agradezco a quienes leen y un poco más a quienes dejan reviews.
3.- Personajes de Inagaki Y Boichi, sin más me despido, cuídense y sayonara.
