CAPÍTULO 2

§•ΩΩ•§

Sonó el timbre de la puerta. El detective Naruto Uzumaki echó un vistazo al reloj, y acto seguido lo cerró de un juramento.

Eran las siete de la mañana de un sábado de semana libre que tenía en todo un mes, y algún idiota llamaba al timbre. Quienquiera que fuese, a lo mejor se iba.

El timbre sonó de nuevo, esta vez seguido de la puerta. Musitando nuevamente, Naruto apartó a un lado la revuelta sábana y saltó de la cama desnudo. Agarró los pantalones se había quitado la noche anterior y se los enfundó a toda prisa, subió la cremallera pero no abrochó el botón. Por costumbre, una costumbre tan arraigada que ni siquiera pensaba en ella, cogió su Baretta de nueve milímetros de la mesilla de noche. Jamás contestaba a la puerta sin ir armado; ya puestos, ni siquiera recogía el correa del arma. Su última novia, que no había durado mucho porque no pudo soportar el errático horario de un policía, había dicho en tono cáustico que él era el único hombre que conocía que se fuera al cuarto de baño llevando una arma consigo.

La chica no tenía mucho sentido del humor, así que Naruto se abstuvo de hacer una observación de sabelotodo acerca de las armas masculinas. Excepto porque echaba de menos el sexo, había supuesto un alivio que ella decidiera poner punto final a la relación

Levantó una lámina de la persiana para mirar afuera, y con otra maldición descorrió los cerrojos y abrió la puerta. Su amigo y socio, Sai Shimura, aguardaba de pie en la pequeña entrada. Sai alzó sus elegantes cejas al tiempo que estudiaba los arrugados pantalones de algodón de Naruto.

-Bonito pijama --comentó.

-¿Tienes una jodida idea de la hora que es? -ladró Naruto.

Sai consultó su reloj de pulsera, un Piaget extraplano.

-Las siete menos dos minutos. ¿Por qué? -Pasó al interior de la casa.

Naruto cerró de un portazo que resonó por todas partes.

Sai se detuvo y le preguntó divertido:

-¿Tienes compañía?

Naruto se pasó la mano por el pelo y luego por la cara.

-No. Estoy solo. -Bostezó, y entonces examinó a su socio. Sai iba perfectamente vestido, como siempre, pero presentaba unas oscuras ojeras. Naruto bostezó otra vez-. ¿No te has acostado todavía, o es que acabas de levantarte ?

-Un poco de ambas cosas. Simplemente he tenido una mala noche, no he podido dormir. He pensado que podía venir aquí a tomar un café y desayunar.

-Muy generoso por tu parte, compartir tu insomnio conmigo -murmuró Naruto, pero ya había echado a andar en dirección a la cocina. Él también tenía sus noches malas, de modo que entendía lo que era la necesidad de compañía. Sai nunca le había rechazado en ocasiones así-. Yo te pondré el café, pero después te las apañarás solo mientras me ducho y me afeito.

-Ni pensarlo -dijo Sai-. Yo mismo me pondré el café. Quiero poder bebérmelo.

Naruto no discutió. Él era capaz de beberse su propio café, pero hasta el momento no había nadie más que se lo bebiera. No le preocupaba gran cosa a qué sabía, pero como lo que le interesaba era la cafeína, el sabor era algo secundario.

Dejó a Sai con el café y regresó soñoliento al dormitorio. Allí se quitó los pantalones y los dejó donde habían estado antes: en el suelo. Diez minutos en la ducha apoyado con una mano sobre los azulejos mientras el agua le caía en la cabeza hicieron que pareciera posible despertarse; el afeitado lo hizo parecer deseable, pero hizo falta un leve corte en la mejilla para convencerle. Se limpió la sangre, maldiciendo otra vez. Tenía la teoría de que cuando el día comenzaba con un corte al afeitarse iba a ser una mierda de principio a fin; por desgracia, todos los días había muchas probabilidades de que su cara luciera un pequeño corte. No llevaba bien eso de afeitarse. Sai le había aconsejado vagamente en alguna ocasión que se pasase a la maquinilla eléctrica, pero odiaba la idea de que una cuchilla lograra vencerle, de modo que siguió con su método, derramando su sangre en el altar de la testarudez.

Por fin, vestirse resultó cosa fácil. Simplemente se propuso lo primero que encontró a mano. Como a veces se olvidaba de ponerse corbata, siempre llevaba una en el coche; tal vez no pegara con lo que llevaba puesto, pero se imaginaba que una corbata era una corbata, lo que importaba era la intención más que el estilo. El jefe quería que los detectives usaran corbata, así que Naruto usaba corbata.

Sai a veces parecía horrorizado, pero es que Sai era un obseso de la ropa que tendía a vestir trajes italianos de seda, así que Naruto no se lo tomaba a pecho.

Si cualquier otro poli vistiera como vestía Sai, o tuviera un coche como el que tenía Sai, Asuntos Internos se le habría echado encima igual que las moscas a la mierda, lo cual era un modo apropiado de describir aquel departamento. Pero Sai gozaba de la independencia que le daba el dinero, pues había heredado una bonita fortuna de su madre cubana, además de varias empresas prósperas de su padre, un hombre de negocios de Nueva Inglaterra que se había enamorado durante unas vacaciones en Miami y se quedó en Florida para el resto de su vida. La casa de Sai había costado su buen milloncejo de dólares, y él en ningún momento hizo el menor esfuerzo por rebajar su nivel de vida.

Su compañero era un hijo de puta tan enigmático, que Naruto no era capaz de decidir si Sai vivía con tanto lujo simplemente porque le gustaba aquel estilo de vida y podía permitírselo, o si lo hacía para jorobar a los cabrones de Asuntos Internos. Naruto sospechaba esto último y le parecía bien.

Él y Sai eran polos opuestos en muchas cosas. Sai era delgado como una hoja, y más reservado que un gato. Fueran cuales fueran las circunstancias, siempre iba elegante y acicalado, la ropa le quedaba perfecta. Le gustaban de verdad la ópera y el ballet.

Naruto era exactamente lo contrario: podía llevar el traje de seda más caro del mundo, perfectamente a medida de su cuerpo atlético y musculoso, y sin embargo seguir pareciendo sutilmente desaliñado. Le gustaban los deportes y la música country. Si ambos fueran automóviles, Sai sería un Jaguar, mientras que Naruto sería una furgoneta. Con tracción a las cuatro ruedas.

Por otra parte, pensó Naruto mientras regresaba lentamente a la cocina, la naturaleza había compensado su obra con los rostros de ambos, en una especie de marcha atrás. En persona, Sai era suavemente apuesto, pero en las fotos su cara adquiría un aire siniestro. Naruto se imaginaba que su propia cara asustaría a los niños y a los animales pequeños, suponiendo que hubiera alguna diferencia entre los dos, pero la cámara le adoraba. Todos aquellos ángulos, había explicado Sai. Sai era un apasionado de las cámaras y hacía un montón de fotos; nunca iba a ninguna parte sin su cámara. Naruto, al ser su compañero y estar constantemente con él, naturalmente aparecía en muchas de esas fotos. En ellas, los rasgos brutales de sus pómulos altos y prominentes, los ojos hundidos y la barbilla partida, todo ello resultaba melancólico y enigmático en vez de meramente bruto. Hasta la nariz rota parecía más derecha en las fotos. En persona parecía ceñudo, su cara ajada, y sus ojos, los ojos de un policía, atentos y demasiado viejos.

Naruto se sirvió una taza de café y se sentó a la mesa. Sai seguía cocinando, y, fuera lo que fuera, olía bien.

-¿Qué hay para desayunar? -preguntó.

-Tortitas de trigo integral con fresas frescas.

Naruto soltó un resoplido.

-En mi casa no ha habido jamás harina de trigo integral.

-Ya lo sé. Por eso me la he traído conmigo.

Comida sana. A Naruto no le importó. Podía mostrarse bastante afable cuando era otro el que cocinaba. Cuando trabajaban, sobrevivían más que nada a base de comida basura, algo que fuera rápido y sencillo, de modo que no le importaba equilibrarlo con basura nutritiva y baja en grasas cuando ambos tenían tiempo. Joder, si hasta habían llegado a aficionarse a las coles. Sabían a cacahuetes verdes, recién sacados del suelo y sin desarrollarse del todo, con la cáscara aún blanda. De niño había comido un montón de cacahuetes verdes, los prefería antes que los totalmente crecidos, a los que había que romper la dura cáscara.

-Bueno, ¿y qué es lo que no te ha dejado dormir esta noche? -preguntó a Sai-. ¿Algo en particular?

-No, ha sido una de esas noches en las que empiezas a soñar cosas raras cada vez que te quedas dormido.

Era curiosa la forma en que los sueños iban y venían. Todos los policías soñaban, pero Sai y él habían pasado una mala racha años atrás, justo después del tiroteo; durante un tiempo tuvieron pesadillas todas las noches. La mayoría de los policías llegaban al final de su carrera sin haber tenido que disparar sus armas, pero Naruto y Sai no habían tenido esa suerte.

Estaban intentando encontrar un sospechoso a quien interrogar en un tiroteo que había sido iniciado por la furiosa novia del sospechoso, justo en medio de una importante operación de drogas dirigida nada menos que por el propio sospechoso. Así era la forma en que solían caer los malos; la mayoría de las veces no eran atrapados gracias a la labor de un agudo detective, sino porque alguien los traicionaba

En esa ocasión en particular, en vez de lanzarse en picado por cualquier ventana y desaparecer por alguna alcantarilla, los malos los habían recibido con una nube de balas. Naruto y Sai se tiraron al suelo, saltaron a otra habitación, y durante cinco minutos de los más largos de la historia permanecieron acorralados en aquel lugar. Cuando llegaron los refuerzos, en forma de todos los policías disponibles en las inmediaciones, uniformados o no, que habían oído la llamada por radio de Naruto de .agente en tiroteo., ya habían caído tres de los malos y la chica. La chica y uno de los hombres estaban muertos. Una bala había rebotado, se había astillado, y una parte de ella había alcanzado a Naruto en la espalda, perdonando pnr muy poco la columna vertebral. Todavía llevaba fuerza suficiente para romperle una costilla y hacerle un agujero en el pulmón derecho Las cosas se volvieron un tanto borrosas a partir de entonces, pero una de las cosas que recordaba con claridad era la imagen de Sai arrodillado junto a él y soltando un chorro de palabrotas mientras intentaba detener la hemorragia. Tres días en cuidados intensivos, quince días en total de estancia en el hospital, nueve semanas hasta poder regresar al trabajo. Sí, los dos habían tenido muchas pesadillas durante una buena temporada después de aquello.

Justo cuando Sai empezaba a servir las tortitas, sonó el teléfono. Naruto se estiró para levantar el auricular, y al mismo tiempo se disparó el busca de Sai.

-¡Mierda! -dijeron los dos, mirándose el uno al otro.

-¡Es sábado, maldita sea! -gruñó Naruto contra el auricular del teléfono-. Hoy no trabajamos.

Escuchó mientras observaba cómo Sai trasegaba a toda prisa una taza de café, y luego suspiró.

-Sí, de acuerdo. Sai está aquí. Vamos para allá.

-¿Qué es lo que ha anulado nuestro día libre? -quiso saber Sai mientras salían por la puerta.

- Shino y Kiba están trabajando en otro caso. Utakata está enfermo en casa esta mañana. Sakura está en el dentista con una muela infectada. -Cosas que pasaban, no merecía la pena cabrearse por ello-. Yo conduzco.

-¿ y adónde vamos ?

Naruto le dio la dirección mientras se subían a su coche, y Sai la anotó en un papel.

-Llamó un hombre diciendo que su mujer estaba herida. Se le envió una unidad médica de urgencia, pero llegó antes un oficial de patrulla, echó una mirada y anuló la petición de la unidad médica para llamar a Homicidios.

Les llevó tres minutos llegar a la dirección que les habían indicado, pero no había posibilidad de equivocarse de casa. La calle estaba casi bloqueada por coches patrulla, una furgoneta de paramédicos y otros vehículos oficiales. Se veían varios agentes uniformados alrededor del pequeño césped de la entrada, mientras que los vecinos se apiñaban en pequeños grupos, algunos todavía con el pijama puesto. Naruto examinó automáticamente a las personas que miraban, en busca de algo que no encajase, alguien que pareciera estar fuera de lugar o que se mostrara demasiado interesado. Resultaba asombroso lo frecuentemente que un asesino se paseaba tranquilamente por ahí.

Se puso una chaqueta azul marino, cogió la corbata de repuesto del asiento de atrás del coche y se la puso con un nudo flojo alrededor del cuello. Se fijó en que, de alguna manera, Sai se las había arreglado para anudar de forma impecable la suya dentro del coche.

Volvió a mirar; maldita sea, ¡no podía creerlo! ¡EI muy cabrón había elegido un traje italiano de botonadura cruzada para su día libre! Simplemente se puso la chaqueta del traje nada más salir de la casa.

A veces, Sai le preocupaba.

Enseñaron sus placas al policía que estaba en la puerta, y éste se hizo a un lado para dejarles entrar.

-Mmmmierda -dijo Naruto en voz baja después de echar un buen vistazo.

-Y todas las demás excreciones humanas -repuso Sai en el mismo tono de incredulidad.

Los escenarios de un asesinato no eran nada nuevo. Al cabo de un tiempo, los policías llegaban a un punto en el que los crímenes violentos eran cosa de rutina, a su modo. Había navajazos y tiroteos como para dar y tomar. Si le hubieran preguntado media hora antes, Naruto habría dicho que Sai y él llevaban tanto siendo detectives, que por lo general resultaba imposible impresionarlos.

Pero aquello era distinto.

Había sangre por todas partes, salpicada en las paredes, en el suelo, hasta en el techo.

Observó el interior de la cocina, y el reguero de sangre partía de allí y atravesaba el salón para seguir por un pequeño pasillo y perderse de vista después. Intentó imaginarse qué clase de lucha habría podido extender tanta sangre de aquella manera.

Naruto se volvió al policía uniformado que guardaba la puerta.

-¿Han venido ya los chicos del laboratorio?

-Aún no.

-Mierda -volvió a decir.

Cuanto más tardase en llegar el equipo del laboratorio, o forenses, más comprometida se vería la escena del crimen. Era inevitable que se alterase algo, a no ser que los forenses fueran los que descubrieran a la víctima y aislaran inmediatamente la zona. Pero los forenses no estaban allí, y la casa estaba atestada de policías tanto uniformados como de civil, que pululaban por todas partes contaminando inevitablemente las pruebas.

-No permita que entre nadie más excepto los chicos de Kabuto -dijo al agente.

Kabuto era el jefe del equipo del laboratorio. Iba a cabrearse mucho cuando viera aquello.

-El teniente Jiraiya viene de camino.

-A él también puede dejarle entrar -contestó Naruto con una sonrisa característica.

La casa era de clase media, nada fuera de lo común. El salón estaba amueblado con un sofá y un sillón a juego, la acostumbrada mesa de centro y lamparitas a juego de auténtica madera barnizada, además de un gran diván de color marrón situado en el mejor sitio frente a la televisión. El diván estaba ocupado ahora por un hombre de aspecto desorientado de unos cuarenta y muchos o cincuenta años, probablemente el marido de la víctima Daba respuestas monosilábicas a las preguntas que le formulaba otro agente uniformado.

La víctima se encontraba en el dormitorio. Naruto y Sai se abrieron paso por entre la multitud hasta la pequeña habitación. El fotógrafo ya había llegado y estaba haciendo su trabajo, pero por una vez resultaba notorio que no mostrase su habitual indiferencia.

La mujer desnuda yacía en el estrecho espacio que quedaba entre la mesilla de noche y la pared. Había sido apuñalada repetidamente... acribillada era la palabra más adecuada. Había intentado echar a correr, y cuando se vio acorralada en el dormitorio trató de luchar, como lo atestiguaban las profundas heridas que presentaba en los brazos. Había sido casi decapitada, tenía los pechos mutilados por el gran número de heridas sufridas, y le habían seccionado todos los dedos Naruto recorrió la habitación con la vista, pero no vio los dedos cortados. La cama estaba todavía hecha, aunque salpicada de sangre.

-¿Se ha encontrado el arma? -preguntó Naruto.

Un patrullero asintió con la cabeza.

-Estaba justo al lado del cuerpo. Un cuchillo de cocina. La víctima tenía un juego completo Por lo visto, esos cuchillos hacen lo que dicen en los anuncios; creo que voy a comprárselos a mi mujer.

Otro agente soltó un resoplido.

-Si yo fuera tú, lo pensaría mejor, Hōshō

Naruto no hizo caso del humor negro, que empleaban todos los policías para que los ayudase a enfrentarse a las cosas que veían a diario.

-¿Y los dedos?

-Nada. Ni rastro de ellos.

Sai soltó un suspiro.

-Creo que será mejor que vayamos a hablar con el marido.

Era un hecho que la mayoría de los homicidios, excepto los cometidos al azar por bandas desde un coche, eran cometidos por alguien que conocía a la víctima: un amigo, un vecino, un compañero de trabajo, un pariente Cuando la víctima era una mujer, la habitual lista de sospechosos se reducía todavía más porque el asesino era casi invariablemente su marido o su novio En muchas ocasiones, el asesino era el que «descubría» el cadáver e informaba del crimen.

Regresaron al salón, y Naruto cruzó su mirada con la del agente que estaba interrogando al marido, y que acto seguido se acercó a ellos.

-¿Ha dicho alguna cosa? -preguntó Naruto.

El agente negó con la cabeza.

-La mayor parte del tiempo no ha querido responder a las preguntas. Sí ha dicho que su esposa se llamaba Nadine y que él se llama Sasori, Yakushi Sasori. Llevan veintitrés años viviendo aquí. Aparte de eso, no quiere hablar.

-¿Fue él quien llamó a la policía?

-Sí.

-Bien. Nosotros nos ocuparemos ahora.

Sai y él fueron hasta donde estaba el señor Sasori. Naruto se sentó en el sofá y Sai acercó el otro sillón antes de tomar asiento, para así aprisionar al señor Sasori entre ambos.

-Señor Yakushi, soy el detective Uzumaki, y éste es el detective Shimura. Nos gustaría hablar con usted, hacerle unas preguntas.

El señor Yakushi tenía la mirada fija en el suelo. Sus grandes manos colgaban inertes sobre los mullidos brazos del diván.

-Claro -dijo sin emoción alguna.

-¿Fue usted el que encontró a su esposa?

El hombre no contestó, sino que se limitó a contemplar el suelo. Intervino Sai:

-Señor Yakushi, ya sé que le resulta duro, pero necesitamos su cooperación. ¿Es usted la persona que llamó a la policía?

Él movió lentamente la cabeza en un gesto negativo.

-No llamé a la policía; llamé al 911.

-¿A qué hora llamó? -preguntó Naruto. La hora figuraría en el informe, pero los mentirosos solían traicionarse a sí mismos en los detalles más simples. En aquel preciso momento, Sasori era sospechoso por el hecho de estar casado con la víctima.

-No sé -musitó Yakushi. Aspiró profundamente y pareció hacer esfuerzo por concentrarse-. Las siete y media o así, creo. –Se pasó una mano temblorosa por la cara-. Salí del trabajo a las siete, y suelo tardar unos veinte o veinticinco minutos en llegar a casa.

Naruto cruzó su mirada con la Sai. Habían visto suficientes muertos para saber que la señora Yakushi llevaba varias horas en ese estado, y no media hora o así. El forense establecería la hora del deceso, y si el señor Sasori había estado trabajando durante ese tiempo, y si había testigos que pudieran afirmar con seguridad que no se había marchado, tendrían que empezar a estudiar otras posibilidades. A lo mejor la víctima tenía un novio; tal vez alguien había conservado caliente la cama de la señora Yakushi mientras su marido trabajaba en el turno de noche.

-¿Dónde trabaja usted?

No hubo respuesta. Naruto lo intentó de nuevo.

-Señor Yakushi, ¿dónde trabaja?

Sasori se movió un poco y nombró una empresa local de transportes.

-¿Normalmente trabaja en el turno de noche?

-Sí, trabajo en el muelle, cargando y descargando camiones. La mayor parte de las mercancías llegan de noche para ser entregadas durante el día.

-¿A qué hora se fue a trabajar anoche?

-A la hora de siempre, alrededor de las diez.

Estaban en racha, por fin empezaban a obtener algunas respuestas.

-¿Tiene usted que fichar en el trabajo? --quiso saber Sai.

-Sí.

-¿Ficha nada más llegar, o espera hasta que comienza su turno?

-Nada más llegar. El turno empieza a las diez y media. Tenemos media hora para cenar, y salimos a las siete.

-¿Tiene que fichar al ir y venir de cenar?

-Sí.

Por lo visto, la noche del señor Sasori iba a estar muy bien documentada. Comprobarían todo lo que les había dicho, por supuesto, pero eso no supondría ningún problema.

-¿Notó usted algo fuera de lo habitual esta mañana? -preguntó Naruto--. Antes de entrar en casa, quiero decir.

-No. Bueno, la puerta estaba cerrada con llave. Nōnō suele levantarse a abrírmela y luego se pone a hacer el desayuno.

-¿Suele usted entrar por la puerta principal o por la trasera?

-Por la trasera.

-¿Qué vio cuando abrió la puerta?

Al señor Sasori le tembló la barbilla.

-Al principio, nada. Las persianas estaban echadas y las luces no estaban encendidas. Estaba todo oscuro. Me imaginé que Nōnō se había dormido.

-¿ Y qué hizo?

-Encendí la luz de la cocina.

-¿Qué vio allí?

El señor Sasori tragó saliva, Abrió la boca, pero no pudo hablar. Se llevó una mano a los ojos.

-S-sangre -consiguió decir-. Por, ., por todas partes. Excepto que parecía salsa de tomate, al principio, Pensé que se le habría caído un bote de tomate y se le habría roto, y que por eso estaba todo manchado, Luego.., luego comprendí lo que era, y me asusté, Pensé que a lo mejor se había cortado, un corte grave, La llamé a gritos y corrí al dormitorio a buscarla..

Se interrumpió, incapaz de proseguir la narración. Comenzó a temblar y no se dio cuenta del momento en que Naruto y Sai se levantaron y se fueron, dejándole a solas con su pena y su horror.

Llegaron Kabuto y su ayudante con sus maletines y desaparecieron en el dormitorio para recoger cualquier prueba que pudieran salvar de aquella carnicería. El teniente Jiraiya llegó prácticamente pisándoles los talones y frenó en seco nada más trasponer la puerta, con una expresión de sobresalto.

-Mierda, mierda -murmuró.

-Ése parece ser el consenso -dijo Sai a Naruto en un aparte, al tiempo que ambos iban al encuentro del teniente.

Jiraiya no era mal tipo aunque fuera de California y pudieran ocurrírsele ideas peregrinas de las cosas, Era lo más justo posible en su manera de dirigir aquella unidad, lo cual Naruto consideraba una recomendación bastante buena, y era tolerante con las diversas peculiaridades y costumbres de los detectives que tenía bajo su mando.

-¿Qué habéis conseguido hasta ahora? – preguntó Jiraiya.

- Tenemos una mujer acribillada a cuchilladas y un marido que estaba trabajando. Comprobaremos su coartada ,pero las tripas me dIcen que está fuera de toda sospecha -respondio Naruto.

Jiraiya suspiró.

-¿ Un novio, acaso?

-Todavía no hemos llegado a eso.

-Está bien. Vamos a movemos deprisa está vez. Dios, qué paredes,

Pasaron al dormitorio, y allí el teniente palideció.

-Mierda, mierda -dijo de nuevo-, ¡Esto es enfermizo!

Naruto le dirigió una mirada pensativa y se le encogió el estómago. Experimentó una sensación de pánico que le subía por la espalda. Enferrnizo. Sí, aquello era un acto enfermizo, y él estaba de pronto mucho más preocupado que antes.

Se agachó en cuclillas al Iado de Kabuto mientras éste, alto y larguirucho, buscaba cuidadosamente alguna fibra, un cabello, algo que pudiera analizarse y revelar sus secretos.

-¿Ha encontrado algo?

-No lo sabré hasta que lo lleve al laboratorio. - Kabuto miró alrededor-. Sería de ayuda que encontrásemos los dedos, a lo mejor había algo de piel bajo las uñas. Tengo gente examinando la basura del vecindario. Aquí no hay recogida de basuras, de modo que eso está descartado.

-¿La han violado?

-No lo sé. No se ve semen.

La sensación de pánico de Naruto estaba aumentando. Lo que había sucedido parecía un asesinato simple, aunque espeluznante, que se iba complicando. Sus tripas rara vez se equivocaban, y sus señales de alarma se estaban disparando una detrás de otra como si de un pelotón se tratara.

Siguió el rastro de sangre hasta su comienzo, en la cocina. Sai lo acompañó, y ambos permanecieron unos minutos de pie en el pequeño y acogedor recinto, recorriéndolo con la vista. Era evidente que a Nōnō Yakushi le gustaba cocinar; la cocina era más moderna que el resto de la casa, con accesorios relucientes, una pequeña isleta central y un surtido de cazuelas y sartenes brillantes pero muy usadas que colgaban sobre la isleta. En un extremo de la encimera había un conjunto de utensilios para cortar, además de un juego de cuchillos de cocina, del que faltaba uno.

-¿Cómo entró aquí ese hijo de puta? -musitó Naruto-. ¿Alguien ha buscado signos de que hayan forzado la entrada, o se han limitado a la posibilidad de que sea el marido el que la mató?

Sai llevaba suficiente tiempo trabajando con él para saber lo que estaba pensando.

-¿Tienes una corazonada?

- Sí, una muy mala.

- ¿Crees que a lo mejor tenía un amiguito?

Naruto se encogió de hombros.

-Puede que sí, puede que no. Es por algo que ha dicho el teniente, lo de que esto es un acto enfermizo. Así es. Y eso me pone muy nervioso. Ven, vamos a ver si conseguimos averiguar como entró.

No llevó mucho tiempo. Había un pequeño corte en la parte inferior de la persiana del otro dormitorio. La persiana estaba en su sitio, pero sin sujetar, y el cierre de la ventana estaba abierto, algo que no habría impedido la entrada ni a un niño de diez años.

-Voy a buscar a Kabuto -dijo Sai-. Quizás él pueda tomar alguna huella o encontrar un par de hilos sueltos.

La sensación que Naruto notaba en las tripas empeoraba. Una entrada por la fuerza suponía un giro en la situación e indicaba la presencia de un desconocido. Aquello no tenía pinta de ser un allanamiento de morada que hubiera desembocado en violencia cuando el intruso se topó de repente con la señora Yakushi; un ladrón corriente probablemente habría huido, y aun cuando hubiera atacado, se habría dado prisa. La agresión sufrida por la señora Yakushi había sido a la vez sádica y prolongada. Enfermiza.

Regresó a la cocina. ¿ Habría tenido lugar allí la primera confrontación, o habría visto la señora Yakushi al intruso y habría tratado de huir por la puerta de atrás, y había llegado sólo hasta la cocina antes de que él la atrapara? Naruto miró fijamente los accesorios, como si éstos pudieran decirle algo. Un leve ceño le frunció la frente, y se inclinó sobre la cafetera automática, que era de esas que se instalaban sobre los armarios de arriba para que no ocuparan espacio en la encimera. La jarra contenía unas cinco tazas de café. Tocó el cristal con el dorso de los dedos. Estaba frío. La cafetera era de las que tenían un interruptor automático que desconectaba el plato de calentar al cabo de dos horas. Sobre la encimera había una taza de café, llena casi hasta el borde. No tenía aspecto de que nadie la hubiera tocado desde que se echó el café en ella. Naruto metió un dedo en el líquido. Frío también.

Extrajo un par de guantes quirúrgicos del bolsillo y se los puso. Tocó con cuidado sólo el borde de madera de las puertas de los armarios, en vez de los tiradores metálicos, y fue abriéndolos todos. Tras la segunda puerta encontró un bote de café descafeinado. La señora Yakushi podría tomarlo por la noche sin preocuparse de que pudiera quitarle el sueño.

Había hecho una cafetera y había estado allí, en la cocina. Acababa de servirse la primera taza y había vuelto a dejar la jarra en el plato. La puerta del salón quedaba detrás de ella, a la derecha. Naruto repitió todos los movimientos como si él mismo se hubiera servido el café, y se situó donde se habría situado la víctima. Según la posición de la taza sobre la encimera, seguramente la señora Yakushi se puso de pie ligeramente a la izquierda de la cafetera.

Entonces fue cuando vio al intruso, justo después de dejar la jarra en su sitio. La cafetera tenía una superficie oscura y brillante, casi como un espejo, detrás de las manecillas del reloj que llevaba incorporado. Naruto flexionó las rodillas, en un intento de bajar hasta la estatura aproximada de la señora Yakushi. La puerta abierta de la cocina se reflejó en la supeficie de la cafetera.

La víctima no había llegado a coger su taza de café recién hecho. Vio el reflejo del intruso y se volvió, tal vez pensando, en un primer momento, que su marido había olvidado algo y que había regresado a casa a buscarlo. Cuando se dio cuenta de su error, ya tenía al asesino encima.

Probablemente no estaba desnuda en la cocina, aunque Naruto llevaba siendo policía el tiempo suficiente como para saber que todo era posible. Simplemente era otra corazonada.

Pero sí estaba desnuda cuando el asesino hubo terminado con ella, y probablemente también cuando empezó.

Era posible que la violase a punta de cuchillo allí mismo, en la cocina. El hecho de que no hubiera semen a la vista no significaba nada; después de tantas horas, y con el forcejeo que siguió, haría falta un examen médico para determinar lo ocurrido y muchas veces los violadores no llegaban a eyacular; no era el orgasmo lo que perseguían.

Tras la violación, el asesino empezó a trabajar con el cuchillo. Hasta ese momento, ella estuvo aterrorizada pero con la esperanza, probablemente, de que una vez que hubiera terminado su atacante se marcharía sin más. Cuando empezó a apuñalarla, ella supo que tenía la intención de matarla y empezó a luchar por su vida. Escapó de él, o tal vez él la dejó escapar, igual que un gato que juega con un ratón, dejando que pensara que se había librado antes de atraparla otra vez fácilmente.

¿Cuántas veces habría jugado a ese jueguecito enfermizo antes de acorralarla por fin en el dormitorio?

¿Qué llevaba puesto ella?

¿El asesino se había llevado consigo la ropa a modo de recuerdo o trofeo?

-¿Qué? -preguntó Sai en voz baja desde la puerta, con una mirada grave en sus ojos oscuros, observando a su colega.

Naruto levantó la vista.

-¿Dónde está la ropa de ella? -preguntó-. ¿Qué llevaba puesto?

-Quizá lo sepa el marido.- Sai desapareció, y regresó en menos de un minuto-. Cuando él se fue a trabajar, su mujer ya se había puesto el camisón. Dice que era blanco, con cositas azules.

Los dos se pusieron a buscar la prenda en cuestión, que resultó sorprendentemente fácil de encontrar. Sai abrió las puertas ple- gables que ocultaban la lavadora y la secadora, y allí estaba, pulcramente colocada encima de la pila de ropa sucia que había sobre la secadora.

La prenda estaba manchada de sangre, pero desde luego no empapada. No, no la llevaba puesta cuando comenzó la agresión con el cuchillo. Probablemente estaba tirada en el suelo, a un lado, y la sangre la salpicó después.

Naruto se la quedó mirando fijamente.

-Después de violarla y matarla, ¿ese hijo de puta dejó el camisón en la lavadora?

-¿Violación? -inquirió Sai.

-Puedes apostar a que sí,

-No he tocado el pomo de la puerta. Quizás Kabuto pueda sacar una huella; ha salido con las manos vacías del segundo dormitorio.

Naruto sintió otro retortijón en las tripas, que le gustó todavía menos que los anteriores.

-Me temo que vamos a salir con las manos vacías de todas partes -dijo con aire sombrío.

Continuará...