CAPÍTULO 8
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Naruto se sentía como si le hubieran arañado las tripas por dentro.
No tuvo necesidad de imaginarse lo que debió pasar Hinata. Él era policía, y había visto demasiado para tener que apoyarse en su imaginación para obtener detalles. Sabía lo que era realmente las palizas, sabía cómo eran las puñaladas, sabía cuanta sangre había, cómo se iba extendiendo, extendiendo, hasta inundarlo todo, incluso se filtraba en las pesadillas. Sabía cómo había gritado y sollozado el pequeño, había visto el terror y la desesperación en las caras de otros niños, su dolor, su absoluta impotencia.
Hinata había pasado por ello. Y cuando tuvo la visión del asesinato de Nōnō Yakushi
¿Qué coste tuvo para ella volver a ver aquellas imágenes?
La similitud entre ambas resultaba nauseabunda.
En algún punto de la conversación con el profesor Hiruzen, su sano escepticismo se había venido abajo. Se había plantado el germen de la posibilidad. No le gustaba, pero a pesar de sí mismo, aceptó que Hinata había "visto" morir a la señora Yakushi. A lo mejor fue una situación irrepetible. Según el profesor, cuando Hinata se recuperó de sus heridas y del trauma emocional que había sufrido, se quedó sin capacidades extrasensoriales.
Por primera vez en su vida, pudo vivir normalmente. Era algo que siempre había deseado poder hacer, pero el precio que pagó fue horrendo. Incluso después de seis años seguía pagándolo. Ahora Naruto sabía por qué no había novios de por medio.
Aquello le dio todavía más determinación para cambiar la situación. Objetivamente, podía resultarle un tanto divertida aquella serie de conflictos que le ofuscaban la mente y le roían las entrañas. Siempre había sido capaz de mantenerse un poco apartado, sin que le afectaran la mayoría de las preocupaciones que rondaban a otros policías. Subjetivamente, no se estaba divirtiendo en absoluto con aquello. No creía en lo paranormal, siempre se había reído de los que sí creían, y ahora se sorprendía a sí mismo no sólo creyendo a medias, sino intentando imaginar cómo podría servirse de Hinata para encontrar al asesino de la señora Yakushi.
Aquel último pensamiento le produjo otro retortijón. Quería protegerla, no quería relacionarla con otro asesino; pero era policía, y su trabajo consistía en utilizar los recursos que hubiera a su alcance para resolver un crimen, sobre todo uno tan brutal como aquél.
Aquel hijo de puta no podía andar paseándose por ahí suelto, entre el inocente público. Ya pesar del primitivo instinto masculino que le decía que mantuviera a Hinata alejada de aquello, supo que, si le era posible, se valdría de ella. Haría todo lo que estuviera en su mano para mantenerla a salvo, pero lo más importante era encontrar a aquel tipo y ponerlo entre rejas. A menos que fuera un loco perdido, la salvajada de aquel asesinato era tal que casi con toda certeza le sería impuesta la pena de muerte..., pero antes había que cogerlo.
Otro conflicto era el que tenía que ver con su propio recelo masculino. Ningún hombre que él conociera aceptaba de buen grado los avatares y las restricciones de una relación emocional con una mujer, y él no era una excepción. Le gustaba la vida que llevaba; no le gustaba estar atado a ninguna mujer. No quería tener que rendir cuentas de su tiempo a nadie, no quería tener que tomar en cuenta a otra persona cuando hiciera planes para lo que le apeteciera hacer.
Pero ahora estaba Hinata, y maldito fuera si no se sentía acorralado.
Se había sentido atraído por muchas mujeres, pero no de este modo. Esto era una fiebre, una necesidad imperiosa que no le abandonaba en ningún momento. Habían pasado sólo cuatro días desde que entró en el despacho de Jiraiya y la vio por primera vez, y desde entonces no se la había quitado de la cabeza. Cuanta más información obtenía sobre ella, más adentro se metía. y lo peor de todo era que ella desde luego no estaba haciendo nada para que él se metiera: lo estaba haciendo él solito, peleando centímetro a centímetro.
Hinata había evitado totalmente a los hombres, tanto en el aspecto romántico como en el sexual, desde que Otsutsuki casi la destruyó. Naruto intentó decirse a si mismo que debía retirarse para así darle tiempo y espacio para que llegara a confiar en él, pero sabía que eso no iba a suceder; él nunca había sido de los que se sentaban a esperar. Iba a hacerla suya, y muy pronto, además. A ella, comprensiblemente, la asustaría el sexo; él, y nadie más, iba a enseñarle que podía ser agradable. Nunca en su vida había estado celoso, pero ahora se sentía casi furioso de celos. No de Otsutsuki, por Dios, sino de cualquier otro hombre que pudiera mirarla y perderse en aquellos ojos perlas sin fondo que poseía Hinata. Quería disfrutar del derecho de aferrarla contra sí y lanzar una mirada feroz a cualquier cabrón que se atreviera a poner los ojos en ella demasiado tiempo
Sai se partiría de risa por lo irónico de aquella situación. Naruto nunca había tenido problemas en separar su vida amorosa de su trabajo, porque éste siempre había tenido preferencia. y aquí estaba ahora, obsesionado con una mujer que constituía su mejor contacto con un asesino.
Eran las nueve y media cuando aterrizó su avión. Estaba cansado, pues llevaba en pie desde el amanecer, por no mencionar que había casi cruzado el país en avión dos veces, ida y vuelta. Habló con Sai desde una cabina de teléfono del aeropuerto, y le dijo que le vería por la mañana y que ya se lo contaría todo.
Después de colgar, permaneció allí de pie por espacio de unos segundos, pensando.
Estaba cansado, tenía la ropa cansada también, se sentía irritado. Debería irse a casa y dormir un rato, meditar sobre todo aquello. Sabía lo que debía hacer, pero maldita la gana que tenía de hacerlo.
Lo que quería era ver a Hinata.
Tal vez no le gustaran las complicaciones, pero no podía esperar a enredarse en ellas igual que una polilla que se lanza feliz hacia una llama.
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Hinata abrió la puerta de un tirón al quinto golpe y se quedó plantada en el umbral, en una postura que denegaba claramente la entrada.
-Son las diez y media, detective -dijo con frialdad-. A menos que traiga la orden que le dije, lárguese de mi porche.
-Claro -replicó Naruto suavemente, y dio un paso adelante.
Hinata no estaba preparada para aquella maniobra, y retrocedió automáticamente para dejarle espacio antes de darse cuenta. Intentó recuperar el terreno perdido, y agarró la puerta, pero fue demasiado tarde; él ya estaba dentro.
Naruto no apartó la vista de ella mientras cerraba la puerta. Llevaba puestos unos tejanos cortados, unos calcetines arrugados y una camiseta vieja y ligera que se le pegaba a los pechos sin sujetador como si fuera una segunda piel. Unos pechos muy bonitos, observó Naruto sin hacer el menor esfuerzo por ocultar la dirección de su mirada. Altos y en punta, con pezones pequeños y oscuros que se abultaban bajo la tela. Se le secó la boca y sintió una fuerte tensión en la ingle, la misma reacción que experimentaba cada vez que estaba en su compañía. Estaba empezando a esperarlo, a disfrutarlo.
La informalidad del atuendo de Hinata le sorprendió, pues contrastaba vivamente con la imagen remilgada que proyectaba por regla general. Detrás de aquella fachada había una mujer cuya sensualidad natural le dejó sin aliento y le hizo darse cuenta de lo bien que ella había conseguido ocultarla. Sintió el impulso de sacudir negativamente la cabeza por aquel desperdicio, y al mismo tiempo dar gracias a Dios por el hecho de que, tal como era evidente, ningún otro hombre hubiera traspasado las defensas de Hinata.
Aquella mujer tenía más capas que una cebolla, y estaba empeñada en mantenerlas bien ocultas bajo aquel escudo lleno de pinchos que se había construido. La mirada letal que le dedicaba ahora debería haberle chamuscado la piel. Instintivamente sabía que su hostilidad se debía a su vulnerabilidad; estaba lógicamente enfadada por el hecho de que él la había considerado una sospechosa y por el menos que amable interrogatorio al que la había sometido, pero la mayor parte de su consternación obedecía al hecho de que él la estuviera viendo así, sin la armadura de su suave disfraz.
La paciencia no iba a servir de nada con ella. Estaba demasiado acostumbrada a esconderse, a protegerse. Iba a tener que derribar sus defensas, obligarla a que le permitiera acercarse. Sintió un estremecimiento al decidir cómo iba a hacerlo.
Deliberadamente, dejó que su mirada la recorriera de arriba abajo. El pelo oscuro y brillante le caía suelto sobre los hombros. Eso le gustó. Sus piernas desnudas. ..Experimentó otra oleada de deseo. Maldición, qué piernas tenía. Y los pechos eran tan tentadores que la boca se le hizo agua hasta que estuvo a punto de babear. No pensaba intentar ocultar su atracción ni un minuto más; ya era hora de empezar a acostumbrarse a ella.
Hinata se ruborizó furiosamente mientras él seguía mirándole los pechos. Se cruzó de brazos en un gesto medio beligerante, medio defensivo.
-A menos que tenga una buena razón para esto, voy a presentar una demanda contra usted-le advirtió.
Naruto levantó la vista un momento.
-He estado en Boulder -dijo bruscamente-. Acabo de volver hace una hora. -Hizo una pausa, buscando cualquier posible expresión en Hinata. Ésta no dejó entrever gran cosa, pero Naruto estaba aprendiendo a leer en sus ojos; Hinata.m aún no había aprendido a ocultar la expresión que mostraban-. He hablado con el doctor Sarutobi.
Las pupilas de Hinata se dilataron intensamente, y no hubo forma de ocultar su consternación. Permaneció de pie rígida, mirándole.
-¿Y?
Naruto se acercó un poco más, tanto que sabía que ella podía sentir su calor, lo bastante para intimidarla con su estatura. Fue una táctica deliberada, una que ya había empleado en el interrogatorio, pero esta vez había una gran diferencia en su actitud. Hablar con ella todavía era importante, pero por debajo estaba la poderosa necesidad sexual de hacer que tomara conciencia de él como macho.
La proximidad de su cuerpo la impresionó; Naruto la vio rendirse, vio el súbito color en sus mejillas, vio el parpadeo de alarma en sus ojos. Hinata no se permitió retroceder, pero se quedó muy quieta, y las aletas de la nariz se le agitaron delicadamente cuando llegó hasta ella el fuerte aroma de la piel de Naruto.
Su aroma de mujer también flotó sutilmente alrededor de Naruto, atrayéndole aún más. Era un olor a limpio, a jabón, que le indicó que no hacía mucho que se había duchado, mezclado con el cálido dulzor femenino. Sintió deseos de inclinarse y rozarle el cuello con los labios, de seguir aquel leve aroma hasta su origen, investigar todos los misteriosos lugares en los que podía haber quedado atrapado.
Más tarde. Era demasiado pronto para eso.
-El buen doctor tenía un montón de cosas interesantes que contar -murmuró Naruto, y empezó a rodear a Hinata lentamente, dejando que su cuerpo rozara el de ella, notando cómo esos ligeros roces provocaban un hormigueo en sus nervios parecido al de la electricidad. Un semental acorralando a una yegua, acostumbrándola a su contacto, a su olor. Haciéndole la corte--. Por lo visto, es usted una especie de milagro de percepción extrasensorial, si es que cree en esa clase de tonterías.
Hinata apretó los labios. De nuevo poseía el control de sí misma y ni siquiera miraba a Naruto mientras éste se movía alrededor de ella. haciendo caso omiso del contacto fugaz de su brazo, o de su pecho, y del roce de su muslo.
-Usted no cree, claro.
-No -respondió él alegremente. No era del todo mentira, pero no estaba por la labor de decirle a Hinata que estaba como mínimo ya medio convencido. Obtendría una reacción mucho mayor de ella sí estaba enfadada, y reacción era exactamente lo que quería-. A no ser que pueda usted demostrármelo. ¿Por qué no lo intenta? Vamos, Hinata, léame la mente.
Despacio, despacio, vueltas y más vueltas, sin dejarla escapar del todo de su contacto, de su calor.
-No puedo. Para eso tiene que tener algo en la mente.
-Buen golpe, pero eso no demuestra nada. -Mantuvo bajo el tono de voz, casi canturreando -Hágame creer.
-Yo no hago trucos para el público -soltó ella, aguijoneándole. Se iba poniendo cada vez más tensa, la fuerza de la proximidad de Naruto le atacaba los nervios.
-¿Ni siquiera para demostrar que es inocente de asesinato? - Naruto presionó un poco más-. Esto no es una fiesta, nena, por si no se ha dado cuenta.
Hinata giró la cabeza violentamente, haciendo volar su melena oscura, y volcó sobre él toda la intensidad de su mirada, entrecerrando los ojos como un gato.
-Supongo que podría verdaderamente convertirlo en sapo -dijo, haciendo conjeturas, y acto seguido se encogió de hombros-. Pero ya hay alguien que lo ha hecho mejor que yo.
Naruto lanzó una carcajada que la sorprendió.
-Ha visto demasiados episodiosde la serie Embrujada: eso es brujería, no percepción extrasensorial.
El lento acorralamiento pudo por fín más que ella. Saltó bruscamente en dirección a la cocina. El la dejó, y la siguió de cerca pisándole los talones.
-Café-dijo blandamente-. Buena idea.
Hinata no había pensado en hacer café, por supuesto; simplemente estaba huyendo. Pero se aferró agradecida a algo que hacer, justo como él había pensado. Estaba alterada, y le costaba un gran esfuerzo proseguir. Naruto empezaba a darse cuenta de lo importante que era para ella el control. Lástima que él no pudiera permitirle retenerlo.
Hinata abrió un armario de la cocina y sacó una lata de café. Le temblaban visiblemente las manos. Entonces se detuvo un instante, de espaldas a él mientras dejaba con cuidado la lata sobre la encimera.
-Yo no leo la mente - dijo impulsivamente- No soy telépata
-¿Ah, no?
Aquello no era lo que le había dicho el doctor Sarutobi, exactamente. Experimentó un hormigueo de triunfo. Por fín estaba empezando a hablar con él en vez de resistirse. Sintió deseos de rodearla con sus brazos y sostenerla contra sí, ofrecerle un refugio contra el trauma de sus recuerdos,pero era demasiado pronto. Hinata ya tenía conciencia física de él, pero seguía estando asustada.
-No…no el telépata cásico.-Bajó los ojos hacia la lata de café. Naruto vio que todavía le temblaban las manos.
-¿Entonces, que es usted?
¿Entonces, qué es usted? Hinata oyó el eco de la pregunta en su mente. Una pirada, podrían responder algunos. «Charlatana» era la palabra que emplearían otros. El detective Uzumaki no había sido tan educado; la había llamado falsa, y posiblemente cómplice de asesinato. Era ridículo, naturalmente. Incluso él debería haber abandonado esa idea a aquellas alturas, al enfrentarse a una total ausencia de pruebas, oportunidad y móvil. Pero la había investigado, había ido a Boulder a hablar con el doctor Hiruzen. Ahora sabía mucho de ella. Tal vez no creyera, pero por lo menos ahora hacía preguntas en vez de limitarse a acusar.
¿Pero cuánto sabría?
El doctor Hiruzen era capaz de enseñar discreción a un diplomático, si quisiera; ¿cuánto le habría revelado a un desconocido, aunque ese desconocido fuera policía? Hinata deseó desesperadamente que no lo supiera todo, porque entonces le haría preguntas al respecto, y no creía que pudiera soportar traer todo de nuevo al presente. Se sentía extrañamente vulnerable, desnuda, con los nervios de punta. Uzumaki era el culpable, por haberse acercado a ella con aquel cuerpo tan grande, tan cerca que su calor le quemó la piel, por haberse rozado deliberadamente contra ella, por haberle mirado descaradamente los pechos .
No queria ser todavía más consciente de su presencia de lo que ya lo había sido. Se sentía a salvo en su soledad .
-¿Qué es usted ? -repitió Naruto con calma.
Ella se volvió para mirarle de frente, con movimientos lentos y pensados Cuadró los hombros como si estuviese haciendo acopio de fuerzas para superar una dura prueba.
-Soy empática y clarividente. O más bien, era -Confusa de pronto, se frotó la frente- Supongo que sigo siéndolo
-Pero ha leído la mente
-Puede ser. No exactamente. -Resultaba dificil describir el hecho de estar conectada a alguien de tal forma que podía interpretar sus pensamientos a través de sus emociones A veces, el vinculo era tan fuerte que sucedía eso.
Escogiendo las palabras con cuidado, Naruto dijo:
-Según el doctor Sarutobi, usted es la receptora más sensible que ha conocido en su vida.
Ella le dirigió una mirada acosada.
-La palabra "receptora» es tan buena como cualquier otra. Yo percibo o percibía cosas. Emociones, energía de las acciones. A veces también pensamientos, pero normalmente eran sentimientos más que ideas La estática era increíble.
-¿Por eso se unió al estudio del doctor Sarutobi, para sentir la paz de un entorno controlado?
Hinata se mordió el labio
-Sí No podía pasar en coche por una calle, andar de compras por un centro comercial, ir a ver una película Era como miles de voces gritándome a un mismo tiempo. La mayoría de la gente no hace ningún esfuerzo por protegerse, sencillamente lo lanzan todo fuera de sí como una ametralladora, enviando sus sentimientos en todas direcciones
-Pero usted no vivía en el instituto
-No, tenia una pequeña vivienda cerca de Boulder. Era muy tranquila.
-Sé lo que ocurrió hace seis años.
Aquella brusca declaración fue como recibir un golpe entre los ojos. Se tambaleó por la fuerza del impacto y retrocedió apoyándose en el armario. Naruto se movió a su vez, avanzando hacia ella con aquella elegancia letal y gatuna, tan insólita en un hombre tan grande. Mareada, aterrada, Hinata levantó una mano para alejarle de sí, pero con una facilidad ridícula él le apartó la mano a un lado y la atrajo hacia sus brazos.
La impresión que le produjo sentir aquel duro cuerpo contra el suyo fue pasmosa. Estaba increíblemente caliente, ardía incluso bajo las varias capas de ropa. Sus musculosos brazos eran rígidos como bandas de acero; la obligaron a acercarse aún más, hasta que sus muslos quedaron pegados a los de él, hasta que sus pechos se aplastaron contra el duro relieve de los músculos del estómago de Naruto. Se sintió débil, desorientada, y contrajo automáticamente los bíceps en un esfuerzo por afianzarse.
-No te asustes -murmuró él, inclinando la cabeza hacia Hinata. Su aliento cálido le cosquilleó en el oído cuando él le rozó suavemente un costado del cuello. Acarició con la lengua el pequeño hueco de debajo de la oreja, y la sensación, tierna como el beso de una madre, hizo temblar a Hinata-. No permitiré que vuelva a sucederte algo así. Sé que ahora los hombres te ponen nerviosa, pequeña, pero yo voy a cuidar de ti. De verdad, voy a cuidar muy bien de ti.
Hinata echó la cabeza hacia atrás para poder mirarle. Sus ojos eran enormes, y en ellos brillaba el pánico.
-¿De qué me está hablando? -exclamó con un hilo de voz.
Estaba asustada, tenía miedo del modo en que las cosas se le habían ido tan súbitamente de las manos, tenía miedo de la proximidad de aquel cuerpo gigante. No deseaba aquello, no quería tener que enfrentarse a los recuerdos ya cosas desagradables. Por la razón que fuera, él había decidido no hacer caso omiso del fuego de la atracción contra la que habían estado luchando los dos, y había actuado con sorprendente velocidad para cambiar la situación. Ahora ya no quedaba en él nada del detective; era puramente un hombre, cuyos ojos brillaban de deseo sexual.
Naruto apoyó los labios en su sien.
-En la cama, pequeña. Cuando hagamos el amor.
Hinata se puso rígida y empujó contra los macizos hombros de Uzumaki con tanta fuerza como pudo.
Él no se movió un milímetro.
-No, no quiero eso. ¡Suélteme!
-Calla -replicó Naruto con firmeza, apretándola contra sí-. Sólo te estoy abrazando, Hinata. Eso es todo. Llevo queriendo hacerlo desde la primera vez que te vi, el lunes por la mañana.
-Ha de haber alguna norma contra los detectives que se propasan con una sospechosa - soltó ella, buscando una arma que utilizar-. Si se cree que no voy a denunciarlo...
-Tú no eres una sospechosa -la interrumpió Naruto, y sonrió a medias-. Tal vez debiera habértelo dicho antes, pero el agente que te vio el viernes por la noche te proporcionó una buena coartada, ya que no pudiste estar en dos sitios a la vez.
Hinata dejó de moverse, con la atención centrada en lo que él acababa de decir. Clavó la mirada en la suya. Con una sensación de incomodidad, Naruto se dio cuenta de que sus ojos tenían algo extrañamente seductor.
-¿Cuándo ha hablado con él?
El tono sereno de su voz no le engañó. Hizo una mueca para sus adentros.
-Hum. ..El martes por la noche. -Debería haberle mentido, no debería haber sacado aquello, por lo menos no en aquel momento. Debería haber. ..
Hinata lo mordió.
Naruto había esperado a medias que ella le atacase. Tenía que admitir que tal vez se lo mereciera, y estaba dispuesto a encajar un golpe si eso la hacía sentirse mejor.
Además, por la manera en que la tenía abrazada, sabía que Hinata no podría agredirlo con mucha fuerza. Obviamente, ella se dio cuenta también, porque se limitó a inclinarse hacia delante e hincarle los dientes en el pecho.
-jAy! -bramó Naruto, sorprendido por el agudo dolor. Hinata se colgó de él igual que un bulldog, y el dolor que le causó su movimiento involuntario le convenció rápidamente para que se quedara quieto-. ¡Mierda! ¡Suelta!
Hinata lo soltó, y lo contempló con hosca satisfacción mientras él se apresuraba a dar un paso atrás y frotarse el pecho. Un punto húmedo en su camisa marcaba el lugar del mordisco.
Se desabotonó la camisa con cautela y se miró, esperando ver sangre. No se sintió mejor al descubrir que, aunque en su pellejo se veían con claridad las huellas de los dientes pequeños y afilados de Hinata, ni siquiera había herida.
-Ya me ha dicho el profesor que eras irritable -musitó-. Pero no dijo nada de canibalismo.
-Le está bien merecido -dijo ella-. Lleva dos días acosándome, cuando sabía que yo le había dicho la verdad.
Naruto adoptó una expresión un tanto avergonzada y continuó frotándose el pecho.
-Necesitaba alguna excusa.
-¿Para hacer qué?
-Para verte.
-¿Y supone que con eso va a ablandarme? -replicó Hinata en tono cáustico. Se volvió para coger la lata de café y meterla de nuevo en el armario-. No voy a hacer café. Ya puede irse.
-¿Quieres cenar conmigo mañana?
-No.
Naruto se cruzó de brazos.
-Entonces, no me voy.
Hinata, frustrada, golpeó la encimera con la palma de la mano y se giró para encararse con él.
-¿Es que no es capaz de pillar una indirecta? No me apetece esto. Sea lo que sea lo que usted ofrece, no lo quiero.
-Eso es mentira.
Aquellos ojos de color cielo brillaban otra vez, ahora de terquedad. Hinata ya había notado aquel rasgo en él; era como si tuviera un toro en la cocina y no pudiera moverlo del sitio.
-Tú sientes lo mismo que yo -prosiguió Naruto, implacable-. Te sientes atraída por mí, y eso te asusta mucho, por culpa de Otsutsuki.
Hinata acercó la cara.
-No quiero hablar de Otsutsuki.
-Eso es comprensible, pero no voy a permitir que lo pongas entre nosotros. Ese hijo de puta está muerto; ya no puede hacerte daño. En la vida hay demasiado placer para volverle la espalda.
-Y usted es precisamente el hombre que puede enseñarme lo que me estoy perdiendo, ¿no? -preguntó ella con sarcasmo.
-Puedes apostar a que sí, pequeña.
Hinata se cruzó de brazos y se apoyó contra el armario de cocina, apartada de él.
-Siempre he odiado que me llamen pequeña, o nena -observó.
-Bien. Te llamaré como tú quieras.
-No quiero que me llame de ninguna forma. ¿Es que no puede quitárselo de la cabeza, detective? Entre nosotros no puede haber nada. Punto. Fin.
Naruto sonrió abiertamente de pronto, y a Hinata le dio un vuelco el corazón al contemplar el efecto que tuvo aquel milagro en sus duras facciones.
-Ya hay algo entre nosotros. ¿Se te ocurre otra persona que te ponga tan furiosa como te pongo yo?
-En este momento, no -admitió ella.
-¿Lo ves? Nos pasa a los dos lo mismo. Desde que te vi el lunes estoy de un humor de perros, enfadado contigo por ser una sospechosa, enfadado conmigo mismo por sentirme tan atraído hacia ti a pesar de ello.
-A lo mejor es sólo que nos desagradamos intensamente el uno al otro -sugirió Hinata.
-No lo creo. - Naruto miró rápidamente hacia abajo--. Existen pruebas de lo contrario.
Hinata controló a duras penas el impulso de dejar que su mirada se dirigiera también hacia allí. Después de lo que había sentido el día anterior en el porche, estaba bastante segura de lo que iba a ver. A pesar de sí misma, estaba cautivada por el aire de ligera diversión que mostraba el detective por la reacción de su cuerpo, y tuvo que recurrir a toda su fuerza de voluntad para que no se notara. Simplemente no serviría. Ya iba a resultar bastante difícil desalentar a aquel hombre tal como estaban las cosas, sin dejarle ver lo mucho que deseaba ella que todo fuera distinto.
Siempre había anhelado tener una relación normal, pero siempre se sintió apartada, primero por sus especiales talentos, luego por Otsutsuki.
-No funcionará -dijo en voz alta.
Naruto volvió a mirar hacia abajo.
-¿Tú crees? No sé -dijo, dubitativo-, por lo que parece, a mi me funciona bastante bien.
Sorprendida, Hinata rompió a reír, y rápidamente se llevó una mano a la boca para ahogar el sonido. Naruto sonrió de nuevo, haciendo que su corazón diera saltos acrobáticos a pesar de sus intentos de controlarse. El detective era mucho más peligroso de lo que había temido; lograba hacerla reír.
-No puedo -dijo, poniéndose seria enseguida. Su tono de voz era suave, con un deje de pena que no pudo ocultar-. Otsutsuki. ..
Naruto la alcanzó en dos zancadas y le apoyó las manos en la cintura. El humor se borró del rostro de Naruto como si jamás hubiera existido.
- Otsutsuki está muerto. La única forma en que puede hacerte más daño es que tú se lo permitas-
-¿Y crees que eso es fácil?
-Diablos, no. No creo que sea fácil. Soy policía, ¿recuerdas? He visto lo que pasan las víctimas de violaciones.
-Yo no fui...
-¿Violada técnicamente hablando ? Ya lo sé. Pero lo intentó, y se volvió loco de rabia porque no lo consiguió. Tu reacción probablemente no sería muy diferente si hubiera logrado penetrarte.
Hinata rió de nuevo, pero esta vez fue una risa áspera, llorosa.
-Es un poco distinto. jOjalá me hubiera violado! Por la noche, despierta en la cama, pienso que si hubiera logrado tener una erección, que a lo mejor si yo no hubiera peleado tanto con él, ¡aquel pobre niño todavía estaría vivo! Pero él se fue poniendo cada vez más frenético, y yo seguí forcejeando, y de repente se olvidó de mí y la tomó con el niño. -Guardó silencio por espacio de un minuto-. Se llamaba Dustin -dijo-. Sus padres le llamaban Dusty.
Naruto apretó las manos convulsivamente sobre su cintura, y luego las relajó.
-No fue culpa tuya; nadie puede saber lo que va a hacer un loco. Pero es algo muy duro de llevar -dijo con voz queda. Tenía el pecho en tensión por los sentimientos contenidos.
Acarició con suavidad el pelo de Hinata, y después deslizó los dedos bajo la cálida y sedosa cabellera para tomarle la cabeza en la mano.
-¿Alguna vez le has contado a alguien todo lo que sucedió esa noche?
Hinata negó con la cabeza.
-Nunca todos los detalles. Fue demasiado... horrendo.
-¿Alguna vez le has contado a alguien lo que acabas de contarme a mí?
-No. - Hinata levantó la vista, con la confusión dibujada en los ojos-. No sé por qué lo he hecho.
-Porque entre nosotros hay algo, y no puedes negarlo más que yo. Aún no nos sentimos cómodos el uno con el otro, pero llegará un día en que sí. Puedo esperar. y también puedo esperar hasta que tú estés preparada para hacer el amor.
Frustrada por la terquedad de él, y por su propia incapacidad para convencerle, Hinata sacudió la cabeza en un gesto negativo. No sabía si reír o llorar.
-Estas muy seguro de tí mismo.
-Confía en mí -murmuró él. Sus largos dedos le masajearon la cabeza, aliviando una tensión que no había sentido antes-. Ahora medita sobre esto, y cuanto más pienses en ello, más te acostumbrarás a la idea. Luego empezarás a sentir curiosidad, a preguntarte cómo será todo cuando estemos juntos. Te habrá costado mucho recuperar tu vida, pero eres demasiado inteligente para no saber que hasta que puedas volver a confiar en un hombre en la cama, seguirás permitiendo que Otsutsuki pueda más que tú. El paso siguiente es obvio. y puedo prometerte una cosa: si alguien se va a ir a la cama contigo, ése voy a ser yo.
Antes de que Hinata pudiera pensar una respuesta a aquel discurso de suprema seguridad en sí mismo, él la cogió de la mano y la llevó de vuelta al cuarto de estar. Tenía la palma callosa y los dedos calientes y duros. Su contacto fue conscientemente suave, el de un hombre que conocía muy bien su propia fuerza y tenía cuidado de no apretar demasiado. Había algo persuasivo en aquella mano unida a la suya, una sutil petición y reafirmación de confianza.
Hinata se sintió extrañamente segura con él, aunque no a salvo de él.
-Sentémonos -dijo Naruto, mientras la conducía hacia el sofá. Ella, divertida, trató de desviarse hacia un sillón, pero él la arrastró hacia el sofá y la obligó a tomar asiento a su lado.
Mantuvo su mano doblada dentro de la de él y se recostó con un suspiro de alivio, estirando sus largas y musculosas piernas frente a sí.
-Los asientos de los aviones no están hechos para nadie que mida más de uno setenta. Todavía tengo la sensación de estar encogido.
-¿Por qué no vas a casa? -dijo ella en tono cansado--. Es tarde.
-Porque todavía tenemos que hablar.
Hinata sacudió la cabeza en un gesto negativo y trató de soltarse la mano. Pero fue un intento fútil.
-No tenemos nada de qué hablar.
-Tengo unas cuantas preguntas más sobre lo que viste el viernes por la noche.
Hinata se puso tensa. No podía evitarlo; cada vez que le recordaban aquello, se le paralizaba algo por dentro.
-Ya te lo he contado todo. Mañana hay que trabajar, y me gustaría dormir un poco.
-Sólo unos minutos -rogó Naruto, sonriéndole.
Aquel breve gesto de su boca provocó otra alteración en el pulso de ella, que se apresuró a desviar la mirada. ¿Quién hubiera imaginado que un rostro tan tosco era capaz de formar una sonrisa como aquélla? No debería permitírsele hacer otra cosa que fruncir el ceño, para seguridad de ella.
-No he dejado de pensar en ello en el avión --continuó él, tomando su silencio como aceptación-. No eres una sospechosa, eres un testigo. De hecho, eres el único testigo que tenemos. No tenemos pistas, pruebas, ninguna idea de a quién estamos buscando. Teníamos dos posibilidades que han terminado en callejones sin salida. No estoy diciendo que me crea todo eso de lo paranormal, pero estoy dispuesto a investigar cualquier pista que tú puedas proporcionarme. Por ejemplo, ¿Puedes darme una descripción de ese tipo?
Hinata negó con la cabeza e hizo caso omiso de la forma despectiva en que dijo «todo eso de lo paranormal».
-¿Nada de nada? Vamos. Describiste la escena del crimen hasta en los menores detalles.
-Pero es que lo vi desde sus ojos. Vi. ..todo lo demás, pero a él no.
-¿Le viste las manos?
Un recuerdo le vino a la mente, el de una mano que cogía un cuchillo y lo abatía. ..
-Sí --contestó con un hilo de voz.
-Bien. -Los ojos de Hinata se veían ligeramente desenfocados. Naruto adoptó un tono de voz lo más suave que pudo, pues no quería sobresaltarla-. ¿De qué color tenía la piel? ¿Clara u oscura?
-No lo sé.
-Piensa, Hinata.
-¡No lo sé! Llevaba guantes. Guantes de cirujano. Y manga larga. -Hizo una pausa y volvió a mirar hacia su interior-. La ropa era de color oscuro.
-¿No se quitó los guantes ni siquiera cuando violó a la víctima?
-No.
-Está bien, pasemos a su estatura. Sabemos cuánto medía la señora Yakushi; ¿ cómo era él de alto, por comparación ?
Hinata se maravilló en silencio al ver cómo funcionaba su cerebro de policía. No se le había ocurrido pensar en la altura. Ladeó la cabeza y se concentró en enfocar las imágenes de su mente.
-Cuando la agarra por primera vez, en la cocina, la sujeta cerca de él, con una mano en la boca y la otra ocupada con el cuchillo. - Hinata levantó las manos hasta las posiciones que estaba describiendo, escenificando la acción-. La mano que le tapa la boca está. ..así. Al mismo nivel que su hombro.
-Así que ése es el nivel de la boca de ella. Eso da una estatura de aproximadamente uno ochenta. No podemos saber cómo tiene de largo el cuello, puede ser un par de centímetros más alto o más bajo, pero algo es algo. ¿y su voz? ¿Recuerdas algo de ella?
Hinata cerró los ojos.
-Nada que llame la atención. Era simplemente una voz de hombre, ni muy grave ni muy aguda. -Su voz no tenía importancia; había quedado apagada por la intensa violencia y el odio de sus sentimientos.
-¿Y el acento? ¿Lograste distinguir algún acento?
-No era del sur -repuso Hinata enseguida, abriendo los ojos-. Aunque eso no sirve de nada. Esto es Orlando; la mitad de la población, incluida yo misma, es de otra parte.
-¿Puedes ser un poco más concreta? Existe una gran variedad de acentos distintivos: de Nueva York, Boston, Ohio, Chicago, Minnesota, los acentos del oeste.
Hinata iba descartando todos los que enumeraba Naruto con un gesto negativo de la cabeza.
-Nada que pueda precisar. En realidad no dijo gran cosa, o quizá yo no lo percibí.
-Entonces pasemos a otra cosa. ¿Tuviste alguna impresión de su cuerpo?
En el semblante de Hinata se dibujó la repulsión.
-Me refiero a su peso -se apresuró a decir Naruto-:-. ¿Era delgado, normal, o gordo?
Hinata le dirigió una mirada de pocos amigos.
-Normal, creo. Y era fuerte, muy fuerte. Tal vez fuera por la rabia, o por la adrenalina, pero ella estaba indefensa ante él. Él se regodeó mucho por ello. Le encantó.
Hinata se reclinó en el sofá, sintiéndose de pronto sumamente cansada, y descubrió que en algún momento de la conversación Uzumaki le había pasado un brazo a la espalda, de modo que cuando se re- costó contra el respaldo se encontró abrazada por él. Volvió a incorporarse de un salto, sólo para encontrarse con aquel fuerte brazo alrededor de los hombros y obligada a echarse otra vez hacia atrás, con el rostro de Uzumaki muy cerca del suyo.
-Sssh, no tengas miedo -murmuró Naruto con voz suave y profunda-. Todavía tienes cogida mi mano, y la otra está detrás de ti. Estás bien.
Hinata le dirigió una mirada furiosa.
-Yo no tengo cogida tu mano -barbotó-. ¡Eres tú quien tiene cogida la mía!
-Un detalle sin importancia. Voy a besarte, Hinata...
-Te morderé otra vez -le advirtió a toda prisa.
Él se encogió de hombros.
-Siempre he tenido más agallas que sentido común -dijo, ya continuación le rozó muy suavemente la boca con los labios.
Fue tan sólo un contacto fugaz, más ligero que un susurro, pero cargado de una tentadora pizca de sabor. El pulso se le aceleró de nuevo, pero Naruto se apartó antes de que pudiera materializarse el temido miedo. Un leve ceño arrugó su frente.
Naruto le soltó la mano por fin, y le tomó la barbilla en su palma. La rugosa piel del dedo pulgar recorrió su carnoso labio inferior al tiempo que seguía el movimiento con los ojos.
-¿Algún mal pensamiento? -preguntó Naruto. Su tono de voz fue aún más profundo, más suave.
-No. -La respuesta fue un susurro.
-En ese caso...
Esta vez su boca insistió un poco más. Naruto no la estaba abrazando, ella no se sentía confinada, pero de algún modo se vio impotente para desasirse. Los labios de Naruto eran firmes y cálidos, pero tiernos en la presión que ejercían incluso al moverse, y dieron forma a los labios de ella para un mejor acoplamiento. Hinata aferró con ambas manos la ancha muñeca de él, y se le cerraron lentamente los párpados.
El dulce placer de aquel beso le produjo un leve mareo. No había esperado recibir de él semejante consideración, ni tampoco la oleada de sensaciones que la inundó. Hizo un ligero ruido de confusión, y él levantó la cabeza inmediatamente.
-¿Estás bien?
-S-sí -balbuceó ella, abriendo los ojos.
-Bien.
De nuevo inclinó la cabeza sobre ella y volvió a besarla. Deslizó la lengua al interior de su boca, sin profundizar demasiado, pero invitándola a que le saborease. Hinata no supo qué hacer; lo que estaba ocurriendo era tan contrario a lo que había esperado, que no podía pensar. Lo más increíble de todo era que no estaba asustada. Aquello no se parecía en nada a. ..no, ni siquiera quería imaginar su nombre. El vibrante placer que sentía era demasiado valioso para destruirlo.
Vacilante, confiando en un instinto que llevaba mucho tiempo sin usar, aceptó la invitación y succionó ligeramente de la lengua de Naruto. Eso provocó instantáneamente en él un estremecimiento que le recorrió todo el cuerpo y dejó a Hinata atónita. Repitió el movimiento, y Naruto gimió en voz alta, un sonido profundo que le reverberó en el pecho. Hinata sintió surgir tímidamente dentro de sí una sensación de deleite por aquel poder sensual recién descubierto.
De pronto Naruto se apartó de su boca y se echó hacia atrás. Su piel había adquirido un color rosado, y se veía tirante sobre los pómulos.
-Ya basta. Es casi demasiado. Ahora voy a marcharme, antes de que me dé por llevar esto.demasiado lejos.
Hinata le miró con sorpresa con ojos lánguidos y aturdidos, como si no estuviera muy segura de lo que había sucedido.
Él tampoco estaba muy seguro. No se había excitado tanto con un simple beso desde que tenía quince años, cuando perdió la virginidad bajo las gradas del estadio con una animadora de diecisiete años.
Se obligó a sí mismo a ponerse de pie antes de que cometiera un grave error y cambiase de opinión. La había besado; aquello ya era suficiente para él, pero probablemente era todo lo que ella podía soportar. Aun así, estaba sumamente satisfecho con la velada.
-Te llamaré mañana -dijo Naruto mientras se iba hacia la puerta.
Hinata le siguió. Rápidamente se le despejó la mirada. Naruto le guiñó un ojo.
-Tienes una voz tan sexy que me excita incluso por teléfono.
Igual que una luz que se apagase, en la expresión de Hinata se borró toda la blandura anterior.
-Me alegro de que te guste -dijo sin expresión-. Grité de tal modo mientras Otsutsuki mataba al niño a puñaladas, que se me rompió la voz. Desde entonces no ha sido la misma.
Continuará...
